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miércoles, 27 de agosto de 2025

GA118 Pforzheim, 30 de enero de 1910. - Evolución interna y posibilidades de desarrollo externo.

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EL EVENTO DE LA APARICIÓN DE CRISTO EN EL MUNDO ETÉRICO

RUDOLF STEINER

Evolución interna y posibilidades de desarrollo externo.

Pforzheim, 30 de enero de 1910.

Conferencia 3

En el desarrollo tanto del individuo como de la humanidad en su conjunto, no debemos buscar siempre algo demasiado simple, demasiado lineal, porque de lo contrario no podremos comprender realmente los complicados procesos de la vida que se nos presentan cada día ante nuestros ojos. Ya en el individuo debemos tener claro que, por así decirlo, confluyen en él dos corrientes de desarrollo. Recordarán que, como se explica, por ejemplo, en el pequeño escrito «La educación del niño desde el punto de vista de la ciencia espiritual» , distinguimos períodos individuales en la vida de cada persona, como el período desde el nacimiento físico hasta aproximadamente los 7 años, el período del cambio de dientes, luego desde los 7 hasta aproximadamente los 14 años, y luego de nuevo desde los 14 hasta los 21 años, es decir, períodos que duran aproximadamente de siete en siete años. Esta división de la vida humana en períodos concretos es bastante regular en la primera mitad de una vida normal. Esta división en períodos de siete años se vuelve irregular en la segunda mitad de la vida, la descendente. Esto se debe a que, en lo que respecta a la primera mitad de nuestra vida, en realidad vivimos hoy en día aquellas leyes y hechos que son una especie de repetición del curso regular del desarrollo de la humanidad desde tiempos inmemoriales, mientras que en la segunda mitad de nuestra vida aún no vivimos algo que ya ha sucedido en el mundo exterior, sino algo que solo sucederá en el futuro. Por lo tanto, la segunda mitad de la vida será mucho más regular en el futuro de lo que es hoy en día, cada vez más regular. Pero esto solo se dice para señalar que tal desarrollo regular tiene lugar en la vida humana. Sabemos que se expresa de tal manera que podemos decir: hasta los siete años de edad, el ser humano todavía se encuentra en un estado etéreo, en una envoltura etérea. Por así decirlo, en lo que respecta a su cuerpo etérico, no nace hasta los siete años. En lo que respecta a su cuerpo astral, nace aproximadamente a los catorce años, y así sucesivamente. Lo que estamos indicando aquí es, en realidad, una corriente de desarrollo del ser humano, es la corriente de desarrollo más externa. Además de esta corriente de desarrollo, existe otra interna que, en cierta medida, discurre de forma independiente con respecto a la corriente externa. A la corriente interna pertenece todo aquello que tenemos en nuestro karma en forma de procesos, causas y efectos más profundos, que se transmite de encarnación en encarnación.

Cuando decimos que hasta los 7, los 14 o los 21 años el ser humano se desarrolla de una manera determinada, debemos tener claro que esto se aplica más o menos a todos los seres humanos por igual. Podemos considerar correctas para todas las personas las reglas que, por ejemplo, se indican en el pequeño escrito mencionado. Estas reglas son correctas para la educación de una persona de nuestra época que tiene pocos talentos y pocas habilidades, pero también son correctas para los genios, para todas las personas, porque es una ley según la cual se desarrollan las envolturas del ser humano. Lo que se encuentra en esta línea de desarrollo se aplica, por tanto, más o menos a todas las personas, pero no es indiferente lo que estas personas han vivido, por ejemplo, en sus encarnaciones anteriores. Una persona ha experimentado muchas cosas inteligentes, muchas cosas bellas, muchas cosas buenas. Según eso se configuran sus capacidades, según eso se configura su destino; el núcleo interior real del ser humano se configura según eso, y eso es ahora individual en cada ser humano. Lo que discurre como una corriente de desarrollo interior junto a la exterior es, en cierto modo, lo que constituye el matiz particular del ser de cada persona. Por ello puede suceder que, a pesar de que la estructura general en períodos de siete años se aplica a todas las personas, los secretos del desarrollo sean diferentes en cada persona. Alguien puede llegar al mundo con grandes capacidades, y entonces tendrá que esperar hasta los siete años para que se complete la formación de su cuerpo físico, y también tendrá que esperar hasta los catorce años para que se complete el desarrollo de su cuerpo etérico, pero lo que trabaja en su interior es muy diferente al de una persona que tiene menos capacidades.

Así pues, hay dos líneas de desarrollo que discurren en paralelo, y a partir de ellas podemos ver ahora cómo pueden surgir en el ser humano ciertos estados anímicos contradictorios, por así decirlo. En lo que respecta al desarrollo exterior, no podemos pensar otra cosa que, —y esto concuerda totalmente con la ciencia espiritual—, que el ser humano desarrolla las capacidades de su cuerpo etérico hasta los 14 años, por ejemplo. A los 14 o 15 años, su cuerpo astral se libera y nace. Entonces puede ser que nos encontremos ante una individualidad, es decir, ante lo que proviene de las encarnaciones anteriores, que tiene grandes y fuertes capacidades anímicas internas. Supongamos, pues, el caso de un ser humano que, debido a su karma, a su desarrollo anterior en vidas pasadas, tiene fuertes capacidades internas. Para desarrollar estas capacidades en el mundo, se necesitan las fuerzas, los órganos de cada envoltura humana. Supongamos ahora que descuidamos en la educación de una persona que posee tales capacidades que estas puedan desarrollarse especialmente a través del cuerpo astral, que descuidamos el desarrollo de su cuerpo astral en el momento adecuado. ¿Qué ocurrirá entonces? Para comprender lo que ocurre, imaginemos algo concreto.

A partir de los 7 años seguimos velando por que el niño se alimente bien, pero ahora empezamos a descuidar las normas que deben regir de manera razonable la educación del niño a partir de los 7 años. Ahora empezamos a ignorar estas reglas y cometemos, por ejemplo, el error de sucumbir a los prejuicios materialistas y decir que queremos asegurarnos principalmente de que el niño llegue lo antes posible a un juicio racional, que aprenda lo antes posible a tener su propio juicio. Así es hoy en día, debido a nuestra forma de pensar materialista. Ya he citado este ejemplo en varias ocasiones.

Mientras que entre los 7 y los 14 años se debería prestar especial atención al desarrollo de la memoria, se instalan máquinas calculadoras. Mientras que antes se enseñaba al niño a aprender 2 x 2 = 4 y cosas por el estilo antes de que comprendiera las cosas, hoy en día se dice que no hay que enseñarle nada que solo aprenda de memoria, sino que el niño solo debe saber aquello sobre lo que puede formarse un juicio. Para ello se trabaja con bolas rojas y blancas. En lugar de acostumbrar al niño a la autoridad, que para él debe ser la fuente de la verdad entre los 7 y los 14 años, se le lleva a madurar prematuramente en su capacidad de juicio. Mientras que el niño de esta edad debe sentir: «Tengo que creer lo que dice la autoridad venerada», se descuida el hecho de que el niño necesita tener padres y maestros a los que admire con profunda veneración y de los que acepte la verdad por su autoridad natural.

Supongamos que dejamos de lado el hecho de que la palabra «autoridad» debe ser sagrada para el periodo comprendido entre los 7 y los 14 años. Si dejamos de lado leyes tan importantes entre los 7 y los 14 años, entonces tampoco puede surgir un cuerpo astral que se desarrolle correctamente a partir de un cuerpo etérico mal desarrollado a partir de los 14 o 15 años. Y supongamos ahora que nos enfrentamos a una persona que ha traído consigo de vidas anteriores poderes especiales, buenas y fuertes capacidades, pero también aptitudes para las que necesita un cuerpo astral capaz de inflamarse por ideales elevados. Depende, por ejemplo, del cuerpo astral que, cuando se ve una injusticia en el entorno, uno pueda encenderse en justa ira mucho antes de poder juzgarla con un pensamiento claro e independiente. Tales cualidades de un cuerpo astral sano deberían estar presentes según la naturaleza del ser humano en cuestión, porque las necesita para que pueda salir a la luz lo que vive en él según sus encarnaciones anteriores. Supongamos ahora que hemos descuidado los principios que deben observarse para que el cuerpo astral nazca capaz de entrega y entusiasmo a los 14 o 15 años. Entonces, a pesar de que se hayan heredado importantes aptitudes y grandes capacidades, se perderá la posibilidad de desarrollarlas, porque el cuerpo astral no deja que esas aptitudes salgan a la luz. No tiene aquellas fuerzas, aquellas corrientes que ese yo, que va de encarnación en encarnación, necesita para desarrollar sus aptitudes. Ahora tenemos un yo que podría desarrollar grandes capacidades, pero los órganos del cuerpo astral, a través de los cuales este yo podría expresar sus capacidades, están atrofiados. La corriente de desarrollo que regula el progreso de las envolturas no ha podido manifestarse.

Quien observe la vida, especialmente hoy en día, en nuestra época tan terriblemente materialista, descubrirá que el caso que acabo de describir se da realmente innumerables veces en la vida. Innumerables veces en la vida ocurre que aquel que puede ver a través de la vida, —que, gracias a su desarrollo ocultista, es capaz de ver a través de ella—, ve con el corazón sangrante: hay algo en la individualidad, pero no puede salir porque la otra corriente de desarrollo no se ha ocupado adecuadamente hasta el momento correspondiente. Entonces, precisamente en ese momento en el que se necesitarían los órganos inexistentes, aparecen los síntomas característicos que se denominan «demencia precoz» (Dementia praecox). Aparecen todo tipo de pasiones malignas y terribles, desviaciones de la más espantosa índole. ¿De dónde provienen estas desviaciones? No se deben únicamente al hecho de que el interesado tenga también predisposiciones que tienden al mal, sino a que en la encarnación actual no tiene los órganos necesarios para desarrollar precisamente sus buenas predisposiciones. Por lo tanto, tal vez sea beneficioso para él que estas predisposiciones destruyan el yo, rompan la envoltura, para crear una mejor oportunidad para su desarrollo en una encarnación posterior. Por extraño que parezca, hay que tenerlo en cuenta, porque a menudo el desarrollo se considera de forma demasiado lineal, incluso por parte de las personas que se acercan a la ciencia espiritual.

La evolución interior y las posibilidades de desarrollo exterior deben coincidir. Esto es así en el caso del individuo, al igual que lo es para el desarrollo de toda una época. Solo les he puesto un ejemplo radical para que les resulte más fácil comprender lo que ocurre en muchos casos. No siempre se presenta de esta manera tan radical, pero en nuestra época se da con mayor frecuencia en lo que hoy en día es tan común: en estados de ánimo insatisfechos, en la desesperanza, en el no saber qué hacer con uno mismo, especialmente en las edades comprendidas entre los 14 y los 21 años. Entonces permanece y ya no se puede remediar en la vida. Entonces permanece un estado de ánimo interior de desesperanza, falta de objetivos, pesimismo e insatisfacción. Y en esta forma más leve, se produciría cada vez más y con mayor frecuencia, si la humanidad no tomara otros caminos que los que ha tomado hasta ahora, gracias a una cosmovisión espiritual y científica, ya que el pensamiento materialista se ha ido imponiendo cada vez más en los pensamientos y sentimientos más profundos de las personas.

Al escuchar lo que se acaba de decir, como investigador espiritual uno debe decirse a sí mismo: la ciencia espiritual, si se ha comprendido aunque sea un poco, debe parecer algo que no se practica por afición, porque nos guste, porque nos proporcione una satisfacción subjetiva, una felicidad, sino que, cuando se ha profundizado un poco en sus aspectos más profundos, hay que practicar la ciencia espiritual como un deber, como un deber para con toda la humanidad. Porque las cosmovisiones que predominan hoy en día conducen a comprender cada vez menos la vida. Se comprenderá cada vez mejor la no vida. Y para comprender cada vez mejor la no vida, el materialismo ha sido necesario durante un tiempo. A partir de la mera comprensión de la vida, nunca se habrían podido construir barcos de vapor, ferrocarriles o túneles. Tampoco se habría podido esperar llevar nuestra ciencia exterior, orientada hacia lo físico, tan lejos como lo está hoy, y realizar más avances en este campo.

Las personas debían ser guiadas de tal manera que, por así decirlo, asimilaran en sus almas aquellas cosmovisiones que pudieran expresar correctamente, como orientaciones particulares de la concepción de la existencia, todos los tipos de culturas.

Nadie puede decir: ¿No fue injusto que a lo largo de los siglos pasados las personas tuvieran que asimilar concepciones materialistas? No, no se puede decir eso. Son las mismas almas las que, después de haber tenido que soportar la influencia del materialismo, serán guiadas de nuevo hacia la vida espiritual en otras encarnaciones futuras.

Pero cada cosa debe suceder en su momento, en el momento adecuado. Solo hay que pensar que ciertas cosas pueden ser muy buenas, excelentes, si se hacen durante el día. Si esas mismas cosas se hacen por la noche, entonces son malas. Cada cosa tiene su momento, y lo mismo ocurre en el gran proceso de desarrollo de la humanidad, en la evolución humana. Lo que fue bueno en siglos pasados sería un grave pecado contra la humanidad si se mantuviera en los siglos venideros. Hoy hemos llegado a un punto en el que el pensamiento materialista debe ser sustituido por el pensamiento y la visión que conducen a la vida en el espíritu mismo. Lo que impulsó el materialismo en épocas pasadas debe ser sustituido por una cosmovisión espiritual, y es necesario que haya personas que hagan algo para que esta cosmovisión espiritual se introduzca en la humanidad y en su historia. Deben saber que si hoy, en este momento, no se produjera lo que se puede llamar la incorporación de una cosmovisión espiritual a la cosmovisión materialista, se perdería el momento adecuado para la humanidad. Pero aún en muchos otros aspectos podemos perder lo más importante en nuestro tiempo. Y comprendemos en qué medida podemos perder lo más importante en nuestro tiempo si consideramos ahora estas dos corrientes de desarrollo, antes indicadas para el individuo, en el contexto de toda la humanidad.

