Mostrando entradas con la etiqueta Shamballa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Shamballa. Mostrar todas las entradas

domingo, 27 de julio de 2025

GA118 München, 13 de marzo de 1910 - Los cometas y su significado para la existencia terrenal.

         Índice

EL EVENTO DE LA APARICIÓN DE CRISTO EN EL MUNDO ETÉRICO

RUDOLF STEINER

Los cometas y su significado para la existencia terrenal.

München,  13 de marzo de 1910

Conferencia 8

Debería ser nuestra tarea hablar aquí de algunas cosas que sean adecuadas para llevar a una comprensión de nuestra propia época. Sabemos que la evolución aquí en la tierra tiene lugar de tal manera que el hombre puede pasar por nuevas experiencias y reunir nuevas experiencias en cada una de sus encarnaciones en la tierra. Es por eso que los eventos de nuestra evolución terrenal están dispuestos de tal manera que el hombre no encuentra las mismas condiciones dos veces en dos encarnaciones sucesivas; es decir, la Tierra cambia en la época entre las dos encarnaciones. Pero el conocimiento externo no examina esto con la suficiente profundidad como para ver cómo todo cambia a fondo durante largos períodos de tiempo. Pero de esto también podemos concluir que solo podemos comprendernos a nosotros mismos a fondo si sabemos cuál es la edad de la evolución de la tierra en la que vivimos, y si podemos formarnos una idea de su futuro inmediato. Tendremos que tener en cuenta que el hombre, tal como se enfrenta a nosotros en la vida, después de haberse desarrollado durante períodos de tiempo infinitamente largos, es un ser muy complicado.

El ser humano, como ser despierto, es en el fondo un ser diferente al ser humano en estado dormido. Sabemos que mientras duerme, los cuatro miembros de su ser se dividen en dos grupos, de modo que el cuerpo físico y el etérico permanecen en el lecho, mientras que el cuerpo astral y el yo se desplazan al mundo espiritual para vivir en él según las leyes de ese mundo. Ya hemos aprendido anteriormente que el cuerpo físico y el etérico no podrían existir en su forma actual si fueran abandonados por completo por el cuerpo astral y el yo, sin que estos pudieran ser sustituidos por otra cosa. Sin esta posibilidad, el ser humano dormido solo tendría el valor de una planta. Aunque este es viable como organismo autónomo, no lo es el ser humano dormido, ya que este ha dispuesto su cuerpo físico y etérico de tal manera que deben estar impregnados por su cuerpo astral y su yo. Así, mientras el yo humano y el cuerpo astral abandonan al ser humano, durante ese tiempo otro ser de igual valor, un cuerpo astral divino-espiritual y un yo correspondiente, lo impregnan por la noche en su cuerpo físico y etérico. Lo que queda del ser humano cuando duerme lo dejamos en manos de las fuerzas espirituales externas del mundo. Lo que está en el mundo físico se integra así en las grandes fuerzas espirituales del macrocosmos, y todas las entidades espirituales que pertenecen a él actúan sin verse afectadas por el yo humano y el cuerpo astral.

Hoy queremos conocer algunas de estas fuerzas del gran mundo que actúan sobre el ser humano. Estas relaciones son muy complejas en su interacción entre las fuerzas espirituales del mundo y el ser humano. Este es, en realidad, un pequeño mundo, y mientras dormimos, algo del gran mundo fluye hacia este pequeño mundo como un reflejo. Solo podemos comprender todo esto si nos adentramos en los profundos misterios del mundo.

En la humanidad actual, la ciencia descubre tal o cual verdad, y entonces se cree poseerla con certeza como tal. Sin embargo, el antroposofo debe desarrollar además un sentido especial para valorar el peso de tal o cual verdad, si es esencial o insignificante, si es una verdad barata y obvia o si nos adentra profundamente en los misterios del mundo. Esta comprensión deficiente se nota cuando se presentan verdades indudables que deben ser decisivas para conclusiones importantes, por ejemplo, en el número de huesos y músculos del ser humano en comparación con los animales superiores. Si esta verdad es importante o irrelevante para la posición del ser humano con respecto a los animales, no se desprende fácilmente del hecho. Otra verdad importante, con la que en realidad deberíamos encontrarnos cada día, es que el ser humano, en comparación con todos los seres terrestres y a diferencia de ellos, puede mirar libremente al espacio cósmico en sentido físico, para elevarse con sus pensamientos y sus ideas a lo que no pertenece a la Tierra. Los animales no pueden elevarse por encima de la Tierra, no pueden liberarse de ella. Y por mucho que se destaque la similitud de los monos con el ser humano en su desarrollo, se nota inmediatamente que el mono no ha logrado enderezarse al caminar y al estar de pie. Por eso debemos considerar esta elevación del ser humano por encima de la Tierra como una verdad muy importante en sentido espiritual. Todo lo que encontramos en el ser humano es una imitación microcósmica del gran mundo. El libre levantamiento del ser humano se expresa en la relación entre la cabeza y el resto de las extremidades, como una relación en un microcosmos. Pero lo mismo se encuentra también fuera, en el gran mundo, concretamente en la relación entre el sol y la tierra. Al dejar que esto actúe sobre nosotros, tenemos la sensación de que el animal está determinado únicamente por la tierra en su organización, pero que el sol ha determinado al ser humano en su libre visión, en su sentir y en su pensar. A primera vista, esta contradicción no se entiende, por lo que vamos a abordarla poco a poco.

Sentimos la pertenencia del ser humano al universo cuando sabemos que es el sol el que envía determinadas fuerzas a la Tierra para que el ser humano pudiera desarrollarse hasta alcanzar la organización que tiene ahora. Las fuerzas del sol lo atraen con la cabeza hacia arriba, mientras que la Tierra lo atrae con los miembros hacia abajo. Los miembros reciben las órdenes de la cabeza, al igual que la Tierra recibe su dirección del sol.

Hoy queremos destacar otra oposición. En lo dicho hasta ahora, todos los seres humanos son iguales. No hay diferencia entre mujer y hombre. Pero en el organismo humano existe la oposición entre hombre y mujer. Según las analogías indicadas, nos preguntamos: ¿existe también en el gran universo una contradicción como la que existe entre hombre y mujer, al igual que antes entre la cabeza y las extremidades? - Aquí hay que señalar especialmente que la ciencia espiritual no tiene nada que ver con las representaciones que quieren extender la contradicción entre lo masculino y lo femenino a todo el Universo. Son consecuencias de un materialismo esquemático de nuestra época. No es eso lo que queremos decir con nuestras explicaciones de hoy; es solo una falta de educación de nuestra ciencia actual. Lo que queremos decir es que la oposición entre hombre y mujer es solo la expresión más baja de una oposición en el macrocosmos. En la existencia terrenal, debemos señalar claramente que, al hablar de la oposición entre hombre y mujer, solo podemos referirnos a las dos envolturas externas, el cuerpo físico y el cuerpo etérico. Porque el cuerpo astral y el yo no tienen nada que ver con esta oposición, ni tampoco con las siguientes discusiones.

