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domingo, 22 de diciembre de 2024

GA209 Oslo, 4 de diciembre de 1921 La exigencia del aprendizaje de la naturaleza eterna del hombre

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La exigencia del aprendizaje de la naturaleza eterna del hombre

RUDOLF STEINER


Oslo, 4 de diciembre de 1921

Las dos horas en las que se me permitió volver a hablarles estuvieron dedicadas a importantes reflexiones sobre la naturaleza y el destino humanos. Por un lado, hemos hablado sobre cómo están conectados los cuerpos físico y etérico del hombre con lo que percibimos no sólo en la tierra como mundo exterior, sino sobre cómo esta fisicalidad del hombre sólo puede entenderse si pensamos también que está conectada con la órbita de los astros. Y hemos tratado de aclararnos cómo el cielo de las estrellas fijas y la esfera planetaria intervienen de manera formativa y vitalizadora en aquello que el hombre tiene en su envoltura exterior. Por otra parte, también nos hemos mostrado la última vez cómo el ser interior del hombre, su esencia anímico-espiritual, sólo puede comprenderse si pensamos en ella en conexión con el mundo de las jerarquías superiores. Y hemos señalado que en realidad esta conexión con el mundo de las jerarquías superiores se hace particularmente llamativa cuando observamos que el hombre aquí, a través de su vida física en la Tierra, puede adquirir una relación con el mundo espiritual en un sentido moral, religioso, en relación con el amor humano etc. Haciendo así posible, en cierto modo, que su ser angélico en contacto con él le influya de tal manera que, cuando después de la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento descienda, se produce de tal manera que el hombre vuelve entonces a la plena individualidad, a la libre captación individual de su ser humano. Teníamos que señalar cómo el hombre, al no entrar en tal conexión con el mundo espiritual en ninguna encarnación, entra en contacto con su nacionalidad, por ejemplo, de forma externa, por lo que surgen cosas como la unión externa con la nacionalidad, que en su extremo empuja hacia el chovinismo.

A partir de tales observaciones podemos ver, que solo podemos comprender al hombre en su vida si contemplamos también el otro lado de la vida, el lado entre la muerte y un nuevo nacimiento. En cuanto llegamos al interior del ser humano, debemos considerar esta vida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Pues la vida aquí en la tierra es en realidad un reflejo de esta vida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Se trata de la vida en lo material, en lo físico, y en lo físico sólo se expresa lo que hemos formado en el mundo anímico-espiritual antes de nuestro nacimiento. Lo que debemos adquirir de nuevo, lo que debemos desarrollar de nuevo en el núcleo de nuestro ser humano, es el elemento volitivo y, hasta cierto punto, el emocional. El elemento pensante, que está ligado a nuestra cabeza, lo recibimos del mundo espiritual antes de nuestro nacimiento en un alto grado, es decir, en el grado en que los sentimientos se expresan junto con nuestro pensar. Lo que realmente poseemos en forma de capacidades de pensar lo traemos a la existencia física a través del nacimiento y sólo tenemos que entrenarlo durante esta existencia física o hacerlo entrenar a través del sistema escolar. Pero lo que recibimos principalmente en la nueva encarnación a través del contacto con el mundo exterior es el elemento emocional y volitivo, ese es el elemento que, por lo tanto, debe desempeñar el papel más importante en la cuestión de la educación.

En materia de educación es así: Si en lo que respecta al pensar somos malos maestros o malos educadores, podemos dejar en la persona, sin desarrollar, algunas cosas que ella podría expresar a través de su encarnación anterior en la tierra. Pero si no somos capaces de influenciar al niño en lo que se refiere al sentir y a la voluntad a través de nuestra propia autoridad como maestros y educadores, a través de nuestro ejemplo, entonces no le damos a tal niño las cosas correctas que debería recibir aquí en el mundo físico, y dañamos su vida después de la muerte. Esto es lo que «causa un dolor tan profundo» en el ser del mundo actual, cuando se entienden bien las cosas. En la enseñanza y la educación actuales, se intenta una y otra vez hacer hincapié en aspectos relativos a hacer que el niño piense, para desarrollar en él el intelectualismo. Sin embargo, esto elimina gran parte de lo que el niño trae a la existencia a través del nacimiento. Pero esto sólo puede ser útil si al niño se le enseña también esta vida terrenal misma de la manera correcta para la vida terrenal, es decir, si somos capaces de enseñar al niño lo que yace inmanifestado en el sentir y en la voluntad también inmanifestada, mediante nuestra autoridad, mediante nuestro ejemplo. Y sobre todo, dañamos la vida eterna del niño si no desarrollamos el sentir y la voluntad. Porque el pensar que traemos con nosotros a través del nacimiento llega a su fin aquí en este mundo sensorial. Muere con nosotros. Sólo aquello que formamos mediante el sentir y la voluntad, pero que luego se entremezcla inconscientemente con nuevos pensamientos, nos lo llevamos con nosotros a través de la puerta de la muerte. En nuestra difícil época actual para la humanidad deberá ocurrir que la religión, la educación, la espiritualidad general, toda la vida en general, vuelvan a tomar en consideración la naturaleza eterna del hombre, y no se limiten a mirar el egoísmo humano.

Las religiones actuales especulan demasiado con el egoísmo humano. Por un lado, rinden homenaje a la inercia al no impulsar al hombre a su propio desarrollo interior, emocional y volitivo de lo eterno, y por otro lado, rinden homenaje al egoísmo al hablar de la vida eterna sólo como lo que habrá después de la muerte, no de lo que había antes del nacimiento o de la concepción y que hemos traído al mundo físico. Ya dije la última vez que para hablar de esta vida antes del nacimiento, hay que hablar de las fuerzas altruistas del hombre, mientras que sólo hay que hablar de egoísmo cuando se menciona la vida del hombre después de la muerte. E incluso en la conceptualización religiosa actual, la vida después de la muerte adopta una forma egoísta. Se presenta al hombre de tal forma que éste satisface allí sus deseos por encima de todo. Si las religiones creen que han enseñado al hombre a complacer sus deseos para que pueda llevar una vida anímica egoísta, entonces creen que han hecho lo suficiente. Mientras que lo que debería llegar a toda la humanidad, a través de una verdadera captación espiritual del mundo, es que toda la vida del hombre debería ser comprendida de nuevo de una manera no egoísta y eterna y también moldeada por educadores, maestros, etc.

Pero para las grandes circunstancias públicas, esto también tiene su importancia. Y es de esas grandes circunstancias públicas de las que quiero hablar hoy en la tercera reflexión que tengo el honor de hacer ante ustedes. Porque hoy en día es de suma importancia que lo que adquirimos a través de un conocimiento antroposófico de los mundos superiores lo llevemos realmente a la vida inmediata, que comprendamos cómo representarlo en la vida. Pero la vida es tal que las enseñanzas abstractas nos sirven de poco. La vida es múltiple en la tierra. Si aplicamos la diversidad de la vida a la existencia de los pueblos, por ejemplo, no sólo los indios son diferentes de los americanos o de los ingleses, sino que incluso se dice que los suecos son diferentes de los noruegos, aunque no estén tan separados. Si bien, es cierto que no podemos orientarnos en el mundo según principios generales, sino que en todas partes existen condiciones individuales concretas y que hay que tenerlas en cuenta. Pues son precisamente estas condiciones individuales concretas las que uno no llega a conocer si no parte del punto de vista de lo espiritual. El hombre de hoy no conoce realmente el mundo. Habla mucho del mundo, pero no lo conoce, porque no sabe que lo anímico-espiritual sobresale en esta existencia física y que, al fin y al cabo, lo espiritual gobierna esta existencia física. De modo que ya se puede ver que los principios generales abstractos no son suficientes. Ciertamente, estos principios generales abstractos son correctos, pero no se llega muy lejos con ellos en el mundo real.

Es ciertamente un principio correcto que Dios gobierna el mundo. Pero de nada sirve, en vista de la diversidad del mundo, que el hombre lo pretenda: Dios gobierna el mundo en la India, Dios gobierna el mundo en Inglaterra, Dios gobierna el mundo en Suecia, Dios gobierna el mundo en Noruega. Es cierto que Dios gobierna el mundo en todas partes, pero es necesario para la vida real inmediata que uno sepa cómo gobierna Dios el mundo en la India, cómo gobierna Dios en Inglaterra, cómo gobierna Dios en Suecia, cómo gobierna Dios en Noruega. En la contemplación espiritual también hay que tener en cuenta las condiciones concretas individuales. ¿De qué serviría, por ejemplo, llevar a una persona a un prado y mostrarle una planta con flores amarillas y pétalos redondeados y enseñarle simplemente: «Eso es una planta», y luego llevarla a una planta con espinas y pétalos muy puntiagudos, como hilos, y decirle: «Eso es una planta»? Hay que aclararle qué es cada planta. Pero con respecto a los asuntos espirituales el hombre se ha vuelto tan extraordinariamente cómodo que siempre está satisfecho con los principios espirituales generales, que sólo quiere oír: Dios gobierna el mundo, o: Cada uno tiene un ángel -; mientras que no quiere saber en detalle cómo está organizada la existencia en las más variadas áreas de la tierra, por ejemplo, y a su vez en las más variadas áreas de la vida más allá del mundo espiritual. 

Hoy, por tanto, queremos echar un vistazo en esta dirección. En efecto, es posible en este momento, cuando tantas cosas son tan tumultuosas, cuando por otra parte la gente en muchas partes del mundo está tan desamparada con respecto a los asuntos públicos, cuando se celebran en vano congresos y conferencias, en los que la gente desarrolla primero grandes programas, para después separarse sin haber decidido realmente nada. Es precisamente hoy cuando uno puede desear plantearse cuestiones más profundas sobre lo que se revela en las regiones individuales de la tierra como gobernadas por el espíritu. 

