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martes, 4 de abril de 2023

GA116-2 Berlín 22 de diciembre de 1909 -La ley del karma con respecto a los detalles de la vida

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La ley del karma con respecto a los detalles de la vida

RUDOLF STEINER

Berlín 22 de diciembre de 1909

Nuestra conferencia de hoy estará dedicada a temas interesantes para los antropósofos en el sentido más amplio, temas destinados a arrojar luz sobre ciertos puntos que pueden haber desconcertado a aquellos que han asistido a nuestras Reuniones de Grupo durante un tiempo considerable. Es bueno, de vez en cuando, recordar que lo importante en la Antroposofía no es tanto el aprendizaje de ciertas cosas tales como la teoría o la doctrina, sino que continuamente debemos profundizar en las cuestiones y enigmas de la vida. - Algunos dirán quizás: Todo lo que es necesario saber de la Antroposofía para la vida podría estar cómodamente contenido en un pequeño folleto de unas sesenta páginas; todo el mundo podría poseer una copia y entonces estaría convencido de la naturaleza del hombre, la reencarnación y el karma, y la evolución de la humanidad en la tierra, - y podría ir por la vida sin necesitar nada más. Una persona que quisiera que esto se llevara a cabo podría sugerir: ¿Por qué no distribuye el Movimiento Antroposófico el mayor número posible de ejemplares de un folleto que contenga estos puntos de vista principales, de modo que todo el mundo pueda adquirir un ejemplar y convencerse por sí mismo? ¿Por qué la Sociedad Antroposófica adopta el curioso método de celebrar reuniones semana tras semana, reuniendo a todos los interesados o susceptibles de interesarse con el fin de recapitular constantemente lo que podría reducirse cómodamente a un folleto de sesenta páginas? ¿Qué pueden decir estos antropósofos a sus seguidores, semana tras semana?
Es posible que en nuestros días haya personas a las que les gustaría tener un pequeño esbozo de la Antroposofía que pudieran guardar en el bolsillo del chaleco, y así estudiar lo que es más importante saber. Sin embargo, debemos recordar una y otra vez que con la Antroposofía no se puede hacer nada de esta manera. No puede haber "conocimiento de tabloide". Aunque la Antroposofía depende tanto del conocimiento como de la percepción, no consiste en meras "frases", sino en conocimientos muy concretos. Pero no basta con adquirir este conocimiento como una convicción general, según los métodos actuales, y darse por satisfecho. Pues no se trata sólo de adquirir la convicción y saber que el hombre vive muchas vidas y que hay condiciones causales que pasan de una vida a otra, que existe la reencarnación, el karma. Los efectos benéficos de la Antroposofía no residen en la difusión de este conocimiento, sino que se hacen sentir en el estudio constante y repetido de todos los detalles relacionados con ella, y en dejar que la enseñanza actúe sobre la propia alma. No sirve de nada creer simplemente que el hombre vive más de una vez y que existe una ley tal como la de la reencarnación, el karma, etc. La mera creencia en esto no llevará a nada. La mera creencia en esto no nos llevará muy lejos. En cuanto a la profundidad real de la vida, no hay mucha diferencia entre el alma de un hombre que conoce la reencarnación y el karma y el de otro que no sabe nada de ello. En un sentido antroposófico, nuestra alma sólo cambia si estudiamos constantemente, no sólo las generalidades, sino las cosas más profundas que la Ciencia Espiritual puede enseñarnos. Por eso es bueno que consideremos una y otra vez cómo aparecen los diversos detalles de la vida a la luz de la concepción antroposófica. No basta con saber que existe una gran ley del destino que establece una conexión entre los actos, sentimientos y pensamientos pasados de un hombre y sus experiencias presentes y futuras. La Antroposofía sólo se convertirá en un factor vital cuando podamos aplicar esta doctrina general a las diferentes experiencias de la vida, cuando seamos capaces de poner toda nuestra alma en una posición tal, que obtengamos una visión de la vida totalmente nueva. Por eso hoy vamos a dedicar un poco de tiempo a estudiar la ley del karma, la gran ley del destino, con referencia a los detalles de la vida. Hoy hablaremos de cosas que son familiares a todos, pero serán consideradas desde el punto de vista del karma.
El karma dice en un sentido general que existe una conexión en el mundo espiritual entre lo que ocurre hoy y lo que ha ocurrido en el pasado. No es realmente bueno llamar al karma la ley de la causalidad, y luego compararla con la ley de causa y efecto en el mundo externo. Si queremos encontrar una comparación para esta gran ley del destino, debemos tener cuidado de que la comparación sea válida, que represente realmente esta ley.

Tomemos como ejemplo lo siguiente. Supongamos que tenemos dos recipientes que contienen agua - y dos bolas de metal de la temperatura normal del salón. Tiramos una bola en uno de los recipientes y el agua permanece como estaba. Ahora cogemos la otra bola y, tras calentarla, la arrojamos al otro recipiente. El agua se calienta. - ¿Por qué se ha calentado el agua del segundo recipiente y no la del primero? Porque la propia bola sufrió un cambio antes de ser arrojada al recipiente; y habiéndose calentado ella misma, provoca el calentamiento del agua. Ocurrió un acontecimiento que fue el resultado de otro acontecimiento, el resultado de que la bola se calentara. - Las experiencias y las actividades de un tiempo pasado están relacionadas con las experiencias y los fenómenos del presente o del futuro.

Cuando comprendamos de este modo la ley de las conexiones espirituales entre pasado, presente y futuro, podremos encontrarla confirmada en la vida ordinaria, en la vida cotidiana que nos rodea, - aunque nosotros mismos estemos muy lejos de haber desarrollado todavía ninguna facultad clarividente. Porque siempre debemos establecer como regla de oro el hecho de que, si bien una ley del mundo espiritual sólo puede ser comprobada por el investigador espiritual mediante la observación clarividente, siempre puede ser corroborada por las experiencias del mundo exterior. - Sin embargo, las personas tendrán que acostumbrarse a observar la vida externa con un poco más de atención de lo habitual, si desean encontrar la confirmación de la ley del karma. Por regla general, no ven, en sentido figurado, más allá de la punta de sus narices. Lo que hay más allá, no lo observan. Cualquiera que observe más profundamente encontrará, sin embargo, abundante confirmación entre el nacimiento y la muerte de la existencia de una ley del karma. Nos ceñiremos en lo posible a lo concreto, y tomaremos el siguiente ejemplo. Un joven de quince años ha sido arrancado, por circunstancias imprevistas, de la vida que estaba acostumbrado a llevar. Hasta entonces, la posición de sus padres le había permitido estudiar; ahora, a la edad de quince años, como consecuencia, tal vez, de que su padre ha perdido su fortuna, ha tenido que dedicarse al comercio, y así se ha visto lanzado de una vocación a otra. Por supuesto, no se trata de que una profesión fuera mejor que la otra, sino de que su vida se vio alterada por el cambio. Ahora bien, las personas que contemplan la vida en el sentido materialista ordinario probablemente no esperarían nada digno de mención por la influencia de tal acontecimiento en la vida de un hombre, y no encontrarían nada. Pero un observador más atento descubriría que un joven que se dedica al comercio de esa manera, al principio sentirá placer en el cambio, le gustará su vocación, - que su interés en ella crece con su propio crecimiento, como se podría decir. Las experiencias del alma, las simpatías y antipatías que siente en su trabajo, pueden, al llegar a la edad de dieciocho o diecinueve años, asumir una forma diferente. Puede que deje de sentir placer por ello; puede que cambie su actitud hacia el oficio. Quien nunca hubiera oído hablar de la Antroposofía no sabría explicar lo que ocurre en el alma del joven.
¿Qué ha ocurrido realmente? - Cuando el joven cumplió quince años y se incorporó al nuevo oficio, sintió un gran interés por él. Al principio, el interés que sentía ahuyentó los sentimientos que se habían formado en su interior cuando seguía una línea de actividad diferente. Esos sentimientos pasaron a un segundo plano. Sin embargo, llega el momento en que éstos irrumpen de nuevo con más fuerza. Es como si comprimiéramos un objeto elástico; se puede comprimir durante un tiempo, pero vuelve a brotar con mayor rapidez, y el resultado en el caso del muchacho puede ser que los intereses que han sido dejados de lado durante un tiempo, ahora estallan con mayor entusiasmo. Cuando tiene dieciocho o diecinueve años, los sentimientos que penetraban en su alma tres años antes del cambio de vocación vuelven a surgir, es decir, los que sentía a los once o doce años. - La vida sólo puede explicarse en tal caso diciendo: Cuando este muchacho tenía quince años se produjo un punto de inflexión en su vida. Después ocurrieron cosas cuyos efectos externos se sienten el mismo número de años después del punto de inflexión, ya que la causa de las mismas se originó antes de ese momento.

Piensa en cómo se podría ayudar a una persona en lo que se refiere a su estado de ánimo y a las dificultades de la vida, si pudiéramos preguntarnos: - ¿Cuándo se produjo ese punto de inflexión? - Puede haber estado relacionado con algo muy privado e íntimo; pero, si uno puede situarlo, entonces podemos retroceder; y se encontrará que los efectos espirituales se revelan tanto tiempo después del punto de inflexión, como la causa de ellos fue antes de ese momento. Esto nos da una idea del karma. Tal conocimiento es una ayuda en la vida, y podemos decir: - Causas y efectos de esta naturaleza están conectados con períodos definidos de tiempo y están determinados por un período definido en la vida, de modo que si contamos hacia atrás y hacia adelante desde ese punto de tiempo, podemos encontrar la conexión entre causa y efecto.

