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lunes, 19 de mayo de 2025

GA090a Berlín, 29 de abril de 1904 - El Génesis ( II )

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AUTO CONOCIMIENTO Y CONOCIMIENTO DE DIOS

RUDOLF STEINER

El Génesis II


Berlín, 29 de abril de 1904

Conferencia 22

Hoy me gustaría hablar del Génesis en un sentido diferente. Me gustaría darles algunos conceptos que les permitirán tomar gradualmente el Génesis al pie de la letra. Para poder hacerlo, primero me gustaría remitirles a un pasaje de la epístola de Juan. Encontrarán un pasaje muy interesante en el capítulo quinto de la primera epístola de Juan, versículos 7-8:

Tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre, y estos tres son uno. [1 Juan 5:7-8]

En estas palabras tienen ustedes una diferenciación de los tres principios superiores y los tres inferiores, tal como deben entenderse en el sentido del esoterismo cristiano, del gnosticismo. Estos son el Padre, Atma; el Verbo, Budhi, el Creador, el Espíritu que impregna todo el mundo; y en tercer lugar Manas o Mahat, el Espíritu Santo. Santo es el vocablo que significa: aún no sujeto a lo físico. En el cielo, estos tres engendradores son Atma, Budhi y Manas.

Además de estos tres, existen los tres elementos espirituales en el ser humano. Los elementos espirituales se encuentran en toda la Cábala judía desde los libros originales de Moisés y en el esoterismo cristiano: la sangre, el agua y el espíritu. Primero hay que comprender lo que el esoterismo judío entiende por «sangre». Es la parte más baja del alma, lo que en Teosofía llamamos el astral - no nuestra sangre física. El esoterismo judío cree que el movimiento de la sangre proviene del cuerpo astral, y eso es correcto. El esoterismo judío llama sangre a todas las influencias que no sólo pasan directamente a través del alma, sino que también tienen un efecto físico. Es la fuerza activa, la fuerza motriz. Nosotros sólo llamamos sangre al jugo rojo que fluye a través del cuerpo.

El segundo es «agua». En todo tipo de lenguaje oculto, «kama» es el agua en todas partes. Son los sentimientos, las pasiones, los deseos y demás. Y ahora les diré por qué se llama agua. Es necesario que se familiaricen con la idea de que la humanidad actual está acostumbrada a imaginar muchas cosas de un modo más materialista que en épocas anteriores. Si se imaginan a un antiguo cabalista, él veía en esta agua no sólo el elemento que fluye, sino una parábola. Y él llegaba a ella de la siguiente manera. Él se decía: «El agua es el hogar de los animales que debemos clasificar como primigenios. Originalmente, los animales surgieron del líquido elemento: animales marinos, medusas, anfibios. Éstos, a su vez, emergieron del agua a la tierra. En ningún otro lugar surgieron las pasiones y los sentimientos como en el agua. Sólo más tarde surgió la tierra, y ahí es donde surgió lo más organizado. El alma, el sentimiento de placer y displacer, surgió del agua. El agua era el elemento que creaba placer y displacer en el hombre. Por eso llamaba al agua la fuente de lo que es placer y displacer.

Distinguimos el alma inferior que hace fluir la sangre. La sangre es la auténtica y más profunda alma. Donde sentimos placer y displacer, el dolor interior real, eso es lo que él llama el agua, porque deriva este elemento del alma del agua.

Después viene el alma pensante, el espíritu. Por lo tanto, tenemos el alma del sentimiento, (sensible), el alma interior, luego el alma del entendimiento, el alma de la mente (racional), y en tercer lugar el alma de la conciencia (consciente), el alma superior, la parte del alma en la que el espíritu brilla en el alma.

Ahora bien, el judío se decía a sí mismo: Donde brota el alma, allí está el alma. Por lo tanto, el judío veía en el mar y dondequiera que estuviera el elemento líquido, una parábola para el alma. Sólo porque la gente se ha acostumbrado a ver el alma, ve el agua física exterior.

