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jueves, 8 de enero de 2026

GA090b Lugano, 10 de enero de 1906 -. Lo efímero y lo eterno.

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AUTO CONOCIMIENTO Y CONOCIMIENTO DE DIOS

RUDOLF STEINER

Lo efímero y lo eterno.

Lugano, 10 de enero de 1906

Conferencia 38

Nuestros pensamientos, sentimientos y anhelos se mueven en dos direcciones y nos llevan a dos concepciones de lo que nos rodea constantemente: lo efímero y aquello que el ser humano anhela, lo eterno, acerca de lo cual espera obtener una explicación, que intenta descifrar porque le parece un enigma de la vida.

La verdad que busca el ser humano ha sido siempre la misma, pero los seres humanos no son siempre los mismos; por eso, a lo largo de los tiempos, dependiendo del desarrollo de la humanidad, las respuestas a las preguntas sobre la verdad han sido diferentes. La corriente de pensamiento que hoy en día quiere darnos la respuesta a la cuestión de lo eterno de una manera adecuada se denomina teosófica. Ha alcanzado su pleno desarrollo en las últimas cuatro décadas. «Teosofía significa literalmente: sabiduría de Dios. Sin embargo, el movimiento actual no significa que queramos recibir sabiduría de Dios; para el teósofo la deidad que buscamos es también aquello a lo que quiere acercarse continuamente, pero que no puede comprender con conceptos; porque vendrán tiempos en los que tendremos conocimientos muy diferentes y mucho más elevados del concepto de Dios, de aquello a lo que miramos con admiración. Por lo tanto, sería presuntuoso querer comprender a la divinidad con las capacidades actuales. Tampoco podemos decir que el futuro lo hará. La teosofía quiere difundir la sabiduría de Dios; quiere introducir otro tipo de conocimiento. El ser humano llama conocimiento a lo que puede percibir con los sentidos y combinar con la mente. Pero consideremos ahora cuánto queda aún en el alma cuando dejamos de lado todo lo que vivimos un día en un lugar determinado, —Lugano—, y en un momento determinado, —hoy—. Nos sentiríamos muy diferentes si, en lugar de en Lugano, viviéramos en Moscú, por ejemplo, y en lugar de hoy, viviéramos hace cien años. Dejemos atrás lo que está ligado al lugar y al tiempo y busquemos cuánto queda entonces en el alma. 

Lo que el ser humano entiende habitualmente por conocimiento está relacionado con el lugar y el tiempo; y quien lo acepta es el ser humano efímero. Sin embargo, la esencia más profunda del ser humano no adquiere el conocimiento sirviémdose de los sentidos. Él conoce aquello que es válido en todas partes y en todo momento. Las religiones quieren dar a conocer al ser humano aquello que no está ligado ni al lugar ni al tiempo. Y el sentido de la religiosidad es la conexión entre lo humano y lo eterno. La teosofía es el conocimiento de este ser humano interior, de su esencia. La teosofía no es el conocimiento de algo diferente a lo que nos rodea, sino solo de otra parte de lo mismo. Supongamos que un ciego de nacimiento hubiera sido operado con éxito en esta sala. Los mismos objetos siguen ahí, como antes, pero ahora con revelaciones completamente diferentes para él.  De manera similar, gracias a la teosofía, el ser humano aprende sobre las mismas cosas que antes, —personas, plantas, animales y minerales—, pero descubre otras propiedades de ellas. Así como la cirugía sirve para que el ciego pueda ver el mismo objeto con los ojos, la teosofía sirve para señalar otra apariencia de las cosas, lo que para él son nuevas cualidades espirituales y anímicas de las cosas. De este modo, le parecen estar en relaciones más estrechas con los seres humanos y con todo el resto del mundo. De esta manera, el ser humano se eleva y las cosas adquieren un nuevo significado para él. La teosofía es el conocimiento de la parte imperecedera del ser humano. Podemos medir lo que es la esencia imperecedera del ser humano, lo que es la esencia del hombre divino, con las palabras de Goethe:

Si la esencialidad del ojo no fuera solar,
¿cómo podría ver el sol?
Si no residiera en nosotros el poder de Dios,
¿cómo podría deleitarnos lo divino?

El ojo debe encontrarse con el rayo del sol; lo mismo ocurre con la fuerza interior del alma y la fuerza fluida de la divinidad. Los místicos lo han expresado a su manera; por ejemplo, Angelus Silesius, con las siguientes palabras:

Aunque Cristo nazca mil veces en Belén y no en ti, seguirás perdido eternamente.

Debido a la mediación del núcleo eterno del ser, el conocimiento es un tipo de conocimiento diferente al que obtenemos a través de nuestros sentidos y nuestra mente. Por lo tanto, distinguimos diferentes tipos de naturaleza humana, en la medida en que el ser humano es eterno o efímero. Por lo general, se concibe al ser humano de forma muy uniforme. Se puede ver al ser humano con los ojos, es perceptible para los sentidos como un mineral. Pero, aunque el anatomista diseccione el cadáver, solo experimenta lo que puede ver con los ojos y tocar con las manos. El ser humano que él observa es igual que la naturaleza inerte que se encuentra en el exterior. En su cuerpo tienen lugar los mismos procesos físicos y químicos. Este ser humano es lo mismo que los minerales; algo más complejo, sí, pero igual que el resto del mundo físico en sí mismo.

Pero eso no es la totalidad del ser humano, sino solo la primera parte del ser humano. Por lo tanto, existe una diferencia entre los demás cuerpos físicos y el cuerpo humano. Si reproducimos a un ser humano y le cortamos la mano a este ser humano reproducido, sigue siendo una mano; si se la cortamos al ser humano real, se marchita; mi mano solo puede existir conmigo. Fuera de mí, deja de ser una mano. Un médico dirá: «Es muy natural, porque ya no circula sangre por ella». Pero la pregunta es: ¿por qué mi mano necesita sangre y la otra no?

Y así llegamos al segundo eslabón del ser humano: todo el cuerpo es un ser vivo, a diferencia del cristal. A aquellos seres de los que, si se les quita una parte, ya no siguen siendo los mismos, se les denomina «seres vivos». Los seres humanos tenemos, pues, este cuerpo vital que mantiene unidas las distintas partes, y a este cuerpo vital lo llamamos cuerpo etérico. Para el teósofo, es tan real como el cuerpo físico. Y al igual que compartimos el cuerpo físico con todos los minerales, compartimos el cuerpo etérico con todas las plantas. El ser humano es una planta; crece y se reproduce, porque estas propiedades dependen del cuerpo etérico.

Aún más substancial que este es el tercer eslabón. En el mismo espacio que el cuerpo físico y el cuerpo etérico se encuentra una suma de placer y dolor, una suma de instintos y pulsiones, pensamientos e ideas, que pueden ser atravesados con una espada al igual que el cuerpo físico y el cuerpo etérico. Durante siglos se le ha dado a este tercero el nombre de cuerpo astral. Este cuerpo lo compartimos con todos los animales. El ser humano es, por tanto, un ser que reúne en sí mismo los tres reinos de la naturaleza: mineral, vegetal y animal. Goethe lo reconoció y Schiller lo documentó con las palabras más bellas en su primera carta a Goethe:

Desde hace mucho tiempo, aunque desde bastante distancia, he observado el curso de su mente y he seguido con admiración renovada el camino que usted se ha trazado. Usted busca lo esencial de la naturaleza, pero lo busca por el camino más difícil, del que cualquier fuerza más débil se mantendrá alejada. Usted toma la naturaleza en su conjunto para obtener luz sobre lo particular; en la totalidad de sus manifestaciones busca la razón que explica lo individual. [Carta del 23 de agosto de 1794]

Un naturalista de principios del siglo XIX, Lorenz Oken, describe al ser humano como un extracto armonizado de todas las características del reino animal. Paracelso, el gran médico de la Edad Media, dice: «Lo que se extiende en letras individuales, se une en el ser humano; hay que deletrear toda la naturaleza para poder recomponer al ser humano».

Así, tenemos al ser humano en su triple naturaleza: mineral, vegetal y animal, en el cuerpo físico, el cuerpo etérico y el cuerpo astral.

Las naturalezas sutiles reconocen aún una cuarta parte; así Jean Paul, que cuenta de sí mismo: «De niño, una vez me encontraba delante de un granero. De repente, se me ocurrió una idea completamente nueva: tú eres un yo, y ahora me parecía haber mirado dentro del pasado de mi ser».

Cuando nombramos las cosas, descubrimos que cada una tiene su nombre específico, como mesa, silla, banco, un nombre con el que cualquiera puede designar el objeto en cuestión. Solo el ser humano tiene un nombre que solo él puede pronunciar, que solo él puede atribuirse a sí mismo. Los espíritus profundos de las religiones siempre desarrollan este sentimiento. Por eso los judíos han llamado al nombre inefable de Dios, Yahvé, el Yo. No puedo comprender mi yo desde fuera, solo desde lo más profundo de mi interior. En mi interior, Dios se anuncia en mi alma. Este yo mantiene unido todo lo demás, y el trabajo del yo en los otros tres cuerpos es el desarrollo del mundo. El yo domina toda la animalidad en sí mismo y la ennoblece.

Cuando Darwin llegó una vez a una zona donde vivían caníbales, les dijo que no estaba bien comer personas. Él recibió como respuesta que cómo podía saberlo. Como nunca había probado carne humana, no podía juzgar si era buena o mala. Por «bueno» y «malo», el salvaje solo entendía lo agradable y lo desagradable. El conocimiento de que comer personas es algo indecoroso se ha desarrollado gracias al trabajo del yo en el cuerpo astral. Al principio, los deseos son crudos, pero el yo los refina, trabaja el cuerpo astral, —el cuerpo de los deseos—, de tal manera que se convierte en una criatura del propio yo. Entonces ya no sigo mis instintos, sino lo que mi yo, —mis deberes—, me dicta. A un cuerpo astral así, completamente transformado, lo llamamos quinto miembro, Manas. El ser humano actual ha alcanzado parcialmente este estadio. Cuando haya trabajado todo el cuerpo astral, estará maduro para trabajar también su cuerpo etérico. Si lo consigue, habrá alcanzado en sexto lugar el budhi y, desde el plano del budhi, podrá finalmente trabajar también el cuerpo físico. Cuando domine el cuerpo físico, se despertará en él, en séptimo lugar, todo su ser, el átma.

Así tenemos al ser humano en sus siete miembros: cuatro miembros inferiores y, por último, tres superiores, que el ser humano desarrolla por sí mismo. También el cuerpo astral es, en parte, resultado del trabajo del yo.

¿Qué ocurre cuando el ser humano muere? Entonces tenemos ante nosotros el cuerpo físico. Se ha comparado la muerte con el dormir; pero el dormir es algo diferente, un estado en el que el ser humano deja de ser temporalmente lo que realmente es. ¿Qué tiene el ser humano dormido de lo habitual? Los procesos físicos y químicos, la digestión y los demás procesos vitales, se desarrollan igual que cuando está despierto; el placer y el dolor se olvidan. Si pinchamos al durmiente, no lo nota hasta que se despierta. En el ser humano dormido, el cuerpo físico y el cuerpo etérico, o cuerpo vital, están ante ustedes. El cuerpo astral, el cuerpo de deseos, no está presente, de lo contrario, la persona dormida también sentiría placer y dolor. El yo con el cuerpo astral se ha ido. Por lo tanto, el dormir es una separación del cuerpo astral, el cuerpo de deseos. El dormir se ve interrumpido inicialmente por los sueños. Pero los sueños no son como las experiencias despiertas. Distinguimos tres tipos de sueños:

Primero: recuerdos de la vida cotidiana, reminiscencias. Segundo: percepciones del entorno, pero de una manera especial. Quizás veamos la lámpara, pero no cómo está colocada. El tictac de un reloj junto a nuestra cama puede sonar en el sueño como el trote de un caballo, expresado de manera simbólica. Por lo tanto, en segundo lugar, el sueño es un creador de símbolos. Por ejemplo, una campesina sueña que va del pueblo a la ciudad, entra en la iglesia para escuchar el sermón. El párroco en el púlpito levanta las manos. Sus manos se convierten en alas. De repente, en lugar de hablar, empieza a cantar y fuera ha cantado el gallo. Esta es la forma pictórica en que el sueño actúa y crea. El cuerpo astral es el gran simbolista, transformó el canto del gallo en la imagen simbólica.

Tercero: el tipo de sueños se caracteriza por ser restos de las experiencias del cuerpo astral cuando se separa del físico y permanece en otro mundo, el mundo astral. Los sueños pueden formarse, en lugar de ser caóticos, con gran regularidad.

La muerte: cuando el ser humano muere, ocurre algo diferente; no solo se desprende el cuerpo astral, sino que también se lleva consigo el cuerpo etérico. El ser humano dormido vive, pero el ser humano fallecido ya no vive, porque ha perdido el cuerpo etérico, el cuerpo vital. Después de un tiempo el cuerpo etérico se entrega al resto del mundo etérico. Entonces queda el cuerpo astral con el yo. Consta de dos partes: lo que no se ha trabajado y lo que el ser humano ya ha incorporado. Todo lo que le ha sido prestado desde fuera debe entregarlo después de la muerte; y, concretamente, entrega lo animal en el Kamaloka, el mundo astral. En él se le encomienda la tarea de despojarse de la envoltura que no ha cultivado; entonces aún posee lo que ha trabajado puramente en su yo.

