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miércoles, 5 de abril de 2023

GA116-5 Berlín 9 de marzo de 1910 -Correspondencias entre el microcosmos y el macrocosmos

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Correspondencias entre el microcosmos y el macrocosmos

RUDOLF STEINER

Berlín 9 de marzo de 1910

Nuestra conferencia de hoy consistirá en una especie de resumen de todo lo que hemos oído en el curso de las diversas conferencias pronunciadas aquí este invierno, que pueden tomarse como una continuación de las conferencias sobre los Evangelios de San Lucas y San Mateo y de lo que se dio aquí con referencia a las conferencias sobre el Evangelio de San Juan que di en Estocolmo (GA143). Por la forma en que se pronunciaron estas conferencias, quedará claro que nunca se pretendió explicar los Evangelios en un sentido estricto, sino que a partir de las verdades que en primer lugar son verdades en sí mismas y como tales pueden encontrarse en los Evangelios si se entienden correctamente, puede arrojarse luz de diferentes maneras sobre otros enigmas de la vida.
Cuando nos remontamos más allá de la fundación del cristianismo, encontramos dos tipos diferentes de Iniciación: la del Norte, descrita con más detalle en las Conferencias de Estocolmo antes mencionadas, y la del Sur, cuya característica principal es su conexión con los métodos egipcios de Iniciación. En el mundo de los antiguos existían dos métodos diferentes para penetrar en el mundo espiritual. En el antiguo Egipto, un candidato a la iniciación tenía que descender a las profundidades de su propia alma, más allá de todo lo que desempeña su papel en la vida anímica ordinaria, como pensar, sentir y querer, y cosas semejantes. Allí encontraba aquello de lo que surgía la propia alma: la vida Espiritual divina del mundo. Un descenso por debajo de esas regiones del alma que están iluminadas e impregnadas por el Yo, era el punto esencial en la Iniciación Egipcia, o de hecho, en cualquier Iniciación del Sur. En la Iniciación del Norte, por el contrario, el objetivo perseguido era que el hombre saliera de sí mismo y se expandiera en los fenómenos del mundo en un estado de éxtasis. Este era especialmente el caso en los Misterios Druídicos germánicos y en los de los Trotten. Hemos oído cómo estos dos tipos de Iniciación se combinaban en una corriente, en lo que llamamos la Iniciación Cristiana, y cómo ésta representaba una unidad superior que combinaba la Iniciación extasiante del Norte con la contracción mística del Sur. Esto da una indicación de un fundamento más profundo de los Misterios cósmicos, impregnando toda la existencia. En realidad, esto es en sí mismo un hecho tan grande y poderoso como la fusión de las dos formas diferentes de Iniciación de la antigüedad en la forma única de la Iniciación Cristiana; es un ejemplo de una ley grande y aún más amplia que impregna toda la existencia humana, y también entretejida en la existencia de todos los fenómenos del mundo exterior, en la medida en que éstos son conocidos por el hombre. En todas partes nos encontramos frente a opuestos, frente a dos partes de una dualidad. Las iniciaciones del Norte y del Sur ofrecen un ejemplo de dos lados opuestos, -polaridades, podríamos llamarlos-, que nos confrontan en la vida del mundo. La otra, la iniciación cristiana -en la que estas dos formas de iniciación confluyen y, por así decirlo, celebran un matrimonio Espiritual- es un ejemplo de cómo los opuestos, las dualidades de cualquier tipo, se reúnen. Esto ocurre sin cesar; las unidades siempre se están separando en dualidades con el propósito de avanzar en la evolución, mientras que las dualidades se unen de nuevo, y una vez más forman unidades. Podemos señalar externamente un hecho grande y poderoso, que se extiende más allá de la evolución humana, que es un ejemplo de esta división de la unidad en una dualidad, y de la corriente de vuelta de los dos en uno.
A menudo hemos arrojado luz sobre la Época Lemúrica, que experimentó, entre otras cosas, ese gran hecho en la evolución del mundo, la separación de la Luna de nuestra Tierra. Esa época también vio los primeros comienzos de lo que en el sentido actual del desarrollo del hombre, podemos llamar los dos opuestos: hombre y mujer; mientras que en las épocas anteriores a la de Lemuria sólo deberíamos encontrar unidad de sexo. Había una unidad original, que se separó en hombre y mujer. Ya hemos indicado, además, que en una edad futura los dos sexos volverán a ser uno, que la dualidad volverá a ser una unidad, una unidad surgirá de una dualidad. Esta es la indicación externa de una serie de hechos de gran alcance relacionados con la relación de dos a uno, o de uno a dos.
Lo que encontramos así en el desarrollo de la humanidad es en realidad la expresión, la imagen de una polaridad cósmica aún mayor, enraizada en una unidad; mayor que el ejemplo en nuestra vida del mundo presente, de los dos que en un futuro lejano se fundirán en uno. Es necesario que tomemos cada uno de los pensamientos que nos da la Ciencia Espiritual en toda su profundidad, no permitiéndonos formar el hábito de tomar tales pensamientos de la misma manera superficial que otros pensamientos y concepciones que prevalecen en el mundo de hoy, y que nuestra civilización actual en su trivialidad apresurada y superficial acepta. Los pensamientos de la Ciencia Espiritual deben ser tomados con la mayor seriedad posible. Por lo tanto, un pensamiento como aquel del que se habla a menudo y que de hecho subyace a toda nuestra enseñanza, -que el hombre como un pequeño mundo, como un microcosmos, nace del Macrocosmos, el gran mundo-, no debe ser tomado simplemente como un pensamiento abstracto, porque en su contenido es múltiple e infinito. Sobre todo, debemos darnos cuenta de que el mundo contiene más profundidad de lo que se supone; y que incluso cuando hayamos captado una polaridad o una verdad en uno de sus aspectos, eso no significa en absoluto que conozcamos la última verdad sobre ella; más bien debemos esperar pacientemente y observar, de modo que cuando conozcamos un lado de una cosa, tratemos de aprender lo que se refiere a su otro lado.
El hombre nace de todo el Cosmos; debe mirarlo como a su Padre-Madre, de quien él mismo es imagen. Sí, el hombre es una imagen de todo el mundo que conoce, no hay nada en el ser del hombre que no se relacione de alguna manera con lo que se puede encontrar en el gran Cosmos. Si comparamos al hombre, tal como se le ve hoy a la luz de la Ciencia Espiritual, con las formas humanas de las edades primitivas, encontramos entre otros un rasgo característico de inmensa importancia para la comprensión de la naturaleza del hombre. Este signo puede enseñar a cada uno de nosotros que, en lo que concierne a lo que hemos conocido del mundo, el hecho de que algunas cosas que se han dicho sean verdaderas, no tiene la única importancia; hay algo más, algo muy diferente. Cuando un hombre ha demostrado la verdad de una cosa, ni siquiera entonces nos ha dicho qué es lo más importante en ella. Por ejemplo, hay mucha verdad en lo que un trivial científico natural dirá sobre el parecido entre el hombre y los mamíferos superiores. Es una verdad indiscutible que el hombre tiene el mismo número de huesos y músculos, etcétera. Pero una vez demostrado esto, no se ha dicho la última palabra sobre el tema. El hombre debe aprender, a través de la profundización e interiorización de la Ciencia Espiritual, a adquirir un sentimiento del valor de una verdad particular, a sentir si es o no importante y esencial para la elucidación de un asunto. La gente viene hoy y, hablando desde su conciencia trivial, sigue asegurándonos la verdad de sus afirmaciones. No deseamos contradecirlos. Pero la cuestión es, ¿qué valor tienen para la comprensión del mundo? Ahora bien, hay un hecho, -que es innegablemente cierto, y con el que todo el mundo está familiarizado, porque nos encontramos con él una y otra vez todos los días-, cuyo valor, en su significado para el hombre debe ser comprendido y sentido de la manera correcta. Es decir, el hecho de que el hombre esté de pie, camine erguido y pueda contemplar el espacio que le rodea. Sólo el hombre es capaz de ello. Hay que decir que, aunque los simios parezcan poseer este poder, en cierto modo lo han perdido, pues no pueden caminar erguidos. El hombre es el único ser que lo ha logrado, y que ha conseguido elevar libremente su semblante hacia el espacio que le rodea. Este hecho es inconmensurablemente más importante que todos los que una trivial Ciencia Natural nos dice en cuanto a la posición ocupada por el hombre entre los animales. Lo que dice la ciencia es cierto, pero esto tiene una importancia mucho mayor. Si queremos sentir la fuerza de esto, debemos familiarizarnos con la razón por la que el hombre es un ser que camina erguido, un ser ciertamente todavía ligado a la tierra, pero que, a través de su perspectiva mental e incluso a través de sus percepciones sensoriales, se elevó a sí mismo a una posición erguida en el espacio. La razón es que existe una cierta polaridad, una dualidad en el Cosmos, que corresponde a otra dualidad en el hombre. Podemos señalar una dualidad en el universo y una dualidad en el hombre, como dos opuestos, existentes en el microcosmos y en el macrocosmos. La aludida en el macrocosmos, en el sistema planetario, es la del Sol con respecto a la Tierra; y la misma polaridad que existe entre el Sol y la Tierra existe también en el hombre. Es la que existe entre su cabeza y sus manos y pies; entre su cabeza y sus miembros. A medida que pase el tiempo, estas cosas serán tratadas más ampliamente, pero en primer lugar debemos familiarizarnos con ellas y aprender a sentir que, en cierto sentido, la cabeza y los miembros del hombre guardan entre sí la misma relación que el Sol guarda con la Tierra en nuestro Sistema solar. Existen, en efecto, en nuestra Tierra aquellas fuerzas que en el curso de los siglos han producido toda la forma y el movimiento de nuestras manos y pies a través de ciertas fuerzas misteriosas que atan al hombre a la Tierra; mientras que las fuerzas que han elevado su semblante en el espacio, y que lo han transformado de un ser que mira hacia la Tierra a uno que puede mirar hacia las distancias infinitas del espacio cósmico, - estas fuerzas tienen su asiento en el Sol. Quien tenga realmente el sentimiento adecuado, tendrá la misma impresión al contemplar la polaridad evidente entre la cabeza y los miembros del hombre, que si dirige su atención a la polaridad entre el Sol y la Tierra. Esta polaridad se convertirá algún día en una unidad en la vida del hombre, al igual que lo hará la polaridad Cósmica.
Así como el Sol y la Tierra fueron una vez un solo ser que luego se dividió en una dualidad, así también algún día se volverán a unir; y la polaridad en el hombre entre la cabeza y los miembros también se convertirá algún día en unidad, por difícil que pueda parecerle al hombre de hoy, que no está acostumbrado a tales conceptos.
Hemos señalado así una polaridad en el hombre y su correspondencia en el universo. Hay, sin embargo, otras polaridades en el hombre, que también tienen sus correspondientes analogías en el universo. En cuanto a la polaridad entre la cabeza y los miembros, todos los seres humanos de la Tierra son iguales. Existe por igual en el hombre y en la mujer. En este aspecto no hay diferencia entre ellos; pues cualquier otra polaridad, por ejemplo la de la configuración del alma, no se ve afectada por ésta. Si no hubiera otra polaridad que la que existe entre el microcosmos y el macrocosmos, el hombre y la mujer serían iguales, pero tal como son forman otra polaridad en el ser del hombre. Ahora podemos preguntar: ¿no podemos encontrar también en el universo una polaridad correspondiente a la que existe entre el hombre y la mujer en la vida humana? Eso también se puede encontrar. Pero antes de poder buscarla, debemos familiarizarnos ligeramente, en un sentido oculto, con la polaridad entre el hombre y la mujer. Al hacerlo, no debemos caer en el error de nuestra época materialista, que aplica la polaridad entre el hombre y la mujer, -tomándola simplemente como una cuestión de sexo,- a todo el universo. Eso no sólo es una trivialidad, sino que nuestros sabios se toman una libertad al considerar que lo que se encuentra en un ámbito es aplicable a todos los demás.

