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lunes, 12 de enero de 2026

GA090b Hamburgo, 9 de abril de 1905. - Los días de la semana - sabiduría Sibilina

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AUTO CONOCIMIENTO Y CONOCIMIENTO DE DIOS

RUDOLF STEINER

Los días de la semana - sabiduría Sibilina

Hamburgo, 9 de abril de 1905

Conferencia 35

Las cosas cotidianas también esconden una profunda sabiduría. Los nombres de los días de la semana también tienen un significado profundo. En ellos se refleja la larga evolución que ha experimentado nuestra Tierra desde que se encontraba en estado líquido y ardiente. Ha pasado por diferentes etapas de transición, en las que el ser humano ha evolucionado hasta alcanzar su organización y forma actuales.

Nosotros pertenecemos a la quinta raza raíz de nuestra Tierra. Las primeras tribus fueron los atlantes que habían cruzado y que una vez habitaron en la Atlántida, el continente inundado. La tradición de la gran inundación que destruyó la Atlántida se conserva en la historia del diluvio universal o del diluvio, presente en las leyendas de todas las religiones. Lo que distingue principalmente a nuestra raza de los atlantes es el don del intelecto. Los atlantes aún no tenían entendimiento. En ellos solo se desarrolló la memoria y el lenguaje. La precedente tercera raza, la raza lemúrica, tampoco tenía lenguaje. Los cuerpos de los atlantes aún no estaban completamente formados. Les faltaba el cerebro anterior, que aún estaba en desarrollo. No podían combinar, ni sacar conclusiones, pero dominaban de manera sobresaliente las fuerzas inferiores de la naturaleza, a través de las cuales podían ejercer una fuerte influencia sobre los seres humanos y los animales.

Los lemúricos, la tercera raza, habitaban un continente situado entre las actuales Asia, África y Australia. Las catástrofes volcánicas destruyeron esta parte del mundo. Los lemúricos aún no tenían memoria. Los últimos restos de esta raza, en los cuáles se pueden observar estos hechos, aún se encuentran en Australia. Su lenguaje consistía únicamente en sonidos que no servían como medio de comunicación, sino como medios mágicos. Las palabras poseían poderes mágicos. Los cuerpos de estas personas aún eran blandos. Tenían la capacidad de extender sus extremidades mediante su fuerza de voluntad, al igual que los animales inferiores pueden extender y retraer sus tentáculos hoy en día. — No fue hasta mediados de la era lemúrica cuando desarrollaron la autoconciencia, que es lo que diferencia al ser humano de los animales. Los animales tienen en común con los seres humanos el cuerpo físico, el cuerpo etérico y el cuerpo astral; solo la conciencia del yo es lo que convierte al ser humano en humano. El significado del yo es único en su profundidad. «Yo» es lo inexpresable, lo divino. Nadie puede decirle «yo» a otra persona. Y al mismo tiempo es confidencial e íntimo. Solo puedo decirme «yo» a mí mismo. Es la única palabra que no se puede aplicar a nadie más.

Ya desde la etapa Lunar el ser humano posee los tres principios inferiores, Sthula sharira, Linga sharira y el cuerpo astral, el cuarto principio de la autoconciencia se añadió en la Tierra. Este principio superior, el nuevo yo, lo trajeron los guías de la humanidad desde el mundo de Marte. Antes, el cuerpo astral solo era capaz de funcionar gracias a la sugestión de los iniciados; el ser humano primero tenía que ver mentalmente la imagen para poder sentir. Marte es un predecesor de la Tierra. Allí, los cuerpos astrales estaban más desarrollados que en la Tierra. Entonces se produjo una influencia que podemos denominar etapa marciana.

En medio de la raza atlante, en la quinta subraza, entre los semitas originarios, se añadió el pensamiento. Sin embargo, aún no podían combinar, era un trabajo de memoria. El pensamiento llegó a través de un impacto de Mercurio, que le dio al ser humano la capacidad de seguir desarrollándose. A partir de esta quinta subraza de la cuarta raza raíz se desarrolló más tarde la quinta raza raíz. En la enseñanza esotérica, «Tierra» se entiende por Marte y Mercurio.

Antes de la raza lemúrica, los cuerpos eran gaseosos, y aún antes eran etéreos en un cuerpo astral que luego se condensó hasta convertirse en etéreo-terrenal.

Las primeras formas terrenales eran repeticiones de estados y ciclos anteriores. En la Luna, la gran Luna que aún no se había separado del Sol, vivían la raza hiperbórea y la raza polar. Solo durante la época lemúrica se separó la Luna. En la época de los hiperbóreos y los polares, el Sol y la Luna aún estaban unidos. Osiris, el sol, e Isis, la luna, dieron a luz a Horus, la tierra, también el alma humana. Y ya antes, el universo había pasado por otras metamorfosis a través de todo un pralaya. Así pues, antes de la época lemúrica, el sol, la luna y la tierra aún formaban un todo. Allí se formó el cuerpo astral. Se desarrolló la posibilidad del placer y el dolor. Los minerales y las plantas eran aún muy similares entre sí. Los minerales crecían de forma parecida a las plantas. El ser humano vivía en un terreno pantanoso. La Tierra aún no tenía su forma definitiva. Las plantas crecían a partir del reino mineral. También los minerales estaban vivos. Todo estaba vivo, lo vivo crecía sobre lo vivo. Los animales y plantas parásitos son un vestigio de esta época. El muérdago es una planta parásita que solo puede sobrevivir sobre otras plantas. Es un tipo de ser vivo atrasado que no ha superado el estado lunar. Desempeña un papel importante en la mitología nórdica: el malvado Loki mata a Baldur con un muérdago. Solo este parásito de la luna podía tener un poder mortal sobre Baldur, el dios del sol, porque había existido antes que el sol. También hay animales inferiores que no han completado el ciclo lunar y, por lo tanto, se rodean de una coraza para protegerse del mundo exterior; de lo contrario, no podrían hacer frente a las influencias terrestres.

La época lunar precede a la época solar. El cuerpo solar era el lugar donde todos vivíamos, somos hijos del sol. De ahí proviene nuestra fuerza vital pránica. Antes, el ser humano solo tenía un cuerpo físico. Allí recibió el cuerpo etérico.

Antes del sol estaba Saturno. Como planeta, era físico. Esta materia física fue el origen del reino mineral. Formó el cuerpo del ser humano. Sus demás cuerpos aún descansaban en Dios.

No debemos pensar en la transición de Saturno al Sol, y del Sol a la Luna, como un salto, sino más bien así: Saturno abarcaba toda la zona del posterior sistema solar. El Sol se separó de las partes sobrantes que los seres humanos no necesitaban para formar su cuerpo físico. Se habla de «separación».

En el Sol, que ahora también abarcaba la Luna y la Tierra, se formó el cuerpo etérico del ser humano al recibir la fuerza vital pránica. Cuando el Sol se separó, la gran Luna, incluida la Tierra, se movía alrededor del Sol, pero sin girar sobre sí misma. Aún no era lo suficientemente móvil para ello, ya que el astral solo se desarrolló en la Luna. Y solo cuando esta fuerza vital fue absorbida por los seres humanos y la Tierra, la Luna se separó de la materia sobrante, las escorias, y formó el satélite de la Tierra tal y como lo conocemos. En la Tierra, a los cuatro principios inferiores se añadió el manas, cuya tarea es desarrollar al ser humano hasta el nivel budhi.

En medio de la raza lemúrica se produjo el impacto marciano. De él obtuvimos la autoconciencia. De Mercurio proviene el principio budhi. El nivel budhi abarca la clarividencia, la continuidad de la conciencia, que entonces no se ve interrumpida por el dormir y la muerte. La conciencia se extiende entonces hasta el Devachan y los planetas. Se trata del desarrollo de Manas a Budhi. Este debe alcanzar su plenitud en la sexta y séptima raza.

Mucho más allá va el desarrollo de Júpiter y Venus. Vulcano aún no es visible; solo puede ser percibido por los iniciados.

La situación en Júpiter es tal que, si un ser humano normal fuera trasladado allí, enloquecería, ya que carecería de todos los medios para comprender lo que allí ocurre y no podría hacerse entender en absoluto por los habitantes del lugar. La comunicación allí solo se produce a través de pensamientos que provocan un efecto luminoso. Sin embargo, las figuras luminosas que se producen son solo aparentes, mientras que en Venus las formas de pensamiento no solo son objetivas, sino entidades reales. El poder del pensamiento es tan grande allí que crea seres reales. El vulcano no puede ser concebido por seres dotados de cerebro. Para que los seres humanos mantuvieran siempre presentes estos siete niveles de desarrollo planetario, los grandes sabios, guardianes y guías de la humanidad, dieron a los siete días de la semana los nombres de los astros. Los nombres originales no se han conservado en todas las lenguas, pero en muchas de las lenguas modernas son verificables:

deutschenglischholländischitalienisch
Sonnabend/SamstagSaturdayZaterdagSabbato
SonntagSundayZondagDomenica
MontagMondayMaandagLunedi
Dienstag - ZiuTuesdayDinsdagMartedi
MittwochWednesdayWoensdagMercoledi
DonnerstagThursdayDonderdagGiovedi
FreitagFridayVrydagVenerdi

Los antiguos comenzaban a contar los días el sábado. Los siete días de la semana deben ser un recordatorio constante para el ser humano de que ha surgido del cosmos.

Cuando la humanidad se unió en estados regidos por leyes, cuando surgieron los parlamentos tal y como los conocemos hoy, olvidó el origen de estas leyes. Antes era diferente. Se era muy consciente de las grandes leyes espirituales. Se conocía la única verdad y se sabía que solo podía haber una verdad.

A partir de los semitas originarios se desarrolló la quinta raza raíz. Podemos dividirla en siete épocas culturales. La primera, la india primitiva, fue dirigida por los siete sabios rishis. Estaba totalmente orientada hacia lo suprasensible, lo divino universal. Los medos y persas primitivos tenían un sistema de dos dioses. Veían la luz y la sombra, y las llamaban Ormuzd y Ahriman, el principio del bien y del mal. Entre los babilonios y egipcios, el culto a los dioses tomó más forma y consistencia. En todas estas culturas, solo los sacerdotes poseían la sabiduría y gobernaban a los pueblos, que aún no estaban desarrollados intelectualmente. El desarrollo de los Estados y el dominio sacerdotal coexistieron durante mucho tiempo, fusionándose entre sí.

Repasemos esquemáticamente las épocas. Hace siete u ocho mil años, cuando la cultura atlante dio paso a la posatlante, los sabios reconocieron que toda cultura debía pasar por siete fases.