Cuando observamos la península que tanto ustedes como los suecos consideran su hogar terrenal, hay algo en ella que resulta un tanto desconcertante para quienes viven fuera de Suecia y Noruega, pero también para quienes viven dentro de Suecia y Noruega. Ciertamente ha habido una gran diferencia en la forma en que, digamos, desde 1914 se ha pensado aquí sobre los tumultuosos asuntos del mundo, que ciertamente han intervenido de las más variadas maneras, y la forma en que se ha pensado sobre ellos en Europa Central. Pero hoy en día la gente vive sobre todo inconscientemente con respecto a tales intrusiones, no se dan cuenta de qué fuerzas más profundas están actuando allí. Y ustedes podrían mirar en las regiones de Europa central, en las regiones de Europa meridional, de África, incluso de Asia, y habrán visto que allí las cosas no ocurren de tal manera que uno sólo percibe realmente, como aquí arriba, el fenómeno subsiguiente, el juego, el golpeteo, sino que uno percibe algo que brota de las pasiones humanas inmediatas, que lleva un carácter elemental, que lleva realmente el carácter que uno ha encontrado quizás bastante desconcertante aquí en el norte: como si la gente se hubiera puesto furiosa de repente, para caer unos sobre otros y hacerse pedazos. Aquellos que fueron espectadores podrían ciertamente encontrar muchas cosas desconcertantes a este respecto, si tan sólo pensaran más profundamente.

Pero esas cosas sólo se aclaran si no se mira un solo periodo de tiempo, aunque haya pasado tanto como en los últimos años. Es cierto que quienes han vivido estos últimos años pueden decir que es como si hubieran vivido siglos. Sólo poco a poco se darán cuenta de que es así. La mayoría de la gente sigue viviendo y pensando como en 1914. En países como los nórdicos, es algo comprensible. Que ocurra lo mismo en Europa Central es algo terrible. Lo único normal es que la gente sienta que ha pasado por algo que sólo se puede pasar dentro de siglos. Todo esto se condensó en unos pocos años. Sólo hay que tener en cuenta que acontecimientos como los que tuvieron lugar en 1914 y 1915 supusieron tanto como diez años de la Guerra de los Treinta Años en un corto periodo de tiempo. Pero sólo se puede arrojar una luz razonablemente significativa sobre estas cosas si se contemplan en un contexto histórico más amplio.

Y desde el punto de vista de su península septentrional, pueden ver cómo, básicamente, sólo desde el comienzo de nuestra era han tenido lugar cosas hacia el sur de ustedes, en las que han participado de manera diferente a quienes han tomado parte en estos acontecimientos de siglos en el sur europeo, en Asia occidental o incluso en Europa central. Sólo tienen que considerar los polos opuestos que existen entre el sur de Europa y el norte de Europa en un periodo muy concreto.

Tomemos algo así como el siglo IV después de Cristo o la época que alcanzó su apogeo en el siglo IV después de Cristo. En la península griega, sobre todo en la península itálica, y también en lo que ahora se ha extendido a Europa Central, se puede  ver lo siguiente: el cristianismo se extiende cada vez más. Pero también se nota otra cosa. Este cristianismo se ha extendido desde Oriente hacia el mundo pagano europeo. De diversas maneras, se asentó en este mundo pagano en los primeros siglos. Y si observamos los primeros siglos, el I, el II e incluso el III, en realidad encontramos en todas partes que el cristianismo está impregnado de sabiduría antigua, de la antigua sabiduría hereditaria de la humanidad. Se pretendía comprender el cristianismo con la ayuda de la llamada gnosis. Pretendían penetrar en el cristianismo con la más alta sabiduría. Esto no cambió realmente hasta el siglo IV de nuestra era. Fue precisamente entonces cuando las cosas cambiaron, cuando el cristianismo comenzó a extenderse por las regiones de Europa Central. Fue entonces cuando desapareció la visión gnóstica y llena de sabiduría del cristianismo. Vemos a escritores como Orígenes, que querían traer algo de la antigua sabiduría gnóstica al cristianismo, siendo declarados herejes. Vemos cómo es perseguido Juliano, el llamado apóstata, que quería combinar la antigua sabiduría pagana con el cristianismo. Y finalmente, somos testigos de la exteriorización del cristianismo en una forma de iglesia política a través de las acciones de Constantino. Lo que al principio era muy diferente en el cristianismo, lo que estaba lleno de sabiduría, lo que era tal que la gente se decía a sí misma que era necesaria la más alta sabiduría para comprender los misterios cristianos, fue adquiriendo gradualmente un carácter cada vez menos sabio en el siglo IV. Se exige cada vez más que los hombres comprendan el cristianismo con un cierto sentido elemental, con un sentimiento abstracto. El cristianismo ascendió desde el sur hacia el norte. Sin embargo, en los siglos que van del IV al XV en el sur, y sobre todo en Europa central, hubo mucha espiritualidad en lo que se desarrolló como vida cristiana, pero la espiritualidad real había desaparecido. El gnosticismo fue visto como algo que ya no se quería en el cristianismo. Estos son solo algunos destellos sobre aquello que, en los pueblos del sur, estaba anticipándose al norte de Europa.

El cristianismo se extiende y tiene que asentarse en el mundo griego, el mundo romano y el mundo centroeuropeo. En cierto modo, allí está siendo desespiritualizado. Ahora consideremos, digamos, vuestro mundo nórdico aquí en el mismo siglo III, IV, es decir, en los primeros siglos de la era postcristiana. Hoy poco podemos hacer con la historia externa, pues esta historia externa no cuenta la verdadera historia, debemos hacerlo con la ayuda de la antroposofía. Lo hicimos aquí hace años con referencia a las almas de los pueblos europeos, pero hoy queremos centrarnos más en el carácter externo de los pueblos.

En la época en que el espíritu en el sur se retiraba cada vez más hacia Oriente, poco después de la época que he descrito, se cerraron las antiguas escuelas atenienses de filosofía y los últimos filósofos de Atenas tuvieron que retirarse a Oriente, donde se unieron a la misteriosa Academia de Gondishapur, que luego difundió una extraña vida espiritual por África y el sur de Europa al resto de Europa, lo cual tuvo una gran influencia en la vida espiritual posterior. Pero se puede decir: allá en el sur, la gente tiene que mirar hacia atrás a una alta espiritualidad que una vez tuvieron. El poderoso acontecimiento del Gólgota ha irrumpido. En los primeros siglos, la gente todavía encontraba necesario comprender el misterio del Gólgota con la ayuda de esta elevada espiritualidad. Esta espiritualidad se fue desvaneciendo poco a poco. Cada vez más lo humano fue ocupando el lugar de lo que puede llamarse el obrar divino en el hombre.

La gnosis seguía siendo algo a través de lo cual el hombre tomaba conciencia de que había un ser divino-espiritual en él. Cada vez más, este ser divino-espiritual fue desvaneciendose y fue emergiendo lo humano. Los pueblos conocidos como los miembros de los pueblos migratorios contribuyeron en gran medida a ello. Estos pueblos centroeuropeos-germánicos, en sus migraciones hacia el sur, en sus conquistas de las regiones meridionales, contribuyeron a esta supresión de lo espiritual, eran pueblos cuya disposición anímica estaba, me gustaría decir, más naturalmente ligada a lo físico, al no comprender la antigua espiritualidad y al llevar al sur un ser humano más elemental. Y así, la elevada sabiduría humana primigenia se retiró paulatinamente de la cultura espiritual occidental. Y al mismo tiempo, es decir, en el siglo III, IV d.C., a la vez que esta supresión de lo espiritual está teniendo lugar en el Sur, vemos aquí arriba, en el Norte, que las doctrinas de los dioses siguen extendiéndose entre estos pueblos del Norte. En aquella época, todavía se tenía en gran estima a las personas inspiradas por el instinto. Aquí, (escandinavia), se vivían tiempos que ya habían pasado para la población del sur de la tierra. Aquí todavía se podía experimentar cómo el hombre o la mujer individual eran buscados aquí o allá en la soledad y cómo eran escuchados en esta soledad, cómo daban revelaciones sobre los mundos espirituales de una manera misteriosa a través de sus habilidades especiales, que estaban ligadas al desarrollo especial de su ser físico, cómo daban revelaciones sobre los mundos espirituales a partir de este desarrollo especial de sus habilidades. Esto aparecía como una disposición natural original en los seres humanos concretos que trabajaban de este modo entre los demás. Y mientras las grandes masas de gente escuchaban atentamente a tales personas reveladoras concretas, eran muy conscientes de que cuando entraban en la cabaña de este o aquel hombre infundido por Dios y revelador de Dios o incluso de una mujer infundida por Dios y reveladora de Dios. No era en realidad a este hombre físico o a esta mujer física a quien escuchaban, a quien oían, sino que era la espiritualidad divina misma la que había descendido allí, la que había inspirado a estas personas concretas, para que estas personas particulares pudieran dar enseñanzas de Dios a sus semejantes.

Para el observador antroposófico de la historia de Europa resulta sorprendente que, al mismo tiempo que vemos en el Sur cómo se paraliza cada vez más el espíritu, cómo lo humano llena cada vez más las almas, pero precisamente lo físico-humano, lo que el hombre vive en la tierra física exterior y que va ganando cada vez más la partida a lo divino, que justo aquí arriba en el Norte, en el decisivo siglo IV, mientras en el Sur la gente está cada vez más deseosa de recibir enseñanzas humanas, aquí arriba en el Norte la gente seguía bastante predispuesta a recibir enseñanzas de Dios. En el decisivo siglo IV, mientras en el Sur la gente está cada vez más ansiosa por aceptar enseñanzas humanas, la gente de aquí arriba, en el Norte, seguía predispuesta a aceptar enseñanzas de Dios, a sentir que los dioses, es decir, los seres de las jerarquías superiores, aún caminan entre ellos.

Por lo tanto, debemos tomar en serio las manifestaciones individuales que resplandecen desde las grises profundidades del espíritu, que se consideran como si los dioses hubieran actuado de maestros entre los pueblos nórdicos, -lo cual es la verdad-, que en aquella época aún eran infantiles. Aquella condición que, en cierto modo, aún se nos presenta en el norte en los primeros siglos cristianos, hacía mucho tiempo que ya había pasado para las regiones meridionales. Pero no deja de ser curioso, profundamente significativo, cómo está predeterminado en el destino de los pueblos que los nórdicos se conviertan en portadores en cierto modo para el Sur de lo que estos nórdicos habían aprendido no de los hombres sino de los dioses.

Tomemos muy en serio que esas gentes, por ejemplo, que se incorporan principalmente a la población del oeste de vuestra península, cuyos sucesores son los noruegos de hoy, inician sus viajes hacia el oeste, hacia el suroeste, que en sus andanzas, en sus viajes por mar, en sus conquistas, influyen en lo que hay allí hasta Sicilia, hasta el norte de África. Los hijos de los dioses van a los hijos del mundo, y les traen de una manera muy definida lo que han aprendido de sus dioses.