El ser humano pasa de encarnación en encarnación, de un cuerpo a otro. Pero no pasa de una encarnación a otra en vano. ¿Por qué el ser humano desciende una y otra vez de las alturas espirituales a la Tierra? ¿Por qué no basta con una encarnación en la Tierra? Porque la Tierra misma cambia a lo largo de largos períodos de tiempo, cambia en relación con todo lo que hay en ella físicamente, en relación con todo lo que hay en ella también espiritual y anímicamente. Comparen ahora el aspecto exterior de la Tierra, lo que ha crecido aquí y lo que ya existía hace 2000 o 3000 años. Comparen el suelo tal y como era entonces alrededor de Pforzheim con el aspecto que tiene hoy. Las ciencias naturales comunes pueden dar una idea de cómo era el suelo aquí hace 2000 años. Pero si además se compara lo que una persona aprendía entonces en su infancia y juventud con lo que aprende hoy, se verá obligado a admitir que la vida física y espiritual están cambiando en la Tierra. La Tierra era muy diferente hace 2000 o 3000 años, y ha ido cambiando constantemente y seguirá cambiando. La Tierra cambia continuamente. Y cada vez que descendemos a la Tierra, nos encontramos con nuevas circunstancias, podemos aprender cosas nuevas, experimentar cosas nuevas y vivir cosas nuevas, unirlas a nuestro ser y llevar nuevas experiencias al mundo espiritual. Por eso, porque debemos absorber poco a poco las experiencias terrenales en períodos sucesivos, nacemos en vidas terrenales sucesivas. Armonizamos lo que la vida terrenal exterior nos puede dar a lo largo de los tiempos sucesivos y lo que debemos aprender dentro de esta vida terrenal. Esto debe coincidir. 

Supongamos que hay un alma que vive hoy en día. Ella ya vivió en la época del antiguo Egipto, en la época de la antigua India. Todas las almas que hoy están aquí sentadas han vivido innumerables veces en la Tierra, han vivido aquí en otras condiciones de vida y hoy vuelven a vivir porque lo que aprendieron y experimentaron en la Tierra en aquel entonces ya no existe hoy en día, y hoy se pueden vivir y experimentar cosas nuevas. Supongamos que hay una persona que, por ejemplo, en el antiguo Egipto no utilizó correctamente sus encarnaciones, no extrajo lo que en aquel entonces se podía extraer de la Tierra. Supongamos que personas como las que aún existían de forma aislada en el antiguo Egipto, según el karma de la Tierra y el karma individual, hubieran descuidado unir con su alma lo que se podía experimentar precisamente en el antiguo Egipto. Eso no habría impedido que murieran en el momento correspondiente en el antiguo Egipto. Pero habría impedido que, cuando nacieran la próxima vez, trajeran consigo lo que necesitaban para ser seres humanos completos. Eso no pueden adquirirlo tan fácilmente en las siguientes encarnaciones. Sin embargo, para no tener almas atrofiadas en una encarnación posterior, necesitamos las habilidades y los poderes que pudimos adquirir en la encarnación anterior a partir de las condiciones terrenales de ese momento. Hay cosas que, si se han descuidado, ya no se pueden recuperar. Quizás dirán: ¡Ahora nos está pintando un panorama muy bonito! No podemos saber si hemos dejado pasar algo increíblemente importante en encarnaciones anteriores. Esa sería realmente una perspectiva desoladora, porque tal vez hayamos dejado pasar algo terrible en encarnaciones anteriores, ¡y entonces de qué nos sirve ahora todo lo demás! ¿De qué nos sirve, por ejemplo, que ahora nos inclinemos tanto por la ciencia espiritual y queramos aprovechar tan bien nuestra encarnación actual? ¡Quizás ni siquiera podamos hacerlo, precisamente porque en encarnaciones anteriores nos perdimos algo muy importante!

Por lo tanto, parece que esta verdad que acabo de expresar podría infundir una perspectiva terrible en su alma, podría resultar desoladora para algunos de ustedes. Porque si ya no se puede recuperar lo que se ha perdido, entonces debo decir que, por mucho que empiece a trabajar en mi alma, ya no sirve de nada, porque ya no puedo recuperar lo que he perdido, lo que solo podría haber vertido en esta alma quizás en la antigua India o en el Antiguo Egipto.

Esta perspectiva desoladora solo existiría si la consecuencia que se ha extraído ahora fuera la correcta. Pero no es la consecuencia correcta, porque la cosa es diferente. Es totalmente cierto que lo que nuestra alma no haya asimilado en el antiguo Egipto, India, Persia o Grecia, ya no podrá recuperarlo hoy, eso sería imposible. La cuestión es que, en la actualidad, en nuestra época, se dan las primeras encarnaciones del ser humano en las que, por culpa propia, se puede perder conscientemente algo en este sentido. Y esto durará aún algún tiempo. Y ahí puede haber también una explicación de por qué ahora la ciencia espiritual está empezando a llegar al mundo: porque solo ahora comienza la posibilidad de que los seres humanos pierdan algo. Ahora estas verdades deben comenzar a llegar a los seres humanos, porque ahora comienzan para ellos encarnaciones en las que, si no se aplicaran correctamente, sería más difícil recuperar en condiciones terrenales posteriores lo que se hubiera descuidado. Y ahora también es cierto que las personas, si así lo desean, pueden acceder a la explicación espiritual de la reencarnación y el karma y otras verdades de la ciencia espiritual, por lo que no tienen por qué cargar con esta culpa. La ciencia espiritual hará todo lo posible en los próximos siglos y milenios para que las personas tengan la oportunidad de aplicar estas encarnaciones de la manera correcta y no tengan que cargar con esta culpa. Una sola encarnación no es tan importante, pero si en nuestra era, que acaba de comenzar y durará entre 2000 y 3000 años, se han utilizado dos o tres encarnaciones sin haber sacado lo correcto de lo que se puede ganar en la Tierra, entonces se habrá perdido algo importante en los tiempos venideros. Por eso, la ciencia espiritual aparece ahora y le dice a la gente lo importante que es que utilicen sus encarnaciones de la manera correcta.

Ahora nos preguntamos: ¿por qué en tiempos pasados los seres humanos no podían cometer estos errores? Por la razón de que el ser humano ha evolucionado de encarnación en encarnación, de tal manera que en un pasado remoto era él mismo un compañero de los mundos espirituales. Lo que hoy son nuestras capacidades, sobre todo la limitación de nuestros sentidos al mundo físico, no siempre ha existido. En tiempos pasados, el ser humano tenía una clarividencia incipiente, podía ver los mundos espirituales. Y esta clarividencia era cada vez más fuerte cuanto más nos remontamos en el tiempo. En aquellos tiempos, el ser humano sabía: «Provengo del mundo espiritual». Y no solo tenía este conocimiento abstracto, sino que también sabía cómo era ese mundo, conocía las leyes del mundo espiritual. Cumplía estas leyes como por instinto, de forma instintiva. Como aún estaban conectadas con el mundo espiritual, nuestras almas utilizaban sus encarnaciones de forma esencialmente ordenada.

Debido a que los seres humanos aún estaban conectados con los mundos divino-espirituales, el conocimiento seguía actuando en ellos e instintivamente hacían lo correcto bajo la influencia del antiguo conocimiento. Solo en nuestra época vivimos en una era en la que, por así decirlo, se han cerrado las puertas al mundo espiritual, en la que el ser humano, entre el nacimiento y la muerte, depende completamente de su percepción en este mundo físico y sensorial.

Esta era, en la que ha desaparecido la antigua clarividencia, mediante la cual los seres humanos recibían conocimientos como si vinieran del cielo, esta era comenzó, —podemos situar con bastante precisión el momento—, 3101 años antes de que Cristo caminara sobre la Tierra. Antes, en épocas en las que los seres humanos, aunque no tenían la fuerte conciencia de sí mismos que tienen hoy en día, ni una conciencia clara de su yo, podían aún vislumbrar de forma difusa y confusa, e incluso más atrás, podían ver con claridad los mundos espirituales. Llegamos así a una era anterior al año 3101, en la que los seres humanos tenían un conocimiento bastante confuso, pero aún así un conocimiento del mundo espiritual. A esta era se le llama Dvapara Yuga. Este Dvapara Yuga, o era de bronce, se extiende a lo largo de la antigua época egipcio-babilónico-caldea y persa. Si nos remontamos aún más atrás, en épocas aún más antiguas, encontramos una visión aún más profunda del mundo espiritual entre los seres humanos en el Treta Yuga o Edad de Plata. Y entonces llegamos a la catástrofe atlante, donde las personas que estaban encarnadas allí aún podían ver los mundos espirituales, de tal manera que se sentían compañeros de aquellas entidades que hoy solo se pueden reconocer en el estado entre la muerte y un nuevo nacimiento. Eso es entonces el Krita Yuga, que comienza allí.

En el año 3101 antes de nuestra era comienza la época en la que, poco a poco, desaparece toda posibilidad de que los seres humanos puedan ver el mundo espiritual mediante fuerzas naturales externas normales. En esta era, desde el año 3101 antes de nuestra era hasta nuestros días, solo quedaban en algunas personas viejos restos heredados de una clarividencia apagada y confusa. En esta era, solo se podía ascender regularmente a los mundos espirituales mediante una verdadera formación esotérica. Pero las capacidades normales del ser humano se desarrollaron de tal manera que solo se extendían al mundo físico exterior. A esta era se le denomina, con un término oriental, Kali Yuga, la era oscura, porque el ser humano ya no ve el mundo espiritual a través de sus capacidades naturales. El Kali Yuga es, por tanto, esta era que comenzó aproximadamente en el año 3101 antes de nuestra era y que ha llevado a los seres humanos cada vez más hacia el plano físico.

Los acontecimientos más importantes que tienen lugar en el plano espiritual no suelen ser percibidos por los seres humanos, ya que no prestan suficiente atención a ellos. En nuestra era están sucediendo cosas importantes. Lo más importante es que el Kali Yuga llegó a su fin en 1899. Esto significa que ha terminado la era del desarrollo humano que estaba destinada a llevar las capacidades humanas a la observación y percepción del plano físico. Y ahora, desde 1899, comienza una era en la que, a lo largo de unos 2500 años, se desarrollarán lentamente otras capacidades como capacidades normales en las almas humanas. Por lo tanto, ya vivimos en una época en la que se están desarrollando otras capacidades. El Kali Yuga ha llegado a su fin y los seres humanos se encaminan hacia una época en la que, sin que puedan hacer nada para evitarlo, se desarrollarán de forma natural ciertas capacidades nuevas en el alma, diferentes a las que se desarrollaron durante el Kali Yuga.

¿Qué habilidades son esas? Bajo la influencia del Kali Yuga, se hicieron cada vez más fuertes aquellas fuerzas del ser humano que lo convierten en inventor, en descubridor, en manipulador de las fuerzas físicas del plano físico. Por supuesto, esto continúa, porque las habilidades que se han adquirido una vez no se pierden naturalmente. Por lo tanto, no se puede decir que ahora se haya perdido la capacidad de trabajar con las fuerzas de la naturaleza. Pero se añaden otras capacidades. A lo que el ser humano ha adquirido durante el Kali Yuga se añade, como capacidad especial, una clarividencia natural y etérica, es decir, ahora comienza la era en la que en las almas humanas, primero en unas pocas, luego en cada vez más almas humanas, despertarán ciertas capacidades clarividentes como capacidades normales. Por lo tanto, debemos distinguirlas de lo que adquiere, aunque sea como una capacidad mucho más elevada, quien aplica los métodos del entrenamiento espiritual. En cada época, con sus capacidades, superará lo que se considera normal para la humanidad. Pero ahora comienza una época en la que se despertará como algo normal la capacidad de ver no solo lo físico, sino también lo que subyace a lo físico como lo etéreo. Es decir, vendrán almas con tales capacidades, y lo harán en una época que ya está aquí, que ya ha comenzado, solo que vendrán cada vez con más frecuencia. Por ahora, todavía son muy escasas en la Tierra. Pero estas capacidades comenzarán a extenderse cada vez más entre los seres humanos. Estarán presentes de manera significativa en los años 1930 a 1940. Será una época importante, porque entonces se verán surgir las nuevas capacidades de los seres humanos. Mientras que hoy en día el ser humano solo ve el cuerpo físico, entonces también adquirirá la capacidad de ver primero algunas cosas esenciales, pero luego cada vez más del cuerpo etérico. Eso sucederá. En un futuro próximo, la humanidad evolucionará de tal manera que habrá, cada vez más y más personas, hasta llegar a ser un gran número de personas, —en realidad, se trata de toda la humanidad—, que no solo verán el cuerpo físico del ser humano, sino que lo verán envuelto en una especie de envoltura etérica, como rayos etéricos y un aura etérica. Eso es lo primero que verán. La otra es que les resultará muy extraño: habrá imágenes ante ellos y se mostrarán todo tipo de cosas en esas imágenes. Al principio, las personas no se darán cuenta de lo que significa, luego lo considerarán enfermizo, pero luego cada vez más personas se darán cuenta de que tal imagen es un acontecimiento que se produce en dos o cuatro días y que se refleja previamente en el éter. Estas capacidades se desarrollarán ya en la primera mitad de nuestro siglo XX.

