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sábado, 15 de junio de 2024

GA096 Berlín, 29 de enero de 1906 -Impulsos originales de la Ciencia Espiritual

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IMPULSOS ORIGINALES DE LA CIENCIA ESPIRITUAL

RUDOLF STEINER

EL ESOTERISMO CRISTIANO A LA LUZ DE LOS  NUEVOS CONOCIMIENTOS ESPIRITUALES

Impulsos originales de la Ciencia Espiritual

Berlín, 29 de enero de 1906

Una y otra vez se hace evidente lo difícil que es para nuestros contemporáneos comprender la vida teosófica. Por lo tanto, se deben expresar algunos pensamientos generales al respecto. Todos los que se sienten atraídos por la teosofía tienen la sensación de que ésta debe satisfacer su más profundo anhelo con respecto a la vida espiritual. Pero si queremos mantener la idea teosófica básica, tal como es en el presente, ante nuestras almas y llenar toda nuestra conciencia con el pensamiento de que lo espiritual es algo real, entonces debemos llegar finalmente a reconocer la dignidad de la persona de nuestro prójimo. Aceptamos lo personal, porque como ser humano con un alma sensible en su cuerpo, no nos permitiríamos violar deliberadamente la personalidad exterior de nuestro prójimo, no nos permitiríamos atacarle en su libertad personal. Pero aún no estamos tan lejos, ni de lejos, como para extender esta tolerancia a lo más íntimo del ser humano, porque aún estamos lejos de saber, a lo sumo teóricamente, pero aún no prácticamente, que los sentimientos y los pensamientos, lo espiritual en general, es algo real. Todos ustedes se dan cuenta de ello. Y también está claro para todos hoy que es algo muy real, muy real cuando golpeo a alguien con la mano. Pero la gente no cree tan fácilmente que es algo real cuando envío a alguien un mal pensamiento. Tenemos que darnos cuenta de que el mal pensamiento con el que me acerco a mi semejante, el pensamiento de antipatía, de odio, es tanto un golpe en su alma como un golpe en su cara. Y un sentimiento perjudicial, un sentimiento de odio y antipatía, con el que me enfrento a mi semejante, son realmente como la habitual herida externa que uno inflige a una persona. Sólo cuando uno se da cuenta de esto se convierte en teósofo.

Si nos impregnamos completamente de esta conciencia, si nos damos cuenta de que el espíritu dentro de nosotros es una realidad, entonces hemos captado el pensamiento teosófico, y entonces se nos presenta algo que es la consecuencia real, la consecuencia importante de tal concepción espiritual. En primer lugar, las personas de una sociedad educada no se abofetearán entre sí, ni se infligirán heridas externas. <Pero no necesito decirles con qué pensamientos, con qué opiniones se sientan codo con codo las personas de nuestra sociedad educada. Ustedes lo saben. La Sociedad Teosófica tiene la tarea de hacer que la gente tome conciencia de la simpatía e inviolabilidad de la persona. Si en nuestro tiempo, cuando la gente prefiere tener opiniones y puntos de vista, siete personas se sientan juntas, entonces tienen trece opiniones, y como resultado de las trece opiniones preferirían dividirse en trece partidos. Este es el resultado de la diferencia de opinión, y en el lugar de esta diferencia de opinión el movimiento teosófico tiene que poner la idea de la hermandad en lo más profundo. Sólo comprendemos plenamente la Teosofía, esta idea de hermandad, cuando somos capaces de sentarnos juntos en hermandad con la mayor diversidad posible de pensamientos ulteriores. No sólo queremos respetar y apreciar la persona de nuestro prójimo y enfrentarnos a él de tal modo que le reconozcamos en su dignidad humana más plena, sino que en lo más profundo de nuestra alma también queremos reconocer a nuestro prójimo como un alma. Pero entonces debemos sentarnos junto a él y permanecer juntos, aunque exista la mayor diferencia de opinión. Nadie puede abandonar la comunidad teosófica, la hermandad teosófica, por diferencias de opinión. Esta es precisamente la ventaja de los teósofos, que permanecen juntos como hermanos incluso cuando no están de acuerdo. Hasta que no nos unamos como hermanos, no estaremos en condiciones de realizar una idea teosófica básica. Esto es lo que hace posible que saquemos de las almas los secretos más profundos que yacen dormidos en ellas, las capacidades más profundas que viven como adormecidas en el fondo de nuestras almas, cuando nos damos cuenta de que podemos trabajar juntos con nuestros semejantes, aunque tengamos opiniones fundamentalmente dispares.

No en vano, como he dicho a menudo, la Sociedad Teosófica se fundó en el último tercio del siglo XIX. La forma en que busca lo espiritual difiere considerablemente de otros esfuerzos que también aspiran a obtener pruebas de la inmortalidad del hombre. Hay una gran diferencia en la búsqueda de lo eterno tal como se encuentra en la Sociedad Teosófica y la búsqueda de lo eterno en otros movimientos centrados en el espíritu. En verdad, el movimiento teosófico no es más que la popularización de las fraternidades ocultas de los últimos milenios que se han extendido secretamente por todo el mundo. Ya he mencionado que la más destacada, la mayor fraternidad de Europa fue fundada en el siglo XIV como la Fraternidad Rosacruz. Esta Fraternidad Rosacruz es en realidad la fuente, el punto de partida de todas las demás fraternidades que se han conservado en la cultura de Europa. La sabiduría oculta se cultivaba en estricto secreto en estas fraternidades. Si tuviera que describir para ustedes lo que las personas unidas en estas diversas fraternidades querían alcanzar, tendría que decirles: esas elevadas y sublimes enseñanzas de sabiduría y ese trabajo de sabiduría que se cultivaban en estas fraternidades ocultas, de las cuales la Fraternidad Rosacruz era la más destacada. Las enseñanzas y los trabajos que allí se cultivaban llevaron al hombre al punto de tomar conciencia de su núcleo eterno de ser. Llevaron al hombre a encontrar la conexión con el mundo superior, con los mundos que están por encima de nosotros, y a buscar la guía de nuestros hermanos mayores, la guía de aquellos que viven entre nosotros y que han alcanzado un nivel que todos ustedes alcanzarán más adelante. Llamamos a esos los hermanos mayores por la razón de que ellos, anticipándose al desarrollo general, han alcanzado antes esta elevada posición: así la certeza del núcleo eterno del ser, el despertar del mismo, para que el hombre pueda contemplar lo eterno así como el hombre ordinario puede contemplar el mundo de los sentidos. Para lograrlo, él debe emular a los hermanos mayores que viven por doquier entre nosotros. Estos hermanos mayores o maestros, los grandes líderes de la humanidad, han sido siempre ellos mismos los líderes supremos y los supervisores supremos de la sublime sabiduría oculta a través de la cual el hombre toma conciencia de su esencia eterna. Aquellos que deseaban ser admitidos en tal hermandad oculta eran sometidos a estrictas pruebas y ensayos hasta mediados del siglo XIX. Sólo podían ser admitidos en tal hermandad aquellos cuyo carácter fuera reconocido como garantía de que la elevada enseñanza de la sabiduría nunca podría ser mal empleada para fines bajos. Además, debía garantizar mediante su inteligencia que comprendía lo que se le daba en las hermandades ocultas de la manera y en el sentido correctos. Sólo si alguien cumplía estas condiciones, si daba una garantía completa de que era capaz y estaba en el estado de ánimo necesario para recibir las más elevadas enseñanzas de la vida, podía ser aceptado en tal hermandad.

Por poco que la gente quiera creerlo: Todo lo realmente grande que ocurrió hasta la Revolución Francesa y en el siglo XIX emanó de estas fraternidades ocultas. La gente ni siquiera se daba cuenta de cómo estaba siendo influenciada por las corrientes que emanaban de las fraternidades ocultas. ¿Les describo una escena de cómo estas fraternidades actuaban de forma oculta en el mundo? Tomemos la siguiente escena. Un hombre importante y muy dotado recibe la visita inesperada de una persona aparentemente desconocida. Esta persona desconocida sabe cómo entablar una conversación entre él y esta persona importante, tal vez un estadista. Todo esto sucede de la manera más natural y bastante "por casualidad", por lo que este "por casualidad" debería entrecomillarse. La conversación no contiene cualquier cosa, pues en el transcurso de la misma se dicen cosas que se instalan de manera bastante imperceptible en la mente, en el intelecto de la persona visitada. De una conversación así, que puede durar sólo tres horas, se produce una transformación completa de la persona en cuestión. De esta manera, lo crean o no, muchas grandes ideas con un impacto significativo en el mundo han sido trasplantadas a las mentes de las personas. Así es como se inspiraron grandes ideas en Voltaire, sin que tal vez él tuviera ni idea de a quién se enfrentaba como un fenómeno aparentemente de lo más insignificante, pero que tenía cosas importantes que decirle. Así en Rousseau se asentaron algunas ideas básicas así recibidas; también en Lessing.

Este tipo de efectos, que emanaban de las fraternidades ocultas, se desvanecieron cada vez más en el transcurso del siglo XIX. El siglo XIX fue necesariamente el siglo del materialismo. Las fraternidades ocultas se habían retirado. Los grandes maestros de la sabiduría y la armonía de las sensaciones se retiraron a Oriente, por utilizar un término técnico. Dejaron de tener efecto en Occidente. Ahora sucedió algo particularmente importante en Occidente. Tengamos esto en cuenta para darnos cuenta del significado del movimiento teosófico mundial.

Fue en 1841 cuando los miembros de la sociedad más oculta se dieron cuenta de que algo importante estaba a punto de suceder en Europa. Era necesario, para frenar la marea del materialismo, que una corriente de vida espiritual fuera canalizada hacia la humanidad. En aquella época había cierta diferencia de opinión entre los propios ocultistas. Algunos decían: La humanidad aún no está madura para recibir hechos y experiencias espirituales, queremos mantener el sistema de silencio. Estos eran los ocultistas conservadores. Este sistema tiene mucho a su favor, pues la difusión de las verdades ocultas tiene grandes peligros. Los otros decían: El peligro del materialismo es demasiado grande, hay que hacer algo al respecto para que al menos las cosas más elementales sean comunicadas a la humanidad. Pero, ¿En qué forma? La humanidad había olvidado por completo cómo captar el espíritu en su verdadera forma, había olvidado cómo elevarse realmente a los mundos superiores, había olvidado por completo el concepto de ello, de modo que ese mundo ya no existía para ella en absoluto. ¿Cómo enseñar que existe algo espiritual a una humanidad que sólo siente lo material? ¿Por qué era tan necesario enseñar a la humanidad la conciencia del mundo espiritual?

Aquí tocamos uno de los importantes secretos que yacen latentes en nuestro presente. Ya he señalado aquí y allá a qué se debe realmente que exista un movimiento teosófico, por qué es necesario. El que puede ver en el mundo espiritual sabe que todo lo que existe exteriormente materialmente tiene su origen espiritual, proviene de lo espiritual. No hay nada material que no provenga de lo espiritual. Eso incluye también lo que la gente tiene exteriormente como salud y enfermedad, pues ellos proviene de su actitud, de sus pensamientos. El proverbio que dice: Lo que piensas hoy, eso serás mañana, es muy cierto. Deben ser ustedes conscientes de que si una época tiene pensamientos malos y corruptos, la siguiente generación y la siguiente época tendrán que expiarlo físicamente. Es la verdad del dicho: Los pecados de los padres serán vengados en tantos y tantos miembros. No quedará impune el hecho de que la gente del siglo XIX comenzase a pensar tan crudamente materialmente, a apartar su mente de todo lo espiritual. Lo que la gente pensaba entonces se hará realidad. ¡Y no estamos tan lejos de que aparezcan extrañas enfermedades y epidemias en nuestra humanidad! Lo que llamamos nerviosismo adoptará formas terribles a mediados de siglo a más tardar. Así como una vez hubo peste y cólera y lepra en la Edad Media, habrá epidemias del alma, enfermedades del sistema nervioso en forma epidémica. Estas son las consecuencias reales del hecho de que las personas carecen del núcleo espiritual de la vida. Donde hay conciencia de este núcleo de la vida como centro, el ser humano se vuelve sano bajo la influencia de una visión del mundo sana, verdadera, sabia. Pero el materialismo niega el alma, niega el espíritu, ahueca al hombre, lo señala en su periferia, en su circunferencia. La salud sólo existe cuando el núcleo más profundo del ser del hombre es espiritual y verdadero. La verdadera enfermedad que sigue al vaciamiento del ser interior es la epidemia espiritual a la que nos enfrentamos.

Para proporcionar a la gente una concienciación de su esencia espiritual, es por lo que existe la Sociedad Teosófica. Está orientada sobre todo a sanar a la humanidad, y no a que unos y otros tengan conocimiento de esto o de aquello. Si se sabe que existe la reencarnación y el karma, quiero decir, si simplemente se sabe eso, eso no es lo que importa, sino que estos pensamientos se conviertan por completo en la sangre del alma, en el núcleo espiritual del ser, pues son saludables. Si podemos probarlo o no, si podemos establecer una ciencia que demuestre estrictamente la reencarnación y el karma de forma matemática, eso no es lo importante. Sólo hay una prueba para las enseñanzas de la ciencia espiritual, y es la vida. Las enseñanzas de la ciencia espiritual demostrarán ser verdaderas cuando bajo su influencia surja una vida sana. Esta será la verdadera prueba de las enseñanzas teosóficas. Quien quiera tener una prueba de la Teosofía debe experimentar lo Teosófico; entonces se demostrará que es verdad. Cada paso y cada día deben traernos gradualmente la prueba de las enseñanzas de la Ciencia Espiritual.

Por eso surgió la Sociedad Teosófica. ¿Pero cómo se puede enseñar a una humanidad materialista del siglo XIX que existe un espíritu? Eso dio pie a que surgiera el movimiento espiritista. Surgió precisamente porque no se creía que se pudiera enseñar a la humanidad que existiese algo espiritual; había que mostrarlo, verlo con los ojos. En Stuttgart alguien preguntó por qué la Teosofía no podía llegar a proporcionar a Haeckel una prueba tangible de que el espíritu existe. ¡Hay que mostrar lo que es el espíritu! Esto se intentó primero a través del espiritismo. Esto se intentó durante décadas, hasta los años sesenta y setenta del siglo XIX. Pero ahora surgió un hecho extremadamente fatídico. Traigamos  ante nuestra alma este hecho por nosotros mismos. A partir de ahí pueden ustedes ver cuál es la diferencia entre la manera teosófica de elevarse a los mundos superiores y cualquier otra. No estamos discutiendo aquí en ningún momento, la verdad o falsedad de los fenómenos del Espiritismo. Es evidente que existen fenómenos que invocan seres de otros mundos en nuestro mundo, de modo que incluso para aquellos que sólo admiten cosas sensoriales, puede crearse una prueba real. Estamos más allá de la locura de quien dice que hay mucho fraude en el Espiritismo. Porque por mucho dinero falso que haya, también hay dinero real.