Al Kamaloka le sigue el Devachan, el lugar donde vive todo lo divino, es decir, el yo, y lo que ha divinizado en su cuerpo astral. Allí, el ser humano madura para regresar a esta Tierra, y lo que aquí necesite debe tomarlo en su nueva vida. En la nueva vida, ennoblece cada vez más su cuerpo astral. Solo puede hacerlo si obtiene un nuevo cuerpo etérico. Esta reintegración de los miembros inferiores conduce a la reencarnación. Lo que el ser humano ha incorporado a su cuerpo astral es eterno; lo que debe desprenderse es efímero, es decir, lo que aún no ha trabajado. Cuando haya llegado al punto de haber trabajado todo su cuerpo astral, deberá trabajar también, en un nivel superior, su cuerpo etérico. A una persona así la llamamos chela.

La doctrina de la sabiduría distingue entre el simple hombre culto y el chela. En la antigua Grecia había escuelas en las que no solo se impartía la gran cultura, sino que también se formaban chelas, es decir, iniciados. A estos se les exigía haber pasado por una catarsis, una purificación, una expiación. Solo entonces se despiertan el budhi y el Cristo. La diferencia entre el hombre culto y el chela en la muerte es la siguiente: cuando muere un chela, su cuerpo etérico ya no se disuelve en el éter cósmico, sino que permanece tanto como el yo haya trabajado en él. El chela vuelve a encontrar su cuerpo etérico para volver a incorporarlo en la reencarnación, mientras que el hombre culto recibe uno nuevo.

Por ejemplo, lo que prescriben las religiones, la verdadera piedad, tiene un efecto sobre el cuerpo etérico. Dejar que la sabiduría interior surta efecto en uno mismo conserva el cuerpo etérico. Entre los libros que ofrecen sabiduría interior se encuentran: [«El libro del consuelo divino»]; Frases de «El seguimiento de Cristo»; en el «Nuevo Testamento», el Evangelio de Juan contiene, a partir del capítulo trece, frases inspiradoras que despiertan el interior del ser humano, la fuerza eterna que hay en él. En «Luz en el sendero», escrito por Mabel Collins, cada frase es inspiradora. Las siguientes cuatro frases son especialmente fortalecedoras para la fuerza etérica:

Antes de que el ojo pueda ver, debe deshabituarse de las lágrimas.
Antes de que el oído pueda oír, debe desaparecer su sensibilidad.
Antes de que la voz pueda hablar ante los maestros, debe desaprender a herir.
Y antes de que el alma pueda presentarse ante ellos, debe regar sus pies con la sangre de su corazón.

Otro medio es la búsqueda de verdades terrenales. El conocimiento y la sabiduría actúan sobre el cuerpo astral. Profundizar en las obras de la belleza: las madonas de Rafael. Dejar que la belleza fluya en uno mismo actúa sobre el cuerpo astral. El chela transforma este trabajo en uno consciente. Cuando el chela ha trabajado su cuerpo etérico, entonces tiene que trabajar para someter su cuerpo físico a su dominio.

Al trabajar mi cuerpo astral, me convierto en una persona más noble, más sabia y mejor, y como tal puedo animar a otros a ennoblecerse. Este es un efecto de persona a persona; la persona buena y sabia ejercerá una influencia más benéfica que la contraria. El cuerpo etérico tiene su capacidad no solo en el mundo físico, sino también en el mundo de los pensamientos. A través de la imaginación, a través de los pensamientos, se puede influir en los demás. Puedo enviar los pensamientos de mi alma a otros. Hablar, exhortar es actuar en el mundo físico. Del mismo modo, se pueden ejercer efectos en el mundo suprasensible en la medida en que se trabaja el cuerpo etérico y se despiertan fuerzas latentes. Al seguir los pensamientos hasta la herramienta, se convierten las fuerzas del cuerpo físico en sobrenaturales. Este ideal es Atma, o como dice el cristiano: la comunión con el Padre.

Quien trabaja así en sí mismo, se adentra en lo eterno. La piedra se desintegra, es absorbida por la tierra; también la planta entrega su cuerpo físico a la tierra, su cuerpo etérico al éter universal. El ser humano, al igual que el mineral, entrega su cuerpo físico a la materia física, al igual que la planta entrega su cuerpo etérico al éter universal. El cuerpo astral se disuelve gradualmente en el kamaloka, salvo aquellas partes que han sido trabajadas. Algo permanece. El ser humano se vuelve inmortal a través de lo que ha trabajado en su cuerpo; crea un núcleo esencial.

El cuerpo físico es más amplio que el cuerpo astral; no tiene ninguna parte que sea mala. Consideremos, por ejemplo, un fémur. No es una masa compacta, sino, —desde un punto de vista microscópico—, una estructura maravillosa que ningún ingeniero podría construir. Ninguna viga es más fuerte de lo que debe ser. Nada de esto lo construye ningún arquitecto, sino que se construye ahí fuera, en el cosmos. El corazón humano, con todas sus fibras, todo el cuerpo físico, es un producto del orden divino.

El cuerpo astral ataca continuamente al cuerpo físico. El corazón está bien. Entonces llega el cuerpo astral, —el cuerpo de los deseos—, con vino, té y otras sustancias estimulantes, y perturba su ritmo normal. Se necesita mucho tiempo para que el cuerpo astral llegue a ser tan sabio como el físico. Pero entonces puede trabajar en su cuerpo etérico. Cuando el cuerpo etérico también es sabio, se trabaja el físico; este fortalece el cuerpo físico en el futuro. Pero, ¿quién actúa hoy en su cuerpo físico? La deidad; ella crea en los miembros de la naturaleza humana aquellos en los que el ser humano aún no crea por sí mismo. Volvamos al ejemplo de la mano cortada. La mano solo puede existir en el cuerpo; separada de él, se marchita.  Del mismo modo, si me elevaran solo unos kilómetros por encima de la Tierra, me marchitaría como una mano cortada. De ello se deduce que, como ser humano físico, estoy ligado al lugar en el que me encuentro. Al igual que no puedo considerar la mano por separado, tampoco puedo considerar al ser humano sin la Tierra. El ser humano no es un cuerpo en sí mismo, sino una parte del organismo terrestre completo. Solo puede existir con las características que este le ofrece. Por ejemplo, no podría existir a doscientos grados de temperatura. Al igual que nuestro organismo está animado por el alma, todo el organismo terrestre está animado por el alma de la Tierra.

El «espíritu de la tierra» en el Fausto de Goethe no es una frase hecha, sino una verdad. Quien despierta en sí mismo el cuerpo etérico puede comunicarse con espíritus superiores, como Goethe, a quien se le revela el espíritu de la tierra:

En las mareas de la vida, en la tormenta de las acciones,
me agito arriba y abajo,
¡vaivén de un lado a otro!
Nacimiento y tumba,
Un mar eterno,
Un tejido cambiante,
Una vida ardiente.
Así creo en el veloz telar del tiempo
Y tejo el vestido viviente de la divinidad.

El cuerpo físico es un miembro del organismo planetario. El cuerpo etérico es un miembro del éter planetario. En el espíritu etérico vive el espíritu que se llama Budhi o, en términos cristianos, «Hijo»; en el cuerpo físico vive el «espíritu del Padre». A través del cuerpo astral, del cuerpo etérico y del cuerpo físico llegamos a Dios. Astral es el «espíritu» que, cuando está bien purificado, llamamos «Espíritu Santo». En el cuerpo etérico tenemos la unión con el Hijo. En el cuerpo físico encontramos al espíritu del padre, el espíritu de la vida planetaria.

Estas verdades son la base de todas las religiones. La teosofía quiere despertar estas verdades. La cosmovisión teosófica quiere dar pistas a las almas que buscan. El ser humano proviene de lo eterno. Si bien no sabe nada sobre las moléculas del cerebro, sí sabe mucho sobre sus pensamientos; y conquistamos las naturalezas inferiores acercándolas a lo divino.

El ser humano debe desarrollar diferentes habilidades a lo largo del tiempo. En la antigua India, lo que solo el chela puede recordar está recogido en la poesía del «Veda». En las regiones europeas, los druidas, —hombres santos, grandes maestros—, han transmitido conocimientos sagrados de forma similar al Veda. El «Edda» es lo mismo que el Veda.

En Buda se manifiestan de otra manera las mismas enseñanzas de sabiduría. Buda se convierte en Wotan en germánico: «Boda» se convierte en «Wota», y «Wota» se convierte en «Wotan». Así tenemos la misma clave para la mitología alemana. En la doctrina secreta hebrea tenemos el «Yo», el «Jao», «Jehová». En el cristianismo, el Cristo.

La eternidad enseña a través de los espíritus de la sabiduría.

Más tarde llegó una época en la que se conquistó el mundo físico [...]. Esta conquista del mundo físico hizo que el mundo espiritual pasara a un segundo plano. Por eso ahora entra en escena la teosofía, para sustituir el materialismo dominante por algo espiritual. Antes, las diferentes religiones enseñaban a los distintos pueblos según sus necesidades. Hoy en día, el materialismo ha envuelto todo el globo terráqueo; por lo tanto, lo espiritual también debe abarcar todo el globo terráqueo. La humanidad terrenal debe convertirse en un todo espiritual. Este es el objetivo de la teosofía. Al igual que en lo material los seres humanos se entienden en todas partes, al igual que un cheque circula por todo el mundo como moneda de curso legal, la verdad y la sabiduría deben convertirse en moneda de curso legal en todas partes. Que los seres humanos de todas partes aprendan a entenderse e intercambien sus pensamientos como se intercambia un cheque por moneda, ese es nuestro objetivo, y por eso la exigencia de la fraternidad entre los seres humanos es la primera que plantea la Sociedad Teosófica. Los últimos siglos han conquistado bienes temporales. La cultura ha depositado capas sobre la masa terrestre que dan testimonio de su proceso de desarrollo. Solo en las capas superiores se encuentran restos humanos. Dentro de millones de años, todo lo que ahora estamos trabajando formará también una capa alrededor del globo terráqueo y constituirá una historia cultural uniforme. La teosofía trabaja para un futuro en el que no solo lo material, sino también lo eterno e imperecedero abarcará todo el universo. Por eso concede tanta importancia al núcleo de la fraternidad.

Así como ahora los seres humanos se entienden en términos materiales, en el futuro también se entenderán en sus almas cuando despierten lo eterno, porque lo eterno se revela en las almas. A través de lo eterno que hay en nosotros mismos, lo eterno se revela por primera vez, y de lo transitorio a lo eterno, ese es el camino que nos prescribe la teosofía.

Traducido por J.Luelmo ene, 2026

sábado, 15 de junio de 2024

GA096 Berlín, 29 de enero de 1906 -Impulsos originales de la Ciencia Espiritual

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IMPULSOS ORIGINALES DE LA CIENCIA ESPIRITUAL

RUDOLF STEINER

EL ESOTERISMO CRISTIANO A LA LUZ DE LOS  NUEVOS CONOCIMIENTOS ESPIRITUALES

Impulsos originales de la Ciencia Espiritual

Berlín, 29 de enero de 1906

Una y otra vez se hace evidente lo difícil que es para nuestros contemporáneos comprender la vida teosófica. Por lo tanto, se deben expresar algunos pensamientos generales al respecto. Todos los que se sienten atraídos por la teosofía tienen la sensación de que ésta debe satisfacer su más profundo anhelo con respecto a la vida espiritual. Pero si queremos mantener la idea teosófica básica, tal como es en el presente, ante nuestras almas y llenar toda nuestra conciencia con el pensamiento de que lo espiritual es algo real, entonces debemos llegar finalmente a reconocer la dignidad de la persona de nuestro prójimo. Aceptamos lo personal, porque como ser humano con un alma sensible en su cuerpo, no nos permitiríamos violar deliberadamente la personalidad exterior de nuestro prójimo, no nos permitiríamos atacarle en su libertad personal. Pero aún no estamos tan lejos, ni de lejos, como para extender esta tolerancia a lo más íntimo del ser humano, porque aún estamos lejos de saber, a lo sumo teóricamente, pero aún no prácticamente, que los sentimientos y los pensamientos, lo espiritual en general, es algo real. Todos ustedes se dan cuenta de ello. Y también está claro para todos hoy que es algo muy real, muy real cuando golpeo a alguien con la mano. Pero la gente no cree tan fácilmente que es algo real cuando envío a alguien un mal pensamiento. Tenemos que darnos cuenta de que el mal pensamiento con el que me acerco a mi semejante, el pensamiento de antipatía, de odio, es tanto un golpe en su alma como un golpe en su cara. Y un sentimiento perjudicial, un sentimiento de odio y antipatía, con el que me enfrento a mi semejante, son realmente como la habitual herida externa que uno inflige a una persona. Sólo cuando uno se da cuenta de esto se convierte en teósofo.

Si nos impregnamos completamente de esta conciencia, si nos damos cuenta de que el espíritu dentro de nosotros es una realidad, entonces hemos captado el pensamiento teosófico, y entonces se nos presenta algo que es la consecuencia real, la consecuencia importante de tal concepción espiritual. En primer lugar, las personas de una sociedad educada no se abofetearán entre sí, ni se infligirán heridas externas. <Pero no necesito decirles con qué pensamientos, con qué opiniones se sientan codo con codo las personas de nuestra sociedad educada. Ustedes lo saben. La Sociedad Teosófica tiene la tarea de hacer que la gente tome conciencia de la simpatía e inviolabilidad de la persona. Si en nuestro tiempo, cuando la gente prefiere tener opiniones y puntos de vista, siete personas se sientan juntas, entonces tienen trece opiniones, y como resultado de las trece opiniones preferirían dividirse en trece partidos. Este es el resultado de la diferencia de opinión, y en el lugar de esta diferencia de opinión el movimiento teosófico tiene que poner la idea de la hermandad en lo más profundo. Sólo comprendemos plenamente la Teosofía, esta idea de hermandad, cuando somos capaces de sentarnos juntos en hermandad con la mayor diversidad posible de pensamientos ulteriores. No sólo queremos respetar y apreciar la persona de nuestro prójimo y enfrentarnos a él de tal modo que le reconozcamos en su dignidad humana más plena, sino que en lo más profundo de nuestra alma también queremos reconocer a nuestro prójimo como un alma. Pero entonces debemos sentarnos junto a él y permanecer juntos, aunque exista la mayor diferencia de opinión. Nadie puede abandonar la comunidad teosófica, la hermandad teosófica, por diferencias de opinión. Esta es precisamente la ventaja de los teósofos, que permanecen juntos como hermanos incluso cuando no están de acuerdo. Hasta que no nos unamos como hermanos, no estaremos en condiciones de realizar una idea teosófica básica. Esto es lo que hace posible que saquemos de las almas los secretos más profundos que yacen dormidos en ellas, las capacidades más profundas que viven como adormecidas en el fondo de nuestras almas, cuando nos damos cuenta de que podemos trabajar juntos con nuestros semejantes, aunque tengamos opiniones fundamentalmente dispares.

