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viernes, 22 de diciembre de 2023

GA158 Dornach, 9 de noviembre de 1914 La conexión del hombre con el mundo elemental - I -

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RUDOLF STEINER


LA CONEXION DEL HOMBRE CON EL MUNDO ELEMENTAL -I-

Dornach, 9 de noviembre de 1914

1ª conferencia 

Sabemos que el ser anímico humano se nos aparece dividido en alma sensible, alma racional y alma consciente. Sabemos que el yo del hombre trabaja en estas tres partes del alma, tal como se describe en "Teosofía". Ahora bien, en la naturaleza humana ocurren realmente muchas cosas que no penetran en la conciencia de la forma en que lo hacen. Es precisamente el conocimiento científico espiritual el que puede conducir gradualmente a que mucho de lo que yace en las profundidades del alma humana sea iluminado por la luz de la conciencia. Pero cuando el alma humana vive de este modo, ilumina, por así decirlo, sólo una pequeña parte de todo el horizonte del alma, y por debajo de este horizonte yace mucho de lo que tiene un significado profundo, muy profundo para el alma, pero que no llega a ser consciente para la vida ordinaria, lo cual es en cierto sentido mucho más significativo para la formación del alma humana que aquello de lo que es consciente. Sobre todo, ahora queremos dirigir nuestra mirada a algo que normalmente no llega a ser consciente. Para la gente de hoy es realmente muy saludable que no sean conscientes de ello. Sin embargo, más adelante veremos que no siempre fue así para todos los hombres. Si sólo la conciencia cotidiana ordinaria del hombre profundizara un poco y pudiera oír lo que, yo podría decir, es sólo un grado más inconsciente que la conciencia ordinaria, entonces el alma humana se daría cuenta muy pronto de que es la triplicidad de la que hemos hablado, que en realidad no es tan fácilmente una unidad, sino una triplicidad . Ya lo he indicado en el escrito "¿Cómo se alcanza el conocimiento de los mundos superiores?" que cuando el hombre comienza a avanzar hacia los mundos espirituales, se escinde, por así decirlo, en una triplicidad . Y en cuanto uno mira, como he dicho, un poco en la parte como tapada de la conciencia, pronto se da cuenta de que esta triplicidad de alma sensorial, alma intelectual y alma consciente está allí. Por debajo del umbral de la conciencia, -y no especialmente profundo para el ser humano actual-, existe realmente una especie de reino anímico, que está impregnado no por una unidad sino por una especie de triplicidad , por el brillo de esta triplicidad , de modo que en el momento en que el ser humano hace retroceder eso, que en el fondo sólo ha alcanzado tan completamente desde la segunda mitad del cuarto período post atlante y sólo después del comienzo del quinto período post atlante ya mas claramente, de modo que en cuanto el hombre hace retroceder esto, puede distinguir con precisión entre tres mundos o áreas en su alma. La primera área es la que es más inspirada, en la que entran inspiraciones oníricas, de ensueño. La segunda área es aquella a través de la cual el hombre, por así decirlo, se auto animiza a sí mismo, constituido en las partes físicas. Y la tercera área es aquella en la que recibe la conciencia del mundo. La primera zona es pues, aquella en la que penetran las inspiraciones, inspiraciones oníricas que llenan el alma, la cual está ligada al alma sensible. Una segunda zona, en la que el alma construye su cuerpo, por así decirlo, a través de sus propias formaciones internas, está ligada al alma racional. Este es el maestro artesano interior, el maestro constructor, también podríamos decir el herrero del cuerpo físico. Y la tercera, la mediación de la cognición externa, que entra en conexión con el mundo que está ligado a los sentidos, que está conectado con el mundo físico en general, está ligada al alma consciente. Así que relacionado con las fuerzas físicas podemos decir: En el fondo del alma humana reina, por así decirlo, una triplicidad anímica, y esta triplicidad se contrapone al reinado y actividad de lo que pugna por la unidad. Quiero indicar esto contrastando un reino particular del alma con el otro (véase el siguiente dibujo).
diagrama 1

En cierto sentido, este ámbito del alma funciona de un modo completamente unificado. Pero lo que el alma es según su temperamento, según su carácter, lo que reposa en lo profundo del alma, pero como alma unificada, tiene un efecto naturalmente unificado. Esto es lo que me gustaría llamar: Alma unificada, en contraste con la triplicidad .

Tal como es ahora nuestra alma, esta alma unitaria no puede salir de una cierta vida apagada si no está, por así decirlo, sobre iluminada, asistida. Y en nuestro tiempo la sobre iluminación emana siempre en alguna forma del Misterio del Gólgota, de modo que yo les señalo simbólicamente aquello que de alguna manera resplandece en el alma unitaria: alguna forma en la que el Misterio del Gólgota resplandece en el alma unitaria.

A lo largo de los años ya hemos dedicado mucho, mucho esfuerzo para hacernos poco a poco una idea de cuán infinitamente trascendental es todo lo relacionado con el Misterio del Gólgota. Por tanto, pueden imaginarse que cuando el Misterio del Gólgota irradia en el alma humana en cualquier forma, se trata siempre sólo de una cierta etapa, de un cierto grado del Misterio del Gólgota. Pero nos imaginamos que debido a que el alma unitaria es algo, por así decirlo, apagado y melancólico, pero que contiene lo que es particularmente valioso para nuestro tiempo, esta unidad debe ser irradiada de alguna forma por el Misterio del Gólgota.
diagrama 2
Ahora bien, lo que emana de los diversos centros de inspiración e iniciación en el mundo llega a todas las almas, y esto también pertenece a las influencias subconscientes en el alma humana. Como ven, el efecto del Misterio del Gólgota es amplio, universal, pero el hombre, el alma humana, sólo puede recibir este Misterio del Gólgota de una determinada manera. El centro iniciático, que trabaja especialmente en el ser interior del alma, de modo que el ser interior del alma esté debidamente preparado para dejarse irradiar especialmente por el Misterio del Gólgota, lo he tratado antes a menudo de tal modo que he dicho: El iniciado Escitianos siempre está ante este centro iniciático. - Supongamos, pues, que el alma ha sido preparada en el alma unitaria para lo que viene del Misterio del Gólgota, dispuesta a recibirlo a través de lo que actúa inconscientemente en cada alma desde Escitianos.

Ahí tenemos, por así decirlo, dividida el alma del hombre en dos realidades: en una realidad, que es tripartita, y en otra realidad, que es una unidad: en una realidad más anímica y en una realidad más natural, temperamentalmente melancólica, quisiera decir, en una realidad que absorbe más en su base natural las fuerzas del Misterio del Gólgota, por un lado, y, por el otro, las influencias de Escitianos.

Ahora bien, esta unidad no puede unirse con la triplicidad sin más, eso no sería posible, y por eso, en los hombres de hoy en día, esta triplicidad permanece por debajo del umbral de la conciencia. Esta triplicidad está, por así decirlo, amortiguada; la conciencia de ella debe apagarse. Si el alma pudiera bajar realmente a la triplicidad , se sentiría inmediatamente como una triplicidad , no como un todo. Diría: Hay una parte dentro de mí que me inspira, otra que me construye, que me forja, y otra que se relaciona con el mundo exterior. Pero esta triplicidad tiene que ser anulada, por así decirlo, eclipsada por algo que hace que el alma de la persona diga: No distingo entre las tres. Así que algo debe irradiar en las tres que haga que el alma no sienta las tres dentro de sí, que anule estas tres, que las deje ser como nebulosas entre sí.
diagrama 3
Como ven, entonces puede existir la conexión entre lo que ha de vivir en el alma como unidad y lo que está en el alma como triplicidad , si hay una comunicación, una especie de intercambio, una especie de tallo anímico, por así decirlo, que conduce a la triplicidad extinguida y que emana de ello, lo que es unidad, pero está iluminado desde dos lados, está iluminado, por así decirlo, de modo que no es sólo una unidad opaca y uniforme de la naturaleza según el carácter y el temperamento, sino que está uniformemente iluminado por lo que se supone que es el ser humano: por la conciencia del alma humana en su conexión con el ser divino-espiritual. Realmente he hecho constar algo que reposa en el fondo de toda alma humana. Ni una sola alma humana puede estar en nuestro tiempo sin el hecho de que todas estas cosas están presentes en ella.

pero ahora imaginen lo siguiente. He subrayado repetidamente aquí, para mostrar lo que se supone que es nuestra interpretación, que lo que vive en el alma humana también se expresa exteriormente, se manifiesta, por así decirlo, en la evolución exterior de la Tierra. Si en el alma humana existe una zona de este tipo que representa realmente una especie de triplicidad, que por así decirlo, ya está cubierta por la conciencia ordinaria de las personas de hoy en día, entonces debemos encontrar un día una etapa evolutiva en la que nos veamos confrontados externamente con el hecho de que el alma realmente se percibe a sí misma como una triplicidad , subdividida, por así decirlo, en tres miembros anímicos. En otras palabras, alguna vez debe haber existido un pueblo que sintiese estas tres partes del alma separadas y las sintiese de tal manera que en el fondo la unidad se sintiese mucho menos en el alma que la triplicidad , ya que la triplicidad todavía se pensaba en relación con el cosmos. Este pueblo estuvo allí en Europa y dejó tras de sí un importante monumento cultural, del que ya he hablado. Este pueblo, que una vez, en el lugar de Europa donde tenía que estar, sintió esta triplicidad en su alma, es el pueblo finlandés. Y la expresión de esta etapa cultural está plasmada en Kalewala. En lo representado en Kalewala hay una clara conciencia de la triplicidad del alma, de modo que los antiguos videntes, cuya videncia se basa en Kalewala, sentían: Hay algo inspirador en el mundo, con lo que un miembro de mi alma está conectado, mi alma sensible. Allí tiende, allí van sus poderes, de allí recibe los impulsos. Este pueblo, o estos antiguos videntes, percibían algo humanamente divino o humanamente heroico como el elemento inspirador del alma sensible. Y lo llamaron Wäinämöinen. Esto no es otra cosa que lo inspirador del alma sensible en el cosmos. Todos los destinos descritos en Kalewäla como los destinos de Wäinämöinen expresan que esta conciencia estuvo una vez presente entre un pueblo que tenía una gran extensión en el noreste de la zona europea, y que sentía los tres miembros del alma por separado y el alma sensible inspirada por Wäinämöinen. 

De la misma manera que estas gentes, estos antiguos videntes, sintieron que el alma racional es, por así decirlo, un miembro más en la totalidad del alma, que recibe sus impulsos para forjar, sintieron que lo que forja en el alma humana, lo que la construye, lo recibe de otra entidad elemental, heroica, de Ilmarinen. Así como Wäinämöinen corresponde al alma sensible, en Kalewala Ilmarinen corresponde al alma racional. Si leen ustedes la conferencia sobre Kalewala, podrán encontrar todo esto en ella.

Y así como este pueblo sentía, -esto hay que subrayarlo-, que en aquella época el alma consciente era percibida como aquello que primero hace del hombre un conquistador en el plano físico, estos antiguos videntes sentían en Lemminkäinen un ser conectado con las fuerzas del plano físico, un ser elemental, heroico, en el inspirador del alma consciente. Así pues, estas tres figuras, podría decirse, heroicas, si se habla por analogía con otras epopeyas, proceden del antiguo pueblo finlandés, inspirador de la naturaleza tripartita del alma.

Lo maravilloso es la conexión entre Ilmarinen y lo que se está forjando. Ya lo he insinuado. El hombre mismo se forja a partir de los elementos de la naturaleza. Este ser, que es forjado, pulverizado y forjado junto de todos los átomos de la naturaleza, es representado en un magnífico cuadro en las fraguas de Sampo en Kalewäla. Y que esta formación del ser humano a partir de estos tres miembros del alma ha sucedido una vez, luego tiene que entrar por así decirlo en un pralaya y luego emerge de nuevo, también se representa en Kalewala: cómo el sampo se pierde y se encuentra de nuevo, por así decirlo cómo aquello sobre lo que primero se extiende la oscuridad de la conciencia se encuentra de nuevo.

Y ahora imaginemos que hacia el sur, hacia el sureste digamos, se levanta otro pueblo enfrente, que en tiempos más antiguos, fue el primero en desarrollar esas cualidades del alma de las que he hablado, la uniformidad en el alma, lo que expresa la uniformidad en las cualidades del carácter, en las cualidades de la disposición, en las cualidades del temperamento. Este pueblo es un pueblo eslavo, mientras que el pueblo de enfrente es el pueblo finlandés. Este pueblo eslavo recibe sus influencias de Scitianos, que también vivió durante un tiempo en la antigüedad rodeado del antiguo pueblo escita. No es en absoluto necesario que un pueblo altamente desarrollado viva alrededor de un centro iniciático, sino que lo necesario debe suceder en el curso de la evolución. Y la penetración de cierta forma del Misterio del Gólgota es la penetración de la cultura greco-bizantina en el eslavismo. Lo que he registrado para ustedes aquí como centro de la cultura greco-bizantina, pueden, si lo desean, tomarlo como Constantinopla en el mapa de Europa, pues eso es básicamente Constantinopla.

Así que ahora tenemos almas que se encuentran impregnadas de un tipo eslavo básico. Estas son almas que, por un lado, están conectadas con aquello que puede conducir a un ser unificado a través del Misterio del Gólgota, que puede preparar almas unificadas para el cristianismo, que, por otro lado, reciben el Misterio del Gólgota de una forma muy específica, algo así como la inspiración, la influencia del Misterio del Gólgota, tal como emanaba de la cultura greco-bizantina.
diagrama 4

Pero ahora, a partir de cierto punto, debe venir algo más, por así decirlo. Lo que existía en el pueblo finlandés como subdivisión, como separación en tres miembros, cuyo sedimento está tan presente en Kalewälä, debe extinguirse. Esto sólo puede extinguirse si viene una influencia de fuera, sólo puede extinguirse por el hecho de que un pueblo o una parte de un pueblo empuje hacia dentro, por así decirlo, que esté predispuesto desde el principio a sentir no la triplicidad sino la unidad en el alma, no la unidad que se obtiene del Misterio del Gólgota, sino la unidad que se tiene, por así decirlo, por naturaleza. Si se observa al pueblo finlandés, se descubre que está particularmente predispuesto a desarrollar la conciencia de la triplicidad . Y no se puede expresar esta triplicidad en su relación con el cosmos de una manera más significativa de lo que se hizo en Kalewala. Pero entonces tuvo que ser tapado en el norte, oscurecido por aquello que, por así decirlo, apaga la conciencia de esta triplicidad . Una tribu empujó hacia abajo, que de un modo natural llevaba en su alma lo que entonces estaba allí como el afán por la unidad, que se expresó de un modo muy distinto, en un nivel muy distinto en el "Fausto" de Goethe, pero también en el Fausto en general, algo que no conoce la triplicidad, que lucha por la unidad del yo. Aquí, todavía en un nivel primitivo, esto tiene un efecto de extinción en los tres miembros del alma.

