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lunes, 10 de junio de 2024

GA096 Berlín, 25 de marzo de 1907 - El significado histórico - Cósmico de la sangre que fluyó del Cristo en la cruz

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IMPULSOS ORIGINALES DE LA CIENCIA ESPIRITUAL

RUDOLF STEINER

EL ESOTERISMO CRISTIANO A LA LUZ DE LOS  NUEVOS CONOCIMIENTOS ESPIRITUALES

El significado histórico - Cósmico de la sangre que fluyó del Cristo en la cruz

Berlín, 25 de marzo de 1907

El Lunes de Pascua quiero hablarles del Misterio del Gólgota. Hoy quizá podamos prepararnos un poco para ello. Lo que tengo que decir hoy se referirá sobre todo a un pasaje del Nuevo Testamento que a mucha gente le resulta imposible o, al menos, difícil de entender. Por lo menos se ve fácilmente que la gente no percibe que estas palabras tengan el significado profundo que ciertamente se les debe dar si se considera el cristianismo esotérico. Desde otro punto de vista, estas palabras nos adentrarán aún más en el espíritu y el sentido del cristianismo. Son palabras que conocéis bien: "Todo pecado y blasfemia será perdonado al hombre; pero la blasfemia contra el Espíritu Santo no le será perdonada."

Tales palabras nos dicen, en efecto, el significado de la misión encomendada al cristianismo, y esencialmente el único instrumento adecuado para ayudarnos a revelar su profundo significado es la visión del mundo obtenida a través de la ciencia del espíritu. Los que lleguen a esta visión del mundo tendrán que acostumbrarse a conocer la gran misión mundial del movimiento científico espiritual desde muchos puntos de vista diferentes. El mundo tendrá que darse cuenta cada vez más de que este movimiento claramente no existe para fundar ningún tipo de nueva fe, ya no digamos de una nueva secta o similar. Los tiempos en los que se podían fundar nuevas fes y nuevas religiones especiales en el curso de la evolución humana han pasado. El futuro del desarrollo religioso está en convertir las religiones existentes en una gran religión para toda la raza humana. El movimiento para la comprensión espiritual no pretende predicar una nueva religión. Sólo quiere ser un instrumento para comprender las profundas verdades religiosas contenidas en los escritos religiosos originales.

Ya he dicho en varias ocasiones que hoy en día la tendencia en los círculos teológicos y religiosos es reducir las verdades religiosas al papel ordinario sin profundizar lo suficiente en ellas. Basta pensar en cómo satisface a la gente que se considere a Cristo Jesús como «el simple hombre de Nazaret »99 , una figura que la gente está ciertamente encantada de considerar uno de los grandes ideales de la humanidad, como Sócrates o Platón o Goethe o Schiller, pero no quieren ponerlo demasiado lejos del nivel de la humanidad común. A la gente nunca se le ocurre preguntar hoy si no es cierto que en el cuerpo de Jesús de Nazaret habitaba algo que iba más allá de toda humanidad común. la humanidad moderna parece haber ido mucho más allá de esa antigua cuestión gnóstica. La intención había sido apelar a toda la sabiduría humana para comprender lo que realmente sucedió en el año 1 de nuestro tiempo. Y así la gente también se contenta con cubrir una verdad tan grande como el pecado contra el espíritu santo con unas pocas frases moralistas, unas pocas palabras más bien comunes.

Pero los escritos religiosos originales no están para ser explicados en términos vulgares. No hay profundidad suficiente ni sabiduría lo bastante sabia para descorrer el velo que los cubre. También es importante no añadir nada cuando buscamos comprender el significado profundo. Esto no es demasiado difícil para una persona no académica, no científica; pero también es cierto que el documento religioso es tan profundo que ninguna sabiduría basta para descifrar completamente su significado. Ninguna mente es tan simple que no pueda obtener grandes y sublimes impresiones de los verdaderos escritos religiosos originales. Tampoco la sabiduría debe considerarse nunca tan elevada que sobrepase los límites de un verdadero documento religioso. Este es el punto de vista y estas son las convicciones desde las que vamos a considerar esas palabras.

En primer lugar, debemos tener claro qué es lo que se entiende por Espíritu Santo en el verdadero cristianismo esotérico y qué se entiende por los otros dos aspectos de la divinidad: el Hijo, el Verbo o Logos, y el Padre. Sería erróneo intentar penetrar en tales cosas por medio de especulaciones o cavilaciones. No se trata de que cada cual les dé el significado que quiera. El significado se lo dieron individuos que se llaman iniciados cristianos, y debemos guiarnos por las cosas que se enseñan en sus escuelas. Por lo tanto, es un error tomar la Biblia de manera superficial, especulando sobre el significado de un pasaje u otro. Un verdadero ocultista nunca haría esto. Él hace las cosas de otra manera, porque sabe que ha habido escuelas esotéricas de iniciación cristiana donde se enseñaba el significado profundo de los escritos cristianos originales. Nunca se ha enseñado de otra manera, y por lo tanto no hay diferentes puntos de vista al respecto.

Si hay algo por lo que queremos guiarnos, algo que a este respecto quizá haya salido más a la superficie de la historia externa, es la gran escuela esotérica cristiana que el propio apóstol Pablo fundó en Atenas, la Escuela de Dionisio el Areopagita. Los académicos han llegado a hablar de un pseudo-Dionisio porque los escritos que llevan su nombre sólo pueden rastrearse hasta el siglo VI. Los académicos no pueden conocer la verdad a este respecto a menos que se percaten de que las costumbres han cambiado enormemente a lo largo de los tiempos. Hoy en día, alguien que tiene una idea brillante no puede esperar a plasmarla en papel e imprimirla para que salga a la luz. En épocas anteriores, la costumbre era preservar cuidadosamente las verdades más sagradas del público en general, no bombardear a la gente con ellas. Las únicas personas a las que se permitía recibir esas verdades eran las personas que uno conocía y que habían dado pruebas de que recibirían esas verdades de manera digna, teniendo sentido de la veracidad. Al principio sólo se transmitían de boca en boca, pues la intención era que quien transmitiera tales verdades, o incluso revelara los hechos relacionados con ellas ante los ojos de sus alumnos, dejara que las palabras penetraran sólo en los sentimientos genuinos, en los corazones cálidos y verdaderamente vivos. Los discípulos de aquellas escuelas debían desarrollar un cierto talante, una cierta actitud ante las verdades más sublimes.

Hoy se suele creer que una verdad puede recibirse independientemente del estado de ánimo de cada uno. Esto no es una crítica: forma parte de la evolución. En aquellos tiempos, la gente tenía una opinión diferente. Entonces sí importaba si uno recibía una verdad matemática o física en un estado de ánimo u otro. La gente entendía que este estado de ánimo importaba, e incluso las verdades más simples, que en última instancia también revelan verdades, se recibían en un estado de ánimo elevado. Se recibían como una revelación del espíritu cósmico divino. Incluso las verdades matemáticas que representaban las revelaciones divinas relativas al espacio se recibían en este estado de ánimo. La escuela se preocupaba mucho de crear la actitud correcta, la esfera de sentimientos correcta.

También en la escuela de Pablo, las verdades más sublimes sólo se revelaban tras una preparación íntima. Mientras Pablo predicaba al mundo entero, sus discípulos pasaban por sus experiencias esotéricas en Atenas. El espíritu de esa escuela continuó durante largos períodos de tiempo, y por eso el individuo portador de la verdad esotérica recibiría siempre el mismo nombre. La Escuela de Atenas continuó durante siglos y el más alto de los maestros siempre se llamó Dionisio. Esta es la razón por la que el que escribió las cosas en el siglo VI, cuando la escritura se había convertido más en una costumbre, también llevaba ese nombre. Hay que saber esto para entender lo que significa para la escuela de Dionisio.

Consideremos ahora las tres palabras «Padre», «Hijo» y «Espíritu» en el sentido verdaderamente cristiano. Al hablar del Padrenuestro, hemos examinado lo que hay detrás de estas palabras desde otro punto de vista. Después pasamos a ver lo que habla de lo divino en los tres principios superiores de la naturaleza humana -atman, buddhi, manas. Hemos oído que estos tres principios superiores de la naturaleza humana están relacionados con las palabras «nombre», «reino» y «voluntad» en el Padre Nuestro. Hoy consideraremos estos tres principios humanos desde otro punto de vista, como se hacía en la enseñanza esotérica cristiana. Recordemos brevemente la relación entre la naturaleza inferior y superior del hombre. En aquella formación iniciática cristiana siempre se enseñaba que el hombre consta de cuerpo físico, cuerpo etérico o vital y cuerpo astral, y que el Yo vive dentro de estos tres cuerpos humanos como la parte más íntima de la naturaleza humana esencial. Esa era la «tétrada sagrada» de la que se hablaba en el pasado: cuerpo físico, cuerpo etérico o vital, cuerpo astral y yo.

También hemos llegado a saber que los tres cuerpos son transformados por el Yo en el transcurso de la evolución humana. Hemos visto que el Yo debe transformar en primer lugar el cuerpo astral, portador de afectos, impulsos, pasiones y respuestas interiores. También podríamos llamar a este cuerpo astral el cuerpo consciente. La enseñanza esotérica cristiana era que el Yo tiene la tarea de mejorar y purificar progresivamente el cuerpo astral. Y la parte del cuerpo astral de una persona que ha sido así limpiada, purificada y mejorada se denomina «espíritu santo» en esa persona, en términos cristianos esotéricos. Utilizando términos teosóficos, también podríamos decir que la parte del cuerpo astral que ha sido purificada por medio del yo se denomina, en términos esotéricos cristianos, «la parte del cuerpo astral que ha sido tomada por el espíritu santo».