No en vano, como he dicho a menudo, la Sociedad Teosófica se fundó en el último tercio del siglo XIX. La forma en que busca lo espiritual difiere considerablemente de otros esfuerzos que también aspiran a obtener pruebas de la inmortalidad del hombre. Hay una gran diferencia en la búsqueda de lo eterno tal como se encuentra en la Sociedad Teosófica y la búsqueda de lo eterno en otros movimientos centrados en el espíritu. En verdad, el movimiento teosófico no es más que la popularización de las fraternidades ocultas de los últimos milenios que se han extendido secretamente por todo el mundo. Ya he mencionado que la más destacada, la mayor fraternidad de Europa fue fundada en el siglo XIV como la Fraternidad Rosacruz. Esta Fraternidad Rosacruz es en realidad la fuente, el punto de partida de todas las demás fraternidades que se han conservado en la cultura de Europa. La sabiduría oculta se cultivaba en estricto secreto en estas fraternidades. Si tuviera que describir para ustedes lo que las personas unidas en estas diversas fraternidades querían alcanzar, tendría que decirles: esas elevadas y sublimes enseñanzas de sabiduría y ese trabajo de sabiduría que se cultivaban en estas fraternidades ocultas, de las cuales la Fraternidad Rosacruz era la más destacada. Las enseñanzas y los trabajos que allí se cultivaban llevaron al hombre al punto de tomar conciencia de su núcleo eterno de ser. Llevaron al hombre a encontrar la conexión con el mundo superior, con los mundos que están por encima de nosotros, y a buscar la guía de nuestros hermanos mayores, la guía de aquellos que viven entre nosotros y que han alcanzado un nivel que todos ustedes alcanzarán más adelante. Llamamos a esos los hermanos mayores por la razón de que ellos, anticipándose al desarrollo general, han alcanzado antes esta elevada posición: así la certeza del núcleo eterno del ser, el despertar del mismo, para que el hombre pueda contemplar lo eterno así como el hombre ordinario puede contemplar el mundo de los sentidos. Para lograrlo, él debe emular a los hermanos mayores que viven por doquier entre nosotros. Estos hermanos mayores o maestros, los grandes líderes de la humanidad, han sido siempre ellos mismos los líderes supremos y los supervisores supremos de la sublime sabiduría oculta a través de la cual el hombre toma conciencia de su esencia eterna. Aquellos que deseaban ser admitidos en tal hermandad oculta eran sometidos a estrictas pruebas y ensayos hasta mediados del siglo XIX. Sólo podían ser admitidos en tal hermandad aquellos cuyo carácter fuera reconocido como garantía de que la elevada enseñanza de la sabiduría nunca podría ser mal empleada para fines bajos. Además, debía garantizar mediante su inteligencia que comprendía lo que se le daba en las hermandades ocultas de la manera y en el sentido correctos. Sólo si alguien cumplía estas condiciones, si daba una garantía completa de que era capaz y estaba en el estado de ánimo necesario para recibir las más elevadas enseñanzas de la vida, podía ser aceptado en tal hermandad.

Por poco que la gente quiera creerlo: Todo lo realmente grande que ocurrió hasta la Revolución Francesa y en el siglo XIX emanó de estas fraternidades ocultas. La gente ni siquiera se daba cuenta de cómo estaba siendo influenciada por las corrientes que emanaban de las fraternidades ocultas. ¿Les describo una escena de cómo estas fraternidades actuaban de forma oculta en el mundo? Tomemos la siguiente escena. Un hombre importante y muy dotado recibe la visita inesperada de una persona aparentemente desconocida. Esta persona desconocida sabe cómo entablar una conversación entre él y esta persona importante, tal vez un estadista. Todo esto sucede de la manera más natural y bastante "por casualidad", por lo que este "por casualidad" debería entrecomillarse. La conversación no contiene cualquier cosa, pues en el transcurso de la misma se dicen cosas que se instalan de manera bastante imperceptible en la mente, en el intelecto de la persona visitada. De una conversación así, que puede durar sólo tres horas, se produce una transformación completa de la persona en cuestión. De esta manera, lo crean o no, muchas grandes ideas con un impacto significativo en el mundo han sido trasplantadas a las mentes de las personas. Así es como se inspiraron grandes ideas en Voltaire, sin que tal vez él tuviera ni idea de a quién se enfrentaba como un fenómeno aparentemente de lo más insignificante, pero que tenía cosas importantes que decirle. Así en Rousseau se asentaron algunas ideas básicas así recibidas; también en Lessing.

Este tipo de efectos, que emanaban de las fraternidades ocultas, se desvanecieron cada vez más en el transcurso del siglo XIX. El siglo XIX fue necesariamente el siglo del materialismo. Las fraternidades ocultas se habían retirado. Los grandes maestros de la sabiduría y la armonía de las sensaciones se retiraron a Oriente, por utilizar un término técnico. Dejaron de tener efecto en Occidente. Ahora sucedió algo particularmente importante en Occidente. Tengamos esto en cuenta para darnos cuenta del significado del movimiento teosófico mundial.

Fue en 1841 cuando los miembros de la sociedad más oculta se dieron cuenta de que algo importante estaba a punto de suceder en Europa. Era necesario, para frenar la marea del materialismo, que una corriente de vida espiritual fuera canalizada hacia la humanidad. En aquella época había cierta diferencia de opinión entre los propios ocultistas. Algunos decían: La humanidad aún no está madura para recibir hechos y experiencias espirituales, queremos mantener el sistema de silencio. Estos eran los ocultistas conservadores. Este sistema tiene mucho a su favor, pues la difusión de las verdades ocultas tiene grandes peligros. Los otros decían: El peligro del materialismo es demasiado grande, hay que hacer algo al respecto para que al menos las cosas más elementales sean comunicadas a la humanidad. Pero, ¿En qué forma? La humanidad había olvidado por completo cómo captar el espíritu en su verdadera forma, había olvidado cómo elevarse realmente a los mundos superiores, había olvidado por completo el concepto de ello, de modo que ese mundo ya no existía para ella en absoluto. ¿Cómo enseñar que existe algo espiritual a una humanidad que sólo siente lo material? ¿Por qué era tan necesario enseñar a la humanidad la conciencia del mundo espiritual?

Aquí tocamos uno de los importantes secretos que yacen latentes en nuestro presente. Ya he señalado aquí y allá a qué se debe realmente que exista un movimiento teosófico, por qué es necesario. El que puede ver en el mundo espiritual sabe que todo lo que existe exteriormente materialmente tiene su origen espiritual, proviene de lo espiritual. No hay nada material que no provenga de lo espiritual. Eso incluye también lo que la gente tiene exteriormente como salud y enfermedad, pues ellos proviene de su actitud, de sus pensamientos. El proverbio que dice: Lo que piensas hoy, eso serás mañana, es muy cierto. Deben ser ustedes conscientes de que si una época tiene pensamientos malos y corruptos, la siguiente generación y la siguiente época tendrán que expiarlo físicamente. Es la verdad del dicho: Los pecados de los padres serán vengados en tantos y tantos miembros. No quedará impune el hecho de que la gente del siglo XIX comenzase a pensar tan crudamente materialmente, a apartar su mente de todo lo espiritual. Lo que la gente pensaba entonces se hará realidad. ¡Y no estamos tan lejos de que aparezcan extrañas enfermedades y epidemias en nuestra humanidad! Lo que llamamos nerviosismo adoptará formas terribles a mediados de siglo a más tardar. Así como una vez hubo peste y cólera y lepra en la Edad Media, habrá epidemias del alma, enfermedades del sistema nervioso en forma epidémica. Estas son las consecuencias reales del hecho de que las personas carecen del núcleo espiritual de la vida. Donde hay conciencia de este núcleo de la vida como centro, el ser humano se vuelve sano bajo la influencia de una visión del mundo sana, verdadera, sabia. Pero el materialismo niega el alma, niega el espíritu, ahueca al hombre, lo señala en su periferia, en su circunferencia. La salud sólo existe cuando el núcleo más profundo del ser del hombre es espiritual y verdadero. La verdadera enfermedad que sigue al vaciamiento del ser interior es la epidemia espiritual a la que nos enfrentamos.

Para proporcionar a la gente una concienciación de su esencia espiritual, es por lo que existe la Sociedad Teosófica. Está orientada sobre todo a sanar a la humanidad, y no a que unos y otros tengan conocimiento de esto o de aquello. Si se sabe que existe la reencarnación y el karma, quiero decir, si simplemente se sabe eso, eso no es lo que importa, sino que estos pensamientos se conviertan por completo en la sangre del alma, en el núcleo espiritual del ser, pues son saludables. Si podemos probarlo o no, si podemos establecer una ciencia que demuestre estrictamente la reencarnación y el karma de forma matemática, eso no es lo importante. Sólo hay una prueba para las enseñanzas de la ciencia espiritual, y es la vida. Las enseñanzas de la ciencia espiritual demostrarán ser verdaderas cuando bajo su influencia surja una vida sana. Esta será la verdadera prueba de las enseñanzas teosóficas. Quien quiera tener una prueba de la Teosofía debe experimentar lo Teosófico; entonces se demostrará que es verdad. Cada paso y cada día deben traernos gradualmente la prueba de las enseñanzas de la Ciencia Espiritual.

Por eso surgió la Sociedad Teosófica. ¿Pero cómo se puede enseñar a una humanidad materialista del siglo XIX que existe un espíritu? Eso dio pie a que surgiera el movimiento espiritista. Surgió precisamente porque no se creía que se pudiera enseñar a la humanidad que existiese algo espiritual; había que mostrarlo, verlo con los ojos. En Stuttgart alguien preguntó por qué la Teosofía no podía llegar a proporcionar a Haeckel una prueba tangible de que el espíritu existe. ¡Hay que mostrar lo que es el espíritu! Esto se intentó primero a través del espiritismo. Esto se intentó durante décadas, hasta los años sesenta y setenta del siglo XIX. Pero ahora surgió un hecho extremadamente fatídico. Traigamos  ante nuestra alma este hecho por nosotros mismos. A partir de ahí pueden ustedes ver cuál es la diferencia entre la manera teosófica de elevarse a los mundos superiores y cualquier otra. No estamos discutiendo aquí en ningún momento, la verdad o falsedad de los fenómenos del Espiritismo. Es evidente que existen fenómenos que invocan seres de otros mundos en nuestro mundo, de modo que incluso para aquellos que sólo admiten cosas sensoriales, puede crearse una prueba real. Estamos más allá de la locura de quien dice que hay mucho fraude en el Espiritismo. Porque por mucho dinero falso que haya, también hay dinero real.

No queremos seguir discutiendo la cuestión de la verdad. ¿Pero qué experimentaba una persona que participaba en una sesión espiritista? Partimos de la base de que todo lo demás está excluido, de que se trata de revelaciones verdaderas. Si se le ha mostrado la aparición de una persona fallecida, ha obtenido una prueba clara de la inmortalidad del alma humana. Tenía una prueba material, podía convencerse de que los muertos siguen ahí, en un mundo u otro, y que incluso pueden ser llamados a nuestro mundo. Pero esto demuestra que el conocimiento no es importante, que el conocimiento no es lo principal. Supongamos que todos ustedes estuvieran convencidos de esta manera de traer a una persona fallecida a esta sociedad a través de una sesión espiritista. Entonces sabrían que el alma humana es inmortal. Pero ahora la pregunta es ésta: ¿Tiene tal conocimiento algún significado real en el sentido más elevado para la verdadera vida humana superior? Esto se creía al principio. Se creía que si las personas sabían que existía la inmortalidad, subirían de nivel. Pero aquí es donde la visión espiritual-científica del mundo se aparta definitivamente de tal visión, que sólo proporciona pruebas claras y visibles de la inmortalidad.

He aquí una especie de comparación: a menudo les he hablado de toda clase de mundos superiores, les he descrito cómo es el mundo astral y el Devachán, y ustedes saben que, después de la muerte, una persona debe entrar primero en el mundo astral y luego en el mundo del Devachán. Supongamos ahora que hubiera muchas personas sentadas aquí que dijeran: ¡No podemos creer lo que nos está diciendo, es demasiado improbable! Los que no lo creen, se van y no vuelven, tendrían que demostrar su opinión por sí mismos. Pero los que, a pesar de no creerlo, vuelven, les da igual. A los que vuelven, les diría: No creas nada, no necesitas creer nada, ¡no importa! Incluso puedes pensar que es un engaño, o creer que te estoy contando algo que viene del reino más fantástico posible, ¡pero escúchalo y asimílalo! Eso es lo que importa. Imagina que te dibujo un mapa de Asia Menor. Alguien podría venir y explicárselo: Los ríos y montañas que está dibujando ahí no tienen sentido. Yo le diría: No me importa que no me creas. Pero grábalo, míralo y guárdalo en tu mente. Luego, cuando llegues a Asia Menor, te darás cuenta de que es cierto y sabrás orientarte. Eso es lo principal también con los astrónomos, ir a las regiones más altas con un mapa en la mano; eso es lo esencial que importa. Lo mismo ocurre con el conocimiento de un mundo superior: sólo podemos entrar en este mundo superior si absorbemos algo de la naturaleza de este mundo superior. Cuando aquí se describe el astral, deben de absorber algo de la forma de ese mundo vibrante y en movimiento del astral, y cuando se habla del devachán, deben absorber algo de la naturaleza de este mundo, que es tan opuesto al nuestro. Con sólo que se conecten con esos pensamientos y se vivan en esas regiones superiores, obtendrán un sentimiento del estado de conciencia que tenemos cuando nos rodea el mundo astral, del estado de conciencia cuando nos rodea el mundo devacánico. Si ustedes reviven los estados que tiene el vidente cuando se eleva a estos mundos, entonces tienen algo más que si tuvieran una prueba tangible de que pueden experimentar algo. Esa es la diferencia entre el método científico-espiritual y todas las demás formas de obtener certeza sobre lo espiritual.