Hay dos posibilidades. Una es que, con su forma de pensar, sentir y percibir, las personas de hoy se queden estancadas en lo que han adquirido del Kali Yuga. Aquellos que, con su cosmovisión, su filosofía, su pensamiento y su sensibilidad, se quedan estancados en lo que han aprendido hasta ahora, muy pronto habrán terminado de juzgar a sus semejantes que ven tales cosas. Dirán que son necios que están empezando a volverse locos, que ven todo tipo de cosas engañosas que no existen. Pero habrá otras personas que habrán oído en la ciencia espiritual que son realidades. Y eso se repetirá una y otra vez en las próximas décadas y siglos. Habrán oído que existe algo así como la realidad y encontrarán la relación adecuada con estas nuevas capacidades que están surgiendo.

¿Qué hacemos al dedicarnos a la ciencia espiritual? No hacemos algo que satisface nuestra curiosidad y que, por lo tanto, es nuestra actividad favorita, sino que hacemos algo que prepara a las personas para lo que debe venir y lo que vendrá. Y lo que vendrá, simplemente no se podría entender si no existiera la ciencia espiritual. La humanidad perdería lo que debe ganarse. Y eso podría suceder si se prohibieran por completo las ciencias espirituales en la Tierra, si se dejara morir de hambre a todos aquellos que trabajan para las ciencias espirituales, si se les expulsara de sus puestos y se les dejara morir de hambre. Entonces la humanidad perdería por completo la posibilidad de comprender lo que vendrá como desarrollo natural. Entonces, si eso ocurriera, el desarrollo de la humanidad se agotaría y se marchitaría. Tendría que continuar sin este impulso y se marchitaría, se agotaría. Eso es lo que hace de la ciencia espiritual un deber responsable.

Si lo vemos así, también podemos preguntarnos: ¿en qué se manifestará, por ejemplo, el efecto de lo que acabamos de describir? Pues bien, las almas que ahora están aquí sentadas volverán a encarnarse en una época en la que las almas humanas ya poseerán desde hace tiempo las capacidades espirituales que acabamos de describir. ¿Qué efecto tendrá esto? Con esas capacidades vendrá algo más. Llegará el momento en que el ser humano podrá mirar atrás a su encarnación actual. Como capacidad natural, junto con las capacidades que acabamos de describir, surgirá un recuerdo no solo de la vida entre la muerte y el nacimiento, sino también de la vida anterior, como una característica natural. Pero ahora se tratará de que en la encarnación actual o en la siguiente desarrollemos algo que se pueda recordar. Lo que hacemos durante el día, lo que ya habrá desaparecido cuando renazcamos, no será lo primero que se recuerde. Lo que se recordará será solo lo que ha sucedido en el poder central de nuestro interior, en nuestro yo. No se puede recordar lo que ha sucedido en la vida cotidiana. Lo que permanece desde la encarnación actual hasta la siguiente debe ser captado y sentido ahora mismo en el yo. Pero es cierto que la mayoría de las personas aún no tienen la inclinación de penetrar tan profundamente en su interior como para sentirse como un yo. Según la frase de Fichte, la mayoría de las personas siguen considerándose más un trozo de escoria en la luna que un yo. Pero si no se cultiva este yo, si no se aprende a reconocerlo a través de la ciencia espiritual, si no se aprende a sentirlo, entonces no existe como bien interior del alma. Primero debemos crear aquello que luego podamos recordar en la próxima encarnación.

Así, al aprender a conocer al ser humano, la ciencia espiritual crea los elementos del mundo que encuentran su mejor expresión en su yo, creando como hechos aquello que debe recordar en su próxima encarnación. Si el ser humano no aplica de la manera correcta lo que se le ofrece, en la próxima encarnación tendrá la capacidad de recordar, pero no se le ocurrirá nada como objeto de ese recuerdo, porque no habrá creado nada que pueda recordar.

Una de las mayores torturas que puede sufrir el ser humano es tener una habilidad y no tener nada en lo que poder ejercerla. Se querrá mirar atrás, a encarnaciones anteriores, ya que se tendrá la capacidad de hacerlo, pero no se encontrará en uno mismo ningún objeto que pueda incorporarse a ese poder de recuerdo. Será una sed terrible de mirar atrás, a encarnaciones anteriores. Pero será como un tormento interior, un deseo interior de mirar atrás, y no se verá nada, porque no se ha creado nada que se pueda ver. Por lo tanto, en la encarnación actual trabajamos en lo que hay que crear como hecho, como objeto para el recuerdo, porque la capacidad de recordar el pasado ya la obtenemos a través del curso natural del desarrollo de la humanidad. 

Aquí volvemos a encontrar dos corrientes. Una externa: las personas adquieren habilidades; y otra interna: las personas deben hacer aquello para lo que pueden utilizar estas habilidades. Encontramos estas dos corrientes en todas partes. Pero lo que parece ser lo más importante en todo ello, como fuerza, como impulso, es que las personas, al elevarse en esta época, al adquirir la nueva capacidad de ver lo etéreo, tendrán una gran experiencia, la mayor, en relación con ello, a lo largo de la primera mitad del siglo XX.

En aquel entonces, cuando el Kali Yuga había durado unos 3100 años, los seres humanos habían llegado a un estado en el que tenían que decirse a sí mismos: ya no podemos mirar hacia arriba, a los reinos espirituales de los cielos. Las puertas están cerradas al mundo espiritual. Pero entonces llegó primero Juan el Bautista, luego Cristo, y ellos mostraron a los seres humanos que, en el plano físico, mediante un desarrollo interior adecuado, se puede despertar lo que es el poder central del alma, lo que es el yo, y que así se puede comprender lo espiritual. Dios descendió como Cristo al plano físico, porque las capacidades humanas habían llegado a tal punto que solo podían comprender las cosas en el plano físico. Cristo hizo el sacrificio de descender al plano físico porque los dioses, que hasta entonces no habían descendido, ya no eran comprensibles para los seres humanos, que ahora habían desarrollado en sí mismos la capacidad de permanecer solo en el plano físico.

Ahora, sin embargo, se están desarrollando nuevamente habilidades para ver lo supranatural, para ver lo etéreo. Esto tiene como consecuencia que, aproximadamente en el período comprendido entre 1930 y 1940, un número de personas que serán los primeros pioneros de esta clarividencia etérea verán lo que es el Cristo en nuestra época. En un cuerpo físico, el Cristo solo ha vivido una vez en nuestra Tierra. Pero desde entonces nuestra Tierra ha cambiado. Si en la época anterior al nacimiento de Cristo alguien se volvió clarividente y miró dentro del mundo de los seres y fenómenos espirituales que rodean directamente nuestra Tierra, no encontró algo que luego encontró cuando se produjo el acontecimiento del Gólgota, cuando Cristo descendió a la Tierra. Una personalidad lo sabía con certeza. Había una personalidad que sabía por su enseñanza: cuando los seres humanos se vuelven clarividentes, ven algo que aún no está en la Tierra, pero que estará en el futuro en la atmósfera espiritual de la Tierra, cuando Cristo haya descendido del sol. Esta personalidad se dijo a sí misma: «En la Tierra viviremos el gran momento en el que Cristo se aparecerá espiritualmente a los seres humanos que alcancen la clarividencia, pues entonces habrá descendido a la Tierra y será visible espiritualmente en su atmósfera». Esta personalidad lo sabía, pero aún no estaba preparada para creer, a partir de los acontecimientos de Palestina, que en Jesús de Nazaret ya estaba presente ese ser esperado, el Cristo. No podía reconocer al Cristo Jesús, no lo reconocía. Entonces llegó el momento, cuando el acontecimiento del Gólgota ya había pasado hacía mucho tiempo, en el que esta personalidad se volvió clarividente: entonces vio al Cristo en el cuerpo etérico. ¡Ahora podía ver algo en el entorno terrestre! Ahora esta personalidad sabía que el Cristo estaba allí. La realidad física, la visión física no lo convenció a este hombre, pero la clarividencia, la percepción clarividente del Cristo en el cuerpo etérico, eso lo convenció. Esta personalidad era Pablo. En el acontecimiento de Damasco, primero vio clarividentemente al Cristo en su cuerpo etérico, tal como lo ven desde el acontecimiento del Gólgota aquellos que se elevan a la clarividencia.

Este es incluso el acontecimiento más importante que le corresponde hoy al clarividente entrenado: que vea al Cristo en la atmósfera espiritual de la Tierra. Dado que esta capacidad se manifestará en ese período en un gran número de personas, este número de personas tendrá entonces la visión directa de Cristo, del Cristo en su cuerpo etérico, con el cual los seres humanos tratarán como si se tratara de una personalidad física. Cristo no descenderá por segunda vez a un cuerpo físico, pero los seres humanos ascenderán, gracias a sus capacidades, a lo etéreo, donde ahora se manifiesta. Cristo habrá vuelto a ellos en el ámbito de su experiencia ampliada.

Es el retorno de Cristo, que comenzó aproximadamente entre los años 1930 y 1940 de nuestra era. Este acontecimiento podría pasar desapercibido para los seres humanos si no se prepararan para comprender este gran acontecimiento. La ciencia espiritual debe preparar a la humanidad para este acontecimiento futuro. No debe pasar desapercibido para la humanidad. Si pasara desapercibido, la humanidad se desolaría y se marchitaría.

Lo que acabo de decir será proclamado en los próximos veinte años en tal o cual lugar, expresado de tal o cual forma, porque es una verdad muy importante, una verdad que debe preparar a los seres humanos para los acontecimientos más importantes de nuestro tiempo. Una vez más, han llegado los tiempos en que deben suceder cosas trascendentales. Pero en nuestra época impera un materialismo terrible, y puede suceder que incluso aquellos que escuchan y aceptan estas enseñanzas se vean tentados por la mentalidad materialista y se dejen seducir por ella hasta creer que Cristo solo reaparecerá si lo hace en un cuerpo carnal. Esa sería una creencia materialista, en la que solo pueden creer aquellos que, en realidad, no han llegado a la conclusión de que el espíritu es más real que lo físico. Ahora bien, el materialismo podría llevar a las personas a la tentación de confundir el regreso de Cristo en el cuerpo etéreo real, visible para las capacidades más desarrolladas de los seres humanos, con un regreso físico carnal. Pero si eso ocurriera, sería otra gran desgracia para la humanidad. Sin embargo, en nuestra época hay suficientes individuos, suficientes personalidades que lo utilizarán y que, al hacerlo, ya sea porque caen víctimas de una ilusión, de un autoengaño, o porque caen víctimas de sus propios malos instintos, se harán pasar por falsos Cristos, por Cristos encarnados.

Los falsos Cristos aparecerán en esta era, en la que la humanidad debe ver al verdadero Cristo en su cuerpo etéreo. Sin embargo, los antroposofos están llamados a distinguir entre lo espiritual y lo material, y a estar bien preparados contra todas las afirmaciones, vengan de donde vengan, de que un Cristo vendría en carne y hueso. Los antroposofos están llamados a comprender que esto sería materialismo, la peor tentación que podría surgir en uno de los acontecimientos más importantes del desarrollo de la humanidad, el acontecimiento que llamamos el retorno de Cristo, y en el que se pondrá a prueba si los seres humanos han llegado ya tan lejos como para no limitarse a hablar del espíritu, sino ser capaces de reconocer vivamente la esencia del espíritu como algo superior a la esencia de la materia.

Habrá que ver si los seres humanos estarán preparados para reconocer a Cristo en toda su importancia, precisamente porque se les muestra como algo espiritual. Esa será la mayor prueba y el mayor examen para los seres humanos, que se les muestre el mayor impulso de nuestra Tierra y les diga: Solo podéis reconocerme si no os limitáis a hablar de lo espiritual, sino que sabéis que lo espiritual es más real, más auténtico y más valioso que lo meramente material y carnal. Esto es parte de lo que debemos asimilar en nuestros sentimientos para poder afrontar de manera adecuada las próximas décadas que se avecinan. Pero este acontecimiento no solo será importante para aquellos que aún estarán en el cuerpo físico, sino también para aquellas almas que entonces se encontrarán entre la muerte y el nuevo nacimiento. Porque esto será tan importante para los llamados muertos como lo fue la muerte en el Gólgota no solo para los contemporáneos en el cuerpo físico, sino también para las almas que estaban en el Kamaloka o Devacán. Simbólicamente, esto se expresó diciendo que Cristo también descendió a aquellos que estaban en el otro mundo: «descendió al infierno». La gran prueba de la espiritualidad en nuestro siglo será importante tanto para los que viven en el plano físico como para los que viven en el plano espiritual, los llamados muertos.

Traducido por J.Luelmo ago, 2025

viernes, 24 de mayo de 2024

GA096 Berlín, 15 de octubre de 1906 El Karma y detalles de la ley kármica

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IMPULSOS ORIGINALES DE LA CIENCIA ESPIRITUAL

RUDOLF STEINER

EL ESOTERISMO CRISTIANO A LA LUZ DE LOS  NUEVOS CONOCIMIENTOS ESPIRITUALES

El Karma, y detalles de la ley kármica

Berlín, 15 de octubre de 1906

Hablaremos hoy sobre el karma y los detalles de la ley kármica. Ustedes saben que el karma se entiende como la gran ley de causa y efecto en la vida espiritual, y que para la ciencia espiritual esta ley del karma es sobre todo tenida en cuenta, en la medida en que se aplica a las vidas terrenales repetidas. Hablamos de reencarnación y karma como dos cosas que están relacionadas. Ahora bien, esta ley del karma, como bien saben, se entiende a menudo de un modo un tanto externo, como si fuera meramente una especie de recompensa y castigo que se arrastra de una encarnación a la siguiente, de modo que si a una persona le ocurre algo malo o perverso en esta vida, necesariamente tiene que decirse a sí misma: Esto me lo tenía merecido por alguna falta en la vida anterior. O: Si hago esto o aquello, recibiré la recompensa o el castigo correspondiente en la próxima vida. Pero las cosas no son así de simples. Quien quiera comprender esta ley del karma debe profundizar en la naturaleza del hombre y en todo su ser.