También sabemos que el Yo influye en el cuerpo etérico o vital para transformarlo, mejorarlo y purificarlo. Mientras que en la vida cotidiana material y no material nuestra vida cultural moral ennoblece el cuerpo astral, sólo las cosas que la gente toma a través de la religión y el arte, -sintiendo lo eterno en la forma del tiempo-, cambiarán y mejorarán el cuerpo etérico. Los impulsos que provienen de las artes son más poderosos que la enseñanza moral, más poderosos que la vida de derechos y gobierno entre los seres humanos, pues lo eterno, lo inmortal brilla en una verdadera obra de arte. Los impulsos religiosos ejercen la influencia más poderosa sobre el cuerpo etérico. Bajo esta influencia, una parte del cuerpo etérico se diferencia y se transforma en buddhi, el logos, la palabra. Esto se conoce como «el Christos» en la enseñanza esotérica cristiana.

A la hora de examinar estas cosas, debemos tener siempre presente que con la ciencia del espíritu no se persigue una especie de teoría gris, ni nada alejado del mundo y ajeno a la vida. Estamos buscando el elemento del espíritu a través del cual podemos ejercer una influencia directa ennoblecedora y purificadora sobre estos cuerpos. Debemos ser capaces de captar el principio espiritual, vivirlo y bajarlo a la vida. Sólo entonces podremos dejar que las percepciones obtenidas en el reino del espíritu fluyan a través de toda la vida, de momento en momento, y la conviertan en espiritual. Esto es percepción práctica del espíritu. No se trata de pensar las cosas, sino de dejar que el espíritu fluya en nuestra civilización. Por eso, en un momento en el que hablamos de la transformación de los cuerpos, también es oportuno y acertado llamar la atención sobre un aspecto práctico, a saber, lo que la contemplación de esos pasajes realmente pretende transmitirnos.

En la vida ordinaria con la mente consciente, caminando por las calles y cruzando la plaza del mercado, dejando que las influencias e impresiones de la vida lleguen a ustedes, las cosas que encuentren allí serán sólo una parte de la totalidad de su experiencia. Si no tenemos esto en cuenta, nunca llegaremos a comprender la vida y quizás tampoco percibamos ciertos secretos importantes de nuestra vida más cotidiana. Cualquiera que pretenda penetrar en el espíritu tiene que mirar más profundamente de lo que otra persona sería capaz de ver con los medios ordinarios que nuestra civilización proporciona hoy en día. Nuestros diferentes cuerpos, el cuerpo etérico y el cuerpo astral, también se diferencian en que el mundo exterior influye en ellos de manera distinta. Todo lo que es asimilado conscientemente, prestándole la debida atención, conociéndolo a medida que se pasa por la vida, de modo que llegue a la conciencia, todo lo que se ve en el exterior o en la habitación que causa impresión en el cuerpo astral, crea oleadas y movimientos en el cuerpo astral. Un ocultista es capaz de percibir todo lo que experimenta con plena conciencia al observar los movimientos y corrientes y todo lo que se manifiesta en el cuerpo astral.

Aquí se puede ver la infinita importancia de algo que la gente realmente no tiene en cuenta en absoluto en su mente consciente. Bajo la superficie de nuestra civilización, hay cosas que están influyendo continuamente en los sentidos humanos actuales, actuando directamente sobre el cuerpo etérico que está eludiendo el cuerpo astral y evocando imágenes que tienen un significado duradero. Bajo la superficie de nuestra civilización, tales cosas están todo el tiempo ejerciendo una influencia sobre nosotros. Y aquí es donde la ciencia del espíritu tiene que llamar la atención sobre los elementos más sutiles que yacen bajo nuestra civilización, y tiene que mostrar cómo se puede llegar a comprender la vida cotidiana mediante la comprensión del mundo del espíritu.

Es simplemente así. La gente de una época piensa y hace las cosas de manera muy diferente a la de otra. Si los primeros producen carteles horriblemente malos y revistas de chistes que se centran meramente en cosas bajas, pura sensualidad y sensacionalismo calculado, y los segundos no tienen tales revistas, esto refleja para el ocultista las cosas que viven en sus inclinaciones y generalmente también temperamentos y rasgos de carácter. Incluso la conciencia refleja las influencias ocultas en los seres humanos. Si quisiéramos estudiar las conciencias y también el temperamento, el humor y las inclinaciones de los centroeuropeos, o de los europeos en general, en los siglos XII, XIII y XIV, procediendo por métodos ocultistas, tendríamos que remontarnos a los estilos de construcción, al tipo de pinturas y a otros elementos culturales que rodeaban a la gente en aquellos tiempos. Una persona habría estado en un estado de ánimo muy diferente caminando por las calles donde todo lo que se veía a la izquierda y a la derecha tenía una relación con la vida interior del estado de ánimo que se tiene hoy en día cuando se cruza la plaza del mercado y se ven cosas muy diferentes a su alrededor. Ciertamente, no debemos ignorar las cosas que viven más profundamente que la conciencia consciente, pues los mismos impulsos que están conectados con los principales períodos de la civilización humana tienen una profunda influencia. Así pues, no debemos subestimar todo tipo de cosas presentes bajo nuestra civilización actual que sean como las que acabo de mencionar, pues ahí se encuentran los verdaderos y reales fundamentos de los sentimientos materialistas y las respuestas interiores. Ahí es donde debemos buscarlos. Por lo tanto, no debemos considerarnos reaccionarios cuando deseamos, desde un punto de vista más profundo, que la nobleza y el significado se expresen exactamente en estas cosas que tienen una influencia tan profunda en el alma humana y, de hecho, hasta en los poderes dadores de forma del cuerpo etérico.

Como pueden ver, existe una forma de ver las cosas en la que uno no se guía por los prejuicios de la época, sino por verdades espirituales. Y si extendemos también esta manera de ver las cosas a los elementos nocivos de nuestro entorno cotidiano que dan lugar a puntos de vista materialistas sin que la gente les haya prestado verdadera atención, ¿Creen ustedes que llegaremos lejos con teorías y enseñanzas a menos que estas teorías y enseñanzas lleguen hasta aquí? Si ustedes saben cómo las enseñanzas más sublimes del pensamiento cristiano llegaron a reflejarse en pinturas, no se sorprenderán de que también se reflejaran en las cosas que rodeaban a la gente todo el tiempo, aunque no centraran su atención en ellas.

Consideremos ahora el principio que en esoterismo cristiano se llamaba «el Padre». Sabemos que no sólo el cuerpo astral, sino también el cuerpo etérico y el cuerpo físico son transformados por el Yo. Ellos son transformados inconscientemente por las personas, pero conscientemente por un esoterista u ocultista o por alguien que está recibiendo entrenamiento esotérico. Todo lo que influye sólo en el cuerpo astral es mera preparación para el verdadero entrenamiento esotérico u ocultista. El entrenamiento oculto comienza cuando aprendemos a trabajar en el etérico o cuerpo vital, cuando el ser humano está capacitado, mediante la instrucción impartida por el maestro ocultista, para transformar temperamentos, inclinaciones y hábitos, convirtiéndose así en una persona diferente. Sólo esto permitirá comprender el verdadero mundo superior: que la persona cambia. Ustedes pueden estudiar la teoría de la física y esto sólo afectará a su cuerpo astral. Pueden aprender todo tipo de cosas y sólo afectarán al cuerpo astral. Sólo cuando las enseñanzas tienen tal poder que son capaces de transformar al ser humano, es cuando se desarrollan desde el interior los órganos que nos permiten mirar hacia el mundo superior. Entonces se transforma el cuerpo etérico y también el cuerpo físico. Y como la transformación del cuerpo físico proviene del proceso de la respiración, llevando el ritmo a la respiración, un cuerpo físico iluminado por la conciencia consciente se llama atman. El término esotérico cristiano es «el Padre».

Dentro del esoterismo cristiano tenemos que distinguir entre el Espíritu Santo -el Cristo tiene en él tanto del Espíritu Santo como ha ennoblecido su cuerpo astral; el Hijo, el Logos, la Palabra- el Cristo tiene en él tanto del hijo, el Logos, la palabra como ha transformado del cuerpo etérico; y en tercer lugar el Padre -el Cristo tiene en él tanto del Padre (sólo un iniciado puede tener conscientemente al Padre en él) como ha transformado el cuerpo físico, haciéndolo eterno. Para comprender el pecado o la blasfemia contra el Espíritu Santo, el Hijo o el Padre, y aprender la manera cristiana de decir estas cosas, tenemos que recordar la misión del Cristianismo tal como la veían los maestros cristianos esotéricos.  En alguna ocasión he dicho que la misión más profunda del cristianismo se da en las palabras: 'Si viene a mí alguien que no hace caso omiso de su padre y de su madre, de su mujer y de sus hijos, de sus hermanos y hermanas, así como de su propia vida anímica, no puede ser mi discípulo'. Marcos también lo expresa con otras palabras Vinieron su madre y sus hermanos, se quedaron fuera y mandaron llamarle. Pero había una multitud sentada a su alrededor. Entonces le dijeron Mira que tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera buscándote: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Mirando a los que estaban sentados en círculo, dijo Mirad aquí a mi madre y a mis hermanos. El que hace la voluntad de Dios es mi hermano, mi hermana y mi madre". En el evangelio de Lucas encontramos también: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios y la cumplen'.

Tales palabras hablan de la verdadera misión del cristianismo. Podemos comprenderlas si consideramos la evolución de la raza humana, y ésta será también la mejor preparación posible para nuestro debate sobre el Misterio del Gólgota del próximo lunes.