No queremos seguir discutiendo la cuestión de la verdad. ¿Pero qué experimentaba una persona que participaba en una sesión espiritista? Partimos de la base de que todo lo demás está excluido, de que se trata de revelaciones verdaderas. Si se le ha mostrado la aparición de una persona fallecida, ha obtenido una prueba clara de la inmortalidad del alma humana. Tenía una prueba material, podía convencerse de que los muertos siguen ahí, en un mundo u otro, y que incluso pueden ser llamados a nuestro mundo. Pero esto demuestra que el conocimiento no es importante, que el conocimiento no es lo principal. Supongamos que todos ustedes estuvieran convencidos de esta manera de traer a una persona fallecida a esta sociedad a través de una sesión espiritista. Entonces sabrían que el alma humana es inmortal. Pero ahora la pregunta es ésta: ¿Tiene tal conocimiento algún significado real en el sentido más elevado para la verdadera vida humana superior? Esto se creía al principio. Se creía que si las personas sabían que existía la inmortalidad, subirían de nivel. Pero aquí es donde la visión espiritual-científica del mundo se aparta definitivamente de tal visión, que sólo proporciona pruebas claras y visibles de la inmortalidad.

He aquí una especie de comparación: a menudo les he hablado de toda clase de mundos superiores, les he descrito cómo es el mundo astral y el Devachán, y ustedes saben que, después de la muerte, una persona debe entrar primero en el mundo astral y luego en el mundo del Devachán. Supongamos ahora que hubiera muchas personas sentadas aquí que dijeran: ¡No podemos creer lo que nos está diciendo, es demasiado improbable! Los que no lo creen, se van y no vuelven, tendrían que demostrar su opinión por sí mismos. Pero los que, a pesar de no creerlo, vuelven, les da igual. A los que vuelven, les diría: No creas nada, no necesitas creer nada, ¡no importa! Incluso puedes pensar que es un engaño, o creer que te estoy contando algo que viene del reino más fantástico posible, ¡pero escúchalo y asimílalo! Eso es lo que importa. Imagina que te dibujo un mapa de Asia Menor. Alguien podría venir y explicárselo: Los ríos y montañas que está dibujando ahí no tienen sentido. Yo le diría: No me importa que no me creas. Pero grábalo, míralo y guárdalo en tu mente. Luego, cuando llegues a Asia Menor, te darás cuenta de que es cierto y sabrás orientarte. Eso es lo principal también con los astrónomos, ir a las regiones más altas con un mapa en la mano; eso es lo esencial que importa. Lo mismo ocurre con el conocimiento de un mundo superior: sólo podemos entrar en este mundo superior si absorbemos algo de la naturaleza de este mundo superior. Cuando aquí se describe el astral, deben de absorber algo de la forma de ese mundo vibrante y en movimiento del astral, y cuando se habla del devachán, deben absorber algo de la naturaleza de este mundo, que es tan opuesto al nuestro. Con sólo que se conecten con esos pensamientos y se vivan en esas regiones superiores, obtendrán un sentimiento del estado de conciencia que tenemos cuando nos rodea el mundo astral, del estado de conciencia cuando nos rodea el mundo devacánico. Si ustedes reviven los estados que tiene el vidente cuando se eleva a estos mundos, entonces tienen algo más que si tuvieran una prueba tangible de que pueden experimentar algo. Esa es la diferencia entre el método científico-espiritual y todas las demás formas de obtener certeza sobre lo espiritual.

A través de la Teosofía intentamos elevarnos a los mundos superiores, hacernos capaces de sentir lo espiritual directamente, de modo que ya sintamos un soplo de los mundos superiores en el mundo físico. El punto de vista espiritista, del que hablaba antes, trata de bajar el mundo espiritual al físico, de ponerlo ante nosotros como si fuera material. Mientras que el teósofo trata de elevar el mundo humano a la esfera espiritual. El espiritista dice: Para que los espíritus me sean probados, deben bajar hasta mí. Deben hacerme cosquillas, por así decirlo, entonces se vuelven perceptibles a mi sentido del tacto. El teósofo sube hacia ellos, trata de acercarse; trata de desarrolla su alma de tal manera que pueda comprender lo espiritual.

Pueden hacerse una idea de esto haciendo una simple comparación. En las circunstancias actuales, incluso con algunos seres espirituales superiores que están encarnados en la carne, es difícil elevarse hasta ellos. ¡Pónganse en la situación si Cristo Jesús apareciera en el presente! ¿Cuántos creen que habría que lo aceptarían? No quiero decir en absoluto que algunos correrían detrás de la policía si apareciera alguien con la pretensión con la que en su día apareció Cristo Jesús. Pero depende de si la gente está preparada para ver lo que vive a su lado.

Otra comparación: Una cantante fue invitada a cenar, pero llegó un poco tarde. Su silla quedó vacía entre dos caballeros. Uno era su amigo Felix Mendelssohn, el otro un caballero que ella no conocía. Tuvo una muy buena conversación con Mendelssohn, el caballero de su izquierda fue muy educado con ella y le mostró todo tipo de cortesías, cosa que a ella le disgustaba. Entonces le preguntó a Mendelssohn: ¿Quién es este estúpido que está sentado a mi lado? Es el famoso filósofo Hegel>, respondió Mendelssohn. Si la hubieran invitado a ver a Hegel, sin duda se habría comportado de otra manera. Pero tal como estaban las cosas, sentada a su lado sin sospechar nada, pensó que era un tipo estúpido.

Créanme ustedes, también es muy posible que la individualidad de un maestro se cruce en su camino y ustedes lo tomen por un insensato. El hombre sólo puede reconocer a estas individualidades superiores cuando se encarnan en la carne si se ha capacitado para ello. Si el Cristo Jesús descendiera hoy hasta nosotros y no se mostrara tal como la gente se lo imagina, no lo reconocerían. Eso es lo que quiere la Teosofía, quiere desarrollar al hombre, transformarlo, hacerlo capaz de reconocer los mundos superiores. Y ahí hay una dificultad para nuestra conciencia cultural actual. Es importante que lo que vive en el mundo superior no descienda hasta nosotros, sino que nosotros ascendamos hasta él. Debemos hacernos capaces de ascender a los mundos superiores. Sólo esto nos da la capacidad, cuando partimos de aquí con la muerte, de llegar dignamente a los mundos superiores. Aquel que tiene el mapa, el mapa que se forma de la vida, puede realmente conocer su camino alrededor de Asia Menor. El que ya ha aprendido lo que le espera allí, entra en un mundo conocido, sabe lo que hay allí.

Pero el mero conocimiento de que tal mundo existe no cambia mucho las cosas. Aquí estamos al borde de un gran misterio y de otro hecho de gran importancia, y este hecho motivó que los ocultistas europeos y americanos decidieron en los años setenta del siglo XIX, apartarse de la táctica espiritista e iniciar el movimiento teosófico. La gran conferencia ocultista celebrada en Viena en aquella época proporcionó el importante impulso para el cambio de táctica.

Para iniciar el movimiento espiritista, era necesario llevar a cabo ciertos procedimientos. Estos procedimientos, que se llevaron a cabo en países cultos, fueron iniciados por ocultistas o logias americanas. En estas logias se adoptó la vía espiritista. Consistía en ofrecer a ciertos círculos la posibilidad de dar pruebas tangibles de inmortalidad mediante una especie de reactivación, (Galvanisation) de ciertos muertos. Esto significa que en el plano astral, los cadáveres astrales de ciertas personas muertas fueron enviados primero a los círculos espiritistas, al mundo físico. Se suponía que probaban la inmortalidad. Cabe ahora preguntarse: ¿Corresponde a los ocultistas de la Tierra hacer aparecer a los muertos? Ciertamente, para quien trabaja en ocultismo, no hay frontera entre muertos y vivos. Puede visitar a los difuntos en el mundo astral y en el Devacán. Si lo desea, también puede aportar pruebas de inmortalidad en los círculos espiritistas, como ya he mencionado. Les pido que recuerden este hecho. Para aquellos que no están familiarizados con estas cosas, podría no ser completamente comprensible. Pero para los ocultistas era diferente. Resultó que esta manera de convencerse de la inmortalidad no sólo era inútil, sino en ciertos aspectos extraordinariamente perjudicial. Esta manera de obtener pruebas tangibles de inmortalidad en el mundo sensorial, sin que la persona se volviera mejor, no sólo era inútil, sino en realidad bastante perjudicial, por las siguientes razones.

Piensen para sí mismos que las personas que han alcanzado así la prueba de la inmortalidad se han apartado del anhelo de vivir hasta el mundo espiritual; también se habían vuelto materialistas con respecto al mundo espiritual. En sus conocimientos eran espiritualistas, en sus hábitos de pensamiento no eran más que materialistas. Ellos creían en un mundo espiritual, pero pensaban que debía ser visto por medios sensoriales y no por medios espirituales. Así que resultó que los que llegaron a Kamaloka con tales hábitos materialistas de pensamiento estaban aún menos acostumbrados a reconocer las cosas de allí que los materialistas. Los materialistas suelen pensar que están en un mundo de ensueño; eso es lo habitual cuando atraviesan por dicho mundo. El materialista cree que está soñando, y en cualquier momento cree que va a despertar. En Kamaloka el hombre se ve a sí mismo: se sueña, duerme, se quiere despertar.

Cuando una persona que ha adquirido laboriosamente una convicción del mundo espiritual se da cuenta de que el mundo espiritual tiene un aspecto muy distinto, no es simplemente que se encuentre en un mundo de ensueño, sino que la diferencia entre lo que creía que era el mundo espiritual y lo que ahora se le aparece les pesa como un plomo. Recuerden que cuando la gente llega a Kamaloka, de todos modos ya tiene bastante que soportar, sobre todo si no tiene la satisfacción de sus deseos, como los gastrónomos, por ejemplo, para quienes esta satisfacción sólo es posible si tienen su lengua o sus sentidos, y ya no los tienen; entonces es parecido a tener una sed ardiente, o a estar en un horno hirviendo. Se trata de una sensación algo diferente a la sensación de sed ardiente, pero no obstante similar. Si se considera todo lo que el hombre tiene que experimentar allá y por lo que tiene que pasar, se puede resumir en las palabras: Debe acostumbrarse a poder vivir sin cuerpo. Esto, para aquellos que están fuertemente apegados a lo sensorial, es difícil. Mientras que para aquel que se ha desprendido de lo sensorial, no es difícil. El que no haya hecho nada para elevar su alma, ni tampoco para desarrollar su alma más elevadamente, siente esta diferencia entre lo que es espiritual y lo que es sensorial, como una diferencia de peso, como un peso de plomo que cuelga de él. Realmente es como una diferencia de peso. Lo espiritual requiere una forma de percepción completamente distinta de lo sensorial, y ahora el interesado espera que lo espiritual vuelva a ser material y concreto; y allí, en el mundo espiritual, descubre que lo astral es de una naturaleza completamente distinta. Entonces la diferencia le parece como un peso que le arrastra de nuevo al mundo físico. Y eso es lo peor.

Por estas razones, en los años cincuenta, sesenta y principios de los setenta, los Maestros de Sabiduría se apartaron de la vía por la que el mundo superior debía elevarse a la certeza. Se abandonó la vía anterior y se optó por la vía teosófica de desarrollo como acceso al mundo espiritual. Esencialmente, esto se reduce a dos hechos básicos. Una es que es necesario en el sentido más eminente formar un núcleo espiritual [según otra versión: centro espiritual] para proteger a la humanidad de la aparición de epidemias espirituales. La otra es darle la oportunidad de vivir en un mundo superior, de desarrollarse hacia arriba, y no querer arrastrar el mundo superior hacia sí. El mundo superior no debe ser arrastrado hacia nosotros, sino que debemos ser elevados hacia el mundo superior. Esto, comprendido correctamente, da una idea, un sentido de la tarea real del movimiento teosófico. En este sentido, el movimiento teosófico nos plantea la tarea de que debemos elevarnos cada vez más en nuestro desarrollo, para crecer hacia el mundo espiritual. Entonces, yo creo, la idea de la fraternidad fluirá hacia nosotros por sí misma en el sentido más eminente. Entonces ya no nos distanciaremos. Las personas sólo divergen mientras quieren estar materialmente solas en este plano físico. En verdad, sólo estamos separados mientras estamos en el plano físico. En cuanto ascendemos al mundo superior, nos damos cuenta de la hermandad espiritual; tomamos conciencia de la unidad espiritual.

He intentado a menudo presentarles esta fraternidad espiritual, al menos en ideas comprensibles. Está expresada tan bellamente en las palabras: Este eres tú. Pongámoslo delante de nuestras almas. Antes dije: Si me cortan la mano, en poco tiempo ya no será mi mano. Sólo puede ser mi mano si está unida a mi organismo, de lo contrario ya no es una mano, se marchita. Como ser humano, ustedes también son una mano en el organismo terrestre. Piensen en ustedes mismos elevados a algunos kilómetros de la tierra: no pueden vivir allí como seres humanos físicos, dejan de vivir como seres humanos. Ustedes no son más que un miembro de nuestra tierra, del mismo modo que mi mano es un miembro de mi cuerpo. La ilusión de que ustedes son seres independientes sólo se crea por el hecho de que caminan por la tierra mientras tienen la mano atada. Pero eso no sirve de nada. Goethe quería decir algo muy real cuando hablaba del espíritu de la tierra. Quería decir que la tierra tiene un alma de la que somos miembros. Está hablando de algo real cuando deja que el espíritu de la tierra se exprese:

En las mareas de la vida, en la tempestad de la acción
Subo y bajo en oleadas
me agito de un lado a otro
Nacimiento y tumba,
son un mar eterno,
Un tramado cambiante,
Una vida candente,
que tejo en el apresurado telar del tiempo
para hacerle el vestido viviente a la Divinidad.

