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viernes, 10 de enero de 2025

GA209 Dornach, 24 de diciembre de 1921 La aparición en Oriente del concepto de Maya en relación con el mundo exterior

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La aparición en Oriente del concepto de Maya en relación con el mundo exterior

RUDOLF STEINER


Dornach, 24 de diciembre de 1921

Si con las ideas del presente se oye decir que estamos haciendo aquí un curso durante las vacaciones de Navidad, esto puede parecer quizá extraño porque se tiene la idea de que con las grandes épocas festivas del año, el trabajo debe descansar y que el hombre debe abandonarse únicamente a los ejercicios religiosos, sobre todo en Navidad. Sin embargo, una visión más profunda de las circunstancias actuales no puede dejar de reconocer que en estos tiempos festivos conviene hacer algo distinto de lo que se ha hecho durante mucho tiempo. Vivimos tiempos difíciles, y debe parecer frívolo hoy querer simplemente continuar con las antiguas costumbres sin tener en cuenta los difíciles tiempos de penuria en los que hemos entrado, sin que nos afecte lo que está sucediendo en los mundos visible e invisible en nuestro tiempo presente. Vemos cómo la gente hace regalos en estos tiempos festivos, cómo limpian su árbol de Navidad de la manera tradicional, cómo hacen de otras maneras puramente según la tradición lo que la gente ha estado acostumbrada a hacer durante siglos. Hoy, sin embargo, tenemos que darnos cuenta de cómo esta costumbre se está convirtiendo casi en un sacrilegio.

Cualquiera que haya vivido los últimos años desde lo más profundo de su corazón, se siente como si hubiera tenido que vivir a través de siglos, y no puede sino mirar con cierta melancolía a esa parte de la humanidad que hoy piensa habitualmente de la misma manera que podía haber pensado con cierta justificación hasta principios o mediados de la segunda década de nuestro siglo. Para la mente imparcial de hoy, todas las cosas deben parecer cargadas de interrogantes de los acontecimientos de la época, de interrogantes que atañen a los elementos primigenios de toda vida humana. Aquellos de mis honorables oyentes que a menudo me han oído decir una cosa u otra sabrán lo poco que me inclino por la costumbre de hablar de vivir en una época de transición. Esto puede decirse de todas las épocas, porque la transición del pasado al futuro siempre se produce de forma natural. Sólo depende de en qué consista esta transición. Y hoy no se puede dejar de reconocer que el hombre sólo es consciente de su verdadera naturaleza cuando participa en las cosas poderosas que tienen lugar en el mundo.

Con frecuencia escuchamos el reproche de que muchas personas creen cada vez más que el cristianismo consiste en gritar "Señor, Señor", o en pronunciar el nombre de Cristo tan a menudo como sea posible. Pero hoy se necesita algo muy diferente: una cristianización de toda nuestra vida, en la que no baste pronunciar el nombre de Cristo, sino que implique unirnos profunda e íntimamente al Espíritu de Cristo. Vemos que en casi todo el mundo se están planteando hoy grandes problemas de la vida. Y ya podemos percibir que la región, la región europea que durante muchos siglos ha sido el escenario de la civilización humana, no puede seguir siéndolo en el futuro. Percibimos que los problemas del mundo se extienden ahora a territorios más amplios, y en el tiempo presente percibimos sobre todo a través de fenómenos sintomáticos, que en todas las esferas de la vida se anuncia el gran conflicto entre Occidente y Oriente.

Occidente encendió la llama de una joven vida espiritual basada en una base natural-mecanicista. Esta vida espiritual sólo es vista de la manera correcta por aquellos que sostienen que está en el comienzo de su desarrollo. Pero desde esta joven vida espiritual en Occidente debemos mirar hacia el Oriente; nos conectamos cada vez más con ella, también geográfica e históricamente, y Occidente debe contar con Oriente.

En Oriente existe una antigua vida del espíritu, una vida espiritual que se remonta a miles de años. Se puede sentir un inmenso respeto por lo que vive en Oriente; aunque ya está en decadencia; Se puede sentir por él la mayor reverencia cuando se mira hacia atrás, desde su actual estado de decadencia, a la sabiduría primitiva de la humanidad de la que surgió.

Cuando contemplamos los aspectos más espirituales de la vida, resuena en Oriente una palabra que siempre despierta un eco peculiar en nuestro corazón, sobre todo cuando adoptamos el punto de vista de Occidente. Es una palabra que está destinada a expresar en el lenguaje de Oriente la característica del mundo físico que percibimos a nuestro alrededor a través de nuestros sentidos. Oriente, comenzando por la India, se ha acostumbrado a designar este mundo físico-sensorial como MAYA, la gran ilusión, aparte del hecho de que se expresa más o menos claramente.

El Oriente, (pero, como se ha dicho, esto existe sólo en una forma decadente), se enfrenta así al mundo exterior percibido a través de los ojos y los oídos como una gran ilusión que confronta al hombre, como Maya.

Aquellos que aprenden a conocer las características de las concepciones de la vida de Oriente, deben experimentar que este concepto de Maya no estaba originalmente contenido en la sabiduría primigenia de Oriente. La ciencia espiritual de la Antroposofía nos permite, sobre todo, comprender el desarrollo de la civilización oriental que se extiende a lo largo de miles de años. Luego miramos hacia atrás, a un tiempo que se encuentra 3000 años antes de Cristo, y al remontarnos aún más en una antigüedad remota, encontramos cada vez menos este concepto de Maya, esta idea de la gran ilusión conectada con la realidad físico-sensorial del mundo externo. Si queremos indicar una época aproximada, podemos decir: Sólo a finales del III y IV milenio a.C. este concepto surge en Oriente; surge la convicción de que el mundo físico-sensorial que rodea al hombre no es una realidad, sino una gran ilusión, un Maya. ¿Cuál es la causa de este tremendo cambio en la concepción de la vida en Oriente? Esta causa está profundamente arraigada en la evolución del alma de la humanidad. Si miramos la sabiduría primigenia de Oriente, cómo se diferenció posteriormente de una manera poética en los Vedas, de una manera filosófica en la filosofía Vedanta, tal como se convirtió en la enseñanza del yoga, si, por ejemplo, prestamos atención a lo grandioso, ya que esta doctrina oriental está contenida en el Bhagavad Gita, entonces encontramos que una vez la esencia de esta sabiduría oriental fue que el hombre percibía no sólo el mundo sensorial exterior, sino que dentro de este mundo sensorial exterior el hombre percibía lo divino-espiritual en todo lo que veía con sus ojos, oía con sus oídos, tocaba con sus manos.

Para estos pueblos primitivos los árboles no se veían del modo en que los vemos hoy. Había algo en cada árbol, en cada arbusto, en cada nube, en cada primavera, que se anunciaba a sí mismo como el contenido del mundo cósmico anímico-espiritual. Dondequiera que uno mirara, veía lo sensorial impregnado por lo espiritual. El manantial no sólo borboteaba en tonos inarticulados, sino que del sonido del manantial se escuchaba contenido anímico-espiritual. El bosque no crujía inarticuladamente; Del susurro del bosque se escuchaba el lenguaje del Verbo eterno del mundo, un ser anímico-espiritual. De la tremenda vitalidad con que el hombre experimentaba el mundo en aquellos grises tiempos prehistóricos, el hombre actual sólo puede formarse una idea muy pequeña. 