Había un hombre entre los fariseos llamado Nicodemo, un dirigente entre los judíos. Se acercó a Jesús de noche y le dijo: Maestro, sabemos que eres un maestro venido de Dios, porque nadie puede hacer las señales que tú haces si Dios no está con él. Jesús respondió y le dijo: En verdad, en verdad te digo que el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: «¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede también entrar de nuevo en el seno de su madre y nacer?  Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo que el que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne, carne es; y lo que nace del Espíritu, espíritu es. No os extrañéis de que os diga que es necesario que nazcáis de nuevo. El viento sopla donde quiere, y se oye su sonido, pero no se sabe de dónde viene ni adónde va. Así es todo lo que nace a partir del Espíritu. [Juan 3:1-8]

Así es como Jesús quiere hacérselo entender. Puesto que Nicodemo era un pequeño mahatma, un maestro en aquellos días, le dijo: «Si uno no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. El hombre nace de la sangre de su madre; debe nacer de nuevo del agua y del espíritu. Lo que nace de la sangre es sangre, lo que nace del espíritu es espíritu.

Nicodemo le dijo: ¿Cómo pueden ser estas cosas? Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro en Isracl y no sabes estas cosas? [Juan 3:9-10]

Ahora también podemos tomar las primeras palabras del Génesis en el sentido correcto. El primer versículo puede traducirse de la siguiente manera:

En su Principio Originario Dios engendró su karma como el cielo y la tierra.

El concepto de creación, tal como lo tenemos ahora, no existía en las lenguas antiguas. «Creare> es latín y significa “crear”, pero procede de la palabra sánscrita “Kr”, y ésta a su vez de karma; significa por tanto “crear”, y el sentido de la frase es:

El karma Divino comienza a fluir.

Nuestra evolución en la Tierra fue precedida por una evolución en la que el mundo de Kama, el mundo de los instintos, los deseos y las pasiones, que constituía el contenido real de las entidades en la época lunar, pudo desarrollarse hasta el nivel más alto que podía alcanzar. Se había desarrollado hasta el grado más alto. Las personas que ahora viven en la evolución del mundo terrenal tienen el entendimiento. Nuestros antepasados no pensaban, sólo sentían lo que tenían que cumplir. Lo que la tierra tiene que desarrollar es el pensar. Tenemos un sentir que está por debajo del pensar. No nos guiamos directamente por el sentir, sino que dejamos que el pensar lo regule. El sentir es llevado a los canales correctos a través del pensar. Los habitantes de la Luna podían dejarse llevar por sus sentimientos. No necesitaban pensar en los asuntos de su vida. Sentían directamente lo que tenían que hacer. Esta vida del sentir, que vivía en todos los seres, allí se desarrollaba hasta alcanzar una altura infinita. Hoy en día, cuando lo que importa es la vida intelectual, ya no tenemos ni idea de la infinita dulzura y bondad y de la grandeza de esta vida del sentir. Los seres que se desarrollaron en la luna fueron llevados a la divinidad. Los maestros que evolucionaron en la luna eran la sabiduría pura que fluía del sentir. En aquella época estos maestros se unieron para formar grandes hermandades, y formaron una gran unidad cuando la luna se extinguió. Todo se había fundido en una gran unidad. A esta entidad divina, que era, por así decirlo, la cúspide de la época lunar, se le llama en el Génesis Dios, Yahvé o Jehová. El Dios no es otra cosa que la cúspide del desarrollo de los seres de la Luna. Yahvé es una deidad lunar y Helena Petrovna Blavatsky también la denomina así. Puede que ella lo haya enfatizado demasiado, pero es así. El gran ser que había desarrollado la vida del sentir hasta el nivel más elevado era Jehová o Yahvé. <Lo que vino de la luna, -el Kama en su más alta perfección, el agua en su más alta perfección, el diluvio-, se desarrolló en dos direcciones. Por un lado se condensaba y adoptaba lo material, la sangre; por el otro se diluía y adoptaba lo espiritual. Arriba se iluminaba en lo espiritual, abajo se oscurecía en lo sanguíneo. Así se diferenciaba Yahvé. El agua primordial engendra, por un lado, el cielo, su polo espiritual y la tierra por el otro, su polo físico, material.

Entonces, ¿Cuál era la situación? Piénsenlo, el agua kama llega, el espíritu está por encima, lo físico, la sangre, está por debajo. La tierra era un caos, la sangre estaba desorganizada. Nada más que lo físico-material inundando en confusión y caos. Eso era un polo.