1.ª fase: El gran impacto divino está determinado por las leyes.

2.ª fase: El amor debe gobernarlo todo.

3.ª fase: Efecto de las pasiones.

4.ª fase: Kama-Manas, artes y ciencias.

5.ª, 6.ª y 7.ª fases: Manas, Buddhi, el principio Atma surten efecto. Esta visión general de una futura época cultural, este plan de siete partes, fue consignado en los libros sibilinos. Así pues, los sabios no actuaban y guiaban a los pueblos basándose tanto en la previsión, sino más bien en una estructura basada en un plan muy concreto, ordenado por elevadas entidades divinas según leyes eternas.

Los mitos y leyendas nos han transmitido muchas cosas de la prehistoria. Así, la guerra de Troya nos muestra la lucha entre la tercera y la cuarta subraza. Troya, con sus dioses, fue engañada por la astucia de Ulises. Su inteligencia, encarnada en el caballo de madera, provocó la caída de Troya. También el grupo de Laocoonte nos da una imagen de la lucha de la inteligencia con el poder de la sabiduría sacerdotal; o, mejor dicho: la cultura sacerdotal es vencida por la inteligencia.

Eneas, hijo de Anquises y Afrodita, se convirtió en el progenitor de los romanos. Los siete reyes romanos deben considerarse míticos, tal y como ya hacen los historiadores. Rómulo simboliza la sustancia cósmica permanente del cuerpo físico; Numa Pompilio, toda la fuerza de la vida, el elemento guerrero, la autoconciencia, el culto a los dioses. Bajo Tulo Hostilio tiene lugar la conquista de Albalonga. La Alba longa era la vestimenta de los sacerdotes. La conquista por parte de los romanos significa que la ley superior del Budhi prevalecerá sobre el dominio sacerdotal, en el que el individuo solo recibía conocimiento de las leyes superiores a través de los sacerdotes, mientras que gradualmente debe aspirar al más alto nivel de autoconciencia y responsabilidad propia.  El surgimiento de la plebe se remonta a esta época de formación del manas inferior. Anco Marcio: expansión estatal y urbana. Fundación de la ciudad portuaria de Ostia. El ciudadano romano como portador provisional del yo. Tarquino el Prisco, quinto rey romano, etrusco procedente del exterior. Representa la parte del manas, el yo espiritual, que conecta los tres miembros inferiores con los tres superiores. Servio Tulio: clasificación de clases según la riqueza, censo, ascenso de los plebeyos, impacto del budhi. Tarquino el Soberbio: máxima formación del poder real absoluto, objetivo: Atman, el hombre espíritu.

La teosofía también pone orden en el caos de la investigación histórica. Los Estados también se construyen según leyes muy específicas. Siempre encontramos la división en siete partes, según la cual se desarrolla todo. Siguiendo el hilo de esta influencia, se desvelan los misterios y confusiones que de otro modo nos parecerían irresolubles.

Respuesta a una pregunta

El Sr. Hube hizo una pregunta sobre el desarrollo de los sentidos. El Dr. Steiner respondió:

Los órganos sensoriales en la Luna eran muy diferentes a los que más tarde se desarrollaron en la Tierra. Por ejemplo, se podía percibir la sal, pero no verla en el sentido actual de la palabra. Solo a través de lo visto se crea la imagen en el astral. Hay cuatro tipos de éter: el éter térmico, el éter lumínico, el éter químico y el éter vital. El éter vital o prana tiene dos polos: la electricidad y la vida.

Los lemúricos tenían inicialmente sangre fría, y era la propia Tierra la que les proporcionaba el calor necesario; este proceso se describe acertadamente con las palabras: «El espíritu se cernía sobre las aguas», es decir, sobre la materia. Solo el cuerpo astral podía generar calor en el ser humano.

La percepción de la luz apareció gradualmente, cuando el sol se separó de la Tierra. Al principio solo era una sensación de luz y oscuridad; poco a poco se desarrolló un órgano visual que hoy en día ya no existe, pero que aún se conserva en la leyenda del cíclope de un solo ojo. Con la formación de los ojos, que solo pudieron surgir cuando el sol iluminó la Tierra, el ser humano perdió la capacidad de percibir lo espiritual en su entorno. El alma se convirtió cada vez más en un espejo del mundo exterior.

El antepasado etéreo del ser humano era, en esencia, un único órgano auditivo; el oído se desarrolló más tarde. El sentido del tacto se ha conservado en el ser humano; se distribuye por todo el cuerpo, que es el que siente.

El significado de la Luna en su estado actual

Todavía tiene ciertos efectos sobre el cuerpo astral, también influye en la reproducción, en las mareas y en la fertilización común.

A la pregunta sobre los canales de Marte, el Dr. Steiner respondió

que la ciencia ya ha calificado este descubrimiento como un error. El desarrollo de los habitantes de Marte es mucho más elevado que el nuestro; no se puede medir con nuestros criterios.

Los días de la semana en español, sueco y francés:

españolschwedischfranzösisch
SábadoLördagSamedi
DomingoSondagDimanche
LunesMändagLundi
MartesTisdagMardi
MiércolesOnsdagMerecredi
JuevesTorsdagJeudi
ViernesFredagVendredi
Traducido por J.Luelmo ene, 2026

lunes, 19 de mayo de 2025

GA090a Berlín, 1 de abril de 1904 - El Génesis ( I )

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AUTO CONOCIMIENTO Y CONOCIMIENTO DE DIOS

RUDOLF STEINER

El Génesis I


Berlín, 1 de abril de 1904

Conferencia 21

Hoy quisiera presentarles una especie de conferencia sobre las palabras iniciales del Génesis, tal como se cultivaban en lugares ocultos en los primeros tiempos del cristianismo. Lo que voy a decir será algo que se ha recitado a menudo, pero sólo en lugares secretos a unas pocas personas y nunca se ha popularizado realmente. No es algo que se relacione exactamente con el Génesis, sino algo que se relaciona con la era Lemúrica. Así que no voy a decir otra cosa que lo que se ha dicho muchas, muchas veces en las logias ocultas. En primer lugar, debemos darnos cuenta de que hemos pasado dos grandes catástrofes, una que condujo de la era atlante a nuestra época, y otra que condujo de los lemúricos a los atlantes. Nos remontamos a la época anterior a estas catástrofes, a una época en la que ya había seres humanos, pero aún no tenían sangre caliente. Tenían sangre fría y blanca. Esta sangre fría y blanca era la razón por la que estos seres eran capaces de vivir en un elemento acuoso. En aquella época, la separación entre el aire y el agua aún no era como ahora. Toda el agua era todavía una especie de fina niebla o vapor, de modo que todo lo que era tierra estaba cubierto por esta fina niebla o vapor. El aire y el mar aún no existían, sólo el agua y la niebla, que yacían como vapor sobre la tierra, y este vapor era al mismo tiempo algo que contenía las semillas de la vida para todo lo que podía vivir en la tierra en aquel tiempo. Las semillas de la vida eran en sí mismas como vapor, no eran pequeños granos, ni pequeños gérmenes, sino formaciones parecidas a vapores, como vórtices en la vida general del mundo. Tal estructura vaporosa, como una nube densa, era al principio el hombre mismo. El hombre tenía una forma compuesta por ese vapor comprimido. Dentro de este vapor se movía un líquido fino. Y lo más sorprendente del hombre era un órgano que tenía en la cabeza y que sobresalía mucho más allá de su cuerpo en su parte delantera, un órgano que tenía un tallo y una especie de bola en el extremo del tallo. Se trataba de un órgano que no percibía la luz, sino el calor. Lo que era especialmente importante en aquella época eran las distintas diferencias de calor. Había que saber que allí hacía demasiado calor y que allí hacía demasiado frío; había que poder evitarlo, y para eso se necesitaba el órgano del calor. Con el órgano se podían percibir los grados de calor y se podía girar hacia un lado u otro. Más tarde, el órgano desapareció por completo. Pero era el órgano que proporcionaba a la humanidad una orientación completa en aquella época.

En aquella época, el estado se denominaba «profundidad insondable». Se llamaba así porque estos seres no podían ver nada, oír nada, hablar nada ni entender nada. Todavía no tenían ninguna de estas capacidades. La Doctrina Secreta se refiere a toda esta zona con todos los seres vivos en ella como «las aguas, porque en estas aguas los seres aún no eran capaces de imaginar por sí mismos. Todavía no podían imaginar. Todo el cuerpo de la tierra estaba dotado de una sola facultad imaginativa. Era un gran ser vivo, que se consideraba como el espíritu. Las personas existían individualmente, pero su imaginación seguía siendo común. De este carácter común de la imaginación se hablaba en las escuelas secretas: «El Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas». [Gen 1:2]

Esto significa que en esta zona existía una concepción común, y ésta se cernía sobre las aguas, aún no había entrado en los seres humanos.

Así que tenemos dos cosas una al lado de la otra: en primer lugar la «profundidad insondable y en segundo lugar la “concepción que el Génesis llama el ”Espíritu de Dios».

Lo siguiente es esto: La excrecencia en la parte delantera de los seres que hemos descrito se encogió. Y este órgano, que ahora se ha encogido y ha salido de esta excrecencia, es la glándula pineal. Los humanos no tenían huesos entonces. Eran gente vapor, gente pez. Si se observa al ser humano en ciernes en las primeras semanas de gestación, se encontrará a este hombre-pez en el germen humano. El ser humano realmente repite estas condiciones en las primeras semanas de embarazo. El pequeño cuerpo de pez que el ser humano tiene allí posee el pequeño órgano que luego se marchita. Es uno de esos órganos regresivos como el bazo, del que los médicos de hoy no saben cuál es su función. Cuanto más retrocedía este órgano pedunculado, más se desarrollaba el par de ojos dentro del organismo humano. Surgieron los ojos, se formaron dos ojos en lugar del órgano peduncular original. Al igual que el órgano peduncular era un órgano de calor, los ojos se convirtieron en un órgano de luz. Esta profundidad insondable actuaba en todos los seres y, al retirar el órgano del calor, separó el par de ojos. Esta profundidad insondable también se denomina « ancestro » en la Doctrina Secreta.

Al principio, los seres humanos solo sentían calor y frío. Ahora, sin embargo, perciben los objetos a través de sus ojos, es decir, el antepasado permitió que la capacidad de percibir no solo el calor sino también la luz surgiera de su interior.

Y Dios dijo: "¡Hágase la luz!" Y la luz se hizo.