Por lo tanto el ser humano físico ya es miembro del organismo terrestre y parte de un todo. Y a continuación considérenlo espiritual y anímicamente: ahí es exactamente lo mismo. Cuántas veces he subrayado que la humanidad no podría vivir si no se hubiera desarrollado más a costa de los otros reinos. Así mismo, el ser humano más desarrollado no puede existir sin el menos desarrollado. Un ser espiritual no puede existir sin aquellos que están atrasados, así como un ser humano no puede existir sin el reino animal atrasados, así como un animal no puede existir sin el reino vegetal, el reino vegetal no puede existir sin el reino  mineral. Esto está expresado de la manera más bella en el Evangelio de Juan después del lavatorio de los pies: Yo no podría ser sin vosotros Los discípulos son una necesidad para Jesús, son su tierra madre. Esta es una gran verdad. Si se fijan ustedes en un tribunal, un juez se sienta en el banquillo y se siente superior al acusado. Pero el juez también podría reflexionar y decirse a sí mismo que tal vez estuvo con él en una vida anterior y faltó a su deber para con él, razón por la cual el acusado se ha comportado así. Si se examinara su karma, podría resultar que el juez debería ser en realidad quien se sentara en el banquillo de los acusados. Después de todo, toda la humanidad es un organismo. Si es desgarrada una sola alma, no puede existir, se marchita. Un lazo unificado nos envuelve a todos. Esto se volverá claro para nosotros cuando intentemos vivir en este mundo superior, para realmente elevarnos y experimentar la esencia espiritual dentro de nosotros. Si en nosotros vive una esencia espiritual, ésta nos conducirá hacia la fraternidad. Ésta ya existe en los planos superiores. En la tierra sólo hay una imagen de ella; la fraternidad en nuestra tierra es una imagen de lo que hay en los planos superiores. Si no cultivamos la fraternidad entre nosotros en la tierra, estaremos negando lo que ya existe en nosotros.

Este es el significado más profundo de la idea de Fraternidad. Por lo tanto, debemos tratar cada vez más de realizar los pensamientos teosóficos de tal manera que comprendamos a nuestros semejantes hasta lo más profundo del alma, que habitemos juntos en hermandad a pesar de la mayor diferencia de opinión. Esta es la correcta unión, la correcta hermandad, cuando no exigimos que el otro se lleve bien con nosotros porque tiene la misma opinión, sino cuando concedemos a cada persona el derecho a tener su propia opinión. Entonces se alcanzará la cumbre de la sabiduría a través de la cooperación. Esta es una comprensión más profunda de nuestro primer principio teosófico. Entendamos nuestra idea de hermandad de tal manera que nos digamos a nosotros mismos: Nos pertenecemos mutuamente bajo cualquier circunstancia, y por muy diferentes que sean las opiniones de alguien respecto a las nuestras, las diferencias de opinión nunca pueden ser un motivo para separarnos. Sólo entonces nos entendemos completamente, cuando nos aceptamos completamente. Por supuesto, todavía estamos muy lejos de esta concepción de la Hermandad Teosófica, y no podrá tener efecto hasta que el pensamiento teosófico haya arraigado en este sentido, en este estilo.

Traducido por J.Luelmo jun,2024


domingo, 28 de enero de 2024

GA096 Berlín, 1 de octubre de 1906 La participación del hombre en los mundos superiores

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IMPULSOS ORIGINALES DE LA CIENCIA ESPIRITUAL

RUDOLF STEINER

EL ESOTERISMO CRISTIANO A LA LUZ DE LOS  NUEVOS CONOCIMIENTOS ESPIRITUALES

La participación del hombre en los mundos superiores

Berlín, 1 de octubre de 1906

Estoy encantado de volver a verles después de tanto tiempo: a los miembros de la rama y a los que se han unido a las reuniones a lo largo del año. Esperemos que el invierno que tenemos por delante haga avanzar de nuevo nuestro trabajo y nuestro movimiento espiritual, y que profundicemos un poco más en la búsqueda de nuestro camino hacia el mundo del espíritu y la vida en él.

Hacía mucho tiempo que no nos veíamos, pero en cierto modo este periodo es como todos aquellos otros en los que no estuvimos juntos en términos externos. Porque los miembros de esta rama están profunda y eminentemente interesados en que este movimiento espiritual se extienda por el mundo, así como en que penetre en sus propios corazones. Toda nuestra búsqueda en la teosofía no sería más que una forma refinada de egoísmo si no estuviéramos también interesados en que otras personas de este mundo oigan hablar del movimiento y se interesen por él, del mismo modo que nosotros mismos amamos formar parte de él.

Este que os habla, ha podido dirigirse a públicos más amplios y a todo tipo de personas diferentes en los últimos tiempos, y es bueno saber que personas de todos los niveles de la sociedad y de todas las clases sienten anhelo por el mundo del espíritu, algo que también se pone de manifiesto en el hecho de que exista el movimiento teosófico.

Quizá podamos hacer un breve repaso de esos públicos más amplios al comenzar nuestros estudios de invierno. La gira que pude emprender para dar a conocer más ampliamente el movimiento teosófico me llevó a Leipzig, Stuttgart, Baden-Baden, Alsacia, Suiza y Baviera. Pude hablar en Leipzig, Stuttgart, Baden-Baden, Colmar, Estrasburgo, Friburgo de Brisgovia, Heidelberg, Basilea, Berna, San Gall, Ratisbona, Nurnberg y Weimar. En algunos lugares impartí cursos magistrales. El curso de Leipzig consistió en catorce conferencias, el de Stuttgart duró más de quince días, durante los cuales la gente interesada en el movimiento teosófico tuvo que reunirse diariamente. Tales cursos son probablemente la manera más efectiva de ayudar al movimiento teosófico a entrar más profundamente en nuestro tiempo. No es tan fácil difundir el movimiento teosófico con suficiente intensidad si uno sólo puede dar una o dos conferencias y despertar el interés inicial Pero cuando a la gente se le da una introducción a la vida en el espíritu durante dos semanas enteras, pueden empezar a darse cuenta de que un nuevo mundo puede abrirse para ellos.

Hay, por supuesto, infinidad de obstáculos que impiden a la gente acercarse a la ciencia del espíritu y vivir con ella Hay que profundizar en el enfoque que hemos dado en llamar teosofía, pues sólo entonces los corazones y las mentes empezarán a hacerse una idea, un sentimiento, de que este mundo superior es algo muy real. Al principio, todo lo que oyen lo consideran no sólo incomprensible, sino también pura fantasía. A la gente no le resulta fácil abandonar la opinión aceptada de que las cosas de las que hablamos en teosofía son meros sueños y fantasías y darse cuenta ahora de que nuestro movimiento espiritual se ocupa de algo que, en el sentido más profundo, es la base misma del mundo real. Muchos piensan que la gente que habla de estas cosas está alejada de las realidades de la vida. Sin embargo, uno llega gradualmente a ver el punto de vista que se puede obtener, y a darse cuenta de que se trata de algo con los pies en la tierra, no de vivir en el país de las nubes, sino que se encuentra en niveles más profundos, que nos dan fuerza, perspicacia y verdad. Nos permite encontrar formas genuinas de lograr las grandes tareas que se le han encomendado a la humanidad en este mundo. Es un prejuicio decir que la teosofía es contraria a la vida, que niega la vida. Se oye decir: 'La teosofía presenta el mundo bajo una luz muy bonita, ofreciendo grandes ideales, pero desvía a la gente de la vida misma, del verdadero disfrute y placer de la vida'. Incluso se ha dicho que los teósofos pueden tener cosas bonitas que contar, pero que no son sanas.

Es probable que este tipo de prejuicios tarde más en desaparecer. Siempre será posible encontrar personas que entiendan las cosas presentadas en la literatura teosófica y en las conferencias. Será más difícil para ellos encontrar la manera de salir del tipo de respuestas internas y sentimientos que son parte de su educación y prejuicios adquiridos. Las respuestas internas y los sentimientos son más difíciles de superar que los pensamientos que necesitan ser desechados. Incluso es posible que oigan a alguien decir: 'Sí, por supuesto, queremos dedicarnos a la teosofía, pero tampoco queremos estropear las cosas a la gente que quiere aprovechar la vida al máximo'. Dirán que debemos recordar que los jóvenes deben disfrutar de la vida. Se trata, por supuesto, de lo que nos produce placer, y la cuestión debe ser más profunda. Porque es posible buscar objetos de placer mejores y más nobles y trabajar con ellos para llevar la vida a un nivel más noble. Podemos dar a la vida un nuevo contenido y no hay necesidad de estropear el placer de la vida de los jóvenes, porque les daremos nuevos tipos de placer y disfrute. A menudo a la gente le cuesta entender que uno pueda encontrar poco interesantes las cosas que otros consideran entretenidas: ir al cine y pasar el tiempo hablando de cosas que no tienen nada que ver con la realidad de la vida. Tal vez llegue un día en que hablemos de las diversiones populares de hoy como de un mundo de ilusiones.

Probablemente no ocurra muy a menudo que alguien envidie a otro la incapacidad de disfrutar de las cosas, pero ocurre. Tenemos un pequeño grupo teosófico en una ciudad en particular. Uno de nuestros teósofos, que se interesa enormemente por la ciencia del espíritu y ha adoptado también un cierto estilo de vida teosófico, vive con otra persona que también se interesa por la ciencia del espíritu, pero que todavía no puede renunciar a su predilección por el cochinillo asado, es decir, que realmente le encanta comer cochinillo asado. Sentado allí comiendo su cochinillo tiene entonces remordimientos de conciencia porque todavía es muy dado a este disfrute. Y piensa que el otro individuo tiene suerte porque ya no le gusta el cochinillo. La cuestión es que el otro individuo ha desarrollado necesidades diferentes. Y puede llegar el día en que las personas que ya no buscan diversiones comunes sean consideradas verdaderos ejemplos, y la gente se fije en ellas para el bien.

Mucho más profundos son los prejuicios que provienen del aprendizaje y la inteligencia y resultan un obstáculo para el progreso de la humanidad. Se puede encontrar un artículo en una revista sobre epidemias nacionales. Un conocido académico que trabaja en el campo de la psiquiatría y se ocupa de cuestiones que se sitúan entre la psicología y la psiquiatría, escribe sobre epidemias masivas. Se refiere a un fenómeno que existió durante 200 años, hasta finales de la Edad Media, con un ascetismo excesivo ampliamente practicado como ritual, con personas que se arrojaban al suelo, se flagelaban y se torturaban, sus fantasías llegaban a extremos y conducían a extraños excesos. Esto puede considerarse una enfermedad. El psiquiatra lo llama histeria de proporciones epidémicas. Continúa diciendo que los histéricos de ese tipo suelen estar abiertos a sugerencias que no pueden evaluarse con el pensamiento. Cuando una persona ve a otra que se ha hecho daño en el brazo, sentirá compasión y hará lo posible por ayudarla. No necesitamos entrar en las cosas que pasan por la mente de la gente normal. Pero hay otras personas que sienten el dolor en su propio brazo, de forma anormal, cuando alguien se hace daño. Esto se debe a la sugestión. Ésta puede alcanzar tales niveles que el individuo está completamente fuera de control, su vida interior carece de todo orden y se entrega a todas las impresiones procedentes del exterior.

Cuando un experto en almas materialistas habla de un fenómeno de este tipo que afecta a poblaciones enteras, se refiere a la sugestión pública procedente de grupos particulares, -en la época medieval, de los monasterios-, y que se generaliza. Se desarrolla una especie de «enfermedad de la época». La gente no se siente inclinada a preguntarse qué debe pensar sobre tal cosa cuando surge. Se dejan llevar totalmente por la sugerencia. Tal experto hablará del asunto con toda seriedad, pero no se da cuenta de una cosa, y es que una persona independiente que sea capaz de penetrar en sí misma será capaz de reconocer y distinguir claramente otro tipo de epidemia entre las masas. Ésta ha alcanzado hoy a muchos grupos sociales, incluso a personas muy cultas. Consiste en que la gente vive bajo la influencia de sugestiones específicas, tanto positivas como negativas. Si se les habla a esas personas de las verdades que se encuentran en la ciencia del espíritu, las verdades actuarán sobre ellas como una sugestión negativa. Tales personas no podrán comprenderlas; las encontrarán intolerables. Muchos prejuicios materialistas que hoy están muy difundidos actúan como sugestiones positivas. ¿Qué se encuentra en las facultades de medicina, teología y derecho? Sugestiones que influyen en determinados grupos sociales y llegan tan lejos que está perfectamente justificado llamarlas una especie de enfermedad, igual que el tipo de epidemia masiva de la que hablaba.

Un conocido biólogo escribió algo bastante extraño en una revista muy leída. Es extraño, quizá no tanto para alguien que sólo lee un poco aquí y un poco allá, pero para alguien que estudia el conjunto es algo que encuentra en el 95% de todo el mundo académico. Descubrirá que en el futuro será posible hablar de una especie de locura académica, de debilidad mental académica, igual que ahora hablamos de histeria. En el ensayo dice: «Si una bola de billar que rueda golpea a otra y la hace moverse, no puedo imaginar que no pase nada de la una a la otra». El científico llama materia movens al espectro peculiar que surge de la primera bola de billar, se introduce en la segunda y la pone en movimiento bajo la influencia de la primera. Se cree enormemente inteligente, pero en realidad sólo está bajo la influencia de la sugestión materialista, que le afecta igual que la histeria colectiva influía en la gente en el siglo XVI. Ahora piensen cómo las sugestiones a las que está sometida una persona pueden vivir a su alrededor. Su número es infinito. Si se presentan en gran número, -y es posible enumerar un gran número de ellas-, pueden reunirse en un cuadro que sería un cuadro de enfermedad del conocimiento académico moderno como el de la demencia precox, de la que tanto oímos hablar.

Ahí se ve la falta de libertad de quienes se rigen por la sugestión. Un poco ha cambiado desde la Edad Media. Sólo un teósofo es capaz de darse cuenta de esto. En la Edad Media se hablaba de posesión cuando algo hablaba de un ser humano que no era él mismo. Hoy en día la gente se ríe de la idea de posesión y habla de enfermedad. Este tipo de posesión, que existía en la época medieval, ha disminuido un poco en la actualidad. Sólo se manifiesta en determinados círculos. Otro tipo de posesión, la posesión real y genuina, está sin embargo muy extendida hoy en día. La posesión medieval era de naturaleza astral, hoy es mental. Los espíritus que se encuentran hoy en los universitarios, los espíritus que los poseen, están en el plano mental, devacánico. En el mundo que se considera el único mundo real, se expresan como pensamientos y, por lo tanto, también se dice que existen como pensamientos. 

<Así como el mundo de los sentimientos humanos, las respuestas internas, las pasiones, los impulsos y los deseos no es meramente algo que surge de la existencia en un cuerpo, sino que es algo independiente, verdadero y real por derecho propio, así también el mundo de los pensamientos es una entidad distinta. Sólo que los pensamientos de los seres humanos no son reales. Estos pensamientos humanos no son más que imágenes en la sombra de los pensamientos reales, del mismo modo que las pasiones y los sentimientos humanos no son más que imágenes en la sombra de algo completamente diferente. Hemos hablado a menudo de la forma en que estas cosas están conectadas. Sabemos que las cosas que podemos observar en los seres humanos a través de los sentidos físicos son, de hecho, el cuerpo físico, que es sólo una parte de todo el ser humano. Sabemos que los músculos y los nervios, los huesos y la sangre son sólo una parte de todo el ser humano. Estas cosas, que llamamos las partes, los elementos, del cuerpo humano, forman parte del mundo físico. Sin embargo, de la misma manera, los sentimientos y pensamientos humanos pertenecen a otro mundo, el mundo astral.