Pero la vitalidad del espíritu con que el hombre vivía en su entorno se paralizó en comparación con el tercer milenio antes de Cristo. Y si nos trasladamos en el lugar de la evolución del tiempo, entonces nos damos cuenta de cómo, por así decirlo, la humanidad, ahora concebida como un todo, como humanidad oriental, percibía los fenómenos del mundo con un cierto sentimiento melancólico, como si los dioses se retiraran, como si desaparecieran bajo la superficie de las cosas. Y muchas mentes humanas particularmente profundas habrán expresado este sentimiento como si estuvieran orando de tal manera que dijeran: Los antiguos dioses han desaparecido detrás de la superficie de las cosas sensoriales externas. El mundo se ha vaciado de los dioses, y puesto que aparece como un mundo desprovisto de dioses, es Maya, es una gran ilusión.

No es que desde el principio se dijera que el mundo era esta gran ilusión, sino que, puesto que el mundo se había vaciado de dioses, se sentía que era una gran ilusión, una maja. Si se quiere volver al aspecto más vital de este punto de vista, hay que remontarse incluso más allá de la catástrofe atlante, a la humanidad atlante.

Porque, inmediatamente después de la catástrofe de la Atlántida, aparece débilmente en la civilización general este indicio de que el mundo de la apariencia físico-sensible externa todavía se considera como algo irreal. Pero gran parte de la percepción de los dioses todavía estaba presente en el mundo físico-sensorial hasta finales del cuarto milenio a.C. Había tanto disponible que hasta entonces no se necesitaba ningún consuelo real frente a lo que se sentía como la irrealidad en el mundo. Desde el final del cuarto milenio en adelante, se sintió la necesidad de un consuelo. Y este consuelo fue buscado para la humanidad por los iniciados, por los iniciados, por los maestros y sacerdotes de los Misterios, y fue buscado desde el lenguaje de las estrellas. Aquí en la tierra, se decía, no hay realidad. Pero si uno investiga las estrellas, entonces descubre por el lenguaje de las estrellas que la realidad llega a la tierra desde regiones lejanas del mundo. Las estrellas hablan un lenguaje que, cuando lo escuchamos, suena de tal manera que la maya del mundo adquieren un significado real.

Esa fue la gran impresión que causó en la humanidad la sabiduría de las estrellas que poseían los caldeos, la sabiduría de las estrellas de los antiguos egipcios, que esta sabiduría de las estrellas era percibida como la que dotaba de realidad a la Maya. Aquí en esta tierra sólo se puede encontrar lo irreal, así se decía. Uno debe mirar hacia arriba a la palabra eterna del mundo, que se expresa en los movimientos y posiciones de las estrellas para quien es receptivo, entonces la realidad se revela dentro de la Maya. Si uno quería reconocer algo importante, algo significativo para la vida, entonces buscaba explorarlo a partir de las estrellas y su lenguaje. Y así permaneció la comprensión humana del alma hasta la época del Misterio del Gólgota.

La sabiduría de los misterios, a partir de las estrellas, proclamaba a la humanidad lo que es real, pues existía la creencia de que esta realidad no podía encontrarse en la tierra. Quien comprenda la esencia griega en su verdad, sin embargo percibirá que, -aunque siempre se diga por cierta visión superficial que la esencia griega procede sobre la realidad, como con una especie de alegría infantil-, sin embargo sentirá cómo algo trágico pesa sobre la esencia griega, algo que anhela una especie de redención dentro de la vida humana. Y eso no es otra cosa que el eco del sentimiento oriental del que acabo de hablar.

Y nosotros, los seres humanos contemporáneos, hemos hecho que para nuestra civilización actual, se desarrolle el pensar, por así decirlo, como un bien supremo interior, el pensar se despliega por todos lados. Pero no hemos logrado reconocer este pensar como una realidad. Al entregarnos a la vida del pensar, nos sentimos como si viviéramos en una irrealidad. Y un gran número de personas dicen que la vida del pensar es una ideología. Con esta palabra ideología un gran número de personas quieren sugerir a la vida anímica interior lo mismo que los orientales sentían hacia la realidad exterior físico-sensorial, llamándola maya. Podríamos hablar de maya del mismo modo que hablamos de ideología, pero entonces tendríamos que referirnos a nuestra vida anímica interior.

Lo que en un determinado periodo de tiempo era la realidad más intensa para Oriente, lo anímico-espiritual, se ha convertido para nosotros en la Maya, y lo que para Oriente era Maya, es decir, el mundo físico-sensual exterior, se ha convertido en nuestra realidad naturalista. Y así vivimos llamando ideología o Maya a aquello que nos impregna interiormente hasta la madurez del pensar. Antiguamente Oriente veía dioses en la naturaleza sensorial externa. Estos dioses han desaparecido de él. En Oriente no disponían del pensar en la forma en que lo tenemos hoy. Esa es la especialidad de Occidente, que ha alcanzado el pensar, la forma más pura y luminosa de la vida anímica. Pero lo divino aún no lo hemos alcanzado en el pensar. Estamos esperando que lo divino surja en él. Aquello que para Oriente ha desaparecido de la sensorialidad exterior, debido a lo que esta sensorialidad exterior se ha convertido en la Maya, aún no existe para nuestro mundo de las ideas, para nuestro mundo interior del pensar. En el desarrollo histórico, el mundo sensorial exterior, -por lo que respecta a Oriente-, se ha vaciado gradualmente de dioses. Nuestro pensar está aún vacío de dioses. Sólo podemos entenderlo así si lo percibimos como una especie de profecía de que la maya de nuestro pensar se llenará algún día de realidad interior.

La evolución histórica de la humanidad se divide, pues, en dos partes significativas. Una se desarrolla desde la plenitud de los dioses hasta el vacío de los dioses. La otra, en cuyo comienzo nos encontramos, se desarrolla desde el vacío de los dioses hasta la plenitud de los dioses que cabe esperar. Y en el centro entre estas dos corrientes evolutivas se encuentra la cruz del Gólgota. ¿Cómo se sitúa esta cruz del Gólgota en la conciencia de la humanidad? Miramos hacia atrás, unos seis siglos más atrás del Misterio del Gólgota: vemos a Buda, que poco a poco es adorado por una gran comunidad. Vemos a este Buda cuando deja su casa, sale al mundo y ve un cadáver entre las múltiples cosas que ve. La visión de este cadáver tiene tal efecto en su alma que se aleja de la maya del mundo exterior. El cadáver tiene un efecto disuasorio en el Buda. Y porque tiene que ver la muerte, el cadáver, se siente obligado a levantar la vista del mundo hacia otro, hacia un Divino-Espiritual que no se encuentra en el mundo. La visión del ser humano muerto es el punto de partida para que Buda abandone el mundo y huya a un reino de realidad de otro mundo.

Y ahora pasamos a la época de unos seiscientos años después del Misterio del Gólgota. Mucha gente mira el gran símbolo: el crucifijo, la cruz de la que cuelga el cadáver. Se mira al muerto. Pero al muerto se le mira, no para huir, no para abandonarlo e irse a otra realidad, sino que en ese muerto se ve aquello en lo que hay que refugiarse. En doce siglos la humanidad ha cambiado de tal manera que hemos aprendido a amar la muerte en la cruz, la muerte de la que huyó Buda. Nada puede sugerir a la mente más profundamente, que el gran cambio que se produjo a través del Misterio del Gólgota, que se encuentra a medio camino entre estos dos puntos en el tiempo. Y al volver nuestros pensamientos de este modo al Misterio del Gólgota, debemos recordar lo que realmente se veneraba allí en el sentido del cristianismo original.