Ahora hemos llegado al punto en que estos seres podían percibir la luz y, en consecuencia, también los objetos delimitados que les rodeaban. Ahora les pido que consideren lo siguiente. Antes existía la profundidad insondable; en ella todo se decidía. Allí estaba la ideación y a continuación la luz. La luz estaba limitada por el ojo o la capacidad de ver todo alrededor de lo que los ojos podían ver: lo visible. Todo lo demás no se había hecho visible. Eso estaba más allá de lo visible. [El límite de lo visible era lo sólido].

 Y puso Dios un firmamento donde termina lo visible y comienza lo invisible. [Génesis 1:6-7]

Lo siguiente fue que los hombres empezaron a percibir lo visible, de modo que se les presentaba una situación completamente nueva. Hay que visualizar lo que significaría para uno no poder ver ni oír. Sin embargo, en aquella época no existía el oído. Las personas de aquella época eran ellas mismas un líquido en un elemento líquido. Y nadando así, no percibirías el límite exacto entre tú y el otro. Sólo se perciben los límites cuando hay algo visible.

Los seres individuales se mantenían unidos por la ideación. El ser individual no estaba tan claramente diferenciado. Cada ser sentía que pertenecía al todo, a lo general. Sería como si el estómago se sintiera hoy independiente; ha de sentirse perteneciente al cuerpo. Sólo en el momento en que surge una sensación de luz surge la posibilidad de percibir al otro como otra cosa. Un objeto sólo es algo fuera de nosotros cuando vemos sus límites fuera de nosotros. La luz era lo que distinguía individualmente a unos seres de otros. En el momento en que los seres se diferenciaron unos de otros, fue necesario que se abriera la comprensión del entorno. Los seres no sólo tenían que tener la concepción fuera de sí mismos, sino que también tenían que poder tener la concepción dentro de sí mismos. Un objeto que simplemente miro sería algo bastante misterioso para mí si no pudiera visualizarlo yo mismo. Esta comprensión [del entorno] fue impartida por seres de naturaleza superior a los que viven en la tierra. Estos seres que ahora ya percibían la luz eran guiados por seres que estimulaban en ellos la comprensión. Así los dotaron de comprensión. Convirtiéndose en los "Hijos de Manas".

Con ella surge la posibilidad de formarse una idea errónea o correcta. Por eso la Doctrina Secreta dice: «El segundo par, entendimiento y verdad, surgió. Surgieron por medio de la influencia de los hijos de Manas. [No puedo sentir un falso frío o un falso calor, pero la mente sí puede formarse un falso concepto]. Sólo ahora, cuando la ideación, el entendimiento, estaba dentro de los propios seres, éstos se mantenían unidos en una especie de sentido de comunidad. Antes la ideación estaba fuera, pero ahora una chispa de ella estaba dentro de los propios seres. He mencionado que el calor y el frío eran diferentes en el mundo exterior. Los seres atraen este calor hacia sí y se diferencian como seres cálidos y fríos. Un ser cálido es aquel que ya no percibe el calor, sino que lo genera. La sangre caliente ha surgido ahora en el hombre.

¿Qué había ocurrido? El hombre había nacido previamente del agua. Ahora se había producido en él lo que la doctrina secreta llama «sangre». Así que el hombre había nacido primero del «agua», luego de la «sangre». Y si pudiéramos retroceder aún más en el tiempo, antes del período Lemúrico, encontraríamos el «espíritu antes del agua, que aún no se había convertido en agua». Así tenemos: espíritu - agua - sangre. El calor, que era general, apareció entonces como el calor de la sangre de los seres de calor. El hombre nació de la sangre - ese es el momento en que el hombre se convirtió en el ser de sangre caliente. Esto le permite organizar en sí mismo todo lo que antes estaba organizado fuera de él. El calor y el frío eran cosas distintas fuera de él. Ahora distingue entre calor y frío dentro de sí mismo. Así como antes la creación estaba fuera, ahora el hombre se ha convertido en creador dentro de sí mismo. Y lo primero a través de lo cual el hombre no sólo es un ser interior, sino que también se expresa exteriormente como un ser interior, fue el «habla». Y con el habla vino la «vida». [El hombre podía expresarse hacia el exterior; lo que era atraído se impulsa hacia el exterior - eso es el habla]. Sólo entonces hay vida humana, cuando el hombre no sólo está ahí como ser, sino que también se manifiesta como tal - [una vida independiente, autónoma, diferenciada, no co-viviente. El ser se ha independizado, puede darse a conocer, puede revelarse).

Por tanto, el tercer par es «habla y vida». Los animales incapaces de producir sonidos son de sangre fría. Sólo los seres de sangre caliente son capaces de expresar el alma hacia el exterior mediante el sonido. Un ser que ha de tener voz debe diferenciarse en calor de su entorno. Debe tener una vida diferenciada de su entorno. El tercer par es, por tanto, «habla -o voz- y vida independiente». El pez tiene el mismo grado de calor que el agua en la que vive.

Ahora hemos llegado al punto en el que el ser se ha vuelto independiente, en el que su esencia puede revelarse y, por tanto, aparecer ante su entorno como un ser vivo independiente.

Una cosa que les ruego que tengan en cuenta es que los conceptos de hoy no deben aplicarse a los de entonces. En épocas posteriores, las criaturas de sangre fría también cambiaron en varios aspectos. Por aquel entonces, los peces eran mucho más grandes y parecidos a los humanos.

Sin embargo, la reproducción de los seres de aquella época era aún de tal forma que simplemente surgían unos de otros. Hay que imaginarse que cuando tenía que surgir un nuevo vástago - el apareamiento o la fecundación no existían todavía en aquella época, ni tampoco la encarnación, la encarnación sólo existe desde que existe la sexualidad, desde que hay dos sexos [no se trata de encarnaciones sino de materializaciones] - entonces cuando tenía que surgir un nuevo ser, el ser originario dejaba surgir de sí mismo la materia para el nuevo ser. Este proceso estaba determinado por el espíritu general del mundo. Un nuevo ser surgía por afinidad electiva. 

Un ser era "Überschattung" por un espíritu. Es exactamente lo mismo que cuando el médium [en una sesión espiritista] proporciona el material para un espíritu que quiere encarnarse en la materia, materializarse, manifestarse. La materia era siempre utilizable, siempre virgen, un proceso nutritivo. El ser originario permanecía tal como era. El proceso está ahí tal como se ha descrito con ocasión de la descripción de su aspecto vegetal. A continuación la materia se agotaba, se había vuelto incapaz de permitir que surgiera de sí misma una nueva disposición [sin un nuevo estímulo], y se producía la diferenciación en sexos. Así es esencialmente como descendieron los seres lemúricos; habían perdido la capacidad de tener materia virgen en su interior. Para que un nuevo ser se manifestara, tenía que haber una simiente que estimulara la vida. Así [se produjo la sexualidad y con ella] el nacimiento y la muerte y también la encarnación. Y el hombre, se agregaba, convirtiéndose en el comienzo del «agrupamiento, de la "confraternización".

A partir de la mitad del período Lemúrico comienza el proceso de agrupamiento, el proceso de fraternización, que debe conducir al punto en que los Centros de Misterios se unan para vivir en una nueva época mundial. [Ahora viene el cuarto par: «El Hombre - la agrupación que conduce a la fraternización"].

Esta explicación también se daba repetidamente en las escuelas pitagóricas. Se decía: Desde que el espíritu entró en cada ser humano, el nacimiento y la muerte vinieron al mundo. [Y en el Génesis se dice: «Con dolor darás a luz los hijos». En el pasado, éstos eran simplemente traídos al mundo mediante "Überschattung".

Este es el significado de sangre, agua y espíritu, como también se deduce de las palabras: En verdad, en verdad, el que no renace del agua y del Espíritu no alcanzará la bienaventuranza. [...]

Traducido por J.Luelmo may,2025

miércoles, 2 de abril de 2025

GA090a Berlín, 27 de junio de 1904 - Acerca de la Atlántida

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AUTO CONOCIMIENTO Y CONOCIMIENTO DE DIOS

RUDOLF STEINER

Acerca de la Atlántida


Berlín, 27 de junio de 1904

Conferencia 37

Las partes verdes = restos del continente lemúrico. En la Tierra, todo está en desarrollo. Encontraríamos una configuración completamente diferente de la Tierra en Lemuria; una temperatura mucho más alta. Todo lo que hoy es sólido estaría entonces en estado líquido. Los metales fluirían. Imaginamos que esta temperatura sería inofensiva para sus seres. Las partes del continente lemúrico eran de una naturaleza completamente diferente, no destacaban por estar hechas del elemento líquido, sino que eran partes ligeramente líquidas en un mar de fuego, y sólo cuando este fuego se enfriaba se volvía peligroso para las partes más sólidas. La destrucción se produjo porque el fuego restante se volvió peligroso para las partes enfriadas. El fuego era lo que los lemúricos utilizaban para moldearlo todo; una fina sustancia etérica rodeaba la masa líquida ardiente en la que flotaban los continentes; las personas eran figuras ardientes como nubes.

A medida que se produjo la diferenciación, el fuego fue desplazado a los estanques de fuego, la gente podía trabajar con la potencia del fuego, llegó a la magia negra y pereció por el fuego. Hace aproximadamente un millón de años hubo mas diferenciación.

Las masas rojas eran blandas, los continentes más pegajosos; el aire era mucho más denso que hoy; el agua mucho más fina, todavía relacionada con lo que llamamos el elemento del que surgió la vida con forma [...]. Aún más relacionado con lo acuoso en las plantas, de modo que las personas estaban más relacionadas con lo que las rodeaba. Todavía no podían penetrar tan fácilmente en el aire; el agua era mucho más fina, como la niebla de hoy, más relacionada con ellos. Había más vitalidad en esta agua diluida que en el agua actual, más densa y diferenciada. La gente se sentía mucho más afín a los elementos gracias a este parentesco. Como resultado, eran capaces de utilizar la fuerza que contenían. Ejemplo de locomotora con fuerza motriz de vapor mineral. Las semillas tienen una energía almacenada similar a la del carbón. El hombre actual no puede convertirlas en fuerza locomotriz; los atlantes podían alimentar sus locomotoras con la energía de las semillas.

Para aprovechar su poder, se dedicó a cruzar las pocas especies de plantas y produjo las numerosas variedades de plantas y animales mediante hábiles experimentos de cruce. Aquí radica la diferencia con la teoría de Darwin. Ningún científico quiere negar que esas muchas especies hayan surgido de unas pocas; sólo que todas las hipótesis se han venido abajo, como «(la lucha por la existencia, »la selección sexual, porque la ciencia se enfrenta al hecho de que el propio hombre es el criador.