Pero la nación finlandesa era de tal clase que aún podía sentir de forma natural las fuerzas que penetraban en la "triplicidad" del alma, borrándola. (De lo contrario, no habría podido experimentar estos tres miembros del alma). Este elemento fluyente, que se abría paso en el alma, se experimentaba como una triple R, como RRR. Y como se experimentaba como algo que en el lenguaje oculto se expresa mejor que nada en las letras, o en el sonido "UUO", induciendo a decir, llega, y realmente hay que tenerle miedo, ahora fluye como un soplo en el sonido "RRRUUO" y se convierte, enraizado en lo que siempre se experimenta a través del "TAO" (T), cuando penetra en el alma humana. En el caso de la antigua divinidad Jehová, la penetración en el alma humana se expresaba con el sonido "S", o el "Shin" hebreo, y el elemento penetrante en general se expresa, con el sonido "S". Esto está relacionado con el elemento que penetra en el alma. Lo que arraiga en el alma, tiende hacia el sonido "I", (pronunciado EE), cuyo significado es bien conocido. En consecuencia, la nación finlandesa experimentó esto en el sonido "RUOTSI", y por esta razón llamó a las naciones descendientes los "RUTSI" (Ruotsi). Los eslavos adoptaron gradualmente este nombre, y como se relacionaban con ese elemento, penetrando, como lo llamaban los finlandeses, hacia abajo desde arriba, también se llamaron a sí mismos "Rutsi", que más tarde se convirtió en el nombre de los "rusos".

Así que ya ven, todo esto había de ser, lo que se cuenta exteriormente en la historia, que estos pueblos aquí asentados llamados tribus varangias, que en realidad eran tribus normando-germánicas, que tuvieron que unirse con las tribus eslavas. Esto se basa en algo que tenía que ser, tenía que ser necesario debido a la organización del alma humana. Y así surgió lo que más tarde en el este de Europa entró en la etnia europea como el elemento ruso. Por tanto, en el elemento ruso vive realmente todo aquello de lo que he hablado. Sobre todo en él vive el elemento normando-germánico, vive incluso en el nombre del que procede el término ruso, porque surgió de la manera que he indicado.

En Kalewala se expresa de manera profunda que la grandeza del pueblo finlandés se basa en que prepara realmente la unidad en la triplicidad, prepara mediante la anulación de la triplicidad la recepción de esa unidad, que ahora ya no es sólo la unidad humana, sino la unidad divina, en la que vive el héroe divino del Misterio del Gólgota.

Para que un grupo de personas pueda recibir lo que le viene, primero debe estar preparado. De esta manera nos hacemos una idea de lo que tiene que ocurrir interiormente para que lo que nos llega exteriormente pueda tener lugar en nuestro desarrollo. Les decía que en Kalewala se expresa de una manera maravillosa que el pueblo finlandés tuvo que proporcionar esta preparación, en que al final el Misterio del Gólgota se introduce en Kalewala de una manera peculiar. Cristo aparece al final de Kalewala, pero al lanzar su impulso a la vida finlandesa, Wäinämöinen parte del país, lo que expresa que lo originariamente grande, lo significativo, que llegó a Europa a través del elemento finlandés, es una etapa preparatoria para el cristianismo y éste lo recibe como un mensaje, como un mensaje de fuera.

Lo mismo que vemos con el ser humano individual que debe, por así decirlo, ser preparado de una manera extraordinariamente complicada, para que su alma pueda luego encontrar lo que necesita de los más diversos lados a fin de vivir en una encarnación determinada, también pasa lo mismo con los pueblos. Un pueblo no es algo tan uniforme, homogéneo, sino que un pueblo es algo en lo que confluyen muchas cosas. La gente que vive allá en el Este, todo esto ha confluido en ellos. Y todo eso, se podría decir, lo que interiormente es espiritual, exteriormente es, aunque de un modo leve, apenas insinuado. He dicho que entre esta gente debe haber un tallo de alma que conduce de abajo hacia arriba, o de arriba hacia abajo, si es un tallo de alma que conecta. Esto estaba presente en un poderoso camino que iba del Mar Negro al Golfo de Finlandia, y en el que se producía un intercambio entre el elemento greco-bizantino y aquel que era un elemento natural, los Rusos.

El hombre debe pasar por cosas diferentes en el curso de sus diversas encarnaciones. Una encarnación debe siempre construirse sobre la otra. El hombre sólo puede hacer esto gracias al hecho de que en la sustancia, por así decirlo, en el material del que están formados los pueblos individuales y sus miembros, confluyen realmente las fuerzas a través de las cuales puede tener lugar más tarde la evolución del hombre. Un alma humana debe en algún momento, en sus encarnaciones, encontrar tal corporeidad que ha confluido de las fuerzas que he descrito aquí. Y lo que se dice tan simplemente, un ser humano nace ruso, tiene su profundo, su colosalmente profundo significado. Que un ser humano nazca como ruso significa que en el camino a través de las diversas encarnaciones ha llegado a experimentar dentro de su carrera terrenal lo que uno sólo puede experimentar al pasar por una vida entre el nacimiento y la muerte en un tipo de físico que está dotado de tal manera. Si uno no viviera esto en tal cuerpo, le faltaría algo en lo que adquiere de encarnación en encarnación. Los necios, -digo esto sin ningún matiz de sentimiento relacionado con ello, sino que lo digo como término técnico-, han hablado una y otra vez del proverbio: El mundo se comprende mejor en su verdad cuando se te aparece en su simplicidad. Tal afirmación no es cierta, sólo es un convencionalismo. Las mentes profundas lo han dicho siempre, la última vez probablemente con más énfasis Ralph Waldo Emerson, que sólo se penetra en la verdad de los hechos cuando se los reconoce en toda su complejidad. No es tan simple aquello que vive en el mundo y que está relacionado con toda la evolución del mundo.

Y así como en la mitad oriental de la península europea es donde las almas están preparadas para experimentar algo especial, así es para todos los demás casos en la superficie de la tierra, así los caracteres individuales de las personas están preparados de una manera compleja. Recuerden ahora sobre todo una cosa, de la que ya hemos aprendido bastante en el curso de nuestras consideraciones científico-espirituales.

El ser humano, cuando ha atravesado la puerta de la muerte, depende en cierta medida de lo que vivió en su última vida en la tierra, puesto que vuelve la mirada hacia su última vida en la tierra. Sabemos que las conexiones con la vida anterior en la tierra intervienen durante años en la vida después de la muerte. Pero así debe ser. El ser humano debe pasar por una encarnación física para que en este tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento tenga ciertos recuerdos de esta encarnación anterior, le lleguen ciertos impulsos de esta encarnación anterior. Debido a que era un ser humano muy específico con un organismo específico, que estaba sujeto a ciertas influencias a través de las condiciones terrenales, las impresiones después de la muerte, que se rememoran, todavía tienen efecto hasta cierto punto. De este modo se ven influidas, afectadas, adquieren un cierto matiz. Esta es la coloración que recibe un alma al haber pasado por una determinada nacionalidad, que recibe de una determinada nacionalidad. Esto se desprende cada vez más cuanto más se funde lo nacional en lo internacional. Pero hoy todavía está presente en gran medida, de lo contrario los acontecimientos de hoy no podrían haber ocurrido. Las personas siguen recordando hasta cierto punto lo que han vivido a través de su organismo, -en la medida en que esto está determinado nacionalmente-, en la vida anterior entre el nacimiento y la muerte. Pues bien, las almas que atraviesan cuerpos de la manera descrita hoy, que han sido preparadas de esta manera particular, están preparadas de una manera muy específica para la vida en la que entran después de haber atravesado la puerta de la muerte. La individualidad, por supuesto, no es influenciada, sólo aquello que es, por así decirlo, como las ropas, las envolturas de la individualidad real. Pero estas ropas o envolturas, con las que la nacionalidad está conectada, todavía confieren algo que el alma tiene incluso después de la muerte, que sabe que ha pertenecido a su paso por la vida en la tierra.

Ahora bien, cuando el alma ha pasado por un cuerpo que ha sido preparado de este modo, -exotéricamente se diría que ha pasado por un cuerpo ruso en una encarnación-, tiene naturalmente el matiz de la envoltura exterior, que después de la muerte se convierte en una idea que uno tiene de sí mismo, como por lo demás uno tiene ideas de sí mismo. En esto ha absorbido todo lo que aquí se expresa (ver diagrama 4) de esta manera, y si se quiere expresar lo que el alma atraviesa interiormente por tener un cuerpo así compuesto, se puede decir lo siguiente. No es cierto, sabemos por las observaciones anteriores que después de la muerte la conciencia cambia en cierto modo, alcanza un grado superior, después de la muerte se vuelve más clara, más intensa de lo que es en un cuerpo físico. Haber pasado por lo que se ha dicho antes, prepara al alma para entrar en una relación particularmente íntima después de la muerte con aquellos seres que viven como espíritus guardianes especiales por encima de las individualidades humanas reales y pertenecen a la jerarquía inmediatamente superior, la jerarquía de los Ángeles. En la vida después de la muerte, que sigue a una encarnación rusa en un alma, ésta está, por así decirlo, predispuesta a identificarse en conciencia con sus Ángeles, a mirar el mundo espiritual, por así decirlo, utilizando una expresión aproximada, con los ojos de los Ángeles.

El hombre se esfuerza por ascender hacia el yo superior. Este yo superior se vive a sí mismo de las formas más diversas. Lean el último ciclo de Munich sobre "Los Secretos del Umbral". Allí se analizó cómo la conciencia se convierte en otra cosa, cómo el alma se compenetra con los Ángeles, por así decirlo. Debe penetrar en él y se prepara para la penetración con el Ángel viviendo a través de la puerta de la muerte en el mundo espiritual después de la vida en un cuerpo ruso, que ha sido preparado como hemos descrito. Para que podamos decir: El que ha pasado por un cuerpo ruso siente realmente todo matizado después de la muerte por el hecho de que está particularmente impregnado en todo su ser por un Ángel, por el genio de la Jerarquía inmediatamente superior que protege a todos los hombres.

Pero entre los pueblos de cultura occidental se da el caso de que uno está menos fuertemente impregnado, menos fuertemente imbuido de la esencia del Ángel después de la muerte. Cuando uno pasa por una encarnación occidental, experimenta después de la muerte más bien lo siguiente: Me sigo sintiendo como me he sentido habitualmente, sigo mirando el mundo como lo he mirado habitualmente. Lo experimentan como un arte especial para crecer junto a sus Ángeles.

Para el miembro del pueblo ruso es natural estar siempre junto a sus Ángeles. En su camino a través de las encarnaciones, el alma pasa por todas las nacionalidades posibles y debe pasar también por esta encarnación, donde recibe el impulso de fundirse más con los ángeles, de crecer junto a los ángeles, de ver el mundo espiritual con su mirada espiritual.

Naturalmente, esto se refiere más que a otros tiempos entre la muerte y el nuevo nacimiento, al tiempo inmediatamente después de la muerte, los siguientes pocos años o una y media o dos décadas, porque en el tiempo principal antes y después de la "medianoche", de la que ya he hablado, el alma se despoja de tales cosas. Esto se refiere, por tanto, al tiempo en el que el ser humano todavía está influido por lo que ha vivido en el cuerpo físico, donde todavía tiene secuelas.

Y ahora, una vez analizado esto, volvamos nuestra mirada al mundo espiritual, por así decirlo al interior del mundo en cuyo interior vivimos, añadiendo a nuestra contemplación que sólo corresponde al limitado sentido humano cuando cree que sólo está rodeado de personas físicas. Él siempre está rodeado de difuntos, de los que viven en el mundo espiritual. Así que tenemos en nuestra vecindad almas difuntas que han pasado por cuerpos físicos rusos, que tienen una gran tendencia a vivir más como Ángeles, diría yo, en su constitución anímica real que como seres humanos.

Después de tal encarnación, la cosa particularmente peculiar ocurre que el cuerpo etérico se disuelve muy rápidamente en el mundo etérico circundante, mientras que con los pueblos occidentales el cuerpo etérico es más compacto, se mantiene más unido, se disuelve más difícilmente en el mundo etérico circundante. Ahora, sin embargo, ya estamos viviendo en una época, concretamente desde el último tercio del siglo XIX, como he indicado a menudo, en la que Miguel ha asumido el gobierno en el mundo espiritual, después de que Gabriel hubiera reinado anteriormente. Ahora vivimos en una época en la que estas relaciones son particularmente prominentes en el mundo espiritual, y lo que se ha descrito es particularmente eficaz en el mundo espiritual. Pues corresponde a nuestro tiempo preparar el gran acontecimiento que he indicado bellamente en el primer drama mistérico GA014), " El Portal de la Iniciación ", la aparición del Cristo en forma espiritual ante el hombre. Este acontecimiento de la aparición del Cristo, tal como lo indica la Theödora, sólo podrá producirse cuando el dominio de Micael se extienda cada vez más. Esto es todavía un proceso en el mundo espiritual. Por así decirlo, Micael está luchando por el acercamiento del Cristo en el plano vecino a nuestro mundo. Para ello necesita sus huestes, sus luchadores. Ahora se le están entregando importantes luchadores, importantes huestes de aquellas almas que han pasado por un cuerpo ruso en la presente encarnación. De modo que casi podemos ver en el mundo espiritual una especie de conquista por parte de Micael para el acercamiento del Cristo. Para ello recluta una banda, un número importante de combatientes de entre las almas que han pasado por cuerpos rusos, porque están predispuestos en sí mismos a identificarse con sus Ángeles. Esto los hace particularmente aptos para hacer surgir los poderes que den la imagen en pureza a través de la cual ha de aparecer el Cristo. Para que no aparezca en una forma falsa, en una imaginación subjetiva de la humanidad, para que aparezca en la imagen correcta, Micael debe librar la batalla que he indicado. Puede librarla especialmente a través de aquellas almas que llevan naturalmente esta conciencia angélica en su interior. Así están especialmente preparadas. También porque su cuerpo etérico se disuelve con particular facilidad, no tienen nada en su cuerpo etérico que permita al Cristo aparecer en una forma falsa, en falsas imaginaciones.