La polaridad correspondiente en el universo a la que existe en nuestra tierra entre el hombre y la mujer no puede llamarse masculino y femenino. Eso sería un sinsentido. Debemos investigar los fundamentos ocultos de esta otra polaridad. La polaridad entre masculino y femenino en nuestra evolución terrestre no se aplica, naturalmente, al "ser humano". El ser humano como tal es el mismo tanto en el hombre como en la mujer. Cuando hablamos de hombre y mujer sólo nos referimos a la configuración de sus cuerpos físico y etérico. Esto no tiene nada que ver con el ser interior del hombre; de modo que no podemos, en sentido oculto, hablar como lo hace nuestra época materialista. Un hombre y una mujer poseen cada uno un cuerpo astral y un yo, pero la percepción ordinaria no sabe nada de aquello que hace de un hombre o de una mujer un ser humano, sólo puede hablar de ellos tal como los ve. No estamos hablando ahora del ser humano como tal en el hombre o en la mujer, sino de lo que constituye al hombre o a la mujer, que no es más que su envoltura exterior. Esto debe entenderse perfectamente, pues si lo que vamos a decir se aplicara al ser humano como tal, sería completamente erróneo. La polaridad entre el hombre y la mujer dentro de los límites antes mencionados es la siguiente: 

En las edades primitivas la forma humana externa era totalmente diferente. Las formas humanas actuales, -hombre y mujer-, han evolucionado gradualmente a partir de una forma única anterior, que aún no se había dividido en dos. Antes había una unidad, donde ahora hay una polaridad, entre el hombre y la mujer. Ahora sabemos también que lo uniforme anterior era de un tipo más fino y espiritual. Sólo en el curso de los siglos el hombre desarrolló una forma material densa. Cuando miramos hacia atrás, no sólo encontramos una uni-forma, sino una que era más espiritual que la forma humana actual. Tenemos un ser humano primitivo que no era ni hombre ni mujer, una unidad todavía indivisa y más fina, más etérica, más espiritual que el ser humano posterior y más material, ahora separado en hombre y mujer. ¿Cuál fue la causa de que la unidad original se convirtiera más tarde en Hombre y Mujer? Esta causa se produjo porque, cuando la unidad se convirtió en dualidad, la mujer formó para sí un cuerpo físico que, si se puede decir tal cosa, no pasó completamente de la forma anterior a la forma material normal. El cuerpo de la mujer permaneció en un estadio más espiritual, no descendió completamente a lo material. Ciertamente se ha vuelto denso y material, pero al mismo tiempo ha conservado una forma anterior, más espiritual. Así, una etapa espiritual se ha convertido en material. El cuerpo de la mujer ha conservado, por así decirlo, una forma anterior, más espiritual, que no ha descendido completamente a la materia. Aunque se ha vuelto material, no lo ha hecho en lo que respecta a su forma, ya que aún conserva la forma que el ser humano poseía originalmente. De ahí que podamos decir: La mujer es una manifestación de una formación anterior que pretendía ser Espiritual y que, tal como se ve hoy en día, es en realidad falsa, un maya, una ilusión. Si aceptamos la idea de un cierto punto en la evolución en el que se produjo un salto hacia adelante y en el que la materia se cristalizó, podemos decir: -la mujer no avanzó hasta ese punto, cristalizó una forma anterior. Para alguien que realmente puede percibir los hechos de la vida, o que los aprende a través de la cognición imaginativa, el cuerpo de una mujer es una impresión algo más verdadera de lo Espiritual detrás de ella sólo en lo que respecta a la cabeza y los miembros, es decir, que su cabeza y miembros sólo expresan en su apariencia material, algo de una semejanza con su contraparte espiritual. Lo Espiritual detrás de la forma material no se ve así, porque esta última no es una forma verdadera.
Así, el dicho de que el mundo es "Maya" puede aplicarse a todas las regiones de la vida. Es muy fácil afirmar simplemente que "el mundo es maya", pero un hombre no puede comprender su significado si no lo examina seriamente, preguntándose: "¿En qué medida las formas son ilusión? Algunas lo son más y otras menos. Las hay que, en todo caso, expresan aproximadamente en su apariencia exterior lo Espiritual que hay detrás de ellas; éstas son la cabeza y los miembros. Hay otras que son completamente erróneas; a éstas pertenece el resto del cuerpo humano, que está totalmente distorsionado. Cuando el mundo comprenda estas cosas, ya no hablará tan tontamente como lo hace hoy, porque entonces verá que un cierto sentido artístico profundo, aunque más delicado, nos dice que la forma femenina, con excepción de la cabeza y las extremidades, está desfasada, y si ha de ser representada artísticamente, los defectos deben ser corregidos. En épocas mejores y más artísticas esto se hacía realmente, pues nadie que realmente tenga ojo para la forma puede dejar de observar que en la Venus de Milo la forma se ha corregido hasta cierto punto; pero esto, por regla general, pasa desapercibido.
De este modo hemos dividido al ser humano en dos partes, compuestas por aquellos miembros del cuerpo que son menos ilusorios y aquellos otros que lo son más y se desenfocan por completo. Esto no se aplica sólo a la mujer, sino que en lo que se refiere al hombre todo es al revés. Él es el polo opuesto. Del mismo modo que la forma femenina no descendió hasta el punto normal necesario para expresar correctamente el espíritu en la materia, sino que cristalizó en una fase anterior, el cuerpo masculino, por su parte, surgió tan lejos más allá de ese punto normal como la forma femenina se detuvo en él. Así, el cuerpo masculino descendió más profundamente de lo normal en la materialidad, y lo manifiesta en su forma exterior. Tendría una apariencia muy diferente si no hubiera surgido más allá del punto medio. El cuerpo humano sólo se corresponde aproximadamente con la verdad en lo que respecta a la cabeza y los miembros. En cuanto al resto de su forma, debemos decir que el cuerpo femenino, habiendo llegado a cierto punto, permaneció inmóvil; se consolidó antes de que las oleadas de la existencia material rompieran sobre él; de ahí que manifieste una forma muy diferente de la que habríamos visto si hubiera esperado a entrar en contacto con la vida material antes de cristalizar. Por otra parte, el cuerpo masculino se sumergió demasiado profundamente y está tan distorsionado como el de la mujer. Así, el cuerpo de la mujer manifiesta una forma distorsionada en lo Espiritual, mientras que el cuerpo del hombre está distorsionado en lo material. La verdadera forma estaría entre las dos; consistiría en un promedio feliz de ambas. Por supuesto, esto afecta a todo el ser humano en su vida terrestre, en la medida en que tiene una envoltura física. Lo que acabo de decir no tiene nada que ver con la polaridad entre la cabeza y los miembros, se refiere a todo el ser humano en una encarnación entre el nacimiento y la muerte. Nos encarnamos como hombre o como mujer. Al hacerlo, tenemos que tener en cuenta lo que está desfasado en el hombre o en la mujer; pero eso se extiende a todo el ser humano, y la consecuencia es que si en una encarnación se tiene el cuerpo de una mujer, todo este cuerpo femenino está influido por el hecho de haber quedado atrás en una etapa anterior, cuando la forma era más flexible. En una encarnación masculina, todo el cuerpo físico está impregnado de los efectos de haberse sumergido con demasiada fuerza en la materia sólida grosera. Si las personas tuvieran la más mínima idea de lo que significa pensar en el espíritu, vivir en el espíritu, utilizando el cuerpo físico sólo como un instrumento, -de modo que uno no se sienta firmemente sujeto a él, identificándose con él-, cantarían salmos sobre la miseria de tener que utilizar un cuerpo masculino en una encarnación, porque, por supuesto, estos efectos materiales también se han filtrado en el cerebro. Se observa que las formas del cerebro masculino, por haber estado más profundamente en la materia, son más difíciles de manejar que las formas más flexibles del cerebro femenino. Es verdaderamente un asunto más difícil entrenar un cerebro masculino para el ascenso a los mundos superiores, y traducir las verdades en pensamientos, que entrenar un cerebro femenino para el mismo propósito. Por esta razón no es de extrañar que la gente piense que, cuando surge una nueva concepción del mundo como la de la Ciencia Espiritual, sea más fácilmente captada por el cerebro femenino, más manejable; pues al cerebro masculino, menos dúctil y obediente, le resulta más difícil liberarse de ciertos pensamientos que ha absorbido. De ahí que la Ciencia Espiritual no encuentre fácil aceptación entre los hombres que son hoy los dirigentes de la cultura y de las ideas cultas que prevalecen en nuestros días. Debemos darnos cuenta de lo torpe que es hoy en día el cerebro de un hombre culto, no sólo para aceptar la Ciencia Espiritual, sino también para pensar en esa línea. Pero no debemos mirar estas cosas de una manera equivocada y sacar nuestras propias conclusiones - más bien debemos considerar que es aún más significativo que haya tantos hombres cuyos cerebros son tan flexibles que se han familiarizado íntimamente con la Ciencia Espiritual.
Al principio, estas cosas sólo pueden insinuarse, pero si dejan que actúen sobre ustedes y luego reflexionan sobre ellas, descubrirán que se abre una inmensa perspectiva en relación con la vida del hombre.