Ahora bien, esto puede quedar oculto por la intervención de otros acontecimientos. Alguien podría decir: "El ejemplo que nos acabas de dar no sirve de nada; acabo de conocer a un joven al que no se le aplica": - Pues bien, - ¡he conocido el caso de dos hombres que estaban jugando una partida de billar, cuando un camarero que pasaba por allí chocó con el que estaba a punto de jugar, conduciendo así su bola en una dirección muy distinta de la prevista! La ley de causa y efecto no falló, sino que intervinieron otras circunstancias. Debemos reflexionar que nunca aprenderemos a conocer esa ley si no hacemos una excepción de las cosas que la trastornan. Después de los quince años pueden surgir otras circunstancias que interfieran con la ley. No nos familiarizamos con las leyes simplemente observando la vida, sino adquiriendo el método correcto de resumir sus fenómenos. Porque en la vida las cosas se alteran constantemente y las leyes no pueden verse tan fácilmente; sólo podemos regular nuestra vida sabiendo cómo se encuentran esas leyes. Cuando conocemos las particularidades, podemos decir en el caso del joven cuya vida ha sido tan destrozada, que es tarea de aquellos que tienen su educación en sus manos el estar atentos al resultado. De este modo, el karma se convierte en una ley de la vida; y si tenemos conocimiento de la ley, podemos hacer uso de nuestro conocimiento cuando tal caso ocurra. Si vemos que ya no podemos darle al muchacho lo que tenía antes, podemos en todo caso convertirnos en su consejero. Pero sólo podemos dar el consejo adecuado si conocemos la existencia de conexiones como las que he mencionado, si sabemos lo que le pasa e intervenimos con ayuda justo donde y cuando su carencia particular se hace sentir. Si ignoramos esta ley, no podemos ayudarle con consejos. - Cuando consideramos la ley del karma como una ley de vida puede convertirse en una influencia en la vida, podemos aprender a convertirnos en consejeros.
El caso mencionado no agota, por supuesto, todas las combinaciones posibles; hay otra forma de experimentar la ley del karma entre el nacimiento y la muerte. Hay una conexión notable entre las experiencias que un hombre tiene en la primera mitad de su vida y la segunda, - pero por regla general esto no se observa. A menudo se conoce a un hombre en su juventud y se le pierde de vista antes de que llegue a la madurez, o bien sólo se conoce a un hombre cuando ya es viejo y no se sabe nada de su juventud; o incluso si se le conoció en la juventud, se puede haber olvidado lo que le ha sucedido desde entonces. Si estudiáramos y comparáramos el comienzo y el final de la vida de las personas, cuando es posible hacerlo, encontraríamos la mejor confirmación de la ley del karma incluso en la vida entre el nacimiento y la muerte.

Tal vez recuerden a este respecto lo que he dicho en conferencias públicas sobre la "noble" cólera que aparece en la juventud. He explicado que una persona joven no es plenamente capaz de juzgar una injusticia que pueda estar ocurriendo en su vecindad; aún no es lo suficientemente madura. Sin embargo, el sabio gobierno del mundo ha ordenado las cosas de tal manera que nuestros sentimientos nos ayudarán a juzgar verdaderamente antes de que nuestra razón esté lo suficientemente madura para hacerlo. Una naturaleza noble, incluso en la niñez, se sentirá movida a una justa ira por cualquier cosa parecida a la injusticia, aunque sólo sea en su sentimiento donde su alma pueda percibir la injusticia. Tal vez aún no esté maduro para juzgarla a través de su intelecto. Cuando este noble sentimiento de indignación se encuentra en el carácter de un niño, debemos tomar nota de ello, porque el sentimiento despertado por la injusticia permanece en el alma. Esta noble ira de la primera juventud impregna el alma y, a medida que avanza la vida, se transforma. En la segunda mitad de la vida reaparece en una forma diferente; aparece como la cualidad de la amabilidad amorosa y la bondad. No encontraremos a menudo esa bondad amorosa y generosa en la última parte de la vida de un hombre -si las demás cosas son iguales y no ha ocurrido nada que distorsione la secuencia- sin descubrir que fue expresada en sus primeros años por una noble cólera despertada ante la estupidez o las cosas feas de la vida. En la vida ordinaria encontramos una conexión kármica que podemos revestir en forma de imagen y decir: La mano que nunca cerró el puño con noble ira en la primera mitad de la vida, no se extenderá fácilmente en bendición en la segunda mitad. - Tales cosas, por supuesto, sólo serán observadas por alguien que pueda ver un poco más allá de "la punta de su nariz", que es justo lo que la mayoría de la gente no hace. Podría dar un ejemplo sencillo para mostrar cuán poco inclinada está la gente a notar tales cosas en la vida.

He mencionado a menudo cuán útil es para quien desea conocer íntimamente la vida, a fin de estudiar más profundamente las condiciones ocultas del alma, haber sido maestro alguna vez. Así se aprende más del alma de lo que se puede aprender en los libros de texto ordinarios de Psicología, que, por regla general, carecen de todo valor. El conocimiento del alma se adquiere cuando no nos limitamos a observar y estudiar, sino que tenemos que asumir la responsabilidad de guiar y dirigir la vida de los demás. Se aprende observando más de cerca. Durante los largos años de mi tutoría no sólo observé a los niños de los que estaba a cargo, sino que tuve muchas oportunidades, cuando otras familias venían a visitarlos, de estudiar a otros niños de todas las edades, incluso desde el momento en que venían al mundo.
De eso hace ya unos veinticinco o treinta años. Se habrán dado cuenta de que cada cinco años, más o menos, los médicos tienen una opinión diferente sobre lo que es "bueno" para la gente. Pues bien, en aquella época opinaban firmemente que era muy saludable que los niños delicados de tres, cuatro o cinco años bebieran un vaso de vino tinto todos los días. - Yo conocía a algunos niños que tomaban su vaso de vino y a otros que no, y pude hacer mis propias observaciones. Por supuesto, en aquella época la opinión del médico se consideraba infalible. De nada habría servido intentar contradecirla. Así pude esperar los resultados. Los niños que entonces tenían de dos a cinco años y a los que se les dio el vaso de vino para fortalecerlos, son ahora hombres y mujeres jóvenes de veinticinco a veintiocho años. He observado especialmente que sólo entonces se muestran los resultados de este tratamiento. Todos los niños que tomaron el vino se han convertido en "niños inquietos"; sus cuerpos astrales son inquietos, no tienen mucho control sobre ellos; no saben controlar los movimientos involuntarios de su vida anímica. Por otra parte, aquellos niños que -desgraciadamente, como se decía entonces- no podían tomar su vaso de vino tinto, se han convertido ahora en naturalezas estables, menos "tambaleantes" en sus cuerpos astrales o, como dirían los materialistas, en sus sistemas nerviosos.

Este es un ejemplo de las conexiones que existen en la vida. Es bastante trivial y no particularmente ilustrativo del karma; pero sirve para mostrar que no debemos mirar sólo hasta el final de nuestras narices, sino que debemos examinar períodos más largos de tiempo, y que no es suficiente afirmar simplemente que un remedio tendrá tal o cual efecto, porque lo que realmente se produce sólo puede ser observado por el verdadero observador muchos años después. Nada más que las grandes conexiones y todo lo que nos lleva a encontrarlas puede en realidad darnos las verdaderas explicaciones de la relación entre causa y efecto en la vida del hombre. Así pues, debemos tratar de conectar las cualidades del alma con aquellos fenómenos de la vida que se encuentran aparentemente muy alejados; y entonces podremos rastrear la ley del karma incluso entre el nacimiento y la muerte, y encontraremos con frecuencia que los acontecimientos de la vida posterior están conectados con las experiencias de la anterior.

Recordarán lo que he dicho sobre la misión de la Devoción, sobre la importancia de elevar la mirada con sentimiento hacia algún ser o algún fenómeno que todavía no comprendemos, pero que veneramos por la misma razón de que todavía no hemos crecido hasta el nivel de poder comprenderlo. Siempre me gusta recordar lo afortunado que es cuando un hombre puede decir: "De niño oí hablar de un miembro de nuestra familia que era muy respetado y honrado. Yo aún no le había visto, pero sentía por él una profunda reverencia. Un día se presentó la ocasión y me llevaron a verle. Un sentimiento de profundo y santo asombro se apoderó de mí cuando puse la mano en el picaporte de la puerta de la habitación donde iba a ver a esta maravillosa persona".

En la vida posterior, un hombre tendrá buenas razones para estar agradecido por ese sentimiento de devoción reverente; debemos mucha gratitud a cualquiera que haya despertado en nosotros un sentimiento de reverencia en nuestra vida temprana. Ese sentimiento tiene un valor grande y especial en cualquier vida. He conocido hombres que exclaman, cuando se alude a tal sentimiento de reverente devoción a lo Espiritual y Divino: "¡Soy ateo! No puedo venerar nada espiritual": "¡Mira los cielos estrellados! ¿Podrías crearlas tú? Mira esa estructura llena de sabiduría y reflexiona: allí seguramente es posible tener un sentimiento de reverencia real, verdadera'. Hay muchas cosas en el mundo a las que nuestro entendimiento aún no ha llegado, pero a las que podemos mirar con reverencia. Esto es especialmente cierto en la juventud, cuando hay tantas cosas que podemos admirar y venerar sin ser capaces de comprenderlas.
Un sentimiento de devoción en la primera juventud se transforma en una cualidad muy especial en la segunda mitad de la vida. Todos hemos oído hablar de personas que, por el mero hecho de ser ellas mismas, son como una bendición para quienes las rodean. No necesitan decir nada en particular, su presencia es suficiente. Parece como si, por la propia naturaleza de su ser, algo invisible fluyera de ellos hacia las almas que les rodean. Por su propia naturaleza irradian una influencia curativa y benéfica sobre su entorno. ¿A qué deben estas personas su poder de bendición? Se lo deben a la circunstancia de que en su juventud vivieron una vida en la que la reverencia desempeñó un papel. La reverencia en la primera parte de su vida se transformó en años posteriores en una fuerza que trabaja invisiblemente, derramando bendiciones y ayuda. También aquí hay una conexión kármica que, si la buscamos, se observa clara y distintamente. Fue realmente un verdadero sentimiento por el karma lo que llevó a Goethe a elegir como lema de una de sus obras estas hermosas palabras: Lo que deseamos en la juventud se cumple en la vejez". Si sólo se observan las conexiones que se encuentran en cortos periodos de tiempo, ciertamente puede parecer que se puede hablar de deseos incumplidos, - pero tomando lapsos de tiempo más largos, esto no se puede decir bien. Todas estas cosas pueden pasar y convertirse en parte de la ronda diaria de la vida; y de hecho, sólo quien estudia de esta manera antroposófica está cualificado para educar a los niños, pues será capaz de proporcionarles en sus primeros años aquello que, como él sabe, podrán utilizar en la última parte de su vida. La responsabilidad que un hombre asume cuando inculca una cosa u otra a un niño no se realiza hoy en día. Se ha convertido en costumbre menospreciar estas cosas, hablar de ellas desde la superioridad del pensamiento materialista. Me gustaría ilustrar esto con una experiencia que nosotros mismos tuvimos una vez aquí en Berlín.