Pablo, iniciado en los misterios de su tiempo, no podía creer en Jesús vivo; luchaba contra Jesús vivo. Luego, cuando de camino a Damasco se dio cuenta de que el Cristo estaba vivo, de que el Cristo se había revelado desde las tinieblas del mundo, Pablo no creyó en el Jesús vivo, sino en el Cristo resucitado, y el Jesús vivo se hizo digno de él porque era portador del Cristo resucitado. A través de esta visión especial del contexto del mundo, la certeza de Pablo sobre la vida divino-espiritual surgió de la muerte.

Lo que había sucedido a la humanidad era que, mientras que en otros tiempos el consuelo se recibía mirando desde la tierra a las estrellas, desde donde hablaba el Verbo eterno, ahora se miraba al acontecimiento histórico del Gólgota, se miraba a una envoltura humana que encierra el misterio de la existencia. Y este misterio de la existencia - el apóstol Juan quiso expresarlo con las palabras: «¡En el principio era el Verbo!»

Sí, en el origen primigenio la palabra hablaba desde el curso y la posición de las estrellas. Esta palabra sonaba desde el cosmos. Pero esta palabra no se encontraba en la tierra, sino que penetraba desde los confines del cielo, desde la casa del Padre hasta la tierra. Pero el escritor del Evangelio de Juan se atrevió a decir: «Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros». Es decir, lo que vive en las estrellas ha habitado en el cuerpo que estaba colgado en la cruz. Ahora se hacía visible en un ser humano lo que antes se buscaba en el mundo. Lo que antes sólo fluía a la tierra en el resplandor de la luz iba a descender al hombre. La visión de la vida fue conducida de una cosmología universal a una visión del centro del hombre, que fue impregnado por lo que brillaba desde las estrellas, que fue impregnado por la palabra viva del mundo.

El sentido, el significado más profundo que va a ser revelado por el Misterio del Gólgota es que también es posible mirar hacia el origen del mundo mirando dentro del ser interior de Jesús y estableciendo una conexión íntima entre el propio ser interior y el ser humano interior de Jesús, así como en el pasado se estableció una conexión entre el ser humano que vive en la tierra y la eterna Palabra Cósmica que habla desde las estrellas. El Misterio del Gólgota es, en efecto, la influencia más importante e incisiva en la evolución de la tierra y así lo indica el Nuevo Testamento.

Es de una profundidad maravillosa, y resulta inconmensurablemente conmovedor cómo se enseña, en el sentido de los Evangelios, -una vez relatado por un Evangelio, la otra por el otro-, la aparición de Cristo Jesús. Por un lado, están los tres sabios, los magos de Oriente, los portadores de la antigua sabiduría de las estrellas, los exploradores de la palabra del mundo de la escritura estelar del cosmos. Están dotados de la sabiduría más elevada que era accesible a la humanidad en aquella época. Y el Evangelio indica cómo la más alta sabiduría no puede hablar de otra cosa en aquel tiempo que: Cristo Jesús aparece, nos dicen las estrellas. La palabra eterna del mundo que vino en las estrellas, que vive en las constelaciones, nos dice que el Cristo Jesús aparecerá.

Las escuelas de sabiduría proclamaban: Desde el comienzo de la actual existencia terrenal de la humanidad, Júpiter completó su órbita planetaria 354 veces. Un año de Júpiter, un gran año de Júpiter, llegó a su fin desde el momento que los antiguos hebreos, por ejemplo, fijaron para el comienzo de la existencia del hombre en la tierra. De acuerdo con la concepción del mundo de esa época, un año ordinario solo tenía 354 días. Transcurrieron 354 días de Júpiter, y estos 354 días de Júpiter son como una frase que habla de la sabiduría cósmica, una frase sublime, en la que las palabras sueltas indican las revoluciones de Mercurio. Hay un día de Mercurio 7 x 7 = 49 veces, y esto en el mismo período de tiempo que un día de Júpiter.

Estos antiguos sabios buscaron tales conexiones en la escritura de las estrellas. Y lo que se inspiraba en sus almas a través de tal desciframiento de la escritura estelar, lo interpretaban de tal manera que podían revestirlo con las palabras: Cristo Jesús aparece, porque el tiempo se ha cumplido. El tiempo de Júpiter, el tiempo de Mercurio se ha cumplido. El gran cronómetro mundial, que se encuentra en las estrellas, habla de que el tiempo se ha cumplido. Los Evangelios lo proclaman por un lado. Por otro lado, como los pobres pastores en el campo, proclaman desde el sueño que brota de sus sencillos corazones, sin toda sabiduría, simplemente escuchando la voz piadosa y sencilla del alma humana, lo que los pobres pastores recibieron revelado desde esa profundidad del pecho humano. Y es el mismo mensaje: el Cristo aparece.

La sabiduría más elevada y la simplicidad más grande del alma se unen en las palabras: Cristo viene. En ese momento la sabiduría suprema ya estaba decadente, se estaba asentando. En cambio, surge algo que proviene del propio ser interior del hombre. Desde entonces, el pensamiento ha surgido del ser interior del hombre. Todavía no podemos elevarlo al estadio de la realidad; sigue siendo un Maya, pero es necesario, en una medida cada vez mayor, tener en cuenta que el pensamiento puede convertirse en una realidad. En los tiempos precristianos, el hombre miraba hacia las estrellas para experimentar la realidad. Debemos mirar hacia Cristo para tener realidad con respecto a nuestro ser interior. No yo, Cristo en mí, esta es la Palabra que conferirá peso y realidad interior al pensamiento.

La teología del siglo XIX ha convertido cada vez más a Cristo Jesús en una mera figura humana que también puede reconocerse por la historia externa: Jesús, el hombre sencillo de Nazaret, aunque fuera el más alto. Pero el Cristo se ha perdido. Sólo aparecerá en su verdadera forma mediante el renacimiento de una visión del mundo que se centre en lo suprasensible, una visión de la vida que mire desde lo sensual hacia lo suprasensible. En la misma medida en que la humanidad ha perdido lo espiritual que se esconde tras de lo sensual, debe ganar la realidad interior en el pensar que ha penetrado hasta el nivel luminoso pero abstracto.

Esta realidad interior se obtendrá percibiendo en la tierra misma, en las cosas que suceden en relación con el Misterio del Gólgota, algo que el alma humana solo puede enfrentar a través de concepciones suprasensibles. Cristo nacerá de nuevo en el desarrollo de la civilización humana en la misma medida en que nosotros decidimos comprender el Misterio del Gólgota, con la ayuda de un conocimiento suprasensible. Al absorber el conocimiento suprasensible, el hombre puede esperar un Belén perenne. Un significado profundo reside en las palabras del Ángelus Silesio: "Aunque Cristo nazca mil veces en Belén, pero no en vosotros, estáis perdidos para siempre".