La tierra estaba desolada y caótica y la oscuridad estaba por encima del agua. Bajo el agua estaba la oscuridad, la oscuridad estaba en las profundidades. Y por encima del agua estaba el espíritu. El agua era el centro. El espíritu flotaba sobre el agua Kama como un aura.

Vean muy claramente lo que es esta aura. Ya hemos hablado de ella. El cuerpo físico no es un aura, y lo que vive en el cuerpo físico tampoco es un aura, porque se puede ver con los ojos físicos. El espíritu tampoco es un aura. Sólo el alma proporciona aura; todo lo que es espiritual proporciona aura. Esta aura está influenciada por el cuerpo desde dentro o por el espíritu desde fuera. Por eso hay tres auras: la nublada por el cuerpo, la iluminada por el espíritu y la luz resplandeciente real del alma. Una es la zona a través de la cual el cuerpo se refleja en el alma, la otra es la zona a través de la cual el espíritu se refleja en el alma. Ahora se comprende cómo el espíritu de Dios se cierne sobre las aguas o sobre el alma, y que el kama está así iluminado por el espíritu. El espíritu no necesita ser luz. Sino que cuando el espíritu entra en el aura, intensifica la luz.

Y dijo Dios: ¡Hágase la luz! [Génesis 1:3]

Lo que significa: Que surja en las aguas el reflejo de lo Espiritual.

Me gustaría que las tres primeras frases del Génesis se entendieran literalmente. No se trata de dar sentido a estas frases, sino de pensar en lo que hay que decir. En el agua: Kama, en el Dios: lo más desarrollado que llegó a Kama desde la época lunar. "Esta es mi sangre": es la misma que fluye en la tierra.

El Génesis surgió de los escritos de los misterios del templo egipcio. Estos tenían dos grandes libros [morales]. Uno era el libro del microcosmos, el otro era el libro del macrocosmos. Este último describía cómo el gran cosmos emerge del agua por medio de la palabra. El primero, el libro del microcosmos, era el libro del ser humano perfecto. Ambas eran descripciones completamente paralelas. Hay que dar a entender que el hombre es un microcosmos. Esto sólo podía comprenderlo un iniciado.

Aquel a quien ama el maestro es a quien él inicia. El milagro de Lázaro es una iniciación. Por eso a Lázaro se le llama también aquel a quien Jesús amaba.

El Evangelio de Juan comienza con las mismas palabras: «En el principio era el Verbo».

Sólo se pueden entender los grandes libros del mundo si se tiene la confianza de que cada palabra sólo se entenderá cuando se profundice realmente en las cosas y sólo se tenga algo en contra de ellas lo más tarde posible. Esa es la confianza que necesitamos, porque debemos tener confianza en los grandes libros del mundo. Eso es lo que debemos aprender gradualmente de nuevo a través del movimiento teosófico, tomar realmente estos libros al pie de la letra.

«Montaña» es la palabra clave para las verdades superiores, para las iniciaciones. Jesús subió a la montaña con sus discípulos cuando vio a la gente. Aprendemos a reconocer en las Sagradas Escrituras la autoridad con la que están escritas. Las reconocemos como obras maestras cuando vemos cómo todo encaja maravillosamente y cómo lo que hemos adquirido a través de nuestros maestros desde el último tercio del siglo XIX forma de nuevo la clave para comprender estos grandes libros.

Traducido por J.Luelmo may,2025

miércoles, 15 de mayo de 2024

GA096 Berlín, 22 de octubre de 1906 - Impulsos originales de la Ciencia Espiritual - La técnica del Karma

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IMPULSOS ORIGINALES DE LA CIENCIA ESPIRITUAL

RUDOLF STEINER

EL ESOTERISMO CRISTIANO A LA LUZ DE LOS  NUEVOS CONOCIMIENTOS ESPIRITUALES

La técnica del Karma

Berlín, 22 de octubre de 1906

Los caminos del karma se comprenden mejor cuando se considera el destino del alma humana entre la muerte y un nuevo nacimiento. Así pues, hoy examinaremos diversos aspectos del camino que el alma emprende entre la muerte y el nuevo nacimiento. Se desarrollará una imagen del destino que le espera al alma después de la muerte. Y puesto que el pensamiento sólo se familiariza y acostumbra gradualmente a estos ámbitos, sólo puede ser útil si se permite que tales pensamientos pasen por el alma más a menudo.