Una vez vino aquí un visitante teosófico, uno de esos que piensan que si en algún momento de su vida han asistido a una o dos reuniones, están bien capacitados para formarse una opinión sobre todo el tema. Tales personas desean conocer un Movimiento espiritual como la Antroposofía para poder escribir objetivamente sobre él. Aquellos que desean proporcionar al mundo artículos periodísticos, ¡creen que pueden juzgar de un Movimiento asistiendo a una o dos conferencias! - Este visitante también se fue y escribió. Fue curioso leer más tarde en un periódico americano lo que se decía de una de nuestras reuniones antroposóficas. Por supuesto, la descripción que se hacía era extraordinariamente correcta. - Como ya he dicho, si alguien desea realmente captar la Antroposofía, no puede hacerlo de esa manera; sólo es posible penetrar en la vida de la Antroposofía si se tiene la clara voluntad de entrar realmente en ella en detalle y experiencia. Digo todo esto sólo para caracterizar la opinión que se formó este visitante, ¡que no escondió debajo de un celemín! Dijo que no le gustaba la forma en que la Antroposofía lo divide todo, dividiendo el mundo en mundo físico, mundo astral, mundo devachánico, etc. ¿Por qué hay que dividirlo todo así? ¿Por qué hay que dividirlo todo? - Esto fue después de una o dos visitas. ¡Qué terrible efecto habría tenido en él si se hubiera enterado de las otras divisiones! Era de la opinión de que no era necesario considerar las cosas de este modo, sino que había que hablar del mundo espiritual en términos generales. - ¿Por qué dividirlo en clases?

Así es como se habla hoy en día de la Educación y de todos los demás departamentos de la vida; la propia Ciencia habla de la misma manera. El mundo habla desde una observación arbitraria de la vida, no desde una investigación objetiva de los fenómenos separados. Por eso las impresiones que todas esas reformas y programas deben producir en quien es capaz de observar realmente el mundo son tan terribles; despiertan un sentimiento que puede compararse con el dolor físico. Por muy concienzudamente que se saquen las conclusiones, es terrible ver cómo se exponen, porque no hay ninguna concepción de la forma en que deben observarse los fenómenos. De la misma manera se admira hoy en día a muchos hombres que exponen su opinión, basándose simplemente en sus propias predilecciones o antipatías.
Es de inmensa importancia que la Antroposofía tome conciencia del hecho de que la vida debe ser observada, hasta en sus más mínimos detalles, según los métodos que el conocimiento del karma y otras leyes ponen en nuestras manos. Por eso sólo podemos esperar una bendición para la futura evolución de la humanidad -incluso en lo que se refiere a la cuestión de la Educación- si los puntos de vista antroposóficos penetran hasta los principios fundamentales de la Educación. El Karma proporciona un firme apoyo a todas las cuestiones relacionadas con ella.

Por ejemplo, es sumamente importante que conozcamos las conexiones kármicas de cierto fenómeno en la Educación expresado en la opinión: Si un niño es educado correctamente, debe ser esto o aquello - ¡eso es lo que admiro! Parece como si el niño fuera un saco en el que se puede meter lo que se considere correcto. La gente quiere imprimir en el niño su propia naturaleza, con sus simpatías o antipatías personales. Si conocieran las consecuencias kármicas de esto, lo verían de otra manera. Verían que lo que se mete de esa manera en un niño, como en un saco, tendrá un efecto kármico haciendo del hombre o la mujer adultos una naturaleza dura y seca, prematuramente viejos, pues se mata el núcleo mismo de su ser. Si deseamos educar a un niño e imbuirle alguna cualidad particular, debemos ponernos a trabajar de una manera indirecta. No debemos tratar de imponérsela a la fuerza, sino despertar en el niño el deseo de adquirirla. Incluso debemos ir un paso más allá. Si sabemos que un determinado alimento es bueno para un niño, no debemos obligarle a comerlo, sino que debemos tratar de cultivar su gusto de tal manera que lo pida por sí mismo. Si empezamos a regular las necesidades del niño, llegaremos a la raíz misma de su ser, y veremos los efectos kármicos de ello en la segunda mitad de su vida, en su alegría de vivir, en su fuerza vital. En sus últimos años, en lugar de ser árido y seco, permanecerá vivo en el centro de su ser.

Si consideramos la ley del karma de este modo, diremos: "No basta con escribir un librito titulado "Hay una ley del karma, una conexión entre lo anterior y lo posterior", sino que debemos estudiar la vida misma a la luz de esa ley". La Antroposofía sólo está presente en su verdadera forma cuando entramos en todos los detalles de la vida; pero también debemos determinarnos a hacer este trabajo sin cesar. Debemos encontrar tiempo para estudiar todos los fenómenos de la vida desde el punto de vista de la Antroposofía.

Lo anterior son algunas de las cosas que indican las conexiones que se encuentran en la vida entre el nacimiento y la muerte. Ahora podemos seguir la ley del karma más allá de este límite y conectar una vida con otras vidas o entre sí. Debemos conectar lo que experimentamos hoy, en la vida presente entre el nacimiento y la muerte, con cosas que experimentamos anteriormente, o que experimentaremos más tarde, en vidas posteriores. Hoy me limitaré a arrojar luz sobre una cuestión importante, desde el punto de vista del karma, en la medida en que se extiende de una vida a otra. Se trata de la cuestión de la salud y de la enfermedad, sobre todo de esta última.
Muchas personas, cuando padecen alguna enfermedad, creen que, según el karma, tienen razón al suponer que se la han buscado ellas mismas, que es su destino; pero eso por sí solo no siempre caracteriza correctamente al karma. Cuando hay una enfermedad, primero debemos tener muy clara la naturaleza del problema en un sentido espiritual. Será bueno comenzar con la naturaleza del dolor, y luego pasar a la comprensión espiritual de la naturaleza de la enfermedad.

¿Cuál es la naturaleza del dolor? Consideraremos ahora el dolor externo, como, por ejemplo, el que sentimos cuando nos cortamos un dedo. Nunca podremos explicar la naturaleza del dolor desde el punto de vista espiritual si no nos damos cuenta de que el dedo físico está impregnado por un dedo etérico y otro astral. El aspecto exterior del dedo físico, su forma, la manera en que circula la sangre en él y la posición de los nervios en su interior, - todas estas cosas están determinadas por el dedo etérico. Es el constructor; y sigue ocupándose de que los nervios estén en su sitio y de que la sangre circule de la manera correcta. La forma en que el cuerpo etérico desempeña estas funciones está regulada por el cuerpo astral, que impregna todo el conjunto. Ahora explicaremos con un ejemplo externo por qué duele cuando nos cortamos un dedo.

Tal vez una de tus ocupaciones favoritas sea regar las flores de tu jardín una vez al día; eso te produce una sensación de satisfacción. Una mañana, sin embargo, descubres que tu regadera se ha estropeado o quizá te la han robado, y no puedes regar el jardín. Estás angustiado; lo que sientes no es dolor físico, pero el hecho de que te impidan llevar a cabo tu ocupación favorita puede parecerse en algo a eso; no puedes llevar a cabo una actividad porque careces del instrumento necesario. La carencia exterior sentida en este caso, que sólo puede suscitar un dolor moral, puede convertirse en un dolor físico en la forma que ahora se describirá.

Los cuerpos etérico y astral están organizados con el fin de mantener el dedo tal como es ahora. Nunca puedo cortar el dedo etérico ni el astral. Si me corto el dedo en dos, el dedo etérico ya no puede cumplir con su deber. Está acostumbrado a tener los dedos en su conexión correcta. Ahora esta conexión se interrumpe: - igual que se interrumpió tu actividad, cuando querías regar tu jardín. Así los cuerpos astral y etérico no pueden intervenir, y el impedimento de ejercer la actividad habitual se siente en el cuerpo astral como dolor. Pero en el momento en que estos cuerpos son interrumpidos, hacen un esfuerzo suplementario, del mismo modo que usted, deseando regar su jardín, haría esfuerzos suplementarios para encontrar la regadera o algo semejante. Del mismo modo, nuestros cuerpos astral y etérico deben desplegar ahora una mayor actividad para reparar la lesión. Esta actividad adicional es la verdadera fuerza curativa. Todo lo que provoca una gran actividad en los cuerpos espirituales del hombre, produce la curación. Ahora bien, la causa de toda enfermedad es que, debido a algún desorden en el cuerpo físico o incluso en el cuerpo etérico del hombre, los principios espirituales no pueden intervenir en la forma debida, se ven obstaculizados, por así decirlo; y la curación consiste en la convocatoria de una resistencia más fuerte al desorden. - Una enfermedad puede curarse o morir de ella. - Consideremos estas dos posibilidades desde el punto de vista kármico.
Si la enfermedad toma tal curso que nos recuperamos de ella, significa que en aquellos miembros que hemos traído con nosotros de la encarnación anterior, habíamos almacenado una fuerza vital tan fuerte que es capaz de intervenir y curarnos. Cuando miramos atrás a esas encarnaciones podemos decir: - No sólo fuimos capaces en su momento de proveer lo que normalmente tenemos en la vida, sino que trajimos con nosotros un fondo de reserva, al que podemos recurrir desde los miembros espirituales de nuestra vida.

Ahora, supongamos que morimos. ¿Cómo queda entonces el caso? - Entonces debemos decir: Cuando nos esforzamos por sanar, recurrimos a las fuerzas más poderosas de nuestro interior, pero no fueron suficientes. Sin embargo, cada vez que invocamos esas fuerzas, exigiéndoles una fuerza extra, no es en vano, porque al hacerlo hemos tenido que hacer esfuerzos más fuertes. Aunque en esta vida no podamos restablecer el orden en ninguna parte de nuestro organismo, éste se ha fortalecido. Hemos querido resistir a la enfermedad, pero nuestras fuerzas no han bastado. Sin embargo, aunque no lo hayamos conseguido, las fuerzas que hemos movilizado no se han perdido. Pasan a la próxima encarnación y el órgano lesionado será entonces más fuerte que si no hubiéramos tenido la perturbación. Entonces podremos fortalecer el órgano que nos ha causado una muerte prematura y darle una fuerza y regularidad especiales. Esto se logrará con mayor éxito si tratamos la enfermedad de la manera correcta y, sin embargo, no somos capaces de curarla. En tal caso, debemos considerar la enfermedad, kármicamente, como algo que en una vida futura demostrará haber sido afortunado. Entonces habremos ganado una fuerza especial por haber luchado contra la enfermedad aunque no hayamos podido curarla. - Sin embargo, no debemos decir: "Tal vez sea mejor dejar que la enfermedad siga su curso, porque entonces, si no intervenimos y tratamos de frenarla, las fuerzas que hay en nosotros serán más fuertes y nuestro karma se cumplirá mejor". - Eso no tendría sentido. La cuestión es la siguiente: la curación debe realizarse de tal manera que las fuerzas igualadoras puedan intervenir de la forma más favorable posible; en otras palabras, debemos hacer todo lo que esté en nuestra mano para que se produzca la curación, independientemente de que tenga éxito o no. El karma es siempre un amigo, ¡nunca un enemigo de la vida!