Pero el Cristo debe nacer no sólo en frases vacías, sino en todo conocimiento, en toda sabiduría. Debemos ser capaces de ver lo que podemos obtener mediante la mera observación del mundo, igual que Pablo vio lo que el mundo exterior era para él antes de acercarse al acontecimiento de Damasco, antes de ver el mundo terrenal lleno del poder del Cristo vivo. Debemos llevar este poder del Cristo vivo a toda cognición. Debemos calentar el conocimiento frío y abstracto que nos ha llevado a la necesidad del presente. Debemos impregnar este conocimiento con el poder vivo de Cristo.

Esto es algo que se erige como una tarea significativa del presente. Debemos tener la sensación de que primero debemos llegar a Cristo. Debemos interiorizar la idea de Cristo. Debemos darnos cuenta de que la necesidad del momento es demasiado grande para aferrarnos simplemente a las costumbres navideñas externas. Debemos llegar a la convicción de que tal adhesión es una mentira comparada con los demás puntos de vista de nuestro tiempo. Debemos darnos cuenta de que el gran conflicto entre Oriente y Occidente también debe tener lugar en la esfera espiritual, que la Maya de Oriente y la Maya de Occidente, la Maya del mundo sensorial exterior y la Maya del pensar, deben llegar a un entendimiento armonioso.

No debemos creer que tenemos al Cristo en nuestro tiempo presente. Debemos sentirnos como los pobres pastores que eran conscientes de su necesidad. Debemos buscar al Cristo en lo más íntimo del ser humano, como los pastores buscaban al Cristo en el establo de Belén. Debemos ofrecernos a este Cristo, que transforma nuestros pensamientos en realidades. Debemos tener la humildad de elevarnos primero a la comprensión del nacimiento de Cristo. Debemos saber que primero tenemos que comprender la idea de la Navidad antes de poder apreciarla de la manera correcta. Debemos impregnarlo todo en los distintos ámbitos de la vida con el poder vivo de Cristo. Debemos trabajar, y celebraremos mejor las fiestas si trabajamos en la necesidad del momento, para hacer realidad en el sentido espiritual aquello que nos mira históricamente desde el lugar de la calavera del Gólgota como símbolo, aunque símbolo de la realidad.

Y así debemos entender que el pensamiento navideño más importante para nosotros hoy es éste: hacer realidad una Navidad universal a través de una comprensión correcta del cristianismo. Esta voz interior, este anhelo interior, pueden guiarnos durante la Nochebuena en el sentido de la necesidad actual del tiempo. Porque la fiesta de fin de año, la Navidad, sólo puede cobrar vida hoy si sentimos el anhelo de mirar esta Navidad como una invitación a mirar lo que la humanidad necesita en su desarrollo. Para que algo del sentimiento festivo que experimentamos en esta época del año pueda irradiarse para nosotros, para que a través del poder de la realización interior de lo que todavía es Maya para nosotros, podamos llegar a una resurrección de esa realidad divino-espiritual que se ha desvanecido en tiempos más antiguos y que, por lo tanto, ha llevado a la visión de Maya.

La humanidad ha entrado en la Maya, en la Maya exterior. Desde la maja interior, la humanidad debe desarrollarse hacia la verdadera realidad espiritual-anímica. Si comprendemos esto, entonces el pensamiento navideño individual en la época festiva estará lleno de un sentimiento mundial que necesitamos hoy si queremos sentir el verdadero valor humano y la verdadera dignidad humana. Entonces, de nuestros sentimientos hacia las festividades individuales, fluye en nosotros algo que nos desafía a confesar: Debemos celebrar en el tiempo de la necesidad de tal manera que poco a poco veamos las nuevas luces navideñas de una nueva vida espiritual. Debemos aprender a celebrar no sólo una Navidad individual, debemos aprender a celebrar la Navidad universal.

Traducido por J.Luelmo ene,2025

sábado, 8 de junio de 2024

GA096 Berlín, 20 de octubre de 1906 El camino espiritual Rosa-Cruz

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IMPULSOS ORIGINALES DE LA CIENCIA ESPIRITUAL

RUDOLF STEINER

EL ESOTERISMO CRISTIANO A LA LUZ DE LOS  NUEVOS CONOCIMIENTOS ESPIRITUALES

El camino espiritual Rosa-Cruz

Berlín, 20 de octubre de 1906

Se dará una imagen de este camino, y también consideraremos sus frutos. Ustedes ya conocen algunos de los aspectos principales, pero incluso aquellos de ustedes que han escuchado o leído conferencias sobre el tema Lucifer, especialmente el nº 32, oirán algo que es nuevo para ustedes, porque vamos a considerar el tema de una manera que sólo es posible cuando estamos entre nosotros así, como estudiantes de la ciencia del espíritu. Se tratará esencialmente de considerar el camino, en la medida en que existe en la tradición rosacruz occidental, que ha venido guiando y dirigiendo espiritualmente la vida cultural europea por medios ocultos.

Hasta el último tercio del siglo XIX, el movimiento rosacruz funcionó de forma totalmente oculta. Ningún libro informaba a la gente sobre el verdadero Rosacrucismo, y el asunto no era objeto de discusión pública. Aproximadamente en los últimos treinta años, algunos de los principios rosacruces se han ido dando a conocer al mundo en general a través del movimiento teosófico; antes sólo se enseñaban en grupos estrechamente restringidos. Los principios más elementales forman parte, en muchos aspectos, de la teosofía, tal como se la denomina hoy en día, pero sólo los más elementales. Sólo gradualmente será permisible que la gente adquiera una visión más profunda de la sabiduría enseñada en las escuelas rosacruces europeas desde finales del siglo XIV.

En primer lugar, tenemos que entender que no hay una sola vía, sino que hay tres a tener en cuenta. Esto no significa que haya tres verdades diferentes. La verdad es una y sólo una, igual que todo el mundo tiene la misma vista desde la cima de una montaña. Pero hay diferentes maneras de llegar a la cima. Durante la ascensión, la vista cambia a cada paso. Sólo en la cima, -y se puede subir a la montaña desde distintos lados-, se tiene la vista completa y abierta tal como se ve con los propios ojos. Lo mismo ocurre con las tres formas de obtener un conocimiento superior. Una es la vía del yoga oriental, la segunda es la vía cristiana gnóstica y la tercera es la vía cristiana rosacruz. Estas tres vías conducen a la única verdad.

Hay tres maneras porque las personas difieren en su naturaleza aquí en esta tierra. Podemos distinguir tres tipos de personas a este respecto. Así como no sería correcto que las personas que quieren escalar la montaña elijan un camino que no es el más cercano a ellos sino que está muy lejos, tampoco sería correcto que las personas elijan un entrenamiento espiritual que no es el correcto para ellos. La gente todavía tiene ideas bastante confusas sobre esto, incluso dentro del movimiento teosófico, que todavía está en sus primeras etapas. Mucha gente piensa que sólo hay un camino, es decir, el camino del yoga. Pero ni el camino del yoga oriental es el único, ni es de hecho el correcto para la gente que vive dentro de la civilización europea. Desde un punto de vista superficial, puede resultar difícil ver de qué se trata, ya que, en términos básicos, la naturaleza humana no parece diferir mucho entre las razas. Sin embargo, alguien con poderes ocultos que considere las grandes diferencias entre los tipos de seres humanos, encontrará que algo que puede ser correcto para los orientales, y quizás también para personas individuales en nuestra propia cultura, no es ciertamente correcto para todos. Hay personas, pero sólo unas pocas en el contexto europeo, que pueden seguir el camino del yoga oriental, pero es imposible para la mayoría de los europeos. Crea ilusiones y destruye el alma. La naturaleza oriental y occidental pueden no parecer tan diferentes a primera vista, incluso para un científico moderno, pero son completamente diferentes. Un cerebro oriental, las facultades de imaginación orientales y un corazón oriental funcionan de forma muy diferente a los órganos de los occidentales. Nunca se debe preguntar a los occidentales lo que se puede preguntar a alguien que ha crecido en condiciones orientales. Habría que creer que el clima, la religión y la vida social no influyen en la mente y el espíritu humanos para pensar que las condiciones externas en las que alguien pasa por el entrenamiento ocultista no importan. Sin embargo, si ustedes conocen la profunda influencia espiritual que todas estas circunstancias externas tienen sobre la naturaleza humana, comprenderán que el camino del yoga es adecuado sólo para unos pocos europeos, en realidad sólo para individuos que se sustraigan completa y radicalmente de las condiciones de vida europeas, y que no es posible para personas que permanecen dentro de la cultura europea.