Para examinar el destino del alma después de la muerte, debemos sobre todo darnos cuenta de que entre el hombre interior y los mundos circundantes surge entonces una relación completamente nueva. Siempre es bueno establecer un paralelismo entre la muerte y el dormir. Tal como el hombre se presenta ante nosotros, está compuesto de diferentes partes. Primero tenemos ante nosotros el cuerpo físico. El cual está basado en el cuerpo etérico como un arquetipo. En cierto sentido, este cuerpo etérico es el creador del cuerpo físico. Está relativamente justificado decir que el cuerpo etérico se parece al cuerpo físico. Especialmente en su parte de la cabeza, la parte superior, el cuerpo etérico es una especie de doble imagen del cuerpo físico. El cuerpo etérico es el portador del temperamento, pero también el portador de las representaciones que se fijan en el alma. 

Cuando una idea se convierte en propiedad permanente de una persona, de modo que siempre pueda disponer de ella, significa que se ha grabado en el cuerpo etérico. El cuerpo etérico es el portador de la memoria, y la parte más densa del cuerpo etérico es la portadora de la conciencia. El tercer miembro del ser humano es el cuerpo astral, portador de los deseos y las pasiones, los deseos que surgen en el hombre a través de sus necesidades. No existe una frontera fija entre los cuerpos etérico y astral. El cuarto miembro del ser humano es el yo. En él se encuentra la disposición para el hombre inmortal, el hombre espiritual o Atma, el espíritu vital o Buddhi y el yo espiritual o Manas.

Cuando una persona yace dormida en la cama, el cuerpo etérico y el cuerpo físico permanecen conectados. El cuerpo astral se eleva hacia fuera. El dolor y el placer se hunden en la noche, al igual que todas las demás sensaciones, porque el cuerpo astral está separado del cuerpo físico y, por lo tanto, no puede haber percepción de ello. Es diferente cuando el hombre atraviesa la puerta de la muerte. En este caso se trata del cuerpo físico que acaba de ser abandonado por el cuerpo etérico. Mientras que cuando se duerme el cuerpo etérico no abandona el cuerpo físico, lo hace en la muerte.

Tras la muerte, el cuerpo físico se disuelve por descomposición o combustión, y sus partes vuelven al mundo físico. En ese momento el cuerpo astral y el cuerpo etérico permanecen conectados durante un tiempo. Este es un momento importante en la vida después de la muerte: En el momento en que el cuerpo etérico se desprende del cuerpo físico, pero sigue conectado con el cuerpo astral, toda la vida se presenta ante el alma del hombre como un retablo de recuerdos. Este se debe a que el cuerpo etérico es el portador de la memoria. Mientras el cuerpo etérico permanece conectado con el cuerpo físico, la memoria está ligada a las fuerzas del cuerpo físico. Cuando el cuerpo etérico se desprende del cuerpo físico después de la muerte, entonces todo esto ocurre simultáneamente como un retablo de recuerdos en el alma.

Al principio es difícil imaginar en la conciencia ordinaria, cómo un período tan largo de tiempo puede ser examinado por el alma en un solo momento. Pero hay otro momento esencial. En el mundo físico, cada experiencia está ligada al dolor y a la alegría, al placer y al disgusto. Y cuando una persona recuerda lo que ha experimentado en la vida física ordinaria, el placer y el displacer reaparecen en su memoria. Después de la muerte, sin embargo, el dolor y el sufrimiento se borran. Son imágenes objetivas que no nos hacen daño, imágenes que no evocan en nosotros ningún sentimiento personal. Un retablo de recuerdos de este tipo también puede ocurrir en la vida de forma excepcional, por ejemplo con personas que están a punto de ahogarse o se encuentran en cualquier otro peligro mortal. Los mejores testigos de tales cosas son los que no quieren saber nada de la investigación espiritual real, por ejemplo el testimonio del antropólogo criminal vienés Benedikt. Cuenta en sus memorias que una vez estuvo cerca de la muerte durante una expedición a la montaña y que en ese momento toda su vida pasó por su alma. Este fenómeno proviene del hecho de que algo específico le ocurre al cuerpo etérico cuando una persona recibe una tremenda conmoción vital.