Lo que va del sur al norte a través de la romanidad, del elemento romano-latino, se impregna del elemento nórdico. Se podría decir que la conciencia de Dios que se ha conservado de las corrientes culturales que suben desde el sur, se presentará aquí de tal manera, que tiene la influencia de las doctrinas nórdicas de los dioses. Pero adquiere un carácter peculiar que sólo se manifiesta plenamente cuando se mira hacia la parte oriental de esta península nórdica, hacia la parte sueca.

Sólo hay que recordar un hecho: cómo las poblaciones del este europeo envían a los varangios, cómo desde allí reciben influencias, y cómo lo que está en el este de la península septentrional también fluye más hacia el este. Tenemos un efecto extraño desde esta península. Lo que, yo diría, tiende más hacia lo noruego posterior, fluye hacia el suroeste, lo que tiende más hacia lo sueco posterior, fluye hacia el sureste. Las doctrinas nórdicas de los dioses están en todas partes, pero se representan de manera diferente.

Hay una tendencia entre esos pueblos que luego se convierten en noruegos a llevar el elemento activo, el elemento potenciador, el elemento inspirador hacia el suroeste. De este modo, lo activo, el elemento activo se implanta en la decadente cultura romano-latina. Así vemos, podría decir, a los dioses nórdicos actuando en estas migraciones de tal manera que activan toda la vida del pueblo, transformándola en actividad. Esto se puede seguir en detalle, y es fascinante seguirlo.

Por otro lado, sin embargo, consideremos todo el carácter peculiar de las influencias escandinavas orientales hacia el Este, de los impulsos suecos hacia el Este, hasta nuestros días. Ciertamente, esto en parte se debe a las condiciones geográficas. Pero estas condiciones geográficas también deben residir en el carácter de la gente, porque el hombre no crece de la tierra, sino que nace hacia la tierra, desciende de los mundos espiritual y anímico, y da lo mismo que nazca noruego o sueco. De modo que uno no puede contentarse con decir que las condiciones geográficas son así, sino que debe preguntarse más a fondo por qué las almas de un lado se esfuerzan por ser noruegas y las del otro por ser suecas.

Así que los escandinavos del este, fluyen hacia el este, pero se desvían por todas partes fluyendo hacia delante. No desarrollan ninguna actividad. No pueden resistir lo que fluye desde el Este, antes a través de otros asiáticos, después a través de los pueblos mongoles-tártaros, y de nuevo lo que se desarrolla desde el Sur como el elemento de la cultura cristiano-antigua que tiende más hacia el Este. Me gustaría decir que esta corriente fluye hacia el sudeste, pero se acumula en todas partes. Al penetrar en este elemento, adquiere un carácter pasivo.

En efecto, todo lo que se encuentra en la periferia exterior está profundamente influido desde el norte. Lo que se extiende desde el oeste de la península septentrional hacia el sur tiene un efecto activo en todas partes. En todas partes lo que se extiende hacia el este es tomado por lo no activo, por el elemento sensual del este, y es en cierto modo embotado en su actividad. Yo diría que los dioses nórdicos, al enviar sus impulsos hacia Occidente, desarrollan sobre todo su naturaleza volitiva. Los dioses nórdicos, al enviar su naturaleza esencial a Oriente, desarrollan su naturaleza más intelectual, su naturaleza más racional, su naturaleza contemplativa.

Las guerras externas, las batallas externas son, después de todo, sólo las imágenes sensoriales de lo que tuvo lugar de la manera que acabo de describir. Aquel que es un abstraccionista, que quiere ver el mundo entero desde el punto de vista de alguna teoría, -y los empiristas de hoy, la gente de hoy que está tan orgullosa de su ciencia externa, son básicamente los abstraccionistas más acérrimos, no van a ninguna parte de la realidad, piensan en la cosa en lugar de sumergirse en la cosa para llegar a conocerla interiormente-, aquellos que son tales abstraccionistas presentarán todo tipo de cualidades características que todavía se muestran en los noruegos, que todavía se muestran en los suecos. Sin embargo, también se pueden presentar muchas cosas, y en los propios países a menudo sus habitantes sólo presentan esas características externas, porque hoy en día la gente no quiere penetrar en las profundidades de la naturaleza humana para conocer realmente la vida. Pero hay que aplicar a la vida puntos de vista como los que hemos conocido en estas dos reflexiones que he tenido el honor de exponer aquí ante ustedes. 

Debemos introducir en la vida exterior la consideración no sólo desde el punto de vista entre el nacimiento y la muerte, sino también desde el punto de vista entre la muerte y un nuevo nacimiento, y debemos considerar aquellas cosas que no sólo satisfacen al hombre egoísta que quiere ser feliz después de la muerte y que, como todavía tiene vida física por delante, no se preocupa de esta vida prenatal, No sólo debemos contemplar este asunto desde el punto de vista egoísta, sino que debemos contemplarlo desde el punto de vista de la vida humana en general, desde el punto de vista de cómo podemos intervenir en esta vida terrenal mediante lo que hemos traído con nosotros a través del nacimiento desde los mundos anímico-espirituales.

Entonces uno se da cuenta de que hay conexiones en la vida de los hombres, en la vida de los pueblos, que, sin embargo, sólo se revelan cuando se tiene una visión de conjunto de lo que es el hombre a lo largo de sus vidas terrenales, cuando se observa también el tiempo que pasa entre la muerte y un nuevo nacimiento. Allí la conexión maravillosamente extraña se hace evidente, y de tales conexiones extrañamente maravillosas uno entonces entiende lo que sucede en la tierra: El noruego de hoy ha heredado, en sus características folclóricas externas, de aquellos pueblos que una vez llegaron al suroeste con sus revelaciones de los dioses para hacer activo el elemento romano-latino. En aquella época se formó algo en el gran plan mundial que dio al pueblo noruego su carácter especial, que le dio su tarea especial. Y los que nacen hoy en Noruega sólo comprenderán su existencia, sólo comprenderán su tarea en el mundo en su conjunto, si miran hacia atrás con tal comprensión espiritual a aquellos tiempos que hicieron especial a Noruega entonces, cuando los pueblos nórdicos viajaban hacia el suroeste en sus vagabundeos, en sus incursiones, en sus conquistas hacia una tarea terrenal. Pero esta tarea terrenal surgió del carácter de los pueblos que vivían aquí. Este carácter era ciertamente diferente entonces de lo que es hoy, pero algo ha permanecido de él como una herencia que está en el noruego de hoy, que le da habilidades muy especiales que también tienen un cierto significado desde el punto de vista de la vida humana eterna, la vida humana inmortal.

Y lo mismo ocurre con el hecho de que en la parte oriental de esta península, donde se desarrolló el carácter sueco, las antiguas enseñanzas de los dioses se trasladaron a Oriente de tal manera que sólo se puede expresar diciendo que estos dioses viajaron a Oriente y vieron gente en Oriente que aún había conservado sus propias enseñanzas de los dioses en una cierta forma místico-oriental. De modo que lo que era más una revelación de la naturaleza era poco aceptado en Oriente, y los que viajaban a Oriente estaban más condenados a la contemplación, a una vida sensorial. 

Pero esto, a su vez, ha dejado un legado, y este legado imprime su carácter a los pueblos. Y me gustaría decir que si queremos comprender hoy las partes occidental y oriental de la península escandinava, debemos mirar hacia atrás, hacia lo que estos pueblos han experimentado a lo largo de los siglos, en lo que se han convertido para el mundo de hoy a través de lo que experimentaron allí, porque hoy todos tenemos motivos para pensar en tales cosas. Hoy podemos comprender bastante bien de una manera ligeramente elemental cómo han de actuar las fuerzas espirituales en el mundo en todo el curso internacional del mundo y en toda la vida humana internacional, y cómo han de entenderse las misiones individuales de los pueblos desde el punto de vista de la exploración espiritual del mundo.

Si uno se pone ahora a investigar esta conexión entre las tareas de los noruegos y suecos de hoy y su desarrollo histórico, haciéndolo con facultades de cognición suprasensibles, entonces surge una extraña relación. Los noruegos tienen una disposición muy definida, no sólo cuando nacen a la existencia noruega. Lo que allí se desarrolla puede verse en el mundo físico exterior; antropólogos, historiadores culturales o, si se quiere, los propios periodistas pueden describirlo. Será más o menos exacto, pero no dará cuenta de lo que brota en el interior del alma humana. Porque el hombre no sólo tiene una misión aquí en la tierra, el hombre también tiene una misión, una vez que ha pasado por la muerte, para los mundos espirituales. Y esta misión que el hombre tiene para los mundos espirituales después de haber pasado por la muerte se forma aquí mismo, en la tierra.

Lo que experimentamos en los primeros tiempos después de la muerte es una consecuencia de nuestro desarrollo en la tierra. Sin embargo, lo que experimentamos aquí en los primeros tiempos después del nacimiento es también una consecuencia del mundo anímico-espiritual. Es muy significativo considerar la misión noruega no para la tierra, sino para el tiempo después de la muerte, utilizando los medios de que dispone la investigación espiritual antroposófica.

Estas almas, que atraviesan la puerta de la muerte desde este mismo suelo del oeste de la península escandinava, pueden -digo: pueden- a través de su peculiar carácter físico nacional, a través de toda la configuración de su cerebro, del resto de su corporeidad, estar destinadas a convertirse en estimulantes para sus semejantes después de la muerte de una manera bastante definida, que pueden dar a sus semejantes después de la muerte algo que sólo pueden darles en virtud del carácter noruego. Pues el carácter noruego hoy, especialmente en esta época, está tan predispuesto que aprende subconscientemente en su interior ciertos secretos de la naturaleza: no a través de su conocimiento intelectual externo, sino a través de ese conocimiento que desarrolla en su cuerpo espiritual entre que se duerme y se despierta, cuando está fuera en el espacio sin usar sus sentidos; cuando experimenta la espiritualidad en el mundo vegetal, la espiritualidad en la piedra y la roca, la espiritualidad en el sonido de los árboles y el sonido del mar fuera de su cuerpo, cuando no lo mira con sus sentidos físicos, sino cuando lo mira fuera de su cuerpo, cuando camina dentro de sus territorios en el tiempo entre que se duerme y se despierta; lo que aprenden a conocer allí es la fuerza que vive en las plantas, lo que aprenden a conocer allí es la fuerza que se esconde en sus rocas, lo que aprenden a conocer allí es la fuerza que se precipita hacia la costa con sus olas, si ustedes toman todo lo que es la espiritualidad de estas olas del mar que se precipitan, de estas plantas que florecen escasamente en las rocas aquí, de todo este conjunto del mundo, si ustedes toman lo que es desencadenado por este conjunto del mundo en sus almas durante el sueño, si toman el conocimiento íntimo de la naturaleza, que permanece inconsciente para la vida exterior de la mente y los sentidos, entonces eso es lo que pueden llevar al mundo espiritual, si fluyen a través de él de la manera correcta, sienten a través de él, como he descrito aquí en la última contemplación. 