Las personas que todavía son interiormente cristianos rectos y honestos, para quienes algunas de las tesis principales del cristianismo todavía significan mucho, pueden elegir la formación cristiana gnóstica. Esto no difiere mucho de la vía cabalística. En general, sin embargo, la formación rosacruz es la única correcta para los europeos. Esto será considerado hoy, con las diferentes cosas que se les pide a las personas que hagan y los frutos que atraen a aquellos que lo eligen. Nadie debe pensar que es sólo para personas con formación científica o académica. Cualquier persona puede dedicarse a ello. Cuando uno lo hace, pronto será capaz de hacer frente a cualquier objeción basada en la ciencia europea que se plantee contra el ocultismo. Una de las principales tareas de los Maestros Rosacruces era armar a aquellos que seguían el camino de la visión superior para que fueran capaces de defender el conocimiento oculto y seguir ese camino también en el mundo en general. Una persona ordinaria que tenga sólo algunas de las nociones populares obtenidas de las ciencias modernas, o incluso ninguna de ellas, pero un deseo honesto de conocer la verdad, será capaz de seguir el camino Rosacruz tan bien como las personas más altamente educadas y académicas.

Existen grandes diferencias entre las tres formas. La primera se refiere a la relación entre el alumno y el maestro oculto; este último se convierte gradualmente en el gurú o media en la relación con el gurú. La naturaleza del camino del yoga oriental es tal que esta relación es la más estricta imaginable. El guru es la autoridad absoluta para el alumno. Si no fuera así, la formación no daría el resultado correcto. El entrenamiento del yoga oriental es totalmente imposible a menos que uno se someta estrictamente a la autoridad del guru. Con el cristianismo gnóstico y la vía cabalística, la relación con el gurú en el plano físico es menos estricta. El gurú guía a los alumnos hacia Cristo Jesús, él hace de mediador. En la vía rosacruz, el gurú se convierte cada vez más en un amigo cuya autoridad se basa en el asentimiento interior. La única relación posible en este caso es la de una confianza personal completa. La menor desconfianza entre maestro y alumno rompería el vínculo que debe existir entre ellos, y entonces los poderes que entran en juego entre maestro y alumno dejarían de ser efectivos.

A veces, el alumno tiene una idea equivocada del papel de su profesor. Le puede parecer fácilmente que simplemente tiene que hablar con el profesor en un momento u otro y que a menudo necesita estar físicamente con él. Ahora bien, a veces puede ocurrir que un profesor tenga que acercarse físicamente a un alumno por una necesidad urgente, pero no es tan frecuente como el alumno pueda pensar. En las primeras etapas, un alumno no puede juzgar adecuadamente la influencia que el profesor ejerce sobre él. Un profesor dispone de medios que sólo se revelan gradualmente al alumno. Muchas palabras que el alumno piensa que han sido pronunciadas al azar tienen un enorme significado. Sigue influyendo en el alma del alumno a un nivel inconsciente, como un principio rector que le orienta. Cuando un maestro hace un uso correcto de las influencias ocultas, el vínculo entre él y su alumno será muy real. También existen influencias enviadas a distancia, influencias basadas en la simpatía amorosa, que el maestro siempre tiene a mano y que el alumno sólo llegará a reconocer gradualmente a medida que pase el tiempo y encuentre su camino en los mundos superiores. Lo único que es absolutamente esencial es la confianza más completa; sin ella sería mejor deshacer el vínculo entre maestro y alumno.

A continuación se mencionarán brevemente las reglas que desempeñan un cierto papel en la formación rosacruz. No tienen por qué ser exactamente como se presentan aquí. Dependiendo de la persona, de su ocupación y de su edad, el profesor tendrá que seleccionar varios elementos de diferentes áreas y ordenarlos de una manera u otra. Sólo se dará una visión general.

Una cosa que es extremadamente importante en la formación rosacruz no suele tenerse muy en cuenta en toda la formación ocultista. Se trata del pensamiento claro y lógico, o al menos del esfuerzo por hacerlo. El primer paso es abandonar todo pensamiento confuso o sesgado. Hay que acostumbrarse a ver las cosas como son en el mundo, desde un punto de vista grandioso y desinteresado. La mejor manera de hacer esto para una persona ordinaria que quiera seguir el camino Rosacruz es estudiar las cosas elementales enseñadas en la ciencia del espíritu. No hay justificación para decir: 'De qué me servirá estudiar las cosas que se enseñan sobre los mundos superiores, las razas humanas y las culturas, el karma y la reencarnación, cuando soy incapaz de ver y percibir estas cosas por mí mismo'. No es una objeción aceptable, porque el trabajo con estas verdades limpia el pensamiento y lo disciplina, de modo que uno estará preparado para los pasos que siguen en el entrenamiento ocultista. En la vida ordinaria, las personas suelen tener un pensamiento muy caótico. Los principios rectores y las etapas del desarrollo humano y de la evolución planetaria, dados a conocer por quienes son capaces de percibirlos, ponen orden en el pensamiento. Todo esto forma parte de la formación rosacruz. Por lo tanto, el maestro pedirá al estudiante que piense por sí mismo en la enseñanza elemental de la reencarnación y el karma, los tres mundos, el registro akáshico, la evolución de la tierra y de las razas humanas. Toda la materia elemental que ahora se enseña en la ciencia del espíritu es la mejor preparación posible para la persona ordinaria.

Aquellos capaces de dar mayor agudeza a su pensamiento y entrar con mayor intensidad en la verdadera estructura básica de sostén del alma humana, pueden estudiar los libros que han sido escritos especialmente para disciplinar el pensamiento de las personas. Los libros escritos con este fin -y puede que no incluyan la palabra "teosofía" son mi Verdad y Ciencia y Filosofía de la Actividad Espiritual. Por supuesto, uno escribe tales libros para que sirvan a un propósito. Las personas que deseen llevar su pensamiento a través de un entrenamiento energético que les permita avanzar en sus estudios, harán bien en someter sus mentes a la "gimnasia mental y espiritual" que exigen estos libros. Esto les dará la base sobre la que construir sus estudios rosacruces.