Retrocediendo mucho en la historia de la humanidad llegamos a una época que llamamos la era Lemúrica. Como ustedes saben nos remontamos a través de los tiempos de la Atlántida a la era Lemúrica. Allí encontramos al ser humano de cuatro cuerpos que podríamos decir que era mitad animal, un ser humano que tenía cuatro cuerpos -cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral y el potencial para un yo- pero que todavía no estaba en posición de hacer ningún trabajo en los tres cuerpos externos. El poder que los seres humanos necesitan para trabajar en sus cuerpos exteriores de la manera antes mencionada tuvo que entrar primero en esos recipientes para la verdadera naturaleza esencial del hombre. El yo, tal como ustedes lo conocen hoy, que vela su alma, su naturaleza más profunda, que ya contiene tanto de los tres cuerpos exteriores como ha sido transformado, todavía no existía entonces, todavía estaba esperando entrar en el proceso de evolución. El yo era todavía un espacio hueco que recibiría lo que hoy es nuestra parte más profunda, más íntima, nuestra parte inmortal, como la llamamos, que atraviesa todas las encarnaciones y puede ir con la tierra cuando entra en una existencia planetaria diferente. Esto bajó al recipiente humano en aquel tiempo. Antes, había estado en la custodia de la divinidad, parte de la naturaleza divina.

En una ocasión anterior les ofrecí una imagen de la forma en que el hombre estaba dotado de alma en aquella época, con la gota divina vertida en cada vaso humano individual. Dije entonces que se podría tomar un vaso de agua; hay muchas gotas en él, una masa de fluido. Podríamos entonces tomar mil pequeñas esponjas y dejar que cada una absorba una gota de agua. Entonces hemos tomado muchas gotas del vaso, y algo que había estado unido en el vaso se ha distribuido entre todas las pequeñas esponjas. Algo que ahora está en nosotros y que antes había estado en la custodia de la divinidad como en un elemento donde todo fluía en uno, se distribuyó en ese momento entre los cuerpos humanos individuales, de modo que hoy cada uno tiene una gota de esta única sustancia divina en él. Este elemento, que hasta entonces había formado parte de la naturaleza divina general, se individualizó de este modo. Del mismo modo que mis diez dedos forman parte de mi organismo, las almas que hoy están en los cuerpos humanos forman parte de la divinidad. Y del mismo modo que cada dedo se individualizaba, cada dedo recibía vida propia si se rodeaba de otros elementos exteriores, así las gotas que reposaban en la custodia de la divinidad se convertían en naturalezas interiores humanas.

Estas naturalezas interiores humanas vivían en los cuerpos humanos que se habían preparado para ellas en aquella época. El aspecto de los cuerpos humanos era muy diferente en aquella época que en la actualidad. Tal vez nadie me creería si describiera aquellos cuerpos que andaban por ahí, esperando a ser dotados de alma por la divinidad. Las personas que escuchan estas conferencias pueden estar acostumbradas a algunas cosas, pero algunas se sorprenderían, realmente, si les contara cómo eran aquellos cuerpos y cómo aquellas formas, grotescas como parecerían hoy a nuestros ojos, se transformaron gradualmente en los cuerpos que tenemos hoy. ¿Quién les ha dado el aspecto que tienen hoy? La propia alma interior lo ha hecho. La figura, la forma de esta alma humana influyó en el cuerpo desde el interior. Se tiene una idea de cómo trabajaba esta alma si se consideran los últimos retazos de configuración que el alma sigue efectuando en el cuerpo humano hoy en día.

Consideremos los sentimientos de vergüenza, ansiedad, miedo, temor. Un sentimiento de vergüenza hace que la sangre suba y nos pongamos rojos. El color de la cara también cambia con la ansiedad, el miedo o el susto. En un caso se enrojece, en el otro palidece. En mi conferencia sobre la sangre como un fluido muy especial, mostré que la sangre es un reflejo exterior del trabajo interior de la persona individual. Nuestra naturaleza más íntima brota en la sangre: alguien que tiene sangre tiene un yo, y alguien que tiene un yo tiene sangre. Se trata, por tanto, de un fluido muy especial. Sin embargo, esto sólo se aplica a la sangre caliente, y no a las criaturas cuya sangre es a veces caliente y a veces fría. Hoy en día, el yo influye en la sangre cuando sentimos vergüenza, miedo y temor, cambiando el cuerpo de esta manera definitiva y sutil cuando sentimos vergüenza o palidecemos de miedo, y también actuaba así en aquellos tiempos. La influencia que ejerció la sangre en los primeros tiempos de la evolución humana fue grande y poderosa. Reflejaba, sutil y exactamente, el poder interior que había entrado en el Yo como su contenido divino. Y debido a esto el Yo llegó a reflejarse a través de las razas. Del mismo modo que hoy la gente puede palidecer o enrojecer, así el sentimiento interior modeló el cuerpo humano desde dentro. Cuando el ser humano aún era blando -aún no tenía dedos-, el Yo creó la forma desde dentro, a través de la sangre. La sangre se sigue expresando hoy en día. El poder escultórico procede del Yo, a través de la sangre, y desarrolla el cuerpo humano. Así, en las múltiples formas, conocemos la sangre como vehículo del Yo.

En otras conferencias hablé de un secreto que se esconde en los primeros relatos bíblicos. Hablé de la imagen que se da al decir que Adán llegó a tener cientos de años. Esto se debió a algo que llamamos matrimonios mixtos, matrimonios entre parientes consanguíneos. Lo encontramos en los primeros tiempos de cada nación, aunque tenemos que remontarnos muy, muy atrás. Entonces encontramos pequeños grupos por todas partes dentro de la población de la tierra que son parientes consanguíneos, casándose sólo dentro del grupo. Esto tiene un resultado importante. Para facilitarles la comprensión de lo que hay que decir, una vez me referí a una conversación entre Anzengruber y Peter Rosegger. Recordarán que Rosegger, un escritor bueno y popular, describe a la gente del campo en sus libros tal y como él los ve; así es como nos los presenta. Anzengruber los describe de un modo más vivo, sus compatriotas se mantienen firmes y seguros sobre sus pies, como tallados en madera, absolutamente ciertos y seguros. Los dos escritores salieron juntos una vez. Rosegger le dijo a Anzengruber: «Podrías describir mucho mejor a los campesinos si fueras al campo y los vieras allí». La respuesta de Anzengruber fue: 'Nunca he visto a un campesino así. Pero los describo así porque lo llevo en la sangre. Mi padre, mi abuelo, mi bisabuelo y también mis tíos eran gente de campo. Y eso lo llevo en la sangre". No era necesario que Anzengruber hubiera visto a la gente del campo. La sangre influía a través de las generaciones, y eso se notaba en la forma en que escribía sobre la gente del campo.

Así que ya ven cómo el espíritu actúa a través de la sangre, y un yo limitado a un individuo no se detiene ahí, sino que crece con fuerza y se propaga a través del padre, el abuelo y así sucesivamente. Así fue con Anzengruber, porque esa gente del campo sólo se había casado entre sí. Quedaba un cierto nivel de conciencia de ello. Este nivel de conciencia era mucho mayor en los tiempos escritos en las primeras partes de la Biblia. La gente entonces todavía tenía una memoria real de las cosas que habían sucedido a sus antepasados. Hubo un tiempo en que la gente recordaba no sólo las cosas que les habían sucedido a ellos mismos en la infancia y la juventud, sino que también tenía recuerdos de lo que habían hecho su padre y su abuelo. Esto, a la gente de hoy, puede parecerle increíble, pero es cierto que en aquellos primeros tiempos, cuando la relación de sangre se mantenía estrictamente dentro de un pequeño grupo y uno no podía casarse fuera de la comunidad sin cometer un pecado, el yo no sólo tenía conciencia del carácter de la gente del campo, sino que el hijo decía de las cosas que le habían sucedido a su padre, abuelo, etc., que le habían sucedido a él. La gente que después de novecientos años había descendido de Adán diría: 'Eso me ha pasado a mí', al hablar de cosas que le habían pasado a Adán. Era una especie de yo grupal que pasaba a través de las generaciones. Y el término Adán, o Abraham, se utilizaba para referirse a la forma en que el yo había continuado así a través de las generaciones.

Esto es también lo que subyace en los relatos de los primeros capítulos del Antiguo Testamento. Uno se da cuenta de que la sangre puede verse como un reflejo exterior del alma creadora interior. ¿Cómo perdió la humanidad esta forma de mirar hacia arriba, hacia las generaciones? ¿Qué hizo que la conciencia y la memoria se limitaran a la vida del individuo? Se limitaron porque se rompió el vínculo de la relación sanguínea. La antigua forma de relación sanguínea se aflojó, los grupos pequeños se convirtieron en grupos más grandes. Un grupo familiar se convirtió en una tribu, la tribu en una nación. La humanidad no podría haberse desarrollado de otro modo que no fuera porque las familias pasaron a formar parte de tribus, y las tribus de naciones, rompiendo los estrechos lazos de sangre. La memoria solía remontarse a través de las generaciones.

Si recuerdan las muchas veces que he dicho que la memoria está sostenida por el cuerpo etérico, que reproduce las cosas que componen los recuerdos, conocerán la conexión entre la sangre y el cuerpo etérico. El yo se imprime en el cuerpo etérico expresándose en el flujo de la sangre, en el elemento que entra en la sangre. Recordarán, sin embargo, que alguien que quiere ser un iniciado tiene que trabajar en el cuerpo etérico, y aquí nos acercamos a algo que está profundamente conectado con los misterios de los tiempos precristianos. Esos misterios también tenían que ver con la sangre. Hoy queremos ver qué tiene que ver todo esto con la sangre.

Sabemos que primero había que preparar a aquel que iba a recibir la iniciación precristiana. Sabemos en qué consistía dicha iniciación. Se instruía al candidato para que transformara sus cualidades y hábitos y esto lo convertiría en el tipo de ser humano que necesitaba ser para la iniciación. También dije que los iniciados se remontaban a los adeptos de los antiguos tiempos atlantes y que el candidato, una vez convenientemente preparado, era puesto en estado dormido durante tres días y medio. Este era el tipo adormecimiento en el que era posible sacar del cuerpo físico no sólo el cuerpo astral, sino también el cuerpo etérico. El sabio que iniciaba al discípulo guiaba todo el proceso. El cuerpo etérico se retiraba y esto hacía posible que el iniciador le diera al discípulo el poder de experimentar cosas en el espíritu y tener una percepción y experiencia reales del mundo superior. El cuerpo etérico se habría puesto en movimiento gracias a los preparativos realizados, y el discípulo podría entonces ver los mundos superiores. Cuando hubiera regresado, sería capaz de dar testimonio de la verdad y la realidad del mundo espiritual. El punto esencial era que la mente consciente del individuo tenía que ser atenuada, sintonizada, y esto estaba conectado con la extracción del cuerpo etérico. Estaría totalmente bajo la influencia del iniciador.