Aquí es donde la lógica moderna da los saltos más extraños. Hoy en día la gente no se da cuenta en absoluto de que su propio pensamiento, su propia lógica, debería decirles realmente lo imposibles que son las conclusiones que están sacando todo el tiempo, y que están incluyendo en sus líneas de pensamiento cosas que son sugerencias obvias. Es terriblemente fácil y sólo hacen falta algunas ideas muy comunes para que un público acepte lo que uno está diciendo si durante cinco minutos uno les presenta una secuencia inevitable de conclusiones. No se dan cuenta de que los escombros de la vieja vida y de las viejas formas de ver las cosas lo cubren todo. Así son las «conclusiones inevitables».

Alguien que haya nacido ciego y pueda estar entre nosotros tendría mucha razón al pensar que nos dejamos llevar por fantasías cuando hablamos de luz y color. Esto nunca ha sido una verdad para él. Objetará que las cosas sólo pueden conocerse por el tacto. No tiene por qué creer lo que le decimos, pero se equivocaría. Lo que importa aquí no es que esté equivocado, sino que no tiene el órgano para percibir la luz y el color. En el momento en que disponga de ese órgano, un nuevo mundo existirá a su alrededor. La verdadera teosofía nunca supondrá otro mundo; simplemente lo abordará de una manera diferente. Los mundos superiores de los teósofos están aquí a nuestro alrededor, como el mundo de los colores está alrededor del ciego. Un ciego de nacimiento cuya condición es operable puede recuperar el uso de su ojo físico. No decimos más que esto en teosofía cuando decimos que es posible desarrollar los ojos internos. Así como ha sido posible lograr el ojo físico, hecho con tanto arte, también es posible crear órganos a partir de las pasiones, instintos y sentimientos que viven en nosotros, órganos de percepción que verdaderamente abrirán nuevos mundos alrededor del ser humano. Así pues, es posible ayudar a los seres humanos a conseguirlo y desarrollarlo, para que sean capaces de asomarse a esos otros mundos del mismo modo que lo hacen al mundo físico. Este es el mundo astral del que hablamos en teosofía. Dentro del mundo exterior es tan real como lo es el mundo de los colores dentro del mundo dado por el sentido del tacto.

Alguien que no sepa nada de estos mundos no debería plantear objeciones al respecto. Debería ser un principio general para todos que sólo podemos hablar de cosas de las que sabemos algo y nunca debemos hacer afirmaciones sobre cosas de las que no sabemos nada. Todas las opiniones sobre la ciencia del espíritu basadas en la idea de que esos mundos deben permanecer desconocidos para nosotros son, por lo tanto, una monstruosidad lógica que no sirve para nada. Nadie debería decir nunca: «Todo mundo que desconozco no existe para mí».

Mucho para caracterizar los prejuicios que nos encontramos. Estas son las sugerencias que se hacen en el mundo académico actual. Y muchas, muchas personas están sujetas a estas sugerencias. Una conferencia basada en la ciencia del espíritu se escucha una vez, después de lo cual la gente continúa escuchando cientos y miles de cosas que se dicen ser altamente significativas, pero siempre involucran elementos que no provienen de la ciencia materialista, sino de la interpretación materialista de la ciencia.

Es difícil combatir estas sugerencias con sentido común, y esto es algo que sólo alguien capaz de ver más profundamente en la vida intelectual de hoy es capaz de saber. La ciencia popular, tan ocupada como está, tiene un efecto extremadamente dañino porque se presenta con un aire de infalibilidad autoritaria que sólo puede mostrarse en su verdadera luz en una fecha futura. La gente de hoy en día no tiene ni idea de hasta qué punto está sujeta a sugerencias presentadas con un aire autoritario. Tómese lo que digo como una mera caracterización y considérese lo extraño que resulta que las naciones luchen por librarse de una autoridad y, al mismo tiempo, sean presa de otras nuevas.

En el pasado, la gente se rendía a la sugestión, con su yo entregado a algo que estaba activo en ellos, pero alguien capaz de mirar en los mundos superiores vería entidades reales. Los pensamientos humanos se relacionan con ciertos espíritus del mundo «devacánico» del mismo modo que las sombras se corresponden con los objetos reales. Las imágenes de pensamiento que poseemos son sombras proyectadas por espíritus en el mundo devacánico o mental. El pensamiento que vive en ustedes no es más que una imagen de esa sombra, por sí misma. Alguien con visión, alguien que haya desarrollado sus órganos sensoriales superiores, lo verá en relación con un espíritu. Si vemos una sombra proyectada en una pared, sólo podremos comprenderla si la relacionamos con el objeto que la proyecta. Lo mismo ocurre con nuestros pensamientos. Sin nada con lo que relacionarlos, nuestros pensamientos son sombras. Se relacionan con espíritus que son tan reales en un mundo superior como esta mano mía lo es aquí. Así como mi mano proyecta una sombra en la pared, así los espíritus superiores proyectan sus sombras en este nuestro mundo. Y estas sombras son tus pensamientos.

El ser humano, tal como lo vemos ante nosotros, es en realidad el escenario de acontecimientos que tienen lugar más allá del mundo físico. Como entidad física, el hombre es en primer lugar completo en sí mismo, y como tal vive en un mundo físico que es completo en sí mismo. Para comprender al ser humano como entidad física tenemos que permanecer en el mundo físico. Para investigar y comprender la sangre como sustancia física, por ejemplo, hay que permanecer en el mundo físico. Para comprender la naturaleza de los sentimientos, las respuestas internas y las pasiones, tendremos que recurrir a frases vacías o relacionar estas cosas con espíritus que están detrás del mundo físico, con un mundo que se relaciona con éste como el mundo del color lo hace con el mundo del tacto. También hay que utilizar un enfoque similar para comprender el mundo del pensamiento.

Vemos, pues, que el hombre participa de los mundos superiores, que el cuerpo astral se extiende en esos mundos, y que el mundo devacánico, por su parte, proyecta una especie de sombra en este mundo. Alguien que no sabe nada de esos mundos superiores está sujeto a ellos como un esclavo, impotente contra los poderes que controlan las cadenas. Así como la persona física sólo puede ser libre si es capaz de desarrollar la voluntad de enfrentarse a otra persona en libertad, la naturaleza astral del hombre sólo puede ser libre si reconoce su conexión con todo el mundo astral. Porque mientras las personas vivan sólo en sus sentimientos internos ordinarios, su naturaleza astral las tiene «bajo sus riendas», por así decirlo. Siempre están poseídos por ella. Se liberan cuando lo reconocen. Del mismo modo que percibimos y conocemos el mundo físico que nos rodea, debemos enfrentarnos a esos espíritus, ojo espiritual a ojo espiritual, y saber con quién estamos tratando. Lo mismo ocurre con el mundo de los pensamientos humanos. Este es el camino hacia la verdadera libertad, ver a través del mundo que nos rodea. Para obtener la medida correcta de comprensión tenemos que considerar lo que hay detrás del aspecto físico. Hay que empezar y estudiar estas cosas; el mundo debe estudiar estas cosas.

Existe cierta justificación para la siguiente objeción, que también plantea mucha gente: ¿De qué nos sirve que alguien nos hable de mundos que nosotros mismos no podemos ver? Verán, es el primer paso para poder ver uno mismo esos mundos. ¿Por qué es el primer paso? Porque para alguien que ha adquirido cierto conocimiento, el mundo físico tiene una apariencia algo diferente de la que tiene para las mentes materialistas. Una comparación puede mostrar el punto de vista diferente que un teósofo debe adquirir en relación con el mundo físico. Podemos tomar nuestro ejemplo de la escritura ordinaria. Alguien que no sabe leer puede mirarla y también alguien que sabe leer. Ambos ven lo mismo; no hay diferencia en lo que realmente ven. La persona que no sabe leer dirá: Veo líneas que bajan y suben, líneas más largas y más cortas. Será capaz de describirlas. La persona que sabe leer, sin embargo, verá que las líneas tienen un significado. No describirá la forma de las letras, sino que les encontrará un significado.

Así es el mundo entero visto desde el punto de vista de la ciencia espiritual. En comparación con esto, tomemos nuestra ciencia convencional moderna. En este caso, el mundo se describe del mismo modo que lo haría alguien que no hubiera aprendido a leer para describir las letras. Para la otra persona, todas las cosas del mundo se convierten en letras; adquieren significado y aprende a leerlas. Cuando alguien que no sabe leer describe las formas de las letras, no puede decirse que esté equivocado. Mucha gente dice que nuestras ideas están divorciadas de la realidad cuando decimos que la palabra o el mundo también tienen un significado específico. No se puede decir nada en contra de esta objeción; es la visión cotidiana de las cosas. Pero hay otra forma de ver las cosas en la que cada flor se convierte en una letra, cada especie vegetal en una palabra y el mundo en un gran libro.

El mundo encierra en sí algo que va más allá de sus aspectos físicos. Sin embargo, los signos de ello no tienen labios, por lo que hay que darles un significado. Para alguien capaz de leer la escritura de las plantas se abre en el Devacán un mundo completamente nuevo. Se puede pensar también en cada animal del mundo como en una letra, y poco a poco se irán descifrando estas letras. Si comprenden lo que se expresa en la vida de los animales, se relacionarán con ellos como alguien capaz de leer y no como alguien que se limita a describir las letras, que es lo que hace la ciencia convencional moderna. Aprendiendo a reconocer la palabra que yace en el animal se es capaz de ver otro mundo completamente diferente detrás del mundo físico: el mundo astral. Al aprender a ver el mundo vegetal como letras, se adquiere la capacidad de ver el mundo mental. No se trata de algo alejado de la realidad. Al contrario, es algo firmemente basado en la realidad que nos enseña a ver el abundante significado de la vida.

No hay duda de que sólo percibimos el verdadero significado de la visión espiritual del mundo si la comparamos con la lectura. ¿Qué sentido tendría que dibujara algo en la pizarra y lo describiera si no tuviera ningún significado? Adquiere sentido en la medida en que percibimos su significado. Así ocurre con el mundo. Poco a poco comprendemos por qué existe el mundo, cuál puede ser su significado para los seres humanos y qué son los propios seres humanos dentro del mundo.

Al decirles todo esto, no pretendía presentarles algo nuevo. Aquellos de ustedes que han oído hablar de la teosofía en varias ocasiones lo sabrán todo. Se lo he contado para darles un medio de refutar la afirmación de que la teosofía no es científica, para armarlos contra objeciones reputadas como lógicas. Sólo alguien que utiliza una lógica miope tiene objeciones que plantear contra la ciencia del espíritu. Una lógica que explore todos los recovecos mostrará que no se puede plantear ninguna objeción que no sea absolutamente sensata. Hay que comprender, por lo tanto, que las personas que se basan en un punto de vista científico en sus ataques contra la teosofía no lo hacen por razones lógicas, sino sobre la base de la sugestión. Cuando se está libre de tal sugestión y se sabe que los pensamientos no son más que las sombras proyectadas por los espíritus devacánicos, y si entonces se oye decir a un profesor que está bajo la influencia del mundo mental que una bola de billar es movida por materia movens, que se transfiere a una segunda bola de billar, se puede ver entre bastidores y ver que está influenciado por otros espíritus.

La tierra está conmocionada, en cierto modo. Nos plantea grandes tareas. Los cuestionamientos surgen de los serios desafíos de nuestro tiempo. No será posible resolver la cuestión social, que ya ha causado tanto derramamiento de sangre, con las sugestines que la gente padece actualmente. Los partidos políticos que pretenden resolver la cuestión social también están bajo la influencia de tales sugestiones. Alguien capaz de ver detrás de los aspectos físicos ve que detrás de muchos seguidores de un partido está el demonio. <Nunca puede ser de otra manera de lo que fue en el caso de Robert Owen, una persona noble y bondadosa con buen conocimiento de las condiciones sociales en Inglaterra. Quería crear un ejemplo de economía en la que pidiera a los trabajadores buenos y malos que se unieran a él para establecer una comunidad social. Se basaba en el comprensible prejuicio de que las personas son esencialmente buenas y sólo había que ponerlas en una situación en la que tuvieran la oportunidad de ganarse la vida como es debido. En tal situación, creía, podrían tener el tipo de vida que deseaban. Pero este filántropo finalmente tuvo que admitir que no era posible empezar con medidas prácticas en sus esfuerzos por el progreso social, sino que primero había que enseñar a la gente, dirigiéndose a su comprensión.

Alguien capaz de ver en el mundo del espíritu percibe lo que hay detrás del plano físico. Verá cómo conviven las personas, algunas en la mayor miseria, pobres y oprimidas por el trabajo y la necesidad, y otras en la superabundancia, disfrutando de todo tipo de cosas. Si no se va más allá del plano físico, será fácil imaginar cómo se puede cambiar la situación. Esto es lo que hace la mayoría de la gente cuando siente que está llamada a ser reformadora hoy en día. No se encuentran en la misma situación que alguien que nació ciego y, tras una operación exitosa, de repente ve que el mundo que le rodea está lleno de color. Porque entonces verían todo tipo de espíritus diferentes detrás de todo lo físico. Si intentan llevar a cabo sus bienintencionados planes de reforma pero no prestan atención a los espíritus que hay detrás de todo, la situación será mucho peor cincuenta años después de lo que ha sido nunca.  Todos los ideales sociales de hoy irían grotescamente en contra del mundo astral, a menos que este mundo astral de pasiones, deseos y anhelos humanos cambiara también. La miseria general, un terrible fermento en el mundo, una espantosa lucha por la existencia ocuparían entonces el lugar de la lucha actual, que ya es bastante terrible.

Basta con mirar un poco en el mundo de los espíritus para darse cuenta de la situación. Los seres humanos no son sólo cuerpos a los que hay que proporcionar alimento; los seres humanos son también espíritus, y están en contacto con otros espíritus. La tarea de aquellos que son capaces de ver el mundo oculto es hacerles tomar conciencia de ser compañeros, miembros, de mundos superiores. Imaginemos un ser humano, y unos cuantos escarabajos que se arrastran sobre este ser humano. Los escarabajos no pueden tener idea de que este ser humano, esta entidad espiritual, es algo diferente de ellos mismos. Describirán la forma, por ejemplo, de la nariz. Así es como los seres humanos describen los cielos, Marte, el Sol, Mercurio y las demás estrellas. Un astrónomo moderno es igual que un escarabajo que no tiene ni idea de que la nariz pertenece a un alma cuando describe Mercurio, Marte, el Sol. Los describe tal como los ve, como un escarabajo que se arrastra por el cosmos. Sólo sabremos describir la realidad de las cosas cuando nos demos cuenta de que las estrellas tienen alma, de que el espíritu está presente en todas partes, de que todo el universo está dotado de alma. Ese y no otro es el objetivo de la ciencia del espíritu. Es tan lógico como eso. Los prejuicios, al ser pura sugestión, dificultan la toma de conciencia de lo que realmente es esta visión espiritual del mundo.