Si eso lo relacionan de la manera correcta con el mundo espiritual que pueden ustedes captar, si desarrollan lo que he llamado la conexión con el ser angélico, entonces llevan esta sabiduría inconsciente de la naturaleza, este conocimiento concreto del espíritu de las plantas, este conocimiento concreto del espíritu de las piedras, de los otros fenómenos naturales, al mundo espiritual. Y aquellos que han vivido su vida noruega de la manera correcta se convierten en los estimuladores, los maestros para sus almas compañeras después de la muerte con respecto a los secretos de la naturaleza aquí en la tierra. Pues en los mundos espirituales hay que enseñar a las almas los secretos de la tierra, del mismo modo que aquí en la tierra hay que enseñar a las almas los secretos del mundo espiritual.

Si uno mira hacia la parte oriental de esta península, donde vive la herencia del tiempo antiguo tal como la he descrito, entonces uno encuentra, sin embargo, que allí se lleva a través de la puerta de la muerte, una misión diferente. Allí las almas llevan al mundo espiritual lo que ahora se experimenta no tanto entre el dormirse y el despertarse, sino más durante las horas de vigilia del día, lo que se experimenta más en el contacto sensorial con el mundo exterior, en la contemplación sensorial del mundo sensorial durante la vigilia, en la comprensión emocionalmente imbuida del mundo exterior.

Pero esto es, después de todo, algo que básicamente sólo tiene sentido para la vida en la tierra. Pero mientras se está desarrollando este elemento en la vida terrenal, también se desarrolla algo muy especial en el subconsciente durante la vida terrenal. He llamado su atención sobre el hecho de que incluso en la vida de vigilia una cierta parte de nuestro ser duerme y sueña. En realidad, la vida emocional no es más que otra forma de la vida onírica. Cuando nos mueve el sentir, soñamos, y cuando nos mueve la voluntad, dormimos. Lo que conocemos de nuestra voluntad es sólo la iluminación que proviene del pensar. Pero tal acto volitivo se alimenta especialmente en el alma sueca, que tiene menos oportunidad de penetrar en los misterios de la naturaleza mientras duerme. Lo que allí entra en el alma más inconscientemente en la voluntad y en el sentir durante la observación sensorial externa, la vida intelectual, es llevado allí a través de la puerta de la muerte. De modo que las almas que atraviesan así la puerta de la muerte desde la parte oriental de la península escandinava, tienen a su vez la misión de incorporar ahora un elemento más volitivo en sus semejantes, precisamente lo contrario de lo que estos pueblos nórdicos orientales pudieron enseñar a sus semejantes físicos durante su relación histórica. Se podría decir que la predisposición especial al elemento volitivo se formó en el origen y luego en la herencia del carácter de los pueblos de esta parte oriental de la península escandinava.

Los europeos han vivido mucho tiempo sin plantearse de forma tan concreta qué tendrán que hacer realmente después de la muerte. Se contentaban con la respuesta egoísta: seremos bienaventurados. - Pero eso no bastará, para evitar que la tierra se arruine por completo, con recibir esta respuesta egoísta; sino que sólo será posible que los hombres lleven su vida correcta, si quieren recibir la respuesta desinteresada, si no se limitan a preguntar: ¿Qué habrá después de mi muerte, para que me vaya bien, para que sea bienaventurado - sino que también preguntan: ¿Qué tendré que hacer desde mi posición especial aquí en la vida terrenal? - Y sólo si uno tiene la inclinación de considerar la pregunta de esta manera, utilizará la posición especial que tiene en la vida terrenal de la manera correcta, entonces se preparará de la manera correcta para su misión. Y entonces ya no será difícil prepararse correctamente para la misión.

En este sentido están relacionadas las dos o, en realidad, las tres conferencias que ahora he tenido el honor de pronunciar entre ustedes. Precisamente con esta misión especial en mente se entiende aquí en Noruega el elemento espiritual de la orientación antroposófica del mundo. Pues si ustedes consideran que es una tarea especial crear desde la vida subconsciente, yo diría, ciencia natural para el más allá -por paradójico que suene, es así-, entonces deben prepararse emocionalmente para ello aquí en la vida consciente, entonces hay que dar a su alma la oportunidad de dormirse cada noche de tal manera que no permanezca embotada para el conocimiento de la naturaleza que se le ha de transmitir en el sueño. Pero los cuerpos actuales ya no son tales que preparen al ser humano de la manera adecuada.

Las almas de los pueblos nórdicos están completamente preparadas para el mundo espiritual por su herencia ancestral. Los cuerpos aquí deben ser preparados para ello en particular a través de una cultura espiritual. Por ello se plantea aquí una cuestión decisiva. Una cuestión decisiva, que puede esclarecerse comparando la misión, digamos, de los pueblos centroeuropeos con la de los pueblos nórdicos.

En cierto modo, la situación actual de los pueblos centroeuropeos no estaba mal caracterizada si no quieren aceptar nada espiritual, por un cierto escritor que ni siquiera piensa en la posibilidad de una fecundación espiritual de la humanidad. Oswald Spengler, que escribió su libro sobre la decadencia de Occidente, este libro ingenioso pero completamente pesimista, aunque Spengler rechazó el pesimismo en un ensayo especial. Por supuesto que es pesimista hablar de la decadencia de Occidente. Pero él habla de la decadencia de la cultura, de la decadencia de algo espiritual. Sin una renovación espiritual, los pueblos de Europa Central sufrirán daños en sus almas. Precisamente en este rincón de Europa, (escandinavia), se da la peculiaridad de que esta población de aquí no sólo sufre daños en el alma, sino que cuando sufre daños en el alma, sufre al mismo tiempo daños en el cuerpo. Me gustaría decir: ¡qué suerte! Porque los pueblos centroeuropeos, si no adoptan la espiritualidad, pueden barbarizarse, pueden degenerar espiritualmente; mientras que los pueblos nórdicos sólo pueden morir, también morir físicamente, extinguirse, porque en el sentido de las disposiciones descritas todo aquí se basa en la configuración particular de la corporeidad.

Hay que mirar ya hacia el necesario impacto de una cultura espiritual. Para Europa, la Europa Central degenerará, se barbarizará, se dispondrá su caída para ella si no se deja influenciar por el espíritu. El Norte, se extinguirá, sufrirá la muerte física si no se deja influir por el espíritu.

Así pues, tomado vulgarmente, lo que se desarrolla aquí durante la vida física está relacionado con la misión de estas almas nórdicas después de la muerte. Éstas no pueden llevar a cabo esta misión si permiten que los cuerpos que, una vez espiritualizados, son aptos para ello, permiten que estos cuerpos decaigan.

Decir hoy palabras tan serias es absolutamente necesario, porque es en el espíritu del desarrollo de nuestro tiempo donde las personas de hoy deben pronunciarse tales palabras unas a otras si quieren tomarse en serio su época. Y por eso he querido dirigirme a ustedes esta vez, quisiera decir, desde un punto de vista tan generalmente personal-humano, para decirles lo que uno dice hoy a sus semejantes en esta tierra, si el destino del desarrollo de la tierra está profundamente cerca de su corazón. Porque las personas que hoy no se preparan altruistamente para una vida eterna, tampoco llevarán correctamente su vida terrenal entre el nacimiento y la muerte.

Esto es lo que me gustaría dejarles después de haber hecho la última observación durante mi estancia hoy aquí. Esto es lo que quería hacerles comprender, que efectivamente, aquellos que hoy se sienten antropósofos deberían sentir que ellos, como pequeño grupo en el mundo, deberían realmente dedicar toda su energía a sacudir al resto de la humanidad aletargada y hacerla avanzar. Las personas que hoy odian la antroposofía, -podemos decirlo entre nosotros-, la odian precisamente porque se sienten demasiado cómodas para experimentar realmente las grandes tareas de la humanidad, y porque tienen demasiado miedo de lo que deben superar si quieren transformarse para salir de su pereza conceptual y emocional y comprender algo más profundo. De ahí que veamos cómo se levantan muchas turbulencias contra todo lo que tiene lugar en el campo de la Antroposofía y sale de ella. Pero ustedes también tendrán que acostumbrarse al hecho de que es natural que la ciencia espiritual antroposófica sea combatida hoy con la mayor energía por todos los regresivos, por todos los que aman su vieja dejadez. Y quien se deje frenar en el desarrollo de su poder por el hecho de ver algo así, no está lo suficientemente implicado en la tarea antroposófica real.

Cuando uno ve cómo la Antroposofía está siendo combatida hoy en día desde muchos flancos, por un lado puede volverse temeroso y ansioso y decirse a sí mismo: ¿No sería mejor que avanzáramos con menos vigor, para que la resistencia tal vez no fuera tan grande? - O también uno puede decirse otra cosa. También pueden preguntarse si se dan cuenta de que están siendo elogiados por los que se manifiestan hoy en una época de declive: ¿Qué es lo que realmente se ha hecho mal? Y yo plantearía esta pregunta sobre todo desde un punto de vista antroposófico. Si te insultan, esto se justificaría normalmente por las razones aducidas. Pero si los que te insultan de este modo te alaban, sería algo extraordinariamente desafortunado, porque entonces las cosas tendrían que ir mal para el quehacer antroposófico. Precisamente porque quienes hoy vituperan la antroposofía lo hacen, podemos estar tranquilos. Sólo podemos estar tranquilos, sin embargo, en el sentido de que se emplean todas las fuerzas para realizar realmente en el mundo lo que la antroposofía no quiere por arbitrariedad personal, sino por profundización en las tareas del mundo. Con este sentimiento, con este impulso, les digo al concluir esta cooperación aquí mi más sincero y profundo agradecimiento por su cooperación tan activa y enérgica en todo lo que se ha hecho en su espíritu en este tiempo.