Consideremos la situación. Todas las leyes, instituciones y estructuras sociales existentes se remontaban en última instancia a la iniciación. En la cúspide de la estructura social estaría el gran iniciador. De él dependerían todos los objetivos y tendencias. Los discípulos llevarían al mundo la sabiduría revelada, y los que les escuchasen en el exterior se guiarían por ellos y también organizarían su vida social en consecuencia. Todo estaba bajo la autoridad de la iniciación, del iniciador. Todo dependía de ellos. El principio era el de una autoridad basada en la verdad y la sabiduría, vivida en el más alto grado y en el mejor sentido posible. Sólo a los grandes y sabios dirigentes de la humanidad se les permitía tener tal autoridad. Y era así sin causar ningún tipo de daño a la humanidad.

Lo que importaba entonces era sacar el cuerpo etérico del cuerpo físico de la forma correcta. Esto no podía hacerse con cualquiera. Cualquiera que diga que esto se puede hacer con cualquiera, está hablando de una manera abstracta y no de la verdad. Se necesitaba una larga preparación para lograr estas cosas. Esencialmente la sangre tenía que ser la mezcla adecuada. Por eso también se tuvo mucho cuidado de que la generación de sacerdotes no se mezclara con otras. Los preparativos se prolongaban durante siglos para garantizar que siempre hubiera uno de los descendientes adecuados, que algún día pudiera convertirse en un verdadero iniciado. Se trataba de una forma de tratar el cuerpo humano a lo grande, de una forma tremendamente misteriosa, una forma que era misteriosa en el mejor sentido posible de la palabra. Los más grandes iniciados habían sido preparados durante siglos para conseguir el principio físico correcto, la mezcla de sangre correcta. Todo este proceso de preparación para la iniciación es la característica clave de la iniciación precristiana. Sin embargo, podía continuar para siempre en el curso de la evolución humana. ¿De qué trataba este principio de iniciación? Tenía que ver con tener una visión clara de la comunidad de sangre. Cuanto más nos acercamos a la comprensión de la comunidad, más nos encontramos con principios de este tipo.

En aquellos primeros tiempos, por tanto, la iniciación se basaba en el principio de la sangre. Éste se fue rompiendo cada vez más, de familia en familia, de tribu en tribu, de nación en nación. Y ahora el futuro se hacía sentir, con todos esos lazos de sangre rotos. Pues ¿dónde residía el principio de la comunidad para los seres humanos cuando habían descendido de la custodia de la divinidad? Podríamos decir que fluía a través de la sangre y, por tanto, había que tener en cuenta la sangre cuando se quería iniciar a alguien.

Cuando se dio la posibilidad, con la sangre caliente, de que el yo hiciera suya la cualidad divina del alma, esa cualidad divina del alma fluyó a través de la sangre: 'Yo' soy el que era, el que es y el que será'. Este era en verdad el que hablaba como el dios Jehová, diciendo: 'Yo soy el que era, el que es y el que será.' ¿Y dónde se mostró más poderoso? En la sangre. ¿Y cómo guiaban a un ser humano para iniciarlo? Lo guiaban tratando su sangre.

Se trata de misterios profundos y trascendentales de la antigüedad. Quien sólo considera el cristianismo en su superficie no lo entiende adecuadamente. He reflexionado mucho sobre el título de mi libro, que no es "El misticismo del cristianismo", sino "El cristianismo como hecho místico". Significa que el propio cristianismo es un hecho místico y que sólo puede comprenderse si se sabe que toda la configuración espiritual del planeta Tierra cambió con la venida de Cristo Jesús.

Supongan ustedes que están en un planeta lejano y que son videntes que observan la Tierra, la atmósfera terrestre, el cuerpo astral de la Tierra, la masa burbujeante, hirviente y ondulante de cuerpos astrales animales y humanos. Y luego imaginen que son capaces de mirar hacia abajo algunos siglos antes de que Cristo naciera y seguir los acontecimientos en un futuro muy lejano. Si ustedes fueran capaces de seguir esto, verían algo extraño. Verían la atmósfera astral cambiando profundamente con la venida de Cristo Jesús, un tremendo cambio repentino, de modo que su sombra, su color, sería diferente para todos los tiempos futuros. Algo nuevo entró en la atmósfera espiritual de la tierra. Quien no admita que ahora existe en el espíritu de la tierra algo que no existía hace milenios, no comprende el cristianismo ni los preparativos que lo precedieron. Hay que considerar que entró algo absolutamente real, algo nuevo, y entonces se sabe lo que ocurrió al comienzo de la era cristiana.

Mirándolo de esta manera también encontrarán las palabras adecuadas para la transformación del planeta Tierra en el reino del espíritu y tendrán que decirse a sí mismos: "Todos los estrechos lazos de sangre se rompieron, todo lo que mantenía unida a la gente en pequeñas comunidades basadas en la sangre desapareció gradualmente. Las pequeñas hermandades se extendieron gradualmente, para convertirse finalmente en la gran hermandad que ha de incluir a todos los seres humanos de la Tierra, con todos llamando a todos los demás "hermano", y los seres humanos "dejando a su madre y a su padre y a su hermano y a su hermana'". Todo lo que la sangre ha preparado dentro de una especie de yo grupal, un yo que va más allá del yo ordinario, tiene que desaparecer de esta tierra. Y cuando la tierra esté preparada para ser una nueva esfera astral, el fruto habrá germinado, todos los lazos se habrán roto y un único gran lazo unirá a toda la humanidad. Cristo Jesús hizo su misión dar el impulso, el poder de crear esta fraternidad. Su misión y el ideal del cristianismo se dan así en las palabras: 'Si viene a mí alguien que no desprecia a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos y a sus hermanos y hermanas... no puede ser mi discípulo'. Y el rechazo: Esta no es mi madre; mi madre y mis hermanos son los que hacen la voluntad de mi padre. Ese es el nuevo espíritu que ha de venir, distinto del vínculo de sangre.

Por favor, tomen lo que voy a decir ahora no como una imagen o un símbolo, sino como algo que es real. Es difícil para el pensamiento materialista de hoy ver la realidad de tales cosas, pero son reales. Fijémonos en la cruz levantada en alto, y sobre todo en la sangre que mana de las heridas. De esta sangre que fluye de las heridas, ¡tengan claro en sus mentes su significado en la historia del mundo! ¿Por qué fluye? ¿Por qué hablamos en realidad de la sangre que brota de Cristo Jesús? ¿Cuál fue el fundamento de todas aquellas comunidades unidas? ¿Qué unía a las pequeñas tribus? ¿Qué debe perder su significado dentro de estos estrechos límites para que toda la humanidad crezca en hermandad? La sangre. El elemento que influye en el yo, pulsa en el yo, ya no puede depender de la sangre cuando toda la humanidad ha madurado para hacer posible la fraternidad. Y así, el exceso de sangre del yo, la sangre que hace que los seres humanos no extiendan su yo y lo dejen ser universal, debe salir, porque es sangre egoísta, sangre egoísta. Considera esto no como una imagen sino como una realidad. Consideren que la cantidad de sangre que fluyó de las heridas de Cristo fue la cantidad que tuvo que fluir para que la sangre perdiera la tendencia a crear comunidades estrechas y ganara así la capacidad de extender la fraternidad por toda la tierra.

Tal vez nadie se haya acercado tanto al misterio como Richard Wagner lo hizo exotéricamente en su ensayo sobre su concepción de Parsifal. Aquí un pensador exotérico toca las más profundas verdades esotéricas del misterio. Si se ven las cosas bajo esta luz, se verá que el propósito del cristianismo es, por un lado, disolver los lazos de la tribu, la familia y las comunidades estrechamente limitadas y, por otro, dividir la humanidad en individuos, de modo que cada uno se sienta individuo y, sin embargo, también miembro de la raza humana. Se trata de polos opuestos que van de la mano. En los primeros tiempos, cuando los grupos eran pequeños y se basaban en relaciones de sangre, el individuo se sentía miembro de la familia, miembro de la tribu. Y a medida que la relación de sangre se extinga, la independencia individual crecerá y aumentará en la misma medida.

Esto sucede a causa del acontecimiento del Gólgota. Esto se puede ver en el hecho de que a partir de aquel momento, cuando se produjo el acontecimiento que iba a abarcar toda la tierra, el impulso religioso adquirió la mayor importancia. Todo lo que allí sucedió había sido preparado y era preparación. Su efecto comenzó en Pentecostés, cuando fue derramado el Espíritu Santo. Hablar de tal manera que se habla desde el alma del otro, es decir, ya no de forma egoísta, -esto se demostró de la mejor manera posible en el lugar donde los apóstoles hablaron a todos los pueblos en todas las lenguas. El Espíritu Santo preparó así el camino para el nuevo impulso que había de llegar a través de la sangre del Hijo, el logos, el Cristo.

Volvamos ahora al antiguo principio de iniciación. Éste se basaba en la autoridad. Todo el mundo admiraba a los iniciados y recibía impulsos de ellos. Este principio de autoridad está llegando gradualmente a su fin. Aquí tenemos una aparente contradicción. La humanidad se está dividiendo en individuos, el antiguo principio de autoridad ya no es válido y, sin embargo, la fraternidad debe establecerse en su plenitud. ¿Con qué medios? Mediante la comprensión de lo que ha llegado como Espíritu. ¿Cuál es la naturaleza de esto? Para el iniciado de antaño era suficiente tener toda la sabiduría, la verdad, y dejar que fluyera hacia toda la humanidad. Ahora la persona individual, con la individualidad llevada a su nivel más alto, debe tener la verdad. Cada individuo debe tener la verdad y la sabiduría. En aquellos primeros tiempos, la verdad llegaba al individuo desde el pináculo más alto, y él tenía que hacerla suya. La difusión de la sabiduría debe ir de la mano con el desarrollo, y la individualización humana con la creación de la gran hermandad humana. Estas dos cosas no pueden ir en paralelo; deben ir juntas.