El objetivo de esta conferencia introductoria ha sido mostrar la resistencia que encuentran las personas que piensan en términos de la ciencia del espíritu y que a los ojos del mundo representan esta ciencia. Cada uno de ustedes puede encontrarse en una posición en la que tenga que mostrar firmeza frente a puntos de vista que se le presentan desde el exterior. Es parte del trabajo en nuestros grupos ayudar a los miembros a mantenerse firmes. Deben estar suficientemente seguros interiormente de que, a pesar de todo lo que se les presente en el mundo, tienen una certeza interior viva del mundo del espíritu y están así armados contra cualquier objeción que pueda plantearse. Lo que importa no es la cantidad de conocimientos teosóficos que tengamos, sino nuestra conciencia interior, nuestra vida interior y nuestra certeza interior. Muchas personas que representan otros enfoques quieren entrar en discusión con nosotros, queriendo ofrecer sabiduría que la teosofía ya tiene. Siguen diciendo cosas que un teósofo hace tiempo que ha dejado atrás. Él describirá, puntualizará pero no criticará. No hará propaganda en el sentido habitual, pues esa no puede ser nuestra tarea. La gente debe venir por su propia voluntad si quiere unirse a nuestras filas. Hacer propaganda y agitar no es tarea de los teósofos. Por lo tanto, tampoco les corresponde refutar a los demás. Se trata de caracterizar el punto de vista de la propia ciencia espiritual. Los demás tienen que entrar en el espíritu de la misma. La agitación´, -si se puede decir que una conferencia pública es tal-, consiste en decirle a la gente: la teosofía tiene esto y aquello que ofrecer. Cualquiera que esté destinado a venir a ella, vendrá. Un teósofo no tiene que ofrecer puntos de vista y opiniones. Habla de realidades en un mundo superior, y las realidades, los hechos, son indiscutibles. Un teósofo que presenta el punto de vista científico espiritual dejará de presentar sus propias opiniones. Como teósofos hablamos de sabiduría antigua que siempre ha sido conocida por la gente sabia. Nunca habrá dos personas que tengan opiniones diferentes una vez que hayan entrado en el reino superior. A lo sumo puede darse el caso de que una de ellas no haya penetrado lo suficiente. Este es el tipo de actitud que un teósofo puede desarrollar. No debe imponerse a los demás, pero a la hora de presentar la teosofía al mundo debe estar seguro en su corazón y seguro de sí mismo. El que sabe también podrá encontrar palabras para el conocimiento que tiene en su interior.

Esta es, pues, la forma en que el enfoque teosófico, y otros enfoques que se oponen a él, deben ser caracterizados y no criticados. Si desarrollamos esta actitud cada vez más, tendremos los mejores medios posibles para ser teósofos activos en el mundo. Comprenderemos cada vez más el mundo que nos rodea y lo investigaremos en el espíritu. Esa es la manera teosófica de hacer las cosas.

En conclusión un ejemplo más, uno de esos que escandalizarán a la gente cuando se haga referencia a él en público. Estas cosas son sencillamente ciertas y se pueden descubrir con los medios de nuestra investigación espiritual. Quisiera describirles un fenómeno de nuestro tiempo, y verán que si realmente penetramos en las cosas que nos ofrece la ciencia del espíritu, llegaremos a comprender el mundo que nos rodea. Por favor, no se tomen a mal mis palabras, pues habrá que acostumbrarse al hecho de que hay cosas de las que aún no tenemos la menor idea. ¿Quién hubiera pensado hace cincuenta años que existe una sustancia a la que le basta un minúsculo gránulo para dañar nuestra salud? Hace cincuenta años nadie sabía nada al respecto. Hay cosas que tienen efecto antes de que la gente las conozca y las entienda. Esta sustancia se llama radio. En este caso, la gente aún no tenía los instrumentos físicos para comprenderlo. Cuando se trata de cosas del espíritu, la gente carece de los instrumentos espirituales.

Hay miembros del movimiento socialista que son extraordinariamente radicales y a los que realmente les gustaría golpear y destruirlo todo. Otros son hasta cierto punto conservadores. Entre ellos hay todo tipo de tendencias diferentes. Un grupo dentro del movimiento socialista es un grupo cerrado con una visión notablemente homogénea, afín y con la misma forma de hacer las cosas. Han sido las personas menos radicales. Básicamente se trata del gremio, el grupo ocupacional, que dio origen al movimiento sindical socialista: los impresores. Fueron los primeros en desarrollar un conjunto de normas más formales dentro del movimiento social. Se acordaron tarifas salariales para la relación entre trabajadores y empresarios. Incluso se ha llegado al extremo de producir un periódico para el gremio de los impresores, cuyo director no es socialista en absoluto, ya que fue expulsado del partido socialista. Esto demuestra lo moderado que es el grupo.

Ahora es posible preguntar si podemos investigar las causas espirituales de estas cosas igual que podemos investigar físicamente los efectos del radio. Sí, podemos. No se sorprendan demasiado de la respuesta dada en la ciencia del espíritu a la pregunta de por qué existe tal grupo dentro del movimiento socialista. Se debe a la acción del plomo sobre el alma humana. Todas las cosas del mundo que nos rodea, sean pequeñas o grandes, son los cuerpos físicos de principios espirituales. Oro, plata, cobre, todo lo que vive a nuestro alrededor es la parte corporal de un principio espiritual. El plomo, también, es el cuerpo visible de un espíritu particular. Y cualquiera que trabaje con plomo está tratando con el metal no sólo en su sentido químico, sino también en su naturaleza espiritual. El plomo no sólo afecta a los pulmones; también tiene un efecto bastante específico sobre el resto del ser humano. Así que ahí tienen ustedes el origen de los puntos de vista inusuales mantenidos en este grupo profesional.

Ahora algo más: algo que me ocurrió hace sólo unos días. Vino a verme alguien a quien conozco bien y que no puede explicarse por qué es capaz de encontrar analogías y ver conexiones en su trabajo científico con una facilidad poco habitual incluso entre los académicos. Tal capacidad se debe a un cuerpo mental de gran movilidad. Se me ocurrió averiguar cómo se produce este fenómeno. Al cabo de un tiempo pude decirle al hombre que probablemente tenía mucho que ver con el cobre. Esto resultó ser cierto, ya que toca la trompa. La pequeña cantidad de cobre que contenía le producía tal efecto.

Piénsenlo. Sin saberlo, la gente está sujeta a todo tipo de influencias. Antes hablé de la sugestión. Ahora vemos la influencia de todo el mundo del espíritu que está alrededor del ser humano. ¿Y qué es la teosofía? Es una forma de penetrar en el mundo del espíritu y en sus leyes. ¿Y qué significa esto? Significa libertad, porque sólo la comprensión da libertad. Cuando conocemos algo, podemos relacionarnos con ello de la manera correcta. Adquirir la comprensión del espíritu es, por tanto, el mayor proceso de liberación que podemos experimentar. El verdadero desarrollo y el progreso residen en las cosas que la ciencia del espíritu puede enseñarnos. Las personas sólo acudirán a la búsqueda de la verdad en el espíritu cuando quieran ser libres. Sin embargo, hoy no adquirirán el conocimiento del espíritu, y podemos ver que es imposible que lo hagan, si quieren ser libres no sólo de los prejuicios sociales, sino también de todo lo demás, incluidas las cosas que aún no tienen el poder de la mente para comprender. Las personas que todavía dependen de la moda y demás, no estarán muy inclinadas a considerar la influencia de los metales que existen a su alrededor. Pero hay que empezar, un pequeño comienzo para algo que es grande, muy grande. Lo que quería hacer hoy era echar un pequeño vistazo a algo en lo que la ciencia del espíritu puede esperar ser un comienzo.

Traducido por J.Luelmo jun,2024

martes, 4 de julio de 2023

GA143 Munich 25 de febrero de 1912 Reflejos de la conciencia supraconsciente y subconsciente

   Índice

REFLEJOS DE LA CONCIENCIA

SUPRACONSCIENTE Y SUBCONSCIENTE

RUDOLF STEINER

Munich 25 de febrero de 1912

Cuando se llevan a cabo conferencias públicas para un público más amplio, ciertas cosas deben tratarse de manera diferente que en las reuniones de Grupo, porque los miembros de un Grupo que han trabajado juntos y han estudiado estos asuntos durante algún tiempo, están preparados para aceptar tales cosas de manera diferente a como lo hacen un público más grande. Ayer vimos que podemos hablar de aspectos ocultos de la vida anímica del hombre y debemos comparar estos aspectos ocultos de la vida anímica humana con los hechos comprobados a través de la conciencia ordinaria y cotidiana.

Si observan ustedes superficialmente lo que vive en sus almas, desde la mañana en que se despiertan hasta la noche en que se duermen, lo que vive en ella en forma de ideas, sentimientos o estados de ánimo e impulsos de la voluntad, incluyendo, por supuesto, todo lo que entra en el alma desde el exterior a través de la percepción de los sentidos: si observan todo esto, entonces obtendrán todo lo que se puede denominar como formando los contenidos de la conciencia ordinaria. Ahora bien, hemos de ser conscientes de que todo lo que está así contenido en la vida de nuestra conciencia depende, en lo que respecta a esta conciencia ordinaria, de los instrumentos del cuerpo físico. El hecho más cercano y más evidente que prueba lo que acaba de decirse, es que el hombre debe despertar para vivir dentro del curso de los acontecimientos, comprobados a través de una conciencia ordinaria. Esto significa que el hombre debe sumergirse en el cuerpo físico con la parte de su ser que está fuera del cuerpo físico durante el sueño, y que este cuerpo físico con sus instrumentos está entonces a su disposición. Debería ser capaz de usar estos instrumentos para determinar los acontecimientos que son accesibles a la conciencia ordinaria.

Inmediatamente surge la siguiente pregunta: ¿Cómo utiliza el hombre, como ser anímico-espiritual, sus instrumentos corporales, los órganos de los sentidos y el sistema nervioso? ¿Cómo usa sus órganos corporales para vivir dentro de su conciencia cotidiana? En ámbitos materialistas se sostiene que los instrumentos físicos o corporales constituyen para el hombre algo que produce los hechos de su conciencia. A menudo he señalado que este no es el caso; no debemos imaginar que la estructura interna de nuestro cuerpo, a saber, los órganos de los sentidos o el cerebro, producen los hechos de la conciencia, tal como una vela, por ejemplo, produce una llama. La relación de lo que llamamos conciencia con los instrumentos corporales es completamente diferente; podemos compararlo con la relación de un hombre que ve su reflejo en un espejo, con el propio espejo. Cuando estamos dormidos, vivimos dentro de nuestra conciencia como si camináramos, por así decirlo, en línea recta. Si caminamos en línea recta, no vemos cómo se ve nuestra frente, etc., pero en el mismo momento en que alguien sostiene un espejo frente a nosotros, podemos vernos a nosotros mismos. Entonces lo que ya es parte de nosotros, viene hacia nosotros; comienza a existir para nosotros. Lo mismo ocurre en el caso de los hechos en nuestra conciencia ordinaria. Viven en nosotros continuamente, pero en realidad no tienen nada que ver con nuestro cuerpo físico. 

Así como nosotros mismos no tenemos nada que ver con el espejo, los hechos en nuestra conciencia no tienen nada que ver con nuestro cuerpo físico. La teoría materialista en este ámbito ni siquiera es una hipótesis aceptable, ¡es pura tontería! Pues a este respecto el materialista afirma algo que no puede compararse con nada menos que esto, a saber, que alguien que se ve a sí mismo en un espejo, declara que ha sido producido por el espejo. Si deseas engañarte a ti mismo pensando que el espejo te ha producido, porque solo puedes verte a ti mismo cuando tienes un espejo frente a ti, entonces también puedes creer que varias partes del cerebro, o tus órganos de los sentidos, producen los contenidos de la vida del alma. Ambas cosas son igualmente ingeniosas e igualmente verdaderas.

La afirmación de que un espejo puede producir un hombre, tiene exactamente el mismo valor que la afirmación de que un cerebro puede producir pensamientos. Los hechos que viven en nuestra conciencia tienen existencia propia. Sin embargo, es necesario que nuestro organismo ordinario perciba estos hechos existentes de conciencia. Para que esto sea posible, debemos enfrentarnos con algo que refleje los hechos de la conciencia, es decir, nuestro cuerpo físico. Así pues, en nuestro cuerpo físico poseemos algo que podemos llamar un aparato de espejo para los hechos de nuestra conciencia ordinaria. Estos viven en nuestro ser anímico-espiritual, y los percibimos porque el espejo de nuestra corporeidad se sostiene frente a lo que vive en nosotros y es parte de nosotros, pero no puede ser percibido por nosotros a través del alma, (así como no podemos vernos a nosotros mismos, a menos que se sostenga un espejo delante nuestro). Este es el verdadero aspecto de las cosas, pero el cuerpo no es simplemente un aparato de espejo pasivo, es algo en donde tienen lugar procesos. Por lo tanto, pueden imaginar en la parte posterior de este espejo, en lugar de la capa oscura que produce los reflejos, todo tipo de acontecimientos que tienen lugar allí, detrás del espejo. Esta comparación puede usarse para caracterizar la verdadera relación entre nuestro ser anímico-espiritual y nuestro cuerpo. Por lo tanto, debemos tener en cuenta que el cuerpo es un instrumento que refleja todo lo que experimentamos dentro de nuestra conciencia normal y cotidiana y que, además, el cuerpo físico es un verdadero espejo. Detrás, o si se quiere, debajo de estos hechos normales de la conciencia, yacen todas aquellas cosas que emergen a la superficie de nuestra vida anímica ordinaria, que deben designarse como los hechos contenidos en las profundidades ocultas del alma.