El atlante estaba equipado con la fuerza de las semillas, el Vril. La cuarta raza raíz disponía del plan de la vida y controlaba todo con la fuerza germinal; la quinta raza raíz, (la nuestra), sólo puede utilizar la fuerza mineral. El atlante disponía de pequeñas aeronaves, que calentaba con el poder germinal, se movían en el aire denso, cerca del suelo, y se dirigían sobre las montañas. El agua era más fina, por lo que se utilizaba para las bellas artes, especialmente en la ciudad de las puertas doradas.

Dentro de la raza raíz hay siete subrazas que sufrieron migraciones. En primer lugar, el pueblo primigenio.

Rmoahals, humanos todavía muy parecidos a los últimos lemúricos, con una organización bastante física, que vivían en la propia naturaleza. Sus descendientes, los pueblos tlavatli, se organizaron para desarrollar el elemento principal de los atlantes, la memoria, que alcanzó su primer apogeo en la tercera raza, los toltecas. Tenían ciudades construidas enteramente según el principio de la arquitectura intuitiva, como el castor degenerado de hoy.

Una roca y un jardín natural se continuaban, por así decirlo, en los edificios. En completa armonía con la naturaleza, hicieron viviendas de una belleza fabulosa; el sistema de canalización era magnífico, la limpieza era máxima.

Poco a poco, estos pueblos habían desarrollado una manera cada vez más elevada. Los Hijos de la Niebla de Fuego se habían convertido en adeptos con escuelas de adeptos, los gobernantes procedían de los propios adeptos. Era imposible que fueran indignos porque los humanos sabían cómo regular la herencia eligiendo a los padres adecuados. Este secreto, el secreto del nacimiento, se había perdido casi por completo. Todo se construía sobre la memoria, se extendía más allá de lo vivido entre el nacimiento y la muerte. Se daba por sentado que el hijo tenía una memoria compartida con su padre, su abuelo, etc., de modo que dominaban los conocimientos y las artes de sus padres por intuición. Se trataba, pues, más de crianza que de educación. Toda habilidad era, por tanto, más una cuestión de ensayo y error que de estudio. De ahí otras escuelas: más talleres donde la gente aprendía habilidades manuales. No se trataba de contar, sino de memorizar y recordar. [No se educaba a nadie; nadie habría sido capaz de decir cómo era su linaje ancestral]. Los templos eran templos ancestrales; el culto posterior a los antepasados es una degeneración de esta cultura ancestral basada en la memoria. La historia se registraba en símbolos, hasta mediados de la tercera raza el control del poder del Vril estaba estrictamente en manos de los adeptos, ellos entendían los símbolos que había que aprender primero.

La cuarta raza, los proto-Turanios, fue la primera en descender. Arrebataron el secreto del poder vril y se convirtieron en magos negros.

En la quinta raza, el primer anuncio del pensamiento, de la combinación: los israelitas primigenios. Permanecieron mezclados entre la sexta y la séptima raza; fueron la raza ancestral de la actual raza raíz aria, aportando el poder de la memoria y añadiendo la combinación.

La sexta raza eran los acadios, más hacia Asia. Era el pueblo que ya comprendía la actividad aritmética combinada en el sentido de empresa práctica. Un pueblo comerciante. Fueron ellos quienes aportaron algo que antes no existía: la jurisprudencia primitiva, es decir, las reglas de las relaciones mutuas entre las personas. La séptima subraza, los mongoles, realizó el principio átmico de unidad en términos religiosos. Los demás miraban al cielo estrellado y tenían su divinidad en el poder estelar. Los toltecas habían percibido la fuerza vril como divina, luego la elaboraron intelectualmente hasta que los mongoles la adoraron como «Tao».

Los griegos en su tradición han expresado muchas cosas. tres tipos en las imágenes de los dioses:

- el tipo Zeus, el de la quinta raza raíz,

- el sátiro, círculo de fauno, relacionado con las momias egipcias primigenias en el rostro, representando el recuerdo del tipo atlante. Sátiro - hacia el este = fauno: recuerda a los pueblos que vivían hacia el oeste.

- Hermes: dios de los mercaderes, llevaba consigo todo lo que marcaba la pauta de los atlantes: la serpiente como símbolo del poder curativo del vril, dios de los médicos. Las alas indicaban una relación íntima con la naturaleza; un dios alado que sobrevive al diluvio. Así que los tres tipos son realmente documentos históricos.

Mitología griega, relacionada con el esoterismo griego: el Hermes egipcio, en Egipto se habían retirado los adeptos - y los grandes artistas de los atlantes relacionados; bajo el nombre de Hermes resumían sus conocimientos adeptos. De ahí la relación entre el Hermes esotérico y el dios del comercio.

Llegó una época similar a la de Lemuria. Los continentes se condensaron, las artes de los Turanios con la fuerza del Vril atrajeron el agua de modo que los continentes fueron sacudidos por su propio poder. Al condensarse el agua, no fue posible retenerla en sus puntos; las malas artes, el mal fueron el fermento del progreso. El mar se hizo más denso cuando la maldad se desbordó. La fuerza vital extraída, por la que las moléculas fueron forzadas a separarse, provocó el polo opuesto, la fuerza sobre el mar compactado se perdió. Ellos mismos extrajeron la fuerza que había mantenido unido el mar.

La fuerza vital de las plantas del atlante seguía estando en conexión con la fuerza vital del propio atlante; cuando hacía cambios consigo mismo, podía hacer que las plantas crecieran más lentas o más rápidas.

Así que tenemos que cambiar nuestras ideas para tener el concepto de desarrollo.

jueves, 13 de junio de 2024

GA096 Berlín, 1 de abril de 1907 La purificación de la sangre de su apego al yo, gracias al misterio del Gólgota

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IMPULSOS ORIGINALES DE LA CIENCIA ESPIRITUAL

RUDOLF STEINER

EL ESOTERISMO CRISTIANO A LA LUZ DE LOS  NUEVOS CONOCIMIENTOS ESPIRITUALES

La purificación de la sangre de su apego al yo, gracias al misterio del Gólgota

Berlín, 1 de abril de 1907

Hoy vamos a hablar del Misterio del Gólgota. Al mismo tiempo, examinaremos la Pascua a la luz de la ciencia espiritual. Hace una semana, dije que el Misterio del Gólgota no sólo había sido trascendental en la evolución de la historia de la humanidad, sino que es de la más profunda trascendencia para toda la evolución terrestre, e incluimos, por supuesto, al ser humano en esta evolución terrestre. En su momento llamé vuestra atención sobre la forma en que un observador de nuestro globo terráqueo, alguien que hubiera podido mirar nuestro planeta desde un planeta lejano durante milenios antes de que comenzara nuestro calendario actual, habría percibido la forma en que el planeta cambiaba. Tal observador que mirara desde un planeta lejano habría visto, en efecto, cómo a lo largo de esos milenios cambiaba el aspecto de la Tierra. Y si el ojo hubiera sido clarividente, capaz de observar no sólo los acontecimientos físicos en nuestro planeta sino también los cambios no físicos, habría visto que cuando Cristo Jesús vino a la tierra toda la atmósfera espiritual de la tierra cambiaba, se volvía diferente,.

Al igual que el ser humano tiene un cuerpo físico, un cuerpo etérico y un cuerpo astral, la Tierra también tiene un cuerpo físico, un cuerpo etérico y un cuerpo astral. Todos estamos rodeados no sólo de aire, sino también del cuerpo etérico y del cuerpo astral de la Tierra. Tal observador clarividente vería este cuerpo etérico y astral de la tierra. Hasta el momento de la venida de Cristo Jesús, este cuerpo terrestre habría tenido un color específico y una forma específica de moverse. Después, sin embargo, cambió, asumiendo nuevos colores y nuevo movimiento. Este acontecimiento tuvo un efecto tan profundo en nuestra Tierra y en la evolución humana que todo el contenido espiritual de la Tierra cambió entonces.

No hay que pensar que esto ocurrió de repente cuando el Cristo nació, sufrió y murió. Sino que tal estado de cosas, había estado en preparación durante siglos en el contenido espiritual de nuestro planeta, y no llegó a completarse hasta el día de hoy. Con visión clarividente uno sería capaz de ver cómo el nuevo elemento espiritual que vino a la tierra en ese momento todavía está en proceso de condensación y consolidación. Todavía pasará mucho tiempo antes de que todos los frutos que se produjeron en la venida de Cristo Jesús hayan sido recibidos en la tierra.

Para comprender de qué se trata, tenemos que volver a pensar en toda la evolución de la Tierra. Tenemos que remontarnos a la época de la evolución terrestre en que la forma actual del hombre sólo estaba evolucionando, desarrollándose. Llamamos a esto la era Lemúrica. Llegamos a ella retrocediendo a través de los diferentes períodos históricos de nuestra era actual.

Hoy vivimos en el quinto subperíodo de la quinta era principal de la Tierra. Si nos remontamos a la época de los pueblos grecolatinos, a la época en la que se desarrolló ese arte maravilloso que realmente sólo llegó a existir en el período griego, una época en la que los romanos desarrollaron su forma legal de pensar, estaríamos en la cuarta sub-época de nuestra era. Retrocediendo aún más atrás llegaríamos a una época en la que la civilización egipcia, babilónica y caldea estaba en su apogeo. Más allá deberíamos encontrar la época en que se produjeron los primeros comienzos de una vida en el espíritu, con Zaratustra aportando la primera cultura del intelecto. Esa habría sido la segunda sub-época. Aún más atrás llegaríamos a los pueblos indios más antiguos, no a la cultura de la que hablan los Vedas y el Bhagavad Gita, sino a los pueblos prevédicos que fueron enseñados por los propios Rishis sagrados. Esa fue una maravillosa civilización antigua, y los clarividentes aún son capaces de verla en su totalidad. Fue el primer período de desarrollo, inmediatamente precedido por la inundación de la tierra en la que el continente atlante que solía estar entre Europa y América fue arrasado.