Cuando pensamos en la vida humana en sus dos opuestos de hombre y mujer, nos enfrentamos a dos formas, una que se ha quedado estancada en una etapa anterior, y otra que ha saltado más allá de la etapa actual y que trae al presente una forma destinada al futuro, pero la presenta como una caricatura. La femenina ha conservado una forma anterior y la masculina ha adoptado una forma posterior, pero la ha convertido en lo que no debe ser en el futuro. La forma masculina es incorrecta, porque ha introducido condiciones de vida posteriores en una época todavía demasiado temprana para ellas.

¿Podemos encontrar en el Cosmos una correspondencia con la polaridad entre lo masculino y lo femenino? ¿Hay algo en el Cosmos que, por una parte, nos muestre un desarrollo que ha conservado formas anteriores y las ha trasladado a una edad posterior? Y, por otra parte, ¿existen formas que hayan trascendido una determinada etapa, representando así la forma caricaturesca de un estado futuro? Si recordamos el desarrollo concreto que conocemos por los Registros Akáshicos, podemos plantear la pregunta así: ¿Existe algo en el Cosmos exterior, semejante a una existencia de antigua Luna que no entraría en la existencia de la Tierra, sino que retuviera de la antigua Luna algo femenino en el Cosmos?
¿Existe algo que traiga al presente algo parecido a una existencia de antigua Luna perteneciente a una etapa anterior? ¿Y hay en el Cosmos algo que haya superado una cierta etapa, y se haya condensado y espesado, de modo que represente una condición posterior, una condición de Júpiter?

Sí, lo hay. Existe en el Cosmos la misma polaridad que hemos descrito entre lo masculino y lo femenino; y ésa es la polaridad entre un Cometa y la Luna. Si queremos comprender la naturaleza de un cometa, que vaga por el espacio cósmico sin tener en cuenta las demás leyes del sistema solar, debemos tener claro que el cometa transporta las leyes de la existencia de la antigua Luna a la nuestra. Esas leyes las ha conservado, y con ellas entra en nuestra existencia. Ha asumido la sustancia actual del sistema solar-terrestre; pero, en lo que concierne a su movimiento y a su naturaleza, se ha quedado atrás en aquella etapa de la ley natural que prevalecía en el Sistema Solar cuando nuestra Tierra era todavía la antigua Luna. Lleva una condición anterior a una posterior, al presente; igual que el cuerpo de la mujer lleva una condición anterior a la existencia actual. La naturaleza del Cometa es una parte de una polaridad, y la de la Luna representa el otro polo. Cuando, en la era Lemúrica, la Luna evolucionó a partir de la Tierra, se llevó consigo ciertas porciones, que tuvieron que ser eliminadas para que el ser humano como tal pudiera desarrollarse. La Tierra no debía volverse tan densa como debería haberse vuelto si hubiera conservado la Luna en su interior. La Luna representa en realidad una caricatura de la condición de Júpiter. Así como una fruta fresca madura se encuentra en estado petrificado en una estalactita, así la Luna en su configuración trascendió la forma media, como lo ha hecho la forma masculina del ser humano. Exactamente la misma polaridad que encontramos en la vida humana entre lo masculino y lo femenino, podemos encontrar en el Cosmos entre las naturalezas de la Luna y los Cometas.

Así están conectadas estas cosas: como el sol a la tierra, así la cabeza a los miembros, - como la Luna al Cometa, así el hombre a la mujer en el ser humano. Aquí tampoco debemos irnos a casa y decir: - ¡bueno, ahora tenemos unas bonitas polaridades que observar! - Debemos tomarnos estas cosas muy en serio y recordar que en otras ocasiones he dicho algo más aparte de esto. Debemos tener en cuenta el hecho de que el hombre sólo es masculino en lo que se refiere a su cuerpo físico, pues en lo que se refiere a su cuerpo etérico es femenino; y la mujer, por el contrario, sólo es femenina en su cuerpo físico. Sólo puede decirse que una mujer es hembra en lo que concierne a su cuerpo físico, y lo mismo puede decirse del cuerpo etérico de un hombre; de modo que la relación del cuerpo etérico de un hombre con el cuerpo etérico de una mujer es como la del Cometa con la Luna. Si queréis, podéis decir: ¡esto lo confunde todo de nuevo! Pero estas cosas son así. En una cultura que ha creado sus ideas con un cerebro densificado, esas mismas ideas tienden a crear contornos densos que no pueden modificarse, de modo que cuando las ideas se forman una vez, hay que aferrarse a ellas. Pero el espíritu no admite esto. Es móvil, y cuando formamos ideas, debemos mantenerlas plásticas. Así pues, debemos aplicar lo que se acaba de decir en cuanto a la relación de la Luna y los cometas con el hombre y la mujer, con lo masculino en la mujer y lo femenino en el hombre. Se aplica a los elementos masculino y femenino en el ser humano, pero no al hombre y a la mujer tal como los encontramos externamente.

Ahora hemos encontrado algunas conexiones extremadamente interesantes entre el desarrollo del ser humano y el del Cosmos. Por supuesto, como ya he observado: Aquellos que se sientan en los altos puestos de la "verdadera observación científica" considerarán lo que se acaba de exponer sobre el Cometa y la Luna, como totalmente descabellado y absurdo. Eso no puede evitarse. No desean investigar la verdad. Pero en el terreno de la Ciencia Espiritual, podemos construir un puente entre lo que viene de lo Espiritual y lo que se ve en el plano físico. Esos otros no lo harán.
En el año 1906, durante el Congreso de París, llamé la atención sobre el hecho de que la investigación Espiritual a partir de su conocimiento de la naturaleza de los Cometas, era capaz de decir: Como las combinaciones de carbono e hidrógeno desempeñan en nuestra Tierra el mismo papel que las combinaciones de carbono y nitrógeno (cianógeno) en la antigua Luna, la vida cometaria debe contener compuestos de cianógeno, - combinaciones de carbono y nitrógeno. Aquellas personas que han seguido estas cosas con atención recordarán esto. Nuestra Ciencia Espiritual, por lo tanto, hace algún tiempo anunció que la naturaleza cometaria debe contener cianógeno en alguna forma. Durante las últimas semanas este hecho ha sido mencionado en todos los periódicos como un hecho externo descubierto por el espectroanálisis. Éste es sólo un caso, -podrían citarse cientos de otros- en el que la investigación espiritual tiende puentes para los hechos de la investigación externa. En este caso, el espectroanálisis afirma lo que la Ciencia Espiritual había afirmado años antes. Los resultados de la investigación materialista externa nunca contradicen los de la investigación Espiritual. Podemos confiar en afirmaciones como las mencionadas, cuando aquellos que se sientan en los altos puestos de la verdadera ciencia señalan constantemente los hechos externos. Sólo que no debemos confundir estos hechos con las conclusiones limitadas que la gente saca por sí misma. Si todo en la Ciencia Natural de hoy fuera realmente un hecho, la Ciencia Natural contradeciría grandemente a la Ciencia Espiritual; pero sus hechos no son hechos, sino sólo las concepciones corruptas de aquellos que, a través de las condiciones prevalecientes en nuestra época, son llamados a ocuparse de tales asuntos.

Ahora, después de haber presentado ante nuestra mente la polaridad que se encuentra en la vida humana, así como en el Cosmos, podemos preguntar: ¿Qué es lo que se produce en el Universo como resultado de esto?