Para que todo lo que ha de suceder en el mundo pueda suceder adecuadamente, deben cooperar diversos factores del orden mundial. Ahora bien, para que pueda tener lugar lo que he descrito, -tómense esto con toda objetividad-, hay que combatir una peculiaridad que se da más en Occidente, sobre todo en las almas que han pasado por una encarnación francesa. Estas almas reciben de su nacionalidad la peculiaridad de aferrarse fuertemente a su cuerpo etérico, de aferrarse a una forma imaginativa muy específica en el cuerpo etérico durante mucho tiempo. Esto no puede ser combatido sólo por las almas occidentales, sino que estas almas occidentales, se podría decir, deben ser ayudadas, se debe trabajar para dispersar estos cuerpos etéricos en el éter general del mundo, para que no se evoque una falsa imagen de la aparición de Cristo. Así que las multitudes que luchan bajo Micael deben cooperar, deben luchar contra esas almas que han pasado a través de cuerpos franceses.

Esto es lo que la conciencia clarividente pudo ver en el último tercio del siglo XIX y hasta nuestros días como base de nuestra evolución actual. En el mundo espiritual, en el mundo astral, espiritualmente, se desarrolló cada vez más una lucha entre Rusia y Francia, -naturalmente en lo que tiene base espiritual-, y esta lucha se hizo cada vez más fuerte. La lucha en el mundo espiritual significa en realidad cooperación en el mundo físico, pero es ya un escenario de lucha, de contra acción, y los que miran en el mundo espiritual han tenido cada vez más experiencia de ello desde el último tercio del siglo XIX hasta el día de hoy, los que miran en el mundo espiritual han visto una batalla espiritual entre Occidente y Oriente cada vez más intensa, en toda Europa Central, la batalla en el cielo, ya se podría llamar así, que consiste en el hecho de que cada vez más multitudes se han reunido en Oriente, bajo el gobierno de Micael para luchar contra todo lo que pudiera impedir la aparición del Cristo en Occidente, que está creciendo cada vez más hacia el materialismo.

Sí, mis queridos amigos, donde hay una cultura elevada, una cultura que está tan plenamente desarrollada y ha alcanzado su apogeo como en Francia, el alma ha adoptado ciertas imaginaciones. Estas imaginaciones permanecen después de la muerte, pero impiden que venga algo completamente nuevo, que debe venir a través del Cristo. Por eso, sobre todo en el mundo espiritual, hay que luchar contra lo que pasa de una cultura plenamente madura a las almas. Miguel no puede elegir sus tropas de una cultura completamente madura, ellas son adecuadas para una cierta imaginación; primero hay que extinguir las imaginaciones. Así el cuadro grandioso detrás de la escena del mundo espiritual: la batalla de Oriente contra Occidente, la hueste de Micael contra las almas independientes de Occidente.

Ya ven, la expresión física externa de una batalla espiritual es una alianza en el plano físico. Lo que se alía en el plano físico expresa que está en lucha en el plano espiritual. Se convierten en aliados en el plano físico cuando necesitan luchar entre sí en el plano espiritual. De esto pueden ver una vez más cuan seriamente debemos tomar la palabra maya y la verdad. Muchas y muchas veces se dice, la palabra de maja y la verdad, pero sigue siendo teoría, pues quien mira en el mundo espiritual y ve allí lo que subyace en el mundo físico, ya es vencido por el sentimiento de la conmoción más tremenda cuando penetra en serio de la maja a la verdad y encuentra la verdad detrás de lo que vive en la maja. La verdad debe expresarse a menudo con palabras muy distintas a las del plano físico.

Lo que se llama alianza en el plano físico a menudo se llama guerra en el plano espiritual. Naturalmente, no hay que hacer construcciones falsas buscando en el espíritu lo contrario de lo que se encuentra en el plano físico, pues no todas las cosas son así. Hay que buscar las cosas en su realidad en el espíritu. En algunos casos es muy cierto que lo que ocurre en el plano físico puede ser un reflejo directo de lo que ocurre en el mundo espiritual. En otros casos hay un contraste tan colosal como aquí entre Oriente y Occidente, donde en el plano físico hay una alianza en la Maja y en el mundo espiritual una lucha de significado infinitamente mayor. Porque a través de esta lucha se ha de lograr gradualmente que surja del mundo etérico una imagen correcta, una imagen del ser que ha de venir a la humanidad en nuestro tiempo en el transcurso del siglo XX, en el Cristo.

Continuaremos con estas observaciones en la próxima ocasión. Pero les ruego que se tomen cosas como las de hoy con toda seriedad, porque les aseguro que, cuando las encuentran por primera vez, son bastante chocantes.

Traducido por J.Luelmo dic, 2023

miércoles, 9 de agosto de 2023

GA266b-61 Munich, 1 de septiembre 1912 El alma sensible, el alma racional o mental y el alma consciente

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Rudolf Steiner 

LECCIONES ESOTÉRICAS

LECCIÓN 61

Munich, 1 de septiembre 1912 - 

El esoterista tiene que prestar atención a muchas cosas que, para el exoterista, son bastante irrelevantes. Debe tener siempre presente que cuando se esfuerza por alcanzar la verdad, ésta sólo puede ser siempre una verdad relativa, que como esoterista no se puede hablar en absoluto de verdades eternas. Nuestros deseos también se mezclan siempre en nuestro esfuerzo, y debemos decirnos a nosotros mismos que siempre preferimos aceptar una verdad que nos complazca antes que una que nos resulte desagradable. Por ejemplo, la idea de la inmortalidad como tal es más agradable para la mayoría de las personas que la de que todo se acaba con la muerte, y por ello se inclinan a aceptarla como verdad sólo por esta razón. Pero el esoterista no debe hacerlo. Debe desconectar sus deseos, sus personalidades, y luego investigar. Para ello se nos han dado nuestras meditaciones, en las que debemos, por así decirlo, descansar espiritualmente en un determinado contenido de pensamiento. No es tan importante que pensemos en el contenido de la meditación como que dejemos que nuestra alma descanse en él, pues a través de esta repetición continua se fortalecen nuestras fuerzas anímicas.  

La tendencia a creer en verdades absolutas y eternas y a defenderlas es una característica de nuestra alma consciente. Ahora es posible que el alma consciente se imponga de tal manera que ya no domine estas ideas, sino que sea dominada por ellas y las vierta hacia fuera. En ocultismo hay una expresión para esto; tal alma consciente con estas ideas se llama el "Saduceo interior". Todos llevamos el saduceo interior dentro de nosotros, y el esoterista tiene el deber de sentirlo y actuar en consecuencia. (Ejemplo: Cuando a Goethe p. m. [post mortem] le preguntaron cómo debían interpretarse sus obras, dijo: " Desde mi espíritu, pero no con mis mismas palabras, las que yo pronuncié, me explico". - Saint-Martin p. m. dijo una vez: "Tengo muchos discípulos; pero en su mayoría han difundido mis errores").

El intelecto o alma racional también puede llevar en sí algo así como un segundo ser humano, a saber, cuando el ser humano quiere presentar una verdad reconocida personalmente, como algo universalmente válido. El hombre hace esto por un cierto sentimiento de vergüenza, porque no quiere decir: "He reconocido esta verdad como tal a través de tal o cual experiencia; por lo tanto es una verdad para mí", sino que quiere presentarla como universalmente válida. Para esto, el ocultismo tiene el término "fariseo". El fariseo interior es el alma racional que se apodera del dominio en esta dirección. Esta adicción a presentar verdades personales como generales a menudo resulta en hipocresía externa e insinceridad. 

El alma sensible también puede dejarse dominar demasiado en su lucha por la verdad. Esto lo hacen todos aquellos que prefieren entregarse a los sentimientos en lugar de, por ejemplo, absorber y asimilar las enseñanzas de la evolución del mundo, que, por ejemplo, prefieren sumergirse en un Tauler o en otro místico de la Edad Media y rechazan todo lo demás. Puesto que el alma sensible está bastante alejada del alma consciente, no expresa sus errores de forma tan desagradable como esta última, pero no deja de ser un error para el esoterista apartarse de todo lo que el mundo exterior puede enseñarle para buscar la verdad únicamente en la contemplación interior. En ocultismo, esta forma de dejar que predomine el alma sensible se denomina "Esenio interior". Se puede objetar: "Sí, un esenio es algo muy bueno". Ciertamente lo es; pero los líderes espirituales que fundaron esta Orden sabían precisamente en qué lugar, en qué momento y de qué manera debían establecerla, para que fuera algo sano para el mundo.

Esto es lo principal en el esfuerzo ocultista, reconocer qué verdad es la correcta para el momento en cuestión. Buda lo sabía muy bien cuando llevó su enseñanza a la India seiscientos años antes de Cristo. La misma enseñanza trasplantada a otro lugar, en otro momento, no tiene el mismo efecto. Lo que importa es cómo hacer que algo sea eficaz. 

En los mundos espirituales hay puntos nodales que se forman en ciertos momentos, en los cuales las fuerzas actúan desde los mundos más elevados hacia los mundos que se encuentran directamente sobre nosotros. Tal tiempo está ahora cerca, y no son los grandes Iniciados quienes pueden hacer descender estas fuerzas de los mundos superiores; sólo el Cristo puede hacerlo, por haber pasado por el Misterio del Gólgota. Pero los grandes iniciados Buda, Pitágoras, Zaratustra, etc., se agrupan en torno al Cristo y se dejan influir por sus fuerzas, independientemente de que estén encarnados en el cuerpo físico o moren en los mundos espirituales, y trabajan a partir de este espíritu.

Ahora debemos poner en relación a estas tres personas que moran en nosotros, el saduceo, el fariseo y el esenio, pues cada una por sí sola es algo perjudicial. El Fariseo deberá servir al Saduceo, y estos dos juntos al Esenio. Este último debe gobernar sobre los dos, pero no debe gobernar solo. Nosotros, como esoteristas, debemos realmente tener la sensación de que tenemos estos tres en nosotros, porque cuando lleguemos al Guardián del Umbral los sentiremos muy claramente; porque tendremos que dejarlos atrás como algo transitorio, que no pertenece a los mundos espirituales. Cuando se dice que un esenio se ocupa de los mundos espirituales, la respuesta debe ser que se ocupa de ellos a su manera en el mundo físico, pero que toda su Orden se fundó para el mundo físico y para un determinado punto de la tierra, y que en los mundos espirituales se tienen en cuenta otros puntos de vista.  

Si nos presentamos ante la Divinidad con estos tres defectos, que sentimos como desnudeces, tendremos un sentimiento de vergüenza, como lo tuvieron Adán y Eva en su desnudez ante la Divinidad, y por ello debemos esforzarnos por llevar estas tres características del alma al equilibrio correcto. 

Para nosotros, el mundo espiritual está rodeado de corazas que nosotros mismos creamos y que debemos deshacer. Puede llegar a nosotros cuando el sol se hunde en el mar en calma y permitimos que este fenómeno natural tenga un efecto intenso en nosotros. La vida correcta con la naturaleza tiene un efecto despertador y estimulante en el esoterista; pero no debe entregarse exclusivamente a ella. - Nicolás Cusano tuvo las experiencias espirituales más fuertes en un viaje por mar desde Constantinopla. 

El maestro de la Sabiduría y de la Armonía de los Sentimientos ha condensado para nosotros, como el mar en una gota -tal cosa es posible en lo espiritual, no por supuesto en lo físico-, la oración que desea que forme siempre la conclusión de nuestras contemplaciones esotéricas, y que representa todo el desarrollo, el descenso y el ascenso del hombre: 

En el espíritu yace el germen de mi cuerpo.
Y el espíritu ha plasmado en mi cuerpo
El sentido de la vista,
Para que a través de los ojos pueda ver
Las luces de los cuerpos.
Y el espíritu ha plasmado en mi cuerpo
La razón y la sensación
Y el sentimiento y la voluntad,
Para que a través de ellos pueda percibir los cuerpos
Y actuar sobre ellos.
En el espíritu yace el germen de mi cuerpo.
En mi cuerpo yace el germen del espíritu.
E incorporaré a mi espíritu
Los ojos suprasensibles
Para que a través de ellos pueda contemplar la luz de los espíritus.
E imprimiré en mi espíritu
La sabiduría, el poder y el amor
Para que a través de mí actúen los espíritus
Y me convierta en un órgano consciente de sus actos.
En mi cuerpo yace el germen del espíritu.

martes, 4 de julio de 2023

GA143 Munich 27 de febrero de 1912 Fuerzas ocultas de la vida del alma

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FUERZAS OCULTAS DE LA VIDA DEL ALMA

RUDOLF STEINER

Munich 27 de febrero de 1912

En los últimos días hemos hablado de muchas cosas relacionadas con la existencia de profundidades ocultas en nuestra vida anímica, y ahora deberíamos considerar otros aspectos de este tema, cuyo conocimiento puede ser útil para el antropósofo. En general, hay que decir que una aclaración completa de estas cosas sólo es posible cuando las trabajamos a la luz de lo que la Antroposofía es capaz de dar.

Ahora bien, ya hemos considerado, desde los más variados aspectos, todo lo que podría llamarse la organización del hombre. Por lo tanto, debería ser bastante fácil para cada uno de nosotros, -si dirigimos nuestra atención en cierta medida, a las profundidades ocultas del alma-, conectar de la manera correcta lo que así aparece desde un nuevo punto de vista, con la organización del hombre tal como la conocemos a través de la presentación más o menos elemental de la concepción antroposófica del mundo. Durante los últimos días se ha dicho repetidamente que todo lo que comprende nuestros pensamientos conceptuales, nuestras percepciones, los impulsos de nuestra voluntad, nuestros sentimientos y sensaciones, -en resumen, todo lo que tiene lugar en nuestra alma durante su estado normal, desde el momento de despertar hasta el momento de dormir-, puede denominarse simplemente las actividades, las peculiaridades o las fuerzas de la conciencia ordinaria.

Resumamos ahora gráficamente, -encerrándolo entre estas dos líneas paralelas (a-b)-, todo lo que está incluido en la conciencia humana ordinaria: es decir, todo lo que un ser humano sabe, siente y quiere, desde que se despierta hasta que se duerme.