Teniendo esto en cuenta, estamos siguiendo las etapas por las que el Espíritu Santo se hizo presente. Mientras los seres humanos obedecieron a esa única autoridad, pudieron, como individuos, entregarse a la vida. Podían vivir en comunidades unidas. La autoridad suprema se ocupaba del conjunto. Esto ya no es posible cuando se destruye el principio de autoridad. Entonces cada individuo debe ocuparse de que se mantenga la fraternidad. Cada individuo debe ser capaz de ocuparse de la vida social dentro de la hermandad. Deben percibir lo que existe en general, lo que cada individuo está preparando. ¿Qué puede ser esto? Sólo tenemos que recordar cómo surgieron las religiones antiguas. Todos los iniciados tenían la misma sabiduría original de la humanidad. Pero a medida que esta sabiduría se entregaba a los individuos, el Estado, el clero, etc., le daban características específicas, formas diferentes. Así surgieron el budismo y el zoroastrismo. Cuanto más pequeñas eran las comunidades, más especializadas tenían que ser las cosas. Ahora que hay que crear la gran fraternidad, la sabiduría del iniciado debe poder llegar a toda la humanidad para que cada individuo pueda ocuparse ahora de las cosas que antes eran responsabilidad de los iniciados.

La sabiduría llega así a toda la humanidad. Es la misma para todos. Y podemos ver, por lo tanto, que esta sabiduría, esta comprensión, es el elemento que se distribuyó entre los individuos separados que "dejan a su padre, a su madre, a su hermano, a su hermana y a su hijo". Ellos volverán a tener esta sabiduría, exactamente porque es la misma para todos. Para comprender lo que se dice del Espíritu Santo debemos entender que la sabiduría es la misma para todos.

Sin embargo, la gente aún no ha llegado tan lejos, porque todavía dirá: "Así es como yo lo veo; otra persona puede tener su propio punto de vista". Hay que superar esta idea del punto de vista. La humanidad tuvo que dividirse para que pudiera existir la naturaleza del yo, el egoísmo. Aún no han encontrado la manera de unirse en una misma sabiduría. Podrán hacerlo si realmente se aplican a esta sabiduría y crecen lo más individualmente posible. Si encuentran el espíritu de la sabiduría que es igual para todos, abandonarán el hábito de decir: "Así es como yo lo veo; ése es mi punto de vista". Tenemos que comprender que no existe un punto de vista particular cuando se trata de la sabiduría que es igual para todos, que tener un punto de vista significa que aún no se ha progresado lo suficiente. Sólo entonces podremos comprender la idea del Espíritu Santo. Sólo los seres humanos imperfectos tienen un punto de vista. Las personas que se acercan al espíritu de sabiduría no tienen punto de vista. Ellos saben que deben entregarse desinteresadamente a la sabiduría que es siempre y para siempre la misma para todos. Del mismo modo que todas las plantas se vuelven hacia el mismo sol, así los seres humanos se unirán volviéndose hacia el Uno, pues en ellos vivirá un solo espíritu de sabiduría. El principio que originalmente mantenía unidos a los hombres en la sangre ha brotado del Cristo, y ahora la sabiduría nos reúne de nuevo en la fraternidad.

Esto se ha reflejado maravillosamente en el milagro de Pentecostés, cuando los apóstoles extendieron su hermandad a toda la humanidad, hablando con palabras que todos podían entender. Esto debe manifestarse cada vez más, a medida que la naturaleza individual alcanza su máximo desarrollo. Todos estamos unidos en el espíritu de la verdad. Todos los demás aspectos de la naturaleza humana se desarrollarán mucho más tarde, cuando nuestro planeta atraviese diferentes etapas de encarnación. Lo único, sin embargo, que estará vivo y activo hasta que la Tierra llegue a su plenitud, es la sabiduría que une, sabiduría que nos ha sido revelada de la forma en que sólo fue revelada a los iniciados en el pasado. Quien peca contra esta sabiduría, la sabiduría que crea la fraternidad, no puede ser perdonado, pues esto retrasa la evolución de la tierra, ya que ésta sólo podrá entrar en su etapa astral una vez que la humanidad se haya unido en fraternidad. El espíritu que une a la raza humana es el que ha sido derramado en el futuro. Si dejamos que nuestro cuerpo astral se llene de este espíritu de sabiduría que existe para todos, podremos llevarlo al cuerpo astral de la tierra.

Así que ahora podemos ver que existe algo en lo que la tierra puede estar unida. El contenido de la sabiduría es, pues, teosofía positiva, algo que debe reflejarse en la visión del mundo que se tiene en la ciencia del espíritu. Esto no sucederá si sólo se le dice a la gente: 'Debemos unirnos'. No basta con predicar la fraternidad; los sermones morales son palabras vacías. Del mismo modo que tenemos que suministrar combustible a una estufa si queremos que se caliente, debemos suministrar sabiduría a la humanidad; esto unirá a los seres humanos en hermandad. Hablar a la gente de fraternidad es como hablar a la estufa, decirle que se caliente. No, lo que nos hará avanzar es enseñar de forma muy real, concepto a concepto, idea a idea, transmitiendo la sabiduría de la evolución del mundo y de la naturaleza del ser humano. Predicar la compasión, y de hecho sentir cualquier tipo de compasión, no significa nada a menos que tengamos sabiduría. De qué le sirve a alguien que se ha caído y se ha roto una pierna si catorce personas se reúnen a su alrededor en la calle, rebosantes de compasión y amor, ¡y ninguna de ellas puede curarle la pierna! Los catorce son inútiles. Pero el que puede hacerlo puede ayudar cuando venga, y lo hará si vive en el espíritu.

Los principios éticos surgen por sí solos. No es necesario enseñarlos. Pero la única sabiduría que está más allá de toda disputa, más allá de los puntos de vista, la sabiduría de la que se dice en el cristianismo que transfigura el cuerpo astral, limpiándolo completamente, ésta debe llegar a la humanidad a través del movimiento científico espiritual. Esto es lo que significa la misión del cristianismo, el nos da la misión del cristianismo.

La gente debe independizarse cada vez más de toda autoridad y avanzar hacia la verdad que es la misma para todos. La fraternidad de la humanidad se desarrollará por sí misma si la gente percibe la verdad de las palabras más cristianas, las palabras más libres y más sublimes: 'Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.'

Si hay dos ocultistas con puntos de vista diferentes, no ven la verdad. Entre verdaderos iniciados no es posible decir dos cosas diferentes sobre un mismo asunto. Tampoco habrá dos formas de pensar al respecto cuando la humanidad haya alcanzado el camino que conduce a la unificación de la raza humana, de una fraternidad que no es sólo una palabra sino un poder interior.

Traducido por J.Luelmo jun,2024



martes, 28 de mayo de 2024

GA096 Berlín, 18 de febrero de 1907 -El padre nuestro -2- una reflexión esotérica

  Índice


IMPULSOS ORIGINALES DE LA CIENCIA ESPIRITUAL

RUDOLF STEINER

EL ESOTERISMO CRISTIANO A LA LUZ DE LOS  NUEVOS CONOCIMIENTOS ESPIRITUALES

El padre nuestro -2- una reflexión esotérica

Berlín, 18 de febrero de 1907

Hemos visto por lo que pude decirles aquí la última vez. que toda la visión científica espiritual de la naturaleza del hombre está expresada en realidad en una oración bien conocida. Pudimos ver por nosotros mismos que las corrientes religiosas, las enseñanzas y prácticas religiosas se extraen de lo que hemos aprendido en el transcurso del tiempo a través de la propia ciencia espiritual. Tenemos que imaginarnos el proceso de tal manera que la humanidad partió originalmente de una visión básica universal, abarcadora, que se expresa en los credos religiosos de los distintos pueblos según la diversidad de caracteres nacionales. Ahora, por supuesto, se puede hacer la pregunta: ¿Cómo hay que imaginar con más precisión que las verdades básicas, las sabidurías básicas de la humanidad están conectadas con lo que ha sido proclamado en los diversos credos religiosos individuales por los fundadores de la religión a tal o cual pueblo? Ciertamente, es en sí mismo un hecho sorprendente que en las siete peticiones del Padrenuestro nos encontremos realmente con los conceptos básicos de la ciencia espiritual, y a una persona ajena que haya tenido poco que ver con lo que se puede aprender hoy en día a través de la ciencia espiritual, muchas cosas le deben parecer fantásticas, y entonces puede decir fácilmente: Todo esto sólo ha sido recogido en lo que habéis recibido de los documentos religiosos.

Para profundizar un poco más en la cuestión de cómo las grandes sabidurías fundamentales entraron originalmente en los credos religiosos, hay que partir primero de una cuestión básica. Hay que darse cuenta de que lo que hoy podemos saber, lo que hoy se nos enseña a través de la visión espiritual-científica, no se presentaba de la misma manera en los tiempos más antiguos en las creencias religiosas. Debemos darnos cuenta de que la forma en que tales verdades se presentaban a la gente difería enormemente de una época a otra. Los antiguos documentos religiosos que ustedes abren hablan a la gente en imágenes y no en conceptos. Dichas imágenes, que a menudo se basan en la imaginación sensorial, han sido conservadas por los documentos religiosos siempre que ha sido posible. Por ejemplo, el conocimiento siempre se aborda como luz, la sabiduría como una especie de elemento líquido, como agua. Si se mira con atención, siempre se pueden encontrar las mismas imágenes en los tiempos más antiguos. Hay una razón muy específica para ello, y hoy resumiremos algo de lo que ya sabemos para sumergirnos realmente en cómo los primeros maestros de la humanidad tuvieron un efecto en los pueblos a los que llevaron los beneficios de las enseñanzas religiosas. Si queremos darnos cuenta de cómo trabajaron los fundadores de la religión antes de aquellos a quienes llamamos los grandes iniciados, es decir, antes de Hermes, Zoroastro, Buda, Moisés y, finalmente, antes del más grande, Cristo Jesús, debemos sumergirnos una vez más en la diferencia que existe entre la conciencia ordinaria y la astral o imaginativa del hombre.