Conocemos la sensación de una mano que se ha dormido. Esto se debe a que el cuerpo etérico se ha aflojado. El clarividente puede ver entonces cómo, los dedos dormidos cuelgan de la mano como si se tratara de un guante. Lo mismo ocurre cuando una persona está hipnotizada. El clarividente ve cómo la cabeza etérica cuelga de la cabeza física hacia la derecha y hacia la izquierda. Si una persona sufre un shock vital tan violento como cuando se ahoga, entonces todo su cuerpo etérico se levanta del cuerpo físico. Esto hace que aparezca un retablo de recuerdos de este tipo.

Cuando el alma ha vivido en este retablo de recuerdos durante un tiempo después de la muerte, se produce una segunda muerte. El cuerpo astral con el ego se desprenden del cuerpo etérico. Así como el cuerpo físico pasa a los elementos del mundo físico, el cuerpo etérico pasa al éter mundial o al mundo de la vida mundial general. Cuando el cuerpo etérico emerge, durante un tiempo todavía mantiene la forma del cuerpo físico. Se puede ver el cuerpo etérico como una especie de fantasma que permanece cerca de la tumba o en otro lugar donde haya estado la persona en cuestión. Tiene tendencia a permanecer cerca del cuerpo físico.

Ahora debemos seguir el destino del cuerpo astral, sirviéndonos  de la autoconciencia del hombre. Poco después de que el cuerpo etérico se haya separado del cuerpo astral aparece un cierto tipo de conciencia. Esta conciencia es mucho más fuerte que un sueño vívido. Experimenta la realidad del mundo astral. Este estado se denomina Kamaloka, que significa literalmente: lugar de los deseos. Sin embargo, con este término no se hace referencia a un lugar que esté más allá del mundo físico. El mundo astral está dentro de nuestro mundo físico. Los mundos sólo se diferencian en que uno es reconocible a través de un tipo de órgano distinto del otro. El hombre vive ahora en el mundo astral, rodeado de su cuerpo astral. Es una vida peculiar la que ahora experimenta. La mejor manera de comprender esto es visualizar cómo ha vivido el ser humano hasta entonces.

Supongamos que una persona normal hoy en día tiene una comida favorita, que disfruta de esta comida. Este deseo por la comida no reside en su cuerpo físico. El cuerpo solo absorbe la comida, estos son procesos físicos. Estos procesos físicos pueden tener lugar de la misma manera que un proceso químico. Pero el disfrute de la comida no consiste en eso. Es en el alma del gourmet donde se encuentra el placer. Lo mismo ocurre con todos los placeres y dolores que experimenta el alma. Para disfrutar de la comida, la persona necesita obviamente un instrumento físico que la absorba. Cuando el alma se deleita con bellos colores u otras cosas, es necesario que el ojo físico esté presente para que el placer del color pueda entrar en el alma. Aquello que exige en el alma ser satisfecho a través de los sentidos es Kama. En Kamaloka el alma sigue anhelando el placer, pero después de la muerte carece de órganos para satisfacer sus deseos. Se produce un tipo especial de sensación en el alma. Una sensación comparable a la que se produce en el alma cuando se camina por un desierto en el que no hay manantiales donde calmar su sed ardiente. Por lo tanto, el estado después de la muerte es causado por el hecho de que se carece de los órganos para satisfacer los deseos. Una persona experimenta una sed ardiente hasta que todo deseo ha desaparecido. Cuanto más se ha liberado en esta vida de depender de la satisfacción de los sentidos, cuanto más se ha apropiado de lo bello, de lo bueno del mundo, de lo puro, de las ideas sin cuerpo, más rápidamente transcurre el período Kamaloka. Cuando incluso se ha asentado en el mundo espiritual, cuando ha impregnado su alma de las ideas y pensamientos que yacen tras el mundo de los sentidos, entonces su tiempo de kamaloka es corto.

En el plano astral, todo transcurre hacia atrás y las cosas aparecen al revés, es decir, como una imagen especular, por ejemplo, el número 641 debe leerse como 146. La pasión que se genera llega a la persona en forma de imagen, por ejemplo parecido un animal salvaje. Sin embargo, dicha imagen emana en realidad de la propia persona.

De este modo, las personas reviven la vida física que dejaron atrás, en sentido inverso. Reviven las cosas que ocurrieron antes de la muerte. Esta experiencia hacia atrás le devuelve a la infancia. Con ello se libera finalmente de todo lo que le ataba a la existencia física. Se cumple el dicho: "Si no os hacéis como niños, no podréis entrar en el reino de los cielos". Ha alcanzado el punto en el que estaba antes de encarnarse. Vuelve a ser como era de niño. De este modo, está preparado para regresar al devachán.