Por parte de los oponentes de la ciencia espiritual, la ley del karma y de la reencarnación, la ley de las vidas terrenas repetidas, es objeto de los ataques más violentos, empezando por el dicho: ya he tenido bastante con una vida terrena, -no quiero vivir esta vida tantas veces, hasta la afirmación de que es una doctrina que conduce a la inacción, a la resignación ante un destino ciego. Podremos responder con precisión a tal oposición y encontrar qué decir en respuesta a cada objeción, si consideramos todo el proceso del karma. Para ello debemos recordar, aunque ya lo hayamos oído muchas veces, ¡Qué es el hombre!, en sentido profundo.

Como sabemos, el hombre consiste ante todo en el cuerpo físico, que se puede ver con los ojos y agarrar con las manos, lo que la ciencia física investiga y escudriña, lo que la anatomía disecciona, lo que se conoce en la vida ordinaria. Muchas personas de mentalidad materialista consideran este cuerpo físico como la única parte de que consta el ser humano. Nosotros por nuestra parte tenemos que considerar el cuerpo etérico o vital como el segundo miembro de esta entidad. Este cuerpo está constituido por una sustancia diferente en gran medida a la del cuerpo físico. Ni siquiera basta con decir que la materia, la sustancia de la que se compone este cuerpo etérico, es esencialmente más fina que la sustancia del cuerpo físico. Más bien, se trata de una "materialidad" completamente diferente. Es una materia activa, de fuerza. Esta materia etérica, que no tiene nada que ver con lo que en física se conoce por éter, tiene algo de creadora, es la constructora real de las cosas. La mejor manera de imaginarse el cuerpo etérico es que tiene aproximadamente la misma forma que el cuerpo físico, pero que es completamente transparente, aunque no lo sea del todo ni siquiera para las personas clarividentes. Es permeable; si existiera él sólo por separado del resto de miembros, se podría pasar a través de él, pero al mismo tiempo es creador, de modo que los órganos físicos del hombre se construyen a partir de él. El corazón, los pulmones, el hígado y demás se crean a partir de este cuerpo etérico. Desde un punto de vista materialista se podría decir: El cuerpo etérico del niño debe ser muy pequeño. Este es ciertamente el caso. No hay porque ofenderse por esto, pues tenemos que considerarlo más bien como una fuerza que en determinadas circunstancias puede ocupar un espacio más pequeño que el que luego crea. Se trata pues aquí de la vida creadora, de un cuerpo creador que subyace al cuerpo físico que se siente en el espacio. Este cuerpo etérico es el portador de los hábitos del hombre. Sobre todo, es el portador de la memoria y del temperamento, en general de todo lo que son las cualidades espirituales permanentes de la persona. Cuando hablamos del alma humana, nos referimos sobre todo al temperamento y a la disposición original del carácter. Esto se expresa en forma en el cuerpo etérico.

El tercer miembro del ser humano es el cuerpo astral. El nos llena y rodea el cuerpo humano como un aura de luz en la que se hacen visibles los instintos, los deseos y las pasiones. Esto se ha descrito a menudo.

Un cuarto miembro del ser es el que sale a la luz en la autoconciencia real, en el yo. Los demás miembros restantes del ser humano están sólo en fase germinal y tienen su asiento en este yo.

Por lo que respecta al desarrollo kármico, nos interesan principalmente los miembros del ser humano antes mencionados. Hay un importante hecho de la vida que debemos tener en cuenta por encima de todos los demás. Si ustedes repasan  su vida pasada y piensan en su infancia, podrán decirse a sí mismos que han aprendido muchas, muchas cosas. Hubo un tiempo en que no sabían leer ni escribir ni sabían nada sobre los acontecimientos mundiales, la historia, la literatura y muchas otras cosas. Ahora saben todo esto, se ha convertido en propiedad de sus almas. Pero hay algo más que saben. Ustedes saben que pueden aprender mucho y aun así no cambiar mucho de su carácter y temperamento originales. Hay personas que a lo largo de su vida han aprendido mucho y han llenado su alma de todo tipo de conocimientos, pero que aun así tienen que decirse a sí mismas: Yo era de temperamento irascible entonces y lo sigo siendo hoy. O bien: Siempre he sido una persona flemática y lo he seguido siendo. Antes tenía tal o cual hábito, hoy lo sigo teniendo. Sin embargo, también hay personas que han cambiado mucho sobre sí mismas y sus rasgos anímicos de carácter. Quizá no haya ninguna persona que no haya cambiado nada en su talante. Cuando se miren a ustedes mismos y recuerden su infancia, al final tendrán que admitir que han cambiado muchas cosas desde entonces. Pero al mismo tiempo se percatarán ustedes, de que la observación y el aprendizaje se relacionan con la transformación de los rasgos del carácter, como el minutero de un reloj en comparación con la aguja de las horas. El cambio de carácter y temperamento avanza lentamente a semejanza de la aguja horaria del reloj, y la asimilación de las observaciones de la vida procede más rápidamente, como el minutero. Esto depende del hecho de que todo lo que uno aprende puede ser absorbido rápidamente en el alma, que tiene al cuerpo astral como su portador y se expresa en el cuerpo astral. Cuando ustedes escuchen algo fundamentalmente nuevo, se impregnarán de un sentimiento que les llega ahora y que mañana se olvida de nuevo. O si experimentan un dolor que con el tiempo vuelve a desaparecer de su conciencia, estas son las cosas que ven encenderse en el cuerpo astral, pero que vuelven a desaparecer del cuerpo astral. Todo esto tiene al cuerpo astral como portador.

Por lo tanto, lo que temporalmente se enciende en nosotros en la vida y desaparece de nuevo, no obstante permanece adherido al cuerpo astral. Sin embargo, aquello que pertenece al acervo permanente de la vida del hombre, en la medida en que se expresa mentalmente, todo lo que se incorpora en los hábitos, de modo que el hombre lo recuerda a lo largo de un período prolongado de la vida, tal vez para siempre, todo lo que tiene que ver con el temperamento, eso está en el cuerpo etérico, que es más denso que el cuerpo astral. Cuando una persona logra cambiar un hábito, un rasgo temperamental, por ejemplo, cuando desecha un descuido habitual y se convierte en una persona atenta, esto se manifiesta en el cuerpo etérico y no sólo en el cuerpo astral. Si una persona aprende mucho y lo absorbe de tal manera que gradualmente se convierte en propiedad de su alma y parte de su ser interior, de modo que no sólo lo conoce sino que lo posee en un sentido más profundo, de ese modo él cambia la configuración de su cuerpo etérico. Cuando alguien asume un principio moral y tiene que decirse a sí mismo una y otra vez: El principio existe, por lo tanto lo sigo, entonces sólo se adhiere al cuerpo astral. Pero si entra en él de tal manera que ya no puede hacer otra cosa, entonces se adhiere al cuerpo etérico. La transición del cuerpo astral al cuerpo etérico tiene lugar lenta y gradualmente en la vida.

Ahora pasemos de la consideración de estos elementos del ser a una visión general de lo que es el karma en su contexto. Lo que sólo tiene lugar lentamente dentro de la propia vida terrena, es decir, la transferencia de algo que inicialmente sólo está presente en el cuerpo astral al cuerpo etérico, tiene lugar kármicamente de una encarnación a la siguiente del modo siguiente: Quien se haya esforzado por juzgar moralmente de manera correcta, y quien quizás también haya sido alentado en este esfuerzo por otros, encontrará los frutos de estos esfuerzos en su siguiente vida como una disposición original de su cuerpo etérico, como una especie de hábito, como una disposición de carácter. Lo que ahora vive en el cuerpo astral pasará a ser propiedad del cuerpo etérico en la siguiente vida. Si se encuentran con una persona con un hábito loable, si este hábito se expresa repetidamente en su vida, entonces esto indica que él en una vida anterior ha absorbido o visualizado ideas correspondientes. Las inclinaciones y los hábitos provienen de ideas, pensamientos y conceptos formados en vidas anteriores. Si prestan ustedes atención a esto, ya pueden hacer provisiones para la próxima vida, de modo que pueden establecer una cierta organización del cuerpo etérico para la siguiente vida. Pueden decirse a ustedes mismos: En esta vida trataré de decirme una y otra vez que esto o aquello es bueno y correcto. Entonces el cuerpo etérico les mostrará que es naturalmente bueno y correcto seguir los principios correspondientes.

Un concepto especialmente importante aquí es aquel que puede experimentar su iluminación kármica. Dicho concepto es el de la conciencia. Lo que surge de la conciencia de una persona también es algo adquirido. Una persona sólo tiene un tesoro de conciencia, un instinto para lo bueno, lo correcto y lo verdadero, porque primero ha formado esta conciencia en sus vidas pasadas, en sus experiencias vitales, en sus principios. Pueden asegurarse de que esta conciencia se fortalezca y eleve si hacen el propósito de profundizar un poco cada día en sus puntos de vista morales. Los puntos de vista morales se convierten en conciencia en la vida siguiente.

Para que vean que lo que nos muestra el minutero de la vida se convierte en lo que es la manecilla de la hora en la siguiente vida. Sólo debe haber una cierta repetición de los principios y puntos de vista en una vida, entonces se consolidarán para la vida siguiente. Lo que ocurre en el cuerpo etérico de una vida da frutos para el cuerpo físico de la vida siguiente. Los buenos hábitos, las buenas inclinaciones, los buenos rasgos de carácter preparan la salud, la eficiencia física, la fuerza física, es decir, un cuerpo físico sano para la próxima vida. Un cuerpo físico sano en una vida indica que la persona en cuestión ha preparado este cuerpo físico en una vida anterior mediante hábitos y rasgos de carácter adquiridos por sí misma. En particular, existe una fuerte conexión entre una memoria desarrollada en una vida y el cuerpo físico en la siguiente.

Tomemos como ejemplo una persona que lo olvida todo inmediatamente y otra que tiene una memoria fiel. Basta con que recuerden conscientemente las cosas que han vivido y practiquen esto con constancia, entonces acabarán por darse cuenta de que no sólo han adquirido una buena memoria para las cosas para las que se han entrenado particularmente, sino que esta memoria se convierte también en un poder completamente diferente. Y esto se tiene en cuenta en el desarrollo espiritual. La capacidad de visión de conjunto del pasado se desarrolla de una manera muy especial. El que entrena concienzudamente su memoria renacerá con fuerza física, con miembros que realmente pueden servirle, para cumplir en la próxima vida lo que interiormente desea en su alma. Un cuerpo que no puede realizar lo que el alma quiere proviene de una vida anterior en la que no se tuvo cuidado de desarrollar una memoria sana y buena, sino que se abandonó a la dejadez de la desmemoria y el olvido.

Hoy sólo estamos mencionando fenómenos individuales, pero pueden imaginarse cuán extensa es toda esta área de la que estamos hablando. El verdadero ocultista nunca se dedicará a especular. Lo que estoy citando no son teorías, sino cosas que han sido probadas en casos concretos. Lo que se ha dicho aquí se basa, por tanto, en determinados resultados de investigación. Si se acaba de describir que un organismo físico sólido, que obedece al alma, se debe a una buena memoria en la vida anterior, entonces se han investigado tantos y tantos casos, y las afirmaciones correspondientes se basan en los hechos establecidos durante esta investigación. Solamente los hechos deben ser contados.

Ahora bien, lo que se forma en el cuerpo etérico fuerza su paso al cuerpo físico en la próxima vida, de modo que no sólo las buenas inclinaciones y rasgos de carácter y los hábitos de vida eficientes en un cuerpo físico sano tienen efecto en la próxima vida, sino que también las cualidades inadecuadas, los malos hábitos, las inclinaciones corruptas se expresan en la próxima encarnación en un organismo enfermo. Esto no debe entenderse como si una determinada enfermedad tuviera su origen en una determinada cualidad, sino que determinadas disposiciones a la enfermedad siempre nos remiten a determinadas cualidades de carácter y temperamento de la vida anterior. Una persona que ha vivido una vida con rasgos de carácter mimados tiene por tanto en esta vida un organismo más fácilmente expuesto a enfermedades físicas que el de otra persona. Una persona que fue dotada de rasgos de carácter sanos, con un temperamento eficiente, renace con un cuerpo que puede exponerse a todo tipo de epidemias sin infectarse, y viceversa.

Como ven, las cosas en el mundo están intrincadamente conectadas según la ley de causa y efecto. Para citar un caso que corresponde a ciertos resultados de investigaciones espirituales. Puede parecer chocante al principio, pero en una rama teosófica se puede decir esto. Alguien había desarrollado en su vida un afán de adquisiciones muy egoísta, una verdadera codicia de riquezas externas. No se trata del sano afán de riqueza que puede surgir de la intención altruista de ayudar en el mundo y desarrollar una actividad desinteresada, -eso es otra cosa-, sino que estamos hablando del afán de adquirir egoísta que determina una cierta constitución del cuerpo etérico y desarrolla el afán de adquirir más allá de la medida necesaria. Muy a menudo una persona así nace en la vida siguiente con un cuerpo físico que muestra la disposición a las enfermedades infecciosas. Se ha comprobado ocultamente en numerosos casos que las personas que se infectan fácilmente por ciertas epidemias en la vida presente, en su vida precedente estaban dotadas de un afán de adquisición mórbidamente exacerbado.