Nuestros antepasados vivían en la Atlántida, el pueblo de la cuarta era principal. Aún no tenían un orden social, pues no había normas ni leyes. Tampoco tenían pensamiento lógico ni la capacidad de hacer sumas. Los elementos de contar sólo aparecen hacia el final de la era atlante. La memoria se convirtió gradualmente en el poder interior más elevado. El hombre vivía entonces en una maravillosa interacción con la naturaleza. Sin embargo, sólo podemos hacernos una idea correcta de la cultura atlante si somos conscientes de que las condiciones físicas de la Tierra eran muy diferentes de las que se desarrollaron posteriormente. Las leyendas centroeuropeas aún guardan recuerdos de aquellos primeros tiempos atlantes en Niflheim (tierra de nieblas), que estaba llena de nieblas densas y pesadas. Todas las formas de vida vivían entonces en esas densas y espesas nieblas, y debido a ello las condiciones eran también muy diferentes en la vida del alma y del espíritu. Sería demasiado largo entrar en más detalles sobre la era atlante. Sólo quería y debía mencionarla brevemente, para que podamos pasar a la época en que los seres humanos asumieron su forma actual. Para ello tendríamos que remontarnos no sólo a un diluvio, sino a tremendas convulsiones causadas por potencias de fuego. Estos trastornos ardientes destruyeron la tierra que en la literatura teosófica se conoce como Lemuria. Una tierra que se extendía hacia el sur, desde el norte de África hasta el sur de Australia. Esta fue la región donde el hombre apareció por primera vez en su forma actual.

Retrocediendo mucho en el tiempo hasta la época lemúrica, veríamos caminar sobre la tierra a personas que eran muy diferentes de las actuales, sus figuras que aún no deberíamos llamar humanas, pues todavía no tenían en ellas la semilla del alma humana, la única que les permitiría elevarse a niveles superiores de desarrollo. Encontrábamos allí personas que sólo tenían los cuerpos con los que envolver el alma, personas que sólo tenían cuerpo físico, cuerpo etérico y cuerpo astral. Y sus cuerpos astrales tenían una depresión, una especie de bahía, en ellos, - figurativamente hablando-, para la recepción de la autoconciencia. Esencialmente, las cuatro partes de la forma humana envolvente ya estaban allí, pero el principio que hoy conocemos como "yo", un principio que vive en ustedes, en aquel entonces todavía estaba en el regazo de los dioses.

Tales figuras se paseaban así por esta tierra. Para describir esas figuras humanas que estaban preparadas para recibir el núcleo de la naturaleza humana esencial, tenemos que decir que eran completamente diferentes de los seres humanos actuales. Se diría que eran totalmente grotescas, que rozaban los límites de la fealdad. Mientras que los seres humanos actuales están rodeados de aire, aquellas "envolturas" humanas estaban rodeadas de una atmósfera espiritual. Estaban rodeados de una esfera espiritual de aire en la que se mantenían vivos y activos.

fig. 1
Para darles un diagrama de los seres humanos de esa época, tendría que dibujarlos como vasos, por así decirlo, vasos listos para recibir en sí la cualidad superior del alma. El espacio interior debe ser un hueco hecho en el cuerpo astral y éste está preparado para recibir en sí una cualidad superior del alma. Ese elemento anímico superior estaba todavía en la atmósfera circundante, la capa de aire espiritual. Algo que hoy está dentro de ustedes no estaba todavía dentro de aquellos seres humanos en aquella época, sino que se movía a su alrededor. Por supuesto, hay que entender que el espíritu puede adoptar diferentes formas y que el elemento que entonces era su espíritu no necesitaba un cuerpo físico. En realidad, el desarrollo posterior consistió en que el espíritu humano llegó a morar en un cuerpo físico donde se desarrolló más interiormente como alma. Algo que hoy vive en ustedes vivía entonces fuera de ustedes, en la atmósfera espiritual que los rodeaba. En aquella época, las almas individuales que hoy viven en cuerpos separados aún no estaban separadas ni eran individuales.

Imaginémonos este vaso de agua que contiene miles de gotitas, todas conectadas entre sí. Todas las almas que más tarde se distribuirían entre los seres humanos eran así, gotas de alma en esta atmósfera espiritual, pero como disueltas para formar un elemento uniforme y fluido. Y pueden seguir imaginando lo siguiente: si yo tomara mil esponjas diminutas y dejara que absorbieran mil gotas, esas mil gotas se distribuirían entre las mil esponjas diminutas. Así es como hay que pensar en la forma en que se distribuía el principio espiritual en los tiempos de Lemuria. Habiendo estado antes por todas partes en el exterior, este principio bajaba luego a los cuerpos y se creaban entidades separadas. Así como las mil gotas de agua se individualizaban en las mil esponjas diminutas, así se individualizaba la sustancia espiritual comunal en las formas humanas separadas en Lemuria. Al principio de la era Lemúrica, cada forma humana no recibió inmediatamente el alma completamente en sí misma. Para mostrar la forma en que se recibió el contenido del alma en mi diagrama, tendría que hacerlo así (Fig. 1). Sin embargo, también tendría que mostrar que gran parte de ella permanecía fuera del cuerpo, en los alrededores. El cuerpo estaba así rodeado de un contenido espiritual que era del mismo tipo que la parte que ya estaba dentro de la forma humana.

 Durante los períodos Lemúrico y Atlante y hasta nuestros días, la evolución consistió en que el elemento que estaba fuera del cuerpo físico fue gradualmente atraído hacia el cuerpo. Esto sucedió durante toda la era lemúrica y toda la atlante. Hay que imaginar que los seres humanos estaban en un estado permanente de mitad dormidos y mitad despiertos, aunque también tenían una especie de clarividencia. Si alguien cuyo ojo interior se hubiera abierto hubiera podido mirar a los seres humanos de la época atlante, éstos habrían tenido el mismo aspecto que tiene hoy una persona dormida. Cuando un ser humano yace dormido, el cuerpo físico y etérico yace en la cama, y el contenido espiritual superior se esparce a su alrededor. Es exactamente a consecuencia de estar fuera por lo que el individuo se queda dormido. Verían a un atlante en tal estado permanente dormido; sin embargo, ese estado estaría lleno de sueños animados.

En aquellos tiempos, un individuo que se acercaba a otro no lo veía de la misma manera que hoy, con una definición nítida, sino que en el alma del primero surgía una forma de color. Esta forma de color era tal que si el otro individuo era afín, indicaría simpatía; con alguien no afín mostraría matices de color antipáticos. En aquellos tiempos los seres humanos percibían el mundo que les rodeaba de una forma más clarividente. Cuanto más penetraba en ellos la sustancia espiritual, más se parecía su estado de conciencia al que hoy conocemos en plena conciencia diurna.

El proceso en el que el alma descendía al cuerpo físico también tenía su aspecto físico, un hecho físico secundario. En el Antiguo Testamento esto se refiere significativamente en las palabras: 'Y el Señor Dios... sopló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en alma viviente'. La verdad es que no fue sólo aire lo que se insufló en el hombre en aquel momento, sino que fue el ser humano espiritual el que lo llenó de vida. Hay que comprender que la materia que vive a nuestro alrededor no es simplemente materia o sustancia física. Con cada respiración no sólo inhalamos aire físico sino también espíritu. Es perfectamente cierto que cuando se inhalaba el aire físico en aquel tiempo, de la manera en que lo hace la gente en su forma actual, todo lo que he dibujado aquí descendía a la forma física. A esto se refiere el pasaje del Antiguo Testamento. Y si ustedes preguntaran: '¿Qué era el cuerpo humano en aquel tiempo, cuando el alma descendió del regazo de la divinidad?'. El cuerpo era el aire, y hoy todavía se respira el elemento que en aquel tiempo descendió al cuerpo de los seres humanos. Pues el principio que llamamos espíritu está en el aire. El aire no es más que el cuerpo, la sustancia del espíritu.

 También hay que comprender que con esta forma de respirar el aire estaba relacionado algo más, con el espíritu que descendía a la forma humana. Esto estaba estrechamente ligado a lo que llamamos la sangre caliente del hombre, o mejor dicho, la sangre que era más caliente que el entorno. Antes de que llegara este momento en la evolución de la Tierra, no había formas de vida de sangre caliente. Los animales de sangre caliente aparecieron más tarde. Por lo tanto, esta respiración estaba relacionada con la sangre caliente, lo que significaba que algo más también ocurrió entonces. Una cierta cantidad, una cierta cantidad de calor entró en el ser humano, el calor de la sangre que todavía se tiene hoy en día. Se trata de un tipo de calor más elevado que el calor del mundo que nos rodea. En aquellos días, en el tiempo que precedió a este tiempo actual en el que el hombre llegó a existir, había algo presente en el entorno de nuestros antepasados que era muy diferente del espíritu encarnado en el aire.

Pueden ustedes hacerse una idea de lo que también estaba presente en la atmósfera de la tierra si tienen en cuenta lo siguiente, -no literalmente, un poco en sentido figurado, pero también real-: si tienen en cuenta el calor presente en los diferentes seres humanos que vivieron en la tierra, [si tienen en cuenta] el calor que vive en su sangre, y luego el calor que ha fluido hacia fuera en su entorno, y todo este calor que envuelve la tierra, todo el calor de la sangre, por lo tanto, todo el calor que viene de la sangre y fluye dentro de nosotros, es el calor que solía estar a nuestro alrededor en el exterior en el pasado. Así como es cierto que el espíritu que estaba fuera de ustedes está ahora dentro de ustedes, también es cierto que el calor que estaba fuera de ustedes está ahora dentro de ustedes.

Se llegaría así a la época en que toda la tierra estaba envuelta en una atmósfera de calor. En esta atmósfera de calor estaba encarnado otro espíritu, un espíritu que era como los espíritus que habían estado en el Sol, es decir, en uno de las tres encarnaciones planetarias que habían precedido a la Tierra. Éstos habían alcanzado la perfección en la época en que el Sol era todavía un planeta. El espíritu encarnado en este calor había alcanzado un nivel de culminación, de perfección, que de otro modo sólo han alcanzado los espíritus que alcanzaron la culminación en el planeta Sol en aquella época y que hoy moran en el Sol. Es un hecho que en el momento en que este calor envolvió la tierra, en él estaba contenido el portador de un espíritu único para toda la humanidad. Y durante mucho tiempo después, el calor que envolvía la tierra fue portador de una espiritualidad particular para toda la humanidad, una espiritualidad que no es otra que la del espíritu de la tierra misma.

Así como cada ser humano tiene su propio espíritu, está lleno de su propia espiritualidad, para alguien que es capaz de percibir estas cosas, cada planta y cada cosa material es al mismo tiempo también una expresión de una entidad espiritual. Y nuestra tierra es el cuerpo o la expresión espiritual del espíritu de la tierra. El calor de la sangre permite al espíritu de la tierra entrar en el ser humano. En el calor de la sangre que vive en el ser humano, y que en la época pre-lemúrica vivía fuera del ser humano, tenemos el medio por el cual el espíritu de la tierra entra en el propio ser humano.