Tengan ustedes la seguridad de que hablo en serio cuando digo que la separación espacial no es separación para aquellos que han comprendido la cohesión espiritual de las almas. Tengan la seguridad de que me despido de ustedes, me voy, no para alejarme de ustedes, sino para estar con ustedes. Y eso es algo que creo que siempre podrán tener en sus almas, si lo consideran deseable. Pueden ustedes saber que ya hay muchas personas en el mundo que sienten esta unión en este sentido y que miran con amor sincero a esta parte noroccidental del mundo con su tarea tan especial, que puede sentirse intensamente en el campo de la investigación antroposófica.

Hoy me despido de ustedes con este amor en mi corazón por aquellos que se ven a sí mismos como pertenecientes a nosotros aquí, como pertenecientes a nuestro movimiento antroposófico. Espero que nuestra continua unión sea poderosa y llevada por el espíritu que es necesario y correcto entre los antropósofos. Hasta la vista.

Traducido por J.Luelmo dic.2024

domingo, 28 de enero de 2024

GA096 Berlín, 1 de octubre de 1906 La participación del hombre en los mundos superiores

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IMPULSOS ORIGINALES DE LA CIENCIA ESPIRITUAL

RUDOLF STEINER

EL ESOTERISMO CRISTIANO A LA LUZ DE LOS  NUEVOS CONOCIMIENTOS ESPIRITUALES

La participación del hombre en los mundos superiores

Berlín, 1 de octubre de 1906

Estoy encantado de volver a verles después de tanto tiempo: a los miembros de la rama y a los que se han unido a las reuniones a lo largo del año. Esperemos que el invierno que tenemos por delante haga avanzar de nuevo nuestro trabajo y nuestro movimiento espiritual, y que profundicemos un poco más en la búsqueda de nuestro camino hacia el mundo del espíritu y la vida en él.

Hacía mucho tiempo que no nos veíamos, pero en cierto modo este periodo es como todos aquellos otros en los que no estuvimos juntos en términos externos. Porque los miembros de esta rama están profunda y eminentemente interesados en que este movimiento espiritual se extienda por el mundo, así como en que penetre en sus propios corazones. Toda nuestra búsqueda en la teosofía no sería más que una forma refinada de egoísmo si no estuviéramos también interesados en que otras personas de este mundo oigan hablar del movimiento y se interesen por él, del mismo modo que nosotros mismos amamos formar parte de él.

Este que os habla, ha podido dirigirse a públicos más amplios y a todo tipo de personas diferentes en los últimos tiempos, y es bueno saber que personas de todos los niveles de la sociedad y de todas las clases sienten anhelo por el mundo del espíritu, algo que también se pone de manifiesto en el hecho de que exista el movimiento teosófico.

Quizá podamos hacer un breve repaso de esos públicos más amplios al comenzar nuestros estudios de invierno. La gira que pude emprender para dar a conocer más ampliamente el movimiento teosófico me llevó a Leipzig, Stuttgart, Baden-Baden, Alsacia, Suiza y Baviera. Pude hablar en Leipzig, Stuttgart, Baden-Baden, Colmar, Estrasburgo, Friburgo de Brisgovia, Heidelberg, Basilea, Berna, San Gall, Ratisbona, Nurnberg y Weimar. En algunos lugares impartí cursos magistrales. El curso de Leipzig consistió en catorce conferencias, el de Stuttgart duró más de quince días, durante los cuales la gente interesada en el movimiento teosófico tuvo que reunirse diariamente. Tales cursos son probablemente la manera más efectiva de ayudar al movimiento teosófico a entrar más profundamente en nuestro tiempo. No es tan fácil difundir el movimiento teosófico con suficiente intensidad si uno sólo puede dar una o dos conferencias y despertar el interés inicial Pero cuando a la gente se le da una introducción a la vida en el espíritu durante dos semanas enteras, pueden empezar a darse cuenta de que un nuevo mundo puede abrirse para ellos.

Hay, por supuesto, infinidad de obstáculos que impiden a la gente acercarse a la ciencia del espíritu y vivir con ella Hay que profundizar en el enfoque que hemos dado en llamar teosofía, pues sólo entonces los corazones y las mentes empezarán a hacerse una idea, un sentimiento, de que este mundo superior es algo muy real. Al principio, todo lo que oyen lo consideran no sólo incomprensible, sino también pura fantasía. A la gente no le resulta fácil abandonar la opinión aceptada de que las cosas de las que hablamos en teosofía son meros sueños y fantasías y darse cuenta ahora de que nuestro movimiento espiritual se ocupa de algo que, en el sentido más profundo, es la base misma del mundo real. Muchos piensan que la gente que habla de estas cosas está alejada de las realidades de la vida. Sin embargo, uno llega gradualmente a ver el punto de vista que se puede obtener, y a darse cuenta de que se trata de algo con los pies en la tierra, no de vivir en el país de las nubes, sino que se encuentra en niveles más profundos, que nos dan fuerza, perspicacia y verdad. Nos permite encontrar formas genuinas de lograr las grandes tareas que se le han encomendado a la humanidad en este mundo. Es un prejuicio decir que la teosofía es contraria a la vida, que niega la vida. Se oye decir: 'La teosofía presenta el mundo bajo una luz muy bonita, ofreciendo grandes ideales, pero desvía a la gente de la vida misma, del verdadero disfrute y placer de la vida'. Incluso se ha dicho que los teósofos pueden tener cosas bonitas que contar, pero que no son sanas.

Es probable que este tipo de prejuicios tarde más en desaparecer. Siempre será posible encontrar personas que entiendan las cosas presentadas en la literatura teosófica y en las conferencias. Será más difícil para ellos encontrar la manera de salir del tipo de respuestas internas y sentimientos que son parte de su educación y prejuicios adquiridos. Las respuestas internas y los sentimientos son más difíciles de superar que los pensamientos que necesitan ser desechados. Incluso es posible que oigan a alguien decir: 'Sí, por supuesto, queremos dedicarnos a la teosofía, pero tampoco queremos estropear las cosas a la gente que quiere aprovechar la vida al máximo'. Dirán que debemos recordar que los jóvenes deben disfrutar de la vida. Se trata, por supuesto, de lo que nos produce placer, y la cuestión debe ser más profunda. Porque es posible buscar objetos de placer mejores y más nobles y trabajar con ellos para llevar la vida a un nivel más noble. Podemos dar a la vida un nuevo contenido y no hay necesidad de estropear el placer de la vida de los jóvenes, porque les daremos nuevos tipos de placer y disfrute. A menudo a la gente le cuesta entender que uno pueda encontrar poco interesantes las cosas que otros consideran entretenidas: ir al cine y pasar el tiempo hablando de cosas que no tienen nada que ver con la realidad de la vida. Tal vez llegue un día en que hablemos de las diversiones populares de hoy como de un mundo de ilusiones.

Probablemente no ocurra muy a menudo que alguien envidie a otro la incapacidad de disfrutar de las cosas, pero ocurre. Tenemos un pequeño grupo teosófico en una ciudad en particular. Uno de nuestros teósofos, que se interesa enormemente por la ciencia del espíritu y ha adoptado también un cierto estilo de vida teosófico, vive con otra persona que también se interesa por la ciencia del espíritu, pero que todavía no puede renunciar a su predilección por el cochinillo asado, es decir, que realmente le encanta comer cochinillo asado. Sentado allí comiendo su cochinillo tiene entonces remordimientos de conciencia porque todavía es muy dado a este disfrute. Y piensa que el otro individuo tiene suerte porque ya no le gusta el cochinillo. La cuestión es que el otro individuo ha desarrollado necesidades diferentes. Y puede llegar el día en que las personas que ya no buscan diversiones comunes sean consideradas verdaderos ejemplos, y la gente se fije en ellas para el bien.

Mucho más profundos son los prejuicios que provienen del aprendizaje y la inteligencia y resultan un obstáculo para el progreso de la humanidad. Se puede encontrar un artículo en una revista sobre epidemias nacionales. Un conocido académico que trabaja en el campo de la psiquiatría y se ocupa de cuestiones que se sitúan entre la psicología y la psiquiatría, escribe sobre epidemias masivas. Se refiere a un fenómeno que existió durante 200 años, hasta finales de la Edad Media, con un ascetismo excesivo ampliamente practicado como ritual, con personas que se arrojaban al suelo, se flagelaban y se torturaban, sus fantasías llegaban a extremos y conducían a extraños excesos. Esto puede considerarse una enfermedad. El psiquiatra lo llama histeria de proporciones epidémicas. Continúa diciendo que los histéricos de ese tipo suelen estar abiertos a sugerencias que no pueden evaluarse con el pensamiento. Cuando una persona ve a otra que se ha hecho daño en el brazo, sentirá compasión y hará lo posible por ayudarla. No necesitamos entrar en las cosas que pasan por la mente de la gente normal. Pero hay otras personas que sienten el dolor en su propio brazo, de forma anormal, cuando alguien se hace daño. Esto se debe a la sugestión. Ésta puede alcanzar tales niveles que el individuo está completamente fuera de control, su vida interior carece de todo orden y se entrega a todas las impresiones procedentes del exterior.

Cuando un experto en almas materialistas habla de un fenómeno de este tipo que afecta a poblaciones enteras, se refiere a la sugestión pública procedente de grupos particulares, -en la época medieval, de los monasterios-, y que se generaliza. Se desarrolla una especie de «enfermedad de la época». La gente no se siente inclinada a preguntarse qué debe pensar sobre tal cosa cuando surge. Se dejan llevar totalmente por la sugerencia. Tal experto hablará del asunto con toda seriedad, pero no se da cuenta de una cosa, y es que una persona independiente que sea capaz de penetrar en sí misma será capaz de reconocer y distinguir claramente otro tipo de epidemia entre las masas. Ésta ha alcanzado hoy a muchos grupos sociales, incluso a personas muy cultas. Consiste en que la gente vive bajo la influencia de sugestiones específicas, tanto positivas como negativas. Si se les habla a esas personas de las verdades que se encuentran en la ciencia del espíritu, las verdades actuarán sobre ellas como una sugestión negativa. Tales personas no podrán comprenderlas; las encontrarán intolerables. Muchos prejuicios materialistas que hoy están muy difundidos actúan como sugestiones positivas. ¿Qué se encuentra en las facultades de medicina, teología y derecho? Sugestiones que influyen en determinados grupos sociales y llegan tan lejos que está perfectamente justificado llamarlas una especie de enfermedad, igual que el tipo de epidemia masiva de la que hablaba.