También podemos mencionar otras cosas en detalle. Por ejemplo, hay dos cualidades que tienen una influencia claramente reconocible en la configuración kármica de la vida siguiente. En primer lugar, está la fuerte influencia ejercida por el rasgo perdurable del comportamiento amoroso y benevolente hacia el prójimo. Hay personas que reciben todo de sus semejantes favorablemente, que tratan a su entorno con cariño y lo acogen. Para algunos, este amor va mucho más allá del puro amor a las personas. Aman la naturaleza y el mundo entero. Cuanto más se ha desarrollado este sentido de la comprensión y se ha convertido en un hábito del alma, es decir, cuanto más se aferra al cuerpo etérico, tanto más tiene el ser humano la disposición de ser joven en la próxima vida: se mantiene joven durante mucho tiempo. Por lo tanto, quien envejece tarde, se mantiene joven y móvil durante mucho tiempo, su vida nos lleva a una vida anterior en la tierra o incluso a varias vidas anteriores, que él ha pasado enamorado de su entorno. Cuanto más amor desarrolle una persona hacia su entorno, más joven físicamente permanecerá en una encarnación posterior. Quien tiene una tendencia a la antipatía hacia sus semejantes envejece prematuramente. Un cuerpo que físicamente muestra los signos de la vejez a una edad temprana conduce de nuevo a la vida anterior de un ser lleno de prejuicios, a una vida de aversión y mala voluntad. Por lo tanto, como ven, pueden ustedes influir en su vida interviniendo conscientemente en el karma. Quien pueda desarrollar el amor en esta vida puede estar seguro de que en la siguiente tendrá un cuerpo que muestre rasgos juveniles. Todas esas personas que hoy escriben críticas por debajo de la línea a una edad temprana serán personas que casi nacerán con arrugas en la siguiente vida. Esta es una afirmación radical, pero se basa en una poderosa verdad.

De modo que las leyes kármicas nos muestran la conexión entre la salud y la vida espiritual. Nadie negará que esta conexión no puede lograrse en dos pasos, sino que hay que entrar en detalles. Tampoco puede ponerse en duda la proposición de que un alma moral, sincera y consciente es la futura constructora de un cuerpo sano. Pero no debe esperarse esto de la noche a la mañana, ni creer que quien está aquejado de defectos anímicos puede curarse de la noche a la mañana. También hay que darse cuenta de que hay que superar el egoísmo y adoptar un modo de vida altruista que no quiera recoger inmediatamente los frutos de sus acciones. Lo que se convierte en hábito también puede tener un efecto sobre el cuerpo físico en esta vida. Una prueba de ello es el desarrollo ocultista, que no sólo puede influir conscientemente en el cuerpo astral, sino también en el etérico. Todo aquel que se somete al desarrollo oculto aprende a influir no sólo en su cuerpo astral, sino también en su cuerpo etérico y en su cuerpo físico. Transformando el comportamiento habitual, una persona irascible puede convertirse en una persona amable, y una persona emocional puede convertirse en una persona ecuánime y armoniosa. El ocultista debe cambiar sus hábitos en un tiempo relativamente corto. El verdadero desarrollo presupone que lo que se aprende no se quede en mera doctrina, sino que entre en el cuerpo etérico. Después el ocultista consigue también que entre en el cuerpo físico. Aprende a controlar los latidos del corazón, el pulso y la respiración. En el desarrollo ocultista se acorta lo que en la vida ordinaria se extiende a lo largo de muchas encarnaciones. Por lo tanto, el karma se acorta.

Algunas de las cosas que discutiremos este invierno serán más comprensibles y transparentes cuando conozcamos ciertas conexiones kármicas más íntimas, por ejemplo, la diferencia entre una persona bella y una fea. ¿Qué hay de kármico en una persona bella? Hay algo que parece increíble al principio, pero es cierto. La belleza del cuerpo físico es a menudo, no siempre, pero muy a menudo una consecuencia del sufrimiento soportado en la vida anterior. El sufrimiento en la vida anterior, el sufrimiento físico y también el sufrimiento del alma se convierten en belleza en la vida siguiente, la belleza del cuerpo físico exterior. En estos casos es realmente así que se puede utilizar una comparación que he utilizado a menudo. ¿Cómo surge la bella perla en la concha de la ostra? En realidad a través de una enfermedad, es el resultado de una enfermedad. De forma similar, también existe un proceso en el contexto kármico que representa la conexión entre la enfermedad, el sufrimiento y la belleza. Esta belleza ha pagado a menudo con el precio del sufrimiento y la enfermedad.

También la sabiduría se paga a menudo con dolor. No deja de ser interesante que hoy la investigación externa confirme en muchos aspectos lo que los ocultistas vienen diciendo desde hace miles de años: Que la sabiduría está relacionada con el dolor y el sufrimiento, con una vida de renuncia y sobriedad en la existencia anterior. De vez en cuando merece la pena consultar la investigación científica externa. Recientemente se ha publicado un libro sobre el mimetismo del pensamiento. El libro pretende mostrar cómo la fisonomía de una persona refleja la forma en que está sintonizado su pensamiento. El autor, que, como puede verse claramente, no sabe mucho de ocultismo, ha descubierto, sin embargo, mediante la observación externa, que se puede reconocer en la fisonomía del pensador una huella del dolor por el que ha pasado. La ciencia actual está confirmando poco a poco la antigua sabiduría ocultista. En los próximos años esto ocurrirá mucho más de lo que cualquier estudioso puede soñar.

Ahora se darán cuenta aún más fácilmente de que no podemos movernos con una fe ciega o un sentido de autoridad hacia ciertos fenómenos de la historia de las ideas. Cuando, por ejemplo, con la comprensión de la ley del karma, nos enfrentamos a un fenómeno tal como Schopenhauer, que vertió un estado de ánimo pesimista sobre toda su visión del mundo, entonces el que ve más profundamente no debe creer que este pesimismo representa el estado de ánimo humano básico [en absoluto]. Se trata más bien de un estado de ánimo básico de su alma que ha sido preparado kármicamente en él y provocado por una determinada constitución de su cuerpo etérico. Este estado de ánimo pesimista de un pensador sólo puede comprenderse si se le hace un seguimiento de su kárma. Una personalidad de este tipo no ha tenido la oportunidad de hacer mucho bien en una vida anterior, lo cual es una explicación muy concreta. Por otra parte, esta persona fue condenada por su posición en la vida y por su profesión a hacer muchas cosas malas y equivocadas. Y esta maldad y maldad, a la que fue condenado en su vida anterior no kármicamente sino a través de su profesión, vuelve a él como un cierto sentimiento de antipatía hacia el mundo que ahora se enfrenta a él. Es la repetición de sus propios actos. Si se quiere comprender el karma, no hay que limitarse a adoptar el punto de vista fatalista de que todo está predeterminado. Una persona no tiene por qué estar condenada por vidas anteriores a hacer lo que está haciendo ahora. A menudo esto sólo se compensa en la próxima vida. Por lo tanto, los actos no siempre son fruto de vidas anteriores, sino que sólo pueden equilibrarse en una vida futura. A este tipo de actos nos referimos cuando hablamos de la causa del pesimismo de Schopenhauer.

.Debemos saber delimitar estrictamente todo lo que una persona realiza como sus propios actos individuales, que surgen enteramente de su persona, diferenciándolos de los que tiene que realizar a través de su comunidad nacional, su comunidad familiar y su profesión. Dos consejeros judiciales pueden hacer lo mismo porque son consejeros judiciales, eso lo excluimos. Pero también pueden hacer cosas muy diferentes porque son dos personas distintas. Y eso es lo que estamos analizando ahora. Lo que sale de una personalidad como un hecho, lo que realiza de esta manera, viene a su encuentro como su destino exterior en la próxima vida. Si una persona se encuentra en una situación afortunada en la vida, si se le ha concedido un destino favorable, esto remite a las acciones correctas, inteligentes y buenas realizadas por ella como personalidad en una vida anterior. Si una persona se encuentra en una mala situación en la vida, si muchas cosas le van mal, si vive en circunstancias desfavorables -esto se refiere a la situación externa, no a la constitución del cuerpo físico-, esto también puede atribuirse a los actos personales realizados en la vida anterior. Lo que una persona ha conseguido a través de su profesión y su filiación familiar se deposita en su temperamento y su carácter. El destino de una persona viene determinado, por tanto, por sus actos personales en la vida anterior. A la inversa, una persona puede conseguir un destino favorable o desfavorable en la próxima vida mediante actos buenos, inteligentes y correctos.

Quien se une a ciertas personalidades ha creado él mismo las condiciones para ello en una vida anterior. Él ha tenido algo que ver con estas personas y ahora las ha acercado a él. Por ejemplo, un caso de la época de los tribunales secretos (Femgericht). Un Femgericht estaba relacionado con una ejecución. La persona en cuestión era llevada ante jueces enmascarados, que ejecutaban la sentencia inmediatamente. Aquí hay un caso en el que una persona fue sentenciada y asesinada. Semejante destino ha sido ocultamente investigado y rastreado en las encarnaciones anteriores. Resultó que la persona asesinada por los cinco jueces había mandado matar a su vez a estas cinco personas como jefe. Su acto anterior había traído a estas cinco personas de nuevo a su vida como por fuerza magnética, perpetrando su venganza contra él. Este es un caso radical, pero se basa en una ley general. No puedes juntarte con una persona que interviene en tu vida si tú mismo no la has traído a tu vida sobre la base de relaciones anteriores. Sin embargo, puede darse el caso de que una persona se reúna por circunstancias generales, por profesión o afiliación familiar con personas con las que nunca antes había estado unida. Pero entonces queda establecido, a través del comportamiento mutuo, un encuentro en la próxima vida, que ahora tiene que ver con el destino externo y la vida de los implicados. Como ven, tales ideas kármicas son a menudo complicadas y no tan fáciles de explicar. Es importante estudiar estas cosas en detalle porque sólo entonces podemos comprender verdaderamente la vida.

También hay que señalar una y otra vez que la idea correctamente entendida del karma no debe oponerse a la doctrina de la salvación tal como se encuentra en el cristianismo. Ya he explicado la compatibilidad de la doctrina cristiana de la salvación con la idea del karma para muchos de ustedes, pero también hay nuevos oyentes. Hay muchos malentendidos. A menudo provienen del hecho de que mucha gente habla de Teosofía sin entender mucho sobre ella. Se afirma, por ejemplo, que el karma significa simplemente que una persona debe asumir todos los efectos de sus actos. Si ha hecho algo malo, sólo puede redimirse de sus pecados. Desde este punto de vista, muchos teósofos declaran que la idea de la redención a través de Cristo Jesús no tiene nada que ver. La teosofía no puede aceptar la redención a través de otro ser, porque el hombre debe redimirse a sí mismo. Los teólogos cristianos vuelven a combatir esto diciendo: "Nosotros creemos en la redención por medio de Cristo Jesús, pero vosotros creéis en la auto redención. Eso no encaja. 

Sin embargo, el karma es un tipo de cuenta de vida que puede compararse bastante bien con una cuenta comercial. En un lado están las partidas del debe y en el otro las del haber. Se suman y se hace el balance. Sería un comerciante extraño que dijera: no quiero hacer más negocios para que no se me mueva el balance. Del mismo modo que una nueva transacción puede llevarse a cabo en cualquier momento de la vida comercial, un nuevo acto puede traer consigo un nuevo karma en cualquier momento. Si alguien piensa: Una persona se ha buscado este sufrimiento, se lo ha ganado por sí misma, así que no debo ayudarle, eso es una tontería. Es como decirle a un comerciante que está en bancarrota: Veinte mil marcos te ayudarían, pero si te los diera, estaría interfiriendo en tu cuenta bancaria. Desde luego, no sería así. La suma prestada sólo se anotaría en el libro de cuentas. Lo mismo ocurre con la vida. Sólo tiene que estar equilibrada, pero no siempre tiene que estar equilibrada por uno mismo. Karma no significa auto-equilibrarse, sino sólo ser equilibrado por un acto. Ahora supongamos que eres un hombre rico y poderoso que puede ayudar no sólo a uno, sino a dos. Entonces puedes intervenir en el karma de dos. Precisamente porque el karma existe, puedes intervenir en la cuenta de la vida de estos dos. Así que hay personas que pueden ayudar a tres, cuatro, cinco, incluso cientos. Tales personas no dirán: no me está permitido ayudar a los demás porque estoy interfiriendo en su karma. Por el contrario, les ayudarán.

Ahora bien, esa ayuda puede proporcionarla un ser poderoso en el sentido más elevado y que una vez apareció en el mundo a las personas que se cuentan entre él. Se trata de Cristo Jesús. El hecho de que la redención se produzca por un cierto tipo de mal, su crucifixión, no contradice la ley del karma. La redención por medio de Cristo Jesús es plenamente compatible con la ley del Karma, como lo es la ayuda del hombre rico al comerciante arruinado. Los malentendidos provienen del hecho de que los teósofos no han comprendido a fondo el karma y los teólogos no se han preocupado por él. La ley del karma está garantizada precisamente por los actos esenciales e importantes de un solo ser elevado. Cuando en el futuro se comprendan debidamente estas cosas, sólo se verá cuán poco es la Teosofía una opositora de cualquier credo construido sobre una base verdadera, y cuánto sólo conduce a una verdadera comprensión de tal credo. Cuando hayan examinado así la ley del karma en unos pocos casos, sentirán que están examinando una necesidad muy profunda dentro de la vida espiritual. Por supuesto, la ley del karma sólo es realmente comprendida por aquellos que no se limitan a comprenderla teóricamente, sino que la absorben en plenitud de sus sentimientos y emociones. Entonces la certeza interior y la armonía se derramarán sobre toda la vida. Y los que afirman una y otra vez que la ley del karma conduce a la inactividad y al letargo, que hace que uno se resigne a su destino, que no conduce a la alegría en la vida y cosas por el estilo, todavía no han intentado vivir con la ley del karma. Vivir con la ley del karma significa infundir valor y esperanza en el alma.