Es bastante difícil describir en poco tiempo la inmensidad que subyace a tal hecho. Permitanme, pues, que describa, a modo de ejemplo, la vida del hombre tal como sigue su curso vista exteriormente. En primer lugar, vemos algo de lo que podemos decir que sigue su curso como la vida de un buen ciudadano, de día en día. Se levanta por la mañana, toma su desayuno y completa el resto del día de acuerdo con las reglas habituales. Sin embargo, hay ciertos acontecimientos que pueden intervenir de golpe en la vida de un hombre y provocar cambios en el curso del día. Tomemos el caso de un hombre y su esposa que viven durante un tiempo la vida de buenos ciudadanos con poca variedad en el programa habitual de su día, hasta que ocurre algo que realmente provoca un salto en la vida externa ordinaria de las personas en tales circunstancias. Cuando un nuevo ser humano se encarna y entra en la vida como ciudadano del mundo, el acontecimiento provoca un salto, un gran cambio en el proceso ordinario de la vida cotidiana. Cuando un nuevo ciudadano del mundo aparece en el horizonte del hombre y la mujer, ocurre algo que da una nueva forma a todo el vínculo familiar. He traído esto a colación como un ejemplo por medio del cual podemos obtener alguna pequeña comprensión del profundo trasfondo oculto de la vida cometaria. También en el Cosmos, la vida transcurre de día en día, de año en año -como la vida del buen ciudadano-, un día es igual a otro; el Sol sale y se pone, las plantas florecen en primavera y se marchitan en otoño, y cuando hay lluvia o sol o granizo o cosas por el estilo, éstas corresponden a acontecimientos de la vida ordinaria como, por ejemplo, cuando en lugar de nuestro té ordinario de las cinco, tenemos una pequeña fiesta. Vemos que estas cosas suceden como algo natural. Todo esto está relacionado con las leyes subyacentes a los movimientos del Sol, la Tierra, etc., y la forma en que éstos continúan día tras día y año tras año. En este proceso regular, intervienen las apariciones más raras, pero en cierto sentido recurrentes, de los cometas. Llegan al proceso de los acontecimientos cósmicos como un nuevo ciudadano que entra en el horizonte del hombre y la mujer. A través de la aparición de un cometa en el cosmos, se produce realmente en la vida de la humanidad algo que no podría ocurrir en el proceso ordinario de la vida. Para que la evolución continúe, no sólo debe producirse lo que se repite día a día, sino que debe introducirse algo nuevo en ella. Del mismo modo que algo muy especial entra en la vida de una familia con el nacimiento de un nuevo ciudadano de la Tierra, algo muy diferente entra en el progreso de la raza humana en la Tierra con la aparición de un cometa, que rompe el proceso ordinario de la existencia cósmica. Es como si algo nuevo naciera cuando aparece un cometa.
Quien puede investigar estas cosas espiritualmente, es capaz de indicar con bastante claridad las diferentes funciones de los distintos cometas, y cómo cada uno de ellos tiene que introducir algo espiritualmente nuevo en el mundo. Así, el cometa Halley es uno de los que, en sus apariciones periódicas, siempre introduce algo especialmente nuevo en la vida del hombre. Mientras que, por lo demás, las cosas se repiten de manera ordinaria, este cometa provoca un nuevo nacimiento en la vida interior y en la cultura humanas. Sólo puedo caracterizar lo que quiero decir refiriéndome a las tres últimas apariciones del cometa Halley, en los años 1759, 1835 y la que ahora esperamos. ¿Cuáles son las tareas de estas tres apariciones? Otros cometas tienen otras tareas. Los nuevos nacimientos en el universo no siempre son recibidos con la misma alegría que el nacimiento de un joven ciudadano en una familia. En el universo nacen todo tipo de cosas, tanto las que hacen avanzar a la humanidad como las que la hacen retroceder. Ahora bien, la aparición del cometa Halley, o lo que significa espiritualmente para la evolución ulterior de la humanidad, está relacionada con lo que la humanidad tuvo que absorber del Cosmos en los diversos períodos del Kali-Yuga, a fin de que el pensamiento descendiera cada vez más en la materialidad. Con cada nueva aparición de este cometa nacía un nuevo impulso, para alejar aún más a la humanidad de una concepción cósmica espiritual por parte del Yo, e impulsarla a captar el mundo de una manera más materialista. Esto no significa un descenso a la materia, sino más bien la conducción de esa sustancia Espiritual que el Yo humano debería extraer del universo para su existencia Espiritual, hacia la esfera de la concepción materialista. Todas esas concepciones de la segunda mitad del siglo XVIII, que se llaman superficiales y superficiales y que Goethe ridiculizó tanto en su Verdad y Poesía y que encontraron su exponente por ejemplo en el Systeme de la Nature de Holbach, se comprenden en su sentido cósmico a través de la aparición del cometa Halley en el año 1759. Los lugares comunes de la literatura materialista del segundo tercio del siglo XIX fueron precedidos por la aparición de ese cometa en 1835. Las cosas que ocurren microcósmicamente en la tierra están macrocósmicamente conectadas con los acontecimientos del gran mundo. 
Un nuevo impulso hacia el materialismo fue dado de nuevo por la aparición del cometa Halley en 1835. Buchner, Vogt y Moleschott son ejemplos de aquellos que fueron influenciados en la tierra por lo que apareció con el cometa Halley, como una poderosa señal del Cosmos. En un futuro próximo -pues la humanidad debe ser puesta a prueba, debe salir de sí misma, debe sentir la resistencia a la Espiritualidad para poder desplegar todas las fuerzas para su resurgimiento- nos veremos confrontados con las fuerzas que la nueva aparición de este cometa enviará desde el universo, fuerzas que pueden llevar a la humanidad a un materialismo aún más árido y espantoso. Es posible que nazca algo que ni siquiera los pensamientos más áridos y secos de la escuela de Buchner habrían podido imaginar. pero esta posibilidad es una necesidad, pues sólo si el hombre vence a las fuerzas contrarias podrá adquirir la fuerza poderosa capaz de conducirle de nuevo hacia arriba.
Si tenemos esto en cuenta, entonces encontraremos de la manera correcta lo que llamamos "Señales del Cielo". Esto es realmente un hecho; aunque lo que he dicho no debe tomarse en un sentido supersticioso, como si Dios señalara con una varita desde el cielo para mostrar a los hombres lo que tienen que hacer. La próxima aparición del cometa Halley es una de estas señales, y debe tenerse en cuenta. Porque un poderoso impulso ascendente debe seguirlo para que podamos elevarnos desde las profundidades del materialismo en las que nos hemos hundido, hacia la Espiritualidad. Así como se nos da la posibilidad de ser anegados en el materialismo, también se nos da la oportunidad de ascender a alturas más claras y espirituales.

En las últimas conferencias se indicó clara y distintamente que durante la primera mitad del siglo XX se desarrollará una clarividencia etérica en unos pocos individuos, como una capacidad natural. Para que el hombre no se hunda más profundamente en el materialismo indicado por el signo actual de 1910, aquellos que tienen comprensión de la Ciencia Espiritual tienen la posibilidad de desarrollar esas fuerzas en el alma humana que pueden conducir al hombre más allá del materialismo. Si un hombre comprende estas fuerzas, ellas le enseñarán cómo puede él mismo ver la naturaleza etérica de Cristo. Vivimos en una encrucijada importante, en la que se enseñará a los hombres, incluso por señales del cielo, que en una dirección el camino conducirá más profundamente al fango, mientras que el otro camino lleva al desarrollo en ellos mismos de las fuerzas que, al concluir el Kali-Yuga, conducirán a la clarividencia etérica. El grito de Juan el Bautista: "¡Cambiad la disposición de vuestras almas! Esto puede decirse realmente. Así como por un lado se nos da la posibilidad de perecer en el pantano materialista, por el otro es posible, a través del Sol alcanzando cierto punto en la Constelación de Piscis en el Equinoccio Vernal, que se adquiera cierta clarividencia etérica. Para la ascensión espiritual existen también signos, para mostrarnos cómo vienen las fuerzas del Cosmos. Si un hombre es estudiante de Ciencia Espiritual, necesariamente llegará a comprender esta decisión; si no lo hace, significa que no ha comprendido bien la Ciencia Espiritual. Debemos pasar por la prueba que nos somete la señal en los Cielos que ahora reconocemos como la aparición del Cometa Halley.
Imaginemos ahora la visión de Cristo, tal como aparecerá a los primeros precursores durante los próximos 2.500 años, y tal como apareció a Pablo camino de Damasco. El hombre ascenderá a una cognición del mundo espiritual y verá el mundo físico impregnado de un nuevo "país", o nuevo reino. El entorno físico del hombre presentará un aspecto totalmente diferente en el transcurso de los próximos 2.500 años, mediante la adición de una esfera etérica, que de hecho ya está aquí ahora, pero que él aprenderá a percibir. Esta esfera etérica se extiende incluso ahora ante los ojos de aquellos que han llevado su formación esotérica hasta la "Iluminación" - como fue el caso de los Iniciados incluso en Kali-Yuga. Lo que los hombres verán cada vez más en el futuro es visible en sus mayores alturas para los Iniciados. El Iniciado extrae de allí, a intervalos repetidos, las fuerzas que necesita. Cuando tiene que realizar algún trabajo especial, extrae sus fuerzas de aquellos reinos dentro del circuito terrestre que son visibles para él, pero que sólo pueden ser vistos por aquellos que tienen la visión. Nos ayudará a comprender esto, el saber que una parte de esa tierra de donde el Iniciado extrajo sus fuerzas durante el Kali-Yuga, será abierta a una gran parte de la humanidad durante los próximos 2.500 años. Antiguamente, en los días de la clarividencia primitiva, el hombre, aunque entonces sin la fuerte conciencia del yo, podía ver en el mundo espiritual, -y en cierto modo veía más o menos lo que verá ahora-, pero ahora entrará en él con su recién adquirida autoconciencia. En aquel tiempo lo veía en condiciones de éxtasis onírico, o mirando dentro de su propia alma. Aquel mundo que durante el Kali-Yuga se hizo físico estaba entonces abierto a la mirada del hombre. De ahí que las tradiciones, que han conservado recuerdos de la antigua clarividencia, nos hablen de un desconocido País de las Hadas que ahora ha desaparecido de nuestra vista. Hay documentos maravillosos en la literatura oriental, llenos de un peculiar encanto trágico, que nos dicen que en un tiempo fue posible para los seres humanos viajar a una tierra donde lo espiritual fluía hacia lo físico. Es esa Tierra de donde en ciertas épocas los Iniciados -y en todas las épocas los Bodhisattvas- extraían fuerzas vivificantes. Los escritos orientales hablan con profundo dolor de esa tierra, preguntando: "¿Dónde está? Se nos dicen los nombres de los lugares, se nombran los caminos; pero la Tierra misma está oculta, ¡incluso para los más iniciados de entre los Lamas de Thibet! Sólo los Iniciados más elevados pueden acceder a ella. Pero siempre se dice que algún día esta Tierra volverá a la tierra. Es cierto, ¡volverá a la tierra! Y el guía será Aquel a quien los hombres verán cuando, a través de la visión del Acontecimiento de Damasco, lleguen a la Tierra de Shamballa. Shamballa" -así se llama esta Tierra- se ha retirado de la vista del hombre. Hoy en día sólo pueden entrar en ella aquellos que, como Iniciados, van allí de vez en cuando para fortalecerse. Las viejas fuerzas ya no pueden conducir al hombre hasta allí. Por eso la literatura oriental habla con tan trágica desesperación de la desaparecida Tierra de Shamballa. Pero el Acontecimiento de Cristo, que será concedido al hombre en este siglo a través de sus facultades recién despertadas, traerá de vuelta la Tierra de las Hadas de Shamballa, que durante todo el Kali-Yuga sólo pudo ser conocida por los Iniciados.