Hoy, desde la mañana hasta la noche, el hombre corriente tiene lo que hemos llamado la conciencia objetiva, que le muestra las cosas de tal manera que le parecen estar fuera de él, con las cualidades que le muestran sus sentidos. Esta conciencia no es la única. Sin embargo, para la mayoría de la gente hoy en día los otros estados de conciencia están ocultos, sumergidos en una oscuridad indeterminada que llamamos dormir sin sueños, pero que tiene un significado muy definido para el iniciado. Para el iniciado, que también conoce el mundo que hay detrás de esta apariencia física, también existe un estado consciente desde que se duerme hasta que se despierta, en el que no percibe las mismas cosas que están aquí tal como están aquí, sino que percibe un mundo en sí mismo. <Así como el dormir sin soñar es un estado inconsciente para la persona ordinaria, también es un estado consciente para el iniciado, en el cual ve el mundo espiritual.

Si queremos darnos cuenta de cómo este estado inconsciente se convierte en consciente, debemos considerar ese estado intermedio que el hombre también conoce, el dormir lleno de sueños, que nos muestra las percepciones ordinarias y cotidianas o los estados internos del alma en símbolos. Pero también se puede encontrar esta representación pictórica, que muestra el sueño, si se estudia la conciencia del iniciado cuando mora en el mundo espiritual. Él ve las cosas en el mundo espiritual en imágenes. Sin embargo, no son imágenes tan caóticas como las que le muestra el sueño. Lo único que tienen en común con las imágenes del sueño es que cambian constantemente. La mesa y la silla muestran siempre esta forma, tal y como están allí. Las plantas y las personas, en la medida en que son objetos externos, muestran la forma que tuvieron una vez. Pero cuanto más entramos en el reino de la conciencia, más transformaciones encontramos. La planta que brota de la semilla y despliega tallo, hojas, flor y fruto, el animal que expresa su voluntariedad, el ser humano en gestos y fisonomía cambiantes, los vemos en movimiento. Pero todo esto es algo permanente comparado con lo que una persona experimenta en un estado superior en el mundo del Devacán. Allí vemos una transformación continua. Quien encuentra su entrada en el mundo espiritual a través de los ejercicios en cuestión aprende allí cómo el color de una planta emerge de la planta como una llama. Aprende a reconocer cómo los colores en el espacio libre son formaciones ascendentes y descendentes. Sin embargo, sólo tiene una visión correcta cuando es capaz de ver los colores y tonos por sí mismo y conducirlos a ciertas entidades. Tales entidades están constantemente a nuestro alrededor. Si pudieran resaltar el color violeta de esta flor, de modo que el violeta se moviera libremente en el espacio, tendrían la expresión de la vida de un mundo interior espiritual de la planta. Así funcionan también el aura humana y lo que llamamos cuerpo astral. Todas las inclinaciones humanas, los sentimientos de vanidad y egoísmo, se expresan en ella a través de corrientes de color muy específicas, de modo que podemos decir: La experiencia espiritual interior se expresa en el aura humana. El aura nunca está quieta, nada es inmóvil allí, al igual que hay cosas inmóviles aquí en el mundo de los sentidos. Y cuando un ser del mundo espiritual tiene un impulso emocional o volitivo, siempre puede verse cómo se expresa en cambios muy concretos de color y sonido. El movimiento eterno es la esencia de los mundos superiores.

Por supuesto, para los que entran por primera vez en los mundos superiores, esto resulta confuso. Pero también tiene el efecto de que en estos mundos superiores se revela inmediatamente todo lo que allí existe. Si una persona puede ocultar su vida anímica a los que sólo pueden verla con ojos físicos, no puede ocultar nada a los que pueden ver con ojos espirituales. Allí todo está claramente en el día, de modo que deben decirse a ustedes mismos: Si queremos investigar a un hombre tal como se presenta ante nosotros con ojos sensoriales, entonces debemos deducir su alma de la apariencia externa, de cómo sonríe o llora. En el mundo superior es diferente. Allí no tiene lugar una deducción de lo que es interno, a partir de lo externo. El interior está completamente abierto. Allí convivimos con la esencia de las cosas. Sólo el iniciado puede en nuestros días adquirir esta conciencia. Sólo él puede vivir conscientemente en el mundo superior. Él puede añadir otro estado al estado habitual de conciencia que va desde la vigilia hasta el momento de dormir, a través del cual él es capaz de añadir lo interior a lo exterior. Así como él puede experimentar conscientemente el interior de las cosas, en la antigüedad todos los seres humanos podían hacerlo en cierto sentido. Antes de su actual estado de conciencia, las personas tenían aquello a través de lo cual veían las cosas desde dentro.

Cuando nos remontamos a la antigüedad, nos encontramos con personas que tienen cada vez menos de lo que tiene la gente hoy en día. La gente de hoy puede contar y hacer cálculos. En la época de la Atlántida hacia su período medio, se encontraban personas que aún no sabían contar y calcular, que aún no sabían hablar de lógica. En este sentido, el menor escolar de hoy puede hacer más de lo que podía hacer cualquier atlante. Pero el atlante podía hacer algo más. Cuando miraba a cualquier criatura de la naturaleza, una planta por ejemplo, podía ver surgir en su interior un sentimiento muy concreto. Para él, cada planta tenía un cierto valor emocional. Mientras que hoy en día la gente pasa de las plantas con cierta indiferencia, en el atlante surgían sentimientos y emociones vívidos. Sí, si nos remontamos lo suficiente, a los tiempos de los primeros atlantes, encontraríamos que no tenían una percepción del color tan vívida como el hombre moderno. Si tal atlante se hubiera acercado a una violeta, no la habría visto tal como es aquí, sino como si surgiera una especie de niebla. Del mismo modo, no habría visto el color rojo en la rosa misma, sino un aura roja alrededor de la rosa, el color rojo flotando libremente. Si ustedes miran ahora cualquier cristal, si es un rubí, lo verán coloreado de rojo. Pero los primeros atlantes no habrían visto el color en un cristal así. Se les habría aparecido como rodeado de un halo de colores, y el rubí se les habría aparecido como una especie de incisión en este halo de colores. A medida que se acercasen a aquellos tiempos, llegarían a un pasado lejano en el que el hombre ya no habría visto en absoluto los contornos de otro hombre, ni los contornos de una planta o un animal. Si se le acercaba otra persona que le era hostil, percibía un color marrón rojizo. Si percibía un bello color azulado, podía decirse a sí mismo: Esta persona tiene una disposición pacífica hacia mí. La vida interior de una persona se expresaba en esos colores.

Si retrocedemos aún más, llegamos al lejano pasado de la antigua Lemuria, que se extendía entre Asia, Australia y África. Allí no sólo la conciencia de lo cognoscible era completamente diferente, sino que incluso todo lo que puede llamarse el impulso de la voluntad era diferente. La voluntad todavía tenía un efecto mágico, tenía un poder sobre los otros objetos; se mostraba como una fuerza de la naturaleza que actuaba sobre los otros objetos. Si el lemúrico posaba su mano sobre una planta y hundía su voluntad en ella, podía hacer que esta planta creciera rápidamente a través de su pura voluntad.

Las fuerzas exteriores de la naturaleza no son diferentes de las interiores del hombre. Debido a que el hombre se ha convertido en un ser autosuficiente, encerrado en una piel, sus poderes se han distanciado cada vez más de los poderes de la naturaleza, se han vuelto cada vez más disímiles. El pensar humano es el que más se aleja de las fuerzas de la naturaleza. Combinar y calcular es lo más ajeno a lo que está presente como tal en la naturaleza exterior. Sin embargo, si ustedes pudieran retroceder lo suficiente, verían que había seres en esa época, los antepasados espirituales de la humanidad, que habrían considerado como una tontería comparativamente grande decir: capto un concepto de alguna cosa externa. No podrían haberlo dicho en absoluto, sino que ellos habrían visto el concepto, por así decirlo, y lo habrían visto como una actividad, incluso como una entidad. Quien se forma hoy un concepto de cualquier "cosa" tiene que imaginarse que esta "cosa" se formó originalmente a raíz del propio concepto. Tendrán ustedes una idea de esto si recuerdan el proceso de algún tipo de elaboración humana, pueden formarse un concepto de un reloj terminado, el mecanismo del movimiento, el avance de las manecillas. Nunca habrían sido capaces de hacer esto si antes alguien no hubiera estado allí como relojero ni hubiera pensado en lo que ustedes están pensando ahora. Eso que él depositó en ello, eso piensan ustedes después.

Todos los conceptos que la gente puede formarse hoy, todo lo que el pensar hace hoy, existió en nuestro pasado como una realidad que primero se deposito en las cosas. Todo ser se concibe a través de su concepto. Una vez cada ser fue moldeado de acuerdo a este concepto. No era diferente en el mundo de lo que es hoy en el arte humano: los conceptos que la gente se hace hoy fueron depositados originalmente en las cosas. Si retrocediéramos aún más en el tiempo, veríamos cómo estas personas nunca habrían podido decir: Me formo un concepto mirando las cosas, sino que realmente veían lo que ocurría allí, cómo se depositaba el concepto. Observaban, por así decirlo, a los maestros artesanos de las cosas.