En primer lugar, hay que señalar el hecho, revelado por la sabiduría espiritual, de que, en el fondo, solo la cabeza y las extremidades pueden dar una impresión verdadera del ser humano. Por lo tanto, si en todo lo físico interviene lo espiritual, debemos prestar atención a hasta qué punto lo físico puede ser una expresión de lo espiritual, si da una imagen verdadera o falsa. Solo la cabeza y las extremidades ofrecen una imagen verdadera. Todo lo demás no se corresponde con lo espiritual, ni siquiera lo masculino y lo femenino en el ser humano. El investigador espiritual solo reconoce la cabeza y las extremidades como verdadera imagen de lo espiritual, todo lo demás está distorsionado. Esto se debe a que la separación entre hombre y mujer se remonta a la época lemúrica, en la que una sola figura reunía en sí misma todo lo que ahora vemos separado ante nosotros. Esta separación se produjo para que el desarrollo pudiera ir acompañado de una materialización cada vez mayor. Así, el ser humano ha ido materializando cada vez más su forma a partir de una forma espiritual primigenia. Porque en la forma del sexo neutro era todavía una figura más cercana al espíritu. En la evolución posterior hacia lo femenino, este conservó, por así decirlo, una forma anterior en la que el ser humano era aún más espiritual. La forma femenina conservó esta forma más espiritual y no descendió tan profundamente en lo material como habría correspondido al desarrollo normal. Así, la mujer ha conservado una forma más espiritual de una etapa anterior de desarrollo. De este modo, ha conservado algo que en realidad no es verdadero. También debería ser la imagen de lo espiritual, pero está materialmente distorsionada. En el hombre ocurre justo lo contrario. Este ha saltado el punto normal de desarrollo, lo ha superado y presenta una forma exterior más material que la forma sombría que hay detrás de él, que corresponde al promedio normal.

Ahora bien, también existe una oposición en el macrocosmos que corresponde a la oposición entre lo masculino y lo femenino, concretamente en lo que vemos en lo cometario y lo lunar, que se manifiesta como la oposición entre los cometas y la Luna. La Luna es un fragmento de la Tierra que se separó de ella más tarde, cuando se desprendió el Sol. Se separó lo que la Tierra no podía necesitar, porque de lo contrario la forma humana se habría endurecido y petrificado en su desarrollo. La Luna habría completado el desarrollo humano demasiado rápido. Ahora, completamente seca y helada, representa lo que más tarde volverá a ser capaz de vivir como Júpiter, pero que ahora está condenado a muerte.

El cometa representa algo que sobresale de la antigua existencia lunar en nuestra existencia terrenal, algo que se ha visto frenado en su desarrollo y, por lo tanto, no ha llegado a desarrollarse hasta la Tierra, algo que se ha quedado en un nivel superior y más espiritual. La Luna, por el contrario, ha surgido de nuestra Tierra y la ha superado. La Tierra misma se encuentra entre ambas. Por lo tanto, el cometa y la Luna, al igual que la figura femenina y la masculina, deben considerarse como rezagados y superados en su desarrollo normal. El cometa se comporta, en cierto modo, como la naturaleza femenina en la existencia humana. Podemos comprender mejor, mediante una comparación, lo que significa el cometa para la evolución de la Tierra. Si lo entendemos como posterior a la evolución lunar y anterior a la existencia de Júpiter, debemos ser conscientes de que las leyes naturales de la antigua Luna eran diferentes a las de la Tierra, y en parte lo vemos en los cometas. Por cierto, cabe mencionar que precisamente la existencia de los cometas es un ejemplo de cómo la ciencia confirma posteriormente lo que ya dije en mi conferencia en el Congreso Teosófico de París en junio de 1906: que los cometas conservan las antiguas leyes naturales de la antigua Luna. Entre otras cosas, ciertos compuestos de carbono, compuestos de cianuro y ácido cianhídrico desempeñaban un papel importante en la antigua Luna. Por lo tanto, en los cometas debería ser posible detectar estos compuestos de cianuro y ácido cianhídrico. Y, de hecho, el análisis espectral ha demostrado que en los cometas hay compuestos de ácido cianhídrico. Así pues, los datos de la ciencia espiritual coinciden con los hechos descubiertos por la ciencia material.

¿Qué significa ahora la existencia cometaria para la Tierra? ¿Qué misión está relacionada con ella? La respuesta a estas preguntas debe ser al menos comparativa, y debe señalarse que en la oposición entre hombre y mujer en la Tierra se desarrollan dos tipos de vida. En primer lugar, está el transcurso de los acontecimientos cotidianos en la familia, desde la mañana hasta la noche, con una regularidad similar a la del verano y el invierno, al sol y la tormenta, al tiempo y el granizo. Esto puede continuar así durante un tiempo. Pero entonces llega algo que se interpone y se percibe como un cambio radical, y es cuando nace un hijo. Esto interrumpe el curso habitual de las cosas y permanece como algo nuevo en la convivencia entre el hombre y la mujer. Podemos compararlo con la tarea que tiene el cometa en la vida terrenal. Él trae a nuestra vida terrenal lo que proviene del elemento femenino del cosmos. Cuando aparece el cometa, se produce un impulso en la evolución de la humanidad. No tanto en el progreso en sí mismo, sino en todo lo que se inculca a la humanidad. Podemos observar esto en el cometa Halley, en lo que hay detrás de él como fuerzas espirituales. Su aparición siempre ha estado relacionada con algo nuevo para el desarrollo terrenal. Actualmente está a punto de reaparecer. Con ello se iniciará y nacerá una nueva etapa en sentido materialista. Esto se puede observar en las tres últimas apariciones, en los años 1682, 1759 y 1835. En 1759, de ella emanaron las fuerzas y los poderes espirituales que trajeron el espíritu de la Ilustración materialista. Lo que se había desarrollado en este sentido, impulsado por los espíritus y las fuerzas que hay detrás del cometa Halley, fue, por ejemplo, lo que tanto molestó a Goethe del «Système de la nature» del barón de Holbach y de los enciclopedistas franceses. Cuando en 1835 volvió a aparecer el cometa Halley, el materialismo se reflejó de manera bastante notable en las opiniones de Büch y Moleschotl, que luego fueron aceptadas en los círculos más amplios del materialismo de la segunda mitad del siglo XIX. En el año 1910, asistimos a una nueva aparición del viejo cometa, lo que supone un año de crisis en relación con la visión que acabamos de comentar. Todas las fuerzas están trabajando para dar a luz un sentido aún más superficial y peor del alma humana, un pantano materialista de la visión del mundo. La humanidad se enfrenta a una prueba enorme, una prueba en la que se tratará de que la humanidad demuestre que, ante la amenaza de la caída más profunda, el impulso para ascender es también el más fuerte en todos los aspectos. De lo contrario, no sería posible que el ser humano superara las resistencias que le imponen las concepciones materialistas. Si el ser humano no estuviera expuesto al materialismo, tampoco podría superarlo por sus propios medios. Y ahora llega la oportunidad de elegir entre la orientación espiritual y la materialista. Desde el cosmos se nos envían las condiciones para este año de crisis.

La ciencia espiritual es algo que se lee en los grandes signos del cielo y que traen al mundo aquellos que saben interpretar estos grandes signos, estos poderosos caracteres. Para que la humanidad sea advertida de no tomar el camino materialista, que se manifiesta exteriormente en la aparición del cometa Halley, la ciencia espiritual debe proporcionar un impulso contrario. Así, también se nos envían las fuerzas para el camino ascendente a través de otros signos del cosmos.

En el momento del acontecimiento del Gólgota, el punto vernal del sol se encontraba desde hacía algún tiempo en el signo de Aries. Este punto recorre las doce constelaciones del zodíaco en un período de 25. 920 años. El avance se ha producido de tal manera que ahora hemos entrado con el punto vernal en la constelación de Piscis. A mediados del siglo XX habremos llegado a un punto determinado de esta constelación. La constelación de Aries significa ahora el final del Kali Yuga, la era oscura que, según la filosofía oriental, comenzó en el año 3101 antes de Cristo. En aquel entonces, el punto vernal del sol atravesó la constelación de Tauro. Se creó una representación de este acontecimiento en el toro de Mitra persa y en el toro Apis egipcio. Encontramos representaciones del paso por la constelación de Aries en la leyenda de los argonautas con el vellocino de oro, y luego en Cristo en su designación como cordero, tal y como lo representaban habitualmente los primeros cristianos al pie de la cruz.