A través de la Teosofía intentamos elevarnos a los mundos superiores, hacernos capaces de sentir lo espiritual directamente, de modo que ya sintamos un soplo de los mundos superiores en el mundo físico. El punto de vista espiritista, del que hablaba antes, trata de bajar el mundo espiritual al físico, de ponerlo ante nosotros como si fuera material. Mientras que el teósofo trata de elevar el mundo humano a la esfera espiritual. El espiritista dice: Para que los espíritus me sean probados, deben bajar hasta mí. Deben hacerme cosquillas, por así decirlo, entonces se vuelven perceptibles a mi sentido del tacto. El teósofo sube hacia ellos, trata de acercarse; trata de desarrolla su alma de tal manera que pueda comprender lo espiritual.

Pueden hacerse una idea de esto haciendo una simple comparación. En las circunstancias actuales, incluso con algunos seres espirituales superiores que están encarnados en la carne, es difícil elevarse hasta ellos. ¡Pónganse en la situación si Cristo Jesús apareciera en el presente! ¿Cuántos creen que habría que lo aceptarían? No quiero decir en absoluto que algunos correrían detrás de la policía si apareciera alguien con la pretensión con la que en su día apareció Cristo Jesús. Pero depende de si la gente está preparada para ver lo que vive a su lado.

Otra comparación: Una cantante fue invitada a cenar, pero llegó un poco tarde. Su silla quedó vacía entre dos caballeros. Uno era su amigo Felix Mendelssohn, el otro un caballero que ella no conocía. Tuvo una muy buena conversación con Mendelssohn, el caballero de su izquierda fue muy educado con ella y le mostró todo tipo de cortesías, cosa que a ella le disgustaba. Entonces le preguntó a Mendelssohn: ¿Quién es este estúpido que está sentado a mi lado? Es el famoso filósofo Hegel>, respondió Mendelssohn. Si la hubieran invitado a ver a Hegel, sin duda se habría comportado de otra manera. Pero tal como estaban las cosas, sentada a su lado sin sospechar nada, pensó que era un tipo estúpido.

Créanme ustedes, también es muy posible que la individualidad de un maestro se cruce en su camino y ustedes lo tomen por un insensato. El hombre sólo puede reconocer a estas individualidades superiores cuando se encarnan en la carne si se ha capacitado para ello. Si el Cristo Jesús descendiera hoy hasta nosotros y no se mostrara tal como la gente se lo imagina, no lo reconocerían. Eso es lo que quiere la Teosofía, quiere desarrollar al hombre, transformarlo, hacerlo capaz de reconocer los mundos superiores. Y ahí hay una dificultad para nuestra conciencia cultural actual. Es importante que lo que vive en el mundo superior no descienda hasta nosotros, sino que nosotros ascendamos hasta él. Debemos hacernos capaces de ascender a los mundos superiores. Sólo esto nos da la capacidad, cuando partimos de aquí con la muerte, de llegar dignamente a los mundos superiores. Aquel que tiene el mapa, el mapa que se forma de la vida, puede realmente conocer su camino alrededor de Asia Menor. El que ya ha aprendido lo que le espera allí, entra en un mundo conocido, sabe lo que hay allí.

Pero el mero conocimiento de que tal mundo existe no cambia mucho las cosas. Aquí estamos al borde de un gran misterio y de otro hecho de gran importancia, y este hecho motivó que los ocultistas europeos y americanos decidieron en los años setenta del siglo XIX, apartarse de la táctica espiritista e iniciar el movimiento teosófico. La gran conferencia ocultista celebrada en Viena en aquella época proporcionó el importante impulso para el cambio de táctica.

Para iniciar el movimiento espiritista, era necesario llevar a cabo ciertos procedimientos. Estos procedimientos, que se llevaron a cabo en países cultos, fueron iniciados por ocultistas o logias americanas. En estas logias se adoptó la vía espiritista. Consistía en ofrecer a ciertos círculos la posibilidad de dar pruebas tangibles de inmortalidad mediante una especie de reactivación, (Galvanisation) de ciertos muertos. Esto significa que en el plano astral, los cadáveres astrales de ciertas personas muertas fueron enviados primero a los círculos espiritistas, al mundo físico. Se suponía que probaban la inmortalidad. Cabe ahora preguntarse: ¿Corresponde a los ocultistas de la Tierra hacer aparecer a los muertos? Ciertamente, para quien trabaja en ocultismo, no hay frontera entre muertos y vivos. Puede visitar a los difuntos en el mundo astral y en el Devacán. Si lo desea, también puede aportar pruebas de inmortalidad en los círculos espiritistas, como ya he mencionado. Les pido que recuerden este hecho. Para aquellos que no están familiarizados con estas cosas, podría no ser completamente comprensible. Pero para los ocultistas era diferente. Resultó que esta manera de convencerse de la inmortalidad no sólo era inútil, sino en ciertos aspectos extraordinariamente perjudicial. Esta manera de obtener pruebas tangibles de inmortalidad en el mundo sensorial, sin que la persona se volviera mejor, no sólo era inútil, sino en realidad bastante perjudicial, por las siguientes razones.

Piensen para sí mismos que las personas que han alcanzado así la prueba de la inmortalidad se han apartado del anhelo de vivir hasta el mundo espiritual; también se habían vuelto materialistas con respecto al mundo espiritual. En sus conocimientos eran espiritualistas, en sus hábitos de pensamiento no eran más que materialistas. Ellos creían en un mundo espiritual, pero pensaban que debía ser visto por medios sensoriales y no por medios espirituales. Así que resultó que los que llegaron a Kamaloka con tales hábitos materialistas de pensamiento estaban aún menos acostumbrados a reconocer las cosas de allí que los materialistas. Los materialistas suelen pensar que están en un mundo de ensueño; eso es lo habitual cuando atraviesan por dicho mundo. El materialista cree que está soñando, y en cualquier momento cree que va a despertar. En Kamaloka el hombre se ve a sí mismo: se sueña, duerme, se quiere despertar.

Cuando una persona que ha adquirido laboriosamente una convicción del mundo espiritual se da cuenta de que el mundo espiritual tiene un aspecto muy distinto, no es simplemente que se encuentre en un mundo de ensueño, sino que la diferencia entre lo que creía que era el mundo espiritual y lo que ahora se le aparece les pesa como un plomo. Recuerden que cuando la gente llega a Kamaloka, de todos modos ya tiene bastante que soportar, sobre todo si no tiene la satisfacción de sus deseos, como los gastrónomos, por ejemplo, para quienes esta satisfacción sólo es posible si tienen su lengua o sus sentidos, y ya no los tienen; entonces es parecido a tener una sed ardiente, o a estar en un horno hirviendo. Se trata de una sensación algo diferente a la sensación de sed ardiente, pero no obstante similar. Si se considera todo lo que el hombre tiene que experimentar allá y por lo que tiene que pasar, se puede resumir en las palabras: Debe acostumbrarse a poder vivir sin cuerpo. Esto, para aquellos que están fuertemente apegados a lo sensorial, es difícil. Mientras que para aquel que se ha desprendido de lo sensorial, no es difícil. El que no haya hecho nada para elevar su alma, ni tampoco para desarrollar su alma más elevadamente, siente esta diferencia entre lo que es espiritual y lo que es sensorial, como una diferencia de peso, como un peso de plomo que cuelga de él. Realmente es como una diferencia de peso. Lo espiritual requiere una forma de percepción completamente distinta de lo sensorial, y ahora el interesado espera que lo espiritual vuelva a ser material y concreto; y allí, en el mundo espiritual, descubre que lo astral es de una naturaleza completamente distinta. Entonces la diferencia le parece como un peso que le arrastra de nuevo al mundo físico. Y eso es lo peor.

Por estas razones, en los años cincuenta, sesenta y principios de los setenta, los Maestros de Sabiduría se apartaron de la vía por la que el mundo superior debía elevarse a la certeza. Se abandonó la vía anterior y se optó por la vía teosófica de desarrollo como acceso al mundo espiritual. Esencialmente, esto se reduce a dos hechos básicos. Una es que es necesario en el sentido más eminente formar un núcleo espiritual [según otra versión: centro espiritual] para proteger a la humanidad de la aparición de epidemias espirituales. La otra es darle la oportunidad de vivir en un mundo superior, de desarrollarse hacia arriba, y no querer arrastrar el mundo superior hacia sí. El mundo superior no debe ser arrastrado hacia nosotros, sino que debemos ser elevados hacia el mundo superior. Esto, comprendido correctamente, da una idea, un sentido de la tarea real del movimiento teosófico. En este sentido, el movimiento teosófico nos plantea la tarea de que debemos elevarnos cada vez más en nuestro desarrollo, para crecer hacia el mundo espiritual. Entonces, yo creo, la idea de la fraternidad fluirá hacia nosotros por sí misma en el sentido más eminente. Entonces ya no nos distanciaremos. Las personas sólo divergen mientras quieren estar materialmente solas en este plano físico. En verdad, sólo estamos separados mientras estamos en el plano físico. En cuanto ascendemos al mundo superior, nos damos cuenta de la hermandad espiritual; tomamos conciencia de la unidad espiritual.

He intentado a menudo presentarles esta fraternidad espiritual, al menos en ideas comprensibles. Está expresada tan bellamente en las palabras: Este eres tú. Pongámoslo delante de nuestras almas. Antes dije: Si me cortan la mano, en poco tiempo ya no será mi mano. Sólo puede ser mi mano si está unida a mi organismo, de lo contrario ya no es una mano, se marchita. Como ser humano, ustedes también son una mano en el organismo terrestre. Piensen en ustedes mismos elevados a algunos kilómetros de la tierra: no pueden vivir allí como seres humanos físicos, dejan de vivir como seres humanos. Ustedes no son más que un miembro de nuestra tierra, del mismo modo que mi mano es un miembro de mi cuerpo. La ilusión de que ustedes son seres independientes sólo se crea por el hecho de que caminan por la tierra mientras tienen la mano atada. Pero eso no sirve de nada. Goethe quería decir algo muy real cuando hablaba del espíritu de la tierra. Quería decir que la tierra tiene un alma de la que somos miembros. Está hablando de algo real cuando deja que el espíritu de la tierra se exprese:

En las mareas de la vida, en la tempestad de la acción
Subo y bajo en oleadas
me agito de un lado a otro
Nacimiento y tumba,
son un mar eterno,
Un tramado cambiante,
Una vida candente,
que tejo en el apresurado telar del tiempo
para hacerle el vestido viviente a la Divinidad.

Por lo tanto el ser humano físico ya es miembro del organismo terrestre y parte de un todo. Y a continuación considérenlo espiritual y anímicamente: ahí es exactamente lo mismo. Cuántas veces he subrayado que la humanidad no podría vivir si no se hubiera desarrollado más a costa de los otros reinos. Así mismo, el ser humano más desarrollado no puede existir sin el menos desarrollado. Un ser espiritual no puede existir sin aquellos que están atrasados, así como un ser humano no puede existir sin el reino animal atrasados, así como un animal no puede existir sin el reino vegetal, el reino vegetal no puede existir sin el reino  mineral. Esto está expresado de la manera más bella en el Evangelio de Juan después del lavatorio de los pies: Yo no podría ser sin vosotros Los discípulos son una necesidad para Jesús, son su tierra madre. Esta es una gran verdad. Si se fijan ustedes en un tribunal, un juez se sienta en el banquillo y se siente superior al acusado. Pero el juez también podría reflexionar y decirse a sí mismo que tal vez estuvo con él en una vida anterior y faltó a su deber para con él, razón por la cual el acusado se ha comportado así. Si se examinara su karma, podría resultar que el juez debería ser en realidad quien se sentara en el banquillo de los acusados. Después de todo, toda la humanidad es un organismo. Si es desgarrada una sola alma, no puede existir, se marchita. Un lazo unificado nos envuelve a todos. Esto se volverá claro para nosotros cuando intentemos vivir en este mundo superior, para realmente elevarnos y experimentar la esencia espiritual dentro de nosotros. Si en nosotros vive una esencia espiritual, ésta nos conducirá hacia la fraternidad. Ésta ya existe en los planos superiores. En la tierra sólo hay una imagen de ella; la fraternidad en nuestra tierra es una imagen de lo que hay en los planos superiores. Si no cultivamos la fraternidad entre nosotros en la tierra, estaremos negando lo que ya existe en nosotros.