La ley del karma debe, sobre todo iluminar nuestro futuro. No hay que pensar tanto en el pasado como en el futuro. A menudo hemos señalado que el hombre puede trabajar mucho en el futuro preparando la configuración futura del cuerpo etérico en su cuerpo astral en el sentido de la ley del karma, y más adelante preparando la configuración futura del cuerpo físico. Cuando se den cuenta de esto, verán la inmensa importancia de esta conexión, apreciarán la profundización de la idea de la educación, especialmente la idea de la educación del pueblo, bajo la ley del karma. Si hoy se hacen esfuerzos para que las personas vivan de acuerdo con la Ley del Karma y preparen sus vidas futuras, entonces están preparando al mismo tiempo las futuras comunidades de las personas. Las personas del presente son las que vivirán reencarnadas en el futuro. Las razas sanas del futuro, y en particular los líderes sanos de las razas futuras, surgirán si vivimos sensatamente en el futuro de acuerdo con la ley del karma. Pues cuando el ser humano individual se perfecciona, repercute en los organismos de los pueblos y razas del futuro.

Primero habría que analizar cuál es el mecanismo real de este karma. Esto se refiere a la pregunta sobre qué fuerzas actúan cuando las cualidades astrales de la vida presente se transfieren al cuerpo etérico en la siguiente vida y qué fuerzas hacen que las cualidades de la vida presente, los hábitos y las inclinaciones predispuestas en el cuerpo etérico se transfieran a la disposición física de la siguiente vida. La pregunta es aún más difícil de responder: ¿Qué fuerzas actúan allí donde el hombre, basándose en sus actos presentes, se rodea en la vida siguiente de cosas externas; donde no sólo reúne a su alrededor a las personas con las que tiene algo que ver y ha tenido que ver, sino que también se sitúa en ese entorno natural, en el mundo vegetal y animal, en el orden nacional y social que él mismo ha preparado? ¿Cómo son estas fuerzas que traen todo esto de nuevo al hombre? ¿Cómo se produce que dos personas que tuvieron algo que ver en una vida anterior y de las cuales una renace en América y la otra en Europa se reúnan sin embargo? Éstas son las grandes preguntas a las que trataremos de responder la próxima vez. En resumen, ¿Cómo influyen las circunstancias de una vida en las de la siguiente? Como tendremos muchos invitados, esta pregunta también será objeto de reflexión en la Asamblea General. La próxima vez, por supuesto, los que estuvieron presentes en estas conferencias tendrán ventaja. "La técnica del karma" será el título de la próxima conferencia.

Esto significa que hoy y la próxima vez habremos tratado una importante cuestión de la vida. Les ruego que tengan en cuenta que lo que se ha dicho se basa en hechos ocultos reales y positivos. Todo lo que se ha descubierto hoy como conexión kármica nos remite, pues, a la investigación real del karma de ciertas personas, de individuos concretos. El karma y su observación también nos enseña la base de cómo tenemos que evaluar la conexión entre la enfermedad y las características individuales del alma, a saber, el despertar de ciertas fuerzas del alma, ya en esta vida. Así, para aquellos que asistan aquí a las conferencias sobre el karma, algunas de las líneas generales dadas en la Casa del Arquitecto sobre la conexión entre la enfermedad y la muerte, el sufrimiento y el mal quedarán más claras. En particular, este invierno consideraremos aquí y allá cómo encaja en la vida la visión espiritual-científica del mundo. De este modo adquiriremos el impulso y la conciencia de que la ciencia espiritual no es algo que pueda presentarse como poco práctico, sino que interviene en la vida directamente práctica.

Traducido por J.Luelmo may,2024

martes, 12 de marzo de 2024

GA284 Munich, 20 de mayo de 1907 Desarrollo planetario y desarrollo de la humanidad

 RUDOLF STEINER

DESARROLLO PLANETARIO Y 

DESARROLLO DE LA HUMANIDAD

Segunda conferencia en el congreso en Munich, el 20 de mayo de 1907

 

Ayer tuve el honor de hablarles de la iniciación en el sentido de la corriente espiritual mundial rosacruz, de esas etapas de cognición, de sentimiento, de impulsos de voluntad, de actividades por las que una persona tiene que pasar si quiere ascender por el camino de la cognición, si quiere acercarse a etapas superiores de la existencia del ser humano. Hoy vamos a tratar un capítulo de la propia Teosofía Rosacruz. No como si, -y esto hay que subrayarlo una y otra vez-, esta sabiduría rosacruz fuera otra cosa que la sabiduría espiritual común de todos los pueblos y de todos los tiempos; sólo está adaptada a nuestro modo moderno de concepción, a la necesidad moderna de los tiempos; sólo nace de la constatación de que nuestra época necesita una manera especial de hablar para proclamar las antiguas verdades de todos los tiempos, para que puedan vivir ellas mismas en la configuración misma de la humanidad actual en Europa y América.

Tal vez sea un capítulo muy trascendental el que se ha elegido aquí, pero no por ello deja de ser uno de los más esenciales. Pues nada nos muestra tanto el origen y la meta del hombre como el conocimiento de este capítulo y, al mismo tiempo, nos señala las fuerzas que debemos desarrollar en nosotros mismos para convertirnos en colaboradores al servicio de la evolución de la humanidad. No podemos contemplar el gran desarrollo del cosmos de otra manera que partiendo del hombre y de su propio ser. Y no diré otra cosa que lo que es sabiduría común teosófica y rosacruz, lo que diría cualquiera que hable desde estas fuentes. No hay contradicción. Muchos ya saben lo que quiero volver a decir aquí.

Distinguimos siete miembros de la naturaleza humana. Esta mañana hemos oído que también podría utilizarse como base otro número: tres veces tres. No importa que yo hoy resuma los tres miembros medios en un solo nombre, y si ustedes resumen estos tres miembros bajo lo que hoy llamaré el cuarto, entonces las explicaciones coincidirán completamente.

Categorizamos al ser humano de tal manera que decimos que el hombre tiene en primer lugar su cuerpo físico; es aquello que las manos pueden tocar y los ojos pueden ver, aquello que el hombre tiene en común con toda la naturaleza y que está sujeto a leyes físicas y químicas. El segundo es el llamado cuerpo etérico o vital. Es el que llama a la vida a las fuerzas y sustancias químicas y físicas y el que con la muerte, abandona la conexión de las sustancias físicas y químicas. En ocultismo se dice que el cuerpo físico humano es una amalgama tal de sustancias y fuerzas que no puede existir como cuerpo físico por sí mismo; sólo gracias a que se inserta en él un cuerpo etérico, y durante todo el tiempo que está inserto en él, se preserva de la desintegración de las sustancias y fuerzas físicas. En el momento en que el cuerpo etérico abandona las fuerzas físicas, se produce la muerte, el cuerpo físico es un cadáver. Por eso también se dice que el cuerpo etérico es el que nos salva de la muerte a cada momento. En todo momento hay una gran lucha en el cuerpo etérico contra aquello que, de lo contrario, hace que nuestras sustancias químicas se disgreguen. El tercer miembro es el portador del placer y el sufrimiento, la alegría y el dolor, los sentimientos y las emociones, al que llamamos cuerpo astral. Es la parte del ser humano que el hombre tiene en común con los animales, así como tiene el cuerpo etérico en común con el mundo vegetal y animal y el cuerpo mineral con todo el mundo exterior. El nombre de cuerpo astral se utiliza desde los tiempos más remotos. No hay nombre más apropiado para esta parte del ser humano que cuerpo astral. Y tal vez no haya mejor definición de la razón por la que este cuerpo se llama cuerpo astral que la dada por el gran teósofo Paracelso. Así como en el momento de la muerte el cuerpo etérico abandona el cuerpo físico, algún tiempo después de la muerte el cuerpo astral abandona el cuerpo etérico. Pero el cuerpo astral también abandona el cuerpo físico y etérico todas las noches. Allí está, separado de nosotros. Entonces, ¿Dónde está?

Paracelso decía con razón: ¿Dónde está y qué hace por la noche? ¿Está descansando, tiene una tarea? Efectivamente la tiene. Quienes no tienen poderes clarividentes no pueden ver la actividad del cuerpo astral durante la noche. En cambio, todo ser humano siente las consecuencias de esta actividad. Todos ustedes se acuestan cansados por la noche. El cansancio es la expresión de una desarmonía en la combinación de nuestros cuerpos físico y etérico. Debe surgir cuando el cuerpo astral no tiene el poder de armonizar los otros dos cuerpos, el físico y el etérico. Y tal como el ser humano es hoy, esa desarmonía debe surgir necesariamente durante la vida de vigilia diurna. Si nuestros cuerpos físico y etérico estuvieran meramente bajo el control del cuerpo astral, -ya que las fuerzas deben estar unidas-, entonces siempre habría armonía en nuestros cuerpos etérico y físico. No sólo el cuerpo astral vive en el cuerpo físico, sino que en el grado de conciencia que la humanidad ha alcanzado en el planeta Tierra, todo el entorno de objetos físicos, perceptibles sensorialmente, repercute en el ser humano. Las impresiones de ojos, oídos y demás sentidos, fluyen hacia él desde el exterior. Durante las horas de vigilia del día, la desarmonía está destinada a producirse en todo ser humano que aún no haya alcanzado un cierto estadio superior de desarrollo espiritual. Si este cuerpo astral nunca pudiera morar en un lugar distinto de nuestro cuerpo físico y etérico, él mismo se desorganizaría. Entonces sus corrientes de energía no seguirían siendo lo que deben ser para que se forme un cuerpo etérico y físico adecuado. Durante el día, la armonía interior del cuerpo astral se desordena, y la expresión del desorden es la fatiga. En el momento en que se siente fatiga, la desarmonía interior está ahí. Entonces, ¿Dónde está el cuerpo astral durante la noche?

Paracelso dice con razón: Cuando las líneas de fuerza que lo conectan al cuerpo físico durante el día comienzan a aflojarse, es cuando entra en conexión con todo el armonioso sistema de fuerzas que inunda el cielo estrellado. En el momento en que el ser humano se duerme, descansa en la armonía de las esferas, y de ahí trae él mismo las fuerzas para reequilibrar lo que se ha consumido durante el día. Así, el cuerpo astral descansa durante la noche en el mundo de las estrellas; allí tiene su verdadero hogar. Y cuando regresa, trae consigo las fuerzas de las estrellas para eliminar las sustancias del cansancio. El dormir es, pues, un buen médico, porque el orden y la armonía pueden entonces producirse cuando el cuerpo astral descansa de nuevo durante algún tiempo en ese mundo que contiene las leyes para el cielo estrellado, y éstas son las leyes para el mundo espiritual en general. Cuando una persona no duerme, su salud se ve minada porque el cuerpo astral no ha descansado durante ningún momento en el mundo estelar. Por eso se le ha dado este nombre al cuerpo astral. En el pasado, no se daba ningún nombre que no correspondiera a la esencia de la cosa. Y antes de corregir los nombres y designaciones ocultas, debemos pensar primero en el nombre por el que se le dio. Cuando hoy se descubre un cometa o un pequeño planeta, se abre un diccionario de mitología y se da un nombre al astro. El principio de nombrar en tiempos espirituales era dejar que la propia esencia de la cosa resonara en un nombre: la conexión con el mundo sonaba en el nombre.

En el cuarto miembro de su ser, el hombre tiene algo que lo convierte en la gloria suprema de la creación terrenal de la existencia planetaria. Acompáñenme por un breve instante en una sutil reflexión. En todo el ámbito de la lengua alemana hay un nombre -y es similar en otras lenguas- que es fundamentalmente diferente de todos los demás nombres. Cada uno de ustedes puede decir "mesa" a la mesa, "cuadro" al cuadro y así sucesivamente. Pero hay un nombre que no podemos utilizar en el mismo sentido, y es el nombre "yo". Nadie puede decir "yo" a otro. Todos los demás son un "tú" para él y tu también es un "tú" para todos los demás. Si este nombre debe designarnos a nosotros mismos, ningún sonido del mundo exterior puede incorporarlo, debe sonar desde nosotros mismos. Esto lo han sentido siempre las religiones que han tenido un impulso de la Doctrina Secreta. En la doctrina secreta, pues, se dice el nombre para el ser, y en la doctrina secreta hebrea el nombre indecible de Dios, el nombre de Yahvé, no es otra cosa que el nombre para el Yo. En verdad, el nombre de Yahvé es el nombre de aquello que comienza a sostener un monólogo en el alma, a vivir en su yo. En aquellas cosmovisiones y religiones construidas sobre bases espirituales, se decía que Dios empieza a hablar en el yo, en el centro del alma. Es un comienzo, pero hay que hacerlo, y este yo, -este único punto central-, es lo que constituye el rasgo distintivo más esencial del hombre con respecto a todos los seres que nos rodean en este planeta. Las personas sensatas siempre han sentido esto. Jean Paul nos cuenta cómo, siendo muy niño, estaba en el patio de la casa de sus padres y recordaba exactamente cómo surgió en él por primera vez el sentimiento: ¡eres un ser con un yo! Y añade que no podía haberse equivocado, ni otros podían haber añadido nada a este recuerdo. Porque en aquel momento, -dice Jean Paul-, miré en el santuario velado de mi ser interior; en aquel momento supe que era inmortal porque había encontrado la conexión con Dios.