Ahí podrán notar ustedes la diferencia entre el intelecto del hombre actual y el intelecto de aquella época, al que tenemos que llamar intelecto creador. Pero si llegaran ustedes a conocer a estos seres que todavía sabían del intelecto creador por experiencia propia, en contraste con el intelecto meramente receptivo de hoy, encontrarían que estos seres eran muy diferentes. Ellos aún no estaban encarnados en un cuerpo humano. Lo que hoy habita dentro de envolturas humanas, entonces aún era decidido en el seno de los seres divino-espirituales.

Hemos pasado imperceptiblemente por encima de la época del desarrollo de la Tierra, que se nos presentaría comparativamente así: Abajo en la Tierra ya existía una vida física, había seres allí abajo, muy diferentes, pero parecidos a los minerales, plantas y animales de hoy, y luego seres que no eran seres humanos, pero que se hallaban entre los animales y los seres humanos y estaban maduros para recibir el alma humana. Estaban organizados hasta tal punto que podían recibir el alma humana. Sólo a efectos comparativos se puede decir cómo se debe pensar en esto: En la Tierra caminaban personas que en realidad seguían siendo animales. Ahora imaginense que los cuerpos humanos fueran esponjas individuales y que las almas fueran gotas de agua, todo lo cual estaba todavía unido en una masa común de agua; la tierra física con todo el enjambre de seres, rodeada, por así decirlo, por una envoltura de almas, al igual que ahora lo está por la envoltura del aire actual. En ello todo estaba aún indiviso, como las gotas de agua. Y al igual que cuando ahora dejan que la masa de agua sea absorbida por las pequeñas esponjas, donde cada una recibe entonces una gota individual para sí misma, así era en aquellos tiempos. Lo que era sustancia uniforme del alma fue absorbido por los cuerpos humanos individuales, distribuido entre los cuerpos humanos individuales. Así es como surgió el alma humana. Sin este proceso, la sustancia humana nunca se habría separado en muchas individualidades separadas.

<Pero éste es también el comienzo del proceso mediante el cual el ser humano se separa gradualmente de su entorno, y mediante esto adquiere también una conciencia objetiva especial. Antes tenía una conciencia que no formaba conceptos, sino que la propia alma seguía estando completamente en el alma del mundo, y recibía toda su sabiduría del alma comunal del mundo como desde dentro. No necesitaba mirar hacia fuera. Se podría decir realmente que esta alma común del mundo todavía podía hacerlo todo; formaba todo lo que hay hoy en la tierra según los conceptos comunes. La gente recibía estos conceptos al recibir esa gota de sabiduría del alma común del mundo. Esta es la diferencia entre el conocimiento antiguo, antes de que se encarnara en la carne, y el conocimiento actual, que surge cuando el hombre se vuelve hacia fuera.

El momento en que una persona deja de percibir con los sentidos, su ser interior se hunde en la oscuridad indeterminada que llamamos dormir sin soñar. Mientras que cuando dormimos el cuerpo físico y el cuerpo etérico del hombre permanecen acostados, el cuerpo astral sale. ¿Qué existe en el hombre que hace que perciba el mundo exterior? El cuerpo astral percibe colores y sonidos. El cuerpo astral experimenta placer cuando disfruta de algo placentero, el cuerpo astral percibe el dolor como tal. Este cuerpo astral, sin embargo, no puede hacer nada en el hombre actual cuando no está en el cuerpo físico, pues para percibir su entorno necesita ojos, oídos, todas las herramientas físicas también para el placer, el sufrimiento, el dolor, la alegría, etcétera. El cuerpo físico es la mera herramienta, pero para el cuerpo astral actual es necesario. En el momento en que el cuerpo astral está fuera del cuerpo físico, ya no percibe.

Este cuerpo astral es exactamente el mismo que había en la sustancia del alma común que rodeaba la tierra. Si ustedes se desprendieran de todos sus cuerpos astrales y los juntaran, obtendrían lo que rodeaba a los hombres como sustancia astral o del alma en aquella época. Si hoy fuera posible poner a dormir a todos los seres humanos, tal como están en la tierra, de modo que toda la raza humana durmiera, y luego se extrajeran todos los cuerpos astrales y se mezclasen con el resto de la sustancia, se vería cómo cesaría por completo el dormir sin sueños. Las almas no percibirían colores ni sonidos a través de los instrumentos exteriores, sino que los colores comenzarían a surgir de todos estos cuerpos astrales y a su alrededor flotarían imágenes de colores en constante cambio, y en su interior comenzarían a oírse sonidos. Todo esto volvería entonces a rodear la tierra, como era en aquellos tiempos antes de que tuviera lugar la primera encarnación de cualquier alma, El oscurecimiento de aquel antiguo estado de conciencia, que hoy conocen por su dormir sin sueños, se produjo porque la sustancia astral común fue separada en partes individualizadas a través del alma del mundo y las partes individualizadas fueron atraídas hacia cuerpos humanos. Se puede ir aún más allá. Lo que hoy es noche, lo que hoy para los hombres se hunde en una oscuridad indefinida, fue en un tiempo, del que estamos hablando ahora, bastante lleno de luz, lleno de percepciones del mundo espiritual, fue bastante día. De modo que ahora eres conducido a un estado de la humanidad en el que toda la humanidad ha percibido astralmente, aunque no en un cuerpo físico.

Ahora pregúntense: ¿Qué ha ganado realmente la humanidad desde entonces? ¿Qué se ha añadido a lo que ya tenía? ¿Qué ha adquirido el hombre encarnándose en un cuerpo físico? Ha adquirido la posibilidad de decirse "yo" a sí mismo. Toda la conciencia, por muy clarividente que fuera, no era más que una conciencia onírica más o menos elevada. La gente aún no era consciente de sí misma. Esto es lo que ha ganado la humanidad. Este es el verdadero regalo de Dios, del que nos hablan los documentos religiosos, como la Biblia: que en la época en que la humanidad estaba encarnada, las personas recibieron la autoconciencia. La gente no lo sabía antes, y esta autoconciencia aumentará cada vez más en la humanidad actual. Es aquello que se ha revelado desde ese tiempo que ya no pasamos en la conciencia embotada o clarividente: el "Yo soy", y que no podemos llamar de otro modo que: "Yo soy el Yo-soy". Ahí tienen la palabra de Yahvé: "Yo soy el que era, el que es y el que será".

Así que hemos regresado a una época en la que esta palabra yo-soy aún estaba excluida. Todavía no estaba presente en el hombre. El hombre tenía una conciencia que era vertida en él, que no la adquiría observando los objetos externos. ¿Dónde había una conciencia del yo-soy? Esta autoconciencia la tenían los seres divinos. Los seres humanos la adquirieron después de la encarnación física. Ahí está la diferencia entre lo que en el cristianismo se llama el Espíritu Santo y el espíritu mismo. El Espíritu Santo es el que tenía la autoconciencia arriba, antes de la encarnación, y el espíritu en sí es el que tenía la autoconciencia en el hombre. De tal manera que si se juntaran todas las conciencias del yo y así se separaran también del egoísmo, se obtendría de nuevo el Espíritu Santo.

Ahora tienen ustedes el punto de partida de la forma más radical. Hemos vuelto a un tipo de enseñanza muy extraño. Mientras que hoy enseñamos de tal manera que el hombre se enfrenta al hombre y al discípulo se le dice: Así son las cosas, entonces sólo era posible una cosa: esa enseñanza, que era al mismo tiempo trabajo y acción. Era una efusión de sabiduría en los seres individuales. La sabiduría no venía de fuera; fluía hacia las personas desde dentro, un proceso que hoy sólo reconocen los iniciados. Si ahora midieras los tiempos desde el que acabo de caracterizar, en el que no había enseñanza sino sólo iluminación desde el interior, hasta nuestra época, encontrarías un período intermedio en el que la humanidad estaba, por así decirlo, mitad en un estado y mitad en el otro. Esto fue a mediados del período atlante. En aquella época el hombre ya podía reconocer ciertos contornos de las cosas, podía ver cómo el color se iba depositando poco a poco en la superficie de los objetos, ver cómo las cosas individuales adquirían cualidades. Pero sólo lo veía como si todo estuviera envuelto en una bruma de color. Aún podía oír el mundo entero impregnado de sonidos que eran tonos sabios, que le decían algo y le traían noticias de otros seres. Pero todo seguía siendo muy confuso en este estado intermedio. Fue también la época en que comenzó una enseñanza que se transformó gradualmente en la forma posterior de comunicar mensajes religiosos a la humanidad.