Este es el significado más profundo de la idea de Fraternidad. Por lo tanto, debemos tratar cada vez más de realizar los pensamientos teosóficos de tal manera que comprendamos a nuestros semejantes hasta lo más profundo del alma, que habitemos juntos en hermandad a pesar de la mayor diferencia de opinión. Esta es la correcta unión, la correcta hermandad, cuando no exigimos que el otro se lleve bien con nosotros porque tiene la misma opinión, sino cuando concedemos a cada persona el derecho a tener su propia opinión. Entonces se alcanzará la cumbre de la sabiduría a través de la cooperación. Esta es una comprensión más profunda de nuestro primer principio teosófico. Entendamos nuestra idea de hermandad de tal manera que nos digamos a nosotros mismos: Nos pertenecemos mutuamente bajo cualquier circunstancia, y por muy diferentes que sean las opiniones de alguien respecto a las nuestras, las diferencias de opinión nunca pueden ser un motivo para separarnos. Sólo entonces nos entendemos completamente, cuando nos aceptamos completamente. Por supuesto, todavía estamos muy lejos de esta concepción de la Hermandad Teosófica, y no podrá tener efecto hasta que el pensamiento teosófico haya arraigado en este sentido, en este estilo.

Traducido por J.Luelmo jun,2024


sábado, 8 de junio de 2024

GA096 Berlín, 20 de octubre de 1906 El camino espiritual Rosa-Cruz

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IMPULSOS ORIGINALES DE LA CIENCIA ESPIRITUAL

RUDOLF STEINER

EL ESOTERISMO CRISTIANO A LA LUZ DE LOS  NUEVOS CONOCIMIENTOS ESPIRITUALES

El camino espiritual Rosa-Cruz

Berlín, 20 de octubre de 1906

Se dará una imagen de este camino, y también consideraremos sus frutos. Ustedes ya conocen algunos de los aspectos principales, pero incluso aquellos de ustedes que han escuchado o leído conferencias sobre el tema Lucifer, especialmente el nº 32, oirán algo que es nuevo para ustedes, porque vamos a considerar el tema de una manera que sólo es posible cuando estamos entre nosotros así, como estudiantes de la ciencia del espíritu. Se tratará esencialmente de considerar el camino, en la medida en que existe en la tradición rosacruz occidental, que ha venido guiando y dirigiendo espiritualmente la vida cultural europea por medios ocultos.

Hasta el último tercio del siglo XIX, el movimiento rosacruz funcionó de forma totalmente oculta. Ningún libro informaba a la gente sobre el verdadero Rosacrucismo, y el asunto no era objeto de discusión pública. Aproximadamente en los últimos treinta años, algunos de los principios rosacruces se han ido dando a conocer al mundo en general a través del movimiento teosófico; antes sólo se enseñaban en grupos estrechamente restringidos. Los principios más elementales forman parte, en muchos aspectos, de la teosofía, tal como se la denomina hoy en día, pero sólo los más elementales. Sólo gradualmente será permisible que la gente adquiera una visión más profunda de la sabiduría enseñada en las escuelas rosacruces europeas desde finales del siglo XIV.

En primer lugar, tenemos que entender que no hay una sola vía, sino que hay tres a tener en cuenta. Esto no significa que haya tres verdades diferentes. La verdad es una y sólo una, igual que todo el mundo tiene la misma vista desde la cima de una montaña. Pero hay diferentes maneras de llegar a la cima. Durante la ascensión, la vista cambia a cada paso. Sólo en la cima, -y se puede subir a la montaña desde distintos lados-, se tiene la vista completa y abierta tal como se ve con los propios ojos. Lo mismo ocurre con las tres formas de obtener un conocimiento superior. Una es la vía del yoga oriental, la segunda es la vía cristiana gnóstica y la tercera es la vía cristiana rosacruz. Estas tres vías conducen a la única verdad.

Hay tres maneras porque las personas difieren en su naturaleza aquí en esta tierra. Podemos distinguir tres tipos de personas a este respecto. Así como no sería correcto que las personas que quieren escalar la montaña elijan un camino que no es el más cercano a ellos sino que está muy lejos, tampoco sería correcto que las personas elijan un entrenamiento espiritual que no es el correcto para ellos. La gente todavía tiene ideas bastante confusas sobre esto, incluso dentro del movimiento teosófico, que todavía está en sus primeras etapas. Mucha gente piensa que sólo hay un camino, es decir, el camino del yoga. Pero ni el camino del yoga oriental es el único, ni es de hecho el correcto para la gente que vive dentro de la civilización europea. Desde un punto de vista superficial, puede resultar difícil ver de qué se trata, ya que, en términos básicos, la naturaleza humana no parece diferir mucho entre las razas. Sin embargo, alguien con poderes ocultos que considere las grandes diferencias entre los tipos de seres humanos, encontrará que algo que puede ser correcto para los orientales, y quizás también para personas individuales en nuestra propia cultura, no es ciertamente correcto para todos. Hay personas, pero sólo unas pocas en el contexto europeo, que pueden seguir el camino del yoga oriental, pero es imposible para la mayoría de los europeos. Crea ilusiones y destruye el alma. La naturaleza oriental y occidental pueden no parecer tan diferentes a primera vista, incluso para un científico moderno, pero son completamente diferentes. Un cerebro oriental, las facultades de imaginación orientales y un corazón oriental funcionan de forma muy diferente a los órganos de los occidentales. Nunca se debe preguntar a los occidentales lo que se puede preguntar a alguien que ha crecido en condiciones orientales. Habría que creer que el clima, la religión y la vida social no influyen en la mente y el espíritu humanos para pensar que las condiciones externas en las que alguien pasa por el entrenamiento ocultista no importan. Sin embargo, si ustedes conocen la profunda influencia espiritual que todas estas circunstancias externas tienen sobre la naturaleza humana, comprenderán que el camino del yoga es adecuado sólo para unos pocos europeos, en realidad sólo para individuos que se sustraigan completa y radicalmente de las condiciones de vida europeas, y que no es posible para personas que permanecen dentro de la cultura europea.

Las personas que todavía son interiormente cristianos rectos y honestos, para quienes algunas de las tesis principales del cristianismo todavía significan mucho, pueden elegir la formación cristiana gnóstica. Esto no difiere mucho de la vía cabalística. En general, sin embargo, la formación rosacruz es la única correcta para los europeos. Esto será considerado hoy, con las diferentes cosas que se les pide a las personas que hagan y los frutos que atraen a aquellos que lo eligen. Nadie debe pensar que es sólo para personas con formación científica o académica. Cualquier persona puede dedicarse a ello. Cuando uno lo hace, pronto será capaz de hacer frente a cualquier objeción basada en la ciencia europea que se plantee contra el ocultismo. Una de las principales tareas de los Maestros Rosacruces era armar a aquellos que seguían el camino de la visión superior para que fueran capaces de defender el conocimiento oculto y seguir ese camino también en el mundo en general. Una persona ordinaria que tenga sólo algunas de las nociones populares obtenidas de las ciencias modernas, o incluso ninguna de ellas, pero un deseo honesto de conocer la verdad, será capaz de seguir el camino Rosacruz tan bien como las personas más altamente educadas y académicas.

Existen grandes diferencias entre las tres formas. La primera se refiere a la relación entre el alumno y el maestro oculto; este último se convierte gradualmente en el gurú o media en la relación con el gurú. La naturaleza del camino del yoga oriental es tal que esta relación es la más estricta imaginable. El guru es la autoridad absoluta para el alumno. Si no fuera así, la formación no daría el resultado correcto. El entrenamiento del yoga oriental es totalmente imposible a menos que uno se someta estrictamente a la autoridad del guru. Con el cristianismo gnóstico y la vía cabalística, la relación con el gurú en el plano físico es menos estricta. El gurú guía a los alumnos hacia Cristo Jesús, él hace de mediador. En la vía rosacruz, el gurú se convierte cada vez más en un amigo cuya autoridad se basa en el asentimiento interior. La única relación posible en este caso es la de una confianza personal completa. La menor desconfianza entre maestro y alumno rompería el vínculo que debe existir entre ellos, y entonces los poderes que entran en juego entre maestro y alumno dejarían de ser efectivos.

A veces, el alumno tiene una idea equivocada del papel de su profesor. Le puede parecer fácilmente que simplemente tiene que hablar con el profesor en un momento u otro y que a menudo necesita estar físicamente con él. Ahora bien, a veces puede ocurrir que un profesor tenga que acercarse físicamente a un alumno por una necesidad urgente, pero no es tan frecuente como el alumno pueda pensar. En las primeras etapas, un alumno no puede juzgar adecuadamente la influencia que el profesor ejerce sobre él. Un profesor dispone de medios que sólo se revelan gradualmente al alumno. Muchas palabras que el alumno piensa que han sido pronunciadas al azar tienen un enorme significado. Sigue influyendo en el alma del alumno a un nivel inconsciente, como un principio rector que le orienta. Cuando un maestro hace un uso correcto de las influencias ocultas, el vínculo entre él y su alumno será muy real. También existen influencias enviadas a distancia, influencias basadas en la simpatía amorosa, que el maestro siempre tiene a mano y que el alumno sólo llegará a reconocer gradualmente a medida que pase el tiempo y encuentre su camino en los mundos superiores. Lo único que es absolutamente esencial es la confianza más completa; sin ella sería mejor deshacer el vínculo entre maestro y alumno.

A continuación se mencionarán brevemente las reglas que desempeñan un cierto papel en la formación rosacruz. No tienen por qué ser exactamente como se presentan aquí. Dependiendo de la persona, de su ocupación y de su edad, el profesor tendrá que seleccionar varios elementos de diferentes áreas y ordenarlos de una manera u otra. Sólo se dará una visión general.

Una cosa que es extremadamente importante en la formación rosacruz no suele tenerse muy en cuenta en toda la formación ocultista. Se trata del pensamiento claro y lógico, o al menos del esfuerzo por hacerlo. El primer paso es abandonar todo pensamiento confuso o sesgado. Hay que acostumbrarse a ver las cosas como son en el mundo, desde un punto de vista grandioso y desinteresado. La mejor manera de hacer esto para una persona ordinaria que quiera seguir el camino Rosacruz es estudiar las cosas elementales enseñadas en la ciencia del espíritu. No hay justificación para decir: 'De qué me servirá estudiar las cosas que se enseñan sobre los mundos superiores, las razas humanas y las culturas, el karma y la reencarnación, cuando soy incapaz de ver y percibir estas cosas por mí mismo'. No es una objeción aceptable, porque el trabajo con estas verdades limpia el pensamiento y lo disciplina, de modo que uno estará preparado para los pasos que siguen en el entrenamiento ocultista. En la vida ordinaria, las personas suelen tener un pensamiento muy caótico. Los principios rectores y las etapas del desarrollo humano y de la evolución planetaria, dados a conocer por quienes son capaces de percibirlos, ponen orden en el pensamiento. Todo esto forma parte de la formación rosacruz. Por lo tanto, el maestro pedirá al estudiante que piense por sí mismo en la enseñanza elemental de la reencarnación y el karma, los tres mundos, el registro akáshico, la evolución de la tierra y de las razas humanas. Toda la materia elemental que ahora se enseña en la ciencia del espíritu es la mejor preparación posible para la persona ordinaria.

Aquellos capaces de dar mayor agudeza a su pensamiento y entrar con mayor intensidad en la verdadera estructura básica de sostén del alma humana, pueden estudiar los libros que han sido escritos especialmente para disciplinar el pensamiento de las personas. Los libros escritos con este fin -y puede que no incluyan la palabra "teosofía" son mi Verdad y Ciencia y Filosofía de la Actividad Espiritual. Por supuesto, uno escribe tales libros para que sirvan a un propósito. Las personas que deseen llevar su pensamiento a través de un entrenamiento energético que les permita avanzar en sus estudios, harán bien en someter sus mentes a la "gimnasia mental y espiritual" que exigen estos libros. Esto les dará la base sobre la que construir sus estudios rosacruces.

Observando el plano físico, se obtienen impresiones sensoriales de color y luz, calor y frío, olor y sabor, sensaciones de presión y tacto, y percepciones auditivas. El pensamiento y la mente racional intervienen en ellas. La mente racional y el pensamiento siguen formando parte del plano físico. Ustedes pueden percibir todas estas cosas en el plano físico. Las percepciones obtenidas en el plano astral son muy diferentes. Y las que se hacen en el plano devachánico vuelven a ser muy diferentes, por no hablar de las que se hacen en regiones aún más elevadas del espíritu. Sin embargo, quien aún no ha logrado penetrar en los mundos superiores, puede imaginárselos. La forma en que habitualmente trato de describir las cosas también tiene por objeto proporcionar imágenes de esos mundos. Quien luego se eleve a las regiones superiores verá por sí mismo cómo le influyen. En cada plano aprendemos cosas nuevas. Una cosa, sin embargo, permanece igual a través de todos los mundos hasta el devachan. Es el pensamiento lógico entrenado. Sólo en el plano buddhi el pensamiento ya no tendrá el mismo valor que en el plano físico, entonces habrá que desarrollar una manera diferente de pensar. Pero el pensamiento es el mismo para los tres mundos por debajo del plano buddhi: el plano físico, el astral y el devacánico. Por lo tanto, si se entrena bien el pensamiento mediante el estudio en el mundo físico, este pensamiento resultará una buena guía en el mundo superior, de modo que no se tropiece tan fácilmente como quien quiere ascender a las regiones del espíritu con hábitos de pensamiento confusos. Por lo tanto, el entrenamiento rosacruz enseña a las personas a moverse libremente en los mundos superiores, animándolas a disciplinar su pensamiento. Al llegar a esos mundos conocerá formas de percibir las cosas que no existen en el plano físico, pero podrá controlarlas con el pensamiento que ha desarrollado.