Un conocido biólogo escribió algo bastante extraño en una revista muy leída. Es extraño, quizá no tanto para alguien que sólo lee un poco aquí y un poco allá, pero para alguien que estudia el conjunto es algo que encuentra en el 95% de todo el mundo académico. Descubrirá que en el futuro será posible hablar de una especie de locura académica, de debilidad mental académica, igual que ahora hablamos de histeria. En el ensayo dice: «Si una bola de billar que rueda golpea a otra y la hace moverse, no puedo imaginar que no pase nada de la una a la otra». El científico llama materia movens al espectro peculiar que surge de la primera bola de billar, se introduce en la segunda y la pone en movimiento bajo la influencia de la primera. Se cree enormemente inteligente, pero en realidad sólo está bajo la influencia de la sugestión materialista, que le afecta igual que la histeria colectiva influía en la gente en el siglo XVI. Ahora piensen cómo las sugestiones a las que está sometida una persona pueden vivir a su alrededor. Su número es infinito. Si se presentan en gran número, -y es posible enumerar un gran número de ellas-, pueden reunirse en un cuadro que sería un cuadro de enfermedad del conocimiento académico moderno como el de la demencia precox, de la que tanto oímos hablar.

Ahí se ve la falta de libertad de quienes se rigen por la sugestión. Un poco ha cambiado desde la Edad Media. Sólo un teósofo es capaz de darse cuenta de esto. En la Edad Media se hablaba de posesión cuando algo hablaba de un ser humano que no era él mismo. Hoy en día la gente se ríe de la idea de posesión y habla de enfermedad. Este tipo de posesión, que existía en la época medieval, ha disminuido un poco en la actualidad. Sólo se manifiesta en determinados círculos. Otro tipo de posesión, la posesión real y genuina, está sin embargo muy extendida hoy en día. La posesión medieval era de naturaleza astral, hoy es mental. Los espíritus que se encuentran hoy en los universitarios, los espíritus que los poseen, están en el plano mental, devacánico. En el mundo que se considera el único mundo real, se expresan como pensamientos y, por lo tanto, también se dice que existen como pensamientos. 

<Así como el mundo de los sentimientos humanos, las respuestas internas, las pasiones, los impulsos y los deseos no es meramente algo que surge de la existencia en un cuerpo, sino que es algo independiente, verdadero y real por derecho propio, así también el mundo de los pensamientos es una entidad distinta. Sólo que los pensamientos de los seres humanos no son reales. Estos pensamientos humanos no son más que imágenes en la sombra de los pensamientos reales, del mismo modo que las pasiones y los sentimientos humanos no son más que imágenes en la sombra de algo completamente diferente. Hemos hablado a menudo de la forma en que estas cosas están conectadas. Sabemos que las cosas que podemos observar en los seres humanos a través de los sentidos físicos son, de hecho, el cuerpo físico, que es sólo una parte de todo el ser humano. Sabemos que los músculos y los nervios, los huesos y la sangre son sólo una parte de todo el ser humano. Estas cosas, que llamamos las partes, los elementos, del cuerpo humano, forman parte del mundo físico. Sin embargo, de la misma manera, los sentimientos y pensamientos humanos pertenecen a otro mundo, el mundo astral.

Aquí es donde la lógica moderna da los saltos más extraños. Hoy en día la gente no se da cuenta en absoluto de que su propio pensamiento, su propia lógica, debería decirles realmente lo imposibles que son las conclusiones que están sacando todo el tiempo, y que están incluyendo en sus líneas de pensamiento cosas que son sugerencias obvias. Es terriblemente fácil y sólo hacen falta algunas ideas muy comunes para que un público acepte lo que uno está diciendo si durante cinco minutos uno les presenta una secuencia inevitable de conclusiones. No se dan cuenta de que los escombros de la vieja vida y de las viejas formas de ver las cosas lo cubren todo. Así son las «conclusiones inevitables».

Alguien que haya nacido ciego y pueda estar entre nosotros tendría mucha razón al pensar que nos dejamos llevar por fantasías cuando hablamos de luz y color. Esto nunca ha sido una verdad para él. Objetará que las cosas sólo pueden conocerse por el tacto. No tiene por qué creer lo que le decimos, pero se equivocaría. Lo que importa aquí no es que esté equivocado, sino que no tiene el órgano para percibir la luz y el color. En el momento en que disponga de ese órgano, un nuevo mundo existirá a su alrededor. La verdadera teosofía nunca supondrá otro mundo; simplemente lo abordará de una manera diferente. Los mundos superiores de los teósofos están aquí a nuestro alrededor, como el mundo de los colores está alrededor del ciego. Un ciego de nacimiento cuya condición es operable puede recuperar el uso de su ojo físico. No decimos más que esto en teosofía cuando decimos que es posible desarrollar los ojos internos. Así como ha sido posible lograr el ojo físico, hecho con tanto arte, también es posible crear órganos a partir de las pasiones, instintos y sentimientos que viven en nosotros, órganos de percepción que verdaderamente abrirán nuevos mundos alrededor del ser humano. Así pues, es posible ayudar a los seres humanos a conseguirlo y desarrollarlo, para que sean capaces de asomarse a esos otros mundos del mismo modo que lo hacen al mundo físico. Este es el mundo astral del que hablamos en teosofía. Dentro del mundo exterior es tan real como lo es el mundo de los colores dentro del mundo dado por el sentido del tacto.

Alguien que no sepa nada de estos mundos no debería plantear objeciones al respecto. Debería ser un principio general para todos que sólo podemos hablar de cosas de las que sabemos algo y nunca debemos hacer afirmaciones sobre cosas de las que no sabemos nada. Todas las opiniones sobre la ciencia del espíritu basadas en la idea de que esos mundos deben permanecer desconocidos para nosotros son, por lo tanto, una monstruosidad lógica que no sirve para nada. Nadie debería decir nunca: «Todo mundo que desconozco no existe para mí».

Mucho para caracterizar los prejuicios que nos encontramos. Estas son las sugerencias que se hacen en el mundo académico actual. Y muchas, muchas personas están sujetas a estas sugerencias. Una conferencia basada en la ciencia del espíritu se escucha una vez, después de lo cual la gente continúa escuchando cientos y miles de cosas que se dicen ser altamente significativas, pero siempre involucran elementos que no provienen de la ciencia materialista, sino de la interpretación materialista de la ciencia.

Es difícil combatir estas sugerencias con sentido común, y esto es algo que sólo alguien capaz de ver más profundamente en la vida intelectual de hoy es capaz de saber. La ciencia popular, tan ocupada como está, tiene un efecto extremadamente dañino porque se presenta con un aire de infalibilidad autoritaria que sólo puede mostrarse en su verdadera luz en una fecha futura. La gente de hoy en día no tiene ni idea de hasta qué punto está sujeta a sugerencias presentadas con un aire autoritario. Tómese lo que digo como una mera caracterización y considérese lo extraño que resulta que las naciones luchen por librarse de una autoridad y, al mismo tiempo, sean presa de otras nuevas.

En el pasado, la gente se rendía a la sugestión, con su yo entregado a algo que estaba activo en ellos, pero alguien capaz de mirar en los mundos superiores vería entidades reales. Los pensamientos humanos se relacionan con ciertos espíritus del mundo «devacánico» del mismo modo que las sombras se corresponden con los objetos reales. Las imágenes de pensamiento que poseemos son sombras proyectadas por espíritus en el mundo devacánico o mental. El pensamiento que vive en ustedes no es más que una imagen de esa sombra, por sí misma. Alguien con visión, alguien que haya desarrollado sus órganos sensoriales superiores, lo verá en relación con un espíritu. Si vemos una sombra proyectada en una pared, sólo podremos comprenderla si la relacionamos con el objeto que la proyecta. Lo mismo ocurre con nuestros pensamientos. Sin nada con lo que relacionarlos, nuestros pensamientos son sombras. Se relacionan con espíritus que son tan reales en un mundo superior como esta mano mía lo es aquí. Así como mi mano proyecta una sombra en la pared, así los espíritus superiores proyectan sus sombras en este nuestro mundo. Y estas sombras son tus pensamientos.

El ser humano, tal como lo vemos ante nosotros, es en realidad el escenario de acontecimientos que tienen lugar más allá del mundo físico. Como entidad física, el hombre es en primer lugar completo en sí mismo, y como tal vive en un mundo físico que es completo en sí mismo. Para comprender al ser humano como entidad física tenemos que permanecer en el mundo físico. Para investigar y comprender la sangre como sustancia física, por ejemplo, hay que permanecer en el mundo físico. Para comprender la naturaleza de los sentimientos, las respuestas internas y las pasiones, tendremos que recurrir a frases vacías o relacionar estas cosas con espíritus que están detrás del mundo físico, con un mundo que se relaciona con éste como el mundo del color lo hace con el mundo del tacto. También hay que utilizar un enfoque similar para comprender el mundo del pensamiento.

Vemos, pues, que el hombre participa de los mundos superiores, que el cuerpo astral se extiende en esos mundos, y que el mundo devacánico, por su parte, proyecta una especie de sombra en este mundo. Alguien que no sabe nada de esos mundos superiores está sujeto a ellos como un esclavo, impotente contra los poderes que controlan las cadenas. Así como la persona física sólo puede ser libre si es capaz de desarrollar la voluntad de enfrentarse a otra persona en libertad, la naturaleza astral del hombre sólo puede ser libre si reconoce su conexión con todo el mundo astral. Porque mientras las personas vivan sólo en sus sentimientos internos ordinarios, su naturaleza astral las tiene «bajo sus riendas», por así decirlo. Siempre están poseídos por ella. Se liberan cuando lo reconocen. Del mismo modo que percibimos y conocemos el mundo físico que nos rodea, debemos enfrentarnos a esos espíritus, ojo espiritual a ojo espiritual, y saber con quién estamos tratando. Lo mismo ocurre con el mundo de los pensamientos humanos. Este es el camino hacia la verdadera libertad, ver a través del mundo que nos rodea. Para obtener la medida correcta de comprensión tenemos que considerar lo que hay detrás del aspecto físico. Hay que empezar y estudiar estas cosas; el mundo debe estudiar estas cosas.