Si pudiéramos remontarnos a la antigua Atlántida, encontraríamos una gran escuela de adeptos. El hecho de que hoy en día alguien pueda absorber la sabiduría es posible gracias a que los adeptos turanios de aquella época tenían discípulos; sus discípulos volvieron a enseñar a otros hasta nuestros días, de modo que una tradición directa se remonta a la escuela de adeptos turanios. En aquella época había que tener en cuenta que los hombres se encontraban en un estado intermedio, en el que sólo tenían una parte del modo de percepción actual. Sólo podían reconocer objetos en vagos contornos. Pero hasta cierto punto todavía eran capaces de reconocer la verdad desde dentro. Muy pocas personas habrían sido capaces de contar hasta cinco entonces. Sin autoconciencia no es posible. Pero eran capaces de asimilar lo que se reflejaba en su interior, en su conciencia semi sonámbula. Tenían que estar iluminados para que se les enseñara la sabiduría más elevada. Pero había que enseñársela visualmente, y los adeptos turanios tenían ciertos métodos para ello. No habrían podido hacerlo de la misma manera que nosotros lo hacemos hoy con una conferencia. Los propios adeptos estaban muy por delante de la humanidad y ellos mismos sabían todo esto, pero el resto de la humanidad seguía siendo extraordinariamente primitiva. Para enseñarle a la gente la sabiduría, se la ponía en un estado hipnótico. Lo que hoy está mal era algo bastante normal entonces. Se ponía a la gente en una especie de estado dormido, y este estado dormido se utilizaba para iluminarlos de la siguiente manera. Antes de la primera encarnación del alma humana en el cuerpo no había noche, todas las personas estaban iluminadas. Entonces, el dormir sin sueños era precisamente aquello en lo que las personas tenían percepciones. Ahora ya no tenían eso. Eso había desaparecido, y habían cambiado por ello la capacidad de ver los objetos en contornos generales. Tanto como había aumentado la afluencia de percepciones externas, tanto se había perdido en percepción intima. Pero ahora los adeptos habían desarrollado ciertas habilidades. Habían aprendido lo que hoy se llama escritura oculta, lo que hoy también se llamaría lenguaje oculto. Todos ustedes saben que existen los llamados mantrams, ciertos arquetipos de oraciones, que en el sonido del lenguaje está contenido un cierto efecto. Esta era también la naturaleza de las primeras palabras del Evangelio de San Juan. Cuando aquí se dice: "En el principio primigenio era la palabra", hay un cierto valor en lo "primigenio", en el "principio", que originalmente estaba en las primeras palabras del Evangelio de San Juan. Pero todo esto es sólo sombra comparado con lo que se usaba entonces como composición de tonos en la escuela de los adeptos. Lo cual reemplazaba lo que el hombre de entonces había perdido en su capacidad de iluminación. Él podía volver recibir en el sueño hipnótico, del otro hombre que era un iniciado esta experiencia, de modo que estos discípulos recibían una especie de iluminación artificial de sus hermanos más avanzados, por la cual el hombre volvía a ver a los espíritus obrando en aquel mundo que siempre le había rodeado, como antes, antes de que el alma humana se hubiera encarnado. Esto es lo que experimentaron los discípulos de la época turaniana, tales fueron las primeras enseñanzas religiosas, tales les fueron enseñadas las leyes del mundo. Y de esas iluminaciones se recibían fórmulas y diagramas, pues también se podía trabajar a través de diagramas, si el trazo tenía una legitimidad muy definida, actuaba de tal manera que podía enseñar al hombre grandes secretos del mundo. Si se dibujara un vórtice para una persona, ésta no lo habría visto con los ojos abiertos. Pero si este vórtice se mantuviera frente a él en un sueño hipnótico, entonces esto habría evocado sensaciones muy especiales, por ejemplo la forma en que una planta se desarrolla en una semilla y la semilla se convierte en una nueva planta. Tales fórmulas, tales líneas, fueron transmitidas por estas escuelas de adeptos y más tarde entregadas a los pueblos por los diversos fundadores de religiones.

Cuanto más retrocedemos, más unificada encontramos aquella alma que una vez que se individualizó, estaba distribuida entre los seres humanos individuales. Debido a que las almas individuales estaban distribuidas y aisladas unas de otras, se han vuelto diferentes. Hoy en día, mientras dormimos, todos los cuerpos astrales siguen siendo similares entre sí; durante el día se ven muy diferentes. Así era también en aquel estado hipnótico, donde se les enseñaba realmente a los cuerpos astrales, que entonces eran todos bastante parecidos. Una cierta sabiduría primordial podía ser comunicada a todos ellos. Pero cuando esta capacidad de recibir sabiduría de esta manera se perdió para el hombre, hubo que enseñar en la antigua India según lo requería el cuerpo indio, en Persia según lo requería el cuerpo persa, y asimismo de manera diferente en Grecia, en Egipto y entre las tribus germánicas. Esto lo requerían los cuerpos físicos exteriores según las diversas influencias que se ejercían sobre ellos. Esto fue moldeado por los fundadores de la religión en aquellas formas que nos han sido transmitidas hoy como la enseñanza egipcia de Hermes, como la enseñanza de Zaratustra y etcétera.

Pero en todas las formas básicas de las religiones reales vive aquello que les dio origen. La iluminación que el hombre recibió en el pasado es también algo muy diferente de lo que puede ocurrir hoy. Era una comunicación no a través de enseñanzas, sino a través de la vida. Es una forma mucho más íntima en la que el alumno se enfrenta al maestro. Se puede imaginar, por ejemplo, que el vórtice estimulaba directamente las sensaciones. Hoy en día, se comunican conceptos y las sensaciones primero deben ser encendidas por los conceptos. Pero es precisamente de este tipo de influencia a través de la vida de donde surgieron las fórmulas religiosas. Así, la naturaleza séptuple del hombre era algo que se comunicaba en la escuela de adeptos de los turanios. Pero aún hoy se ocultan como pensamientos en el Padrenuestro. Este Padre Nuestro es la expresión de la naturaleza séptuple del ser humano.

Esto quedó claro para el discípulo de los adeptos turanios por el hecho de que se trajo a sus oídos una escala de tonos como símbolo de los siete miembros del hombre, mezclada con ciertos conceptos de color y una escala de aromas. Lo que había en la escala armónica de siete miembros surgía en él como una experiencia interior, para la cual lo que había externamente era sólo un medio. Esto es lo que los grandes fundadores de la religión vertieron en ciertas fórmulas, y esto es lo que el más grande de ellos vertió también en el Padre Nuestro, y todo el que reza el Padre Nuestro tiene el efecto de tales fórmulas.

El Padre Nuestro es una oración que no es un mantram como tal. Seguirá teniendo su significado cuando hayan pasado miles y miles de años, pues es un mantram de pensamiento. El efecto de ésta oración fue vertido en pensamientos, y así como es cierto que el hombre puede digerir bastante bien sin que un fisiólogo le diga primero cuál es el efecto del proceso digestivo, es igualmente cierto que quien reza la oración del Padre Nuestro siente el efecto de ésta, aunque no permita que se lo digan. El efecto del Padrenuestro está ahí, pues reside en el poder del propio pensamiento. Sin embargo, hay también una comprensión superior que da al Padre Nuestro un significado más profundo, y nadie debería cerrar su mente a esto. Este es el camino que han tomado las verdades religiosas.

Vuestras almas, que hoy viven en vuestros cuerpos, vivieron una vez en la sustancia espiritual divina común y allí se iluminaron de forma sonambulista. Sin conciencia del yo podían percibir cómo crean las fuerzas espirituales-divinas. Después las almas fueron incorporadas. Esto oscurecía cada vez más su percepción e incluso les privaba de la posibilidad de inducir artificialmente este estado, como aún podía producirse en la escuela turana de adeptos. Las enseñanzas religiosas y las fórmulas que se extraen de la sabiduría primordial que creó el mundo mismo son sólo un eco de las sensaciones que pueden comunicarse de persona a persona. La sabiduría del Antiguo Testamento es como si se hablara desde las ideas primigenias, desde la sabiduría primordial que subyace a las cosas y que sus alma poseyeron una vez. En el futuro sucederá que la gente volverá a tener lo que originalmente poseía en su conciencia de sueño embotado, pero ahora en conciencia brillante y clara, desde el alma. El hombre tendrá su actual conciencia brillante y clara y, además, la iluminación. Para alcanzar la autoconciencia, el hombre tuvo que renunciar a la clarividencia original, y cuanto más se atenuaba esta clarividencia original, más surgía la conciencia interior del yo. Una vez alcanzada ésta, el hombre habrá llegado a su última encarnación con la antigua clarividencia y un elemento recién adquirido en su interior como fruto de su vida.

Seguimos oyendo la frase de que la gente debe fundirse gradualmente en una conciencia total. Si perdieran su conciencia actual y se fundieran en una conciencia total, eso sería la salvación. Pero ese no es el caso. La conciencia del yo, que antes no existía en absoluto, seguirá existiendo aún después de la última encarnación. Aquello que se separó de la sustancia espiritual común volverá a reunirse de nuevo. Pero ahora imagínenselo así: Originalmente ustedes tenían agua clara, que ha sido absorbida por las muchas esponjitas. Sin embargo, durante este tiempo de  separación se ha absorbido todo lo que se puede absorber del entorno. Cada gota se tiñe de un color muy concreto. Cuando se vuelven a exprimir las esponjas, cada una trae consigo su propio color. Se trata de una variedad de colores, deslumbrante, más bella de lo que nunca antes pudo haber sido. Cada persona, cuando regresa a lo Espiritual, lleva consigo su color particular. Es su conciencia individual, que no puede perderse. La conciencia total será un unísono de todas las conciencias, una armonía. En libertad, los seres que han pasado por la humanidad serán uno. Seguirán siendo muchos, pero como quieren ser uno, pero no están obligados a serlo, serán uno. Cada uno ha recibido su conciencia, y todos juntos forman una conciencia unificada por medio de su voluntad. Así es como debemos imaginar el principio y el final de nuestro actual proceso mundial.

No debemos utilizar frases, sino que debemos ver las cosas como son. Hablar de "fundirse en una conciencia omnímoda" es una frase panteísta. Cuando hablemos desde el punto de vista de la eternidad, tendremos que poner delante de nuestras almas una frase que nos muestre que la humanidad no estaba allí en vano, que tenía un sentido en el universo. En otras palabras, quien se dedica al estudio de los hechos del mundo acaba por decirse a sí mismo que el hombre está llamado a aportar algo para dar sentido a esta vida. En última instancia, debe depositar en el altar de la Divinidad la porción que ha adquirido para sí mismo. Y a partir de esto se tejerá la tela, como tan bellamente se la llama, que todo el espíritu de la tierra teje. Esto contiene todo el yo humano, y Goethe hablaba como un verdadero iniciado cuando lo describía como un proceso real:

En las mareas de la vida, en la tempestad de la acción
Subo y bajo en oleadas
Me agito de un lado a otro
El nacimiento y la tumba
son un mar eterno,
Un entramado cambiante,
Una vida candente,
que voy tejiendo en el apresurado telar del tiempo
para hacerle el manto viviente a la Divinidad.

La deidad vestirá el traje inmortal cuando la tierra haya alcanzado su consumación, y los seres humanos individuales a medida que asciendan por las encarnaciones individuales, habrán tejido la tela en su paso por el nacimiento y la muerte.

Traducido por J.Luelmo may,2024