Con este ejemplo queda demostrado que la ley del karma, que se extiende de una vida a otra, obra en favor del fortalecimiento de la vida. Por lo tanto, podemos decir que si un órgano es particularmente fuerte, esto apunta a una vida anterior en la que ese órgano estuvo enfermo y no fuimos capaces de curarlo. Las fuerzas necesarias para ello se activaron y han hecho que ahora sea especialmente fuerte. Así vemos que los acontecimientos y los hechos se extienden de una vida a otra. Si tomamos conciencia de la manera correcta de cómo puede fortalecerse, nuestro núcleo vital se hará cada vez más fuerte. De este modo podemos alcanzar una comprensión cada vez más viva de nuestro núcleo vital espiritual a través de la ley del karma.
Llegamos ahora a una respuesta a la pregunta: "¿Por qué nos reunimos tan a menudo?" Lo hacemos, porque no sólo enriquecemos nuestros conocimientos cuando recibimos la enseñanza antroposófica, sino también porque, si se da de la manera correcta, es capaz de hacer que nuestro núcleo vital sea cada vez más fuerte y contundente. Al reunirnos y ocuparnos de la Antroposofía, vertemos una savia vital espiritual en todo lo que hacemos. Así pues, la Antroposofía no es una teoría, es una bebida vivificante, un elixir de vida que se vierte siempre de nuevo en nuestras almas y que sabemos que las hará cada vez más fuertes. Cuando la Antroposofía salga de la posición que ahora, por falta de comprensión, ocupa en el mundo exterior, cuando intervenga realmente en toda nuestra vida espiritual, los hombres verán entonces cómo la salvación, incluso de la vida física, de la vida puramente exterior, dependerá del fortalecimiento que puede adquirirse mediante el estudio de la Antroposofía. Llegará el momento en que las reuniones antroposóficas serán las fuentes más importantes de fortaleza para el hombre, de las que saldrán diciendo: estamos muy agradecidos a estas reuniones, pues a ellas debemos nuestra salud y fortaleza y el hecho de que constantemente podamos fortalecer de nuevo nuestro propio núcleo vital, el núcleo de nuestro ser. La gente sólo se dará cuenta de cuál es la misión de la Antroposofía, cuando sienta que nos proporciona los medios para trabajar enérgicamente sobre el cuerpo físico y hacerlo sano y saludable. Quienes hoy se ocupan de la Antroposofía, deben considerarse pioneros de la Antroposofía como medio para fortalecer la vida. Sólo entonces se convertirá en lo que debe ser, el punto de ataque correcto contra algo que en muchos casos está debilitando la vida actual.
Para concluir, llamaré su atención sobre una cosa más. No hay frase más frecuentemente mencionada que "tendencia hereditaria". Hoy en día no hay hombre educado que no la mencione al menos dos o tres veces por semana. Un hombre educado debe al menos familiarizarse con lo que la docta profesión médica ha determinado en cuanto a las "tendencias hereditarias". Cuando una persona no sabe qué hacer de sí misma, la mayoría de la gente dice de inmediato: "sufre de una tendencia hereditaria". Quien no dice esto es considerado un mal educado, ¡quizás entre otras cosas un antropósofo! - Aquí la ciencia no sólo comienza a extraviarse en la teoría, sino también a ser perjudicial para la vida. Este es el límite en el que la teoría invade la moralidad, en el que es inmoral sostener una teoría errónea. Aquí la fuerza y la seguridad de la vida dependen realmente de un conocimiento correcto. ¿Qué podrá hacer un hombre que, a través de la concepción espiritual correcta en su alma, se fortalece, se fortifica tomando el elixir de la vida? No importa lo que haya heredado, estas herencias sólo están en el cuerpo físico o a lo sumo en el cuerpo etérico. A través de su correcta concepción del mundo podrá hacer que su propio centro vital sea cada vez más fuerte, y podrá vencer sus tendencias heredadas; porque lo espiritual, si está presente de la forma correcta, es capaz de igualar el cuerpo. Sin embargo, si un hombre no fortalece el núcleo espiritual de su ser, limitándose a afirmar que lo espiritual es fruto de lo físico, tendrá una naturaleza interior débil, será víctima de sus tendencias heredadas; éstas obrarán en él de forma perjudicial. No es de extrañar, entonces, que las llamadas tendencias hereditarias tengan resultados tan terribles; porque a las personas se les convence, en primer lugar, de los poderes de tales tendencias y se les priva de lo que las contrarresta. Se cultiva la creencia en las tendencias heredadas y se les quita la concepción espiritual del mundo, la mejor arma para combatirlas. Primero se descubre el poder de las tendencias heredadas, y por este medio se vuelven activas. Esto no sólo es una percepción errónea, que despierta una actividad destructora de la vida y quita las armas de defensa de las manos del que sufre, sino que es el comienzo de una teoría basada absolutamente en una concepción materialista. Aquí comienza a jugar un papel una concepción materialista del mundo que, en efecto, no sólo es teóricamente incorrecta, sino inmoral. - Esto no puede superarse simplemente diciendo que quienes afirman tales cosas están equivocados. No debemos ser demasiado severos al juzgar a los que proponen estas teorías. No estamos atacando a científicos individuales; es bastante comprensible que estén involucrados en una línea de pensamiento que debe conducir a tales errores - debemos admitirlo con toda justicia. Tal vez uno no pueda liberarse de la tradición científica; tal vez otro lo considere excusable, ya que, al tener mujer e hijos, se encontraría en una posición incómoda si rompiera con las opiniones dominantes. Pero todo esto debe ser considerado como un fenómeno de los tiempos, ya que la ciencia está empezando no sólo a difundir falsas teorías, sino también a quitar los remedios que promueven la vida, la concepción espiritual de la vida, que es capaz de fortalecer y que es la única capaz de resistir contra lo físico, el poder que de otro modo abrumaría al hombre. Lo físico sólo puede poseer un poder abrumador mientras el hombre no fortalezca su naturaleza espiritual. Si lo hace, crecerá en él un guerrero, un guerrero que le defenderá contra lo físico.
No podemos esperar que esto ocurra de un día para otro. Pero aquellos que tienen una comprensión correcta de las cosas aprenderán gradualmente la visión antroposófica de los fenómenos ante los cuales el hombre parece impotente al principio. Lo que no se iguala en una vida se repara a la larga. Si contemplamos una sola vida, así como la vida de encarnación en encarnación, veremos que bien entendido, el karma es una ley que ya no nos deprime, sino que nos trae consuelo y fuerza para hacernos más fuertes. La ley del karma es una ley de vida, y debemos comprenderla como tal. No se trata de que conozcamos unos pocos pensamientos abstractos, sino de que estudiemos las verdades vitales de la Antroposofía en los detalles de la vida, y nunca nos cansemos del trabajo antroposófico, mientras nos impregnamos de sus diferentes verdades.

Si mantienen esto como un ideal ante ustedes, estarán viviendo una vida antroposófica en el verdadero sentido de las palabras. Entonces sabrá por qué no nos contentamos con leer uno o dos libros, sino que consideramos la Antroposofía como algo que nos interesa de corazón y que nunca deja de ocuparnos; algo a lo que volvemos con gusto una y otra vez, y de lo que sabemos que cuanto más volvamos más enriquecerá nuestra vida.
Traducido por J.Luelmo abr.2023


GA116-1 Berlín 25 de octubre de 1909 -La esfera de los Bodhisattvas como grandes maestros de la humanidad

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La esfera de los Bodhisattvas como grandes maestros de la humanidad