Algo de lo que habita en las profundidades ocultas del alma es experimentado, digamos por el poeta, por el artista. Si es un verdadero poeta, un verdadero artista, sabrá que lo que se expresa en su poesía de la manera habitual, no lo logra a través del pensamiento lógico, o en la forma en que llegamos a los hechos de la conciencia a través de la percepción externa. Sabe que las cosas surgen de profundidades desconocidas y están ahí, existen realmente, sin haber sido formadas por las fuerzas de la conciencia ordinaria. Pero de estas profundidades ocultas de la vida del alma también surgen otras cosas. Estas son cosas que juegan un papel en la conciencia normal, aunque no sabemos nada acerca de su origen, en lo que se refiere a la vida ordinaria. Pero ayer vimos que podemos descender más profundamente en la vida del alma, hasta la región de la semi-consciencia, la región de los sueños, y sabemos que los sueños sacan algo de las profundidades ocultas de la vida del alma que seríamos incapaces de captarlos de la manera habitual, normal, a través de un esfuerzo de conciencia. Si algo que ha sido enterrado en la memoria hace mucho tiempo, surge ante el alma de un hombre en forma de imagen onírica, como sucede una y otra vez, entonces, en la mayoría de los casos, este hombre nunca habría estado en condiciones de extraer estas cosas de las profundidades ocultas de su vida anímica tratando de recordarlas, porque la conciencia ordinaria no llega tan lejos. Lo que ya no se puede alcanzar a través de la conciencia normal, sin embargo, se puede alcanzar a través de la subconsciencia. En este estado semiconsciente durante los sueños, muchas cosas que han quedado atrás, por así decirlo, que han sido almacenadas, salen a la superficie. Surgen, pero sólo surgen aquellas cosas que no pudieron volverse activas, de la misma manera que otras cosas se vuelven activas, que se sumergen en las profundidades ocultas del alma, a partir de las experiencias adquiridas en la vida.

Adquirimos salud o enfermamos, nos ponemos de mal humor o nos alegramos, -pero esto se produce de modo que no lo notemos en el curso normal de la vida, porque constituye condiciones corporales, determinadas por lo que se ha hundido en el alma a partir de nuestras experiencias de vida-, algo que no podemos recordar, pero que, sin embargo, está activo en las profundidades de la vida del alma, convirtiéndonos en lo que luego nos convertimos durante el curso de la vida. Comprenderíamos a muchos seres humanos en sus 30, 40, 50 años, -sabríamos por qué tiene tal o cual inclinación, por qué siente tan profundamente la causa de su insatisfacción-, entenderíamos muchas cosas si hiciéramos un seguimiento retrospectivo en la vida de un hombre así hasta su infancia. En su infancia, veríamos cómo influyeron en él los padres y el entorno; lo que se suscitó durante la niñez en forma de tristeza y alegría, dolor y placer - cosas que tal vez se olviden por completo, pero que influyen en todo el estado de salud y de ánimo de un hombre. Porque lo que surge y se desliza hacia las profundidades ocultas de la vida del alma fuera de nuestra conciencia, continúa activo allí abajo. Lo extraño de todo esto es que estas fuerzas que están trabajando allí, primero trabajan sobre nosotros mismos y no abandonan, -por así decirlo-, la esfera de nuestra personalidad. Por lo tanto, cuando la conciencia clarividente desciende a estas profundidades, (esto ocurre a través de la imaginación, a través de lo que llamamos conocimiento imaginativo), cuando desciende a las profundidades donde estas fuerzas están activas en la subconsciencia, como acabamos de describir, entonces el hombre siempre encuentra su propio yo. Encuentra lo que surge y vive en su interior. Y esto es bueno. En efecto, en un verdadero autoconocimiento, el hombre debe aprender a conocerse a sí mismo; debe contemplar y aprender a conocer todos los impulsos que están activos en su interior.

Si el hombre no presta atención a este hecho, si no presta atención al hecho de que en primer lugar encontrará su propio yo con todo lo que lo constituye y está activo en él, se expondrá a toda clase de errores cuando su conciencia clarividente penetre en la subconsciencia mediante los ejercicios de un conocimiento imaginativo. Por medio de una forma de conciencia parecida a la conciencia ordinaria, el hombre no puede ser consciente en absoluto de que se encuentra con su propio yo cuando desciende a las profundidades de la vida anímica. En una cierta etapa del desarrollo será posible tener visiones - digamos- ver formas que son incuestionablemente algo nuevo, cuando las comparamos con lo que hemos aprendido a conocer a través de las experiencias de la vida. Tal circunstancia puede, en efecto, darse. Pero si imagináramos que tales cosas pertenecen al mundo exterior, esto sería una gran ilusión. Estas cosas no surgen del mismo modo en que los hechos relacionados con nuestra vida interior suelen surgir en la conciencia ordinaria. Si tenemos dolor de cabeza, éste es un hecho que entra en la conciencia habitual. Sabemos que el dolor está en nuestra propia cabeza. Si nos duele el estómago, el dolor se experimenta dentro de nosotros mismos. 

Si descendemos a las profundidades que llamamos las profundidades ocultas del alma, sólo podemos estar dentro de nosotros mismos, pero podemos ver cosas que nos parecen como si estuvieran fuera de nosotros mismos. Tomemos, por ejemplo, un caso sorprendente. Supongamos que alguien desea intensamente ser la reencarnada María Magdalena, (una vez mencioné que ya he conocido veinticuatro Magdalenas reencarnadas en mi vida); supongamos que alguien desea intensamente ser María Magdalena. Pero supongamos también que esta persona no se confiesa a sí misma este deseo, (no necesitamos confesarnos a nosotros mismos nuestros deseos, esto es innecesario). Bien, alguien puede leer la historia de María Magdalena y puede gustarle inmensamente. 

En su subconsciente puede surgir inmediatamente el deseo de ser María Magdalena. No se da cuenta de nada en su conciencia habitual, excepto de que le gusta este personaje. A la persona en cuestión le gusta este personaje. Es consciente de ello en su conciencia superior. Pero en su subconsciente vive el ardiente deseo de ser él mismo esta María Magdalena, y sin embargo no sabe nada de esto. No se preocupa por ello. Se guía por los hechos de su conciencia habitual; puede ir por el mundo sin verse obligado en absoluto a darse cuenta de este hecho erróneo en su conciencia, el intenso deseo de ser María Magdalena. Pero supongamos que tal persona ha alcanzado, de un modo u otro, una especie de entrenamiento oculto. Esto le permitiría descender a su subconsciente, pero no se daría cuenta del hecho de que "en mí vive el deseo de ser María Magdalena", no se daría cuenta de ello del mismo modo que se da cuenta de un dolor de cabeza. Si se diera cuenta de este deseo de ser María Magdalena, entonces sería sensato y asumiría ante este deseo la misma actitud que ante un dolor, es decir, intentaría deshacerse de él. 

Pero a través de un descenso irregular a la subconsciencia, esto no tiene lugar, porque su deseo adquiere la forma de algo que está fuera de su propia personalidad, y para el hombre en cuestión aparece como la visión: "Tú eres María Magdalena". Este hecho está ante él, se proyecta fuera de su propio ser. Además, un ser humano en esta etapa de desarrollo ya no es capaz de controlar tal hecho a través de su yo. Esta falta de control no puede surgir cuando nos sometemos a una formación regular, sólida y absolutamente cuidadosa; porque entonces el Yo acompaña todas las experiencias en todas las esferas. Pero tan pronto como el Yo deja de acompañar todas nuestras experiencias, el hecho descrito anteriormente puede surgir en la forma de un suceso externo objetivo. El observador cree que puede recordar los acontecimientos relacionados con María Magdalena y se siente identificado con esta María Magdalena. 

Esto es incuestionablemente posible. Hago hincapié en esta posibilidad, ya que muestra que sólo una formación cuidadosa y la conciencia con la que penetramos en el ocultismo, nos puede rescatar de caer en el error. Si sabemos que primero debemos ver ante nosotros un mundo entero, que debemos ver a nuestro alrededor hechos, no algo que apliquemos a nuestro propio yo, sino algo que está en nosotros, y sin embargo aparece como la imagen de un mundo entero, -si sabemos que hacemos bien en considerar que lo que primero vemos ante nosotros es la proyección de nuestra propia vida interior-, entonces poseemos un buen escudo contra los errores que pueden acosarnos a lo largo de este camino. Lo mejor de todo es considerar al principio todo lo que surge de nuestro interior como si fuera un hecho exterior. En la mayoría de los casos, estos hechos surgen de nuestros deseos, vanidades, ambiciones; en pocas palabras, de todas las cualidades relacionadas con el egoísmo humano. Estas cosas sobre todo se proyectan hacia el exterior y ahora podemos preguntar:  ¿Cómo podemos escapar de tales errores? ¿Cómo podemos salvarnos de ellos?

No es posible salvarnos del error mediante los hechos habituales de la conciencia. El error surge porque no podemos, por así decirlo, salir de nosotros mismos en el momento en que nos enfrentamos a una imagen del mundo; permanecemos enredados en nosotros mismos. Esto les mostrará que lo esencial es salir de nosotros mismos, distinguir de un modo u otro que aquí tenemos ante nosotros un tipo de visión, y allí otra. Ambas visiones están fuera; una es quizá meramente la proyección de un deseo, y la otra es un hecho real. Sin embargo, no difieren tanto como difieren las cosas en la vida ordinaria, por ejemplo, cuando una persona afirma que le duele la cabeza y nosotros mismos tenemos dolor de cabeza. Porque tanto nuestra vida interior como la de otra persona se proyectan en el espacio exterior. ¿Cómo podemos distinguirlas?

Debemos aprender a investigar la esfera oculta, debemos aprender a distinguir una impresión verdadera de una falsa, aunque todas las impresiones se mezclen y surjan como si todas tuvieran el mismo derecho a ser tomadas por impresiones verdaderas. Es como si mirásemos en el mundo físico y viésemos allí, junto a los árboles reales, otros árboles imaginarios, y como si fuésemos incapaces de discriminarlos. Los hechos verdaderos del exterior y los hechos que sólo surgen dentro de nosotros mismos están mezclados, como si árboles falsos y verdaderos estuvieran uno al lado del otro. ¿Cómo podemos aprender a distinguir una esfera de la otra? No lo aprendemos al principio a través de nuestra conciencia. Si permanecemos sólo dentro de la vida de los pensamientos, no es posible que discriminemos, pues esta posibilidad sólo nos es dada a través de un lento entrenamiento oculto del alma. 

Si progresamos más y más, llegamos al punto en que aprendemos a distinguir una cosa de otra, es decir, hacemos en lo oculto lo que tendríamos que hacer si viéramos árboles reales junto a árboles imaginarios. Si caminamos hacia árboles imaginarios, no chocamos contra ellos, ¡pero sí chocamos con árboles reales! Algo parecido ocurre también, -pero como hecho espiritual, por supuesto-, en la esfera oculta. Si procedemos de la manera correcta, podemos aprender a discriminar de una manera comparativamente fácil entre lo que es verdadero y falso en esta esfera; pero no podemos hacer esto a través de pensamientos, sólo a través de una decisión de la voluntad. Esta decisión de la voluntad puede surgir de la siguiente manera: Si examinamos nuestra vida, encontramos en ella dos grupos distintos de acontecimientos. A menudo encontramos que tal o cual cosa en la que tenemos éxito o fracasamos, está conectada normalmente con nuestras capacidades. En otras palabras, podemos entender nuestro fracaso en una determinada dirección porque no somos particularmente inteligentes en esa esfera.  

Por otra parte, podemos entender nuestro éxito en tal o cual dirección porque sabemos que tenemos ciertas capacidades que lo explican. Tal vez no siempre sea tan estrictamente necesario darse cuenta de esta conexión que existe entre nuestras acciones y nuestras capacidades. También hay una forma menos clara de darse cuenta de ello. Por ejemplo, cuando la desgracia golpea a alguien en una etapa posterior de su vida y luego piensa en ello, puede decirse a sí mismo: -"He sido un hombre que ha hecho muy poco para ser más activo. O puede admitirse a sí mismo: "Siempre he sido un tipo tan despreocupado...". "En ambos casos podrá decir que no se dio cuenta inmediatamente de la relación entre su fracaso y sus acciones pasadas, pero sí se dio cuenta de que un hombre perezoso y despreocupado no tendrá éxito en todas las cosas tan bien como un hombre concienzudo y diligente. 

Hay cosas en las que podemos ver muy bien su conexión con nuestros éxitos o fracasos, pero hay otras en las que parece imposible encontrar una conexión, en las que debemos decir: - A pesar de tal o cual capacidad que debería haber garantizado nuestro éxito en tal o cual dirección, no hemos tenido éxito. Evidentemente, también hay ciertos tipos de éxitos o fracasos en los que no podemos ver de inmediato la conexión con nuestras capacidades. Este es un aspecto. El otro es que en el caso de ciertas cosas con las que nos encontramos, como golpes del destino, a veces podemos decir: - "Bueno, esto parece justificado; porque nosotros mismos hemos proporcionado las condiciones para ello". Pero en el caso de otros sucesos, nos encontramos con que ocurren sin que podamos descubrir nada que pueda indicarse como su causa. Así pues, tenemos dos clases de experiencias: las que proceden de nosotros, y en las que podemos ver la conexión con nuestras propias capacidades, y la otra clase de experiencia que acabamos de describir. En el caso de algunas experiencias que nos vienen de fuera, encontramos sucesos de los que no podemos decir que nosotros mismos les hayamos dado origen, y de nuevo hay otros de los que sabemos que su fundamento está en nosotros. Miremos a nuestro alrededor en la vida y hagamos un experimento que es muy útil para todo ser humano. Este experimento puede hacerse de la siguiente manera. Pongamos juntas todas las cosas cuyas causas nos son desconocidas, y también todas las cosas en las que hemos tenido éxito y de las que podemos decir que han sucedido de alguna manera inexplicable, cosas de cuyo éxito no somos responsables en absoluto. Pero también los fracasos que podemos recordar pueden colocarse juntos de esta manera. Luego consideramos los sucesos externos que nos han ocurrido por casualidad, en los que no podemos encontrar ninguna influencia por nuestra parte. Ahora podemos hacer el siguiente experimento anímico. Imaginemos que construimos en nuestros pensamientos un hombre artificial (tengamos en cuenta que en primer lugar hacemos este grotesco experimento del alma), construimos este hombre artificial; está hecho de tal manera que todas las cosas en las que hemos tenido éxito de una manera inexplicable se producen a través de sus capacidades. 