La era del Kali Yuga terminó en el año 1899. Así pues, duró desde el año 3101 a. C. hasta 1899 d. C., a lo largo de 5000 años, como una era en la que los seres humanos dependían únicamente de sus sentidos físicos para observar lo que sucedía en el plano físico, sin poder recurrir a la capacidad de la clarividencia. Ahora comienzan a prepararse las capacidades que serán capaces de elevar de nuevo la naturaleza humana hacia el desarrollo espiritual. Solo en el Kali Yuga pudo y debió desarrollarse el yo hasta alcanzar la conciencia que ahora le es propia, de la única manera posible en ese momento. A partir de ahora, a esta conciencia del yo se le puede unir una conciencia clarividente, que se desarrollará en los próximos 2500 años, con lo que se añadirá una comprensión espiritual del mundo a la comprensión física y sensorial. Para que esto sea posible, se nos enviarán las fuerzas a mediados del siglo XX, de modo que entonces los seres humanos comenzarán a ver el cuerpo etérico y astral, y de tal manera que en algunos adelantados esto ya se manifestará como una capacidad natural. Cuando el ser humano quiera llevar a cabo un plan preconcebido, una intención de cualquier tipo, se le aparecerá una especie de imagen onírica que no es más que un anticipo del cumplimiento kármico del acto realizado. Mientras tanto, la humanidad puede sumirse en el pantano de las concepciones materialistas del mundo y de la vida. Sin embargo, es fácil que no se presten atención a las débiles capacidades de clarividencia que se manifiestan en esta época y que se considere a las personas que ya las poseen como tontas y fantasiosas. Porque quien nunca ha oído hablar de la ciencia espiritual no reconocerá estas delicadas capacidades. Pero, a pesar de ello, estas señales son ciertas. Sin embargo, si prevalece la cosmovisión espiritual, se cultivarán cuidadosamente en la humanidad las capacidades insinuadas, de modo que las personas dotadas de ellas estarán en condiciones de traer verdades espirituales del mundo espiritual.

En tales circunstancias, podemos decir: nos encontramos ante un importante punto de inflexión en la evolución mundial, para el que debemos prepararnos, a fin de no pisotear con pies descalzos lo que nuestra Tierra quiere cubrir con una nueva capacidad. Lo que entonces se podrá ver como mundo espiritual, con órganos espirituales, como atmósfera espiritual, es lo que hoy solo los iniciados pueden reconocer. Sin embargo, pasará aún bastante tiempo hasta que las primeras capacidades delicadas se hayan desarrollado hasta este grado o incluso hasta el nivel que la humanidad antigua conocía en su clarividencia, aunque entonces solo fuera onírica, y en sus estados de éxtasis. Pero esta capacidad en constante desarrollo se extenderá alrededor de nuestra Tierra como una envoltura espiritual. Los escritos orientales, especialmente los tibetanos, hablan mucho de una tierra que ha desaparecido y la llaman con nostalgia Shamballa, una tierra que desapareció en la era del Kali Yuga. Pero se dice con razón que los iniciados pueden retirarse a Shamballa para traer desde allí lo que la humanidad necesita para avanzar en su desarrollo. Todos los bodhisattvas obtienen fuerza y sabiduría del país de Shamballa. Para el ser humano con un desarrollo medio, ha desaparecido. Pero hay profecías que dicen que este país de Shamballa volverá a los seres humanos. Cuando las delicadas fuerzas de la clarividencia se manifiesten y se intensifiquen y amplíen, y cuando estas, como fuerzas buenas procedentes de la existencia solar, sean aceptadas y actúen en lugar de las fuerzas procedentes del cometa Halley, entonces Shamballa volverá. Nos encontramos en el tiempo de preparación de la humanidad para este desarrollo de una nueva clarividencia, que tendrá lugar en los próximos 2500 años, una preparación que continuará constantemente tanto en el tiempo entre el nacimiento y la muerte como en el tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento. Todo lo que sucederá allí será el tema de la próxima conferencia.

Traducido por J.Luelmo jul, 2025


miércoles, 5 de abril de 2023

GA116-5 Berlín 9 de marzo de 1910 -Correspondencias entre el microcosmos y el macrocosmos