RUDOLF STEINER

Berlín 25 de octubre de 1909

Hoy, con ocasión de nuestra Asamblea General, siento la obligación de hablar sobre un tema muy sublime que concierne al hombre. Permítanme comenzar mencionando una vez más que es necesario que nos acostumbremos a hablar de tal manera sobre estos temas, que no debemos contentarnos con una interpretación unilateral de los detalles relacionados con el mundo superior, en lo que respecta a la idea general de los Bodhisattvas y su misión. Debemos acostumbrarnos aquí a penetrar de lo abstracto a lo concreto y a tratar, con la ayuda de las ideas y sentimientos que hemos adquirido de nuestro sincero y amoroso estudio de la vida, de llegar hasta los sublimes temas pertenecientes a los Bodhisattvas. Al hacerlo, no debemos limitarnos a aceptar los hechos que se nos comunican, sino intentar comprenderlos hasta cierto punto. Por esta razón, en esta conferencia de hoy me propongo comenzar dando alguna descripción de la idea que tienen las personas de los Bodhisattvas y de cómo esa idea se extendió por el mundo.
No podemos comprender realmente lo que es un Bodhisattva, sin profundizar un poco en el curso progresivo de la evolución del hombre, y recordar algunas de las cosas que hemos oído en los últimos años. Consideremos la naturaleza de este progreso. Después de la gran catástrofe atlante, la humanidad atravesó el período de la antigua civilización india, durante el cual los grandes Rishis fueron los maestros del hombre. Luego siguió el período de la antigua civilización persa, después el de la civilización egipcio-caldea, después el período greco-latino, hasta llegar al nuestro, que es el quinto período de civilización de la era post-atlante. El propósito de estos períodos es el desarrollo progresivo de la humanidad de una forma de vida a otra. El progreso no se realiza sólo en lo que generalmente se describe en la historia externa; pues si tomamos grandes períodos de tiempo, encontramos que todos los sentimientos y sensaciones, todas las concepciones e ideas de los hombres, se alteran y renuevan en el curso del desarrollo de la humanidad. ¿De qué serviría defender la idea de la reincorporación o reencarnación, si no supiéramos esto? ¿De qué le serviría a nuestra alma volver una y otra vez a un cuerpo terrenal, si no fuera para aprender algo nuevo cada vez - y no sólo para tener nuevas experiencias, sino para aprender a sentir de otra manera? Incluso las capacidades del hombre, las intimidades de su vida anímica, se renuevan y modifican cada vez. Esto hace posible que el alma no se limite a ascender peldaño a peldaño, como si subiera una serie de escalones, pues cada vez encuentra nuevas oportunidades, gracias a las condiciones de vida modificadas, de adquirir algo nuevo en la Tierra. El alma no es guiada meramente de una encarnación a otra por sus pecados y errores; sino que, como nuestra tierra se altera en cada una de sus condiciones de vida, así nuestras almas pueden cada vez añadir algo nuevo de fuera. Por eso el alma progresa de encarnación en encarnación, pero también de un período de civilización a otro. Sin embargo, no podría progresar y desarrollarse, si aquellos Seres que ya habían alcanzado un elevado desarrollo, y estaban de un modo u otro por encima de la humanidad ordinaria, no se hubieran ocupado de que algo nuevo fluyera siempre en la civilización terrena. En otras palabras, no podríamos haber avanzado si no hubiera habido grandes Maestros en acción que, debido a su desarrollo superior, fueran capaces de recibir las experiencias de los mundos superiores y llevarlas al escenario de acción de la vida de la cultura terrestre. Siempre ha habido tales Seres en el desarrollo de nuestra Tierra. (Sólo hablo hoy del desarrollo post-atlante) y estos Seres fueron, en ciertos aspectos, los Maestros de los demás. Sólo podemos comprender la naturaleza de estos Maestros de la humanidad si tenemos claro cómo progresa la humanidad misma.
Habréis oído las dos conferencias que acaba de pronunciar el Dr. Unger, sobre el Yo en su relación con el No-Yo en su comprensión de sí mismo considerada según la teoría del Conocimiento. Ahora bien, ¿Creen ustedes que lo que oyeron entonces, expresado por labios y pensamiento humanos, podría haber sido oído en esta forma hace 2.500 años? Habría sido imposible en cualquier parte de la tierra hablar del Yo en esta forma de pensamiento puro. Supongamos que alguna individualidad, hace 2.500 años, hubiera deseado encarnarse en nuestra vida terrenal, habiéndose decidido de antemano a hablar del Yo en esa forma especial, ¡pues bien, no podría haberlo hecho! Cualquiera que suponga que algo por el estilo podría haber sido pronunciado por labios humanos, hace 2.500 años, no reconoce en absoluto el progreso real y la alteración en el desarrollo de la civilización desde entonces. Para que esto fuera posible, no sólo habría sido necesario que una individualidad resolviera encarnarse en un cuerpo humano, sino que también habría sido necesario que nuestra Tierra, en su evolución, hubiera producido un cuerpo humano con un tipo particular de cerebro, de modo que las verdades, que en los mundos superiores son de naturaleza muy diferente, pudieran adoptar en ese cerebro particular la forma que llamamos "pensamiento puro". Porque la forma en que el Dr. Unger hablaba del yo la llamamos forma de pensamiento puro. Hace 2.500 años no habría existido ningún cerebro humano capaz de ser un instrumento para traducir estas verdades en tales pensamientos. Los Seres que desean descender a nuestra tierra deben servirse de los cuerpos que este mismo ciclo terrestre produce. Nuestra tierra, sin embargo, a lo largo de los diferentes períodos de civilización, siempre ha producido cuerpos con organizaciones siempre diferentes; sólo en nuestra quinta época de civilización post-atlante, se ha hecho posible hablar en forma de pensamiento puro - la raza humana ha producido los cuerpos necesarios. Ni siquiera en la época grecolatina habría sido posible hablar así en el sentido de la teoría del conocimiento, pues no habría habido allí ningún instrumento para traducir tales pensamientos al lenguaje humano. Esa es precisamente la tarea de nuestro quinto período post-atlante; el cual debe formar gradualmente la organización física del hombre en un instrumento a través del cual esas verdades, que en otras épocas fueron captadas en formas muy diferentes, puedan fluir en un pensamiento cada vez más puro. Tomemos otro ejemplo. Cuando un hombre considera la cuestión del bien y del mal en la actualidad, dudando si debe o no hacer cierta cosa, dice que una especie de voz interior le habla, diciéndole: "No debes hacer esto. Y que esto no tiene nada que ver con ninguna ley exterior. Si escuchamos esta voz interior, distinguimos en ella un cierto impulso, una incitación a actuar de una determinada manera en un caso dado. A esta voz interior la llamamos conciencia. Si un hombre opina que los diferentes períodos del desarrollo del hombre fueron todos exactamente iguales, podría creer fácilmente que mientras el hombre ha habitado la tierra, la conciencia siempre ha existido. Eso no sería correcto. Podemos, por así decirlo, probar históricamente que hubo un comienzo en el tiempo en que los hombres comenzaron a hablar de conciencia. Cuándo fue esto, es claramente evidente. Fue entre los períodos de dos poetas trágicos: Æschylos, que nació en el siglo VI antes de nuestra era, y Eurípides, que nació en el siglo V. No encontrarán mención alguna de la conciencia con anterioridad. Incluso en Æschylos no encontrarán todavía lo que podría llamarse la voz interior; lo que él escribe, todavía tomaba la forma de una aparición astral, pictórica; las Furias o Erinyes, seres vengativos, se aparecían a los hombres. Sin embargo, llegó el momento en que la percepción astral de las Furias fue sustituida por la voz interior de la conciencia. Incluso en el período grecolatino, en el que aún existía una tenue percepción astral, el hombre que había cometido una falta podía percibir que cada acto incorrecto creaba formas astrales en su entorno, cuya presencia le llenaba de ansiedad y temor por lo que había hecho. Esas formas eran los educadores del hombre en aquella época; le daban sus impulsos. Cuando perdió los últimos restos de su clarividencia astral, esta percepción fue reemplazada por la voz invisible de la conciencia; es decir, que lo que al principio estaba fuera, luego entró en el alma y se convirtió en una de las fuerzas que ahora están dentro de ella. La alteración que ha tenido lugar en la humanidad en el curso del desarrollo proviene del hecho de que el instrumento externo del hombre, en el que busca encarnación, ha cambiado. Hace cinco mil años, cuando un alma humana hacía algo malo, percibía las Furias; entonces no podía haber oído la Voz de la Conciencia. Así aprendió a establecer una relación interior con el bien y el mal. Esta misma alma nacía una y otra vez, y por fin nacía en un cuerpo que poseía una organización en la que la cualidad de la conciencia podía acercarse a ella. En un ciclo futuro del desarrollo humano se experimentarán en el alma otras formas y otras capacidades.
He insistido repetidamente en que nadie que comprenda realmente la Antroposofía adoptará la actitud dogmática de afirmar que la forma en que ésta se presenta hoy será permanente y suficiente para la humanidad de todos los tiempos futuros. No es así. Dentro de 2.500 años, las mismas verdades no serán reveladas en esta forma, sino en una forma diferente, de acuerdo con los instrumentos entonces existentes. Si tienen esto en cuenta, les quedará claro que en cada época sucesiva se debe hablar a la humanidad de manera diferente y que la actitud de los grandes Maestros hacia las capacidades y cualidades del hombre también debe diferir. Esto significa que los propios grandes Maestros evolucionan de un ciclo a otro, de una época a otra. En las edades a través de las cuales progresa la humanidad, encontramos por encima del hombre, por así decirlo, una evolución progresiva de los grandes Maestros de la humanidad. Así como el hombre pasa por ciertas etapas y luego llega a cierto punto de inflexión, lo mismo sucede con los Grandes Maestros.

Vivimos actualmente en el quinto período de nuestra época postatlante de civilización. Se trata, en cierto sentido, de una recapitulación del tercero, del período egipcio-caldeo. El sexto recapitulará, del mismo modo, el Persa Antiguo, y el séptimo el Indio Antiguo. De este modo, los distintos ciclos se superponen. El cuarto período no se recapitula, sino que se sitúa en el centro, se basta a sí mismo, podríamos decir. ¿Qué significa esto? Significa que lo que los hombres experimentaron en el período grecolatino sólo tienen que pasarlo una vez en una época de civilización; no es que sólo se encarnaran una vez en ella, sino que sólo experimentan ese período en una forma. Lo que se vivió en el período egipcio-caldeo se recapitula ahora; se vivirá, pues, en una doble forma. Hay ciertas etapas del desarrollo que denotan una especie de crisis; mientras que otros períodos son en ciertos aspectos similares entre sí, uno recapitulando al otro, no de la misma manera, sino en una forma diferente. La evolución del hombre en la era postatlante es la siguiente: ha pasado por cierto número de encarnaciones en el Antiguo Período Indio, y pasará por cierto número en el Séptimo Período, y estas últimas se parecerán a las primeras. Una semejanza similar existirá entre el segundo y el sexto período, y entre el tercero y el quinto. Entre éstos - en el cuarto período - hay un número de encarnaciones, que no se parecen a ninguna otra, y que por lo tanto no significan una transición. El hombre pasa por un desarrollo descendente y otro ascendente. Los grandes Maestros de la humanidad también atraviesan un período de descenso y otro de ascenso, y difieren absolutamente en los distintos períodos.
Ahora bien, como el hombre de la primera época postatlante tenía capacidades muy diferentes de las que adquirió más tarde, tuvo que ser instruido de manera muy distinta. ¿A qué debemos el hecho de que en nuestra época la sabiduría pueda revestirse de las formas concisas del pensamiento puro? Se lo debemos a la circunstancia de que en nuestro período de desarrollo la cualidad principal y media que se está desarrollando es el alma consciente (Desde 1923 llamada por el Dr. Steiner "El Alma Espiritual"). En el período grecolatino se desarrollaba el alma intelectual o mental, en el egipcio-caldeo el alma sensible, en el antiguo persa el cuerpo sensible y en el antiguo indio el cuerpo etérico, como factor principal de su cultura, por supuesto. Lo que el alma consciente es para nosotros, eso era el cuerpo etérico para los habitantes de la antigua India. Tenían, por lo tanto, un modo muy diferente de captar y comprender. Si ustedes le hubieran hablado al indio antiguo en formas de pensamiento puro, él no habría tenido la menor idea de lo que ustedes querían decir. Para él, tales palabras habrían sido meros sonidos, sin significado. Los Grandes Maestros no podrían haber enseñado a los Indios Antiguos comunicándoles la sabiduría en forma de pensamiento puro, ni podrían haberla explicado de palabra. A los Indios Antiguos los Grandes Maestros les decían muy poco; porque en la etapa que el cuerpo etérico había alcanzado entonces la gente no era receptiva a la palabra que encerraba el pensamiento. Es muy difícil para la gente de nuestros días imaginar cómo pudo tener lugar la enseñanza en aquellas condiciones. De hecho, se hablaba muy poco; más bien, el alma que escuchaba reconocía en los matices del sonido, en la forma en que se pronunciaba una palabra, lo que fluía desde el mundo espiritual. Sin embargo, eso no era lo principal. La palabra era, por así decirlo, sólo la llamada de atención, la señal de que ahora debía establecerse una relación entre el maestro y el oyente. En los primeros tiempos del Antiguo Período Indio, la palabra era apenas algo más que cuando hacemos sonar una campana como señal de que algo está a punto de comenzar. Era un punto de cristalización alrededor del cual se tejían las indescriptibles corrientes espirituales que pasaban del maestro a su alumno. Lo más importante era lo que el maestro veía, en su personalidad interior. No importaba lo que dijera; las cualidades de su alma eran de la mayor importancia; porque una especie de inspiración pasaba de él al alumno. Este último, habiendo desarrollado en particular el cuerpo etérico, el maestro debía dirigirse especialmente a él; y era mucho más fácil comprender lo que el maestro mismo era, que cualquier cosa hablada. Antes de poder comprender la palabra hablada, los hombres tuvieron que pasar por los períodos posteriores de civilización. Por lo tanto, no era necesario que ninguno de los grandes Maestros de los Antiguos Indios tuviera un alma intelectual o de conciencia particularmente desarrollada, pues tal habría sido en aquella época un instrumento del que no podría hacer uso.