Si ahora nos desplazamos hacia fuera del yo, llegamos al punto en el que podemos considerar las relaciones mutuas del ser humano. La evolución humana consiste en que el yo trabaja en los tres cuerpos dentro de los cuales aparece como la semilla de una fruta en su cáscara. ¿Y cómo trabaja este yo?

Si queremos entenderlo, debemos recordar a los pueblos primitivos. Tomemos un pueblo que hoy se encuentra en un nivel cultural más bien bajo. Allí se ve que este pueblo se rige por sus sentimientos e instintos, por el instinto y la pasión, igual que el animal: se devoran unos a otros. Ahora comparen a alguien de este pueblo salvaje con un miembro de una cultura más desarrollada, con un San Francisco de Asís. - ¿Cuál es la diferencia entre ambas formas de evolución?

Si queremos responder a esta pregunta, debemos ser conscientes de que el ser humano, -a través de las muchas encarnaciones por las que pasa-, desempeña su labor a partir de su yo: primero en el cuerpo astral, luego en el cuerpo etérico y después también en el cuerpo físico. Este es el desarrollo humano: esta irradiación del yo en los tres cuerpos. El salvaje sigue todos los instintos y pasiones que viven en él. El hombre cultivado se dice a sí mismo: no debo seguir ciertos instintos; se niega a sí mismo ciertos instintos y pasiones. El idealista aún más elevado no sólo se los niega a sí mismo, sino que crea de sí mismo ideales que añaden algo nuevo a lo que constituyen los impulsos del cuerpo astral en un nivel cultural primitivo. Así pues, ante la mirada clarividente vemos que el cuerpo astral consta de dos partes: lo que había originalmente en él y luego lo que el propio yo ha hecho de él. Si se observa a un idealista altamente desarrollado, esta parte es mayor que en otros debido a la labor del yo, y en una persona como Francisco de Asís se ve lo poco que queda de lo que el hombre llamaba suyo cuando encarnó por primera vez. En Teosofía, esta parte prácticamente transformada del cuerpo astral humano, sobre la cual el hombre ha adquirido el dominio, se denomina con la palabra alemana "Geistselbst", que por otra parte se llama "Manas" en la literatura teosófica; es una parte transformada del cuerpo astral.

Pero el ser humano también trabaja su cuerpo etérico desde su yo. ¿Qué significa trabajar sobre el cuerpo etérico? Aclaremos esto con un ejemplo. Pueden hacerlo con su propio desarrollo. Recuerden lo que sabían cuando eran niños de siete años en términos de conceptos e ideas, y lo que saben hoy, lo que han aprendido y cambiado en su vida imaginativa. Descubrirán muchas cosas. Pero ahora comparen lo que han aprendido con lo que ha cambiado de otras cosas que también están en ustedes, en el temperamento, la memoria, ciertas características básicas de la naturaleza humana. Si eran temperamentales cuando eran niños de ocho años, este temperamento todavía se manifestará a veces. Si su temperamento era melancólico, tal vez esta característica permanezca a lo largo de su vida. De modo que podemos decir comparativamente: lo que el hombre aprende realmente avanza como el minutero de un reloj; en cambio, lo que son las inclinaciones básicas del hombre, eso avanza más lentamente, como la aguja horaria. Y el cuerpo etérico se transforma tan lentamente como la aguja de las horas de un reloj. El cuerpo etérico es más denso que el cuerpo astral; por lo tanto, el trabajo del yo sobre el cuerpo etérico es esencialmente más difícil que el trabajo sobre el cuerpo astral. Y sólo cuando el yo no sólo trabaja sobre sus ideas intelectuales, sino que comienza a transformar su temperamento, esto va acompañado de una transformación de su cuerpo etérico. Para muchos, esto sólo es posible durante la transición de una encarnación a otra. Pero ésta es precisamente la esencia del entrenamiento oculto: todo lo que puedan ustedes aprender no es más que una preparación para el entrenamiento oculto, y habrán hecho más cuando se hayan esforzado por crear algún estado de ánimo básico, cuando hayan transformado su temperamento melancólico, por ejemplo, en uno armonioso. En el momento en que empezamos a cambiar no sólo sensaciones e impulsos, sino también nuestros efectos básicos, empezamos a trabajar sobre el cuerpo etérico, y esa parte del cuerpo etérico humano que es así remodelada desde el yo, es a su vez un nuevo miembro de la naturaleza humana. Muy pocas personas hoy en día pueden efectuar conscientemente esta transformación del cuerpo etérico, sólo aquellos que han recibido formación ocultista. Una ley de la escuela pitagórica, por ejemplo, era que el cuerpo astral tenía que estar completamente purificado antes de que pudiera comenzar el trabajo sobre el cuerpo etérico. Pero hay que distinguir entre el entrenamiento consciente e inconsciente del cuerpo etérico. La parte que está impregnada por el trabajo del yo se llama en alemán el "Lebensgeist"; es lo mismo en su esencia básica que se llama el "Buddhi" en la literatura teosófica.

La tercera y más significativa tarea es cuando el hombre no sólo comienza a convertirse en maestro de los poderes de su cuerpo etérico, sino cuando empieza a trabajar hasta el cuerpo físico. Podría parecer que el trabajo del yo sobre el cuerpo físico fuera el más bajo; pero actualmente es el más alto. Y el trabajo sobre el cuerpo físico es a su vez más difícil aún que el trabajo sobre el cuerpo etérico. Cuando una persona comienza a trabajar conscientemente en convertirse en maestro de las fuerzas que trabajan en el cuerpo físico a través del yo, entonces surge en él algo más. Las fuerzas que actúan en el cuerpo físico son las mismas que actúan en el cosmos. Cuando el hombre aprende a controlar las fuerzas de su sangre, su respiración, entonces aprende la magia del cosmos. Entonces lo que puede hacer fluye fuera de su cuerpo físico hacia el universo, y esto es trabajo real, genuino, que sólo puede comenzar cuando el hombre ha alcanzado un cierto grado de trabajo sobre su cuerpo etérico. Y porque se comienza con la regulación de lo siguiente que está ante nosotros, -con la regulación de la respiración=Atmen-, el nombre de la respiración=Atmen también está tomado de "Atma". Tanto como el hombre se haya transformado en su naturaleza física interior, tanto habrá en él de "hombre espiritual", de "Atma"; una parte de la materia-espíritu se ha transformado en él.

No se trata de una huida ascética del mundo físico, sino que tenemos la tarea de entrar en el mundo físico para transformarlo en espiritual. Esta es la gran ley de la redención. Precisamente lo físico representa una parte de lo espiritual que se ha convertido en lo que se ha convertido para que llegáramos a nuestra etapa actual de desarrollo. Ahora tenemos la tarea de espiritualizar de nuevo este cuerpo físico, de redimirlo. Este principio está detrás de la palabra redención. Ahí tienen la relación mutua de los siete miembros de la naturaleza humana, tal como deben tenerla si quieren utilizarla en el trabajo teosófico práctico.

Veamos ahora la evolución del ser humano. Un materialista que sólo conoce el cuerpo físico también sólo tiene una idea abstracta de la evolución del hombre. Pero cualquiera que se dé cuenta de lo complejo que es el hombre verá también lo compleja que es la evolución del hombre. Entonces, ¿Cuál de estos cuatro miembros es el más antiguo, el más perfecto? Algunos se sorprenderán al oír que el miembro más antiguo y más perfecto del ser humano es el físico; es el que más tiempo ha requerido para desarrollarse. Más joven es el cuerpo etérico, aún más joven el cuerpo astral, y el bebé es el Yo. Sólo erróneamente se dice que el cuerpo físico es una parte imperfecta del ser humano. Basta con mirar la estructura del fémur, por ejemplo: una maravillosa obra de arte. Las vigas están colocadas tan hábilmente que ninguna habilidad humana de ingeniería podría lograrlo, y están colocadas de tal manera que la parte superior del cuerpo se sostiene con el menor gasto de fuerza. Pasemos ahora de este miembro a la estructura del corazón humano. Quienquiera que profundice en lo que nuestros fisiólogos nos enseñan sobre el corazón y los demás órganos, sabe que estos miembros están tan sabiamente construidos que ninguna sabiduría humana puede siquiera penetrar en estas formas físicas. El cuerpo físico sería bueno para todas las personas. Pero veamos ahora el cuerpo astral y lo que hace a lo largo de la vida. A través de la actividad de su cuerpo astral, el hombre introduce continuamente venenos cardíacos en el cuerpo físico, por ejemplo en el corazón; pero el corazón está tan sabiamente construido que puede resistir períodos enteros contra los ataques del cuerpo astral. Sólo un tiempo futuro encontrará al cuerpo astral tan sabio como lo es hoy el cuerpo físico. El cuerpo físico es el miembro más antiguo de la naturaleza humana, que requirió el tiempo evolutivo más largo. Sin embargo, los miembros de la naturaleza humana están unidos a todo el entorno. Del mismo modo que el dedo individual sólo puede existir si forma parte de toda la mano, el hombre sólo es concebible en conexión con todo el cosmos. Si se le eleva unos kilómetros por encima de la tierra, será igual que el dedo si se le corta. Y el hecho de que el hombre pueda caminar sobre la tierra no significa que admita su falta de independencia.

Volvamos la vista atrás, al pasado lejano. Y si ahora miran hacia el futuro, verán que la forma de sus miembros cambia constantemente. Pero pueden cambiar si cambia todo en el entorno del hombre. Sólo porque el hombre, a pesar de su avanzada ciencia, mira sobre un lapso de tiempo tan corto, cree que las cosas siempre han sido como son. Pero los que miran más allá saben que nuestro planeta debe cambiar de forma si queremos cambiar nosotros mismos. Pero no basta con que se produzcan los cambios que experimenta la propia tierra, sino que el hombre ya estaba allí en cierto sentido antes de que la tierra en el cosmos pudiera llamarse "tierra". A medida que el hombre progresa en el cosmos, también lo hacen los planetas o los seres que los habitan. Nuestro planeta es la reencarnación de otro estado planetario, y podemos seguir tres encarnaciones anteriores de nuestra tierra y mirar en perspectiva a tres que vendrán después. Lo que llamamos evolución planetaria no es más que una analogía de nuestra evolución humana. Los tres estados planetarios precedentes por los que tuvo que pasar nuestra tierra se llaman en términos rosacruces: Saturno, Sol, Luna, de modo que tenemos que imaginar: la tierra fue Luna antes de ser tierra, y antes de ser Luna fue Sol, y antes del Sol fue Saturno; y los estados posteriores hacia los que miramos se llaman Júpiter, Venus, Vulcano. ¿Qué significa esto: que la Tierra ha pasado por estos estados?

Hoy estamos en la cuarta encarnación de nuestro propio planeta, y esto está íntimamente relacionado con la evolución humana. En la primera forma planetaria, -es decir, en Saturno-, ya estaban presentes las primeras predisposiciones para el cuerpo físico humano. En aquella época, sin embargo, el cuerpo físico humano era de tal naturaleza durante toda la evolución de Saturno que todavía no se le había incorporado ningún cuerpo etérico independiente. A través de los estados solar y lunar hasta el estado terrestre este cuerpo físico se ha ido perfeccionando cada vez más, de modo que podemos decir: el cuerpo físico humano se encuentra hoy en la cuarta etapa de su desarrollo, se encuentra hoy en el punto de desarrollo terrestre. Hasta la segunda encarnación de nuestra tierra no se incorporó a este cuerpo físico un cuerpo etérico independiente. El cuerpo físico se perfeccionó, como quien dice, porque en él actuaba un cuerpo etérico. Luego, la tercera reencarnación de la tierra, -la de la Antigua Luna-, propició la incorporación del cuerpo astral a los dos cuerpos, de modo que el habitante de la Luna, el antepasado del hombre terrestre de hoy, constaba de tres cuerpos: el físico, el etérico y el astral. Y el propósito de la evolución terrestre es incorporar a estos tres miembros el yo, el trabajador, que entonces comienza a remodelar lo que ha llegado a ser para él desde tiempos pasados. Así vemos que el cuerpo físico es más antiguo que los otros, y el yo sólo está en la primera etapa de su desarrollo. Hasta podemos saber por la configuración del cuerpo físico lo que en nosotros proviene del estado de antiguo Saturno. Lo que está en lo más alto de nuestro cuerpo físico son los órganos de los sentidos, y el germen de nuestros órganos de los sentidos fue sembrado en Saturno. Y así, miembro tras miembro se fue construyendo, perfeccionándose gradualmente con los demás miembros de la naturaleza humana.

Lo que aquí se denomina Saturno y sol no son el sol de hoy ni el Saturno de hoy, sino fases evolutivas, encarnaciones planetarias anteriores de nuestra tierra. Sin embargo, lo que nuestra Tierra ha vivido en su evolución está relacionado con el Saturno actual. El Saturno de hoy guarda con la Tierra la misma relación que hay entre un niño con un anciano. Las mismas condiciones de vida por las que Saturno está pasando hoy, nuestra Tierra las pasó antes cuando era Antiguo Saturno. Por eso en el ocultismo real no hablamos de Saturno, el sol y demás, sino de un Saturno, un sol y demás. Nuestra Tierra es un antiguo Saturno.