 Hay que imaginar, por lo tanto, que en el momento en que comenzó el desarrollo humano real en los tiempos de Lemuria, el espíritu que pertenecía al aire descendió sobre los seres humanos, y entonces comenzó a descender el espíritu superior que está en el calor de la sangre, el espíritu terrestre real. La relación entre estos dos espíritus es tal que podemos decir: 'El espíritu que tiene por cuerpo el aire es el que posibilitó que los seres humanos adquirieran el habla'. Pues la configuración del organismo humano que hace posible el proceso respiratorio actual, también hace posible el habla. El habla se desarrolló en la época atlante y alcanzó su máxima expresión en la capacidad de pronunciar la palabra "yo" hacia el final del período atlante.

 El proceso comenzó en la época lemúrica y alcanzó gradualmente la perfección hacia el final de la época atlante. La Biblia dice: 'Y el Señor Dios... sopló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en un alma viviente'. Esto se perfeccionó gradualmente hasta que se convirtió en la palabra "yo", hasta que el espíritu empezó a hablar desde el interior del ser humano y empezó a llamarse a sí mismo, desde el interior del ser humano: "Y-a-h-w-e-h". Ese es al mismo tiempo el núcleo eterno y la esencia de cada ser humano individual: 'Yo soy el que soy, el que fui y el que seré'. Yo soy" es el núcleo más profundo. Se introdujo en el hombre en aquel momento y permanecerá por toda la eternidad como el espíritu individual del ser humano.

Esta fue la primera emanación de la divinidad. Se le llama la emanación del espíritu o de Yahvé. En las mitologías de los pueblos religiosos, que son siempre más inteligentes que los tratados científicos, esta emanación del espíritu o de Yahvé se describe como un soplo en el aire, algo que se mueve sobre la tierra en el aire. La antigua leyenda alemana, y también la hebrea, donde Yahvé es el dios de la tempestad o del viento, muestra que se trata de una divinidad que tiene su cuerpo exterior en el flujo del aire y que éste se ha vertido en el ser humano.

Debido a su naturaleza esencial, esta divinidad desempeñó efectivamente un papel en la individualización de los seres humanos cuando entró en ellos. El elemento uniforme y fluido que antes del Diluvio había rodeado a la humanidad en una escala magnífica, se difundió entre los seres humanos individuales, como el agua absorbida por pequeñas esponjas. Pero esto no podía hacer al ser humano totalmente individual. Los seres humanos tenían que encontrar la transición hacia la individualización completa. No estaban determinados para ser individuos completos de inmediato. Al principio formaron grupos. Hemos mencionado antes que la gente vivía en pequeños grupos tribales. Todavía no se sentían individuos separados. El individuo humano se sentía parte integrante de tal grupo tribal o familia, así como una mano es parte del cuerpo. La gente moderna, con su forma de pensar tan diferente, no puede realmente imaginar lo que es pertenecer a una tribu, sintiéndose parte del cuerpo tribal. Pero así era, y cuanto más se extendían las pequeñas tribus, y la familia pasaba a ser la tribu, más individuales se volvían las personas.

Hay que pensar que se trata de un proceso de singularización, de individualización progresiva, ligado a la sangre del ser humano. Lo comprenderán si les cuento una cosa, y les pido que la recuerden. El derramamiento del espíritu en los tiempos de la Lemuria no fue uniforme. Ustedes habrían podido ver muchos espíritus bajando a la tierra desde los alrededores espirituales de la tierra. Muchos espíritus individuales descendían. Cuando hablamos de Yahvé, no estamos hablando de una sola divinidad, sino de los espíritus de muchas naciones. Los judíos saben que era una de muchas divinidades. Las naciones se dividieron en tribus porque muchas de esas almas de naciones, -tengan en cuenta que eran algo real-, estaban descendiendo. Y cuanto más se desarrollaban, más vivían en familias, en tribus, que luego se unían en grandes naciones tribales. Una cosa que no era posible en aquel tiempo era que todos se reunieran en una gran hermandad universal. Sólo gradualmente será posible que toda la humanidad de la tierra se unifique, porque aparte de este envío del espíritu y de envolver a los seres humanos con este espíritu, que descendió en muchas almas de naciones, también hay algo que vivió en el calor de la tierra, no en el aire, y este principio más universal también entró en los seres humanos. En términos esotéricos cristianos, el elemento que vino primero también se llama Espíritu Santo. Al hablar de los espíritus antiguos que han descendido, en realidad deberíamos referirnos a muchos espíritus santos, a muchos Yahvé. Cuando hablamos del espíritu que tiene todo el calor en él, sólo podemos referirnos a uno solo. En términos esotéricos cristianos se le llama el Logos, el Cristo, el espíritu universal de la raza humana en la tierra.

Sólo consideren que todo lo que vive en el yo espiritual, todo lo que llamamos manas, descendió en una multiplicidad, y que todo lo que llamamos budhi se derramó sobre la humanidad como una unidad espiritual, y tendrán la diferencia. Entonces comprenderán que la humanidad necesitaba ser preparada primero por la emanación del espíritu antes de la emanación del Christos, del budhi, el espíritu de vida. Hasta el momento en que Cristo Jesús apareció en la tierra, todo lo que había del espíritu Crístico era una unidad. Era una esfera uniforme que rodeaba toda la tierra, siendo la tierra sólida su sistema esquelético, por así decirlo. Si se toma la tierra sólida con todo lo que hay en ella, y se añade a esto el calor que rodea la tierra, se tiene más o menos el cuerpo del espíritu de Cristo, como se le llama. De ahí las hermosas palabras del Evangelio de Juan, donde Cristo Jesús se refiere a sí mismo como el espíritu de la tierra: "El que come mi pan ha puesto su pie sobre mí". ¿Qué comemos cuando comemos el pan?. Comemos el pan que es el cuerpo de Cristo. Y al caminar sobre la tierra hacemos lo otro: ponemos los pies sobre el Cristo. Esto debe tomarse al pie de la letra.

Así como en los tiempos de Lemuria el espíritu de Yahvé vertió algo del elemento del espíritu en individuos separados, así durante las edades que precedieron a Cristo Jesús y en las que siguieron, el espíritu Crístico se fue vertiendo gradualmente, el espíritu Crístico que tiene su cuerpo en el calor de la sangre. Cuando todo el espíritu de Cristo se haya vertido en los seres humanos individuales, el espíritu cristiano, la gran hermandad de la humanidad, habrá conquistado la tierra. Entonces simplemente ya no se pensará en camarillas y pequeñas agrupaciones, sino sólo en la conciencia de la humanidad como una hermandad. Habrá el mayor grado de individualización, pero cada uno se sentirá atraído por el otro. Las pequeñas comunidades tribales y nacionales habrán dado paso a la comunidad del espíritu vital, el budhi, la comunidad del Cristo.

El ojo de un alma que mirara clarividentemente a nuestro planeta vería esto. Sería capaz de seguir la forma en que el espíritu de Cristo había estado totalmente en la esfera que rodea la tierra y luego se había vertido en los seres humanos individuales. Verá que la Tierra cambia cada vez más. Aparecerían otros colores y estados de ánimo. Un elemento que había estado en la esfera que rodeaba la tierra tendría que buscarse entonces en lo más íntimo de cada ser humano. Esto es lo que significa la venida de Cristo Jesús; es el significado cósmico de este acontecimiento.

Todo lo demás que puedan ustedes encontrar en el desarrollo espiritual de nuestra tierra fue preparación. La venida de Cristo se preparó durante siglos. La preparación para este acontecimiento tan importante para toda la evolución cósmica terrestre fue tal que el Cristo mostró a los seres humanos cómo superar los estrechos límites de las relaciones tribales. Ustedes conocen a Mercurio, a Hermes Trismegistos, al persa Zaratustra, a los indios Krishna y Buda y al griego Pitágoras. El espíritu Christos, que hasta entonces había estado en el entorno de la Tierra, empezó a entrar en los seres humanos. Luego vino una franja de tiempo en la que se fundaron las religiones; allí podemos ver cómo avanza cada vez más el proceso de transformación, y podemos llegar a conocer la naturaleza del espíritu Crístico.

La emanación del espíritu, ¿Qué efecto pudo tener? Fue capaz de hacer que el amor estuviera ligado a la sangre. En aquellos primeros tiempos, cuando las comunidades tribales aún no se habían desarrollado, la gente no por eso se amaban menos que hoy. De hecho, se amaban más, pero era de la forma en que una madre ama a su hijo y el hijo a su madre. Por tanto, el amor se debía más a la naturaleza. La sangre se sentía atraída por la sangre, y las personas se sentían unidas por ello. Pero las personas atraídas por estas comunidades basadas en la sangre progresaban más en su desarrollo y esto significaba que sus simpatías se volvían más individuales. Esto dio lugar a agrupaciones, familias y comunidades más pequeñas, que luego pasaron a formar parte de comunidades más grandes. Sin embargo, los individuos se volvían más y más egoístas. La situación era la siguiente. Por un lado, la humanidad se volvía más egoísta y, por otro, la influencia de Cristo unificaba a las personas. Por un lado tenemos la individualización, con el individuo progresivamente más independiente, y por otro la naturaleza unificadora del espíritu cristiano. Estas dos corrientes deben desarrollarse plenamente antes de que sea posible una situación en la Tierra en la que cada uno sea independiente y, al mismo tiempo, esté conectado con los demás, pues cada uno estará lleno del llamado "espíritu de Cristo".

Debemos comprender claramente que todo esto está relacionado con la sangre, y que originalmente en la sangre humana surgió algo que hizo aflorar el sentimiento y la capacidad de respuesta interior. Éstos entraban en juego dentro de la relación sanguínea, pero daban lugar al amor basado en la sangre. También debemos comprender que los sentimientos se volvieron entonces más egoístas. El egoísmo se hizo cada vez más presente en la sangre. Ese es el secreto de la evolución humana, que la sangre adquirió cada vez más la cualidad de la búsqueda de sí misma. Esta sangre que se había vuelto egoísta tenía que ser superada.

El principio que era el egoísmo excesivo en la sangre humana corrió de las heridas de Cristo Jesús en la cruz en un misticismo real; se convirtió en una ofrenda. Si esta sangre no hubiera fluido, el egoísmo habría crecido más y más en la sangre humana a medida que la evolución progresaba. El Misterio del Gólgota purificó la sangre del egoísmo. Mediante este acto de amor, la sangre humana fue salvada de su egoísmo.

Es imposible percibir el significado cósmico del acontecimiento del Gólgota si sólo se ve a un ser humano colgado de una cruz, sangrando por una herida hecha por una lanza. El profundo significado místico de este acontecimiento es que, indirectamente, ésta es la sangre que la humanidad tuvo que perder para ser redimida. Nunca comprenderemos el espíritu cristiano si tomamos estas cosas sólo en un sentido materialista, conociendo únicamente el acontecimiento material y no también el principio espiritual que subyace tras él. Este principio espiritual es el poder regenerador de la sangre del redentor que fluyó en la cruz. Sólo comprenderemos la evolución ulterior de la raza humana si percibimos cuán crucial es este hecho, comprendiendo que el cambio más profundo y completo en la evolución espiritual de la humanidad en la tierra está relacionado con este hecho.