Lo segundo que aprende un estudiante que sigue la vía rosacruz es la visión en imágenes. Se prepara para esto aprendiendo gradualmente a entrar en el tipo de ideas expresadas en imágenes que representan los mundos superiores en el sentido de las palabras de Goethe "Todas las cosas que son transitorias no son más que una parábola". De la manera en que solemos movernos por el mundo físico, captamos las cosas tal como se presentan a los sentidos y no las cosas que hay detrás de ellas. Sólo nos liberaremos de este mundo físico cuando aprendamos a tomar las cosas que nos rodean como alegorías o símbolos. Por lo tanto, tenemos que intentar desarrollar una relación moral con ellas. Los profesores darán indicaciones sobre cómo pueden verse los fenómenos externos como símbolos de elementos espirituales, pero los alumnos también pueden hacer mucho por sí mismos. Se puede ver un azafrán de otoño, por ejemplo, y una violeta. Viendo el azafrán de otoño como símbolo de un estado de ánimo melancólico, lo he tomado no sólo por cómo se presenta exteriormente, sino como alegoría de una cualidad. La violeta, en cambio, puede verse como una alegoría de una mente tranquila y piadosa. Así, van pasando de una cosa a otra, de una planta a otra, de un animal a otro, y en ellos ven reflejadas cualidades espirituales. Esto hará que su capacidad para formar ideas sea flexible, liberándola de los duros contornos de la percepción sensorial. Pueden empezar a ver una cualidad reflejada en cada especie animal, tomando un animal como símbolo de fuerza, otro de astucia. Tenemos que perseguir esto seriamente, dondequiera que estemos, y no ser superficiales al respecto.

Esencialmente, todo el lenguaje humano está en símbolos. El lenguaje no es otra cosa que hablar en símbolos. Hay que utilizarlo incluso en la ciencia, donde la gente siente la necesidad de ser objetiva al referirse a las cosas, y las palabras actúan como símbolos. Si se habla del ala o de las alas de la nariz, se sabe que no son alas, pero se les da ese nombre. Para los que desean permanecer en el plano físico será mejor no perderse demasiado en tales simbolismos, pero los estudiantes avanzados no se perderán. Adentrándose en el asunto uno llega a darse cuenta de las profundidades de nuestra lengua en su forma original.

Pensadores profundos como Paracelso y Jakob Böhme debieron en parte su desarrollo al hecho de que no dudaron en entablar conversación con campesinos y vagabundos y estudiar la calidad imaginativa del lenguaje. En su época, palabras como "naturaleza", "espíritu" o "alma" aún tenían mucha más influencia. Una campesina que arrancaba una pluma a un ganso llamaba "alma" a la parte interior de la pluma. El estudiante debe encontrar por sí mismo estos símbolos en el lenguaje. Entonces se libera del mundo físico y aprende a elevarse para ver en imágenes. Cuando el mundo se convierte así en parábola, en semejanza, para el estudiante, esto tiene un efecto poderoso. Si lo practica durante el tiempo suficiente, notará los efectos. Mirando una flor, por ejemplo, algo se desprenderá gradualmente de la flor. El color que al principio sólo estaba en la superficie de la flor se eleva como una pequeña llama y flota libremente en el espacio. Así se desarrolla la capacidad de ver en imágenes. Será así con todos los objetos, como si su superficie se liberara. Todo el espacio se llena del color que flota en el espacio como una llama. Y así todo el mundo de la luz parece retirarse y separarse de la realidad física. Cuando una imagen de color se libera para flotar en el espacio, pronto comienza a adherirse a algo. No se detiene en algún lugar al azar; abraza una entidad que entonces se muestra en el color como una entidad espiritual. El color que el estudiante ha alejado de los objetos del mundo físico reviste a las entidades espirituales en el espacio astral.

Este es el punto en el que se necesita el consejo del maestro de ocultismo; de lo contrario, los alumnos podrían perder fácilmente el suelo bajo sus pies, lo que puede deberse a una de dos razones. Una es que cada alumno tiene que pasar por una experiencia particular. Las ideas que nos hacemos de las cosas físicas, no sólo a través del color, sino también del olor y el sonido, se muestran en formas peculiares, feas y a veces también bellas: caras de animales, formas de plantas y también caras humanas feas. Esta primera experiencia es un reflejo de la propia alma. Las propias pasiones e impulsos, el mal que aún yace en el alma, aparecen en el espacio astral ante el alumno como en un espejo. El alumno necesita entonces el consejo de su maestro de ocultismo, quien le dirá que no se trata de algo objetivo, sino de un reflejo de su propia naturaleza interior.

Te darás cuenta de que los alumnos dependen de los consejos de su maestro si consideramos también la forma en que aparecen esas imágenes. A menudo se ha subrayado que en el espacio astral todo es al revés, todo son imágenes especulares. El alumno puede ser fácilmente engañado por visiones engañosas, especialmente si reflejan su propia naturaleza. La imagen especular de una pasión no sólo se presenta como un animal que viene hacia ti, -ese sería el menor de tus problemas-, sino que también hay que tener en cuenta otra cosa. Supongamos que alguien tiene una pasión realmente maligna escondida en su interior. Tal impulso o apetito, en el reflejo se mostrará muy a menudo en formas seductoras, mientras que las buenas cualidades a veces no parecen nada atractivas. La leyenda habla de ello de una forma muy hermosa. Encontramos una imagen de ello en el mito de Hércules. Cuando se puso en camino, se le presentaron sus cualidades malas y buenas, con el vicio revestido de la tentadora forma de la belleza y la virtud vistiendo el ropaje de la falta de pretensiones.

También hay algo más. Aunque un alumno ya sea capaz de ver las cosas objetivamente, siempre queda la otra posibilidad, que es que la arbitrariedad interior actúe como un poder que guía y dirige los fenómenos. Los alumnos tienen que aprender a ver a través de esto y comprenderlo, porque los deseos tienen un poder tremendo en el plano astral. Todo lo que da dirección aquí en el mundo físico no estará allí cuando entres en el mundo de las imágenes. Si te has engañado pensando que has hecho algo aquí en el plano físico cuando en realidad no lo has hecho, pronto descubrirás la verdad de ello, pues los hechos te lo mostrarán en el plano físico. No es así en el espacio astral. Allí tus propios deseos te presentan imágenes ilusorias, y necesitas la guía de alguien que sepa cómo deben armarse esas imágenes imaginativas para mostrar su verdadero significado.

El tercer elemento en el entrenamiento Rosacruz es aprender la escritura oculta. ¿En qué consiste? Hay ciertas imágenes, símbolos, que se muestran en forma de simples líneas o combinaciones de colores. Tales símbolos constituyen un lenguaje de signos oculto específico. Lo que sigue puede servir de ejemplo. Hay un proceso en el mundo superior que también tiene un efecto en el mundo físico: un vórtice giratorio. Esto se puede ver en una nebulosa estelar, por ejemplo en la nebulosa de Orión. Allí se ve una espiral. Esto, sin embargo, está en el plano físico. Pero también se puede ver en todos los demás planos. Esta (Fig. 8a) es una figura que se encuentra en todo tipo de configuraciones en el plano astral. Si se comprende esta figura, se comprenderá también, con su ayuda, cómo una raza humana se transforma en otra. Cuando surgió la primera subraza de nuestra actual raza raíz, el sol estaba en el signo del Cangrejo. Por lo tanto, en ese momento, una raza se transformó en otra; debido a esto, el signo oculto del Cangrejo es éste (Fig. 8b). Los signos del zodíaco son, pues, todos signos ocultos. Sólo tenemos que llegar a conocer y comprender su significado.

fig. 8

El pentagrama es otro de estos signos (Fig. 8c). Los alumnos aprenden a relacionar determinadas respuestas y sentimientos internos con este signo. Son la contraimagen de cosas que suceden en el mundo astral. Este lenguaje de signos, la escritura oculta que aprenden los alumnos, no es ni más ni menos que el reflejo de las leyes de los mundos superiores. El pentagrama es, pues, signo de varias cosas. Así como la letra B se utiliza en muchas palabras diferentes, los signos de la escritura oculta pueden tener diferentes significados. El pentagrama, el hexagrama, el ángulo y otras figuras pueden utilizarse juntos en la escritura oculta, que en sí misma es un signo en los mundos superiores. El pentagrama es el signo del ser humano quíntuple, el signo de la reticencia, de guardar silencio, pero también el símbolo que subyace al alma específica de la rosa. 

 Si unen ustedes los pétalos de una rosa en su dibujo, tienes pentagrama. Así como la letra B significa algo diferente en 'barco' y en 'bufanda', también los signos significan cosas diferentes en la escritura oculta. Se aprende a ordenarlos de la manera correcta. Estas son las señales en el plano astral. Así como alguien que es analfabeto puede verse en relación con alguien que sabe leer, así alguien que sólo ve las imágenes como imágenes se relaciona con alguien que ha aprendido la escritura oculta. Las letras utilizadas en el plano físico son a menudo arbitrarias, pero originalmente reflejaban el lenguaje de signos astral. Tomemos un antiguo símbolo astral, el bastón de Hermes con la serpiente. En nuestra escritura se ha convertido en el signo E (Fig. 9).

fig. 9

O la W, que indica el movimiento ondulatorio del agua . Es el signo del alma humana y también de "wort =palabra". La M no es más que el labio superior del hombre:
Todo esto se ha vuelto más arbitrario en el curso de la evolución. En los planos ocultos, sin embargo, rige la necesidad. Allí se pueden vivir estas cosas.

El cuarto es el llamado ritmo vital. La gente sabe muy poco de esto en la vida ordinaria. Van por la vida egoístamente. Sólo los niños en la escuela tienen un cierto ritmo de vida en su horario, porque las lecciones de cada día se repiten semana tras semana. Pero, ¿Quién hace tal cosa en la vida ordinaria? Sin embargo, sólo avanzamos hacia un desarrollo superior si introducimos el ritmo, la repetición, en nuestras vidas. El ritmo prevalece en todo el mundo natural. Todo está organizado en ritmos: el movimiento de los planetas alrededor del sol, la aparición y desaparición anual de las plantas, e incluso el mundo animal, la vida sexual de los animales. Sólo al hombre se le permite vivir sin ritmo, para que pueda actuar con libertad. Pero debe volver a introducir el ritmo en el caos por elección propia. 

 Un buen ritmo consiste en hacer cosas ocultas a horas determinadas cada día. Por lo tanto, los alumnos deben hacer sus ejercicios de meditación y concentración a la misma hora cada día, al igual que el sol envía sus energías a la tierra a la misma hora en primavera. Esta es una forma de imprimir ritmo a la vida. Otra forma es hacer que la respiración sea rítmica, tal y como indica el maestro de ocultismo. Inspirar, contener la respiración y espirar debe hacerse rítmicamente durante un corto período de tiempo cada día, y esto se hace bajo la experimentada guía del maestro ocultista. De este modo, un nuevo ritmo sustituye al antiguo. Introducir este ritmo en la vida es una de las condiciones previas para ascender a los mundos superiores. Nadie puede hacerlo sin la guía de un maestro. Aquí el objetivo es simplemente resaltar el fundamento de ello.

El quinto consiste en aprender la correspondencia entre el llamado microcosmos y el macrocosmos. Se trata de que el maestro indique a los alumnos que concentren sus pensamientos en determinadas partes del cuerpo. Aquellos de ustedes que hayan escuchado la conferencia sobre la forma en que los sentidos se relacionan con los mundos superiores, recordarán que el mundo entero participa en la creación del cuerpo físico. El ojo es creado por la luz, por los espíritus activos en la luz. Cada punto en el cuerpo físico tiene una conexión con un poder específico en el cosmos. Tomemos como ejemplo el punto situado en la raíz de la nariz. Hubo un tiempo en que la cabeza etérica se extendía mucho más allá del cuerpo físico. Los atlantes todavía tenían un punto en la frente donde la cabeza etérica se extendía por encima de lo físico, como sigue siendo el caso en los caballos y otros animales hoy en día. La cabeza etérica de un caballo todavía hoy se proyecta a gran distancia. En el ser humano, el cuerpo etérico y el cuerpo físico se han hecho coincidir en el punto del que he hablado, y esto le permite desarrollar las partes del cerebro físico que le permiten decirse yo a sí mismo. El órgano que permite al hombre decirse yo a sí mismo está relacionado con un acontecimiento específico durante el período atlante de la evolución terrestre. El maestro de ocultismo instruirá a su alumno: 'Dirige tus pensamientos y concéntralos en este punto.' Entonces le dará un mantra Esto despierta un poder en esta parte de la cabeza que corresponde a un proceso particular en el macrocosmos. Se establece así una correspondencia entre el microcosmos y el macrocosmos. Del mismo modo, concentrarse en el ojo permite comprender el sol. Toda la organización del macrocosmos se encuentra así en el espíritu en nuestros propios órganos.

Cuando los alumnos hayan practicado esto durante un tiempo suficientemente largo, se les permitirá profundizar en las cosas que hayan descubierto de este modo. Por ejemplo, pueden ir al registro akáshico y elegir el momento de la evolución atlante en el que surgió el punto de la raíz de la nariz en el que se han concentrado, o encontrar el sol concentrándose en el ojo. Esta sexta etapa, que consiste en penetrar profundamente en el macrocosmos, se denomina "contemplación". Proporciona a los alumnos una visión del mundo que les permite comprender su propia naturaleza más allá del nivel personal. Esto es diferente del parloteo popular sobre el autoconocimiento. 

Uno no se encuentra a sí mismo mirando dentro de sí mismo, sino sólo si mira más allá de sí mismo. Este es el mismo ser que creó el ojo y dio a luz el sol. Para buscar la parte de su yo que corresponde al ojo tienen que mirar al sol. Deben percibir el mundo exterior como su yo Mirar hacia dentro sólo conduce al endurecimiento de uno mismo, a una forma superior de egoísmo. Cuando la gente dice: "Sólo tengo que dejar hablar a mi yo", no tiene ni idea del peligro que esto encierra. El autoconocimiento no debe practicarse a menos que los alumnos que siguen el camino blanco practiquen también la renuncia a sí mismos. Si aprenden a decir "Eso soy yo" a todo lo que les rodea, están maduros para tener autoconocimiento, como Goethe dejó decir a Fausto:
"Tú diriges ante mí la cadena de los vivos 
y me muestras a mis hermanos 
en la espesura silenciosa, en el aire y en el agua".