Hay que apropiarse de dos conceptos. Tenemos que considerar una sensación que se produce con gran intensidad en el momento de la muerte. Al mismo tiempo que el retablo de recuerdos, el hombre siente que se agranda cada vez más. Las imágenes que le rodean, que son las imágenes de la vida pasada, también aumentan de tamaño. Mientras el ser humano está todavía en el cuerpo etérico, crece, por así decirlo, en su entorno. Cuando una persona en cuerpo etérico ha experimentado un suceso que tuvo lugar a cincuenta millas de distancia, es como si se hubiera expandido hasta el lugar del suceso. Una vez que estuvo en América, se siente crecer hacia América. En el cuerpo etérico el hombre se siente crecer cada vez más. En el cuerpo astral, en cambio, se siente dividido en varias partes individuales. No percibe el cuerpo astral como una unidad espacial. Por ejemplo, hay avispas cuyo abdomen y vientre sólo están unidos por un pedúnculo muy delgado. Este es un ejemplo de cómo, incluso en el mundo físico, dos partes relacionadas sólo se mantienen unidas por una conexión de dimensiones muy pequeñas. En el mundo astral puede suceder que no haya conexión alguna entre dos partes y, sin embargo, una parte pertenezca a la otra y esta pertenencia se sienta definitivamente. En el cuerpo astral, una persona puede estar en muchos lugares diferentes al mismo tiempo. Si una persona que atraviesa el Kamaloka ha infligido alguna vez dolor físico o espiritual a otra persona en su vida terrenal y llega a este punto en la experiencia retrospectiva, entonces se siente a sí misma en la otra persona y experimenta su dolor en su propio cuerpo astral. Todas las experiencias y hechos de la vida terrenal anterior se encuentran en este espejo de percepción por segunda vez. Esto también forma parte de la vida del Kamaloca.

Resumamos una vez más lo que se ha dicho sobre las experiencias post mortem. La primera es que todo lo experimentado en la existencia terrena pasa sin que el hombre sienta placer ni sufrimiento. La segunda es que en un curso regresivo de la vida el hombre experimenta el sufrimiento que él mismo ha causado. Hay dos cosas que permanecen con el hombre. La sustancia del cuerpo etérico sale de él, pero las fuerzas del cuerpo etérico permanecen; como un residuo, por así decirlo, el extracto de todas las experiencias permanece. Este extracto está saturado de los actos que ha cometido. Se lleva consigo las experiencias de Kamaloka y las transporta al Devachán. El material del que el hombre debe deshacerse antes de entrar en la vida superior se libera ahora. El plano astral que le rodea está salpicado de cadáveres astrales. Esto es lo que el hombre no puede llevarse consigo al Devachán. El cadáver astral se disuelve en el mundo astral.

Si se quiere comprender lo que hace una persona en devachan, primero hay que tomar conciencia de cómo se desarrolla la vida aquí en la tierra. La forma en que se procesan las experiencias aquí en la tierra es tal que sólo se extrae la mínima parte de estas experiencias; se podría extraer mucho más de cada acontecimiento. Esto queda más claro cuando lo miramos al revés. Recordemos, por ejemplo, cómo aprendimos a escribir. Eso estuvo relacionado con una gran variedad de experiencias. Todas estas experiencias se funden en una, la capacidad de escribir. Lo que primero tuvo lugar externamente en el mundo se transforma en una capacidad. En todas las experiencias se determina tal posibilidad, tal oportunidad: más tarde pueden transformarse en habilidades. Tal transformación tiene lugar después de la muerte. Cuando una persona nace de nuevo, muchas cosas aparecen como capacidades, como disposiciones. Vuelve con facultades cada vez más ricas. Esta es la sensación básica en el devachan: que todas las experiencias se transforman en habilidades. Esto da la sensación de dicha. Una corriente de dicha fluye a través del ser humano. Este sentimiento puede compararse con el que fluye por el alma de una gallina cuando empolla un huevo. Cada eclosión es experimentada por el ser como dicha. Cuanto mayor es la producción, mayor es la dicha que se siente. Esta sensación de devachan no es una ilusión. En devachán, las relaciones que se han desarrollado en este mundo son mucho más intensas que aquí. Las barreras del espacio y del tiempo desaparecen. En este mundo puedes fundirte realmente con la otra persona. La relación entre madre e hijo pasa de ser un sentimiento animal a una relación moral. Todo lo que es animal cae como escamas en el tiempo de Kamaloka, y todo lo espiritual impregna a los dos seres en Devachan. Todas las relaciones que se tejen aquí se transforman con mayor intensidad en devachan. Cuando una persona ha desarrollado todo lo necesario en devachan, está preparada para un nuevo nacimiento.