Una cosa, sin embargo, era necesaria en estos grandes Maestros: sus propios cuerpos etéricos debían estar en un estado de desarrollo más avanzado que los del pueblo. Si un gran Maestro hubiera estado en el mismo estado de desarrollo que ellos, no habría podido tener mucho efecto sobre ellos; no habría podido comunicar mensajes de un mundo superior, ni dar un impulso para el progreso. En cierto sentido, lo que el hombre había de alcanzar en el futuro, primero tenía que llegarle a él. El maestro indio tenía que anticipar, por así decirlo, lo que los demás sólo podrían adquirir en el período posterior de civilización, el de los antiguos persas. Lo que el hombre ordinario del período de los Antiguos Persas captaría a través del cuerpo sensitivo, el Gran Maestro de los indios tenía que comunicarlo a través del cuerpo etérico. Eso significa que el cuerpo etérico de tal maestro no debía funcionar como los de los demás hombres, tenía que funcionar como lo hacía el cuerpo sensitivo en la civilización persa. Si un vidente, en el sentido actual de la palabra, hubiera entrado en contacto con uno de los grandes maestros indios, habría dicho: "¿Qué clase de cuerpo etérico es ése?". Pues tal cuerpo etérico se habría parecido a un cuerpo astral del período persa antiguo.
Sin embargo, no era tan sencillo que tal cuerpo etérico hubiera funcionado como un cuerpo astral de un período posterior. No podía haberse producido en aquella época por ningún estadio avanzado de desarrollo. Sólo pudo ser posible por el descenso de un Ser que ya había alcanzado una etapa más avanzada que los demás, y que encarnó en un cuerpo humano que en realidad no le convenía ni se adaptaba bien a él, pero en el que se vio obligado a entrar para hacerse comprender por los demás. Por fuera se parecía a los demás hombres, pero por dentro era muy diferente. Juzgar a un individuo así por su aspecto exterior significaría engañarse a sí mismo por completo; porque mientras que el aspecto exterior de las personas ordinarias armoniza con su ser interior, en el caso de estos Maestros estaba en completa contradicción. Aquí tenemos una individualidad que, en lo que a él se refería, ya no tenía ninguna necesidad de descender a la tierra en absoluto, pero que descendió a una cierta etapa y ocupó su lugar entre los antiguos indios, para enseñarles. Descendió voluntariamente y se encarnó en forma humana, aunque era un Ser totalmente diferente. Era un individuo de tal naturaleza que el destino al que un hombre normal -como hombre- está sujeto, no le afectaba. Un Maestro de esta clase viviría en un cuerpo con un destino externo, pero no tendría parte en ese destino; vivía en ese cuerpo como en una casa. Cuando ese cuerpo moría, la muerte era para él una experiencia muy diferente de lo que es para otros hombres. También el nacimiento y las experiencias entre el nacimiento y la muerte eran muy diferentes para él. Por lo tanto, tal Ser trabajaba de manera muy diferente en este instrumento humano. Imaginémonos, por ejemplo, cómo utilizaba el cerebro una individualidad semejante. Porque aunque fuera capaz de percibir a través del cuerpo astral, el cerebro, que de hecho estaba organizado de otra manera, todavía tenía que ser utilizado como un instrumento para observar las imágenes a través de las cuales se recibían las percepciones. Había, por lo tanto, dos tipos humanos: uno, que utilizaba su cerebro como un ser humano ordinario, y el tipo Maestro, que no utilizaba su cerebro en absoluto de la manera ordinaria, sino que en cierto sentido lo dejaba sin utilizar, Un gran Maestro no necesitaba utilizar el cerebro en todos sus detalles; sabía cosas que otras personas sólo podían aprender a través del instrumento del cerebro. No era una encarnación real, terrenal, como tal; no era una encarnación real de un ser humano en el sentido ordinario. Representaba una especie de doble naturaleza; un ser espiritual vivía en esta organización. También hubo tales Seres en los últimos períodos persa y egipcio. Su individualidad siempre estuvo muy por encima de la estatura de su organización humana. No estaban totalmente contenidos en ella. Por eso, en aquellos tiempos, podían actuar sobre el resto del pueblo. Este estado de cosas continuó hasta el momento en que, en el período grecolatino, se produjo una importante crisis en el desarrollo de la humanidad.
Ahora bien, en la época grecolatina, el alma intelectual o mental (Mente en el sentido de "tengo mente para hacer" una cosa.) comenzó gradualmente a formar facultades internas. Mientras que en la época anterior las cosas principales fluían desde fuera, por así decirlo, -como vimos en el ejemplo de las Furias, cuando los hombres tenían seres vengadores a su alrededor pero no dentro de ellos-, en la época grecolatina algo comenzó a fluir desde dentro, hacia los grandes Maestros. De este modo se establecieron condiciones totalmente nuevas. Antes, los Seres de los Mundos Superiores descendían y encontraban un estado de cosas que les permitía decir: "No es necesario que entremos completamente en la organización humana; porque podemos hacer nuestro trabajo llevando a los hombres lo que no pueden obtener de otra manera, y haciendo que eso fluya hacia ellos desde los Mundos Superiores". En aquella época todavía no era necesario que el hombre aportara nada, no había necesidad de que llevara nada al encuentro de los grandes Maestros. Pero si los grandes Maestros hubieran seguido con esta política, podría haber ocurrido, -a partir del cuarto Período-, que una de estas grandes Individualidades hubiera descendido a alguna parte de la tierra y encontrado allí algo que no existía arriba. Mientras las Furias, los espíritus vengadores, eran visibles, los hombres podían desviar su atención de lo que se encontraba en la tierra. Ahora, sin embargo, llegaba algo totalmente nuevo: la conciencia. Eso era desconocido para los espíritus de arriba; allí arriba no había posibilidad de observarla. Llegó como algo totalmente nuevo para ellos. En otras palabras, en el cuarto período de la civilización post-atlante, surgió la necesidad de que estos grandes Maestros descendiesen realmente al estadio del hombre, para aprender allí qué era lo que salía a su encuentro desde las almas humanas. Comenzó entonces la época en que no les convenía no participar hasta cierto punto de las cualidades inherentes al hombre. Observemos ahora a ese Ser significativo, a quien en su encarnación terrenal conocemos como Gautama Buda.
Gautama Buda era un Ser que siempre había podido encarnarse en los cuerpos terrestres de los diversos períodos de civilización, sin haber tenido que utilizar todo lo que hay en esta organización humana. No había sido necesario que este Ser pasara por verdaderas encarnaciones humanas. Ahora, sin embargo, llegó un importante punto de inflexión para el Bodhisattva; ahora se hizo necesario que se familiarizara con todos los destinos de la organización humana dentro de un cuerpo terrenal en el que iba a entrar. Debía experimentar algo que sólo podía experimentarse en un cuerpo terrestre; y como era una Individualidad tan elevada, esta única encarnación le bastaba para ver todo lo que un cuerpo humano puede desarrollar. Otras personas tienen que evolucionar las capacidades internas gradualmente, a lo largo de los períodos cuarto, quinto, sexto y séptimo; pero Buda pudo experimentar en esta única encarnación todo lo que era posible evolucionar. En su encarnación como Buda Gautama vio, por adelantado, el primer germen de lo que iba a surgir en el hombre como conciencia, que se irá haciendo cada vez mayor a medida que pase el tiempo. Por lo tanto, pudo reascender al mundo espiritual directamente después de esa encarnación; no hubo necesidad de que pasara por otra. Lo que el hombre, en cierta esfera, evolucionará por sí mismo durante los ciclos futuros, Buda pudo darlo en esta única encarnación, como una gran fuerza directriz. Esto se produjo a través del acontecimiento que se ha descrito como "sentarse bajo el árbol Bodhi". Entonces impartió, -de acuerdo con su misión especial-, la enseñanza de la compasión y el amor contenida en el óctuple sendero. Esta gran Ética de la humanidad, que los hombres adquirirán como propia durante las civilizaciones venideras, se estableció como fuerza básica en la mente del Buda que descendió en aquel momento, y de Bodhisattva se convirtió en Buda, lo que significa que realmente ascendió una etapa más, pues aprendió a través de su descenso.

Eso, en diferentes palabras, describe ese gran acontecimiento de la civilización oriental conocido como "el Bodhisattva convertido en Buda". Cuando este Bodhisattva, que nunca se había encarnado realmente, tenía veintinueve años, su individualidad entró plenamente en el hijo de Suddhodana, sin haber tomado posesión de él por completo. Entonces experimentó la gran enseñanza humana de la compasión y el amor. ¿Por qué este Bodhisattva, que luego se convirtió en Buda, se encarnó en este pueblo? ¿Por qué no en el pueblo grecolatino?
Para que este Bodhisattva se convirtiera realmente en el Buda del cuarto período postatlante de la civilización, debía aportar algo nuevo para el futuro. Cuando la conciencia -o alma espiritual- se haya desarrollado plenamente, el hombre llegará gradualmente, por sus medios, a estar lo suficientemente maduro como para reconocer por sí mismo el gran impulso dado por Buda. En una época en que el hombre sólo había desarrollado el alma intelectual, era necesario que Buda hubiera desarrollado ya el alma espiritual. Tuvo que utilizar el instrumento físico del cerebro hasta dominarlo por completo, y esto de un modo muy diferente al que podría haberlo hecho alguien que hubiera progresado por adelantado hasta el período grecolatino de la civilización. El cerebro grecolatino habría sido demasiado difícil de utilizar para él. Sólo le habría permitido desarrollar el alma intelectual o mental (mente en el sentido de "tengo mente para hacer una cosa"), mientras que él tenía que desarrollar el alma espiritual. Para ello necesitaba un cerebro que hubiera permanecido más blando. Utilizó el alma que sólo se desarrollaría más tarde, en un instrumento que había sido utilizado por el hombre en épocas anteriores y que había sido conservado por el pueblo indio. Aquí tenemos de nuevo una recapitulación: Buda repitió una organización humana perteneciente a tiempos anteriores, junto con una capacidad anímica perteneciente a tiempos aún por venir. Los acontecimientos que tienen lugar en la evolución de la humanidad son, en esta medida, de la naturaleza de una necesidad. En los siglos V-VI antes de nuestra era, Buda tuvo la tarea de introducir el alma espiritual en la organización del hombre. Sin embargo, él, como individuo individual, no podía encargarse de toda la tarea de hacer todo lo necesario para que el alma espiritual pudiera prepararse de la manera correcta a partir del siglo V. Su misión particular sólo comprendía una parte del trabajo de Buda. Su misión particular sólo comprendía una parte de esa tarea: la de llevar al hombre la doctrina de la Compasión y del Amor. Otros maestros de la humanidad tendrían otras tareas. Esta parte de la Ética de la Humanidad, la ética del Amor y la Compasión, fue introducida por primera vez por Buda, y sus vibraciones aún perduran; pero la humanidad debe desarrollar en el futuro una serie de otras cualidades además de éstas, como, por ejemplo, la de pensar en formas de pensamiento puro, en pensamientos cristalinos. No formaba parte de la misión de Buda acumular pensamientos, añadir un pensamiento claro a otro. Su tarea era formar y establecer aquello que lleva al hombre por sí mismo a encontrar el óctuple sendero.