  Índice

Correspondencias entre el microcosmos y el macrocosmos

RUDOLF STEINER

Berlín 9 de marzo de 1910

Nuestra conferencia de hoy consistirá en una especie de resumen de todo lo que hemos oído en el curso de las diversas conferencias pronunciadas aquí este invierno, que pueden tomarse como una continuación de las conferencias sobre los Evangelios de San Lucas y San Mateo y de lo que se dio aquí con referencia a las conferencias sobre el Evangelio de San Juan que di en Estocolmo (GA143). Por la forma en que se pronunciaron estas conferencias, quedará claro que nunca se pretendió explicar los Evangelios en un sentido estricto, sino que a partir de las verdades que en primer lugar son verdades en sí mismas y como tales pueden encontrarse en los Evangelios si se entienden correctamente, puede arrojarse luz de diferentes maneras sobre otros enigmas de la vida.
Cuando nos remontamos más allá de la fundación del cristianismo, encontramos dos tipos diferentes de Iniciación: la del Norte, descrita con más detalle en las Conferencias de Estocolmo antes mencionadas, y la del Sur, cuya característica principal es su conexión con los métodos egipcios de Iniciación. En el mundo de los antiguos existían dos métodos diferentes para penetrar en el mundo espiritual. En el antiguo Egipto, un candidato a la iniciación tenía que descender a las profundidades de su propia alma, más allá de todo lo que desempeña su papel en la vida anímica ordinaria, como pensar, sentir y querer, y cosas semejantes. Allí encontraba aquello de lo que surgía la propia alma: la vida Espiritual divina del mundo. Un descenso por debajo de esas regiones del alma que están iluminadas e impregnadas por el Yo, era el punto esencial en la Iniciación Egipcia, o de hecho, en cualquier Iniciación del Sur. En la Iniciación del Norte, por el contrario, el objetivo perseguido era que el hombre saliera de sí mismo y se expandiera en los fenómenos del mundo en un estado de éxtasis. Este era especialmente el caso en los Misterios Druídicos germánicos y en los de los Trotten. Hemos oído cómo estos dos tipos de Iniciación se combinaban en una corriente, en lo que llamamos la Iniciación Cristiana, y cómo ésta representaba una unidad superior que combinaba la Iniciación extasiante del Norte con la contracción mística del Sur. Esto da una indicación de un fundamento más profundo de los Misterios cósmicos, impregnando toda la existencia. En realidad, esto es en sí mismo un hecho tan grande y poderoso como la fusión de las dos formas diferentes de Iniciación de la antigüedad en la forma única de la Iniciación Cristiana; es un ejemplo de una ley grande y aún más amplia que impregna toda la existencia humana, y también entretejida en la existencia de todos los fenómenos del mundo exterior, en la medida en que éstos son conocidos por el hombre. En todas partes nos encontramos frente a opuestos, frente a dos partes de una dualidad. Las iniciaciones del Norte y del Sur ofrecen un ejemplo de dos lados opuestos, -polaridades, podríamos llamarlos-, que nos confrontan en la vida del mundo. La otra, la iniciación cristiana -en la que estas dos formas de iniciación confluyen y, por así decirlo, celebran un matrimonio Espiritual- es un ejemplo de cómo los opuestos, las dualidades de cualquier tipo, se reúnen. Esto ocurre sin cesar; las unidades siempre se están separando en dualidades con el propósito de avanzar en la evolución, mientras que las dualidades se unen de nuevo, y una vez más forman unidades. Podemos señalar externamente un hecho grande y poderoso, que se extiende más allá de la evolución humana, que es un ejemplo de esta división de la unidad en una dualidad, y de la corriente de vuelta de los dos en uno.
A menudo hemos arrojado luz sobre la Época Lemúrica, que experimentó, entre otras cosas, ese gran hecho en la evolución del mundo, la separación de la Luna de nuestra Tierra. Esa época también vio los primeros comienzos de lo que en el sentido actual del desarrollo del hombre, podemos llamar los dos opuestos: hombre y mujer; mientras que en las épocas anteriores a la de Lemuria sólo deberíamos encontrar unidad de sexo. Había una unidad original, que se separó en hombre y mujer. Ya hemos indicado, además, que en una edad futura los dos sexos volverán a ser uno, que la dualidad volverá a ser una unidad, una unidad surgirá de una dualidad. Esta es la indicación externa de una serie de hechos de gran alcance relacionados con la relación de dos a uno, o de uno a dos.
Lo que encontramos así en el desarrollo de la humanidad es en realidad la expresión, la imagen de una polaridad cósmica aún mayor, enraizada en una unidad; mayor que el ejemplo en nuestra vida del mundo presente, de los dos que en un futuro lejano se fundirán en uno. Es necesario que tomemos cada uno de los pensamientos que nos da la Ciencia Espiritual en toda su profundidad, no permitiéndonos formar el hábito de tomar tales pensamientos de la misma manera superficial que otros pensamientos y concepciones que prevalecen en el mundo de hoy, y que nuestra civilización actual en su trivialidad apresurada y superficial acepta. Los pensamientos de la Ciencia Espiritual deben ser tomados con la mayor seriedad posible. Por lo tanto, un pensamiento como aquel del que se habla a menudo y que de hecho subyace a toda nuestra enseñanza, -que el hombre como un pequeño mundo, como un microcosmos, nace del Macrocosmos, el gran mundo-, no debe ser tomado simplemente como un pensamiento abstracto, porque en su contenido es múltiple e infinito. Sobre todo, debemos darnos cuenta de que el mundo contiene más profundidad de lo que se supone; y que incluso cuando hayamos captado una polaridad o una verdad en uno de sus aspectos, eso no significa en absoluto que conozcamos la última verdad sobre ella; más bien debemos esperar pacientemente y observar, de modo que cuando conozcamos un lado de una cosa, tratemos de aprender lo que se refiere a su otro lado.
El hombre nace de todo el Cosmos; debe mirarlo como a su Padre-Madre, de quien él mismo es imagen. Sí, el hombre es una imagen de todo el mundo que conoce, no hay nada en el ser del hombre que no se relacione de alguna manera con lo que se puede encontrar en el gran Cosmos. Si comparamos al hombre, tal como se le ve hoy a la luz de la Ciencia Espiritual, con las formas humanas de las edades primitivas, encontramos entre otros un rasgo característico de inmensa importancia para la comprensión de la naturaleza del hombre. Este signo puede enseñar a cada uno de nosotros que, en lo que concierne a lo que hemos conocido del mundo, el hecho de que algunas cosas que se han dicho sean verdaderas, no tiene la única importancia; hay algo más, algo muy diferente. Cuando un hombre ha demostrado la verdad de una cosa, ni siquiera entonces nos ha dicho qué es lo más importante en ella. Por ejemplo, hay mucha verdad en lo que un trivial científico natural dirá sobre el parecido entre el hombre y los mamíferos superiores. Es una verdad indiscutible que el hombre tiene el mismo número de huesos y músculos, etcétera. Pero una vez demostrado esto, no se ha dicho la última palabra sobre el tema. El hombre debe aprender, a través de la profundización e interiorización de la Ciencia Espiritual, a adquirir un sentimiento del valor de una verdad particular, a sentir si es o no importante y esencial para la elucidación de un asunto. La gente viene hoy y, hablando desde su conciencia trivial, sigue asegurándonos la verdad de sus afirmaciones. No deseamos contradecirlos. Pero la cuestión es, ¿qué valor tienen para la comprensión del mundo? Ahora bien, hay un hecho, -que es innegablemente cierto, y con el que todo el mundo está familiarizado, porque nos encontramos con él una y otra vez todos los días-, cuyo valor, en su significado para el hombre debe ser comprendido y sentido de la manera correcta. Es decir, el hecho de que el hombre esté de pie, camine erguido y pueda contemplar el espacio que le rodea. Sólo el hombre es capaz de ello. Hay que decir que, aunque los simios parezcan poseer este poder, en cierto modo lo han perdido, pues no pueden caminar erguidos. El hombre es el único ser que lo ha logrado, y que ha conseguido elevar libremente su semblante hacia el espacio que le rodea. Este hecho es inconmensurablemente más importante que todos los que una trivial Ciencia Natural nos dice en cuanto a la posición ocupada por el hombre entre los animales. Lo que dice la ciencia es cierto, pero esto tiene una importancia mucho mayor. Si queremos sentir la fuerza de esto, debemos familiarizarnos con la razón por la que el hombre es un ser que camina erguido, un ser ciertamente todavía ligado a la tierra, pero que, a través de su perspectiva mental e incluso a través de sus percepciones sensoriales, se elevó a sí mismo a una posición erguida en el espacio. La razón es que existe una cierta polaridad, una dualidad en el Cosmos, que corresponde a otra dualidad en el hombre. Podemos señalar una dualidad en el universo y una dualidad en el hombre, como dos opuestos, existentes en el microcosmos y en el macrocosmos. La aludida en el macrocosmos, en el sistema planetario, es la del Sol con respecto a la Tierra; y la misma polaridad que existe entre el Sol y la Tierra existe también en el hombre. Es la que existe entre su cabeza y sus manos y pies; entre su cabeza y sus miembros. A medida que pase el tiempo, estas cosas serán tratadas más ampliamente, pero en primer lugar debemos familiarizarnos con ellas y aprender a sentir que, en cierto sentido, la cabeza y los miembros del hombre guardan entre sí la misma relación que el Sol guarda con la Tierra en nuestro Sistema solar. Existen, en efecto, en nuestra Tierra aquellas fuerzas que en el curso de los siglos han producido toda la forma y el movimiento de nuestras manos y pies a través de ciertas fuerzas misteriosas que atan al hombre a la Tierra; mientras que las fuerzas que han elevado su semblante en el espacio, y que lo han transformado de un ser que mira hacia la Tierra a uno que puede mirar hacia las distancias infinitas del espacio cósmico, - estas fuerzas tienen su asiento en el Sol. Quien tenga realmente el sentimiento adecuado, tendrá la misma impresión al contemplar la polaridad evidente entre la cabeza y los miembros del hombre, que si dirige su atención a la polaridad entre el Sol y la Tierra. Esta polaridad se convertirá algún día en una unidad en la vida del hombre, al igual que lo hará la polaridad Cósmica.
Así como el Sol y la Tierra fueron una vez un solo ser que luego se dividió en una dualidad, así también algún día se volverán a unir; y la polaridad en el hombre entre la cabeza y los miembros también se convertirá algún día en unidad, por difícil que pueda parecerle al hombre de hoy, que no está acostumbrado a tales conceptos.
Hemos señalado así una polaridad en el hombre y su correspondencia en el universo. Hay, sin embargo, otras polaridades en el hombre, que también tienen sus correspondientes analogías en el universo. En cuanto a la polaridad entre la cabeza y los miembros, todos los seres humanos de la Tierra son iguales. Existe por igual en el hombre y en la mujer. En este aspecto no hay diferencia entre ellos; pues cualquier otra polaridad, por ejemplo la de la configuración del alma, no se ve afectada por ésta. Si no hubiera otra polaridad que la que existe entre el microcosmos y el macrocosmos, el hombre y la mujer serían iguales, pero tal como son forman otra polaridad en el ser del hombre. Ahora podemos preguntar: ¿no podemos encontrar también en el universo una polaridad correspondiente a la que existe entre el hombre y la mujer en la vida humana? Eso también se puede encontrar. Pero antes de poder buscarla, debemos familiarizarnos ligeramente, en un sentido oculto, con la polaridad entre el hombre y la mujer. Al hacerlo, no debemos caer en el error de nuestra época materialista, que aplica la polaridad entre el hombre y la mujer, -tomándola simplemente como una cuestión de sexo,- a todo el universo. Eso no sólo es una trivialidad, sino que nuestros sabios se toman una libertad al considerar que lo que se encuentra en un ámbito es aplicable a todos los demás.