Por lo tanto, la humanidad está llamada a tomar una decisión: ¿dejará que el cometa Halley la conduzca a una oscuridad aún más profunda que la de Kali-Yuga, o no descuidará, mediante la comprensión desarrollada por la Antroposofía, el cultivo de las nuevas facultades que le permitirán encontrar el camino hacia la Tierra que, según la literatura oriental, ha desaparecido, pero que Cristo revelará una vez más a la humanidad: la Tierra de Shamballa? Esta es la gran cuestión de la división de los caminos: bajar o subir. O descender a algo que, como Kamaloka Cósmico, se encuentra aún más profundo que el Kali-Yuga, o trabajar por aquello que permitirá al hombre entrar en ese reino, al que realmente se alude bajo el nombre de Shamballa.
Traducio por J.Luelmo abr.2023

martes, 4 de abril de 2023

GA116-3 Berlín 2 de febrero de 1910 -La entrada del Ser Crístico en la evolución de la humanidad

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La entrada del Ser Crístico en la evolución de la humanidad

RUDOLF STEINER

Berlín 2 de febrero de 1910

En cada uno de los Evangelios se arroja luz sobre el gran Misterio del Gólgota desde un aspecto particular. He llamado su atención sobre el hecho de que el secreto del Gólgota, el secreto de Cristo Jesús, es presentado por el Evangelio de San Marcos desde el aspecto de los grandes nexos Cosmológicos, mientras que el de San Mateo muestra cómo este secreto se desarrolló a partir de un pueblo especial, los antiguos hebreos. Hemos visto cómo ese pueblo tuvo que desarrollarse poco a poco, de generación en generación, desde la época de Abraham, para dar a luz más tarde, como su flor, al Ser Humano en el que podía estar contenida la individualidad de Zaratustra o Zoroastro. Hemos visto cómo todas las cualidades peculiares del pueblo hebreo, -cualidades que debían intensificarse cada vez más en el curso de su descendencia de una generación a la siguiente-, se basaban enteramente en el principio de la herencia física. De este modo pudimos describir cómo el carácter de la misión del antiguo pueblo hebreo se diferenciaba del de los demás en que debía heredar ciertas cualidades, que sólo podían alcanzarse por herencia física, y que habían ido ganando en intensidad desde las generaciones más antiguas de la época de Abraham hasta Jesús. El Evangelio de San Mateo contiene muchos otros secretos, como todos los Evangelios. Aunque en el transcurso de este Invierno abriremos algunos aspectos y perspectivas de los Evangelios, éstos a lo sumo sólo pueden estimular la comprensión. Porque para comprender los Evangelios por completo es necesario un trabajo espiritual interminable. Hoy se arrojará luz desde un punto de vista particular sobre el Evangelio de San Mateo y se mostrará cómo las lecciones que se extraigan de él pueden ser aplicadas provechosamente por aquellos que ahora forman parte de la corriente espiritual antroposófica.

Si echamos una mirada retrospectiva a mucho de lo que hemos aprendido con el correr de los años, veremos que el desarrollo de la humanidad, tal como lo describe la Ciencia Espiritual, atraviesa diversas crisis; llega a un punto importante, luego continúa por un tiempo por un camino más llano, luego viene otro punto importante, y así sucesivamente. A menudo hemos enfatizado que uno de esos puntos importantes en el desarrollo de la humanidad en la tierra se alcanzó cuando se dio el Impulso Crístico al comienzo de nuestra era, según el cálculo moderno del tiempo. Cuando miramos hacia atrás, más allá de la era atlante, hacia la era lemúrica, llegamos a ese momento en que el primer rudimento del yo humano fue implantado en el ser humano. Para comprender tal acontecimiento, las palabras deben tomarse con mucha precisión. Por ejemplo, debemos hacer una clara distinción entre la afirmación de que en la época Lemúrica 'los primeros rudimentos del yo fueron implantados en el ser humano', y aquella otra, de que en la época del Misterio del Gólgota comenzó el período, la era, en que la humanidad tomó conciencia de este yo. Hay una gran diferencia entre tener el yo sólo en rudimento, como algo que actúa en el hombre, y el conocimiento de que uno lo posee. Hay que distinguir muy bien entre ambas cosas, pues de lo contrario es imposible comprender las verdaderas leyes de la evolución.
Sabemos que la implantación del yo en el hombre forma parte del desarrollo colectivo de la Tierra. La Tierra pasó por las eras de Saturno, del Sol y de la Luna, y sólo entonces se convirtió en la estructura que es hoy. En Saturno se puso el germen del cuerpo físico, en el Sol el del cuerpo etérico, en la Luna el del cuerpo astral, y en la tierra se añadió el germen del yo; este germen se puso en el desarrollo de la tierra en la época lemúrica. Ahora bien, algo más también tuvo lugar en la época lemúrica, algo que siempre hemos llamado la "influencia luciférica". Durante esa época el hombre fue dotado del germen del yo, que en el curso de los períodos terrestres subsiguientes estaba destinado a alcanzar una perfección cada vez mayor, y al mismo tiempo su cuerpo astral fue "inoculado" con la influencia luciferina. Toda la naturaleza del hombre fue alterada por esta influencia, hasta las fuerzas y elementos de sus cuerpos etérico y físico. Así, en la época lemúrica, el hombre se convirtió en un ser completamente diferente de lo que habría sido si no hubiera existido la influencia luciférica. Lo vemos alterarse en dos aspectos: lo vemos convertirse en un ser con yo, y lo vemos convertirse en un ser en quien el principio luciférico está oculto. Incluso si el principio luciférico no se hubiera establecido, la influencia del yo habría entrado en el hombre. 
Ahora bien, ¿Qué ocurrió en el ser humano como resultado de haberse hecho sentir la influencia luciférica en la época lemúrica?

Cuando se describe tal circunstancia desde un aspecto u otro, les ruego que no consideren eso como todo lo que puede decirse sobre el tema; pues bien puede tratarse sólo de un punto de vista, seleccionado por el momento. A lo largo de los años se ha dicho mucho sobre lo que la influencia luciférica provocó en la evolución del hombre; todo forma parte de lo mismo, pero no podemos repetirlo todo ahora. Hoy seleccionaremos sólo un punto de vista, que describe un aspecto; es decir, que como resultado de la influencia luciférica el hombre alcanzó cierto punto en la evolución antes de lo previsto, antes de lo que la sabia guía del mundo había predestinado para él. La influencia luciférica le hizo descender más profundamente en los tres principios que procedían de las anteriores encarnaciones de la tierra, (el cuerpo astral, el cuerpo etérico y el cuerpo físico) y se enredó en ellos más de lo que lo habría hecho de no haber prevalecido tal influencia. El hombre, con su yo, habría permanecido más cerca de los mundos espirituales, habría continuado durante más tiempo sintiéndose, a través de su yo, miembro del mundo espiritual, si la influencia luciférica no hubiera hecho que ese yo descendiera más profundamente en los tres principios. Podemos decir que, como resultado de la influencia luciférica, el hombre descendió más profundamente sobre la tierra en la época lemúrica. Podemos indicar el momento en que habría descendido tan profundamente a la tierra o a la materia física si no hubiera habido influencia luciférica; habría sido a mediados de la época atlante. Si no hubiera habido influencia luciférica, el hombre se habría visto obligado a esperar hasta entonces para descender a la tierra; pero esa influencia le hizo descender antes. Le permitió convertirse en un ser libre, capaz de actuar de acuerdo con sus propios impulsos. De lo contrario, habría permanecido totalmente dependiente del mundo espiritual hasta mediados de la época de la Atlántida; tampoco habría podido distinguir antes entre el bien y el mal, ni actuar según sus propios impulsos. Sólo habría podido actuar a partir de influencias psíquicas, es decir, de fuerzas implantadas en su alma por Seres Espirituales Divinos. Los seres luciféricos hicieron posible que comenzara en una etapa más temprana a decidir entre el bien y el mal; que no se dejara guiar simplemente por las leyes del Orden divino-espiritual del mundo, sino que decidiera por sí mismo, creando una especie de ley y orden por sí mismo. Este hecho se expresa de manera muy profunda en la descripción de "la Caída", que representa en una maravillosa imagen imaginativa lo que acabo de exponer. El Antiguo Testamento lo describe diciendo que los Seres Espirituales Divinos implantaron en el hombre un alma viviente. Ahora bien, si esta alma viviente hubiera permanecido tal como era, el hombre habría tenido que esperar hasta más tarde, hasta que los Seres Espirituales Divinos hubieran llevado el alma viviente, o, en otras palabras, el yo aún no desarrollado, al grado de madurez capaz de hacer distinciones. Pero entonces llegaron las influencias Luciféricas, representadas en la Biblia como "la Serpiente". A través de ellas, el hombre mismo llegó a ser capaz de distinguir entre el bien y el mal, en lugar de limitarse a seguir instintivamente las inspiraciones de Jehová o de los Elohim. De un ser que hasta entonces había sido guiado y conducido por Seres Espirituales Divinos, el hombre se convirtió así en un ser capaz de decidir por sí mismo. La Biblia muestra claramente que la autodecisión fue traída al hombre por la Serpiente, o en otras palabras, por los seres luciféricos. Entonces oímos resonar las palabras pronunciadas por los dioses: "El hombre se ha convertido en uno de nosotros". O, si queremos decirlo más claramente: "El hombre ha adquirido, por la influencia luciférica, algo que hasta ahora sólo estaba reservado a los dioses. A los dioses les fue dado decidir entre el bien y el mal, los seres dependientes de ellos no tenían que tomar tales decisiones'.
Como resultado de la influencia luciférica, el hombre se convirtió ahora en un ser capaz de hacer distinciones; es decir, se convirtió en un ser que desarrolló prematuramente cualidades divinas en su interior. De este modo y a través de esta influencia, entró en la naturaleza humana algo que, de otro modo, habría sido retenido de su evolución hasta mediados de la época atlante. Como bien pueden imaginar, el hombre habría sido muy diferente si este descenso a la materia no hubiera tenido lugar hasta entonces; su alma habría estado más madura para el descenso. Habría descendido a la materia como un hombre mejor, más maduro. Habría aportado cualidades muy diferentes a sus cuerpos físico, etérico y astral y habría poseído un poder muy diferente para distinguir entre el bien y el mal. Como el hombre ya era un ser capaz de distinguir entre el bien y el mal desde la época Lemúrica hasta mediados de la época Atlante, se hizo a sí mismo peor de lo que habría sido de otro modo; entró en un estado de menor perfección. De otro modo, habría pasado todo el tiempo transcurrido de un modo mucho más espiritual; pero así fue, lo atravesó de un modo más material. El efecto de esto fue que si hubiera recibido a mediados de la época atlante lo que los dioses habían querido que tuviera, habría caído total y completamente.

¿Qué se le habría dado al hombre a mediados de la época atlante, si hubiera continuado siendo guiado y dirigido hasta ese momento, instintivamente, por así decirlo, por Seres Espirituales Divinos?