Entonces nos encontramos con que nuestros pensamientos, y también cada una de nuestras percepciones, pertenecen a esta esfera encerrada por estas dos líneas paralelas. Así, cuando entramos en relación con el mundo exterior a través de nuestros sentidos, y por lo tanto formamos una imagen de este mundo exterior a través de toda clase de impresiones sensoriales, -una imagen que está todavía en conexión, o en contacto, con el mundo exterior-, esto también forma parte de nuestra conciencia ordinaria. Al mismo tiempo, nuestra vida de sentimientos y nuestros impulsos de voluntad también pertenecen a esta esfera; en resumen, todo lo que constituye nuestra conciencia ordinaria. Podríamos decir que esta esfera representada por estas líneas paralelas (a-b), incluye todo lo que la vida normal y cotidiana del alma nos da a conocer.

Ahora bien, lo importante es que sepamos, con toda claridad, que esta vida llamada del alma depende de los instrumentos del cuerpo físico, es decir, de todos aquellos instrumentos que comprenden los sentidos y el sistema nervioso. Si ahora trazamos otras dos líneas paralelas más allá de las dos primeras, podemos decir que los órganos de los sentidos y el sistema nervioso de nuestro organismo físico sirven como instrumentos de esta conciencia ordinaria, -los órganos de los sentidos son los más importantes, aunque el sistema nervioso también puede estar incluido, hasta cierto punto.

Y, por debajo del umbral de nuestra conciencia ordinaria, se encuentra todo lo que puede estar encerrado entre estas otras dos líneas paralelas (b-c) - y que puede denominarse el lado oculto de la vida del alma, o la subconsciencia. Obtenemos una clara concepción de lo que está inmerso, por así decirlo, en esta subconsciencia, cuando recordamos, por una parte, que el ser humano adquiere, como hemos aprendido, mediante el entrenamiento espiritual, la imaginación, la inspiración y la intuición. Así vemos que, así como tenemos que incluir nuestros pensamientos conceptuales, nuestros sentimientos y nuestros impulsos de voluntad, en la conciencia ordinaria, así tenemos que incluir la imaginación, la inspiración y la intuición, en la vida subconsciente. Pero también sabemos que la subconsciencia está activa, no sólo cuando se lleva a cabo tal entrenamiento espiritual, sino que también puede activarse en forma de una antigua herencia,- como un estado primitivo original de la consciencia humana, o una especie de atavismo. En este caso, surge algo que podemos llamar visiones; y estas visiones, surgidas -digamos- en la conciencia ingenua, corresponden, en este estado primitivo de conciencia, a las Imaginaciones adquiridas mediante el entrenamiento correcto. Además, pueden surgir presentimientos; y éstos serían las inspiraciones primitivas. Un ejemplo significativo nos mostrará enseguida la diferencia entre un presentimiento y una inspiración.

A menudo hemos mencionado el hecho de que, en el curso del siglo XX, ocurrirá un acontecimiento en la evolución humana, que podemos llamar una especie de retorno espiritual de Cristo; y que habrá un número de personas que experimentarán la influencia de Cristo sobre nuestro mundo, -cuando entre en él en forma etérica, desde el plano astral. El conocimiento de este hecho puede alcanzarse si aprendemos a saber, mediante el entrenamiento adecuado, cómo sigue su curso la evolución, y entonces llegamos a ver, -como resultado de este entrenamiento-, que tal acontecimiento debe tener lugar, en efecto, durante el siglo XX. Por otra parte, también es muy posible y, de hecho, esto sucede a menudo en nuestros días, que ciertas personas estén dotadas de una clarividencia natural y primitiva, de una inspiración misteriosa, que podríamos describir como un presentimiento de la llegada de Cristo. Estas personas ni siquiera sabrán, tal vez, exactamente lo que está ocurriendo; sin embargo, una inspiración importante como ésta puede muy bien aparecer como un presentimiento, si algo ocurre dentro de la conciencia primitiva que es más que una visión, más que un presentimiento. Se experimenta una visión cuando surge ante nosotros la imagen o la contrapartida de un acontecimiento espiritual. Supongamos, por ejemplo, que alguien ha perdido a un amigo, de modo que el yo ha atravesado el portal de la muerte y habita ahora en el mundo espiritual. En este caso, puede establecerse una especie de conexión entre el que vive en el mundo espiritual y el que mora en la tierra; y, sin embargo, el que vive en este mundo puede no saber, con toda exactitud, lo que el amigo muerto desea de él, -de hecho, puede tener una idea falsa de lo que el amigo difunto, allá, está experimentando en su alma. Sin embargo, el hecho mismo de tal condición puede ser experimentado en la forma de una visión; y -aun cuando sea errónea, en lo que a la imagen se refiere-, la visión puede basarse en el hecho verdadero: a saber, que el amigo difunto desea establecer una conexión con el que todavía está vivo. Y esto asume la forma de una premonición. Así, quien tiene premoniciones sabe ciertas cosas relativas al pasado o al futuro, que no son accesibles a la conciencia ordinaria. Supongamos, por otra parte, que algo surge ante el alma humana en forma de una percepción clara, (no meramente como una visión que puede, bajo ciertas circunstancias, ser engañosa, sino como una percepción clara); y supongamos que representa o bien algún acontecimiento que tiene lugar en el mundo físico, -aunque no en una esfera que lo haga accesible a los sentidos ordinarios-, o bien un acontecimiento que tiene lugar en el mundo suprasensible. Tal aparición es designada generalmente por el ocultismo como "deuteroscopia", o segunda vista. Y con esto os he descrito algo, ya sea que se describa mediante un entrenamiento regular o que aparezca en forma de clarividencia natural, que tiene lugar en la conciencia humana -en la subconsciencia, por cierto; pero al mismo tiempo en la propia alma humana.

Ahora bien, cuando hablamos de subconsciencia, en contraste con la conciencia ordinaria, encontramos que todo lo que tiene lugar aquí, en el alma humana, difiere en gran medida de todos los procesos de la conciencia ordinaria. Estos procesos de la conciencia ordinaria, -con respecto a aquellas cosas con las que están conectados-, son en realidad tales, que debemos hablar de la impotencia de esta conciencia ordinaria. El ojo ve la rosa; pero este ojo, que actúa, por cierto, de tal manera que la imagen de la rosa surge en nosotros, es totalmente impotente de plasmar en la conciencia ordinaria -aun con toda su percepción y su capacidad de imaginar la rosa- algo como el crecimiento, el crecer y el desvanecerse de la rosa. La rosa crece y muere de nuevo a través de sus fuerzas naturales inherentes; y ni el ojo, ni la conciencia ordinaria, pueden ir más allá de la esfera que es accesible a su percepción. No ocurre lo mismo, sin embargo, con los hechos que pertenecen a la esfera del subconsciente. Y esto es lo que debemos tener en cuenta en primer lugar, pues es sumamente importante. Si percibimos algo con el ojo, durante el acto normal de la visión -ya se trate de imágenes coloreadas, o de cualquier otra cosa-, no sólo somos incapaces, mediante nuestra percepción, de cambiar nada en los hechos objetivos, sino que, de hecho, surge algo más, si nuestra vista es normal. Si para el ojo no tiene lugar nada más que el mero acto de la visión, el ojo en este caso permanece inalterado por este proceso. Sólo cuando sobrepasamos los límites naturales, pasando a veces de una luz normal a una luz cegadora, lesionamos el ojo. De modo que podemos decir: los hechos y procesos de la conciencia ordinaria no nos permiten ni siquiera reaccionar sobre nosotros mismos, si simplemente permanecemos en esta conciencia ordinaria. En efecto, nuestro organismo está construido de tal manera que los hechos accesibles a la conciencia ordinaria ni siquiera provocan cambios particulares en nosotros.

Sin embargo, es muy diferente con las cosas que surgen en la subconsciencia. Supongamos que formamos una imaginación, o que tenemos una visión. Y supongamos ahora que esta Imaginación, o esta visión, corresponde a algún Ser bueno. Este Ser bueno, en ese caso, no está en el mundo físico, sensorial, sino en el mundo suprasensible; y supongamos ahora que el mundo, habitado por estos Seres que percibimos por la imaginación o la visión, se encuentra encerrado, aquí, entre estas dos líneas paralelas. Tratemos de encontrar en este mundo todo lo que pueda convertirse en objeto, o percepción, para nuestra subconciencia (b-e) - nos abstendremos de escribir nada en este espacio, por el momento. Por otro lado, si tenemos una imagen imaginaria, o una visión, de algún tipo de Ser maligno o demoníaco en este mundo suprasensible, no somos impotentes, en lo que se refiere a este Ser, del modo en que el ojo es impotente con respecto a la rosa. Si, durante la imaginación o visión de un Ser maligno, provocamos el sentimiento de que debe retirarse de nosotros, -si hacemos esto mientras vemos perfectamente claro este cuadro visionario, o imaginativo, tal Ser en este otro mundo, debe realmente sentirse como si fuera empujado y alejado por una fuerza procedente de nosotros.

Lo mismo sucede, si tenemos la correspondiente imaginación, o visión, de un Ser bueno. En este caso, también, si desarrollamos un sentimiento de simpatía, este Ser sentirá dentro de sí una fuerza que le obliga a acercarse a nosotros y a conectarse con nosotros. Todos los Seres, -cualquiera que sea su lugar en este mundo-, sienten las fuerzas de atracción o repulsión que provienen de nosotros, siempre que formamos visiones de ellos. Nuestra subconsciencia se encuentra, pues, en una situación semejante a la de un ojo que no sólo viera una rosa, sino que desarrollara, por la mera visión de la rosa, el deseo de que la rosa se le acercara, pudiera atraerla hacia sí. O, si al ver algo repulsivo, el ojo no sólo llegara a la opinión: "Esto es repulsivo", sino que pudiera eliminar esta cosa repulsiva por mera antipatía. Nuestra subconsciencia está, pues, conectada con un mundo en el que la simpatía y la antipatía que surgen en el alma humana pueden ser activas. Es necesario poner esto muy claramente ante nuestra mente.

Pero la simpatía y la antipatía, -y, hablando en general, todos los impulsos de nuestra subconsciencia-, no sólo actúan en esta esfera, en la forma ya descrita; también actúan en lo que está más especialmente dentro de nosotros mismos, y que debemos considerar ahora como una parte del cuerpo etérico del hombre, -sin embargo, no sólo como una parte del cuerpo etérico, sino también como ciertas fuerzas del cuerpo físico encerradas, aquí, dentro de estas dos líneas paralelas (b-c). Debemos imaginar aquí, es decir, en primer lugar, lo que vive en el hombre como una fuerza que pulsa a través de su sangre, o: la fuerza del calor en la sangre. Y luego, debemos imaginar dentro de este espacio todavía otra fuerza: a saber, aquella fuerza que está presente en nuestra respiración sana o malsana dependiendo, como depende, de todo nuestro organismo en resumen, la fuerza más o menos sana de la respiración. También podemos llamarla constitución de la fuerza respiratoria. Además, una gran parte de lo que debemos llamar cuerpo etérico del hombre pertenece a todo aquello sobre lo que la subconsciencia actúa activamente en nosotros. Por lo tanto, la subconsciencia, o las fuerzas ocultas de la vida anímica, actúan en nosotros de tal manera que influyen, en primer lugar, en la temperatura de nuestra sangre. Puesto que toda la pulsación, la vitalidad o la falta de vitalidad de nuestra circulación dependen de la temperatura de nuestra sangre, podemos darnos cuenta de que toda esta circulación debe estar conectada de alguna manera con nuestra subconsciencia, El que un ser humano tenga una circulación más rápida o menos rápida depende esencialmente de las fuerzas de su subconsciencia.

Ahora bien, si la influencia que el hombre ejerce sobre todo lo que existe en ese otro mundo, en forma de Seres demoníacos o buenos, sólo tiene lugar cuando surgen de su subconsciencia con cierta claridad visiones, imaginaciones u otras clases de percepciones, es decir, si las cosas se presentan realmente con claridad ante él; y si, entonces, ciertas fuerzas se vuelven como mágicamente activas en este mundo, por simpatía y antipatía, esta manera clara de enfrentarse a sí mismo, subconscientemente, en su propia alma, no será necesaria para la influencia de ese organismo interior que consiste en lo que hemos indicado aquí (b-c). Que el hombre sepa, o no sepa, exactamente qué imaginaciones corresponden a tal o cual simpatía dentro de él, en cualquier caso, esta simpatía actúa sobre la circulación de su sangre, sobre su sistema respiratorio, sobre su cuerpo etérico. Supongamos ahora que, durante cierto tiempo, alguien se inclina a tener sólo sentimientos de repulsión. Si fuera capaz de ver visiones, o si estuviera dotado de conocimiento imaginativo, tendría el tipo de visión, o imaginación, descrito anteayer, en forma de percepciones de su propio ser. Éstas se proyectarían en el espacio, sin duda, pero pertenecerían únicamente a su propio mundo; estas visiones e imaginaciones revelarían lo que vive dentro de él en forma de fuerzas activas en sentimientos de repulsión. Sin embargo, aunque sólo tenga esos sentimientos de repulsión, de modo que vivan dentro de él, actúan igualmente sobre él. Y obran de tal modo, en efecto, que influyen realmente en la fuerza que calienta su sangre, y también en la fuerza de su respiración. Por lo tanto, si pasamos ahora al otro aspecto, encontramos que el ser humano tiene una respiración más o menos sana - dependiendo de los sentimientos que experimenta en su subconsciencia; y que tiene una circulación más o menos sana, dependiendo de sus experiencias subconscientes. Es especialmente la actividad del cuerpo etérico, y todos sus procesos, los que dependen del mundo de sentimientos que vive en el hombre.