La polaridad correspondiente en el universo a la que existe en nuestra tierra entre el hombre y la mujer no puede llamarse masculino y femenino. Eso sería un sinsentido. Debemos investigar los fundamentos ocultos de esta otra polaridad. La polaridad entre masculino y femenino en nuestra evolución terrestre no se aplica, naturalmente, al "ser humano". El ser humano como tal es el mismo tanto en el hombre como en la mujer. Cuando hablamos de hombre y mujer sólo nos referimos a la configuración de sus cuerpos físico y etérico. Esto no tiene nada que ver con el ser interior del hombre; de modo que no podemos, en sentido oculto, hablar como lo hace nuestra época materialista. Un hombre y una mujer poseen cada uno un cuerpo astral y un yo, pero la percepción ordinaria no sabe nada de aquello que hace de un hombre o de una mujer un ser humano, sólo puede hablar de ellos tal como los ve. No estamos hablando ahora del ser humano como tal en el hombre o en la mujer, sino de lo que constituye al hombre o a la mujer, que no es más que su envoltura exterior. Esto debe entenderse perfectamente, pues si lo que vamos a decir se aplicara al ser humano como tal, sería completamente erróneo. La polaridad entre el hombre y la mujer dentro de los límites antes mencionados es la siguiente: 

En las edades primitivas la forma humana externa era totalmente diferente. Las formas humanas actuales, -hombre y mujer-, han evolucionado gradualmente a partir de una forma única anterior, que aún no se había dividido en dos. Antes había una unidad, donde ahora hay una polaridad, entre el hombre y la mujer. Ahora sabemos también que lo uniforme anterior era de un tipo más fino y espiritual. Sólo en el curso de los siglos el hombre desarrolló una forma material densa. Cuando miramos hacia atrás, no sólo encontramos una uni-forma, sino una que era más espiritual que la forma humana actual. Tenemos un ser humano primitivo que no era ni hombre ni mujer, una unidad todavía indivisa y más fina, más etérica, más espiritual que el ser humano posterior y más material, ahora separado en hombre y mujer. ¿Cuál fue la causa de que la unidad original se convirtiera más tarde en Hombre y Mujer? Esta causa se produjo porque, cuando la unidad se convirtió en dualidad, la mujer formó para sí un cuerpo físico que, si se puede decir tal cosa, no pasó completamente de la forma anterior a la forma material normal. El cuerpo de la mujer permaneció en un estadio más espiritual, no descendió completamente a lo material. Ciertamente se ha vuelto denso y material, pero al mismo tiempo ha conservado una forma anterior, más espiritual. Así, una etapa espiritual se ha convertido en material. El cuerpo de la mujer ha conservado, por así decirlo, una forma anterior, más espiritual, que no ha descendido completamente a la materia. Aunque se ha vuelto material, no lo ha hecho en lo que respecta a su forma, ya que aún conserva la forma que el ser humano poseía originalmente. De ahí que podamos decir: La mujer es una manifestación de una formación anterior que pretendía ser Espiritual y que, tal como se ve hoy en día, es en realidad falsa, un maya, una ilusión. Si aceptamos la idea de un cierto punto en la evolución en el que se produjo un salto hacia adelante y en el que la materia se cristalizó, podemos decir: -la mujer no avanzó hasta ese punto, cristalizó una forma anterior. Para alguien que realmente puede percibir los hechos de la vida, o que los aprende a través de la cognición imaginativa, el cuerpo de una mujer es una impresión algo más verdadera de lo Espiritual detrás de ella sólo en lo que respecta a la cabeza y los miembros, es decir, que su cabeza y miembros sólo expresan en su apariencia material, algo de una semejanza con su contraparte espiritual. Lo Espiritual detrás de la forma material no se ve así, porque esta última no es una forma verdadera.
Así, el dicho de que el mundo es "Maya" puede aplicarse a todas las regiones de la vida. Es muy fácil afirmar simplemente que "el mundo es maya", pero un hombre no puede comprender su significado si no lo examina seriamente, preguntándose: "¿En qué medida las formas son ilusión? Algunas lo son más y otras menos. Las hay que, en todo caso, expresan aproximadamente en su apariencia exterior lo Espiritual que hay detrás de ellas; éstas son la cabeza y los miembros. Hay otras que son completamente erróneas; a éstas pertenece el resto del cuerpo humano, que está totalmente distorsionado. Cuando el mundo comprenda estas cosas, ya no hablará tan tontamente como lo hace hoy, porque entonces verá que un cierto sentido artístico profundo, aunque más delicado, nos dice que la forma femenina, con excepción de la cabeza y las extremidades, está desfasada, y si ha de ser representada artísticamente, los defectos deben ser corregidos. En épocas mejores y más artísticas esto se hacía realmente, pues nadie que realmente tenga ojo para la forma puede dejar de observar que en la Venus de Milo la forma se ha corregido hasta cierto punto; pero esto, por regla general, pasa desapercibido.
De este modo hemos dividido al ser humano en dos partes, compuestas por aquellos miembros del cuerpo que son menos ilusorios y aquellos otros que lo son más y se desenfocan por completo. Esto no se aplica sólo a la mujer, sino que en lo que se refiere al hombre todo es al revés. Él es el polo opuesto. Del mismo modo que la forma femenina no descendió hasta el punto normal necesario para expresar correctamente el espíritu en la materia, sino que cristalizó en una fase anterior, el cuerpo masculino, por su parte, surgió tan lejos más allá de ese punto normal como la forma femenina se detuvo en él. Así, el cuerpo masculino descendió más profundamente de lo normal en la materialidad, y lo manifiesta en su forma exterior. Tendría una apariencia muy diferente si no hubiera surgido más allá del punto medio. El cuerpo humano sólo se corresponde aproximadamente con la verdad en lo que respecta a la cabeza y los miembros. En cuanto al resto de su forma, debemos decir que el cuerpo femenino, habiendo llegado a cierto punto, permaneció inmóvil; se consolidó antes de que las oleadas de la existencia material rompieran sobre él; de ahí que manifieste una forma muy diferente de la que habríamos visto si hubiera esperado a entrar en contacto con la vida material antes de cristalizar. Por otra parte, el cuerpo masculino se sumergió demasiado profundamente y está tan distorsionado como el de la mujer. Así, el cuerpo de la mujer manifiesta una forma distorsionada en lo Espiritual, mientras que el cuerpo del hombre está distorsionado en lo material. La verdadera forma estaría entre las dos; consistiría en un promedio feliz de ambas. Por supuesto, esto afecta a todo el ser humano en su vida terrestre, en la medida en que tiene una envoltura física. Lo que acabo de decir no tiene nada que ver con la polaridad entre la cabeza y los miembros, se refiere a todo el ser humano en una encarnación entre el nacimiento y la muerte. Nos encarnamos como hombre o como mujer. Al hacerlo, tenemos que tener en cuenta lo que está desfasado en el hombre o en la mujer; pero eso se extiende a todo el ser humano, y la consecuencia es que si en una encarnación se tiene el cuerpo de una mujer, todo este cuerpo femenino está influido por el hecho de haber quedado atrás en una etapa anterior, cuando la forma era más flexible. En una encarnación masculina, todo el cuerpo físico está impregnado de los efectos de haberse sumergido con demasiada fuerza en la materia sólida grosera. Si las personas tuvieran la más mínima idea de lo que significa pensar en el espíritu, vivir en el espíritu, utilizando el cuerpo físico sólo como un instrumento, -de modo que uno no se sienta firmemente sujeto a él, identificándose con él-, cantarían salmos sobre la miseria de tener que utilizar un cuerpo masculino en una encarnación, porque, por supuesto, estos efectos materiales también se han filtrado en el cerebro. Se observa que las formas del cerebro masculino, por haber estado más profundamente en la materia, son más difíciles de manejar que las formas más flexibles del cerebro femenino. Es verdaderamente un asunto más difícil entrenar un cerebro masculino para el ascenso a los mundos superiores, y traducir las verdades en pensamientos, que entrenar un cerebro femenino para el mismo propósito. Por esta razón no es de extrañar que la gente piense que, cuando surge una nueva concepción del mundo como la de la Ciencia Espiritual, sea más fácilmente captada por el cerebro femenino, más manejable; pues al cerebro masculino, menos dúctil y obediente, le resulta más difícil liberarse de ciertos pensamientos que ha absorbido. De ahí que la Ciencia Espiritual no encuentre fácil aceptación entre los hombres que son hoy los dirigentes de la cultura y de las ideas cultas que prevalecen en nuestros días. Debemos darnos cuenta de lo torpe que es hoy en día el cerebro de un hombre culto, no sólo para aceptar la Ciencia Espiritual, sino también para pensar en esa línea. Pero no debemos mirar estas cosas de una manera equivocada y sacar nuestras propias conclusiones - más bien debemos considerar que es aún más significativo que haya tantos hombres cuyos cerebros son tan flexibles que se han familiarizado íntimamente con la Ciencia Espiritual.
Al principio, estas cosas sólo pueden insinuarse, pero si dejan que actúen sobre ustedes y luego reflexionan sobre ellas, descubrirán que se abre una inmensa perspectiva en relación con la vida del hombre.