Observando el plano físico, se obtienen impresiones sensoriales de color y luz, calor y frío, olor y sabor, sensaciones de presión y tacto, y percepciones auditivas. El pensamiento y la mente racional intervienen en ellas. La mente racional y el pensamiento siguen formando parte del plano físico. Ustedes pueden percibir todas estas cosas en el plano físico. Las percepciones obtenidas en el plano astral son muy diferentes. Y las que se hacen en el plano devachánico vuelven a ser muy diferentes, por no hablar de las que se hacen en regiones aún más elevadas del espíritu. Sin embargo, quien aún no ha logrado penetrar en los mundos superiores, puede imaginárselos. La forma en que habitualmente trato de describir las cosas también tiene por objeto proporcionar imágenes de esos mundos. Quien luego se eleve a las regiones superiores verá por sí mismo cómo le influyen. En cada plano aprendemos cosas nuevas. Una cosa, sin embargo, permanece igual a través de todos los mundos hasta el devachan. Es el pensamiento lógico entrenado. Sólo en el plano buddhi el pensamiento ya no tendrá el mismo valor que en el plano físico, entonces habrá que desarrollar una manera diferente de pensar. Pero el pensamiento es el mismo para los tres mundos por debajo del plano buddhi: el plano físico, el astral y el devacánico. Por lo tanto, si se entrena bien el pensamiento mediante el estudio en el mundo físico, este pensamiento resultará una buena guía en el mundo superior, de modo que no se tropiece tan fácilmente como quien quiere ascender a las regiones del espíritu con hábitos de pensamiento confusos. Por lo tanto, el entrenamiento rosacruz enseña a las personas a moverse libremente en los mundos superiores, animándolas a disciplinar su pensamiento. Al llegar a esos mundos conocerá formas de percibir las cosas que no existen en el plano físico, pero podrá controlarlas con el pensamiento que ha desarrollado.

Lo segundo que aprende un estudiante que sigue la vía rosacruz es la visión en imágenes. Se prepara para esto aprendiendo gradualmente a entrar en el tipo de ideas expresadas en imágenes que representan los mundos superiores en el sentido de las palabras de Goethe "Todas las cosas que son transitorias no son más que una parábola". De la manera en que solemos movernos por el mundo físico, captamos las cosas tal como se presentan a los sentidos y no las cosas que hay detrás de ellas. Sólo nos liberaremos de este mundo físico cuando aprendamos a tomar las cosas que nos rodean como alegorías o símbolos. Por lo tanto, tenemos que intentar desarrollar una relación moral con ellas. Los profesores darán indicaciones sobre cómo pueden verse los fenómenos externos como símbolos de elementos espirituales, pero los alumnos también pueden hacer mucho por sí mismos. Se puede ver un azafrán de otoño, por ejemplo, y una violeta. Viendo el azafrán de otoño como símbolo de un estado de ánimo melancólico, lo he tomado no sólo por cómo se presenta exteriormente, sino como alegoría de una cualidad. La violeta, en cambio, puede verse como una alegoría de una mente tranquila y piadosa. Así, van pasando de una cosa a otra, de una planta a otra, de un animal a otro, y en ellos ven reflejadas cualidades espirituales. Esto hará que su capacidad para formar ideas sea flexible, liberándola de los duros contornos de la percepción sensorial. Pueden empezar a ver una cualidad reflejada en cada especie animal, tomando un animal como símbolo de fuerza, otro de astucia. Tenemos que perseguir esto seriamente, dondequiera que estemos, y no ser superficiales al respecto.

Esencialmente, todo el lenguaje humano está en símbolos. El lenguaje no es otra cosa que hablar en símbolos. Hay que utilizarlo incluso en la ciencia, donde la gente siente la necesidad de ser objetiva al referirse a las cosas, y las palabras actúan como símbolos. Si se habla del ala o de las alas de la nariz, se sabe que no son alas, pero se les da ese nombre. Para los que desean permanecer en el plano físico será mejor no perderse demasiado en tales simbolismos, pero los estudiantes avanzados no se perderán. Adentrándose en el asunto uno llega a darse cuenta de las profundidades de nuestra lengua en su forma original.

Pensadores profundos como Paracelso y Jakob Böhme debieron en parte su desarrollo al hecho de que no dudaron en entablar conversación con campesinos y vagabundos y estudiar la calidad imaginativa del lenguaje. En su época, palabras como "naturaleza", "espíritu" o "alma" aún tenían mucha más influencia. Una campesina que arrancaba una pluma a un ganso llamaba "alma" a la parte interior de la pluma. El estudiante debe encontrar por sí mismo estos símbolos en el lenguaje. Entonces se libera del mundo físico y aprende a elevarse para ver en imágenes. Cuando el mundo se convierte así en parábola, en semejanza, para el estudiante, esto tiene un efecto poderoso. Si lo practica durante el tiempo suficiente, notará los efectos. Mirando una flor, por ejemplo, algo se desprenderá gradualmente de la flor. El color que al principio sólo estaba en la superficie de la flor se eleva como una pequeña llama y flota libremente en el espacio. Así se desarrolla la capacidad de ver en imágenes. Será así con todos los objetos, como si su superficie se liberara. Todo el espacio se llena del color que flota en el espacio como una llama. Y así todo el mundo de la luz parece retirarse y separarse de la realidad física. Cuando una imagen de color se libera para flotar en el espacio, pronto comienza a adherirse a algo. No se detiene en algún lugar al azar; abraza una entidad que entonces se muestra en el color como una entidad espiritual. El color que el estudiante ha alejado de los objetos del mundo físico reviste a las entidades espirituales en el espacio astral.

Este es el punto en el que se necesita el consejo del maestro de ocultismo; de lo contrario, los alumnos podrían perder fácilmente el suelo bajo sus pies, lo que puede deberse a una de dos razones. Una es que cada alumno tiene que pasar por una experiencia particular. Las ideas que nos hacemos de las cosas físicas, no sólo a través del color, sino también del olor y el sonido, se muestran en formas peculiares, feas y a veces también bellas: caras de animales, formas de plantas y también caras humanas feas. Esta primera experiencia es un reflejo de la propia alma. Las propias pasiones e impulsos, el mal que aún yace en el alma, aparecen en el espacio astral ante el alumno como en un espejo. El alumno necesita entonces el consejo de su maestro de ocultismo, quien le dirá que no se trata de algo objetivo, sino de un reflejo de su propia naturaleza interior.

Te darás cuenta de que los alumnos dependen de los consejos de su maestro si consideramos también la forma en que aparecen esas imágenes. A menudo se ha subrayado que en el espacio astral todo es al revés, todo son imágenes especulares. El alumno puede ser fácilmente engañado por visiones engañosas, especialmente si reflejan su propia naturaleza. La imagen especular de una pasión no sólo se presenta como un animal que viene hacia ti, -ese sería el menor de tus problemas-, sino que también hay que tener en cuenta otra cosa. Supongamos que alguien tiene una pasión realmente maligna escondida en su interior. Tal impulso o apetito, en el reflejo se mostrará muy a menudo en formas seductoras, mientras que las buenas cualidades a veces no parecen nada atractivas. La leyenda habla de ello de una forma muy hermosa. Encontramos una imagen de ello en el mito de Hércules. Cuando se puso en camino, se le presentaron sus cualidades malas y buenas, con el vicio revestido de la tentadora forma de la belleza y la virtud vistiendo el ropaje de la falta de pretensiones.