Por lo tanto, tenía que haber otro Maestro de la humanidad con facultades muy diferentes, que trajera a este mundo una corriente diferente de vida espiritual desde los mundos espirituales superiores. A esta otra individualidad se le encomendó la tarea de transmitir lo que hoy se manifiesta gradualmente en la humanidad como la facultad del pensamiento lógico. Había que encontrar un Maestro capaz de transmitir lo que hace posible que el hombre se exprese en formas de pensamiento puro, ya que el pensamiento lógico sólo se desarrolló con el paso del tiempo. Lo que Buda logró tenía que ser llevado al alma intelectual o mental. Esta alma, por su posición entre el alma sensible y el alma consciente o espiritual, posee el atributo peculiar de no tener que recapitular nada. La antigua época india se repetirá en la séptima, la antigua persa en la sexta, la egipcia en la nuestra; pero así como la cuarta época está sola, aparte de las demás, lo mismo ocurre con el alma intelectual o mental. Las fuerzas necesarias para nuestras facultades intelectuales, que sólo aparecen en el alma espiritual, no pudieron desarrollarse en el alma intelectual; aunque éstas sólo aparecieran más tarde, tuvieron que ser puestas en germen y estimuladas en un período anterior.
En otras palabras: el impulso para el pensamiento lógico tuvo que darse antes de que Buda diera el impulso para la Conciencia. La conciencia debía organizarse en el hombre en la cuarta época; el pensamiento consciente y puro debía desarrollarse en el alma consciente o espiritual en la quinta época, pero tuvo que establecerse en la tercera época de la civilización, como germen de lo que estamos evolucionando ahora. Por eso, ese otro Gran Maestro tuvo la tarea de infundir en el alma sensible las fuerzas que ahora aparecen como pensamiento puro. Por lo tanto, es fácil ver que la diferencia entre este Maestro y el hombre normal era aún mayor que en Buda. Había que despertar en el alma sensible algo que aún no existía en ningún hombre vivo. Las ideas o las concepciones no habrían ayudado a desarrollar esto; por lo tanto, aunque esta Individualidad tenía la tarea de poner el germen de ciertas facultades, no podía por sí misma hacer ningún uso de ellas. Eso habría sido imposible. Tenía que emplear otras fuerzas muy diferentes.

He explicado esta mañana (en la segunda conferencia sobre "Antroposofía") que ciertas fuerzas que trabajan a través del poder de la visión en el alma sensible, en una etapa superior se convertirán en fuerzas conscientes, y entonces aparecerán en forma de pensamiento. Si ese gran Maestro-Individualidad fuera capaz de estimular el alma sensible de tal manera que las fuerzas del pensamiento pudieran penetrar en ella, del mismo modo que la vida penetra subconscientemente a través del acto de la visión - sin darse cuenta en lo más mínimo, ese Maestro podría entonces lograr algo. Esto sólo podía hacerse de una manera. Para estimular el alma sensible e infundir en ella, por así decirlo, el poder del pensamiento, esta Individualidad tenía que trabajar de una manera muy especial. Tenía que dar su instrucción, no en concepciones - ¡sino a través de la música! La música engendra fuerzas que liberan en el alma sensible algo que, cuando se eleva a la conciencia y ha sido trabajado por el alma espiritual, se convierte en pensamiento lógico. Esta música surgió de un Ser poderoso, que enseñó a través de la música. Esto les parecerá extraño y tal vez no lo crean posible, pero así fue. Antes de la era grecolatina, en ciertas partes de Europa, existía una antigua cultura entre aquellos pueblos que se habían quedado atrás en cuanto a las cualidades fuertemente desarrolladas en Oriente. En esas partes de Europa la gente no era capaz de pensar mucho, porque su desarrollo había sido de una naturaleza muy diferente; tenían muy poco de las fuerzas del alma intelectual. Su alma sensible, sin embargo, era muy receptiva a lo que procedía de los impulsos de un tipo especial de música, que no era lo mismo que nuestra música actual. Nos remontamos así a una época en Europa en la que existía lo que podríamos llamar una antigua "cultura musical", una época en la que no sólo los "Bardos" eran los maestros, como lo fueron más tarde, cuando estas cosas ya habían caído en decadencia, sino que una música llena de encanto recorría todas aquellas partes de Europa. En la tercera época de la civilización (es decir, la egipcia) existía en Europa una profunda cultura musical, y las mentes de aquellos pueblos que esperaban tranquilamente lo que estaban destinados a realizar más tarde, eran receptivas de un modo particular a los efectos de la música. Estos efectos actuaban sobre el alma sensible de manera similar a como lo hace la sustancia-pensamiento a través de los ojos. Así actuaba la música en el plano físico; pero el alma sensible tenía el sentimiento subconsciente: "Esto viene de las mismas regiones que la Luz". Música - ¡la canción de los reinos de la Luz!

Había una vez un Maestro primitivo en las partes civilizadas de Europa - un Maestro primitivo que en este sentido era un Bardo primitivo, el pionero de todos los antiguos Bardos y juglares. Enseñaba en el plano físico por medio de la música, y enseñaba de tal manera que algo se comunicaba al alma sensible, que era como la salida y el brillo de un sol. Lo que la tradición ha conservado acerca de este gran Maestro fue recogido más tarde por los griegos - que seguían siendo influenciados por él desde Occidente, al igual que eran influenciados de manera diferente desde Oriente. Esto se plasmó en su concepto de Apolo, que era un Dios-Sol y al mismo tiempo el Dios de la música. Esta figura de Apolo se remonta, sin embargo, a ese gran Maestro de los tiempos primitivos, que puso en el alma humana la facultad que hoy aparece como el poder del pensamiento claro.
Los griegos también hablan de un discípulo de este Gran Maestro de la humanidad, de alguien que se convirtió en discípulo de una manera muy especial. ¿Cómo podría alguien convertirse en "alumno" de este Ser?

En aquellos tiempos pasados, cuando este Ser iba a actuar de la manera que acabamos de describir, no estaba, por supuesto, englobado en la organización física; trascendía lo que camina sobre la tierra como hombre físico. Un hombre con un alma sensible ordinaria podría haber sido receptivo a los efectos de la música, pero no podría haberlos despertado en otros. Una Individualidad superior había descendido y era como el resplandor de lo que vivía en el cosmos exterior. Sin embargo, fue necesario que en la cuarta época postatlante de la civilización, en el período grecolatino, descendiera de nuevo, que descendiera al estadio humano y utilizara todas las facultades que hay en el hombre. Sin embargo, aunque hizo uso, por así decirlo, de todas las facultades humanas, no pudo descender del todo. Para llevar a cabo lo que he descrito, necesitaba facultades que trascendían las que poseía una organización humana en el cuarto período postatlante. Los efectos de esta música comprendían ya entonces lo que se encontraba en el alma espiritual; y ésta no podía entonces vivir en una individualidad organizada sólo para el alma intelectual. De ahí que, aunque encarnado en tal forma, todavía tuviera que retener algo. Su encarnación en la cuarta época fue tal, que aunque llenaba completamente toda la forma humana, sin embargo él como hombre, morando dentro de esa forma, tenía, por decirlo así, algo dentro de sí que se extendía mucho más allá de ella; conocía algo de un mundo espiritual, pero no podía hacer uso de este conocimiento. Tenía un alma que iba más allá de su cuerpo. Humanamente hablando, había algo trágico en el hecho de que la Individualidad que había actuado como un gran Maestro en la tercera época de la civilización, hubiera tenido que encarnar de nuevo en una forma en la que su alma estaba en gran medida fuera de ella - y sin embargo que no pudiera hacer ningún uso de esta facultad superior e inusual del alma. Este tipo de encarnación se llamaba "Hijo de Apolo", porque aquél, que antes había morado en la tierra, se reencarnaba de un modo muy complicado y no directo. Un Hijo de Apolo llevaba dentro de sí como alma lo que la Mística designa con el símbolo del elemento "femenino"; no podía llevarlo todo dentro de sí, porque estaba en otro mundo. Su propio elemento anímico femenino estaba en otro mundo al que no tenía acceso, pero que anhelaba, porque una parte de sí mismo estaba allí. Esta maravillosa tragedia interior del Maestro reencarnado de tiempos pasados ha sido maravillosamente preservada en la Mitología Griega bajo el nombre de "Orfeo" - el nombre dado al Apolo reencarnado, o "Hijo de Apolo".

Esta tragedia del alma está representada de manera maravillosa en las figuras de "Orfeo y Eurídice". Eurídice fue pronto arrancada de Orfeo. Ella moraba en otro mundo; pero Orfeo aún tenía el poder, a través de su música, de enseñar a los seres del mundo inferior. Obtuvo permiso de ellos para llevarse a Eurídice con él. Pero no debe mirar a su alrededor, pues eso significaría la muerte interior; en todo caso, supondría la pérdida de lo que antes era y que ahora no puede llevar consigo.

Así, en esta encarnación de Apolo como Orfeo, tenemos de nuevo una especie de descenso de un Bodhisattva -si se nos permite utilizar este término oriental- a la condición de Buda. Podríamos citar una serie de tales Seres que se destacan de época en época como los grandes Maestros de la humanidad y que siempre tuvieron una experiencia muy especial en el momento de su descenso más profundo. El Buda experimenta la dicha de inspirar a toda la humanidad. Aquel Bodhisattva, cuyo recuerdo se conserva externamente bajo el nombre de "Apolo", tuvo una experiencia individual: debía preparar la individualidad, la cualidad del Yo. Experimenta la tragedia del Yo; experimenta el hecho de que este Yo, en el estado actual del hombre en lo que se refiere a este atributo suyo, no está enteramente con él. El hombre lucha por alcanzar el Yo superior. Esto fue prefigurado para los griegos por el Buda o Bodhisattva en Orfeo.
Estos detalles nos proporcionan una caracterización de los grandes Maestros de la humanidad y entonces podemos formarnos una imagen mental. Si resumimos lo que he dicho, encontraremos que todo el tiempo he estado hablando de aquellos Seres que formaron el alma sensible y el alma espiritual (alma consciente), de una manera particular como facultades internas, facultades que deben atraer al hombre desde adentro. Como ahora estamos examinando este único período, por el momento sólo podemos considerar dos de estos Seres, los que formaron el alma sensible. Pero hay muchos, pues la naturaleza interior del hombre evolucionó gradualmente, etapa por etapa.