Cuando los hechos de la subconsciencia son realmente experimentados por el alma, podemos ver, no sólo que existe esta conexión (del mundo del sentimiento, con la respiración, la circulación y la actividad del cuerpo etérico), sino que debido a ello, hay una influencia continua sobre toda la constitución del hombre, con el resultado de que hay ciertos sentimientos y sensaciones que llegan hasta la subconsciencia. Y debido a que éstos provocan ciertas formas en la fuerza del calor en la sangre, y una cierta disposición en la fuerza de la respiración y del cuerpo etérico, su influencia sobre el organismo es, o bien un fomento, durante toda la vida de un hombre; o es uno que retarda y obstaculiza. Así pues, siempre hay algo que surge o desaparece en el hombre, a través de estas fuerzas que actúan en su subconsciencia. Él disminuye sus fuerzas vitales, o las aumenta, a través de lo que envía a su subconsciencia fuera de su estado consciente ordinario. Si un hombre se complace en pensar en las mentiras que ha dicho, si no le produce repulsión, -pues éste sería el sentimiento natural hacia la mentira-, o si es perezoso e indiferente hacia las mentiras, e incluso se complace en decirlas, este sentimiento que acompaña a la mentira, es en ese caso enviado a su subconsciencia. Lo que entra en la subconsciencia, de esta manera lesiona la circulación de la sangre, la constitución de la respiración y las fuerzas del cuerpo etérico; y la consecuencia de esto será que el ser humano, cuando atraviese el portal de la muerte con lo que entonces le quede, estará atrofiado, -se empobrecerá en sus fuerzas-, porque algo ha muerto en él, que habría cobrado vida si hubiera sentido aborrecimiento y repulsión hacia la mentira, de acuerdo con el sentimiento humano normal. Si los sentimientos de aversión hacia la mentira se hubieran sumergido en su subconsciencia, entonces se habrían transferido a esas fuerzas indicadas aquí, en nuestro dibujo, y el ser humano habría enviado a su organismo algo beneficioso, algo de la naturaleza de las fuerzas de nacimiento.

Así vemos cómo, en primer lugar, el ser humano actúa desde su subconsciencia sobre su propio crecimiento y decadencia, debido al hecho de que las fuerzas pasan continuamente de su consciencia superior, -de su consciencia ordinaria-, a su subconsciencia. El hombre, tal como está constituido hoy, sin embargo, no es todavía lo suficientemente fuerte como para causar daño mediante su naturaleza anímica, por así decirlo, también a otras partes de su organismo, además de su circulación, su respiración y su cuerpo etérico. No puede dañar tampoco las partes más toscas y firmes de su organismo físico. Por lo tanto, podemos decir que el hombre sólo puede dañar una parte de toda su constitución. Lo que así ha sido dañado aparece con especial claridad, cuando la parte del cuerpo etérico que ha permanecido (pues el cuerpo etérico está continuamente conectado con la fuerza del calor en la sangre, y con la constitución de la respiración) ha sido influenciada de la manera que hemos mencionado; pues en este caso se deteriora por sentimientos erróneos. Por otro lado, adquiere fuerzas fructíferas, fortalecedoras y benéficas a través de sentimientos buenos, normales y verdaderos. Por lo tanto, podemos decir que lo que ocurre en su subconsciencia permite al hombre trabajar directamente sobre el crecimiento y la decadencia, es decir, sobre los verdaderos procesos, la realidad, de su organismo. Se sumerge desde la esfera de impotencia de su conciencia ordinaria, en la esfera donde hay constante crecimiento y decadencia, en su propia alma, y por consiguiente en toda su constitución humana.

Ahora hemos visto que, por el hecho de que nuestra alma tiene más o menos experiencia de nuestra subconsciencia, sabe algo acerca de ella: por este hecho, la subconsciencia también adquiere una influencia sobre ese mundo que puede denominarse, (según una expresión que se usó para él durante toda la Edad Media), el mundo elemental. Sin embargo, el hombre no puede entrar en relación directa con este mundo elemental, sino sólo por el camino tortuoso de experimentar, en primer lugar en sí mismo, los efectos de su subconsciencia sobre su organismo. Si, al cabo de un tiempo, el ser humano ha aprendido el suficiente autoconocimiento como para decirse a sí mismo: "Cuando tienes este sentimiento dentro de ti, y cuando envías uno u otro resultado de tu conducta a tu subconsciencia, destruyes ciertas cosas en ti mismo, y haces que se atrofien; y cuando experimentas otras cosas, y envías ciertas experiencias que las acompañan, promueves tu desarrollo", si, durante un cierto período de tiempo, experimenta dentro de sí mismo esta fluctuación entre fuerzas de destrucción y de promoción, entonces llegará a ser cada vez más maduro en el conocimiento de sí mismo. Este es, en realidad, el verdadero autoconocimiento; y sólo puede compararse a una "imagen" que puede obtenerse de la siguiente manera: 

El conocimiento de uno mismo, alcanzado de esta manera, puede realmente hacer que por medio de una mentira, y debido a un sentimiento erróneo hacia la mentira, que surge en nuestros instintos, nos sintamos como si un escorpión nos estuviera mordiendo uno de los dedos del pie. Podemos estar seguros de que, si los seres humanos percibieran algún efecto real de este tipo, nunca mentirían como lo hacen. Así, si experimentáramos de inmediato, en el mundo físico, una paralización de nuestro organismo físico, esto correspondería a lo que realmente sucede en relación con las cosas que normalmente permanecen invisibles, -a través de lo que enviamos a la subconsciencia, fuera de nuestras experiencias diarias. Cualquier tipo de indiferencia perezosa hacia una mentira, que es enviada a la subconsciencia, tiene el efecto de morder algo dentro de nosotros, por así decirlo - quitándonos algo que entonces ya no poseemos, de modo que estamos atrofiados y debemos adquirirlo de nuevo, en el curso posterior de nuestro karma. Y si enviamos un sentimiento correcto a nuestro subconsciente (por supuesto, debemos imaginar una escala infinita de sentimientos que pueden descender de esta manera), crecemos en nosotros mismos y formamos nuevas fuerzas vitales en nuestro organismo. Lo primero que aparece en un hombre que alcanza el verdadero conocimiento de sí mismo es esta capacidad de convertirse en espectador de su propio crecimiento y desvanecimiento.

Me han dicho que anteayer mis oyentes no comprendieron muy bien cómo podemos distinguir entre una verdadera visión o imaginación, que constituye una experiencia objetiva, y otra que simplemente se proyecta en el espacio y pertenece a nuestra vida subjetiva. Ahora bien, no podemos decir: "Escribe tal o cual regla, y entonces podrás distinguir lo uno de lo otro". Tales reglas no existen; al contrario, las aprendemos sólo gradualmente, en el curso de nuestro desarrollo. Y somos capaces de distinguir entre lo que sólo nos pertenece a nosotros mismos, y lo que surge como visión exterior y pertenece a un Ser verdadero, sólo cuando hemos pasado por la experiencia de ser continuamente devorados, interiormente, por procesos subconscientes que matan. Esto nos dotará de una especie de certeza, y será seguido también por un estado en el que siempre seremos capaces de enfrentarnos a una visión o a una imaginación y decirnos a nosotros mismos: "Si podemos ver en la visión a través de la fuerza de nuestra vista espiritual, la visión permanecerá; porque, si desarrollamos la fuerza activa de la vista espiritual, esto corresponde a un hecho objetivo. Si, por el contrario, la fuerza activa de la vista espiritual borra la visión, esto prueba que no era más que una parte de nuestro propio yo."

Así, un ser humano que no sea cuidadoso con respecto a esto puede incluso ver miles y miles de imágenes de la Crónica del Akasha; sin embargo, aun así, si no aplica la prueba de si estas imágenes son borradas o no a través de una vista absolutamente activa, estas imágenes del Akasha, en ese caso, -no importa cuántos hechos puedan revelar-, sólo pueden ser consideradas como imágenes de la propia vida interior del hombre. Podría suceder, por ejemplo -repito, podría suceder- que alguien que no ve más que su propio interior, proyectado en imágenes muy dramáticas, imagine que éstas son acontecimientos, digamos, que se extienden por todo el mundo atlante, a través de generaciones enteras de la humanidad. Y, al mismo tiempo - por muy aparentemente objetivo que sea - esto podría, bajo ciertas circunstancias, ser meramente una proyección de su propio ser interior. Ahora bien, cuando un ser humano atraviesa el portal de la muerte, siempre sucede que lo que pudiera impedir que su vida subjetiva se transformara en visiones o Imaginaciones, ahora desaparece. En la vida humana ordinaria de nuestros días, como sabemos, lo que el hombre experimenta dentro de sí mismo subconscientemente, lo que envía a su subconsciencia, no siempre se convierte en visión o Imaginación. Se convierte en Imaginación si se somete al entrenamiento regular y necesario; y se convierte en visión si todavía posee una clarividencia atávica. Cuando el ser humano ha atravesado el portal de la muerte, toda su vida interior se convierte inmediatamente en un mundo objetivo, y está allí ante él. Kamaloka no es en su esencia otra cosa que un mundo erigido a nuestro alrededor a partir de todo lo que hemos experimentado dentro de nuestra propia alma. Sólo en el Devacán ocurre lo contrario. Así podemos comprender fácilmente que lo que he dicho respecto a la actividad de la simpatía y antipatía del hombre, contenida en visiones, Imaginaciones, Inspiraciones, y también premoniciones, etc. - que esta actividad siempre, bajo todas las circunstancias, influye en el mundo elemental objetivo. Y dije, en relación con esta actividad, que, en el ser humano que está encarnado en el cuerpo físico, sólo lo que él trae en cuanto a visión o Imaginación puede influir en este mundo elemental. En el caso de los muertos, esas fuerzas también que existían en la subconsciencia y que siempre acompañan al ser humano cuando cruza el portal de la muerte, son activas en el mundo elemental; de modo que todo lo que experimenta después de la muerte es en realidad sumamente activo en el mundo elemental.

Tan ciertamente como creamos olas en el río, cuando azotamos sus aguas - con la misma certeza las experiencias de los muertos continúan influyendo en el mundo elemental. Tan ciertamente, repito, como las olas surgen y se ondulan desde cualquier punto que golpeemos, en el agua; y tan ciertamente como una corriente de aire continúa creándose a sí misma, tan ciertamente estas fuerzas continúan su influencia en el mundo elemental. Por lo tanto, este mundo elemental está continuamente lleno de fuerzas que han sido llamadas a la existencia a través de lo que los seres humanos toman para sí, de su subconsciencia, cuando cruzan el portal de la muerte. Lo importante, por tanto, es estar siempre en condiciones de crear las circunstancias que nos permitan ver -percibir- las cosas del mundo elemental. No debe sorprendernos que el clarividente reconozca correctamente las cosas que ocurren en el mundo elemental como Seres producidos por la actividad de los muertos. Al mismo tiempo - y bajo ciertas condiciones específicas para estar seguros - podemos seguir estas actividades, resultantes de las experiencias de los muertos (e influyendo, en primer lugar, en el mundo elemental) incluso hasta el mundo físico. En efecto, cuando un clarividente haya pasado por todas las experiencias que he descrito y haya alcanzado la capacidad de percibir el mundo elemental, llegará, al cabo de cierto tiempo, a tener las experiencias más extraordinarias.

Supongamos que un clarividente pasa por el siguiente proceso: - Para empezar, mira una rosa, digamos. La mira con su ojo físico. Cuando la mira de esta manera, recibe una impresión sensorial. Y supongamos, además, que este clarividente se ha entrenado para experimentar una sensación bastante definida, con cierto matiz definido, cuando ve el color rojo. Esto es necesario; de lo contrario, el proceso no iría más lejos. A menos que experimentemos matices bastante definidos de sentimiento, cuando vemos colores, u oímos sonidos, no podemos progresar en una clarividencia que se dirige a objetos exteriores. Supongamos ahora que el clarividente aparta la rosa. Si no fuera clarividente, su percepción se hundiría en su subconsciencia y continuaría allí su trabajo, enfermándole o sanándole, según el caso. Si, por el contrario, es clarividente, percibirá ahora cómo su Imaginación de la rosa actúa sobre su subconsciente. Es decir, tendrá una imagen visionaria, una Imaginación de la rosa. Al mismo tiempo, percibirá cómo los sentimientos que la rosa suscitó en él tienen un efecto favorecedor o destructor sobre su cuerpo etérico, así como sobre lo que aquí hemos descrito como cuerpo físico. Percibirá en todo, el efecto sobre su propio organismo. Y si ahora ha formado una Imaginación de la rosa, podrá ejercer por medio de ella una fuerza de atracción sobre ese Ser que podemos llamar el Alma-Grupo de la rosa, y que siempre está actuando en la rosa. Así, podrá mirar en el mundo elemental, para ver el Alma-Grupo de la rosa, en la medida en que vive en ese mundo. Ahora bien, si el clarividente va aún más lejos, es decir, si ha comenzado por mirar la rosa, luego la ha regalado y, por último, ha seguido el proceso interno de su entrega a la rosa y del efecto que de ello resulta, y si llega así al punto de ver algo de la rosa en el mundo elemental, verá entonces, en el lugar donde la rosa se le apareció, una especie de imagen maravillosamente luminosa, perteneciente al mundo elemental. Y entonces, si ha seguido el proceso hasta este punto, ocurrirá algo nuevo. Ahora puede ignorar lo que está allí, ante él, y puede ordenarse a sí mismo no mirar con el ojo interno lo que aparece ante él como un Ser etérico viviente, extendiéndose hacia el mundo - ¡no debe ver esto! Entonces ocurre algo extraordinario: el clarividente ve algo que atraviesa su ojo y que le muestra la actividad de las fuerzas que construyen su ojo, es decir, las fuerzas que construyen el ojo humano a partir del cuerpo etérico. Ve cuáles son las fuerzas constructivas de su propio cuerpo físico. Ve realmente su ojo físico como si fuera un objeto exterior.

Esto es en realidad lo que puede ocurrir. Puede seguir el camino que conduce de un objeto exterior a ese punto, -por lo demás un espacio que contiene oscuridad absoluta-, donde, sin permitir que entre ninguna otra percepción sensorial, percibe ahora cómo es su propio ojo, en una imagen espiritual. Así puede ver el órgano interior mismo; y ahora ha alcanzado esta región, aquí) - la región de lo que es verdaderamente creativo en el mundo físico, o el mundo físico creativo. El hombre lo percibe primero, percibiendo su propia organización física. Así desanda el camino y vuelve sobre sí mismo. ¿Qué es lo que ha enviado a nuestro ojo fuerzas que, en realidad, hacen que veamos este ojo, como si de él salieran rayos de luz, correspondiendo completamente a la naturaleza de la visión? A continuación, vemos el ojo rodeado de una especie de luminosidad amarilla, lo vemos encerrado en nosotros mismos. Todo esto ha sido efectuado por el proceso de aquellas fuerzas que han llevado al hombre hasta esta etapa.