Existe cierta justificación para la siguiente objeción, que también plantea mucha gente: ¿De qué nos sirve que alguien nos hable de mundos que nosotros mismos no podemos ver? Verán, es el primer paso para poder ver uno mismo esos mundos. ¿Por qué es el primer paso? Porque para alguien que ha adquirido cierto conocimiento, el mundo físico tiene una apariencia algo diferente de la que tiene para las mentes materialistas. Una comparación puede mostrar el punto de vista diferente que un teósofo debe adquirir en relación con el mundo físico. Podemos tomar nuestro ejemplo de la escritura ordinaria. Alguien que no sabe leer puede mirarla y también alguien que sabe leer. Ambos ven lo mismo; no hay diferencia en lo que realmente ven. La persona que no sabe leer dirá: Veo líneas que bajan y suben, líneas más largas y más cortas. Será capaz de describirlas. La persona que sabe leer, sin embargo, verá que las líneas tienen un significado. No describirá la forma de las letras, sino que les encontrará un significado.

Así es el mundo entero visto desde el punto de vista de la ciencia espiritual. En comparación con esto, tomemos nuestra ciencia convencional moderna. En este caso, el mundo se describe del mismo modo que lo haría alguien que no hubiera aprendido a leer para describir las letras. Para la otra persona, todas las cosas del mundo se convierten en letras; adquieren significado y aprende a leerlas. Cuando alguien que no sabe leer describe las formas de las letras, no puede decirse que esté equivocado. Mucha gente dice que nuestras ideas están divorciadas de la realidad cuando decimos que la palabra o el mundo también tienen un significado específico. No se puede decir nada en contra de esta objeción; es la visión cotidiana de las cosas. Pero hay otra forma de ver las cosas en la que cada flor se convierte en una letra, cada especie vegetal en una palabra y el mundo en un gran libro.

El mundo encierra en sí algo que va más allá de sus aspectos físicos. Sin embargo, los signos de ello no tienen labios, por lo que hay que darles un significado. Para alguien capaz de leer la escritura de las plantas se abre en el Devacán un mundo completamente nuevo. Se puede pensar también en cada animal del mundo como en una letra, y poco a poco se irán descifrando estas letras. Si comprenden lo que se expresa en la vida de los animales, se relacionarán con ellos como alguien capaz de leer y no como alguien que se limita a describir las letras, que es lo que hace la ciencia convencional moderna. Aprendiendo a reconocer la palabra que yace en el animal se es capaz de ver otro mundo completamente diferente detrás del mundo físico: el mundo astral. Al aprender a ver el mundo vegetal como letras, se adquiere la capacidad de ver el mundo mental. No se trata de algo alejado de la realidad. Al contrario, es algo firmemente basado en la realidad que nos enseña a ver el abundante significado de la vida.

No hay duda de que sólo percibimos el verdadero significado de la visión espiritual del mundo si la comparamos con la lectura. ¿Qué sentido tendría que dibujara algo en la pizarra y lo describiera si no tuviera ningún significado? Adquiere sentido en la medida en que percibimos su significado. Así ocurre con el mundo. Poco a poco comprendemos por qué existe el mundo, cuál puede ser su significado para los seres humanos y qué son los propios seres humanos dentro del mundo.

Al decirles todo esto, no pretendía presentarles algo nuevo. Aquellos de ustedes que han oído hablar de la teosofía en varias ocasiones lo sabrán todo. Se lo he contado para darles un medio de refutar la afirmación de que la teosofía no es científica, para armarlos contra objeciones reputadas como lógicas. Sólo alguien que utiliza una lógica miope tiene objeciones que plantear contra la ciencia del espíritu. Una lógica que explore todos los recovecos mostrará que no se puede plantear ninguna objeción que no sea absolutamente sensata. Hay que comprender, por lo tanto, que las personas que se basan en un punto de vista científico en sus ataques contra la teosofía no lo hacen por razones lógicas, sino sobre la base de la sugestión. Cuando se está libre de tal sugestión y se sabe que los pensamientos no son más que las sombras proyectadas por los espíritus devacánicos, y si entonces se oye decir a un profesor que está bajo la influencia del mundo mental que una bola de billar es movida por materia movens, que se transfiere a una segunda bola de billar, se puede ver entre bastidores y ver que está influenciado por otros espíritus.

La tierra está conmocionada, en cierto modo. Nos plantea grandes tareas. Los cuestionamientos surgen de los serios desafíos de nuestro tiempo. No será posible resolver la cuestión social, que ya ha causado tanto derramamiento de sangre, con las sugestines que la gente padece actualmente. Los partidos políticos que pretenden resolver la cuestión social también están bajo la influencia de tales sugestiones. Alguien capaz de ver detrás de los aspectos físicos ve que detrás de muchos seguidores de un partido está el demonio. <Nunca puede ser de otra manera de lo que fue en el caso de Robert Owen, una persona noble y bondadosa con buen conocimiento de las condiciones sociales en Inglaterra. Quería crear un ejemplo de economía en la que pidiera a los trabajadores buenos y malos que se unieran a él para establecer una comunidad social. Se basaba en el comprensible prejuicio de que las personas son esencialmente buenas y sólo había que ponerlas en una situación en la que tuvieran la oportunidad de ganarse la vida como es debido. En tal situación, creía, podrían tener el tipo de vida que deseaban. Pero este filántropo finalmente tuvo que admitir que no era posible empezar con medidas prácticas en sus esfuerzos por el progreso social, sino que primero había que enseñar a la gente, dirigiéndose a su comprensión.

Alguien capaz de ver en el mundo del espíritu percibe lo que hay detrás del plano físico. Verá cómo conviven las personas, algunas en la mayor miseria, pobres y oprimidas por el trabajo y la necesidad, y otras en la superabundancia, disfrutando de todo tipo de cosas. Si no se va más allá del plano físico, será fácil imaginar cómo se puede cambiar la situación. Esto es lo que hace la mayoría de la gente cuando siente que está llamada a ser reformadora hoy en día. No se encuentran en la misma situación que alguien que nació ciego y, tras una operación exitosa, de repente ve que el mundo que le rodea está lleno de color. Porque entonces verían todo tipo de espíritus diferentes detrás de todo lo físico. Si intentan llevar a cabo sus bienintencionados planes de reforma pero no prestan atención a los espíritus que hay detrás de todo, la situación será mucho peor cincuenta años después de lo que ha sido nunca.  Todos los ideales sociales de hoy irían grotescamente en contra del mundo astral, a menos que este mundo astral de pasiones, deseos y anhelos humanos cambiara también. La miseria general, un terrible fermento en el mundo, una espantosa lucha por la existencia ocuparían entonces el lugar de la lucha actual, que ya es bastante terrible.

Basta con mirar un poco en el mundo de los espíritus para darse cuenta de la situación. Los seres humanos no son sólo cuerpos a los que hay que proporcionar alimento; los seres humanos son también espíritus, y están en contacto con otros espíritus. La tarea de aquellos que son capaces de ver el mundo oculto es hacerles tomar conciencia de ser compañeros, miembros, de mundos superiores. Imaginemos un ser humano, y unos cuantos escarabajos que se arrastran sobre este ser humano. Los escarabajos no pueden tener idea de que este ser humano, esta entidad espiritual, es algo diferente de ellos mismos. Describirán la forma, por ejemplo, de la nariz. Así es como los seres humanos describen los cielos, Marte, el Sol, Mercurio y las demás estrellas. Un astrónomo moderno es igual que un escarabajo que no tiene ni idea de que la nariz pertenece a un alma cuando describe Mercurio, Marte, el Sol. Los describe tal como los ve, como un escarabajo que se arrastra por el cosmos. Sólo sabremos describir la realidad de las cosas cuando nos demos cuenta de que las estrellas tienen alma, de que el espíritu está presente en todas partes, de que todo el universo está dotado de alma. Ese y no otro es el objetivo de la ciencia del espíritu. Es tan lógico como eso. Los prejuicios, al ser pura sugestión, dificultan la toma de conciencia de lo que realmente es esta visión espiritual del mundo.

El objetivo de esta conferencia introductoria ha sido mostrar la resistencia que encuentran las personas que piensan en términos de la ciencia del espíritu y que a los ojos del mundo representan esta ciencia. Cada uno de ustedes puede encontrarse en una posición en la que tenga que mostrar firmeza frente a puntos de vista que se le presentan desde el exterior. Es parte del trabajo en nuestros grupos ayudar a los miembros a mantenerse firmes. Deben estar suficientemente seguros interiormente de que, a pesar de todo lo que se les presente en el mundo, tienen una certeza interior viva del mundo del espíritu y están así armados contra cualquier objeción que pueda plantearse. Lo que importa no es la cantidad de conocimientos teosóficos que tengamos, sino nuestra conciencia interior, nuestra vida interior y nuestra certeza interior. Muchas personas que representan otros enfoques quieren entrar en discusión con nosotros, queriendo ofrecer sabiduría que la teosofía ya tiene. Siguen diciendo cosas que un teósofo hace tiempo que ha dejado atrás. Él describirá, puntualizará pero no criticará. No hará propaganda en el sentido habitual, pues esa no puede ser nuestra tarea. La gente debe venir por su propia voluntad si quiere unirse a nuestras filas. Hacer propaganda y agitar no es tarea de los teósofos. Por lo tanto, tampoco les corresponde refutar a los demás. Se trata de caracterizar el punto de vista de la propia ciencia espiritual. Los demás tienen que entrar en el espíritu de la misma. La agitación´, -si se puede decir que una conferencia pública es tal-, consiste en decirle a la gente: la teosofía tiene esto y aquello que ofrecer. Cualquiera que esté destinado a venir a ella, vendrá. Un teósofo no tiene que ofrecer puntos de vista y opiniones. Habla de realidades en un mundo superior, y las realidades, los hechos, son indiscutibles. Un teósofo que presenta el punto de vista científico espiritual dejará de presentar sus propias opiniones. Como teósofos hablamos de sabiduría antigua que siempre ha sido conocida por la gente sabia. Nunca habrá dos personas que tengan opiniones diferentes una vez que hayan entrado en el reino superior. A lo sumo puede darse el caso de que una de ellas no haya penetrado lo suficiente. Este es el tipo de actitud que un teósofo puede desarrollar. No debe imponerse a los demás, pero a la hora de presentar la teosofía al mundo debe estar seguro en su corazón y seguro de sí mismo. El que sabe también podrá encontrar palabras para el conocimiento que tiene en su interior.