Si consideramos esta evolución en la tierra, encontramos que en los primeros tiempos, antes de que el principio Christos entrara en las almas humanas, los misterios del espíritu eran profundos centros de enseñanza y rituales Cuanto más vino el Cristo al mundo, más se desplegaron los Misterios del Hijo; y en el futuro serán importantes los Misterios del Padre. Se nos habla de ellos en el Apocalipsis.

Volvamos a los Misterios del Espíritu. En un principio se establecieron en un lugar que estaría entre Europa y América y que hace mucho tiempo desapareció. Allí se fundó la escuela de los grandes adeptos, inaugurando los Misterios del Espíritu que han continuado hasta nuestros días. Las personas que habían dado pruebas de haber alcanzado la madurez podían ser iniciadas en los Misterios del Espíritu. Los centros de misterios recibían a personas debidamente instruidas y purificadas. Allí recibirían las enseñanzas, la teosofía, que es la base de todas las religiones, enseñanzas que hoy recibimos a través de la ciencia del espíritu. Habrían purificado sus impulsos instintivos, se habrían entrenado para poner orden en su pensamiento, y entonces habrían aprendido no sólo a amar a las personas emparentadas por la sangre, sino a abrazar con amor a toda la humanidad. Se habrían convertido en "personas sin hogar". El proceso que tiene lugar en los niveles más altos del desarrollo humano es un proceso que apunta hacia el futuro.

La iniciación en los antiguos templos de misterios continuó hasta los últimos siglos precristianos. Prueba de ello son las pirámides egipcias. Allí, el discípulo que había llegado tan lejos que era capaz de amar a toda la humanidad era dormido durante tres días. Su cuerpo físico estaría como muerto, en un letargo total. El iniciador sería capaz de extraer de él su espíritu de la misma manera que vuestro espíritu es extraído de vuestro cuerpo cada noche cuando estáis dormidos. Así como es cierto que este espíritu es inconsciente en el dormir ordinario, también es cierto que sería consciente en los discípulos que hubieran sido preparados a conciencia. La interferencia que proviene del cuerpo físico ya no estaría allí. Pero en esos tres días los discípulos serían capaces de recordar todo lo que habían aprendido antes; eran capaces de llevar esto a su cuerpo.

Como el candidato había estado aprendiendo, asimilando los conceptos y sentimientos necesarios, el iniciador podía ahora dejarle experimentar como una realidad espiritual todo aquello por lo que previamente había trabajado y asimilado por medio de sentimientos internos. El alma vagaría por el mundo astral y devachánico durante los tres días en que estuvo fuera del cuerpo. Se encontraba con la realidad de lo que había aprendido anteriormente, y el individuo llegaba así a conocer, a ser iniciado. Las enseñanzas teosóficas dejaron de ser mera teoría; ahora eran algo en lo que él mismo había estado, como en un elemento vivo. Cuando despertaba de nuevo en su cuerpo y miraba su entorno físico, acudía a sus labios un sonido que debía arrancarse del alma por sí mismo cuando, después de vagar por el mundo del espíritu durante tres días y medio, el alma se encontraba de nuevo en el mundo físico.  El alma era entonces consciente de que el yo se había convertido en ciudadano de mundos superiores, que había estado en esos mundos y que ahora podía hablar a la gente de su experiencia en esos mundos. Hablando del mundo del espíritu desde la experiencia, se había convertido en un heraldo del espíritu en el mundo físico, en un misionero del espíritu. Y esto se expresa en las palabras: Eli, Eli, lama sabachthani", que significa: "¡Oh Dios, Dios mío, tú me has glorificado! Estas eran las palabras que se podían oír de cada individuo que había sido iniciado de esta manera.

Si hubieran examinado a tal individuo con respecto a toda su naturaleza esencial, habrían encontrado que alguien que fue iniciado en los misterios del espíritu se convirtió en un heraldo de algo que en Cristo Jesús fue dado para toda la humanidad. Sin embargo, el budhi sólo había despertado interiormente, en el "cuerpo etérico", como se le llama, de tal iniciado. Los iniciados en el espíritu, en quienes el Hijo, el Christos, había despertado interiormente, existieron en toda la antigüedad, en los tiempos precristianos. Este Christos no había penetrado hasta el cuerpo físico, pero se había despertado en el cuerpo etérico. Aquellos iniciados se habían hecho inmortales como seres humanos etéricos.

El gran paso adelante para la humanidad se produjo porque lo que se aplicaba a los grandes iniciados en el espíritu también se aplicaba al Cristo Jesús que venía a la tierra. Pero en el caso del individuo que murió en la cruz, esto se aplicaba hasta el cuerpo físico. Todo lo que en los antiguos misterios podía experimentarse cuando se estaba fuera del cuerpo, podía verse en el plano físico en este caso, debido al acontecimiento del Gólgota. Se hizo visible incluso para aquellos que sólo tenían ojos físicos. En épocas anteriores, los iniciados que eran capaces de progresar tan lejos serían capaces de verlo. Se sentían uno con Dios porque, al ser los elegidos, experimentaban interiormente cómo la vida debe vencer a la muerte. Ahora, sin embargo, esto ya no era necesario. Con el acontecimiento del Gólgota había tenido lugar ante los ojos humanos. Allí sucedió que la vida venció a la muerte. Y a través de la conexión con este acontecimiento único, a través del vínculo que une a cada individuo con él, como un lazo familiar, se dio algo que sustituyó a las cosas que se habían dado a los individuos en los Misterios del Espíritu.

Hay una gran y significativa imagen de los Misterios del Espíritu que debo describirles si quieren comprender los Misterios del Hijo. He tenido que describir cómo el individuo que yacía dormido durante tres días y medio estaba rodeado de doce formas humanas, como si estuviera sentado alrededor de una mesa con ellas. ¿Y cómo debían aparecerle a alguien que había tenido experiencias de los mundos superiores como iniciado? Se le aparecerían doce de sus encarnaciones, doce de los cuerpos por los que había pasado antes. Esos doce cuerpos no eran ni más ni menos que lo que él llevaba dentro como elementos de su cuerpo. En términos ocultistas, el cuerpo humano está dividido en doce partes, y éstas son una recapitulación de doce encarnaciones en las que el ser humano individual se purifica gradualmente y es llevado a un nivel superior de perfección. Así, el individuo se sentiría rodeado de las formas o figuras por las que él mismo había pasado en épocas anteriores, y se diría a sí mismo: La forma que tenías antes vive en una parte de ti; la segunda forma vive en otra, la tercera en otra, la cuarta, y así sucesivamente". Así están a tu alrededor como los invitados sentados en una comida con su anfitrión.

Esta imagen aparecería ante el alma de todo individuo que entrase en los Misterios del Espíritu. Fue el Hijo del Hombre quien puso fin a esto, ya no el hijo de una familia, de una tribu, de una nación, sino el hijo de toda la humanidad. Fue realmente el decimotercero quien tuvo la mayor perfección entre los doce. Al estar fuera de su yo terrenal, se vio a sí mismo como el decimotercero.

Consideremos ahora cómo las experiencias que todo candidato tendría en el mundo superior llegaron a repetirse en Cristo Jesús. Todo está cubierto por una especie de velo, del mismo modo que está velado todo lo que se da exteriormente, exotéricamente. La fiesta de Pascua celebrada por el Cristo y los doce no iba a ser una fiesta ordinaria. Debía ser otra cosa: una recapitulación en el plano físico de la experiencia que los iniciados en el espíritu habían tenido varias veces en el plano superior.

En el evangelio de Lucas, capítulo 22, versículos 7-12, leemos: "Cuando llegó el día de los panes sin levadura, ... le dijeron: "¿Dónde quieres que lo preparemos?". Él les dijo: "Cuando entréis en la ciudad, os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Seguidle hasta la casa adonde va. Entonces hablad al dueño de la casa, diciendo: El maestro os dice: ¿Dónde está la sala de invitados para que coma allí la Pascua con mis discípulos? Y él os mostrará un gran aposento alto que se ha preparado; preparadlo allí para nosotros"'.

Durante el banquete explicó una vez más que el pan era su cuerpo, que la sangre que fluía en su cuerpo era como la savia en el cuerpo de una planta. Era justo que dijera, refiriéndose a la savia de la planta, el vino: "Ésta es mi sangre", y era justo que lo dijera porque él es el espíritu de la tierra. Es justo que diga de toda sustancia: "Este es mi cuerpo", y de todos los jugos: "Esta es mi sangre": Esta es mi sangre.

Luego viene la escena en la que Cristo Jesús desarrolló los Misterios del Espíritu aún más en los Misterios del Hijo, y finalmente en los Misterios del Padre. Una vez más, deben imaginar a los doce apóstoles sentados a su alrededor como una encarnación de las doce partes de sus propios cuerpos. Si realmente contemplan esto, utilizando la delicadeza y la discreción interiores al acercarse a un pasaje que desvela, -o más bien vela-, la verdad más profunda del espíritu cristiano, podrán abarcar en sus mentes la transición de los Misterios del Espíritu a los del Hijo.

Consideren una vez más lo que tuvo que suceder al acercarse los Misterios del Hijo. La gente tenía que tomar conciencia de que la sangre tenía que abandonar su conexión con los lazos de sangre. Un día los lazos de sangre significarían menos para las personas que su egoísmo. Mirando hacia la futura misión del espíritu cristiano, Cristo Jesús comprendió que esto sólo podría lograrse mediante su sacrificio. Tenía que ser así. Porque vendrían tiempos en que la gente se volvería más y más egoísta para ganar su libertad. Por tanto, el exceso de sangre egoísta tenía que ser sacrificado en un acto cósmico, para que los seres humanos, por muy independientes que fueran, pudieran un día unirse en una gran hermandad. El elemento egoísta existe particularmente a causa del género humano; ha crecido cada vez más, y necesita ser espiritualizado, ennoblecido, por el espíritu cristiano. Así, el ser humano es cada vez más independiente. Observemos, sin embargo, algo que desde entonces ha venido a ceñir la tierra: nuestras formas de transporte. ¿Qué son sino arreglos para satisfacer nuestro egoísmo? Todo lo que se ha ideado utilizando la mente racional y el sentido común sólo se ha ideado para satisfacer nuestro egoísmo, aunque sólo sea de manera indirecta. La humanidad era menos egoísta cuando todavía se molía el grano utilizando dos piedras. Sin embargo, la humanidad tuvo que independizarse y, por lo tanto, también tuvo que pasar por el egoísmo, y toda nuestra civilización proporcionó la base material para ello.