Comparemos ahora otro Ser con el que afecta, por así decirlo, a la naturaleza interior del hombre. En efecto, no podemos dejar de decirnos: Si hay una sucesión constante de Maestros que suministran a las facultades internas del hombre, que progresan y se desarrollan, el alimento espiritual de las regiones superiores, debe haber otras Individualidades que realizan otros trabajos y, sobre todo, toman parte en los cambios de la tierra misma y en lo que evoluciona de una época a otra. Cuando el Buda influyó en el alma intelectual desde el interior, por así decirlo, a través de la conciencia o alma espiritual en el cuarto período de la civilización, ésta también debía ser influida desde el exterior. Algo tenía que acercarse al alma intelectual desde fuera. Este Ser tenía que acercarse desde otro lado y trabajar de una manera muy diferente. Un Maestro como los que hemos descrito, cuando aparecía entre los hombres, tenía que verter en su ser interior lo que tenía que hacer descender de las regiones superiores. Era un Maestro. ¿Qué tenía que hacer el otro Ser, que debía hacer avanzar la tierra para que se desarrollara más de una generación a otra? No sólo debía influir en el ser interior del hombre para desarrollar en él tal o cual facultad, sino que Él mismo, como Ser, tenía que descender a la tierra. Aquel que debía descender, no debía simplemente enseñar, el alma intelectual, sino formarla. Tenía que aparecer alguien que formara esa alma y que fuera Él mismo su expresión directa en el cuarto período, ese período eminente que se encuentra solo en el medio. Este Ser tenía que venir de un lado muy diferente. Debía introducirse en la propia naturaleza humana, encarnarse en ella. Los Bodhisattvas transformaban la naturaleza interior del hombre; este Ser transformó toda su naturaleza. Hizo posible que los Maestros encontraran un terreno adecuado en el que trabajar en el futuro. Transformó al ser humano en su totalidad. Debemos recordar cómo las diferentes almas del hombre se construyen a sí mismas en los diferentes cuerpos: el alma sensible en el cuerpo sensible, la intelectual en el cuerpo etérico y el alma consciente en el cuerpo físico. El campo de acción del Bodhisattva está allí donde el alma consciente se construye en el cuerpo físico. Allí es donde se apoderan del hombre por un lado. Allí el alma intelectual o mental trabaja en el cuerpo etérico, otro Ser, en el cuarto período, influyó en el hombre desde otro lado. ¿Cuándo hizo esto? Esto se llevó a cabo en el momento en que el cuerpo etérico en el hombre pudo ser afectado directamente, - cuando ese Ser que hemos descrito más de cerca como Jesús de Nazaret, abandonó el cuerpo físico en el momento del Bautismo en el Jordán. Cuando todo ese cuerpo fue sumergido, produciéndose lo que hemos descrito como una "conmoción", el Ser Crístico se hundió en ese cuerpo etérico. Esa es la Individualidad que viene de un lado muy diferente y es de una naturaleza muy diferente. Mientras que en el caso de los otros grandes Líderes de la humanidad estamos tratando, en cierto sentido, con seres humanos más altamente evolucionados, hombres que al menos una vez han estado sujetos a todo el destino de un hombre, de Cristo no puede decirse lo mismo. ¿Cuál es el principio más bajo del Ser Crístico? Contando desde abajo, es el cuerpo etérico. Eso significa que cuando algún día el hombre, por medio del Yo Espiritual Cristo da un impulso del tipo más poderoso, que continuará trabajando en el futuro, y que el hombre sólo alcanzará cuando comience a trabajar en la transmutación de su cuerpo etérico de manera consciente.
En su viaje a través de la vida, el hombre comienza desde el nacimiento, o incluso desde la concepción, y viaja hasta la muerte; desde la muerte hasta su próximo nacimiento es otro viaje. En su camino desde la muerte hasta un nuevo nacimiento, pasa primero por el mundo astral, luego por lo que llamamos la parte inferior del mundo devachánico, y después por el mundo devachánico superior. O, utilizando los términos europeos, llamamos al mundo físico el pequeño mundo o el mundo de los poderes mentales, de la inteligencia; el mundo astral se llama el mundo elemental; el Devachán inferior el mundo celestial, y el mundo Superior es el mundo de la razón, del discernimiento. La mente europea sólo está evolucionando gradualmente hasta el punto en que las verdaderas expresiones pueden encontrarse en su lenguaje. Por lo tanto, a lo que hay más allá del mundo devachánico se le ha dado un tinte religioso y se le llama el "Mundo de la Providencia", que es lo mismo que el plano de Buddhi. Lo que está más allá de eso también pudo ser visto por la antigua visión clarividente, una antigua tradición habla de ello; en las lenguas europeas no se pudo formar un nombre para ello. - Sólo en nuestros días puede el vidente abrirse camino una vez más hasta ese mundo que está por encima y más allá del Mundo de la Providencia. Las lenguas europeas no pueden realmente dar un nombre a este mundo. Este mundo existe, pero el pensamiento no ha avanzado lo suficiente como para poder describirlo. Pues a lo que la Teosofía oriental llama Nirvana y que está por encima del "Mundo de la Providencia", no se le puede dar el nombre que se quiera.

Como decía, entre la muerte y el renacimiento, el hombre asciende al Devachán superior o mundo de la Razón. Cuando está allí, mira hacia los mundos superiores, mundos en los que él mismo no puede entrar, y allí ve trabajar a los Seres Superiores. Mientras que el hombre pasa su vida en mundos que se extienden entre el plano físico y el Devachán, es normal que los Bodhisattvas se extiendan hasta el plano Buddhi, o lo que en Europa llamamos el Mundo de la Providencia. Ese es un buen nombre, porque es precisamente la tarea de los Bodhisattvas guiar al mundo como una buena "providencia" de edad en edad. Ahora bien, ¿qué ocurrió cuando el Bodhisattva pasó por la encarnación del Buda Gautama? - Cuando alcanza cierta etapa, puede ascender al plano inmediatamente superior - al Plano del Nirvana. Esa es su siguiente esfera. Es característico de los Bodhisattvas que cuando se convierten en Budas ascienden al Plano del Nirvana. Todo lo que trabaja en el ser interior del hombre mora en una esfera que se extiende hasta ese Plano. Un Ser como el Cristo trabaja en la naturaleza del hombre desde el otro lado. También trabaja, desde el otro lado, en esos mundos a los que ascienden los Bodhisattvas cuando abandonan la región del hombre; para aprender ellos mismos, para que puedan convertirse en Maestros de la humanidad. Allí se encuentran, -descendiendo hacia ellos desde arriba, desde el otro lado- con un Ser como el Cristo. Entonces se convierten en alumnos del Cristo. Un Ser como Él, está rodeado por doce Bodhisattvas; en verdad no podemos hablar de más de doce; porque cuando los doce Bodhisattvas hayan cumplido su misión habremos completado el período de existencia terrestre.
Cristo estuvo una vez en la tierra; ha descendido a la tierra, ha habitado en la tierra, ha ascendido de ella. Él viene del otro lado; Él es el Ser que está en medio de los doce Bodhisattvas, y ellos reciben de Él lo que tienen que llevar a la tierra. - Así, entre dos encarnaciones, los Seres Bodhisattvas ascienden al Plano Buddhi; allí se encuentran con el Ser de Cristo como Maestro, y son plenamente conscientes de Él. Él, en este Ser, se extiende hasta ese Plano. El encuentro entre los Bodhisattvas y el Cristo tiene lugar en el Plano Buddhi. Cuando los hombres progresen más y hayan desarrollado las cualidades que les inculcaron los Bodhisattvas, ellos mismos serán cada vez más dignos de penetrar en esa esfera. Mientras tanto, es necesario que aprendan que el Ser-Cristo se encarnó en forma humana en Jesús de Nazaret, y que para alcanzar el verdadero Ser de la Individualidad de Cristo, primero hay que impregnar la forma humana con la comprensión.

Así, doce Bodhisattvas pertenecen a Cristo, y preparan y desarrollan aún más lo que Él trajo como el mayor impulso en la evolución de la civilización humana. Vemos a los doce y, en medio de ellos, al decimotercero. Ahora hemos ascendido a la esfera de los Bodhisattvas, y hemos entrado en un círculo de doce estrellas; en medio de ellas está el Sol, iluminándolas, calentándolas; de este Sol extraen la fuente de vida que luego tienen que llevar a la tierra. ¿Cómo se representa en la tierra la imagen de lo que ocurre arriba? Se proyecta en la tierra de tal manera que podemos expresarlo con las siguientes palabras: Cristo, Quien vivió una vez en la tierra, trajo a esta evolución terrestre un impulso para el cual los Bodhisattvas tuvieron que preparar a la humanidad y luego tuvieron que desarrollar aún más lo que Él dio a la evolución terrestre. Así, la imagen en la tierra, es algo como esto: Cristo en medio de la evolución terrestre; los Bodhisattvas como Sus mensajeros avanzados y Sus seguidores, que tienen que acercar Su obra a las mentes y los corazones de los hombres.

Varios Bodhisattvas debían así preparar a la humanidad, hacer que los hombres estuvieran maduros para recibir al Cristo. Ahora bien, aunque los hombres estaban suficientemente maduros para tener a Cristo entre ellos, pasará mucho tiempo antes de que maduren lo suficiente como para reconocer, sentir y querer todo lo que Cristo es. Se requerirá el mismo número de Bodhisattvas para desarrollar hasta la madurez en el hombre lo que fue vertido en él a través de Cristo, como fue necesario para preparar a los hombres para Su venida. Porque hay tanto en Él, que las fuerzas y facultades de los hombres deben ir siempre en aumento, antes de que sean capaces de comprenderlo. Con las actuales facultades del hombre, Cristo sólo puede ser comprendido en una medida ínfima. Surgirán en el hombre facultades superiores, y cada nueva facultad le permitirá ver a Cristo bajo una nueva luz. Sólo cuando el último Bodhisattva perteneciente a Cristo haya completado su obra, la humanidad se dará cuenta de lo que Cristo es realmente; el hombre se llenará entonces de una voluntad en la que vivirá el propio Cristo. Él penetrará en el hombre a través de su Pensar, Sentir y Querer, y entonces el hombre será realmente la expresión externa de Cristo en la tierra.
Traducido por J.Luelmo abr.2023