Las partes de nuestro yo están por todas partes ahí fuera. Esto también se muestra en el mito de Dionisio, por ejemplo, y es la razón por la que el entrenamiento Rosacruz da tanto valor a la contemplación objetiva y tranquila del mundo exterior. Para verse a sí mismos en su realidad, mírense en el espejo del mundo exterior y en su esencia. Percibirán mucho más claramente lo que vive en su alma si miran a los ojos de sus semejantes que si se concentran en si mismos entrando en su propia alma. Esta es una verdad importante, esencial, y nadie que tome el camino blanco se atreve a ignorarla. Hoy en día muchas personas han transformado su egoísmo ordinario en un egoísmo sofisticado. Lo llaman desarrollo teosófico cuando llevan su yo ordinario y cotidiano al nivel más alto posible. Realmente quieren sacar a la luz el aspecto personal. La verdadera penetración ocultista mostrará, por otra parte, que la vida interior se abre cuando llegamos a conocer nuestro yo superior en el mundo.

Cuando el alumno ha desarrollado esta actitud mental en la contemplación, con el yo fluyendo sobre todas las cosas, cuando siente la flor que crece hacia él igual que siente el dedo que mueve hacia sí mismo, cuando sabe que toda la tierra y todo el mundo es su cuerpo, llega a conocer su yo superior. Entonces hablará a la flor como a una parte de su propio cuerpo: "Tú eres parte de mí, parte de mi yo". Poco a poco llegará a sentir interiormente lo que se conoce como el séptimo nivel de la formación rosacruz: estar en armonía con Dios. Esto evoluciona como el elemento de sentimiento que guía al ser humano hacia los mundos superiores, donde no sólo debe pensar en los mundos superiores, sino aprender a sentir en estos mundos. Los frutos serán entonces evidentes para él, si se esfuerza por aprender bajo la guía continua de su maestro y no necesita temer que este camino oculto pueda conducirle a un abismo. Todas las cosas a las que se hace referencia como peligros del desarrollo ocultista no surgen si el desarrollo es guiado a lo largo de las líneas correctas. Cuando esto sucede, el buscador del camino oculto se convierte en un verdadero ayudante para la humanidad.

Durante la Imaginación surge la posibilidad de que el individuo pase una parte determinada de la noche en estado consciente. El cuerpo físico estará dormido, como de costumbre, pero parte de este estado de sueño estará lleno de una vida de sueños que tienen significado y contenido. Este es el primer signo de la entrada en los mundos superiores. Los alumnos llevarán gradualmente sus experiencias a la conciencia ordinaria. Entonces ven a los espíritus astrales por todas partes en el mundo que les rodea -también aquí, en esta sala, entre las sillas, o en los bosques y campos.

Las personas alcanzan tres niveles en el proceso de percepción imaginativa. En el primer nivel percibirán los espíritus que están detrás de las impresiones sensoriales obtenidas en el mundo físico. Hay un espíritu detrás del color rojo o azul, detrás de cada rosa; cada animal tiene detrás el alma de su especie o grupo Los individuos adquieren clarividencia diurna. Si el alumno espera un poco más, practicando tranquilamente la Imaginación y profundizando en la escritura oculta, será clarividente diurno. En el tercer nivel llega a conocer todas las cosas que se encuentran en el mundo astral y que arrastran al ser humano hacia abajo, extraviándolo en el mal, y que ahora están realmente allí para guiarlo hacia arriba. Se llega a conocer kama loka.

Con las partes cuarta, quinta y sexta del entrenamiento rosacruz, -ritmo de vida, relación entre microcosmos y macrocosmos, contemplación del macrocosmos- los alumnos alcanzan tres niveles más. En el primero de ellos adquieren conocimiento de las condiciones de la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Esto les llega en el devachan. El siguiente nivel es la posibilidad de ver cómo las formas se transforman unas en otras: la transmutación, la metamorfosis de las formas. Los seres humanos no siempre han tenido los pulmones que tienen hoy, por ejemplo; los pulmones sólo se remontan a la época lemúrica. Durante el tiempo hiperbóreo precedente los seres humanos tenían una forma diferente, y antes de eso otra diferente, lo cual se debe a que estaban en el estado astral, y antes de eso a que estaban en devachán. También se dice que en este nivel los alumnos llegan a conocer la relación entre los diferentes globos, es decir, tienen percepción directa de cómo un globo, o estado de forma, se transforma en otro. Por último, antes de pasar a mundos aún más elevados, tienen percepción directa de la metamorfosis de los estados de vida. Perciben cómo los diferentes espíritus se mueven a través de los diferentes reinos, o rondas y cómo un reino se convierte en otro. Después de eso, deben pasar a niveles aún más elevados, pero éstos no pueden ser discutidos hoy.

Las cosas que se han dicho hoy les darán suficiente material para trabajar por el momento. Realmente tienen que trabajar en estas cosas. Ese es el primer paso para alcanzar las alturas. Es bueno que por una vez se presente el camino rosacruz de manera ordenada. Se puede viajar en el plano físico aunque no se tenga un mapa, pero en el plano astral es necesario tener tal mapa. Consideren las cosas que he dicho como una especie de mapa; esto les será útil no sólo en esta vida, sino también cuando atraviesen la puerta hacia los mundos superiores. Aquellos que obtienen estas cosas de la ciencia del espíritu encontrarán que el mapa les sirve bien después de la muerte. El ocultista sabe que los seres humanos a menudo lo pasan mal cuando llegan al otro lado y no tienen ni idea de dónde están realmente en la vida y qué es lo que están experimentando. Las personas que han pasado por las enseñanzas de la ciencia espiritual conocen su camino y saben cómo caracterizar las cosas mismas. Sería de gran beneficio para la humanidad que la gente no se acobardara a la hora de emprender el camino hacia una comprensión más elevada.

Traducido por J.Luelmo jun,2024

sábado, 1 de junio de 2024

GA096 Berlín, Berlín, 14 de mayo de 1906 - La práctica educativa basada en el conocimiento espiritual

    Índice


IMPULSOS ORIGINALES DE LA CIENCIA ESPIRITUAL

RUDOLF STEINER

EL ESOTERISMO CRISTIANO A LA LUZ DE LOS  NUEVOS CONOCIMIENTOS ESPIRITUALES

La práctica educativa basada en el conocimiento espiritual

Berlín, 14 de mayo de 1906

A menudo he aprovechado aquí la circunstancia para rechazar el prejuicio de que la visión teosófica del mundo está completamente alejada de la práctica de la vida. Por el contrario, a menudo hemos tenido motivos para señalar cómo la Teosofía debe conducirnos profundamente a la vida práctica, porque nos enseña a conocer las leyes de lo que continuamente conforma la vida a nuestro alrededor. El que sólo conoce cuáles son las leyes de la vida exterior, sólo conoce una pequeña parte de la vida. Pues, con mucho, la mayor parte pertenece a las cosas ocultas de la vida, ocultas a los sentidos externos. Ahora, en un futuro no muy lejano, la humanidad seguramente se dará cuenta cada vez más de que hay que estudiar los mundos ocultos para llegar a comprender la vida, pues la actitud materialista llevaría a una crisis en todos los ámbitos, especialmente en el campo de la salud, así como en el sistema educativo, donde surge la pregunta: ¿Cómo se debe educar a la futura generación? Y por último, pero no por ello menos importante, el materialismo provocaría una crisis en todos los asuntos sociales, políticos y culturales: La vida se organizaría de tal manera que un día ya no sabríamos cómo ayudarnos a nosotros mismos. Para explicar lo que quiero decir, me gustaría decir unas palabras sobre cuestiones educativas, que al menos deben interesar a todos.

Quien aborde la cuestión de la educación desde un punto de vista materialista llegará muy fácilmente a las medidas más erróneas. Porque nunca considerará lo estrictamente legítimo que es todo el curso de la vida y, por lo tanto, no tendrá en cuenta que hay períodos de tiempo que tienen un profundo efecto en la vida. Uno simplemente no puede imaginar por qué, por ejemplo, la época de la infancia, que va del sexto al octavo año, difiere tan fundamentalmente de la de la niñez y la juventud, es decir, el período que va desde el séptimo u octavo año aproximadamente hasta la madurez sexual.

Pero quien no tenga ni idea de lo que le ocurre a una persona durante esta época no puede imaginarse lo importante que es observar de cerca estos periodos. Es de gran trascendencia saber lo que es el hombre en estos tres períodos: en el primero, que llega hasta el sexto u octavo año, en el segundo, que llega hasta el decimocuarto o decimoquinto año, y luego de nuevo en el período siguiente, a lo largo de los siete u ocho años siguientes. Estas son tres edades en la vida del hombre, que deben ser estudiadas muy cuidadosamente, no sólo en el sentido externo, sino desde el punto de vista del ocultismo, que trata de los mundos ocultos a los sentidos externos. Ustedes saben que el ser humano está constituido no sólo por este cuerpo físico, sino también por el cuerpo físico, el cuerpo etérico, que subyace al cuerpo físico y tiene la forma de éste, y luego el cuerpo astral, que aparece al clarividente como una nube en la que están incrustados los dos primeros cuerpos. Envuelto en esto tenemos al portador del yo. Veamos estos tres cuerpos en el ser humano en desarrollo.

Si quieren ustedes formarse una idea correcta de esto, deben darse cuenta de que antes de los períodos de tiempo en los que el ser humano puede ser visto externamente, existe todavía el período de tiempo anterior al nacimiento, cuando el ser humano vive en el vientre de la madre. Hay que hacer una distinción puramente física entre la vida antes del nacimiento y los períodos siguientes, y darse cuenta de que el ser humano no podría vivir si naciera demasiado pronto, si entrara demasiado pronto en el mundo exterior visible. No podría vivir en el mundo exterior porque sus órganos sensoriales, con los que entra en contacto con el mundo exterior, aún no están suficientemente desarrollados. Mientras el hombre está encerrado en el vientre de su madre hasta su nacimiento, se forman sus órganos, ojos, oídos y todo lo que necesita para vivir en el mundo físico. Antes de que sus órganos estén suficientemente preparados dentro de la envoltura protectora de otro cuerpo físico, el hombre no puede entrar en contacto con el mundo físico. <El nacimiento es el momento en que el ser humano es lo suficientemente maduro como para entrar en contacto con el medio ambiente sin un caparazón protector. Sin embargo, no ocurre lo mismo con los cuerpos etérico y astral. Éstos aún no están tan avanzados como para poder entrar en contacto directo con el medio ambiente. Un proceso muy similar al que tiene lugar con el cuerpo físico antes del nacimiento del ser humano, tiene lugar con el cuerpo etérico en el período que va desde el nacimiento hasta aproximadamente el séptimo año. Sólo entonces, se puede decir, nace el cuerpo etérico. Y el cuerpo astral no nace hasta el decimocuarto o decimoquinto año, momento en el que puede desarrollar una actividad libre e independiente en relación con el entorno.

Por lo tanto, deben ustedes ser conscientes de que hasta el séptimo año no se puede exigir nada especial al cuerpo etérico, y hasta el decimocuarto al cuerpo astral. Si se expusiera el cuerpo etérico de un niño al medio ambiente brutal, ocurriría lo mismo que si se entregara al mundo exterior a un niño en el quinto mes del estado embrionario, aunque no emergería con la misma vehemencia. Lo mismo ocurre si expones el cuerpo astral al medio ambiente antes de los catorce años. Deben ustedes tener esto claro: Hasta el séptimo año el cuerpo físico sólo ha nacido hasta tal punto que el medio ambiente puede ejercer sobre él una influencia plena. Hasta el séptimo año, el cuerpo etérico está tan centrado en sí mismo que resultaría dañado si se ejerciera una influencia especial sobre él. Por lo tanto, hasta ese momento, sólo se debe influir en el cuerpo físico. Del séptimo al decimocuarto año se puede ocuparse de la educación del cuerpo etérico, y sólo a partir del decimoquinto año se puede influir en el cuerpo astral desde el exterior mediante la educación.

Influir en el cuerpo físico de una persona significa transmitirle impresiones externas. El cuerpo físico se forma a través de impresiones externas. Por lo tanto, lo que se ha descuidado hasta la edad de siete años difícilmente se podrá compensar más adelante. Hasta el séptimo año el cuerpo físico se encuentra en una etapa tal que debe formarse a través de impresiones sensoriales externas. Si los ojos del niño sólo ven cosas bellas hasta los siete años, se desarrollan de tal manera que conservan el sentido de la belleza durante toda su vida. Más adelante, el sentido de la belleza ya no puede desarrollarse de la misma manera. Lo que se le dice al niño en el primer año o lo que se hace es mucho menos importante que la forma en que se organiza el entorno y lo que el niño ve y oye. Hasta entonces, las fuerzas internas de crecimiento deben nutrirse de impresiones externas. La mente libre y creativa del niño moldea una figura humana a partir de un trozo de madera con unos pocos puntos y líneas para los ojos, la nariz y la boca. Sin embargo, si al niño se le da una muñeca con la forma más bonita posible, tiene algo a lo que está atado; por lo tanto, la fuerza espiritual interior se aferra a lo que ya existe y no se ve desafiada a su propia actividad: está atada, y de este modo el poder creativo de la imaginación se pierde casi por completo para la vida posterior.