El mismo curso siguen aquellas fuerzas que pueden proceder de una persona muerta. El muerto lleva consigo, al mundo en que vive después de atravesar el portal de la muerte, el contenido de su subconsciencia. Tan pronto como llegamos al interior de nuestro propio ojo físico, experimentamos allí las fuerzas enviadas por el muerto, y que vienen del mundo elemental de vuelta al mundo físico. El que ha muerto puede tal vez experimentar un anhelo especial por alguien que ha dejado atrás. Esta añoranza especial estaba contenida, al principio, en su subconsciencia; pero ahora se convierte inmediatamente en una visión viva; y a través de ella influye en el mundo elemental. En el mundo elemental, lo que al principio era sólo una visión viva se convierte, ahora de inmediato, en una fuerza. Esta fuerza toma el camino indicado por el anhelo del que vive en la tierra; y si es de alguna manera posible, habrá golpes y otros ruidos en el mundo físico, en la vecindad del viviente. Uno puede oír estos sonidos de golpes, etc., o percibirlos, tal como uno percibe cualquier otra cosa física. Estas mismas cosas, que se deben a conexiones y circunstancias de este tipo, se notarían mucho más a menudo en el mundo de lo que generalmente es el caso, si la gente sólo prestara atención a los momentos más favorables para tales influencias. Y los momentos más favorables son el momento de dormirse y el de despertarse por la mañana. La gente simplemente no presta suficiente atención a tales cosas, -porque, en realidad, no puede haber ningún ser humano, en ningún lugar, que no haya recibido, en algún momento u otro, mensajes del mundo suprasensible, en el estado de transición entre dormirse y despertarse de nuevo-, mensajes que vienen en forma de ruidos de golpes, o incluso de palabras habladas.

He querido aludir a esto hoy, mis queridos amigos, porque deseaba señalar la verdadera realidad de la conexión entre el Hombre y el Universo. Lo que el hombre obtiene del mundo objetivo de los sentidos, en su conciencia ordinaria, es impotente y carente de cualquier conexión real con este mundo de los sentidos. Pero, tan pronto como sus experiencias pasan a su subconsciencia, se establece una conexión con la Realidad. La impotencia de su estado de conciencia precedente se transforma en una fuerza fina, imperceptible, mágica. Y cuando el hombre ha atravesado el portal de la muerte, y está libre de su cuerpo físico, sus experiencias son tales que se reproducen en un mundo elemental; y, en circunstancias favorables, pueden llegar hasta el mundo físico, donde pueden ser percibidas incluso por la conciencia ordinaria.

He indicado el tipo más simple de cosa que puede tener lugar; porque, después de todo, siempre debemos comenzar con las cosas más simples. Naturalmente, con el transcurso del tiempo, -pues siempre nos hemos concedido el tiempo necesario para elaborar gradualmente todo lo que necesitamos saber-, pasaremos a las cosas más complicadas, que pueden conducirnos, a su vez, a las conexiones más íntimas, por así decirlo, que existen entre el Universo y el Hombre.

Traducido por J.Luelmo jul.2023

jueves, 6 de abril de 2023

GA116-6 Berlín 2 de mayo de 1910 -La aparición de la conciencia

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La aparición de la conciencia

RUDOLF STEINER

Berlín 2 de mayo de 1910

En el curso de las conferencias pronunciadas aquí el invierno pasado, estuvimos considerando el Ser de Cristo desde muchos aspectos diferentes y nos esforzamos de diversas maneras por señalar que lo que conocemos como el Impulso Crístico es el factor más poderoso para el desarrollo de la humanidad que jamás hayamos poseído en toda la evolución de la Tierra. Por lo tanto, es fácil comprender que, en primer lugar, este tema nunca puede ser agotado, que no podría haber fin a todo lo que uno podría hacer para dilucidar aún más el Impulso Crístico desde todos los lados, y además, cuando todo está dicho y hecho, todo lo que es de más profundo interés para el hombre está realmente relacionado con la aparición de Cristo. Hemos visto que los propios Evangelios intentaron abordar el tema del Ser de Cristo desde cuatro lados diferentes, y hemos tocado varios de los secretos contenidos en los diferentes Evangelios. Sólo hasta cierto punto pudimos arrojar luz sobre el de San Mateo. Debemos dejarlo por ahora, y volveremos a los secretos del Evangelio de San Mateo en conferencias que daremos más adelante, después de lo cual podremos aventurarnos más en las profundidades del Evangelio de San Marcos. Si ahora, al concluir nuestras conferencias de invierno de este grupo, diéramos indicaciones más esbozadas de lo que queda por discutir, interferiríamos con la armonía de las conferencias que se darán más adelante. Hoy, como también en nuestra próxima conferencia, abordaremos cuestiones que en cierto sentido se relacionan con el Problema de Cristo; de hecho, hoy nos referiremos a la cuestión de la conexión entre la conciencia humana y la intervención del Impulso de Cristo en el desarrollo de la humanidad. Con ello conseguimos también otro objetivo. El próximo jueves se pronunciarán las conferencias públicas sobre "La conciencia humana", y hoy hablaremos sobre el mismo tema en nuestra reunión de grupo. Hay un propósito definido en esto - uno que, a medida que pase el tiempo, se hará evidente a nuestra visión Espiritual. El objetivo es mostrar que el mismo tema puede ser tratado de manera diferente en un grupo de estudio como éste, que en una conferencia pública, destinada a personas que no son miembros de nuestro movimiento. El antropósofo, entre otras muchas capacidades que debe adquirir, también debe adquirir la noción de que los asuntos relacionados con el mundo pueden enfocarse desde muchos puntos de vista y desde muchos lados diferentes, y de que un hombre que ya domina ciertos hechos básicos puede hablar y oír hablar de un tema de manera diferente a otro que no los domina. Cuando hablamos en un grupo de estudio, suponemos que las mentes de los presentes se han acostumbrado hasta cierto punto a las concepciones de un mundo Espiritual, que en lo que respecta a sus pensamientos y sentimientos ya están en ese mundo y que, por lo tanto, son capaces, por medio de esos pensamientos y sentimientos, de formarse un concepto de la conciencia humana. La respuesta a tales preguntas puede extraerse de profundidades mucho mayores en un grupo de estudio que en una conferencia pública dada a una audiencia no antroposófica. Esas conferencias públicas tienen, en efecto, la misión, por medio de los fenómenos de la vida anímica -introducidos en primer lugar como experiencia externa-, de dar una especie de prueba de que las verdades conocidas por la Ciencia Espiritual son verdades en verdad. Esa es una tarea diferente para el Científico Espiritual, que probablemente trae consigo ciertas convicciones internas y tal vez incluso ciertas opiniones sobre el mundo Espiritual. Debe aprender gradualmente a familiarizarse con ideas y conceptos de toda clase de fuentes y lados diferentes que le ayudarán a aclarar ciertas cosas, y debe dejar de mirar las cosas y hablar de ellas de una sola manera, aunque ese método, por supuesto, todavía prevalece en la vida externa.
La cuestión de la conciencia humana debe conmover lo más profundo de nuestras almas. Durante siglos, filósofos y pensadores de todo el mundo se han interesado por este tema más que por ningún otro. Con respecto al fenómeno de la conciencia, uno podría sucumbir fácilmente a la ilusión, -que a menudo se ha descrito aquí como tal-, de creer que todo lo que se encuentra en el alma humana hoy en día, siempre se ha encontrado allí. Sin embargo, como sabemos, las diversas facultades y procesos del alma que el hombre ha desarrollado en el curso de miles de años, eran muy diferentes en los tiempos primitivos de lo que son ahora. Mucho de lo que ahora es más apreciado y valorado en nuestra vida anímica, no lo poseíamos cuando vagábamos por la tierra hace miles de años, en otras encarnaciones. Hay un propósito en estas muchas encarnaciones nuestras, como hemos enfatizado a menudo. El propósito es que el alma, en el curso de su desarrollo de una encarnación a otra, adquiera capacidades y fuerzas siempre nuevas; que tenga una historia propia; que su existencia terrena sea un tiempo para aprender a darse cuenta de que el alma no era la misma cuando nuestras encarnaciones acababan de comenzar que ahora, y que además en un futuro lejano volverá a ser diferente. También la conciencia humana, -esa preciosa posesión del alma humana, que habla como la voz de Dios en cada hombre o mujer, advirtiéndoles del bien o del mal-, incluso este precioso don, no siempre estuvo en el interior del ser humano. También la conciencia es algo que se ha desarrollado. En efecto, no hace tanto tiempo, comparativamente hablando, que la conciencia humana anunció su presencia, y desde entonces se ha desarrollado cada vez más. Sin embargo, por preciosa que sea esta posesión para nosotros, no se pretende que continúe viviendo en el alma humana en todas las épocas venideras, sólo en su forma actual. Se desarrollará más y tomará formas diferentes; se descubrirá como algo que el hombre tuvo que adquirir y que dará frutos. Y en épocas posteriores, cuando estos frutos sean suyos, será algo sobre lo que el hombre podrá mirar hacia atrás, diciendo: Hubo un tiempo en que, en el curso de mi paso por las diferentes encarnaciones, pude encarnar en mi alma lo que ahora es mi conciencia, ¡y ahora disfruto de sus frutos! Así como ahora miramos hacia atrás, a un tiempo en que nuestras almas estaban en otras encarnaciones y no poseían lo que llamamos conciencia, así en tiempos posteriores nuestras almas mirarán hacia atrás, al tiempo presente, y exclamarán: ¡Viva aquel pasado! ¡Gracias por los dones que en el pasado se convirtieron en nuestra conciencia humana! Si entonces no hubiéramos sido capaces de desarrollar una conciencia humana en nuestras almas, ahora careceríamos de lo que necesitamos para nuestra vida presente.

De esto se desprende que la conciencia forma parte de los tesoros del alma en la actualidad, y si comprendemos algo de la naturaleza y del ser de la conciencia humana nos da una especie de comprensión de nuestra época, y de su vida psíquica. La conciencia del hombre surgió; es un hecho al que nos hemos referido a menudo en diversas conexiones. En la conferencia pública del próximo jueves afirmaré que se puede, por así decirlo, señalar el momento mismo en que se descubrió por primera vez la conciencia en el alma humana. Si retrocedemos algunos siglos en la antigua Grecia, unos quinientos años antes de la era cristiana, llegamos al gran poeta Æschylos. Cuando dejamos que los personajes representados por el poderoso genio del viejo dramaturgo griego actúen sobre nosotros, no encontramos lo que hoy se llama conciencia, o en todo caso no se designa con ese nombre. Quinientos años antes de la era cristiana, el más grande dramaturgo existente no tenía palabras para expresar lo que hoy llamamos la conciencia humana. Si él quería expresar ese proceso en el alma humana que corresponde a lo que ahora llamamos conciencia, tenía que hacerlo de esta manera: - Si un hombre cometía el pecado de asesinar a su madre, era, a través de la fuerza del acontecimiento, hecho ver en los mundos espirituales y allí percibía ciertas figuras, que eran conocidas por los antiguos griegos como las Erinyes y más tarde por los romanos como las Furias. Así, según Æschylos, un hombre que había cometido la malvada acción de asesinar a su madre, no oía, como hoy en día, la voz reprobatoria de la conciencia en su interior, sino que algo le impulsaba a la visión espiritual, y veía a su alrededor figuras, los vengadores de su acto.
Esta es una de las pruebas notables que se encuentran en el desarrollo histórico del hombre, de lo que se acaba de afirmar, que en la antigüedad las capacidades del alma humana eran muy diferentes. Hemos subrayado repetidamente que el alma sólo se ha desarrollado gradualmente hasta alcanzar su actual capacidad de percibir el mundo físico-sensorial a través de los sentidos y de utilizar la razón tal como se utiliza hoy en día. Hemos afirmado que en la antigüedad el alma poseía cierta clarividencia como capacidad normal. En la época de Æschylos esto sólo aparecía en casos especiales. Por ejemplo, se volvía clarividente cuando debía ver lo que había provocado en el mundo físico con sus malas acciones. El alma de Orestes se volvió clarividente tras el asesinato de su madre. Entonces vio a los espíritus que había despertado en el mundo espiritual con su acto. Ellos rodeaban su alma por todos lados. No había nada de conciencia en su alma, pero se instaló una conciencia clarividente que le permitió ver el desorden provocado en el mundo espiritual por su mala acción. En los tiempos antiguos, cuando se cometía una mala acción, no se oía la voz de la conciencia, porque en aquellos días el alma estaba en una condición clarividente y podía ver lo que ocurría en el mundo externo como consecuencia de un mal.

¿Qué es entonces lo que ocurre cuando se hace un mal? Algo es provocado por nosotros mismos en el mundo espiritual. Es una creencia puramente materialista que un mal pueda tener lugar sin que ocurra nada en el mundo espiritual; produce procesos muy definidos en él, - de nosotros irradian efectos que, aunque invisibles a la percepción de los sentidos, pueden ser vistos claramente por la vista espiritual. Estos procesos espirituales, que irradian de quien ha obrado mal, proporcionan alimento a ciertos seres espirituales que están realmente presentes en el mundo espiritual. Tales seres no pueden acercarse al hombre en todo momento; sólo pueden hacerlo cuando emanan de él las radiaciones resultantes de las malas acciones. Es lo mismo que con una habitación - si está bastante limpia no entrarán moscas; no hay moscas en una habitación perfectamente limpia; pero si se deja comida o suciedad de cualquier tipo, las moscas vienen inmediatamente - así, en el momento en que un hombre irradia ciertas emanaciones espirituales como resultado de su mala acción, está rodeado de seres que se alimentan de ellas. Estos son los seres que Æschylos, el gran dramaturgo griego, representa alrededor de Orestes. Lo que hoy conocemos como la voz interior, Æschylos lo representó en formas externas porque era muy consciente de ello; porque sabía que en casos especiales, una cierta conciencia clarividente que antiguamente era la posesión común de todos los hombres, todavía podía ser despertada. Siempre queda algo en épocas posteriores de lo que existió anteriormente, pero aparece atávicamente, y sólo en casos anormales. No se debe culpar a Shakespeare por representar algo de la naturaleza de una conciencia objetiva.