Así como el que ha sido iniciado en los Misterios del Espíritu ve sus propias encarnaciones y, a la cabeza de ellas, a sí mismo, lo que ahora es lo más perfecto, así como el Hijo del Hombre vio el círculo de sus discípulos como las manifestaciones de sí mismo, así el que mira hacia el futuro ve las formaciones por las que debe pasar la humanidad. Aquel que vive a través de los misterios del Hijo ve en el futuro hasta el final del desarrollo terrenal, cuando el estado terrenal pasa a un nuevo estado estelar. Por lo tanto, Cristo Jesús pudo decir del primer estado en aquel tiempo: "Vosotros que estáis sentados a mi alrededor representáis diferentes grados de perfección, y cuando mire hacia el futuro, vosotros, que estáis sentados aquí, sois las doce etapas. Pero deben ser superadas. Debo conducirlos a través de mí al Padre. Como a través de mí debo conducirlos al Padre para que la tierra pueda ascender a un grado superior de perfección. Todo lo que está presente en la sensualidad, todo lo que está ligado a los instintos, a las pasiones y a los afectos humanos, debe ser superado. Esto está simbolizado por lo que les sucede a los doce.

La época que sigue está representada por Judas Iscariote. Vinculado al representante de la máxima moralidad está el representante de la vil sensorialidad. Es Judas Iscariote quien realmente traiciona al cristianismo en la época inmediatamente posterior. Oh, habrá un tiempo en que parecerá que lo que ocurrió en el Gólgota ocurrió también en toda la tierra. Parecerá como si el egoísmo trajera la muerte al Cristo, al Budhi. Ese será el tiempo del Anticristo. Esta es la ley de que todo lo que sucedió alrededor de la cruz también tendrá que suceder en el plano físico. Lo que ocurrió en el Gólgota tiene también un profundo significado simbólico. La traición de Judas significa el predominio de los bajos instintos. Pero todo lo sensorial debe espiritualizarse.

Así pues, aquí se hace referencia a la evolución futura de la humanidad dentro de la Tierra. He hablado de ello en varias ocasiones. Todo lo de naturaleza inferior será eliminado de los seres humanos. El futuro ser humano ya se está preparando en la raza humana. Entonces sus funciones reproductoras no serán como lo son hoy. No se reproducirán por medio de sus bajas pasiones. Hoy producen la palabra, con la que puede encarnar lo más sublime, y es a través de la palabra como se harán cada vez más creadores. Se han vuelto más egoístas debido a su sexualidad, y volverán a ser altruistas una vez que esa sexualidad desaparezca.

Hoy la palabra se produce en un chorro de aire que sale de la laringe; en el futuro de la humanidad la palabra volverá a ser productora. La voz de los niños se quiebra en la pubertad. Será la voz la que será productora. Y al volverse productora, esta palabra expresará al mismo tiempo, -en el futuro, ya que toda la situación se invertirá-, el control humano sobre el aire. Significa que el principio que originalmente respiraba a través del hombre provocará una transformación en algo que está aún más profundamente conectado con la naturaleza humana esencial. La palabra será creadora con respecto a la preparación de la sangre. Incluso la sangre del hombre será transformada. Sólo será capaz de producir sentimientos puros y desinteresados. Surgirá una raza humana creadora a través de la palabra. El desinterés se transformará en una cualidad de la sangre, y el órgano pensante se transformará para estar en el corazón. Esta es una de las dos evoluciones que seguirán al cristianismo. La época en la que impera el egoísmo está representada por Judas Iscariote. Cualquiera que observe con imparcialidad los acontecimientos mundiales puede ver cómo la sexualidad es capaz de traicionar al hombre como espíritu, para matarlo. Pero los seres humanos que hoy pueden producir la palabra como algo superior en sí mismos, un día serán creadores a través de la palabra. Esto será cuando el corazón sea el órgano de su mente y de su espíritu.

Ahora les pido que apliquen esto al Evangelio y observen un pasaje que expone lo que acabo de decir de un modo verdaderamente maravilloso, con un simbolismo magnífico. Consideren lo que seguirá cuando el cristianismo se haya vuelto altruista y fraternal; cómo Judas Iscariote encarna todo lo que hace que las personas sean egoístas; y consideren también la dirección en la que la humanidad se desarrollará a través de las doce etapas hasta la forma que asumió el propio Cristo Jesús. Todo se eleva hacia el corazón.

La forma en que se produce la transformación es tal que el poder creador empuja hacia arriba desde el regazo hasta el corazón. Esto tiene que llegar a expresarse en aquel que representa la forma más elevada y está más cerca de Jesús. Ahora lean esto: Uno de los discípulos, al que Jesús amaba, se echó en el regazo de Jesús a la mesa. Simón Pedro le hizo señas, indicándole que le preguntara cuál era. Entonces se apoyó en el pecho de Jesús y le dijo "Señor, ¿Cuál es?" El pasaje nos habla de cómo el poder de reproducción más bajo en el hombre asciende hasta el pecho, mostrado aquí por el discípulo más cercano a Cristo Jesús. El Misterio del Hijo, de Jesús, se sugiere de la manera más delicada. No se puede pensar en una forma más magnífica. Verán que quiere ser un misterio si leen lo que el propio discípulo iniciado escribe al final de toda esta escena, habiendo tenido experiencia viva de cómo sería transformado y llegaría al Padre a través del Hijo. ¿Qué podía decir entonces? En un nivel superior, fue capaz de decir lo que los iniciados son capaces de decir: "Eli, Eli, lama sabachthani". Ésas son sus palabras. Léanlo ustedes mismos en el evangelio de Juan: 'Y Jesús dijo: Ahora el Hijo del Hombre es glorificado, y Dios es glorificado en él'.

Esta fiesta de Pascua fue la preparación para lo que luego sucedió en el plano físico. Al contemplar la muerte de Cristo, aprendemos que la muerte fue vencida en el plano físico, y que la sangre egoísta fue vencida cuando de sus heridas fluyó sangre. También llegamos a percibir la gran perspectiva que nos aguarda al oír de nuevo las palabras procedentes de la cruz, conscientes de lo que nos depara el futuro: La tierra habrá alcanzado la meta de una gran fraternidad, de volverse espiritual, superando todo lo que pueda arrastrar al espíritu humano".

Los que hayan pasado por esto con el Cristo podrán reunirse a su alrededor una vez que dejen atrás la evolución terrestre y se eleven a una forma superior de evolución. Y percibiendo que el perfeccionamiento de la tierra se ha cumplido, Cristo Jesús podrá una vez más pronunciar las palabras que una vez pronunció en la cruz: Eli, Eli, lama sabachthani", es decir: "Señor mío, Señor mío, cómo has glorificado al yo en la humanidad, haciéndola espiritual". Este es el significado de estas palabras. Hay una traducción posterior que es errónea, pues retoma las líneas del salmo. Son las palabras que expresan el Misterio del Gólgota: 'Dios mío, Dios mío, cuánto me has glorificado, me has hecho espiritual'.

Estas palabras nos revelan cómo el espíritu se libera del cuerpo. El Misterio del Hijo nos revela cómo, en aquel tiempo, el ojo clarividente interior del redentor del mundo miró hacia el final del perfeccionamiento de la tierra y puso en palabras la gran meta de la humanidad, hablando de la superación de todas las diferencias y de la instauración del amor humano total. Esta meta sólo se alcanzará si los hombres aprenden a entrar cada vez más espiritualmente en el mundo del espíritu. Porque es en el espíritu donde la humanidad se une. Una vez los seres humanos fueron uno cuando salieron del espíritu, de esa unidad, del camino donde todo se funde en uno en lo divino. Se individualizaron al entrar en cuerpos humanos individuales, del mismo modo que el agua se individualiza cuando sus gotas son absorbidas por pequeñas esponjas. Y los seres humanos, ahora individualizados, volverán a ser uno cuando entren en el gran vínculo de la fraternidad, manteniendo aún su naturaleza individual. Se prepararán así para ser creadores divinizados, del mismo modo que fueron dioses, creadores, antes de venir a la tierra como seres humanos.

La evolución humana tuvo su origen en un espíritu divino y está volviendo a un espíritu divino. Los diferentes yoes serán individuales, pero al mismo tiempo serán una unidad, unidos por el vínculo de la fraternidad. Esta unidad dará nacimiento a una nueva estrella, la nueva estrella que en el Apocalipsis se llama "la nueva Jerusalén". Los yoes humanos nacerán en su naturaleza yoica, y entonces las armonías de las esferas crearán el eco de las palabras en las que se reunió el Misterio del Gólgota, las palabras: Dios mío, Dios mío, ¡cómo me has glorificado!

Tales palabras fueron pronunciadas entonces, en el pasado. Se repetirán cuando los seres humanos asciendan a los niveles más altos, a alturas cada vez mayores, cuando hayan pasado por el Hijo hasta el Padre. El Hijo guía a la humanidad hasta el final de la evolución terrestre; entonces los seres humanos serán llevados de nuevo al cosmos, conservando su naturaleza yoica. La tierra volverá al Padre. Nadie viene al Padre sino por mí ".

El ojo interior es capaz de ver un largo, largo camino si los seres humanos están preparados para buscar la comprensión del profundo misterio del Gólgota. Pero las festividades, como las grandes fiestas estacionales, existen como puntos importantes en los que las personas deben abandonar su rutina diaria, en los que deben dejar que su mirada interior se dirija a los grandes hitos de la evolución, en los que deben examinar no sólo siglos, sino milenios. Deberíamos considerar a la humanidad en una perspectiva que llegue a la mente consciente. Si dejamos que la meta lejana del futuro cobre vida en nuestros corazones, como nos han enseñado los grandes maestros de la raza humana, si dejamos que esta meta lejana cobre vida en nosotros, una meta que está tan lejos, pero que puede estar tan cerca si se convierte en una fuerza en nuestros corazones, sólo entonces la alcanzaremos.

Resolvámonos a no dejar pasar nunca esas fiestas sin inscribir en nuestras almas esas grandes perspectivas de futuro y metas para la humanidad. La gente tiene tiempo para las cosas cotidianas en su vida diaria, pero cuando suenan las campanas en los días santos, hacen bien en recordar que son hijos no sólo de su época, sino en su espíritu, también hijos de la eternidad.

Traducido por J.Luelmo jun,2024