Por lo tanto, cuando nos damos cuenta de que hemos tenido éxito en algo que requiere sabiduría, mientras que somos estúpidos en esta misma cosa, construimos un hombre imaginario que es particularmente sabio en esta misma esfera y que, por lo tanto, habría tenido éxito en ella. También podemos aplicar este experimento de la siguiente manera en el caso de un acontecimiento exterior. Supongamos que nos cae un ladrillo en la cabeza. Al principio no podemos darnos cuenta de la causa. Construyamos ahora un hombre imaginario que provocó la caída de este ladrillo, de la siguiente manera: En primer lugar, subió corriendo al tejado y arrancó un ladrillo para que cayera poco después. Luego volvió a bajar corriendo y el ladrillo le golpeó. Esto es exactamente lo que hacemos en ciertos sucesos, aunque sepamos muy bien, de acuerdo con el curso habitual de los acontecimientos, que no los hemos causado; de hecho, estos sucesos pueden ser incluso muy contrarios a nuestra voluntad. Supongamos que alguien nos ha golpeado en un momento determinado de nuestra vida. Para facilitar las cosas, situemos este suceso en nuestra infancia; supongamos que alguien encargado de cuidarnos nos ha pegado. Imaginemos que hemos hecho todo lo posible para merecer esa paliza. En resumen, ahora construimos una persona imaginaria en la que se centran todas aquellas cosas que son impenetrables para nuestro entendimiento. Veréis, si queremos progresar en ocultismo, debemos realizar varias cosas que están en contraste con los hechos ordinarios. Pero si sólo hacemos lo que parece sensato en el sentido habitual de la palabra, entonces no avanzamos mucho en el ocultismo, pues las cosas relacionadas con el mundo superior pueden parecer al principio tontas a un ser humano ordinario. Pero no importa si el método puede parecer tonto a un hombre de mente sobria y superficial. Construyamos, pues, este ser humano imaginario. Al principio puede parecer grotesco, y tal vez no nos demos cuenta de su propósito. Sin embargo, haremos un descubrimiento dentro de nosotros mismos; todo el que haga este experimento descubrirá que es imposible deshacerse de este hombre que hemos construido en nuestros pensamientos: empezará a interesarnos. En efecto, cuando hagamos este experimento, descubriremos que ya no podemos librarnos de este hombre artificial: vive en nosotros. Por extraño que parezca, no sólo vive en nosotros, sino que se transforma dentro de nosotros; cambia enormemente. 

Se transforma de tal manera que al final difiere completamente de lo que era antes. Se convierte en algo, de lo que no podemos sino decir que, después de todo, está contenido en nosotros. Esta es una experiencia que todos podemos tener. Lo que acabamos de describir -no el ser humano imaginario que hemos construido al principio, sino lo que ha llegado a ser- puede designarse como una parte de lo que está contenido en nosotros mismos. Es exactamente esa parte la que, por así decirlo, ha producido esas cosas en la vida que aparentemente no tienen causa. Así, encontramos dentro de nosotros mismos algo que realmente hace surgir las cosas que no pueden explicarse de otro modo. Lo que te he descrito constituye, en otras palabras, un camino que nos permite no sólo mirar dentro de nuestra propia vida anímica y encontrar algo en ella, sino también recorrer un camino que sale de esta vida anímica hacia el mundo circundante. Porque las cosas en las que fracasamos no permanecen en nosotros, sino que pasan a formar parte del mundo que nos rodea. Hemos tomado de él algo que no concuerda con los hechos habituales de nuestra conciencia. Pero hemos obtenido algo que parece como si estuviera contenido en nosotros. Entonces sentimos como si después de todo tuviéramos alguna conexión con las cosas que aparentemente surgen sin causa real. Así empezamos a sentir cómo estamos conectados con nuestro destino, con lo que se llama karma. Este experimento del alma es un verdadero camino que nos permite experimentar el karma de una determinada manera.

A lo que ustedes pueden argumentar: - "No puedo entender del todo lo que dicen". Pero cuando ustedes dicen esto, no es porque piensen que no pueden entender; lo dicen porque no logran entender algo que en realidad es bastante fácil de entender - pero ustedes no piensan en ello. Es imposible comprender tales cosas a menos que hayamos llevado a cabo el experimento antes mencionado. Por lo tanto, estas cosas pueden ser vistas simplemente como la descripción de un experimento que puede ser hecho y experimentado por todos. A través de este experimento todos podemos darnos cuenta de que en nosotros vive algo que está relacionado con nuestro karma. Si lo supiéramos de antemano, no sería necesario que se nos dieran instrucciones para alcanzarlo. Es muy natural que no podamos darnos cuenta de ello a menos que hayamos hecho el experimento. Sin embargo, no se trata de "comprender" las cosas en el sentido habitual de la palabra, sino de aceptar una comunicación relativa a algo que nuestra alma puede experimentar. Si nuestra alma recorre tales caminos, se acostumbrará a vivir no sólo dentro de sí misma, dentro de sus deseos y pasiones, sino que se acostumbrará a mirar los acontecimientos exteriores y a relacionarlos con su propio ser. Nuestra alma se acostumbrará a esto. Precisamente las cosas que no hemos deseado son las que nosotros mismos hemos traído a los acontecimientos. Por último, si somos capaces de afrontar todo nuestro destino de manera que lo aceptemos con serenidad, si en el caso de cosas sobre las que generalmente refunfuñamos y protestamos, pensamos en su lugar: "aceptémoslas de buen grado, ya que nosotros mismos somos responsables de ellas", si somos capaces de hacer esto, entonces desarrollamos un estado de ánimo particular. Este estado de ánimo nos permitirá distinguir lo verdadero de lo falso cuando descendamos a las profundidades ocultas de la vida anímica, para discriminar con absoluta certeza; entonces lo que es verdadero y lo que es falso aparecerá con maravillosa claridad y certeza.

Si contemplamos una visión con la mirada espiritual y somos capaces de disiparla simplemente por el hecho de que disipamos o conjuramos todas las fuerzas que experimentamos como nuestro ser interior y que aprendemos a conocer de nuevo en esta forma, -si podemos disiparlas por así decirlo con una simple mirada-, entonces esta visión no es más que un fantasma. Pero si no podemos eliminarla de este modo y sólo podemos disipar la parte que nos recuerda al mundo sensorial exterior, -es decir, la parte visionaria-, si el elemento espiritual permanece como un hecho innegable, entonces la visión es verdadera. Sin embargo, esta distinción no puede hacerse antes de haber realizado lo que ya se ha descrito. Por lo tanto, en el plano suprasensible, lo verdadero y lo falso no pueden distinguirse con certeza a menos que hayamos pasado por el entrenamiento antes mencionado. El hecho esencial durante una experiencia del alma es que nuestra conciencia habitual está en realidad siempre contenida en lo que deseamos, de modo que mediante este experimento del alma nos acostumbramos a considerar como voluntad propia lo que no deseamos en absoluto en lo que a nuestra conciencia ordinaria se refiere - lo que normalmente va en contra de nuestra voluntad. En una determinada conexión podemos haber alcanzado una etapa definida de desarrollo interior; sin embargo, si tal experimento del alma no nos induce a situar esta conexión con lo que no hemos deseado, en contra de los deseos, pensiones, simpatías y antipatías que viven dentro de nuestra alma, entonces cometeremos un error tras otro. El mayor error de este tipo fue cometido justamente en la Sociedad Teosófica por H. P. Blavatsky. Ella observó el campo donde el Cristo puede ser encontrado, y debido a que sus deseos y anhelos, -en pocas palabras todo lo que constituía su conciencia superior-, contenían antipatía, de hecho odio por todo lo cristiano y judío, mientras que ella tenía predilección por todo lo que se había extendido sobre la tierra como civilización espiritual, excluyendo lo cristiano y lo hebreo, y debido a que ella nunca había pasado por el entrenamiento descrito hoy, se enfrentó con una idea totalmente falsa del Cristo. Esto es muy natural. Transmitió esta idea a sus discípulos más íntimos y aún hoy sigue viva, convertida en una imagen grotesca. Estas cosas llegan hasta las más altas esferas. Podemos ver muchas cosas en el plano oculto, pero la capacidad de distinguirlas es superior a la de simplemente verlas o percibirlas. Esto debe ser enfatizado agudamente.

Ahora surge el siguiente problema: Cuando ahondamos en las profundidades ocultas de nuestra alma (todo clarividente debe hacerlo), llegamos primero a nuestro propio yo. Debemos aprender a conocernos a nosotros mismos pasando real y verdaderamente por esa etapa en la que al principio nos encontramos ante un mundo en el que Lucifer y Ahriman nos prometen continuamente los reinos del mundo. Esto significa que estamos ante nuestro propio mundo interior y que el demonio nos dice: éste es el mundo objetivo. Esta es la tentación de la que ni siquiera el Cristo pudo escapar. Las ilusiones del mundo interior fueron puestas delante de Él. Pero a través de Su propia fuerza fue capaz de ver desde el principio que esto no era un mundo real, sino algo contenido en el mundo interior del hombre. A través de este mundo interior, en el que debemos distinguir dos partes, -una que podemos eliminar, a saber, nuestro verdadero contenido interior, y otra que permanece-, llegamos al mundo suprasensible objetivo a través de las profundidades ocultas de nuestra vida anímica. Del mismo modo que nuestro núcleo anímico-espiritual debe utilizar el espejo del cuerpo físico para percibir las cosas exteriores, o lo que constituye los hechos de la conciencia ordinaria, el ser humano debe utilizar su cuerpo etérico como espejo, en lo que respecta a su núcleo anímico-espiritual, para percibir los hechos espirituales suprasensibles con los que se encuentra al principio. Los órganos superiores de los sentidos, si se nos permite esta expresión, aparecen en el cuerpo astral, pero lo que vive en ellos debe reflejarse a través del cuerpo etérico, del mismo modo que el contenido anímico-espiritual que percibimos en la vida ordinaria se refleja a través del cuerpo físico. Debemos aprender a utilizar nuestro cuerpo etérico. Puesto que nuestro cuerpo etérico nos es generalmente desconocido, aunque es la parte que realmente nos da vida, -es muy natural que primero aprendamos a conocer este cuerpo etérico antes de aprender a conocer lo que entra en nosotros desde el mundo suprasensible exterior, y antes de que esto pueda reflejarse a través del cuerpo etérico.

Como pueden ver, lo que experimentamos alcanzando las profundidades ocultas de nuestra vida anímica, -cuando experimentamos, por así decirlo, nuestro propio yo y la proyección de nuestros propios deseos-, se parece mucho a la vida que solemos llamar Kamaloca. Se diferencia de la vida Kamaloca por el hecho de que durante nuestra vida ordinaria progresamos hasta un encarcelamiento (por llamarlo así) dentro de nuestro propio yo; sin embargo, nuestro cuerpo físico está ahí y siempre podemos volver a él, mientras que en Kamaloca el cuerpo físico ya no existe. Incluso una parte del cuerpo etérico ya no existe, esa parte que durante la vida nos devuelve un reflejo; estamos rodeados por el éter vital general que es ahora el instrumento reflector y refleja todo lo que está contenido en nosotros. Durante el período Kamaloca, nuestro propio mundo interior se construye a nuestro alrededor, con todos sus deseos y pasiones. Es importante que nos demos cuenta de que la vida de Kamaloca puede caracterizarse, en primer lugar, por el hecho de que estamos encerrados en nosotros mismos y que esto constituye una prisión; tanto más cuanto que no podemos volver a ninguna forma de vida física, que constituye el fundamento de toda nuestra vida interior. Cuando experimentamos nuestra vida de Kamaloca para darnos cuenta poco a poco, (nos damos cuenta poco a poco), de que todo lo que contiene sólo puede eliminarse cuando empezamos a sentir de otra manera, cuando ya no tenemos dentro de nosotros pasiones, etc., sólo entonces rompemos los muros de nuestra prisión de Kamaloca.

¿En qué sentido puede entenderse esto? En el siguiente sentido: Supongamos que alguien muere anhelando un determinado deseo. Este deseo formará parte de lo que entonces se proyecte al exterior; estará contenido en una de las formaciones que le rodean. Mientras este deseo siga viviendo en él, no podrá abrir las puertas de Kamaloca con ninguna llave, en lo que a este deseo se refiere. Cuando se dé cuenta de que este deseo sólo puede satisfacerse eliminándolo, renunciando a él, no deseando más - sólo cuando este deseo haya sido arrancado del alma y asuma hacia él la actitud opuesta, sólo entonces todo lo que le aprisiona en Kamaloca, incluido este deseo, será arrancado del alma. En esta etapa entre la muerte y un nuevo nacimiento alcanzamos la esfera que se llama Devacán: también podemos alcanzarla a través de la clarividencia si hemos aprendido a conocer lo que forma parte de nosotros. A través de la clarividencia alcanzamos el Devacán, cuando hemos obtenido un grado definido de madurez; durante el Kamaloca alcanzamos el Devacán en el transcurso del tiempo, sólo porque el tiempo nos atormenta a través de nuestros propios deseos, de modo que son superados gradualmente en el transcurso del tiempo. A través de esto, todo lo que se conjura ante nosotros, como si fuera el mundo y su gloria, se rompe en pedazos.

Lo que solemos llamar Devacán es el mundo de los hechos reales y suprasensibles. ¿Cómo encontramos generalmente este mundo de hechos reales y suprasensibles? Aquí en la tierra podemos hablar de Devacán sólo porque podemos penetrar por medio de la clarividencia, (si el Yo ha sido realmente superado), en el mundo de los hechos suprasensibles que existen realmente, y estos hechos coinciden con lo que contiene el Devacán. La característica principal del Devacán es que los hechos morales ya no pueden distinguirse de los hechos físicos, ni de las leyes físicas; las leyes morales y las leyes físicas coinciden. ¿Qué significa esto? En el mundo físico ordinario el sol brilla sobre justos e injustos; uno que ha cometido un crimen puede quizás ser encarcelado, pero el sol físico no se oscurecerá por este hecho. Esto significa que el mundo de la realidad sensorial tiene tanto un orden moral de leyes como uno físico; pero siguen dos direcciones completamente diferentes. En el Devacán es de otra manera, allí esta diferencia no existe en absoluto. En el Devacán todo lo que surge de algo moral, o intelectualmente sabio, o estéticamente bello, etc., conduce a una creación, es creador, mientras que todo lo que surge de algo inmoral, intelectualmente falso, o estéticamente feo, conduce a la destrucción, es destructor. En efecto, las leyes de la Naturaleza en Devacán son de tal naturaleza que el sol no brilla por igual sobre justos e injustos. Hablando en sentido figurado, podemos decir que el sol se oscurece realmente en el caso de un hombre injusto, mientras que el hombre justo que pasa por el Devacán encuentra realmente en él el sol espiritual, es decir, la influencia de las fuerzas vitales que le ayudan a avanzar en la vida. Un mentiroso o un hombre de mente fea pasarán por el Devacán de tal manera que las fuerzas espirituales se retiran de él. En el Devacán es posible un orden de leyes que no es posible aquí ni en la Tierra. Cuando dos personas, una justa y otra injusta, caminan una al lado de la otra aquí en la tierra, no es posible que el sol brille sobre una y no brille sobre la otra. Pero en el mundo espiritual la influencia de las fuerzas espirituales depende indudablemente de la cualidad de un ser humano. En Devacán esto significa que las leyes de la Naturaleza y las leyes espirituales no siguen direcciones separadas, sino la misma dirección. Esto es lo esencial que hay que tener en cuenta, en Devacán las leyes de la Naturaleza y las leyes morales e intelectuales coinciden.