Este es en gran medida el caso de todas las impresiones del mundo sensorial. Lo que uno mismo es en el entorno del niño, lo que el niño ve o escucha directamente, eso es lo que importa. El niño se convierte en una buena persona cuando ve gente buena a su alrededor. Imita las cosas que percibe a su alrededor. Es precisamente el poder de la imitación, el efecto del ejemplo, lo más importante. Por tanto, lo correcto es imitar todo lo posible para que el niño pueda imitar todo lo posible. En este sentido, el mayor énfasis debe ponerse en el cuidado del cuerpo físico en el período comprendido entre el primer y el séptimo año. A esta edad todavía no se puede trabajar sobre los cuerpos superiores por medio de medidas educativas, en absoluto a través de la educación consciente; pero sí sobre estos cuerpos, mientras sigan completamente ocupados de sí mismos, a través de lo que son. Una persona sabia provocará sabiduría en el propio niño a través de su sabiduría. Además, el educador debe esforzarse por ser una persona lo más unida posible en el entorno del niño, por tener pensamientos lo más elevados y buenos posibles, del mismo modo que el cuerpo sano de una madre tiene un efecto saludable en el cuerpo del niño.

A partir del séptimo año se puede educar el cuerpo etérico con medidas deliberadas. Aquí entran en consideración dos cosas: los hábitos y la memoria, que están relacionados con el desarrollo del cuerpo etérico. Dependiendo de si una persona tiene estos o aquellos hábitos o adopta unos u otros en su memoria, forma su cuerpo etérico. Por lo tanto, hay que tratar de dar a la persona en crecimiento una base firme en la vida que esté arraigada en buenos hábitos. Quien hace algo diferente cada día y no tiene una base segura para sus acciones se convertirá en una persona sin carácter. La formación de una base de hábitos se reserva, por tanto, para el periodo comprendido entre los siete y los catorce años. La memoria también debe trabajarse durante este periodo. Por lo tanto, es necesario que el niño adquiera hábitos sólidos y una gran capacidad de memorización. De hecho, no es más que un error de la era materialista creer que hay que animar al niño a formarse sus propios juicios lo antes posible. Al contrario, debe hacerse todo lo posible para proteger al niño de ello. En esta época, el niño debe seguir aprendiendo cosas de la autoridad. Las personas que rodean a un niño deben influir en él en su segundo año no sólo con el ejemplo, sino directamente a través de la enseñanza. No siempre con el "por qué" y el "porque", sino por el hecho de que todo se construye sobre la autoridad, se forman fuertes tesoros de memoria. Por ello, el niño debe estar rodeado de personas en las que pueda confiar, en las que tenga confianza y que despierten en el niño una buena fe en su propia autoridad. Sólo después de esta etapa de la vida debe conducirse al niño a la facultad de opinión y al conocimiento independiente. Liberando prematuramente al niño de la autoridad, se priva al cuerpo etérico de la oportunidad de una formación completa. Por lo tanto, es mejor que al niño no se le enseñen pruebas y valoraciones en el segundo año, sino ejemplos y parábolas. Los juicios sólo afectan al cuerpo astral, y éste aún no está libre para ello. El niño debe ser informado lo más posible sobre grandes personalidades. La contemplación de tales personalidades históricas debe tener simplemente tal efecto en el niño que emule a estas figuras. La cuestión de la muerte y el nacimiento también se responde mucho mejor con el ejemplo. Quien sea capaz de inspirarse en la naturaleza verá lo que puede conseguir con ella. Si se le muestra al niño una oruga, por ejemplo, y se le muestra cómo se hila hasta convertirse en una crisálida y cómo la mariposa se despliega finalmente de esta crisálida, éste es un ejemplo maravilloso del surgimiento del niño de la madre. Es tanto lo que se puede lograr cuando las comparaciones se toman prestadas de la propia naturaleza.

Es igualmente importante inculcar al niño no principios morales, sino parábolas morales. Algunos dichos de Pitágoras muestran esto claramente. En lugar de proclamar: ¡Si quieres hacer algo, no debes preocuparte por cosas cuya futilidad puedes prever desde el principio!. Pitágoras dijo sucintamente: ¡No golpees el fuego con una espada!. Este es un ejemplo particularmente bueno. Y para la instrucción: ¡No debes interferir en aquello para lo que aún no estás preparado! aplicó la sentencia: ¡Abstente de las judías! Esto tenía una aplicación moral además de puramente física. Cuando la gente en la antigua Grecia quería decidir sobre algo, repartían judías blancas y negras y luego contaban cuántas judías de un color se daban y cuántas del otro. Las elecciones también se celebraban de esta manera. En este sentido, Pitágoras dijo en lugar de: ¡Todavía no estás maduro para inmiscuirte en los asuntos públicos! simplemente: ¡Abstente de las judías!

Esto apela al poder creativo de la imaginación y no al poder de la mente. Cuanto más se utilizan las imágenes, más efecto se produce en el niño. Por eso, la madre de Goethe no podía hacer nada mejor que contarle a su hijo bellos cuentos morales. Nunca le predicó moral. A veces ella no podía terminar su historia; entonces él mismo escribía el final.

Es especialmente desfavorable para el ser humano en desarrollo que se le anime a criticar antes de los catorce años, a confiar en su propio criterio, que pierda el poder benefactor de las autoridades que le rodean. Es muy malo para él cuando no hay personalidades a las que pueda admirar. El cuerpo etérico se atrofia, se vuelve débil y endeble si no puede inspirarse en grandes ejemplos. Y entonces tiene un efecto particularmente malo si adquiere su propio credo antes de tiempo y quiere juzgar al mundo. Sólo es lo suficientemente maduro para ello cuando su cuerpo astral se despliega libremente. Cuanto más puedas evitar que juzgue y critique prematuramente, mejor será para él. El educador, por lo tanto, actúa sabiamente cuando trata de hacer comprensible la realidad a través de los propios acontecimientos antes de que el cuerpo astral se libere, y no pidiéndole al joven que haga una confesión fija, como está ocurriendo cada vez más a través de la educación materialista. El caos entre los credos desaparecería rápidamente si se pusiera fin a esto. El poder de juicio, el intelecto debe ser alentado lo más tarde posible, sólo cuando el sentido para el individuo despierta, con el surgimiento del cuerpo astral. Antes de eso, el hombre no debe decidir a favor del individuo; allí debe ser un hecho en quien cree. Pero en los años que vienen ahora, el individuo encuentra su expresión más fuerte en la relación entre los dos sexos, cuando un individuo se siente atraído por el otro.

Así que ya ven: si estudian correctamente los tres cuerpos del hombre, tendrán de hecho la base más práctica para la educación y el desarrollo correctos del hombre. La ciencia espiritual no es, pues, nada poco práctico, ni nada que flote suspendido en las nubes, sino algo que nos da la mejor orientación para intervenir en la vida.

Esto es precisamente lo que hace tan necesaria la profundización actual en ciencias espirituales, porque de lo contrario la gente acabaría en un callejón sin salida. Hoy se critica a los tiempos pasados porque los niños no estaban llamados a decidir sobre Dios y el mundo a una edad temprana. Pero eso era un instinto muy sano. Hoy en día hay que volver a hacerlo cada vez más y reconocer que el pasado ha desaparecido, pero con él también una cierta seguridad para las cosas individuales de la vida. Ahora, sin embargo, el género humano no debe ser destruido de repente [...]. Si se hubieran seguido radicalmente los principios del materialismo en el campo de la educación, la medicina, la jurisprudencia y demás, entonces nuestro orden humano probablemente se habría derrumbado hace tiempo. Pero no se podía destruir todo: una parte del pasado ha permanecido [...]. Porque el materialismo llevaría necesariamente a la gente a un callejón sin salida, por eso es necesario el movimiento espiritual-científico. 

Los profesores que realmente aún sienten algo por el alma del niño simplemente se ahogan bajo el esquematismo escolar y las normas, que son una caricatura de lo que realmente debería haber, y que nacen de la superstición de que sólo hay que ocuparse del cuerpo físico. La fe religiosa no protege contra esto. Es mucho más importante que las personas adquieran un sentido para lo espiritual, para aquello que realmente trasciende la vida sensorial. Por eso las personas que se aferran a fórmulas externas cuando se trata de principios educativos no podrán encontrar lo correcto. Se aferran al dogma eclesiástico tradicional, pero no quieren saber nada del desarrollo del espíritu. De esto se trata sobre todo. Lo que se necesita hoy debe venir de los mundos espirituales.  Pues lo que ha traído el materialismo sólo es capaz de enfermar a las personas en el cuerpo físico y en los cuerpos superiores. Una grave crisis sería inevitable si no se produjera una profundización espiritual de la humanidad. Hay muchas cosas que señalan como con el dedo las decisiones importantes que están teniendo lugar en nuestra humanidad hoy en día. Hay que mirar las cosas por dentro, las formas externas no marcan la diferencia. No se puede matar en las personas el anhelo y la inclinación hacia el espíritu. Algunas de las personas que tienen tal anhelo se encontraron con el espiritismo. Pretenden probar el espíritu de una manera material. Ahora es notable como la Iglesia Católica, que en realidad solo debería tratar con lo espiritual, se comporta en este aspecto: cada acción externa es el reflejo de algo espiritual. Pero es extraño lo que acaba de suceder: que alguien en los círculos eclesiásticos busque pruebas externas de lo espiritual. Lapponi, médico personal del Papa, ha publicado un libro en el que prácticamente defiende el espiritismo. Esto es tan extraño porque las personas a las que se dirige esta publicación obviamente ya no tienen una mentalidad espiritual; necesitan pruebas tangibles de la existencia de un mundo espiritual. Merece la pena reflexionar sobre el hecho de que el médico personal del Papa abogue por el espiritismo. Hay un anhelo por el mundo espiritual, pero ninguna comprensión de su propia doctrina sobre el mundo espiritual.

Así es como el materialismo se cuela en las religiones, que en principio no deberían ser materialistas en absoluto. Por lo tanto, pueden ver lo importante que es un movimiento que apela a la comprensión del espíritu en el hombre, que, sin embargo, no es ascético ni ajeno a la vida, sino que hace que el significado práctico de esta espiritualidad sea cada vez más comprensible.

Pero ahora no debemos preguntar: ¿Cómo puedo desarrollar rápidamente en mí todo tipo de poderes ocultos? o: ¿Cómo puedo sugestionarme para no entrar en contacto con la realidad?. Quien hace tales preguntas es un egoísta y nada más que un gourmet espiritual. Si sólo quieren disfrutar de las cosas que les agradan, simplemente están haciendo, a un nivel un poco más refinado, lo que hace un gourmet incluso a la hora de desayunar. Un verdadero teósofo busca comprender la vida y servirla. Los padres adoptan un enfoque teosófico cuando consideran que es su tarea ayudar al desarrollo del niño en cada paso.  No pregunten: ¿Cómo podemos hacer eso en nuestro tiempo? También aquí hay que saber: Es importante aferrarse conscientemente al hecho de que el alma es lo eterno. El hombre está dispuesto a creer en la vida eterna, en la que desearía entrar lo antes posible tras su muerte. Pero quien está realmente convencido de que el alma es eterna, para él el tiempo que va del segundo al octogésimo año sólo significa una diferencia de setenta y ocho años, ¿y qué es eso comparado con la eternidad? Entonces se cree en la eternidad de la existencia, y también hay que sentirlo y tener paciencia. Hay que acostumbrarse a trabajar al servicio de toda la humanidad. Por tanto, no es en absoluto importante si realmente podemos aplicar inmediatamente lo que adquirimos; sino sobre todo debemos esforzarnos siempre por aplicarlo, y todo el mundo encontrará finalmente algún pequeño campo para ello. Pero si todo el mundo se limita a criticar, nunca saldrá nada. Es mejor hacer un poco y no quejarse de que no podemos aplicar lo que hemos aprendido que no hacer nada en absoluto. Esto es lo que deberíamos grabarnos en el alma como una ley práctica. Nuestra vida cambiará por sí misma si nos abrimos camino en la ciencia espiritual de esta manera, y sin darnos cuenta, una persona remodela el mundo cuando se convierte en teósofo. Lo principal y lo más sabio que podemos hacer es primero captar la ciencia espiritual en su esencia y luego vivir de acuerdo con ella lo más intensamente posible. Entonces la introducimos en la vida; el resto se hará por sí mismo. Una madre o una maestra que sea teósofa actuará de forma diferente por sí misma que una persona que no tenga ni idea al respecto. Cualquiera que sepa qué tipo de estructura es el ser humano también observará instintivamente los diferentes tipos de desarrollo en el ser humano en desarrollo. Sobre todo, una auténtica profundización teosófica pondría fin a la hipocresía de que los grandes primero se dediquen a todo tipo de veleidades y luego entren en el jardín de infancia con principios mortalmente serios. Esto se debe precisamente a que la gente no tiene fe en el espíritu.

Así hemos vuelto a comprender que la ciencia espiritual es algo que pertenece a la práctica de la vida, y que es uno de los prejuicios más absurdos cuando los adversarios dicen que nos aleja de la vida. En realidad, conduce a la vida. Hoy todo buen filisteo se siente todavía exaltado cuando puede hablar de Teosofía, pero llegará un momento en que se juzgará de otro modo. Un día nos daremos cuenta de dónde reside la verdadera alegría de vivir. Llegará el futuro en que la gente dirá: Esos fueron los grandes reaccionarios, que se aferraron a una corriente de la época que no podía conducir al futuro, que no quisieron saber nada de la gran práctica de la vida, que anuncia a la humanidad nuevas percepciones del espíritu, tal como nos son dadas a través de la cosmovisión teosófica, percepciones que han de fijarse en nosotros y hacerse cada vez más prácticas a través de la actitud teosófica que se enciende y que está viva en nosotros.

Traducido por J.Luelmo may,2024