También hay algo más. Aunque un alumno ya sea capaz de ver las cosas objetivamente, siempre queda la otra posibilidad, que es que la arbitrariedad interior actúe como un poder que guía y dirige los fenómenos. Los alumnos tienen que aprender a ver a través de esto y comprenderlo, porque los deseos tienen un poder tremendo en el plano astral. Todo lo que da dirección aquí en el mundo físico no estará allí cuando entres en el mundo de las imágenes. Si te has engañado pensando que has hecho algo aquí en el plano físico cuando en realidad no lo has hecho, pronto descubrirás la verdad de ello, pues los hechos te lo mostrarán en el plano físico. No es así en el espacio astral. Allí tus propios deseos te presentan imágenes ilusorias, y necesitas la guía de alguien que sepa cómo deben armarse esas imágenes imaginativas para mostrar su verdadero significado.

El tercer elemento en el entrenamiento Rosacruz es aprender la escritura oculta. ¿En qué consiste? Hay ciertas imágenes, símbolos, que se muestran en forma de simples líneas o combinaciones de colores. Tales símbolos constituyen un lenguaje de signos oculto específico. Lo que sigue puede servir de ejemplo. Hay un proceso en el mundo superior que también tiene un efecto en el mundo físico: un vórtice giratorio. Esto se puede ver en una nebulosa estelar, por ejemplo en la nebulosa de Orión. Allí se ve una espiral. Esto, sin embargo, está en el plano físico. Pero también se puede ver en todos los demás planos. Esta (Fig. 8a) es una figura que se encuentra en todo tipo de configuraciones en el plano astral. Si se comprende esta figura, se comprenderá también, con su ayuda, cómo una raza humana se transforma en otra. Cuando surgió la primera subraza de nuestra actual raza raíz, el sol estaba en el signo del Cangrejo. Por lo tanto, en ese momento, una raza se transformó en otra; debido a esto, el signo oculto del Cangrejo es éste (Fig. 8b). Los signos del zodíaco son, pues, todos signos ocultos. Sólo tenemos que llegar a conocer y comprender su significado.

fig. 8

El pentagrama es otro de estos signos (Fig. 8c). Los alumnos aprenden a relacionar determinadas respuestas y sentimientos internos con este signo. Son la contraimagen de cosas que suceden en el mundo astral. Este lenguaje de signos, la escritura oculta que aprenden los alumnos, no es ni más ni menos que el reflejo de las leyes de los mundos superiores. El pentagrama es, pues, signo de varias cosas. Así como la letra B se utiliza en muchas palabras diferentes, los signos de la escritura oculta pueden tener diferentes significados. El pentagrama, el hexagrama, el ángulo y otras figuras pueden utilizarse juntos en la escritura oculta, que en sí misma es un signo en los mundos superiores. El pentagrama es el signo del ser humano quíntuple, el signo de la reticencia, de guardar silencio, pero también el símbolo que subyace al alma específica de la rosa. 

 Si unen ustedes los pétalos de una rosa en su dibujo, tienes pentagrama. Así como la letra B significa algo diferente en 'barco' y en 'bufanda', también los signos significan cosas diferentes en la escritura oculta. Se aprende a ordenarlos de la manera correcta. Estas son las señales en el plano astral. Así como alguien que es analfabeto puede verse en relación con alguien que sabe leer, así alguien que sólo ve las imágenes como imágenes se relaciona con alguien que ha aprendido la escritura oculta. Las letras utilizadas en el plano físico son a menudo arbitrarias, pero originalmente reflejaban el lenguaje de signos astral. Tomemos un antiguo símbolo astral, el bastón de Hermes con la serpiente. En nuestra escritura se ha convertido en el signo E (Fig. 9).

fig. 9

O la W, que indica el movimiento ondulatorio del agua . Es el signo del alma humana y también de "wort =palabra". La M no es más que el labio superior del hombre:
Todo esto se ha vuelto más arbitrario en el curso de la evolución. En los planos ocultos, sin embargo, rige la necesidad. Allí se pueden vivir estas cosas.

El cuarto es el llamado ritmo vital. La gente sabe muy poco de esto en la vida ordinaria. Van por la vida egoístamente. Sólo los niños en la escuela tienen un cierto ritmo de vida en su horario, porque las lecciones de cada día se repiten semana tras semana. Pero, ¿Quién hace tal cosa en la vida ordinaria? Sin embargo, sólo avanzamos hacia un desarrollo superior si introducimos el ritmo, la repetición, en nuestras vidas. El ritmo prevalece en todo el mundo natural. Todo está organizado en ritmos: el movimiento de los planetas alrededor del sol, la aparición y desaparición anual de las plantas, e incluso el mundo animal, la vida sexual de los animales. Sólo al hombre se le permite vivir sin ritmo, para que pueda actuar con libertad. Pero debe volver a introducir el ritmo en el caos por elección propia. 

 Un buen ritmo consiste en hacer cosas ocultas a horas determinadas cada día. Por lo tanto, los alumnos deben hacer sus ejercicios de meditación y concentración a la misma hora cada día, al igual que el sol envía sus energías a la tierra a la misma hora en primavera. Esta es una forma de imprimir ritmo a la vida. Otra forma es hacer que la respiración sea rítmica, tal y como indica el maestro de ocultismo. Inspirar, contener la respiración y espirar debe hacerse rítmicamente durante un corto período de tiempo cada día, y esto se hace bajo la experimentada guía del maestro ocultista. De este modo, un nuevo ritmo sustituye al antiguo. Introducir este ritmo en la vida es una de las condiciones previas para ascender a los mundos superiores. Nadie puede hacerlo sin la guía de un maestro. Aquí el objetivo es simplemente resaltar el fundamento de ello.

El quinto consiste en aprender la correspondencia entre el llamado microcosmos y el macrocosmos. Se trata de que el maestro indique a los alumnos que concentren sus pensamientos en determinadas partes del cuerpo. Aquellos de ustedes que hayan escuchado la conferencia sobre la forma en que los sentidos se relacionan con los mundos superiores, recordarán que el mundo entero participa en la creación del cuerpo físico. El ojo es creado por la luz, por los espíritus activos en la luz. Cada punto en el cuerpo físico tiene una conexión con un poder específico en el cosmos. Tomemos como ejemplo el punto situado en la raíz de la nariz. Hubo un tiempo en que la cabeza etérica se extendía mucho más allá del cuerpo físico. Los atlantes todavía tenían un punto en la frente donde la cabeza etérica se extendía por encima de lo físico, como sigue siendo el caso en los caballos y otros animales hoy en día. La cabeza etérica de un caballo todavía hoy se proyecta a gran distancia. En el ser humano, el cuerpo etérico y el cuerpo físico se han hecho coincidir en el punto del que he hablado, y esto le permite desarrollar las partes del cerebro físico que le permiten decirse yo a sí mismo. El órgano que permite al hombre decirse yo a sí mismo está relacionado con un acontecimiento específico durante el período atlante de la evolución terrestre. El maestro de ocultismo instruirá a su alumno: 'Dirige tus pensamientos y concéntralos en este punto.' Entonces le dará un mantra Esto despierta un poder en esta parte de la cabeza que corresponde a un proceso particular en el macrocosmos. Se establece así una correspondencia entre el microcosmos y el macrocosmos. Del mismo modo, concentrarse en el ojo permite comprender el sol. Toda la organización del macrocosmos se encuentra así en el espíritu en nuestros propios órganos.