Cuando pensamos en la vida humana en sus dos opuestos de hombre y mujer, nos enfrentamos a dos formas, una que se ha quedado estancada en una etapa anterior, y otra que ha saltado más allá de la etapa actual y que trae al presente una forma destinada al futuro, pero la presenta como una caricatura. La femenina ha conservado una forma anterior y la masculina ha adoptado una forma posterior, pero la ha convertido en lo que no debe ser en el futuro. La forma masculina es incorrecta, porque ha introducido condiciones de vida posteriores en una época todavía demasiado temprana para ellas.

¿Podemos encontrar en el Cosmos una correspondencia con la polaridad entre lo masculino y lo femenino? ¿Hay algo en el Cosmos que, por una parte, nos muestre un desarrollo que ha conservado formas anteriores y las ha trasladado a una edad posterior? Y, por otra parte, ¿existen formas que hayan trascendido una determinada etapa, representando así la forma caricaturesca de un estado futuro? Si recordamos el desarrollo concreto que conocemos por los Registros Akáshicos, podemos plantear la pregunta así: ¿Existe algo en el Cosmos exterior, semejante a una existencia de antigua Luna que no entraría en la existencia de la Tierra, sino que retuviera de la antigua Luna algo femenino en el Cosmos?
¿Existe algo que traiga al presente algo parecido a una existencia de antigua Luna perteneciente a una etapa anterior? ¿Y hay en el Cosmos algo que haya superado una cierta etapa, y se haya condensado y espesado, de modo que represente una condición posterior, una condición de Júpiter?

Sí, lo hay. Existe en el Cosmos la misma polaridad que hemos descrito entre lo masculino y lo femenino; y ésa es la polaridad entre un Cometa y la Luna. Si queremos comprender la naturaleza de un cometa, que vaga por el espacio cósmico sin tener en cuenta las demás leyes del sistema solar, debemos tener claro que el cometa transporta las leyes de la existencia de la antigua Luna a la nuestra. Esas leyes las ha conservado, y con ellas entra en nuestra existencia. Ha asumido la sustancia actual del sistema solar-terrestre; pero, en lo que concierne a su movimiento y a su naturaleza, se ha quedado atrás en aquella etapa de la ley natural que prevalecía en el Sistema Solar cuando nuestra Tierra era todavía la antigua Luna. Lleva una condición anterior a una posterior, al presente; igual que el cuerpo de la mujer lleva una condición anterior a la existencia actual. La naturaleza del Cometa es una parte de una polaridad, y la de la Luna representa el otro polo. Cuando, en la era Lemúrica, la Luna evolucionó a partir de la Tierra, se llevó consigo ciertas porciones, que tuvieron que ser eliminadas para que el ser humano como tal pudiera desarrollarse. La Tierra no debía volverse tan densa como debería haberse vuelto si hubiera conservado la Luna en su interior. La Luna representa en realidad una caricatura de la condición de Júpiter. Así como una fruta fresca madura se encuentra en estado petrificado en una estalactita, así la Luna en su configuración trascendió la forma media, como lo ha hecho la forma masculina del ser humano. Exactamente la misma polaridad que encontramos en la vida humana entre lo masculino y lo femenino, podemos encontrar en el Cosmos entre las naturalezas de la Luna y los Cometas.

Así están conectadas estas cosas: como el sol a la tierra, así la cabeza a los miembros, - como la Luna al Cometa, así el hombre a la mujer en el ser humano. Aquí tampoco debemos irnos a casa y decir: - ¡bueno, ahora tenemos unas bonitas polaridades que observar! - Debemos tomarnos estas cosas muy en serio y recordar que en otras ocasiones he dicho algo más aparte de esto. Debemos tener en cuenta el hecho de que el hombre sólo es masculino en lo que se refiere a su cuerpo físico, pues en lo que se refiere a su cuerpo etérico es femenino; y la mujer, por el contrario, sólo es femenina en su cuerpo físico. Sólo puede decirse que una mujer es hembra en lo que concierne a su cuerpo físico, y lo mismo puede decirse del cuerpo etérico de un hombre; de modo que la relación del cuerpo etérico de un hombre con el cuerpo etérico de una mujer es como la del Cometa con la Luna. Si queréis, podéis decir: ¡esto lo confunde todo de nuevo! Pero estas cosas son así. En una cultura que ha creado sus ideas con un cerebro densificado, esas mismas ideas tienden a crear contornos densos que no pueden modificarse, de modo que cuando las ideas se forman una vez, hay que aferrarse a ellas. Pero el espíritu no admite esto. Es móvil, y cuando formamos ideas, debemos mantenerlas plásticas. Así pues, debemos aplicar lo que se acaba de decir en cuanto a la relación de la Luna y los cometas con el hombre y la mujer, con lo masculino en la mujer y lo femenino en el hombre. Se aplica a los elementos masculino y femenino en el ser humano, pero no al hombre y a la mujer tal como los encontramos externamente.