Esta es, pues, la forma en que el enfoque teosófico, y otros enfoques que se oponen a él, deben ser caracterizados y no criticados. Si desarrollamos esta actitud cada vez más, tendremos los mejores medios posibles para ser teósofos activos en el mundo. Comprenderemos cada vez más el mundo que nos rodea y lo investigaremos en el espíritu. Esa es la manera teosófica de hacer las cosas.

En conclusión un ejemplo más, uno de esos que escandalizarán a la gente cuando se haga referencia a él en público. Estas cosas son sencillamente ciertas y se pueden descubrir con los medios de nuestra investigación espiritual. Quisiera describirles un fenómeno de nuestro tiempo, y verán que si realmente penetramos en las cosas que nos ofrece la ciencia del espíritu, llegaremos a comprender el mundo que nos rodea. Por favor, no se tomen a mal mis palabras, pues habrá que acostumbrarse al hecho de que hay cosas de las que aún no tenemos la menor idea. ¿Quién hubiera pensado hace cincuenta años que existe una sustancia a la que le basta un minúsculo gránulo para dañar nuestra salud? Hace cincuenta años nadie sabía nada al respecto. Hay cosas que tienen efecto antes de que la gente las conozca y las entienda. Esta sustancia se llama radio. En este caso, la gente aún no tenía los instrumentos físicos para comprenderlo. Cuando se trata de cosas del espíritu, la gente carece de los instrumentos espirituales.

Hay miembros del movimiento socialista que son extraordinariamente radicales y a los que realmente les gustaría golpear y destruirlo todo. Otros son hasta cierto punto conservadores. Entre ellos hay todo tipo de tendencias diferentes. Un grupo dentro del movimiento socialista es un grupo cerrado con una visión notablemente homogénea, afín y con la misma forma de hacer las cosas. Han sido las personas menos radicales. Básicamente se trata del gremio, el grupo ocupacional, que dio origen al movimiento sindical socialista: los impresores. Fueron los primeros en desarrollar un conjunto de normas más formales dentro del movimiento social. Se acordaron tarifas salariales para la relación entre trabajadores y empresarios. Incluso se ha llegado al extremo de producir un periódico para el gremio de los impresores, cuyo director no es socialista en absoluto, ya que fue expulsado del partido socialista. Esto demuestra lo moderado que es el grupo.

Ahora es posible preguntar si podemos investigar las causas espirituales de estas cosas igual que podemos investigar físicamente los efectos del radio. Sí, podemos. No se sorprendan demasiado de la respuesta dada en la ciencia del espíritu a la pregunta de por qué existe tal grupo dentro del movimiento socialista. Se debe a la acción del plomo sobre el alma humana. Todas las cosas del mundo que nos rodea, sean pequeñas o grandes, son los cuerpos físicos de principios espirituales. Oro, plata, cobre, todo lo que vive a nuestro alrededor es la parte corporal de un principio espiritual. El plomo, también, es el cuerpo visible de un espíritu particular. Y cualquiera que trabaje con plomo está tratando con el metal no sólo en su sentido químico, sino también en su naturaleza espiritual. El plomo no sólo afecta a los pulmones; también tiene un efecto bastante específico sobre el resto del ser humano. Así que ahí tienen ustedes el origen de los puntos de vista inusuales mantenidos en este grupo profesional.

Ahora algo más: algo que me ocurrió hace sólo unos días. Vino a verme alguien a quien conozco bien y que no puede explicarse por qué es capaz de encontrar analogías y ver conexiones en su trabajo científico con una facilidad poco habitual incluso entre los académicos. Tal capacidad se debe a un cuerpo mental de gran movilidad. Se me ocurrió averiguar cómo se produce este fenómeno. Al cabo de un tiempo pude decirle al hombre que probablemente tenía mucho que ver con el cobre. Esto resultó ser cierto, ya que toca la trompa. La pequeña cantidad de cobre que contenía le producía tal efecto.

Piénsenlo. Sin saberlo, la gente está sujeta a todo tipo de influencias. Antes hablé de la sugestión. Ahora vemos la influencia de todo el mundo del espíritu que está alrededor del ser humano. ¿Y qué es la teosofía? Es una forma de penetrar en el mundo del espíritu y en sus leyes. ¿Y qué significa esto? Significa libertad, porque sólo la comprensión da libertad. Cuando conocemos algo, podemos relacionarnos con ello de la manera correcta. Adquirir la comprensión del espíritu es, por tanto, el mayor proceso de liberación que podemos experimentar. El verdadero desarrollo y el progreso residen en las cosas que la ciencia del espíritu puede enseñarnos. Las personas sólo acudirán a la búsqueda de la verdad en el espíritu cuando quieran ser libres. Sin embargo, hoy no adquirirán el conocimiento del espíritu, y podemos ver que es imposible que lo hagan, si quieren ser libres no sólo de los prejuicios sociales, sino también de todo lo demás, incluidas las cosas que aún no tienen el poder de la mente para comprender. Las personas que todavía dependen de la moda y demás, no estarán muy inclinadas a considerar la influencia de los metales que existen a su alrededor. Pero hay que empezar, un pequeño comienzo para algo que es grande, muy grande. Lo que quería hacer hoy era echar un pequeño vistazo a algo en lo que la ciencia del espíritu puede esperar ser un comienzo.

Traducido por J.Luelmo jun,2024

lunes, 7 de agosto de 2023

GA266b-54 Helsinki, 14 de abril 1912 - pensamiento, sentimiento y voluntad

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Rudolf Steiner 

LECCIONES ESOTÉRICAS

LECCIÓN 54 

Helsinki, 14 de abril 1912 - 

Quien comienza sus ejercicios esotéricos no debe esperar que las visiones aparezcan inmediatamente ante él. Puede, sin embargo, suceder, pero no es lo habitual, ni siquiera lo deseado. Lo normal es que el mundo de los sentimientos y pensamientos del alumno de lo oculto se armonice primero con el mundo espiritual, y que sólo cuando esto haya sucedido y el esoterista se sienta en armonía con el mar del mundo espiritual, vea surgir de este mar formaciones luminosas que se configuran en determinadas formas. 

Pero también puede ocurrir que el esoterista comience inmediatamente a experimentar visiones. Éstas son entonces una consecuencia de su vida anterior, en la que, o bien era también esoterista, o bien estaba bajo la influencia de una religión que, -como era el caso de todas las religiones antiguas-, trabajaba con el ceremonial y el culto. Las visiones son entonces algo atávico y constituyen un gran peligro, pues aparecen violentamente, abrumando al esoterista; pues han surgido, por así decirlo, sin su intervención. Por lo tanto, es mejor que no aparezcan. El esoterista debe más bien prestar atención a los cambios que se producen en su vida anímica. La última vez hablamos de uno de estos cambios, a saber, que los pensamientos se vuelven tanto más poderosos a través de los ejercicios y pueden tener tanto más efecto sobre otras personas que, si no son del todo correctos y puros, son por lo tanto apartados de nosotros por el guardián del Umbral y somos conducidos a la inconsciencia, para que no dañemos a otros o a nosotros mismos a través de ellos. Ahora los efectos de los ejercicios se describirán de una manera ligeramente diferente.  

Lo primero es que los pensamientos se vuelven más sueltos, es decir, mientras que en otros tiempos una determinada percepción iba siempre seguida inmediatamente de un determinado pensamiento, y este pensamiento seguía a otros pensamientos como si fuera por sí mismo, esto ya no sucede así. El esoterista ya no se siente tan seguro y tan inmediato en su juicio y en sus conexiones de pensamientos. Lo que antes daba seguridad a los pensamientos y juicios era lo que provenía de la educación, de las condiciones sociales, del medio ambiente, es decir, de los ángeles, arcángeles y espíritus de la personalidad que actúan en todas las condiciones culturales. El hombre se desprende gradualmente de ellos; su ángel, su guía, ya no le da sus pensamientos y juicios tanto directamente  como inconscientemente. Pero si este aflojamiento de los pensamientos fuera demasiado lejos para el hombre, podría volverse peligroso para él. Por eso el guardián del umbral interviene entonces e impide que esto progrese. El medio de prevención contra esto es la adquisición de un amor absoluto a la verdad, que no permite ni siquiera que surja en el pensamiento aquello de lo que existe la posibilidad de que sea falso.  

La segunda se refiere a nuestros sentimientos e impulsos volitivos. El esoterista también los ve cambiar; siente que tiene menos control sobre ellos que antes.  Mientras que antes era quizá más cauto, ahora siente cómo un sentimiento, un impulso de la voluntad, reacciona directamente ante algo que le concierne. Esto tampoco debe ir demasiado lejos; si eso ocurriera, de nuevo el guardián del umbral no nos dejaría pasar al mundo espiritual por nuestro propio bien.

Lo tercero es que los sentimientos erróneos que el esoterista puede desarrollar no sólo se apoderen de su alma, sino que se abran camino hasta el cuerpo físico. Si las perversidades continúan trabajando inconscientemente en el fondo del alma, se vuelven aún más dañinas que si se expresan en una enfermedad perceptible que puede ser curada por medios físicos. Por lo tanto, en tal caso, el Guardián del Umbral nos envía alguna pequeña enfermedad que debemos considerar como una señal, una advertencia de aquello que está trabajando en nuestra alma. En un desarrollo esotérico bien guiado, esto no debe convertirse en enfermedades graves, pues de lo contrario el esoterista sería atacado con demasiada severidad. En la antigüedad, cuando las almas eran aún más robustas, y sólo se aceptaban como estudiantes secretos a personas con mucha fuerza interior y valor para vivir, estos peligros eran también mayores y a menudo llegaban a extremos, es decir, la relajación de los pensamientos llegaba hasta la locura, el no controlar los sentimientos y los impulsos de la voluntad llegaba hasta la locura, la destrucción, y las enfermedades conducían a la muerte. Esto es lo que expresa la historia de los antiguos misterios hebreos, que se da como advertencia a todo esoterista: De los cuatro rabinos que intentaron entrar en el "jardín de la madurez". El primero se volvió loco, el segundo lo destruyó todo con su locura, el tercero murió, sólo al cuarto se le permitió el paso y entró en el mundo espiritual.