Sólo tenemos que rastrear el arte griego un poco más allá, desde Æschylos hasta Eurípides, que en sus tragedias nos muestra que ya tenía la idea de la conciencia. En la antigua Grecia podemos ver cómo la idea de conciencia fue surgiendo gradualmente durante los últimos quinientos años antes de Cristo. Si buscamos en el Antiguo Testamento una palabra que corresponda a lo que hoy llamamos conciencia, no la encontraremos. La conciencia, como cualidad, se introdujo en el alma humana; y si, en lugar de contemplar cortos lapsos de tiempo, nos fijamos en grandes períodos, vemos que la conciencia entró en el alma humana más o menos al mismo tiempo que el Impulso de Cristo. Podríamos decir que la conciencia siguió de cerca al Impulso Crístico; entró en el desarrollo histórico del mundo casi como la sombra de ese Impulso. Para comprender esto, debemos recordar mucho de lo que hemos aprendido en el curso de los últimos años y hacerlo fructífero para nuestra comprensión de lo que es realmente la conciencia humana.
Si deseamos comprender en un sentido más profundo lo que es la conciencia, debemos recordar ese período particular de tiempo durante el cual la humanidad, en el curso de su desarrollo, se aproximaba al Impulso Crístico y en el cual absorbió este Impulso, para luego pasar gradualmente al nuestro, cuando el desarrollo prosiguió. Sabemos que esto incluye tres épocas de civilización en el desarrollo del hombre, que designamos como la egipcio-caldea, la greco-latina y nuestro período actual. (Las dos épocas anteriores a éstas podemos dejarlas de lado por el momento, pues nuestras propias almas estaban entonces demasiado alejadas de la posibilidad de tener siquiera un indicio de lo que hoy entendemos por el concepto de conciencia). En la civilización egipcio-caldea vemos una preparación gradual de todo lo que posteriormente se elevó a la mayor altura posible, para que en la civilización grecolatina pudiera alcanzar y absorber el impulso significativo que conocemos como el Impulso Crístico. Y en nuestra propia época vemos la época en que este Impulso se desarrollará aún más, y esto continuará cada vez más en la época aún por venir. Ahora bien, si recordamos más de cerca el desarrollo del hombre desde la época egipcio-caldea, pasando por la greco-latina, hasta la nuestra, es evidente que en cada una de estas épocas se desarrolló una parte del alma humana. De ellas, lo que conocemos como Alma Sensible se desarrolló durante la época egipcio-caldea. Esto significa que en una época tuvimos que encarnarnos en cuerpos egipcio-caldeos, a fin de estar en condiciones de adquirir correctamente aquellas cualidades que sirven para el desarrollo especial del Alma Sintiente. Luego, como almas, llevamos esa cualidad con nosotros a nuestras siguientes encarnaciones durante la época grecolatina, para desarrollar entonces el alma intelectual o alma-mente, o alma de sentimiento superior. Y vivimos en nuestras encarnaciones actuales con los frutos de lo que ganamos en esa Época, para poder ahora, gradualmente llevar a una etapa superior de desarrollo, lo que llamamos las fuerzas del alma Consciente. (Desde 1923, el Dr. Steiner la denomina Alma Espiritual).

De modo que nuestras almas -como seres humanos- se han desarrollado a lo largo de estas tres épocas; y cuando nuestra propia era llegue a su conclusión, nuestras almas se elevarán entonces al desarrollo de la cualidad del Yo Espiritual. Esto ocurrirá en la sexta época de la civilización. Vemos, pues, qué profundo propósito hay en que pasemos por encarnaciones sucesivas, a saber, que podamos adquirir gradualmente estas facultades con las que, como almas humanas, estamos familiarizados, - y en un sentido más amplio adquirir también aquellas que se extienden más allá de la mera vida del alma.

Así, durante la cultura egipcio-caldea nuestras almas adquirieron las fuerzas del Alma Sensible y las llevaron a su pleno desarrollo; - durante la época grecolatina desarrollamos el alma intelectual o alma de sentimiento superior. El hombre tenía que desarrollarse normalmente hasta el alma intelectual, pues sólo entonces podía ejercerse sobre él el Impulso Crístico.

Ahora bien, este desarrollo tuvo lugar de manera muy diferente en las distintas partes de la tierra. Si nos permitiéramos creer, de una manera fácil, que el desarrollo de la humanidad procede de la manera más simple posible, nunca llegaríamos a comprender ese desarrollo. En efecto, ¡hay que aprender mucho antes de poder comprender, aunque sea mínimamente, los grandes pensamientos de los Seres Cósmicos que nos guían! Cuando el hombre afirma que la verdad es simple, eso es una gran arrogancia de su parte; muestra que quiere torcer la verdad para adaptarla a su propia conveniencia. Es simplemente el amor a la facilidad lo que le lleva a afirmar que la verdad debe ser simple. En efecto, la verdad es muy complicada, y el espíritu de los seres cósmicos que nos guían sólo puede ser captado por nosotros cuando hacemos los esfuerzos más intensos para sumergirnos en sus pensamientos, en sus pensamientos más sutiles e íntimos. Así pues, no debemos creer que lo hemos agotado todo, cuando decimos que: nuestras almas han evolucionado gradualmente a través de la época egipcio-caldea, la greco-romana y la nuestra. Transportémonos ahora por un momento a aquella época en que aún no existía la civilización grecolatina, sino sólo la egipcio-caldea.
También había seres humanos viviendo entonces en Grecia y en los países del Imperio Romano; vivían en los países de los grecorromanos antes de que comenzara esa época. Y en nuestros propios países, en el suelo que pisamos hoy, vivían seres humanos en la época en que la civilización egipcio-caldea desempeñaba su papel en Asia y África. Mientras ciertas almas, en Asia y África, en la época del período egipcio-caldeo, pasaban más particularmente por todo lo que debía prepararlas para recibir el Impulso Crístico, otras que vivían en las regiones de los subsiguientes grecolatinos se preparaban para traer algo muy diferente al desarrollo colectivo de la humanidad. También en nuestros países vivían entonces personas que se preparaban para otra cosa. Nuestras almas no sólo adquieren cualidades diferentes en épocas sucesivas, sino que en una misma época conviven unas con otras.

De este modo, las almas reciben influencias diferentes y surgen nuevas complicaciones en la evolución. De este modo, el desarrollo de la humanidad es más complejo que si todo transcurriera en línea recta. Es un hecho que hubo que hacer preparativos en las tierras grecolatinas, como también en las nuestras, para que lo correcto pudiera introducirse en el desarrollo de la civilización desde diversos lados. Los pueblos asiáticos y africanos tenían una misión y los pueblos del sur de Europa otra, - mientras que los pueblos que habitaban el norte y el centro de Europa tenían otra diferente. Todos ellos tenían que aportar cualidades muy diferentes al desarrollo colectivo de la humanidad, y pudieron hacerlo porque tanto sus dones como su formación eran esencialmente diferentes.
Cuando volvemos nuestra mirada hacia los pueblos egipcio-caldeos, hacia las almas que alcanzaron su cenit en esa época particular, debemos decir: Estos pueblos desarrollaron ciertas cualidades del Alma-Sensible, cualidades que pueden ser especialmente desarrolladas por el estudio de las maravillosas enseñanzas que entonces fluían de los centros sagrados de Egipto, o de la maravillosa astrología que podía aprenderse en un centro similar de Caldea. Lo que fluye de los diversos centros fue enviado con el propósito mismo de ayudar al progreso del alma. El verdadero significado de lo que así fluye no se encuentra en el contenido de las corrientes de la civilización, sino en lo que contribuyen al desarrollo del alma humana. El propio contenido pasa. Sólo aquellos que, en un sentido más profundo, no tienen todo su ingenio sobre ellos, pueden creer de otra manera que dentro de unos siglos nuestra ciencia contemporánea se habrá hundido en el olvido, tanto como ciertas cosas relacionadas con la civilización egipcio-caldea lo han hecho hoy en día. Cualquiera que crea que la concepción copernicana del universo produjo verdades eternas, está cometiendo un gran error; eso se convertirá en una cosa del pasado más adelante, al igual que los descubrimientos del antiguo Egipto hoy en día. En cuanto al contenido de estas cosas, pasan, como muchas otras cosas en el desarrollo de la humanidad. Por ejemplo, en ese maravilloso cuadro de la Última Cena de Leonardo da Vinci en Milán, conocido por todos ustedes, al menos en reproducción, hoy sólo se ven tenues contornos; y sabemos que dentro de poco no quedará nada de la obra en la que Leonardo da Vinci puso sus mejores fuerzas. Algún día quedará tan poco de las obras de Rafael, que tanto conmueven hoy nuestras almas, cuando nos dejamos afectar por ellas. Todas estas obras de arte perecerán y no habrá ningún recuerdo de ellas en el plano físico. El contenido de estos cuadros sucumbirá a la muerte, como el contenido de las propias civilizaciones. Pero cuando estemos frente a estos cuadros, debemos recordar que fluyeron del alma de Rafael, y que su alma era diferente de lo que era antes, después de haberlos evocado. Miles y miles de personas que son conmovidas y elevadas por estas imágenes, se vuelven diferentes al tener esta experiencia. Y algún día, cuando toda la Tierra se convierta en polvo, como sin duda ocurrirá, las disposiciones externas organizadas por las diversas civilizaciones dejarán de existir. Pero lo que las almas han adquirido pasará con ellas a la eternidad. Lo que las civilizaciones nos dan, nos lo dan para el provecho de las almas humanas, pues en las almas humanas se vertió lo que fluía de los Santuarios de Egipto y Caldea y que -para aquella época- era una sabiduría excelsa. Las almas de los hombres debían así avanzar un paso más; y en la medida en que avanzaban más, en esa medida estaban maduras para encontrar nuevos tesoros, que luego, en la Edad Grecolatina ayudaron a las almas humanas un poco más lejos aún. Si nuestras propias almas no hubieran absorbido lo que pudieron en la época grecolatina, no podrían vivir ahora en el alma espiritual. Eso constituye un progreso en el tiempo.
Si recordamos varias cosas que se han dicho en las conferencias públicas, nos daremos cuenta de que lo que llamamos "yo", el yo, actúa en los tres principios del alma. A partir del caos de experiencias anímicas que encontramos en el alma sensible, el alma intelectual y el alma consciente o espiritual, el yo se desarrolla gradualmente, cristalizándose a partir de ahí, pero no de la misma manera en las distintas partes de la Tierra. Por ejemplo, mientras que las almas de Asia y África, durante la Era Egipcio-Caldea, se habían desarrollado por la influencia que durante tanto tiempo ejercieron sobre ellas las revelaciones de los Santuarios Caldeo y Egipcio, - los pueblos de Europa que estaban muy alejados de éstos en cuanto a distancia, se habían desarrollado de tal manera que en cierto sentido iban por delante de ellos. En los países europeos los hombres ya habían desarrollado en cierto sentido el yo en el alma sensible, habían desarrollado un fuerte sentimiento por el yo.

Aquí llegamos a un punto extremadamente importante; aquellos hombres pasaron a Asia y África que podían esperar con su yo hasta que allí se hubiera desarrollado en el Alma Sensible lo que iba a ser el resultado de la influencia del conocimiento sagrado egipcio y caldeo. En las regiones sujetas a esta cultura se encarnaron almas que, más o menos sin ningún sentimiento distinto de la naturaleza del yo, absorbieron las sublimes enseñanzas y la elevada cultura. La elevada cultura de la antigua Caldea fue vertida en un Alma-Sensible aún inconsciente de su yo. Aquí, en el Norte, esta elevada cultura no se vertió en el alma. Permaneció más o menos inculta, pero por otra parte, en esta misma carencia, el Alma Sensible, que nunca había experimentado el cálido resplandor de las revelaciones que se derramaban desde el conocimiento del Santuario, desarrolló la Conciencia de un yo. Podemos decir que entre los pueblos de Egipto y Caldea la Conciencia del Yo tardó en llegar, esperó hasta que el Alma-Sensible hubo absorbido cierta cultura y hasta que se desarrollaron los principios anímicos posteriores. En Europa el yo no se demoró, se desarrolló inmediatamente en el Alma-Sensible, pero, por otra parte, esperó a que se hubieran desarrollado los posteriores principios del alma antes de absorber ciertas cualidades pertenecientes a los tesoros de la civilización. Así, había almas encarnadas en Asia y en África que apenas tenían conciencia de su yo, pero que, en su alma sensible, recibían revelaciones de alto orden; mientras que en Europa había almas que, sin tener un alto grado de cultura, podían poner de relieve su yo individual; podían verse y sentirse a la vez como hombres, como individuos humanos. Los pueblos de los países griegos y latinos ocupaban un lugar intermedio entre los dos extremos y tenían la misión de desarrollar las cualidades del Alma-Intelectual. Desarrollaron el yo en el alma-intelectual, al mismo tiempo que fueron capaces de absorber ciertas formas de civilización. Así pues, la cultura egipcio-caldea esperó, reteniendo el yo para más tarde, mientras que la cultura europea lo desarrolló prematuramente; pero la cultura grecolatina mantuvo en cierto modo el equilibrio, pues desarrolló cierta civilización al mismo tiempo que el yo.
De esta manera podemos descifrar un gran misterio de nuestro desarrollo humano, y sin el conocimiento de esto nunca podremos entender por qué el Impulso Crístico pudo encontrar una entrada tan libre en Europa y por qué adquirió tanta influencia allí. ¿Por qué? ¿Podría Cristo haber aparecido en Europa? ¿No podría haberse encarnado allí en un cuerpo carnal? No, eso no habría sido posible. Apareció en la edad grecolatina, aquella en que se desarrolló el alma intelectual. Esa edad estaba particularmente adaptada para salir al encuentro de Cristo, por así decirlo. Pero Cristo no podría haber hecho su aparición en Europa, debido al fuerte sentimiento del yo que prevalecía allí. Este fuerte e individual sentimiento del yo, no estaba adaptado para producir una sola persona que tuviera la única prerrogativa de ser capaz de proporcionar el vehículo para lo más elevado. En los países europeos se había desarrollado un sentimiento prematuro del yo, un sentimiento demasiado grande de la igualdad de la humanidad. Allí hubiera sido imposible que una persona sobresaliera tanto por encima de sus contemporáneos, como lo hizo la que debía proporcionar el vehículo para el Cristo. Si Cristo había de encontrar un cuerpo adecuado para ocuparlo, no debía aparecer prematuramente el sentimiento del "yo". Por lo tanto, tenía que aparecer en las fronteras de la cultura egipcio-caldea y de la cultura greco-latina, donde era posible que se formara un cuerpo que no tuviera el prematuro sentimiento del yo en su interior, pero que, sin embargo, tuviera la más profunda comprensión del mundo espiritual dada por las culturas egipcia y caldea. Pero si Europa no tenía el poder de preparar un cuerpo para el Cristo, sin embargo, sólo porque había desarrollado prematuramente el yo en los albores mismos de la nueva vida, también había adquirido otras facultades, que sirvieron - después de la aparición del Cristo - para traer a la humanidad una plena conciencia del yo, para ayudar a los hombres a una plena comprensión del mismo. Esto fue posible porque los pueblos europeos habían adquirido el sentimiento del "yo" demasiado pronto y habían crecido con él.