Ahora hemos encontrado algunas conexiones extremadamente interesantes entre el desarrollo del ser humano y el del Cosmos. Por supuesto, como ya he observado: Aquellos que se sientan en los altos puestos de la "verdadera observación científica" considerarán lo que se acaba de exponer sobre el Cometa y la Luna, como totalmente descabellado y absurdo. Eso no puede evitarse. No desean investigar la verdad. Pero en el terreno de la Ciencia Espiritual, podemos construir un puente entre lo que viene de lo Espiritual y lo que se ve en el plano físico. Esos otros no lo harán.
En el año 1906, durante el Congreso de París, llamé la atención sobre el hecho de que la investigación Espiritual a partir de su conocimiento de la naturaleza de los Cometas, era capaz de decir: Como las combinaciones de carbono e hidrógeno desempeñan en nuestra Tierra el mismo papel que las combinaciones de carbono y nitrógeno (cianógeno) en la antigua Luna, la vida cometaria debe contener compuestos de cianógeno, - combinaciones de carbono y nitrógeno. Aquellas personas que han seguido estas cosas con atención recordarán esto. Nuestra Ciencia Espiritual, por lo tanto, hace algún tiempo anunció que la naturaleza cometaria debe contener cianógeno en alguna forma. Durante las últimas semanas este hecho ha sido mencionado en todos los periódicos como un hecho externo descubierto por el espectroanálisis. Éste es sólo un caso, -podrían citarse cientos de otros- en el que la investigación espiritual tiende puentes para los hechos de la investigación externa. En este caso, el espectroanálisis afirma lo que la Ciencia Espiritual había afirmado años antes. Los resultados de la investigación materialista externa nunca contradicen los de la investigación Espiritual. Podemos confiar en afirmaciones como las mencionadas, cuando aquellos que se sientan en los altos puestos de la verdadera ciencia señalan constantemente los hechos externos. Sólo que no debemos confundir estos hechos con las conclusiones limitadas que la gente saca por sí misma. Si todo en la Ciencia Natural de hoy fuera realmente un hecho, la Ciencia Natural contradeciría grandemente a la Ciencia Espiritual; pero sus hechos no son hechos, sino sólo las concepciones corruptas de aquellos que, a través de las condiciones prevalecientes en nuestra época, son llamados a ocuparse de tales asuntos.

Ahora, después de haber presentado ante nuestra mente la polaridad que se encuentra en la vida humana, así como en el Cosmos, podemos preguntar: ¿Qué es lo que se produce en el Universo como resultado de esto?

Es bastante difícil describir en poco tiempo la inmensidad que subyace a tal hecho. Permitanme, pues, que describa, a modo de ejemplo, la vida del hombre tal como sigue su curso vista exteriormente. En primer lugar, vemos algo de lo que podemos decir que sigue su curso como la vida de un buen ciudadano, de día en día. Se levanta por la mañana, toma su desayuno y completa el resto del día de acuerdo con las reglas habituales. Sin embargo, hay ciertos acontecimientos que pueden intervenir de golpe en la vida de un hombre y provocar cambios en el curso del día. Tomemos el caso de un hombre y su esposa que viven durante un tiempo la vida de buenos ciudadanos con poca variedad en el programa habitual de su día, hasta que ocurre algo que realmente provoca un salto en la vida externa ordinaria de las personas en tales circunstancias. Cuando un nuevo ser humano se encarna y entra en la vida como ciudadano del mundo, el acontecimiento provoca un salto, un gran cambio en el proceso ordinario de la vida cotidiana. Cuando un nuevo ciudadano del mundo aparece en el horizonte del hombre y la mujer, ocurre algo que da una nueva forma a todo el vínculo familiar. He traído esto a colación como un ejemplo por medio del cual podemos obtener alguna pequeña comprensión del profundo trasfondo oculto de la vida cometaria. También en el Cosmos, la vida transcurre de día en día, de año en año -como la vida del buen ciudadano-, un día es igual a otro; el Sol sale y se pone, las plantas florecen en primavera y se marchitan en otoño, y cuando hay lluvia o sol o granizo o cosas por el estilo, éstas corresponden a acontecimientos de la vida ordinaria como, por ejemplo, cuando en lugar de nuestro té ordinario de las cinco, tenemos una pequeña fiesta. Vemos que estas cosas suceden como algo natural. Todo esto está relacionado con las leyes subyacentes a los movimientos del Sol, la Tierra, etc., y la forma en que éstos continúan día tras día y año tras año. En este proceso regular, intervienen las apariciones más raras, pero en cierto sentido recurrentes, de los cometas. Llegan al proceso de los acontecimientos cósmicos como un nuevo ciudadano que entra en el horizonte del hombre y la mujer. A través de la aparición de un cometa en el cosmos, se produce realmente en la vida de la humanidad algo que no podría ocurrir en el proceso ordinario de la vida. Para que la evolución continúe, no sólo debe producirse lo que se repite día a día, sino que debe introducirse algo nuevo en ella. Del mismo modo que algo muy especial entra en la vida de una familia con el nacimiento de un nuevo ciudadano de la Tierra, algo muy diferente entra en el progreso de la raza humana en la Tierra con la aparición de un cometa, que rompe el proceso ordinario de la existencia cósmica. Es como si algo nuevo naciera cuando aparece un cometa.
Quien puede investigar estas cosas espiritualmente, es capaz de indicar con bastante claridad las diferentes funciones de los distintos cometas, y cómo cada uno de ellos tiene que introducir algo espiritualmente nuevo en el mundo. Así, el cometa Halley es uno de los que, en sus apariciones periódicas, siempre introduce algo especialmente nuevo en la vida del hombre. Mientras que, por lo demás, las cosas se repiten de manera ordinaria, este cometa provoca un nuevo nacimiento en la vida interior y en la cultura humanas. Sólo puedo caracterizar lo que quiero decir refiriéndome a las tres últimas apariciones del cometa Halley, en los años 1759, 1835 y la que ahora esperamos. ¿Cuáles son las tareas de estas tres apariciones? Otros cometas tienen otras tareas. Los nuevos nacimientos en el universo no siempre son recibidos con la misma alegría que el nacimiento de un joven ciudadano en una familia. En el universo nacen todo tipo de cosas, tanto las que hacen avanzar a la humanidad como las que la hacen retroceder. Ahora bien, la aparición del cometa Halley, o lo que significa espiritualmente para la evolución ulterior de la humanidad, está relacionada con lo que la humanidad tuvo que absorber del Cosmos en los diversos períodos del Kali-Yuga, a fin de que el pensamiento descendiera cada vez más en la materialidad. Con cada nueva aparición de este cometa nacía un nuevo impulso, para alejar aún más a la humanidad de una concepción cósmica espiritual por parte del Yo, e impulsarla a captar el mundo de una manera más materialista. Esto no significa un descenso a la materia, sino más bien la conducción de esa sustancia Espiritual que el Yo humano debería extraer del universo para su existencia Espiritual, hacia la esfera de la concepción materialista. Todas esas concepciones de la segunda mitad del siglo XVIII, que se llaman superficiales y superficiales y que Goethe ridiculizó tanto en su Verdad y Poesía y que encontraron su exponente por ejemplo en el Systeme de la Nature de Holbach, se comprenden en su sentido cósmico a través de la aparición del cometa Halley en el año 1759. Los lugares comunes de la literatura materialista del segundo tercio del siglo XIX fueron precedidos por la aparición de ese cometa en 1835. Las cosas que ocurren microcósmicamente en la tierra están macrocósmicamente conectadas con los acontecimientos del gran mundo. 
Un nuevo impulso hacia el materialismo fue dado de nuevo por la aparición del cometa Halley en 1835. Buchner, Vogt y Moleschott son ejemplos de aquellos que fueron influenciados en la tierra por lo que apareció con el cometa Halley, como una poderosa señal del Cosmos. En un futuro próximo -pues la humanidad debe ser puesta a prueba, debe salir de sí misma, debe sentir la resistencia a la Espiritualidad para poder desplegar todas las fuerzas para su resurgimiento- nos veremos confrontados con las fuerzas que la nueva aparición de este cometa enviará desde el universo, fuerzas que pueden llevar a la humanidad a un materialismo aún más árido y espantoso. Es posible que nazca algo que ni siquiera los pensamientos más áridos y secos de la escuela de Buchner habrían podido imaginar. pero esta posibilidad es una necesidad, pues sólo si el hombre vence a las fuerzas contrarias podrá adquirir la fuerza poderosa capaz de conducirle de nuevo hacia arriba.
Si tenemos esto en cuenta, entonces encontraremos de la manera correcta lo que llamamos "Señales del Cielo". Esto es realmente un hecho; aunque lo que he dicho no debe tomarse en un sentido supersticioso, como si Dios señalara con una varita desde el cielo para mostrar a los hombres lo que tienen que hacer. La próxima aparición del cometa Halley es una de estas señales, y debe tenerse en cuenta. Porque un poderoso impulso ascendente debe seguirlo para que podamos elevarnos desde las profundidades del materialismo en las que nos hemos hundido, hacia la Espiritualidad. Así como se nos da la posibilidad de ser anegados en el materialismo, también se nos da la oportunidad de ascender a alturas más claras y espirituales.