Cuando los alumnos hayan practicado esto durante un tiempo suficientemente largo, se les permitirá profundizar en las cosas que hayan descubierto de este modo. Por ejemplo, pueden ir al registro akáshico y elegir el momento de la evolución atlante en el que surgió el punto de la raíz de la nariz en el que se han concentrado, o encontrar el sol concentrándose en el ojo. Esta sexta etapa, que consiste en penetrar profundamente en el macrocosmos, se denomina "contemplación". Proporciona a los alumnos una visión del mundo que les permite comprender su propia naturaleza más allá del nivel personal. Esto es diferente del parloteo popular sobre el autoconocimiento. 

Uno no se encuentra a sí mismo mirando dentro de sí mismo, sino sólo si mira más allá de sí mismo. Este es el mismo ser que creó el ojo y dio a luz el sol. Para buscar la parte de su yo que corresponde al ojo tienen que mirar al sol. Deben percibir el mundo exterior como su yo Mirar hacia dentro sólo conduce al endurecimiento de uno mismo, a una forma superior de egoísmo. Cuando la gente dice: "Sólo tengo que dejar hablar a mi yo", no tiene ni idea del peligro que esto encierra. El autoconocimiento no debe practicarse a menos que los alumnos que siguen el camino blanco practiquen también la renuncia a sí mismos. Si aprenden a decir "Eso soy yo" a todo lo que les rodea, están maduros para tener autoconocimiento, como Goethe dejó decir a Fausto:
"Tú diriges ante mí la cadena de los vivos 
y me muestras a mis hermanos 
en la espesura silenciosa, en el aire y en el agua".

Las partes de nuestro yo están por todas partes ahí fuera. Esto también se muestra en el mito de Dionisio, por ejemplo, y es la razón por la que el entrenamiento Rosacruz da tanto valor a la contemplación objetiva y tranquila del mundo exterior. Para verse a sí mismos en su realidad, mírense en el espejo del mundo exterior y en su esencia. Percibirán mucho más claramente lo que vive en su alma si miran a los ojos de sus semejantes que si se concentran en si mismos entrando en su propia alma. Esta es una verdad importante, esencial, y nadie que tome el camino blanco se atreve a ignorarla. Hoy en día muchas personas han transformado su egoísmo ordinario en un egoísmo sofisticado. Lo llaman desarrollo teosófico cuando llevan su yo ordinario y cotidiano al nivel más alto posible. Realmente quieren sacar a la luz el aspecto personal. La verdadera penetración ocultista mostrará, por otra parte, que la vida interior se abre cuando llegamos a conocer nuestro yo superior en el mundo.

Cuando el alumno ha desarrollado esta actitud mental en la contemplación, con el yo fluyendo sobre todas las cosas, cuando siente la flor que crece hacia él igual que siente el dedo que mueve hacia sí mismo, cuando sabe que toda la tierra y todo el mundo es su cuerpo, llega a conocer su yo superior. Entonces hablará a la flor como a una parte de su propio cuerpo: "Tú eres parte de mí, parte de mi yo". Poco a poco llegará a sentir interiormente lo que se conoce como el séptimo nivel de la formación rosacruz: estar en armonía con Dios. Esto evoluciona como el elemento de sentimiento que guía al ser humano hacia los mundos superiores, donde no sólo debe pensar en los mundos superiores, sino aprender a sentir en estos mundos. Los frutos serán entonces evidentes para él, si se esfuerza por aprender bajo la guía continua de su maestro y no necesita temer que este camino oculto pueda conducirle a un abismo. Todas las cosas a las que se hace referencia como peligros del desarrollo ocultista no surgen si el desarrollo es guiado a lo largo de las líneas correctas. Cuando esto sucede, el buscador del camino oculto se convierte en un verdadero ayudante para la humanidad.

Durante la Imaginación surge la posibilidad de que el individuo pase una parte determinada de la noche en estado consciente. El cuerpo físico estará dormido, como de costumbre, pero parte de este estado de sueño estará lleno de una vida de sueños que tienen significado y contenido. Este es el primer signo de la entrada en los mundos superiores. Los alumnos llevarán gradualmente sus experiencias a la conciencia ordinaria. Entonces ven a los espíritus astrales por todas partes en el mundo que les rodea -también aquí, en esta sala, entre las sillas, o en los bosques y campos.

Las personas alcanzan tres niveles en el proceso de percepción imaginativa. En el primer nivel percibirán los espíritus que están detrás de las impresiones sensoriales obtenidas en el mundo físico. Hay un espíritu detrás del color rojo o azul, detrás de cada rosa; cada animal tiene detrás el alma de su especie o grupo Los individuos adquieren clarividencia diurna. Si el alumno espera un poco más, practicando tranquilamente la Imaginación y profundizando en la escritura oculta, será clarividente diurno. En el tercer nivel llega a conocer todas las cosas que se encuentran en el mundo astral y que arrastran al ser humano hacia abajo, extraviándolo en el mal, y que ahora están realmente allí para guiarlo hacia arriba. Se llega a conocer kama loka.

Con las partes cuarta, quinta y sexta del entrenamiento rosacruz, -ritmo de vida, relación entre microcosmos y macrocosmos, contemplación del macrocosmos- los alumnos alcanzan tres niveles más. En el primero de ellos adquieren conocimiento de las condiciones de la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Esto les llega en el devachan. El siguiente nivel es la posibilidad de ver cómo las formas se transforman unas en otras: la transmutación, la metamorfosis de las formas. Los seres humanos no siempre han tenido los pulmones que tienen hoy, por ejemplo; los pulmones sólo se remontan a la época lemúrica. Durante el tiempo hiperbóreo precedente los seres humanos tenían una forma diferente, y antes de eso otra diferente, lo cual se debe a que estaban en el estado astral, y antes de eso a que estaban en devachán. También se dice que en este nivel los alumnos llegan a conocer la relación entre los diferentes globos, es decir, tienen percepción directa de cómo un globo, o estado de forma, se transforma en otro. Por último, antes de pasar a mundos aún más elevados, tienen percepción directa de la metamorfosis de los estados de vida. Perciben cómo los diferentes espíritus se mueven a través de los diferentes reinos, o rondas y cómo un reino se convierte en otro. Después de eso, deben pasar a niveles aún más elevados, pero éstos no pueden ser discutidos hoy.

Las cosas que se han dicho hoy les darán suficiente material para trabajar por el momento. Realmente tienen que trabajar en estas cosas. Ese es el primer paso para alcanzar las alturas. Es bueno que por una vez se presente el camino rosacruz de manera ordenada. Se puede viajar en el plano físico aunque no se tenga un mapa, pero en el plano astral es necesario tener tal mapa. Consideren las cosas que he dicho como una especie de mapa; esto les será útil no sólo en esta vida, sino también cuando atraviesen la puerta hacia los mundos superiores. Aquellos que obtienen estas cosas de la ciencia del espíritu encontrarán que el mapa les sirve bien después de la muerte. El ocultista sabe que los seres humanos a menudo lo pasan mal cuando llegan al otro lado y no tienen ni idea de dónde están realmente en la vida y qué es lo que están experimentando. Las personas que han pasado por las enseñanzas de la ciencia espiritual conocen su camino y saben cómo caracterizar las cosas mismas. Sería de gran beneficio para la humanidad que la gente no se acobardara a la hora de emprender el camino hacia una comprensión más elevada.

Traducido por J.Luelmo jun,2024