Habría recibido entonces lo que, habiendo intervenido entretanto la influencia luciférica, le fue dado después mediante el Misterio del Gólgota. El Impulso Crístico habría sido dado al hombre a mediados de la época atlante. Ahora, sin embargo, a causa de la influencia luciférica, el hombre tuvo que esperar tanto tiempo para recibir el Impulso Crístico como el que había transcurrido entre la intervención de la influencia luciférica y la mitad de la época atlante. Entre la entrada de Lucifer y la mitad de la época atlante transcurrió el mismo lapso de tiempo que entre esa época y la llegada del Impulso Crístico. Por lo tanto, al haber adquirido el hombre una semejanza con los dioses antes de lo previsto, tenemos que describir un retraso del Impulso Crístico. En efecto, antes de que éste llegara, el hombre tuvo que sufrir el karma terrestre debido al mal que había entrado en la Tierra por el impulso luciférico. Tuvo que esperar, no sólo hasta que esa influencia le hiciera capaz de distinguir entre el bien y el mal, sino hasta que, en el curso del desarrollo de la tierra, se hubieran producido todas las consecuencias de la influencia luciférica. Debía esperarlas, pues sólo entonces podría descender a la Tierra el Impulso Crístico. De acuerdo con la sabia dirección de la Tierra, el hombre no debía escapar para siempre de lo que le sobrevendría a través de la influencia luciférica, pero no le habría sobrevenido hasta mediados de la época atlante. En cualquier caso, habría de llegar; pero ciertamente no lo habría hecho en la misma forma. El hombre no sólo adquirió de Lucifer el poder de libre decisión en todo lo relacionado con las cosas espirituales, sino también la capacidad de entusiasmo por lo que es bueno y noble, sabio y grande. Como seres humanos, no sólo somos capaces de distinguir fríamente entre el bien y el mal, sino también de sentir un cálido resplandor por lo noble, lo bueno y lo sabio. Eso se debe a que algo fue llevado a nuestro cuerpo astral, que, si sólo hubiera llegado al hombre en plena época atlante, habría sido llevado al yo, ese yo que es capaz de juzgar. Todo el sentimiento, el idealismo y el entusiasmo por lo que es bueno, por los altos ideales, se lo debemos a la circunstancia de que algo entró en nuestro cuerpo astral antes de que hubiéramos adquirido la semejanza con Dios en nuestro yo, antes de que hubiera tenido lugar en él la aceptación del Cristo. El punto esencial es que esta semejanza con Dios, la posibilidad de encontrar el bien dentro de nosotros mismos, tuvo que llegar al hombre. Si la influencia luciférica no hubiera llegado, este impulso se habría producido a mediados del período atlante, pero tal como están las cosas, se produjo en la época en la que el propio Cristo Jesús actuó.
Así, a través del Impulso Crístico, llegó al hombre la conciencia de que en su yo tenía algo de sustancia Divina y de naturaleza Divina. El pensamiento de que el hombre puede acoger lo Divino en su Yo y que esta parte Divina puede ser activa en él y distinguir entre el bien y el mal, subyace en todos los dichos más profundos del Nuevo Testamento. Por lo tanto, podemos decir que con la recepción en la naturaleza interna del hombre del Impulso Crístico, se hizo posible que el hombre dijera: 'Debo ser mi propio guía para el conocimiento de mi existencia y la distinción entre el bien y el mal'.

Ahora bien, si nos remontamos a la época precristiana, debemos decir que cuando aún no existía el impulso que capacitaba al hombre para distinguir entre el bien y el mal, tal distinción, y el juicio del hombre en cuanto a lo bueno, lo bello y lo verdadero, eran necesariamente escasos; no procedían realmente de su ser interior. Antes del impulso Crístico, el hombre no podía distinguir en su fuero interno entre el bien y el mal. En la época precristiana, la decisión sobre lo realmente Bueno, Bello y Verdadero sólo podía tomarse a través de ciertos seres -como los Bodhisattvas- que, con el paso del tiempo, ascendían con una parte de su ser a los mundos divino-espirituales; la distinción entre el bien y el mal no se hacía, por tanto, desde el interior del ser humano, sino en los mundos divinos. A través de su compañía con los seres espirituales divinos, estos Guías la adquirieron y fluyó de ellos a las almas de los hombres, como por sugestión. Si no hubiera sido por esos guías, los hombres sólo habrían podido hacer débiles distinciones entre el bien y el mal en aquellos días. Si estos guías hubieran dependido únicamente de sus propios corazones, tampoco habrían podido hacerlo; pero como descendieron a esas profundidades del alma que aún no eran accesibles al hombre y entraron en su ser del yo en los reinos del cielo, recibieron el impulso que necesitaba el hombre para ayudarle a decidir entre el bien y el mal en el momento de su necesidad, para que el bien pudiera, no obstante, implantarse en la tierra a modo de preparación. Así, antes de la época de Cristo, el hombre era un ser todavía insuficientemente preparado para adquirir la semejanza con Dios. Por esta razón, desde la época lemúrica, todo lo que el hombre ha hecho, lo ha hecho menos bien de lo que hubiera sido el caso. Esto se aplica sobre todo a lo que se refiere a sí mismo. Sus cuerpos astral, etérico y físico, que de no ser por la influencia luciférica habrían permanecido más espirituales, fueron, por esa influencia, menos bien formados, hechos más materiales. Esa fue la razón de todo el mal que se desarrolló en la vida del hombre con el paso del tiempo. En el curso de un tiempo muy largo se han desarrollado estos males.
Desde la época Lemúrica hasta el Misterio del Gólgota se desarrollaron en los cuerpos físico, etérico y astral. En el cuerpo astral se desarrolló un alto grado de egoísmo; en el cuerpo etérico la posibilidad de juzgar erróneamente y la posibilidad de mentir. Si el hombre hubiera permanecido bajo la influencia de los seres divino-espirituales, actuando instintivamente de acuerdo con sus impulsos, hoy en día, cuando desea conocer el mundo que le rodea, no podría caer en el error, ni podría ser inducido a la falsedad. Así, la tendencia a la mentira y el peligro del error encontraron lugar en el desarrollo del hombre; y como lo espiritual es siempre el origen de lo físico, y como la influencia luciférica y sus consecuencias se abrieron camino cada vez más profundamente en el cuerpo etérico durante encarnación tras encarnación, la posibilidad de la enfermedad entró en el cuerpo físico. La enfermedad es el mal que entró en el cuerpo físico a través de ese desarrollo; pero ha venido algo de mayor significación aún. Si el hombre no hubiera estado sujeto a estas influencias, si no hubiera permitido que obraran sobre él, nunca habría supuesto que tiene lugar algo más que un cambio de vida cuando el cuerpo físico se desprende de nosotros; la conciencia de la muerte no habría llegado a él. Si el hombre hubiera descendido menos profundamente en la materia y hubiera conservado los hilos que le unen a lo divino-espiritual, se habría dado cuenta de que cuando se despoja de la envoltura física, comienza una nueva forma de existencia; pero nunca lo habría considerado como una pérdida, como el fin de una existencia a la que se había aficionado. Todo en la evolución habría tomado un aspecto diferente.

El hombre habría descendido más profundamente en la materia, se habría hecho así más libre e independiente, pero también con ello su propio desarrollo habría sido más limitado de lo que debería.

Todo lo que falta en el hombre será subsanado por el Impulso de Cristo; pero no hay que esperar que eso se haga en poco tiempo ni siquiera en un tiempo comparativamente corto. Entre la época lemúrica y el Misterio del Gólgota transcurrió un tiempo muy largo. Lenta y gradualmente, encarnación tras encarnación, vinieron el egoísmo, el error y la mentira, la enfermedad y la comprensión de la muerte. El hombre está siendo conducido de nuevo al mundo espiritual, por así decirlo, con las cualidades que ha adquirido "desde abajo". El reascenso será un progreso más rápido que el descenso; pero no se puede esperar que en una o dos encarnaciones el hombre sea capaz, a través de lo que pueda recibir del Impulso Crístico, de superar el egoísmo y sanar su cuerpo etérico hasta tal punto que todo peligro de mentira y error haya terminado, y mucho menos se puede esperar que sea capaz de trabajar sanadoramente sobre su cuerpo físico. Todo esto debe hacerse lenta y gradualmente, pero se está haciendo. Así como el impulso luciférico ha llevado al hombre a todas esas cualidades, el impulso crístico lo sacará de ellas. El egoísmo se transmutará en altruismo, la mentira en veracidad, el peligro del error en certeza absoluta y juicio verdadero. La enfermedad se convertirá en el fundamento de una salud más completa; la enfermedad que hayamos superado será el germen de una mayor buena salud; y cuando hayamos aprendido gradualmente a comprender la muerte de tal modo que la Muerte en el Gólgota actúe como prototipo de la muerte en nuestra propia alma, la muerte habrá perdido entonces su aguijón. El hombre sabrá entonces por qué de vez en cuando debe dejar a un lado su envoltura física, para elevarse más y más en el curso de sus encarnaciones. En particular, el Impulso Crístico trajo consigo el impulso de hacer bueno algo relacionado con el conocimiento y la observación del hombre, con su conocimiento del mundo.