Ahora bien, aún debemos tener claro el significado de toda esta evolución. Si retrocedemos hasta aquel desarrollo de Saturno en el que el hombre aún carecía de cuerpo etérico, cuerpo astral y yo, -en la medida en que eran seres independientes-, llegamos a reconocer la mejor diferencia entre aquellos estados antiguos y los actuales al referirnos a la "conciencia". Hay un estado de conciencia relacionado con cada estado evolutivo. Hay siete estados de conciencia. El ser humano actual se encuentra en el cuarto; ningún ser que no pueda decirse "yo" a sí mismo puede tener este estado. Por eso el hombre desarrolló primero la forma de conciencia que tiene ahora en la Tierra. El propósito de la evolución terrestre es desarrollar la conciencia de vigilia. En los estados planetarios anteriores sólo había estados imperfectos de conciencia para el hombre. En Antiguo Saturno, el antepasado humano en su forma primitiva tenía una conciencia como la de los minerales, o mejor dicho: el antepasado físico humano es esa conciencia. Apenas podemos encontrar palabras para describirla; sólo podemos insinuarla. Esta conciencia es muy, muy tenue, una conciencia de trance-sueño profundo, embotada y tenue, pero en cierto modo tenía una ventaja: abarca una esfera mucho más extensa, es mucho más universal; una conciencia mineral conoce todo el sistema solar.

Luego esta conciencia se redujo a la que tiene la planta. Sin embargo, ahora ya es una conciencia algo más brillante en comparación con la del mineral. El hombre se hallaba en esta conciencia cuando la tierra estaba en la existencia solar. La tercera forma de conciencia es la consciencia de imagen, también llamada consciencia psíquica primaria. Se diferencia de la actual en que trabaja en imágenes, pero de tal manera que transmite lo psíquico del otro. Imaginemos un ser, -y el ser humano ancestral de la Luna lo era-, que aún no tiene conciencia sensorial y que puede cubrir los objetos con colores al despertar: tiene un último resto de tal conciencia en el mundo onírico. El mundo onírico no es la conciencia astral. La conciencia onírica actual se relaciona con la conciencia lunar como algún miembro atrofiado se relaciona con la forma tal como existía cuando aún tenía sus funciones en el propio hombre; por ejemplo, ciertos músculos que podían mover las orejas, que han perdido su finalidad en el hombre. De aquella conciencia astral o psíquica de las imágenes de la existencia lunar, ha quedado como rudimento el actual mundo onírico, por lo que también funciona del mismo modo que funciona la conciencia imaginativa astral. Imaginemos a alguien que sueña que atrapa una rana de árbol. La ve saltar y la atrapa. Luego el durmiente se despierta y ve que tenía la esquina de la colcha en la mano. U otro sueño que ocurrió de verdad. La mujer de un granjero sueña que va a la iglesia. Escucha con devoción. El sacerdote mueve violentamente los brazos y he aquí que le salen alas. A la piadosa esposa del granjero no le resultaba demasiado extraño que a un sacerdote que predica desde el cielo de vez en cuando le salieran alas. Pero, ¿qué ocurre? El sacerdote se pone a cacarear ruidosamente en el púlpito. Al mismo tiempo, la mujer del granjero se despierta y el gallo canta fuera, en el patio.

¿Qué ha sucedido donde tiene lugar toda una acción dramática? En la imagen simbólica se expresa algo que ella habría percibido como un objeto externo en la conciencia diurna despierta. Se forma simbólicamente algo que no está presente en esta forma. Pero si mantienen el símbolo en la forma, piensen que el hombre lo utiliza para tener percepciones del mundo psíquico real, entonces tienen de lo que estoy hablando ahora. Una conciencia simbólica que es verdadera y real era la conciencia lunar. Piensen en un ser humano sin nuestra actual conciencia objetiva. Éste se acerca a otro ser. Él no ve la forma delimitada de este ser, sino que ante  él aparece una formación de color. Él percibe un color muy concreto, con simpatía e igualmente con antipatía. Esto es algo diferente del color actual: es la expresión de simpatía o antipatía por el otro ser. Y el que tiene la conciencia lunar hace lo que corresponde a la conciencia lunar: organiza sus acciones según los símbolos. Si percibe un determinado color, sabe que está ocurriendo algo que le es hostil y se retirará.

Una forma posterior de desarrollo es la que se desarrolla bajo la influencia del yo, donde la conciencia ya no percibe la apariencia psíquica, sino que aquello que surgió como coloración se extiende sobre los objetos. Los colores que hoy se ven esparcidos sobre los objetos son los antiguos colores que una vez surgieron como formaciones psíquicas.

Si el hombre moderno tuviera, además de su conciencia actual, la conciencia de la antigua luna, de modo que percibiera plenamente tanto el mundo psíquico como el físico, habría ampliado su conciencia actual a una conciencia imaginativa. Por tanto, una forma más elevada sería si hubiera añadido como una más la conciencia que hoy tiene la planta y que el hombre tuvo apagada y tenuemente durante la encarnación en el sol. Y la forma más elevada sería aquella en la que el hombre tuviera también la conciencia que hoy tiene el mineral, lo que a su vez le permitiría fundirse en el cosmos universal. Esta última conciencia se cierne ante nosotros como el ideal del hombre, y se llama conciencia espiritual.

La finalidad de la evolución planetaria es, por tanto, que los estados de conciencia se sucedan; pero para ello el escenario planetario también debe convertirse cada vez en uno completamente distinto. Pero sólo podemos darnos cuenta de la evolución completa si sabemos que dentro de cada estado planetario hay que cubrir siete etapas. Así, Saturno, el Sol, la Luna y ahora la Tierra han tenido que cubrir siete etapas. Éstas se denominan "rondas" en teosofía, "reinos" en esoterismo cristiano. Cada uno de los planetas por los que pasa la tierra tiene siete ciclos más pequeños; porque cada conciencia tiene grados a su vez, si ha de ascender, desde lo más imperfecto a lo más perfecto. También se les llama estados de vida. Pero cada uno de estos reinos o estados de vida debe pasar a su vez por siete estados diferentes de manifestación o siete estados de forma: arupa, rupa, astral, físico, plástico, intelectual, espiritual (arquetípico).

Así tenemos 7 veces 7 veces 7 = 343 estados; los cuales denotan las 343 encarnaciones planetarias en su totalidad. Cada 49 de estos estados comprende el desarrollo de un estado de conciencia. Por lo tanto, pueden ver cómo podemos contemplar un enorme desarrollo cósmico.

Cuando el hombre aún vivía en el sol y sólo había desarrollado sus cuerpos etérico y físico, seguía siendo un ser completamente diferente. No se le podía llamar planta, pero en cierto sentido figurado se podía decir que en aquella época era una planta. En cuanto a su posición con respecto a la tierra, era como si se hubiera dado la vuelta: lo que hoy se proyecta libremente en el éter, la cabeza, se dirigía entonces hacia el centro de la tierra. La evolución de la conciencia está vinculada a la inversión de toda la forma humana. De ahí que al hombre de la existencia solar se le llame hombre dirigido hacia el centro de la tierra, y en el mismo sentido al hombre de la existencia lunar se le llama hombre orbitante. Si se hubiera trazado una tangente a la superficie de la luna... [vacío en el texto]. Y el hombre terrestre es el hombre solar invertido.

Así es como avanza todo. Cuando observamos la evolución de la Antigua Luna, debemos darnos cuenta de que lo que hoy llamamos afectos sólo podía desarrollarse como un efecto astral sobre la Luna. La luna pudo evolucionar. En aquella época, sin embargo, el yo aún no se había desarrollado. Dado que el yo sólo se había desarrollado en la Tierra, el hombre de la existencia lunar aún no sentía el dolor como suyo propio; era el dolor de la Luna. Este antepasado físico-etérico-astral lunar no era independiente. De él salían pasiones, afectos y dolores no individualizados. Por ejemplo, en la luna, -se puede decir hoy, aunque tan pocos lo crean todavía-, se daba el caso de que en ciertas épocas del año todo el planeta (lunar), todos los seres vivos revestidos de un cuerpo astral, empezaban a gritar, a vaciarse de sonidos; esto estaba relacionado con un cierto desarrollo de la vida animal. Una reminiscencia de esto es todavía el grito de celo en la vida sexual de ciertos animales, donde en ciertas épocas los gritos están conectados con ella.

Ahora bien, la ley de la evolución establece que en los estados posteriores siempre se repiten ciertos estados anteriores. Así que la tierra tuvo que pasar por la existencia de Saturno, el sol y la luna como una repetición. Ahora la tierra está en su existencia más real. Tendrán ustedes una idea de lo que se llamaba el sol aquí si mezclan en una papilla todos los seres que hoy están en el sol, la luna y la tierra; todo estuvo una vez presente en uno en el sol. En la época de la era solar, el sol, la luna y la tierra eran un solo cuerpo. Después el sol se desarrolló en una luna y sólo entonces el sol y la luna se dividieron. Y en la repetición en la tierra, primero el sol y luego otra vez la luna se separaron, y la actual formación del yo del hombre está vinculada con la separación de la luna. La luna contiene las fuerzas que impiden que los demás miembros del ser humano se conviertan en portadores de un yo. Sólo puedo señalar que el punto en el tiempo que se produjo para el desarrollo de nuestra tierra en la antigua época lemúrica, sólo pudo tener lugar debido a que primero se separó el sol y luego la luna de aquella incipiente Tierra. Sólo a partir de que la tierra se independizó, pudo surgir la forma humana dando así comienzo al desarrollo del hombre actual.

De este modo, el desarrollo humano está estrechamente ligado al desarrollo cósmico. Si retrocedemos hasta el antiguo período atlante, el predecesor de nuestra época actual, cuando el hombre vivía en la Atlántida, -que la ciencia natural ya ha descubierto al menos para el mundo animal-, encontramos al antepasado humano que todavía no posee el tipo de conciencia que posee el hombre actual, capaz de calcular y producir objetos industriales. Sin embargo, poseía otra capacidad muy desarrollada. El hombre atlante tenía una memoria excelente, que hoy ya no podemos ni imaginar. Con esto estaba relacionado algo más. Esta antigua Atlántida era también físicamente muy diferente de la configuración de la Tierra actual. Lo que hoy llamamos aire y agua todavía no existía. Todo el aire estaba lleno de un fino vapor de agua. El agua aún estaba disuelta. Por eso la antigua saga alemana ha conservado el nombre de "Nifelheim". Ello implica que la gente de aquella época vivía en una especie de aire impregnado de agua y sólo en ese aire podía vivir la conciencia de imágenes de la gente de aquella época. Los mitos y sagas de la mitología germánica surgieron de esta conciencia. Cualquiera que conozca realmente a este pueblo sabe que no escribía poesía como afirma la erudición moderna. Los mitos y sagas eran los restos de una antigua conciencia etérea de las imágenes, la expresión de una antigua clarividencia crepuscular, solo que la gente ha olvidado su origen después de haber avanzado hasta la brillante conciencia diurna de hoy en día.

Así pueden ustedes ver cómo el desarrollo de la humanidad está vinculado al cosmos. En un globo en el que el aire está impregnado de agua, el hombre percibe el mundo de forma muy diferente. Para los atlantes, el sonido del viento era un lenguaje que entendían. Entonces no había mandamientos ni leyes. Todavía había momentos en los que el hombre, si quería saber cómo debía comportarse, salía y escuchaba el sonido del manantial: eso le decía algo. Y cuando salía a escuchar, escuchaba un trasfondo que estaba presente como un trasfondo musical que los atlantes entendían. Es una sílaba sencilla, múltiple; vivía en todo el entorno del atlante; lo atravesaba todo, y el atlante se decía a sí mismo: En esta tonalidad me habla el dios. Y cuando quería dirigir su plegaria a su dios, lo hacía en este tono básico. La sabiduría del antiguo atlante tuvo que transformarse en la nuestra para que el hombre pudiera progresar. Pero en el curso de la evolución tendremos que alcanzar de nuevo la conciencia de los atlantes, además de la nuestra. A veces debemos hacer el sacrificio de que lo antiguo debe permanecer latente durante un tiempo.

Así está relacionado el desarrollo del hombre con el desarrollo del cosmos. Piensen hasta qué punto el hombre se ha alejado de las fuentes de sabiduría que se encuentran en el mundo mismo. ¡Cuánto se ha alejado de la conexión directa con la naturaleza! Pero lo que hemos perdido, lo recuperaremos con lo que hemos conquistado. Esta conciencia que tenemos surgió de la conciencia de los hechos individuales y concretos, que en el método rosacruz se llamaba la "sabiduría del mundo". Ésta impregna toda la vida humana. Si penetramos en nosotros mismos con ella, entonces sentimos lo que quería el maestro, al que está ligado el nombre de "Rosenkreutz", que como individualidad dirigente ha dirigido y guiado el movimiento espiritual a lo largo de los siglos.

Parece algo remoto cuando se mira al hombre en el contexto del mundo entero; pero si penetra en nuestros corazones, se convierte en una fuerza dentro de nosotros que nos inspirará si queremos contribuir a la transformación y reorganización del cosmos. Es nuestro deber integrarnos en el cosmos. Del mismo modo que la piedra individual no intenta desprenderse de la casa, el hombre no debe desprenderse del cosmos. Uno debe reconocer que su deber debe ser servir dentro de la gran evolución del mundo. Entonces lo que es eterno en nosotros se integrará en la existencia del mundo. Habrá un reflejo de ello en nuestra vida más cotidiana, de modo que el hombre pueda expresar esta sabiduría con cada movimiento de su mano. Entonces el cosmos tendrá realmente algo del hombre, porque todo está en proceso de transformación. Todo debe ser transformado de nuevo por los seres que se colocan en el movimiento del mundo. Si cooperamos de este modo, sentiremos vivo cómo es verdad. Y lo que es verdad será el impulso para nuestras acciones. De este modo, un hermoso dicho de un poeta muy inspirado se convierte en verdad:

El tiempo es un prado en flor,
La naturaleza es un gran ser vivo,
¡Y todo es fruto, y todo es semilla!

Traducido por J.Luelmo mar,2024