En las últimas conferencias se indicó clara y distintamente que durante la primera mitad del siglo XX se desarrollará una clarividencia etérica en unos pocos individuos, como una capacidad natural. Para que el hombre no se hunda más profundamente en el materialismo indicado por el signo actual de 1910, aquellos que tienen comprensión de la Ciencia Espiritual tienen la posibilidad de desarrollar esas fuerzas en el alma humana que pueden conducir al hombre más allá del materialismo. Si un hombre comprende estas fuerzas, ellas le enseñarán cómo puede él mismo ver la naturaleza etérica de Cristo. Vivimos en una encrucijada importante, en la que se enseñará a los hombres, incluso por señales del cielo, que en una dirección el camino conducirá más profundamente al fango, mientras que el otro camino lleva al desarrollo en ellos mismos de las fuerzas que, al concluir el Kali-Yuga, conducirán a la clarividencia etérica. El grito de Juan el Bautista: "¡Cambiad la disposición de vuestras almas! Esto puede decirse realmente. Así como por un lado se nos da la posibilidad de perecer en el pantano materialista, por el otro es posible, a través del Sol alcanzando cierto punto en la Constelación de Piscis en el Equinoccio Vernal, que se adquiera cierta clarividencia etérica. Para la ascensión espiritual existen también signos, para mostrarnos cómo vienen las fuerzas del Cosmos. Si un hombre es estudiante de Ciencia Espiritual, necesariamente llegará a comprender esta decisión; si no lo hace, significa que no ha comprendido bien la Ciencia Espiritual. Debemos pasar por la prueba que nos somete la señal en los Cielos que ahora reconocemos como la aparición del Cometa Halley.
Imaginemos ahora la visión de Cristo, tal como aparecerá a los primeros precursores durante los próximos 2.500 años, y tal como apareció a Pablo camino de Damasco. El hombre ascenderá a una cognición del mundo espiritual y verá el mundo físico impregnado de un nuevo "país", o nuevo reino. El entorno físico del hombre presentará un aspecto totalmente diferente en el transcurso de los próximos 2.500 años, mediante la adición de una esfera etérica, que de hecho ya está aquí ahora, pero que él aprenderá a percibir. Esta esfera etérica se extiende incluso ahora ante los ojos de aquellos que han llevado su formación esotérica hasta la "Iluminación" - como fue el caso de los Iniciados incluso en Kali-Yuga. Lo que los hombres verán cada vez más en el futuro es visible en sus mayores alturas para los Iniciados. El Iniciado extrae de allí, a intervalos repetidos, las fuerzas que necesita. Cuando tiene que realizar algún trabajo especial, extrae sus fuerzas de aquellos reinos dentro del circuito terrestre que son visibles para él, pero que sólo pueden ser vistos por aquellos que tienen la visión. Nos ayudará a comprender esto, el saber que una parte de esa tierra de donde el Iniciado extrajo sus fuerzas durante el Kali-Yuga, será abierta a una gran parte de la humanidad durante los próximos 2.500 años. Antiguamente, en los días de la clarividencia primitiva, el hombre, aunque entonces sin la fuerte conciencia del yo, podía ver en el mundo espiritual, -y en cierto modo veía más o menos lo que verá ahora-, pero ahora entrará en él con su recién adquirida autoconciencia. En aquel tiempo lo veía en condiciones de éxtasis onírico, o mirando dentro de su propia alma. Aquel mundo que durante el Kali-Yuga se hizo físico estaba entonces abierto a la mirada del hombre. De ahí que las tradiciones, que han conservado recuerdos de la antigua clarividencia, nos hablen de un desconocido País de las Hadas que ahora ha desaparecido de nuestra vista. Hay documentos maravillosos en la literatura oriental, llenos de un peculiar encanto trágico, que nos dicen que en un tiempo fue posible para los seres humanos viajar a una tierra donde lo espiritual fluía hacia lo físico. Es esa Tierra de donde en ciertas épocas los Iniciados -y en todas las épocas los Bodhisattvas- extraían fuerzas vivificantes. Los escritos orientales hablan con profundo dolor de esa tierra, preguntando: "¿Dónde está? Se nos dicen los nombres de los lugares, se nombran los caminos; pero la Tierra misma está oculta, ¡incluso para los más iniciados de entre los Lamas de Thibet! Sólo los Iniciados más elevados pueden acceder a ella. Pero siempre se dice que algún día esta Tierra volverá a la tierra. Es cierto, ¡volverá a la tierra! Y el guía será Aquel a quien los hombres verán cuando, a través de la visión del Acontecimiento de Damasco, lleguen a la Tierra de Shamballa. Shamballa" -así se llama esta Tierra- se ha retirado de la vista del hombre. Hoy en día sólo pueden entrar en ella aquellos que, como Iniciados, van allí de vez en cuando para fortalecerse. Las viejas fuerzas ya no pueden conducir al hombre hasta allí. Por eso la literatura oriental habla con tan trágica desesperación de la desaparecida Tierra de Shamballa. Pero el Acontecimiento de Cristo, que será concedido al hombre en este siglo a través de sus facultades recién despertadas, traerá de vuelta la Tierra de las Hadas de Shamballa, que durante todo el Kali-Yuga sólo pudo ser conocida por los Iniciados.


Por lo tanto, la humanidad está llamada a tomar una decisión: ¿dejará que el cometa Halley la conduzca a una oscuridad aún más profunda que la de Kali-Yuga, o no descuidará, mediante la comprensión desarrollada por la Antroposofía, el cultivo de las nuevas facultades que le permitirán encontrar el camino hacia la Tierra que, según la literatura oriental, ha desaparecido, pero que Cristo revelará una vez más a la humanidad: la Tierra de Shamballa? Esta es la gran cuestión de la división de los caminos: bajar o subir. O descender a algo que, como Kamaloka Cósmico, se encuentra aún más profundo que el Kali-Yuga, o trabajar por aquello que permitirá al hombre entrar en ese reino, al que realmente se alude bajo el nombre de Shamballa.
Traducio por J.Luelmo abr.2023