Hemos dicho que el hombre se ha vuelto más enredado en la materia, menos perfecto en sus tres cuerpos de lo que habría sido si no hubiera habido influencia luciférica; esto hizo que fuera poseído por un impulso de hundirse más profundamente en la existencia material, de empaparse más completamente en la mera materia. Esto se refiere más especialmente a su conocimiento, pero incluso eso sólo se produjo lenta y gradualmente. Tan pronto como la influencia luciférica se hizo sentir, el hombre no se hundió tan profundamente como para cerrar tras de sí todas las puertas del mundo espiritual. Todavía permaneció, durante mucho tiempo, en conexión con el mundo espiritual del que había surgido y con el que habría permanecido en conexión con todo su ser, si la influencia luciferina no hubiera llegado. Durante mucho tiempo siguió participando en él; durante mucho tiempo siguió sintiendo que sus instintos más finos y espirituales eran guiados por los hilos del mundo divino-espiritual. Durante mucho tiempo siguió sintiendo que su impulso no era meramente humano, era como si los Dioses hubieran estado trabajando detrás de él. Así ocurría sobre todo en épocas más antiguas. El hombre era conducido lentamente hacia la materia y así perdía poco a poco la conciencia de lo divino.
Aquellos movimientos espirituales y concepciones del mundo de la humanidad que tenían conocimiento de estas cosas, también lo han insinuado. Han dicho: Érase una vez una época en la que el hombre fue conducido en cierto modo a la existencia material por la influencia luciférica - aunque no hasta el punto de impedir que la influencia divina siguiera ejerciendo un poderoso efecto sobre él. En las primeras épocas del desarrollo del hombre, esto se conocía como la "Edad de Oro". No se trata de un concepto caprichoso: "Edad de Oro" es simplemente la expresión utilizada por aquellos hombres de la antigüedad que aún tenían el presentimiento de que había existido algo parecido a una edad primitiva de la humanidad, como la que acabamos de describir. Esta Edad de Oro, conocida por la filosofía oriental como Krita-Yuga, duró, comparativamente hablando, mucho más que las Edades que todavía tenemos que describir. Después de la Edad de Oro vino la llamada "Edad de Plata". El hombre fue empujado más abajo en el mundo físico; pero el proceso continuó lenta y gradualmente. Aún entonces las puertas del mundo espiritual no estaban completamente cerradas. El hombre todavía tenía momentos intensos en los que, en una especie de clarividencia soñadora, veía a los Dioses trabajando detrás de sus instintos. En esta Edad de Plata, el hombre ya no podía llamarse compañero de los Dioses, pero aún podía percibirlos detrás de él. La filosofía oriental llama a esta edad, Treta-Yuga. Luego vino una Edad que se extiende hasta nuestro propio período Post-Atlante; sus últimos rezagados se extendieron hasta tiempos históricos en los que todavía había gente dotada de la antigua conciencia crepuscular y onírica. Todavía existía la conciencia de un mundo espiritual del que el hombre había salido, aunque sólo como una especie de recuerdo que quedaba de encarnaciones anteriores. Era como cuando ahora recordamos nuestra infancia, nuestra juventud y nuestra edad actual. En la infancia tuvimos experiencia directa de nuestros sucesos infantiles; de igual manera el hombre todavía experimentaba en Treta Yuga de una manera directa, el impulso de un mundo divino-espiritual. En la Edad siguiente, conocida como "Edad de Bronce", lo que el hombre tenía era más bien un recuerdo. Podría compararse con la forma en que un hombre adulto contempla su infancia; pues decimos: "Yo viví mi infancia; ¡no fue un sueño!". Así eran las cosas en la Tercera Edad. Los hombres sabían entonces: "En épocas anteriores tuvimos experiencia de comunión con los Dioses; ¡eso ahora no es más que un recuerdo!". He explicado extensamente cómo, en el período de civilización de la India Antigua, la memoria de la época atlante funcionaba retrospectivamente, permitiendo así a los santos Rishis revelar sus grandes enseñanzas divinas. Esta Edad de Bronce se conoce en la filosofía oriental como Dvapara-Yuga. Le sigue una Edad en la que se pierde todo recuerdo del mundo divino-espiritual, cuando el hombre, con su conocimiento y percepción, se entrega por completo al mundo físico. Esa edad comenzó alrededor del año 3101 a.C. En la filosofía oriental se la conoce como Kali-Yuga, "la edad oscura"; porque el hombre había perdido entonces toda conexión con el mundo espiritual y se había vuelto completamente uno con el mundo físico. Quiero hacer notar expresamente que ahora estoy utilizando estas expresiones para divisiones menores del tiempo, pero también pueden aplicarse a lapsos mayores. Hablamos ahora de las divisiones del tiempo correspondientes a las edades menores, y hacemos que el Kali-Yuga comience, como hace la filosofía india, con el año 3101 antes de nuestra era. Se preparaba entonces la Edad en la que a los hombres sólo se les enseñaba a ver lo que oculta el mundo divino-espiritual como por un velo, por una cubierta; cuando sólo percibían lo físico externo. Al principio del Kali-Yuga todavía había muchos que podían ver o recordar el mundo divino-espiritual, pero para la humanidad normal llegó el tiempo en que sólo podían ver el mundo físico de la naturaleza.
Ese fue el descenso del hombre al Kali-Yuga. Fue la época del descenso más profundo. En ella tenía que venir el impulso para el reascenso. Por eso este impulso, el Impulso Crístico, tuvo que llegar durante el Kali-Yuga, en la edad "oscura".

Este Impulso Crístico fue preparado por la religión de Yahvé o Jehová; pues esta religión enseñó al hombre cuán poca confianza podía depositar en sus decisiones anteriores. Durante el tiempo que se extendió desde la antigua época lemúrica hasta la Revelación en el Monte Sinaí, tenemos esa edad en la que al hombre se le dio el poder de elegir el bien o el mal, mientras que al mismo tiempo se hizo propenso a equivocarse al juzgar entre ellos, y se hizo más y más propenso a traer a la tierra lo que se conoce como "Pecado". El pecado se abrió paso en la vida de la tierra. El hombre se hizo "semejante a los dioses", pero a cambio de ello adquirió cualidades que en modo alguno estaban maduras para la semejanza con Dios. ¿Qué había que hacer entonces? En primer lugar, había que mostrar al hombre lo que la Divinidad esperaba de él si quería convertirse en un yo consciente de sí mismo. Esto le fue mostrado por el anuncio hecho en el Monte Sinaí en los "Diez Mandamientos". El pueblo oyó entonces proclamar a través de Moisés: 'El bien y el mal que ya has desarrollado no son suficientes. Te mostraré cómo sonarían estos Mandamientos si no hubieras descendido y, a cambio de tus cualidades defectuosas, hubieras recibido el poder de juzgar entre el bien y el mal'. El Decálogo, la ley, dada al hombre en el Sinaí, fue dada al hombre tal como había llegado a ser entonces; de modo que desde los mundos espirituales el hombre oyó sonar lo que era correcto, en contraste con lo que había desarrollado insuficientemente. Los Diez Mandamientos se levantan como una ley de hierro, como un faro-guía, mostrando al hombre lo que no había llegado a ser. Tuvo que someterse a esa ley, con todo lo que había llegado a ser. Al principio, el hombre no podía someterse a los Diez Mandamientos, porque había llegado a carecer de decisión, de autodirección. Por lo tanto, tuvieron que serle dados por alguien que fue inspirado, - por Moisés - es decir, le fueron dados desde arriba por administración Divina. Sin embargo, fueron dadas de tal manera que estaban destinadas al yo. Le decían al hombre cómo debía actuar el yo para alcanzar la meta de la humanidad.

En la conferencia sobre Los Diez Mandamientos de Moisés (16 de noviembre de 1908), esto se describe detalladamente. En primer lugar, se muestra la actitud correcta del yo hacia los mundos espirituales, contenida en los tres primeros mandamientos. Los siguientes se refieren a la conducta del hombre hacia sus semejantes en actos y hechos, y los últimos Mandamientos se refieren al control de sus sentimientos y sensaciones. Los Diez Mandamientos dan instrucciones para la educación del yo. Esta era la preparación por medio de la cual el yo debía aprender en su ser más interno cómo darse el impulso después de haber descendido al Kali-Yuga, a la edad de las tinieblas. Al principio el hombre debía recibir la Ley de lo Alto. La Ley del propio yo, sin embargo, sólo podía llegar a ser lo que había de ser, cuando ese yo tomara en sí al gran Prototipo del Gólgota, diciendo: Si introduzco en mi alma el pensamiento que tuvo el Ser que se ofreció en sacrificio en el Gólgota, -si introduzco en mí los sentimientos que tuvo el Ser que se ofreció en sacrificio en el Gólgota,- si introduzco en mí la voluntad que tuvo el Ser que se ofreció en sacrificio en el Gólgota, entonces mi ser se decidirá dentro de sí mismo a desarrollar cada vez más una semejanza con Dios, entonces ya no tendrá que seguir la Ley Exterior, los Diez Mandamientos, sino un impulso interior, su propia Ley.
Así Moisés puso primero ante la humanidad la Ley, pero Cristo les dio el Prototipo y la fuerza que el alma debía tomar, por medio de los cuales desarrollarse. De ahí que todos los impulsos espirituales debían ser llevados a lo más íntimo del alma, incluso al propio yo; todos ellos debían ser profundizados hacia el interior a través de Cristo Jesús. Eso sólo podía tener lugar si los hombres pensaban como sigue, y Cristo Jesús lo irradiaba como un impulso: -.

El hombre ha descendido a la edad oscura, al Kali-Yuga. Antes de esa edad oscura los hombres veían en el mundo espiritual con una tenue conciencia crepuscular. Entonces eran capaces, no sólo de hacer uso de los instrumentos del cuerpo físico, sino que cuando observaban el mundo físico a través de sus ojos, oídos, etc., percibían lo espiritual que rodeaba todas las cosas, flores, plantas, piedras, etc. En cuanto a esta observación de lo espiritual, los hombres eran ricos en aquellos tiempos. En los tiempos antiguos se les concedía el espíritu; mientras que, en la edad oscura, en lo que se refiere al espíritu se vieron reducidos a la mendicidad, pues ya no se les concedía el espíritu. Se habían vuelto pobres de espíritu. El Kali-Yuga se les vino encima cada vez más, esa época en la que los hombres tenían que decirse a sí mismos: En los tiempos antiguos las cosas eran diferentes, entonces el espíritu les era concedido a los hombres; podían mirar hacia arriba a un mundo espiritual, entonces eran ricos en espíritu; entonces los reinos del cielo les eran accesibles. Ahora, los hombres están encerrados en el mundo físico. Las puertas del mundo espiritual están cerradas a los sentidos humanos, y ninguna visión de los reinos del cielo está abierta al cuerpo físico. Pero Cristo fue capaz de decir: '¡Agarraos al yo, donde ahora debe ser aprehendido! Entonces los Reinos del Cielo se acercarán a ti. Surgirán dentro de tu propio yo. Aunque la luz espiritual se oculte a vuestros ojos tras la luz exterior perceptible por los sentidos, aunque el sonido espiritual se oculte a vuestros oídos tras el sonido físico; sin embargo, cuando Cristo mismo os resucite, encontraréis los Reinos de los Cielos dentro de vosotros. Infelices eran los que se habían empobrecido en la edad de las tinieblas, los que se habían convertido en mendigos en cuanto al espíritu. Ahora pueden llegar a ser bienaventurados, habiéndose dado el impulso mediante el cual Cristo es capaz, desde el mundo espiritual, desde los Reinos de los Cielos, de penetrar en el propio yo del hombre. Por lo tanto, con respecto a la pobreza de espíritu del hombre, la más alta proclamación cristiana es ésta: De ahora en adelante, bienaventurados los mendigos de espíritu, que ya no reciben el espíritu que se les otorga según la antigua concepción. De ahora en adelante, pueden ser bienaventurados si reciben el Impulso Crístico; porque, a través del desarrollo de su yo, los Reinos del Cielo estarán dentro de ellos'.