Esto debe tenerse en cuenta si queremos comprender la civilización más reciente. En Asia y en África encontramos personas que saben mucho acerca de los secretos del mundo y que son hábiles en la creación de ciertos símbolos, que de hecho han cultivado su alma sensible de tal manera que tienen una rica vida anímica, pero su sentido del yo es débil. En Europa encontramos personas que han recibido menos cultura a través de revelaciones del exterior; pero por otro lado encontramos allí el tipo de hombre que se mira a sí mismo, que encuentra el apoyo más fuerte en sí mismo. Así pues, en Asia se preparó el terreno para la venida de Cristo, pues allí se podía encontrar un cuerpo al que Él pudiera atraer, - y en Europa encontramos al pueblo mejor preparado para comprender al portador de la conciencia del yo. Él trajo a los pueblos de Europa lo que anhelaban. Por lo tanto, fue en Europa donde se desarrolló el misticismo cristiano, ese maravilloso misticismo en el que un hombre buscaba atraer a Cristo a su propia alma, a su propio yo.
Así fue como la sabia guía del Mundo preparó a la humanidad en diferentes partes de la tierra, para que cada época de desarrollo encontrara lo que era adecuado para ese tiempo. Una de las grandes ventajas que se adquieren al estudiar la concepción del mundo presentada por la Ciencia Espiritual, es que adquirimos cada vez con más fuerza un sentido de la sabia manera en que se ha llevado a cabo el desarrollo de la humanidad y del mundo entero. Vemos cómo durante miles de años se preparó a las almas en el suelo de Europa, para que pudieran desarrollar lo más pronto posible un centro firme en su ser interior, y con este mismo propósito se les impidió adquirir las fuerzas tan altamente desarrolladas en Asia. Por lo tanto, la corriente de la cultura fluía a través de Asia, mientras que el fuerte sentido del yo personal se desarrollaba en Europa. Una vez más, podemos señalar cómo el Adriático constituyó casi una frontera entre un sentido del yo más bien débil en Grecia, donde un hombre no se sentía tanto como un individuo separado como un ateniense, un espartano, un tebano, un miembro de su ciudad, - y la cultura romana en el otro lado, donde el fuerte sentimiento del yo se desarrolló en la conciencia del ciudadano romano, que se mantuvo firmemente en su propio terreno como una persona individual. En Grecia todavía encontramos el yo en cierto modo retraído; el hombre todavía tomaba más del mundo exterior, de tal manera que el yo no necesitaba estar presente. Si cruzamos el Adriático y llegamos a Roma, encontramos al ciudadano romano firmemente erguido sobre sus pies, ya consciente de su yo. Todo esto está conectado con subprofundidades profundas y significativas. Estas cosas no ocurren en el plano físico sin que tengan lugar los acontecimientos correspondientes en el mundo Espiritual. Vemos que en la cultura de Grecia todavía había una fuerte influencia del yo que se retenía. Mucho en Grecia todavía se tomaba impersonalmente. El griego no se sentía un ciudadano separado, sino un miembro del organismo de Atenas, Esparta o Tebas. Había que acabar con esto. El anhelo del hombre de atraer cosas hacia sí desde fuera debe desaparecer, y a medida que se convierte cada vez más en un occidental debe aprender a encontrar la entrada en el interior de su alma. Lo que ha de ser formado por las masas, debe ser vivido y experimentado de antemano por los Grandes Dirigentes, las Grandes Individualidades de la humanidad. Tengamos presente el hecho al que nos hemos referido a menudo: que el griego todavía tenía una fuerte conciencia de que lo que le venía de fuera, aparte de haber desarrollado mucho su personalidad interior, tenía un valor particular. Una vez más quiero recordar el dicho de un griego muy culto, que nos da una profunda idea de los anhelos del pueblo griego. Mejor ser un mendigo en el mundo superior que un rey en los reinos de las sombras".
Entonces no se había comprendido el gran valor de lo invisible, de la vida suprasensible. Lo que podía extraerse del entorno sin la ayuda del yo, se extrae de ese entorno. Es profundamente conmovedor percibir cómo en esta coyuntura, en el punto de inflexión de los tiempos, una gran Personalidad dirigente se erige como un poste indicador, para deshacerse de la disposición hacia lo anterior y revestirse de la disposición para lo nuevo; para resonar a lo largo y a lo ancho, hablando por así decirlo en nombre del mundo espiritual: "¡Está llegando el momento en que los hombres ya no deben recibir en sí mismos lo que puede fluir en su personalidad aparte del yo, sino lo que entra en ella a través del yo!".

Esta hazaña fue realizada por uno de los grandes Sabios de la antigua Grecia; se cumplió en parte en Empédocles, en la isla de Sicilia. En muchas de las leyendas que hoy sólo se cuentan como cuentos, se ocultan grandes profundidades. Empédocles, el gran sabio que no sólo fue un gran filósofo, sino también un iniciado en los profundos misterios de su tiempo, que fue uno de los más grandes estadistas de todos los tiempos y también un sacerdote sacrifical, de él la leyenda (que en un sentido oculto es verdadera) relata lo siguiente. Habiendo completado su tarea en Sicilia, Empédocles arrojó su cuerpo al Etna, para que sus envolturas externas se unieran con el suelo de Sicilia, dejando constancia de que "la firme fe en el yo seguiría, ahora que lo externo había desaparecido". El sacrificio de las envolturas externas de Empédocles se consumó cuando las entregó al Etna. Hay una profunda verdad oculta detrás de esto. Entre las experiencias espirituales en Sicilia hoy en día está la siguiente. Si uno respira espiritualmente el aire de Sicilia, ¡aún puede rastrear en él las secuelas de la hazaña de Empédocles! - Su alma ha continuado encarnada, pero su cuerpo alcanzó un significado especial al haber sido conscientemente entregado a los elementos, de modo que todavía hoy puede encontrarse en la atmósfera espiritual de Sicilia. El cuerpo de Empédocles forma una parte considerable de la atmósfera espiritual de Sicilia. Fue un momento muy importante para mí -estas cosas pueden discutirse dentro de nuestros grupos- cuando hace unos días pude decirles a nuestros amigos de Palermo, en su presencia real, que si alguien deambula por Sicilia con una conciencia espiritual, ¡ciertamente todavía respira espiritualmente, incluso hoy en día, aquello que ha impregnado el aire de Sicilia desde la muerte de Empédocles!
Vemos ahora que la frontera entre Oriente y Occidente - que nosotros, hablando en un sentido externo y espacial, hemos denominado el Mar Adriático - fue indicada por un gran Líder de la Humanidad, quien, como iba a seguir trabajando en Occidente, se despojó del principio por medio del cual el hombre podía crecer en Oriente, deseando preservar para el futuro desarrollo del hombre aquello que está elevado por encima de todos los elementos del plano físico externo.

Es una cosa muy grande tomar conciencia de estas diferencias, porque muestran cómo, en regiones muy separadas en el espacio, se preparan efectos diferentes, a fin de que en esta variedad se pueda alcanzar lo más grande. Es a través de los efectos cooperativos de la diferenciación como debe alcanzarse la meta del desarrollo colectivo de la humanidad. Así podemos ver que Cristo, después de haber aparecido en Oriente, cruzó a Occidente, para ser aceptado por aquellos que estaban preparados para ello por una fuerte conciencia del yo; para que así pudieran comprender al Portador de esa conciencia. Ese es el secreto de la entrada de Cristo en Occidente, que encontró allí almas preparadas para Él, y que esas almas lo aceptaron. Así, en Oriente vemos a la humanidad haciendo todo lo posible para preparar un cuerpo o una corporalidad, -consistente en cuerpo físico, cuerpo etérico y cuerpo astral- en el que pudiera penetrar el Cristo, Aquel que, junto con la conciencia del yo y por medio de ella, trae a la tierra el impulso del Amor. El Amor es aquello que, en su forma más psíquica y espiritual, vino a la tierra con el Cristo, apareciendo en su forma psíquica y espiritual en Oriente, -pues así lo vemos primero- y fluyendo luego más allá, hacia Occidente, donde es comprendido. De esta manera vemos que el desarrollo sigue avanzando.

¿De qué manera la conciencia del yo pudo actuar en Occidente de tal manera que se sintió relacionada con Cristo? ¿Qué había sucedido con las almas que habían adoptado prematuramente la conciencia del yo?

Los pueblos egipcio-caldeos esperaron al Alma espiritual o de Conciencia antes de desarrollar el yo; los pueblos grecolatinos lo desarrollaron en el Alma intelectual o alma de sentimiento superior; la cultura del norte de Europa había desarrollado prematuramente el yo en el Alma sensible. La cultura del norte de Europa había desarrollado prematuramente el Yo en el Alma-Sensible, que se encontraba en el alma humana desde muy temprano en esos países, de modo que el Alma-Sensible y la conciencia del Yo trabajaban juntas allí de un modo diferente que en cualquier otra parte del mundo. En el Norte de Europa se hicieron sentir por primera vez en el desarrollo de la humanidad. ¿Cuál fue el resultado de que la conciencia del yo se estableciera firmemente en el Alma-Sensible en los pueblos europeos, antes de que un Cristo hubiera entrado en el desarrollo de la humanidad, y antes de que ésta hubiera asumido lo que se había desarrollado en Asia?

Debido a esto, se había desarrollado una fuerza en el alma del hombre, junto con el Alma-Sensible, que sólo podía haberse desarrollado a través de la impregnación del Alma-Sensible con el sentimiento del yo, cuando aún era completamente virgen y no había sido influenciada por otras civilizaciones. Esta impregnación del Alma-Sensible con el sentido del yo (el sentido del yo) se ha convertido en la conciencia del hombre. Esto explica la maravillosa inocencia de la conciencia. ¿Cómo habla? Habla del mismo modo en el hombre más simple y primitivo que en el alma más compleja. Dice sencillamente: ¡eso está bien! ¡eso está mal! sin ninguna teoría ni dogma. Cuando dice: eso está bien o eso está mal, lo que nos dice funciona con la fuerza de un instinto o de un impulso. Sólo lo encontrarás desarrollado de esta manera en Occidente. Por lo tanto, lanza sus primeros rayos como un amanecer rosado, hacia Grecia y desde allí hacia Roma, donde de hecho la encontramos muy fuertemente desarrollada. Encontramos por primera vez la palabra conciencia -conscientia- en las obras de los escritores romanos. Mientras que entre los griegos sólo encontramos los primeros indicios esporádicos en Eurípides, los romanos están bastante familiarizados con ella, ya que se había convertido en una palabra de uso general. Esto se debe a la influencia de esa corriente de cultura que surgió a través de la interpermeación mutua del Alma-Sensible y el sentimiento del yo; porque el sentimiento del yo, que eleva a los hombres desde lo más bajo hasta lo más alto, ya habla en el Alma-Sensible, -en la que hasta entonces sólo hablaban los instintos, los deseos y las pasiones-, y habla allí como una voz de Dios, instando al hombre a hacer lo que es correcto para que pueda ascender hasta el yo superior.
De este modo podemos rastrear el primer surgimiento de la conciencia entre los pueblos de Europa. Desde allí extiende sus rayos a los demás pueblos de la Tierra. Así, a través de una sabia guía mundial, la humanidad en una parte del mundo estaba tan preparada que la conciencia pudo añadirse como una contribución a todo el desarrollo colectivo de la humanidad. Ya hemos mencionado todo lo que puede arrojar luz sobre la conciencia. Hemos mencionado ese atributo indefinible de la conciencia, su presión desde las profundidades del alma. La conciencia habla como un impulso apremiante; pero no es un impulso. Los filósofos que así la describen, están lejos de dar en el blanco. Habla con la misma fuerza que el alma espiritual cuando aparece, pero con fuerzas elementales, originales.

Así, vemos: El Amor aparece en la tierra en Oriente; la Conciencia en Occidente. Los dos van juntos; como Cristo aparece en Oriente, así la Conciencia despierta en Occidente, para que a través de ella Cristo pueda ser aceptado. En la ocurrencia simultánea del hecho del Acontecimiento Crístico y la comprensión del mismo, y en la preparación para estas dos cosas en diferentes partes de la Tierra, vemos el dictamen de una Sabiduría infinita guiando nuestro desarrollo. Hemos indicado así la historia pasada de la Conciencia.

Si recordamos lo que a menudo se ha enfatizado, - que ahora, después de la conclusión del Kali-Yuga, estamos atravesando una transición en la que nuevas fuerzas tendrán que desarrollarse, - comprenderemos fácilmente que ahora nos enfrentamos con importantes cuestiones relativas al desarrollo ulterior de la conciencia. En la última conferencia subrayamos con fuerza y claridad el hecho de que estamos avanzando hacia un nuevo Acontecimiento Crístico, en el que el alma será capaz de percibir al Cristo por medio de cierta clarividencia etérica, y de reexperimentar, en sí misma, el Acontecimiento de Damasco. Se justifica, pues, la pregunta: ¿Qué ocurrirá con la experiencia paralela, la del desarrollo de la conciencia, en las épocas hacia las que avanzamos? Abordaremos esta cuestión el próximo domingo (8 de mayo), pues la mejor manera de celebrar nuestro Día del Loto Blanco será señalar la naturaleza viva del movimiento de la Ciencia Espiritual, y explicar que la conciencia del hombre se encuentra en estado de transición. Veremos que se puede arrojar luz sobre ella desde muchos lados diferentes. La conferencia pública tratará el tema de una manera bastante exotérica, pero incluso en estas conferencias pueden mencionarse ahora muchas cosas, porque ya llevan varios años. Se puede hablar de la conciencia en un sentido profundo, como hemos hecho hoy, -o bastante exotérico, como haremos el jueves-, o se puede profundizar aún más. Pero pasará algún tiempo antes de que podamos hacerlo.
Traducido por J.luelmo abr.2023