En el mundo astral existen las entidades más diversas. Se llega a conocer a los más diversos habitantes del plano astral. Existen entidades que se precipitan por el espacio astral con enorme velocidad; zumban por el mundo astral como campanas. Tales seres son los seres humanos que vuelven a nacer. Cuando el hombre ha transformado todas las experiencias en habilidades durante su estancia en el devachan, desciende de nuevo al mundo astral. Así como el imán atrae las astillas de hierro, así el ser humano, a su regreso al espacio astral, asimila el cuerpo etérico para su nueva vida en la tierra. Esto sucede con la ayuda de otros seres espirituales. Después, el ser humano es guiado simultáneamente hacia la pareja de padres aproximadamente adecuada para su nueva encarnación. Sólo el mejor cuerpo posible puede ser unido a él. Ahora la incorporación al cuerpo físico no sólo se realiza según este único punto de vista, sino que también se determina el lugar y el entorno a partir de los cuales se desarrolla el ser humano. Todo ello está determinado por las acciones que las personas han realizado en la vida anterior. Lo que se desarrolla de la sustancia astral son las habilidades que él ha adquirido. Las ideas que se han convertido en parte integrante de su alma repercuten en el moldeado del cuerpo etérico. El cuerpo etérico a su vez determina la constitución del cuerpo físico. ¿Cómo es que ahora el hombre se encuentra con la adecuada situación a la que es conducido en su nueva encarnación? Aquí todavía debemos hablar de efectos misteriosos que tienen lugar alrededor del ser humano. Cuando una persona alberga un pensamiento, un deseo o una sensación, éstos se experimentan inicialmente en el cuerpo astral. Sus sensaciones, sus pensamientos, que se expresan en el aura, también representan formas en el plano astral. Lo que una persona experimenta en el alma en la vida física tiene una forma correspondiente en el espacio astral. Las experiencias físicas no sólo están presentes en el plano físico, sino que continúan en el plano astral. Todo lo que una persona experimenta en lo más profundo de su alma tiene una imagen especular en el plano astral. Pero lo que es una propiedad del cuerpo etérico continúa en el plano devachánico. Así como cada pensamiento produce una forma en el plano astral, cada cualidad del cuerpo etérico produce su contraimagen en el plano devachánico. Las acciones también tienen su contraimagen en los mundos superiores, es decir, en el plano de Budhi. Así pues, los pensamientos tienen una contraimagen en el plano astral, los hábitos en el plano devachánico, las acciones en el plano budhi.

El hombre puebla continuamente el plano astral con formas de pensamiento, el plano devachánico con formas de sus inclinaciones, el plano budhi con huellas de sus acciones. Todo esto nos rodea constantemente en los planos superiores. Ese es un lado. Ahora hay otro lado. Imagínense que han hecho algo a alguien, una acción que le ha perjudicado. Durante el periodo de kamaloka, experimentan esto en ustedes mismos. Lo que entonces se llevan consigo como el dolor que han experimentado en la otra persona se convierte en una fuerza que se inscribe en el plan budhi. El despliegue de esta fuerza está preparado por el hecho de que está inscrita en el plano budhi. Una persona es guiada hacia todo lo que está inscrito en el plano Budhi. A través de las experiencias que ha tenido en Kamaloka, se reconecta con las consecuencias de sus acciones en el Plano Budhi. Debido a que el hombre aún no puede vivir en el plano Budhi, no puede hacerlo por sí mismo. Debe tener guías. Estos son los Lipikas, los dioses del destino. Ellos guían al hombre hacia su destino porque todavía no es capaz de comprenderlo por sí mismo.

Traducido por J.Luelmo may,2024