Pasemos al cuerpo etérico, que es el constructor del cuerpo físico. ¿Qué ha entrado en él? La enfermedad sólo se expresa en el cuerpo físico. El problema en sí está primero en el cuerpo etérico; luego se expresa en una encarnación posterior como enfermedad en el cuerpo físico. Ahora, sin embargo, algo ha entrado en el mundo", tuvo que decir Cristo Jesús, "mediante lo cual puede surgir gradualmente en el interior un impulso para limpiar la subyugación del cuerpo etérico. Bienaventurados sean ahora aquellos que tienen una aflicción adherida a sus cuerpos etéricos, si aceptan el Impulso Crístico; porque tienen algo dentro de ellos que los eleva por encima del sufrimiento y les enseña a encontrar el consuelo interno, el paráclito interno, el reconfortador interno".
¿En qué se había transformado el cuerpo astral a causa de la influencia luciférica? Se había vuelto menos perfecto que antes. Se le había dado la posibilidad que hemos descrito como una buena cualidad: la de ser capaz de entusiasmarse por lo que es grande y bueno, de sentir entusiasmo por los sublimes tesoros de lo verdadero, lo bello y lo bueno. Por otra parte, tiene que pagar el precio de sentir simpatía o antipatía por los tesoros de la tierra. Pero el hombre que recibe el Impulso Crístico aprende a dominar el cuerpo astral, que incita a su cuerpo físico a oponerse a los tesoros de la tierra, aprende a someterlo al poder del espíritu; y al hacerlo se vuelve feliz o bienaventurado. Bienaventurado el que hace que su cuerpo astral sea indiferente a las cosas de la tierra, que de este modo caerán en su parte. Porque cuando está todo enardecido por las cosas de la tierra, sintiendo tanto emoción como simpatía o antipatía por ellas, desecha lo que podrían llegar a ser para él; pero cuando el cuerpo astral se pone bajo el poder de lo espiritual y se vuelve indiferente a las cosas de la tierra, el Reino de la Tierra se añade como recompensa.'

Ascendamos ahora a lo que obra como alma sensible dentro del cuerpo astral. Aquí todavía poseemos, de una manera tenue, un yo gobernante, un yo que todavía no ha surgido del todo y que, por lo tanto, todavía está desarrollando las pasiones más egoístas. Mientras el yo esté realmente dentro del alma sensible, desarrollará el egoísmo más egoísta. Falta el deseo de que los demás tengan lo mismo que nosotros. El egoísmo oscurece el sentido de la justicia, porque el yo lo quiere todo para sí. Pero si el yo se transmuta en imitación del Impulso-Cristo, tendrá hambre y sed de justicia para todos los seres que nos rodean. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia en su alma sensible, porque estarán satisfechos. Serán capaces de crear condiciones en todo el mundo que correspondan al nuevo espíritu de justicia en las profundidades del alma.

Sigamos ascendiendo hasta el alma intelectual o mental. Este principio lleva a un grado aún mayor la consideración de un hombre por otro, no meramente como un sentimiento de justicia tal como es producido por el alma sensible, sino como compasión, una verdadera compasión por las penas de otros y una participación en su alegría. El que recibe el Impulso Crístico llega a sentir lo que sienten los demás, no sólo lo que siente él mismo; se sumerge en el yo de los demás y, al hacerlo, siente la dicha en su alma intelectual o mental. Bienaventurado el que desarrolla el sentimiento del prójimo; porque sólo sintiéndose él mismo dentro del alma de los demás, los estimula a sentirse ellos mismos en él. Recibirá la simpatía de los demás cuando él mismo irradie sentimientos de compañerismo hacia ellos. Bienaventurados los que sienten con los demás, porque los demás sentirán con ellos".

Ahora verán cómo, habiendo avanzado un poco más en nuestro estudio de estas conexiones, somos capaces de comprender de una manera diferente, desde lo más profundo de la naturaleza y el ser del hombre, aquellas palabras del Evangelio de San Mateo, generalmente conocidas como el Sermón de la Montaña. Cada frase del Sermón de la Montaña se refiere a uno de los nueve principios del hombre. En las próximas conferencias profundizaremos en ello. El Sermón de la Montaña debe volverse transparente a nuestros ojos espirituales como el acto de Cristo Jesús por medio del cual convirtió lo que estaba contenido en la Antigua Ley de Moisés en algo muy interno, un impulso interior que permite al yo del hombre volverse activo, como debe volverse en todos los nueve principios del hombre, porque si el yo toma el Impulso Crístico, afecta a todos ellos.
Así vemos la profunda verdad de lo que ya he indicado aquí una vez antes: que en Kali-Yuga Cristo hizo que el yo del hombre fuera capaz de descubrir algo en el mundo físico que puede llevar al hombre al mundo espiritual, a los Reinos de los Cielos. Cristo transformó el yo del hombre en un participante del mundo espiritual. En el antiguo Saturno el cuerpo físico era sacado directamente del mundo espiritual. Estaba todavía dentro de ese mundo, porque el cuerpo físico era entonces mucho más espiritual y no era consciente de que podía separarse de los mundos espirituales. El cuerpo etérico se añadió en el Sol y el cuerpo astral en la Luna, pero sólo en la Tierra fue posible -mediante el desarrollo del yo- liberarse de lo divino-espiritual. En consecuencia, como el yo debe ser conducido de nuevo, Dios tuvo que descender al plano físico, y en ese plano mostrar al hombre cómo encontrar el camino de regreso a los Reinos del Cielo.

A través del Impulso Crístico se produjo un acontecimiento importantísimo. Háganse esta pregunta: ¿Sabían todos los que vivían en la época en que Cristo Jesús actuaba en la Tierra que estaba ocurriendo un acontecimiento tan importante? Reflexionen que Tácito, el gran historiador, menciona a los cristianos como una secta casi desconocida. Cien años después de Cristo sólo menciona a los cristianos como una secta que vivía en una callejuela de Roma, cuyo maestro era un tal Jesús; simplemente se menciona que vivían allí. Durante mucho tiempo después del acontecimiento de Cristo, muchos romanos creyeron que Jesús era contemporáneo suyo, como si acabara de aparecer. En resumen, en la evolución del hombre pueden producirse acontecimientos importantes sin que los contemporáneos se den cuenta de que algo ha sucedido. Las cosas más importantes pueden suceder y pasar desapercibidas si las personas no cultivan la comprensión para ellas. Entonces se perderían la experiencia, y en lo que a eso se refiere serían estériles y estarían secos. ¡Cambiad vuestros corazones! Los Reinos de los Cielos se han acercado". Ese fue el anuncio de Juan el Bautista y del propio Cristo Jesús. Dieron a entender a los que tenían oídos para oír que estaba ocurriendo algo importantísimo. Que en el mundo no se sepa nada de un acontecimiento importante no es prueba de que no esté ocurriendo. Aquellos cuyo negocio es hoy señalar los signos de los tiempos, están conscientes de lo que está ocurriendo hoy. Deben señalar un acontecimiento que, aunque no sea de los más convincentes, es importante. Es cierto que justo en nuestro tiempo se está desarrollando algo de infinita importancia. Así como Juan señaló a Cristo, y Cristo mismo señaló el acercamiento de los Reinos de los Cielos, al yo; así nosotros debemos señalar hoy otro acontecimiento importante.

Cristo descendió una vez a la tierra en un cuerpo de carne; pasó los primeros años de nuestra era en la tierra, en la carne. De acuerdo con la sabia guía de nuestra evolución mundial, no está establecido que los hombres vuelvan a ver a Cristo en la carne, como un hombre encarnado físicamente; ni es necesario que lo hagan. Porque Cristo no volverá en la carne. ¿Por qué? Porque lo que llamamos la edad oscura -el Kali-Yuga- se completó a finales del siglo XIX, y porque con el siglo XX comenzó una nueva edad, en la que los hombres deben prepararse para desarrollar nuevas capacidades, aquellas facultades que se perdieron en la edad oscura. Lenta y gradualmente se están preparando. Estas facultades se desarrollarán tanto que habrá individuos que las poseerán como tendencias naturales. Estas facultades se verán en un cierto número de personas, particularmente entre los años 1930 y 1940, y por medio de ellas un número de personas entrará en nueva relación con el Cristo.
Esto indica un punto importante en el desarrollo humano. La Ciencia Espiritual está aquí para abrir la comprensión de los hombres a estas nuevas facultades que se desarrollarán en el mundo de los hombres. La Antroposofía no ha venido al mundo porque unos pocos simpaticen con ella y quieran darla a conocer más; ha venido porque es necesaria si los hombres desean comprender lo que tendrá lugar en la primera mitad de este siglo. Porque sólo por medio de lo que la Ciencia Espiritual puede dar a la humanidad, ésta será capaz de comprenderlo. Cuando las personas sean capaces de percibir en el espíritu lo que entonces ocurrirá, también serán incapaces de confundir ese acontecimiento con sus representaciones erróneas. Pues a medida que el materialismo se extienda más, llegará incluso a la concepción espiritual del mundo, donde tendrá una influencia particularmente maléfica. En ese ámbito tenderá a impedir que los hombres comprendan lo que debe ser comprendido espiritualmente. Lo que realmente debería ser comprendido en el espíritu lo buscarán en el mundo de la materia. Debido a que en el transcurso de la primera mitad de nuestro siglo vamos a entrar en una nueva relación con Cristo, debe subrayarse una y otra vez durante las próximas décadas y hasta que el acontecimiento se produzca, que surgirán falsos Mesías, falsos Cristos que llamarán a las puertas de aquellos que sólo son capaces de ser materialistas en los dominios de la Ciencia Espiritual, y sólo pueden imaginar una nueva relación con Cristo si lo ven ante ellos en la carne. Un cierto número de falsos Mesías convertirán esto en su propio uso, diciendo: '¡Cristo ha reaparecido en la carne!'.

La sabiduría antroposófica tiene el deber de preparar la relación que puede ser alcanzada durante la primera mitad de nuestro siglo por las capacidades puramente humanas. La responsabilidad del esfuerzo antroposófico se hace cada vez mayor, pues tiene que preparar un acontecimiento venidero que sólo se comprenderá si la Antroposofía se abre camino en el alma de los hombres y se hace así fructífera para el desarrollo ulterior de la humanidad. La alternativa es que los hombres no acepten y no utilicen el instrumento de la Ciencia Espiritual, a través del cual se puede comprender este Acontecimiento; en ese caso, la humanidad lo pasará por alto sin comprenderlo. Porque si los hombres rechazaran tan completamente la Ciencia Espiritual que no quedara nada de ella, no sabrían que este acontecimiento existe o lo interpretarían erróneamente. El fruto de este acontecimiento se perdería entonces para el futuro de la humanidad, y el hombre se vería sumido en una espantosa miseria.

He insinuado así una nueva relación con el Cristo que está germinando en las almas de los hombres y que podrán desarrollar en un futuro comparativamente próximo.
Traducido por J.Luelmo abr.2023