Cuando un ser humano entra en el Devacán y vive allí, con todo lo que todavía contiene de su última vida en la tierra - la rectitud y la injusticia, el bien y el mal, la belleza y la fealdad estéticas, la verdad y la falsedad - todo esto se activa de tal manera que inmediatamente toma posesión de las leyes de la Naturaleza existentes en el Devacán. Tal vez podamos compararlo con el siguiente hecho en el mundo de los sentidos. Supongamos que alguien ha robado, o ha dicho una mentira aquí en la tierra y luego sale a la luz del sol; pero el sol ya no brilla sobre él, no puede encontrar la luz del sol en ninguna parte, de modo que a causa de la falta de luz solar se enferma gradualmente. O supongamos, -esto también puede servir de comparación-, que alguien que ha dicho una mentira aquí en la tierra no puede respirar más - todos estos casos serían similares a lo que realmente sucede en el Devacán. Aquel que es culpable de tal o cual pecado, encontrará allí, en lo que concierne a su ser anímico-espiritual, que las leyes de la Naturaleza coinciden con las leyes espirituales. Por consiguiente, cuando este hombre continúa desarrollándose en Devacán como se ha descrito anteriormente, y progresa más y más, entonces tales leyes y cualidades vivirán en él, que lo que ahora llega a ser en Devacán, corresponde a las cualidades que ha traído consigo de su vida precedente. Supongamos que alguien vive en Devacán durante 200 años; ha mirado a través de Devacán, y si dijo muchas mentiras durante su vida en la tierra, entonces los Espíritus de la Verdad se retirarán de él en Devacán. Algo en él morirá entonces, mientras que en otra alma amante de la verdad esto, en cambio, florecerá y cobrará vida.

Supongamos que alguien pasa por el Devacán con una vanidad pronunciada, de la que no se ha desprendido. En el Devacán esta vanidad será una exhalación muy fétida, y ciertos seres espirituales evitan tal individualidad que exhala estos olores fétidos de ambición o vanidad. Esto no se describe en sentido figurado. La vanidad y la ambición son, en efecto, exhalaciones muy fétidas en el Devacán, de modo que ciertos seres, que se retiran a causa de ello, no pueden ejercer su influencia benéfica. Es como si una planta creciera en un sótano, mientras que sólo puede florecer a la luz del sol. La persona vanidosa no puede prosperar. Se desarrolla bajo la influencia de esta cualidad. Entonces, cuando se reencarna, no tiene la fuerza para recibir las buenas influencias. En lugar de desarrollar sanamente ciertos órganos, desarrolla un sistema orgánico no sano. Así, no sólo nuestra condición física, sino también nuestra condición moral e intelectual, nos muestran lo que llegaremos a ser en la vida. En el plano físico, las leyes de la Naturaleza y las leyes espirituales van por caminos separados. Pero, entre la muerte y un nuevo nacimiento son una - las leyes de la Naturaleza y las leyes espirituales son una. Las fuerzas destructivas de la Naturaleza entran en nuestra alma, como resultado de actos inmorales durante una vida precedente; pero las fuerzas que gastan la vida entran en ella, como resultado de actos morales. Esto no sólo está relacionado con nuestra configuración interior, sino también con lo que nos encontramos en la vida, como nuestro karma.

El elemento característico del Devacán es que no hay diferencia entre las leyes de la Naturaleza y las leyes espirituales. El clarividente que realmente penetra en los mundos suprasensibles experimenta esto. Los mundos suprasensibles difieren mucho de los mundos aquí en el plano físico. Para un clarividente es sencillamente imposible hacer la distinción que suele hacer una mente materialista, a saber, que sólo existen leyes objetivas de la Naturaleza. Detrás de las leyes objetivas de la Naturaleza hay, en realidad, siempre leyes espirituales; y un clarividente no puede, por ejemplo, atravesar una pradera seca, o una región inundada, o percibir una erupción volcánica, sin darse cuenta de que detrás de todos los fenómenos de la Naturaleza hay poderes espirituales, seres espirituales. Una erupción volcánica es también para él un hecho moral, aunque el elemento moral se sitúe tal vez en un plano completamente distinto del que, en un principio, podemos imaginar. Los que siempre confunden el mundo físico y el superior dirán: - "Si personas inocentes perecen a causa de una erupción volcánica, ¿Cómo podemos suponer que se trata de un hecho moral?". Pero, en principio, no necesitamos considerar esta opinión; porque sería tan cruelmente estrecha de miras como la contraria, es decir, considerar esta erupción como un castigo infligido por Dios a las personas que viven cerca del volcán. Ambas opiniones son sólo el resultado de la mentalidad estrecha de miras aquí en el plano físico. Pero éste no es el punto en cuestión; hay que tener en cuenta cosas mucho más universales. Aquellas personas que viven en las laderas de un volcán y cuyas posesiones son destruidas por una erupción, quizás no tengan ninguna culpa en esta vida. Pero esto encontrará su equilibrio más adelante, y no implica una actitud despiadada por nuestra parte (considerarlo así sería de nuevo una interpretación estrecha de miras de los hechos). En el caso de las erupciones volcánicas, por ejemplo, nos encontramos con que en el curso de la evolución de la tierra los seres humanos ocasionan determinadas cosas; y debido a que estas cosas ocurren, toda la evolución de la humanidad se ve frenada. Por esta misma razón, los buenos Dioses deben obrar de cierta manera para establecer el equilibrio, -y tales fenómenos de la Naturaleza a veces traen consigo tal equilibrio. Muy a menudo, esta conexión sólo puede verse penetrando en las profundidades ocultas. Así, se producen ajustes en el caso de cosas provocadas por los seres humanos, cosas que se oponen al curso espiritual del verdadero desarrollo de la humanidad. Todos los acontecimientos, aunque sean meros fenómenos de la Naturaleza, tienen algo moral en sus profundidades, y los portadores de este elemento moral; que yacen detrás de los hechos físicos, son seres espirituales. Así, si imaginamos un mundo en el que es imposible hablar de una división entre las leyes de la Naturaleza y las leyes espirituales, -en otras palabras, un mundo en el que la justicia rige como una ley de la Naturaleza-, entonces este mundo sería el Devacán. Y en Devacán no tenemos por qué pensar que las acciones que merecen castigo son castigadas arbitrariamente; pues allí, el elemento inmoral se destruye a sí mismo y el moral progresa, con la misma necesidad con la que una llama prende fuego al material combustible.

Así, vemos que justamente las características más íntimas, el nervio más interno, por así decirlo, de la existencia, varía en los diferentes mundos. No podemos formarnos una imagen de los diversos mundos a menos que tengamos en cuenta estas peculiaridades que difieren radicalmente en cada mundo. Así, podemos caracterizar el mundo físico, Kamaloca y Devacán, de la siguiente manera: en el mundo físico, las leyes de la Naturaleza y las leyes espirituales constituyen una serie de hechos que siguen su curso en direcciones separadas. En el mundo de Kamaloca, el ser humano está aprisionado dentro de sí mismo, encerrado en la prisión de su propio ser. El mundo del Devacán es todo lo contrario del mundo físico. Allí, las leyes de la Naturaleza y las leyes espirituales son una misma cosa. Estas son las tres características; y si las tenemos cuidadosamente en cuenta, si tratamos de sentir la diferencia radical entre nuestro mundo y uno donde las leyes intelectuales, y también las leyes estéticas, son al mismo tiempo leyes de la Naturaleza, entonces tendremos una idea de lo que encierra el Devacán. Si nos encontramos con una persona fea, o bella, aquí en el mundo físico, no tenemos derecho a tratar al hombre feo como si tuviera algo repulsivo en su ser anímico-espiritual, ni podemos colocar a un ser humano bello a cierta altura, desde un aspecto anímico-espiritual. Pero en el Devacán es completamente diferente. Allí, nunca encontramos nada feo, a menos que haya sido causado por algo; y el ser humano que debe su rostro feo a su encarnación precedente, pero que se esfuerza por ser verdadero y recto en esta vida, es imposible que nos encuentre en Devacán con un rostro feo. En efecto, tal ser humano habrá transformado su rostro feo en belleza. Por otra parte, es igualmente cierto que quien dice mentiras y es vanidoso y avaro deambula por el Devacán con una forma fea. Pero también hay que tener en cuenta otra cosa. En la vida física ordinaria no encontramos que algo se destruye continuamente en un rostro feo, y que un rostro bello añade continuamente algo a su belleza. Pero en el Devacán vemos que la fealdad es un elemento destructivo, y siempre que percibimos algo bello nos vemos obligados a darnos cuenta de que produce un crecimiento continuo, una fructificación continua. Por lo tanto, en el mundo del Devacán debemos tener sentimientos completamente diferentes a los del mundo físico.

Será necesario encontrar el elemento esencial en estos sentimientos, y adquirir la capacidad de añadir a la descripción exterior de las cosas estos sentimientos y experiencias que se describen en la ciencia espiritual. Si uno se esfuerza por experimentar un mundo en el que los elementos morales, bellos y mentalmente verdaderos aparezcan con la misma necesidad que una ley de la Naturaleza, alcanzará la experiencia del Devacán. Es por esta razón que debemos recopilar tantos hechos y trabajar tan duro, a fin de fundir en una experiencia viva lo que así hemos adquirido a través del estudio. Sin esfuerzo es imposible alcanzar un verdadero conocimiento de las cosas que deben aclararse gradualmente al mundo a través de la ciencia espiritual. Hoy en día hay sin duda muchas personas que argumentan: "¿Por qué debemos aprender tantas cosas a través de la ciencia espiritual? ¿Debemos volver a ser colegiales? Los sentimientos o las experiencias parecen ser lo más importante en ella". En efecto, el sentimiento es precisamente lo que hay que tener en cuenta - pero, ante todo, hay que adquirir el tipo correcto de sentimiento. Lo mismo se aplica a todo. A un pintor también le resultaría mucho más agradable si no tuviera que aprender los elementos de su arte, etc., y si no se viera obligado a pintar su cuadro final lenta y gradualmente sobre el lienzo. Sería mucho más agradable si pudiera simplemente respirar sobre el lienzo, ¡y así producir su cuadro terminado! Lo curioso en el mundo de hoy es que, cuanto más nos acercamos a la esfera anímica y espiritual, más personas no comprenden que no basta con respirar sobre el lienzo. En el caso de la música, poca gente admitirá que un hombre que no ha aprendido nada en absoluto pueda ser compositor; esto es bastante obvio para ellos. También lo admitirán en el caso de la pintura, -aunque menos estrictamente que en el caso de la música-, y en el caso de la poesía admitirán aún menos que el estudio y la formación sean necesarios. Por eso hay tantos poetas modernos. Ninguna época ha sido tan poco poética como la actual, a pesar de sus muchos poetas. Los poetas no necesitan aprender mucho, simplemente se espera de ellos que escriban (aunque esto no tiene nada que ver con la poesía), al menos ortográficamente; ¡basta con que sean capaces de expresar sus pensamientos de forma inteligible! Y menos aún se espera de los filósofos. Pues se da por sentado que cualquiera puede expresar su opinión sobre todo tipo de cosas que pertenezcan a una concepción del mundo, o concepción de la vida. Cada uno tiene su propio punto de vista. Una y otra vez nos encontramos con que el estudio cuidadoso, que implica la aplicación de todos los medios disponibles a una actividad interior, con el fin de investigar y conocer al menos algo del mundo, no cuenta para nada en la actualidad. En cambio, se da por sentado que el punto de vista de alguien que se ha esforzado y trabajado para aventurarse a decir al menos algunas cosas sobre los secretos del universo es equivalente al punto de vista de alguien que simplemente ha decidido tener una opinión. De ahí que hoy todo el mundo tenga, por así decirlo, su propia concepción del mundo. ¡Y un teósofo por encima de todos los demás! En opinión de algunas personas, aún se requiere menos para ser teósofo. En su opinión, todo lo que se necesita no es ni siquiera reconocer los tres principios de la Sociedad Teosófica, sino sólo el primero - ¡y esto totalmente de acuerdo a su propio gusto! Puesto que todo lo que se requiere es admitir con más o menos veracidad que el amor hacia los demás es suficiente - si uno está o no realmente lleno de amor no cuenta mucho - es bastante fácil ser un teósofo, ¡y entonces por supuesto uno tiene el tipo correcto de sentimiento! Así descendemos continuamente. Comenzamos con una estimación de la música y esperamos un cierto nivel de aquellos que desean tener una opinión sobre la música, descendemos continuamente y requerimos cada vez menos, hasta que finalmente llegamos a la Teosofía, ¡donde se requiere menos de todo! Porque pensamos que lo que generalmente se considera inadecuado en el caso de la pintura, por ejemplo, es suficiente en el caso de la Teosofía, aquí no se necesita ningún esfuerzo, y sin embargo sentamos las bases para una hermandad universal, ¡y entonces somos teósofos! No necesitamos aprender nada más. Pero el punto esencial es éste, debemos esforzarnos con todas nuestras fuerzas para transformar en experiencias vivas lo que recogemos en forma de estudio - pues los matices de estos sentimientos nos darán el conocimiento más elevado y verdadero. Debes dirigir todos tus esfuerzos hacia el logro de una experiencia tal como la impresión derivada de un mundo donde las leyes de la Naturaleza y las leyes espirituales coinciden. Si trabajas con toda seriedad (¡que la gente crea que sólo has estudiado hechos teóricos!), si no has escatimado esfuerzos para comprender tal o cual teoría, entonces quedará una impresión en Devacán. Si una experiencia, un sentimiento real, existe no sólo en tu fantasía, sino que realmente lo has adquirido a través de un cuidadoso trabajo, entonces esta experiencia, estos matices de sentimiento, llegarán más lejos de lo que pueden llegar meramente por sí mismos - se volverán reales a través de un estudio serio y diligente. Y entonces no estarás muy lejos del punto en que este matiz de sentimiento adquirirá vida, y Devacán estará realmente ante ti. Porque este matiz del sentimiento se convierte en una capacidad perceptiva si se trabaja con veracidad. Nuestros grupos, nuestros centros de trabajo, son lo que deben ser, sólo si el trabajo dentro de ellos se realiza realmente sin ninguna sensación y sobre una base honesta. En este caso, nuestros grupos y centros son escuelas destinadas a conducir al hombre a las esferas de la clarividencia. Sólo alguien que no desea alcanzar esto y no está dispuesto a trabajar puede tener una opinión falsa con respecto a estas cosas.

Traducido por J.Luelmo jul.2023