Mostrando entradas con la etiqueta elementales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta elementales. Mostrar todas las entradas

viernes, 9 de enero de 2026

GA090b Berlín, 30 de octubre de 1905 - La Teosofía en la vida diaria

        Índice

AUTO CONOCIMIENTO Y CONOCIMIENTO DE DIOS

RUDOLF STEINER

La Teosofía en la vida diaria

Berlín, 30 de octubre de 1905

Conferencia 18

A menudo se oye decir, sobre todo por parte de los eruditos o, digamos, de los progresistas: efectivamente, para aquellos que aún se aferran a la antigua fe infantil, que aún pervive en sus imaginaciones y en sus sentimientos, existen los seres espirituales. Pero para las personas que tienen conceptos claros y lógicos, esos seres espirituales no existen. Me gustaría recordar lo que escribió el profesor universitario de Leipzig Wundt, un escrito en el cual combate contra todos los hechos espirituales. Él dice: Aquellas personas que creen desde el principio en tales seres espirituales ven estas cosas, pero aquellas que no creen en ellas no las ven. Para ellas, esto sigue siendo algo que siempre debe ser dudoso. Pero eso es lo decisivo.

Ahora preguntémonos si aquellos que observan el mundo con conceptos lógicos y claros son realmente decisivos con sus afirmaciones sobre las manifestaciones de un mundo superior. Para ello debemos tener en cuenta las condiciones de vida de toda una serie de manifestaciones, en un primer momento elementales, del mundo superior.

No solo estamos continuamente rodeados de cosas y seres sensoriales, sino que también estamos siempre rodeados de un mundo de seres suprasensoriales. No hay que creer que estas entidades suprasensibles no tienen [ninguna] relación con la naturaleza visible. Al igual que el ser humano está compuesto por partes visibles e invisibles, por su cuerpo físico visible y por su espíritu y su alma invisibles, también otras entidades están compuestas por una parte visible y otra invisible. Sin embargo, las relaciones pueden ser muy diferentes a las del ser humano.

Los seres supranaturales más simples con los que nos encontramos son los llamados seres elementales. Son entidades que nos rodean a cada paso. Todo el espacio que nos rodea está lleno de tales entidades. Al igual que las plantas, los animales y los seres humanos viven a nuestro alrededor, también viven a nuestro alrededor entidades sobrenaturales. Pero no siempre están completamente desarrolladas, se encuentran en un estado más o menos imperfecto. Si observan ustedes la naturaleza que nos rodea, verán lo mismo [laguna en la transcripción] del mundo sensible visible. Si tienen aquí un frijól, una semilla de frijól, y allí una planta de frijól que se enrosca alrededor del palo y despliega flores de frijól, entonces pueden decirse: en cierta relación, la semilla de frijól y la planta de frijol que se enrosca en muchas vueltas alrededor de un palo son, en el fondo, desde cierto punto de vista, lo mismo. Si plantan hoy el frijól en la tierra, dentro de un tiempo puede brotar exactamente igual en la mata, puede ser exactamente lo mismo que lo que hoy tienen delante como planta de frijól desarrollada. Así que aquí, en el mundo sensorial, aparentemente tienen dos entidades. Desde otro punto de vista, en realidad son lo mismo. Lo mismo ocurre en el mundo espiritual. Allí hay realmente entidades que, como los frijoles en estado de semilla, están presentes como gérmenes espirituales que nos rodean continuamente, que están constantemente a nuestro alrededor en el mundo espiritual. Del mismo modo que ustedes le dan al frijol la oportunidad de ser la planta de frijol propiamente dicha, también pueden dar a estos gérmenes espirituales, que nos rodean constantemente en el espacio astral, un suelo en el que puedan echar raíces. Si dejan el frijól constantemente en la superficie de la tierra, en suelo pedregoso, nunca podrá desarrollarse. Pero si la plantan en un suelo adecuado, brotará. Lo mismo puede ocurrir con una semilla espiritual. Hay seres a nuestro alrededor, seres semejantes a semillas, que crecen simplemente gracias a lo que nosotros desarrollamos, que encuentran en ello un caldo de cultivo en el que crecer y prosperar. Supongamos que hay entidades espirituales a su alrededor que, al igual que la planta de frijol necesita tierra física, sales, luz física, etc. para construir un cuerpo físico, quieren construir un cuerpo astral a partir de materia astral.

¿Qué es la materia astral? Son, por ejemplo, las pasiones, los instintos y los deseos humanos. La materia astral es la avaricia, la generosidad, lo que desarrolla el amor. Todo ello se refiere a un ser que, por su propia naturaleza, no tiene raíces en lo físico y quiere crearse un cuerpo astral [como la tierra para la semilla]. Lo que emana del ser humano, lo que desarrolla en forma de deseos e impulsos, es necesario para ciertas entidades, de modo que se puede decir: aquí, en el espacio astral, hay una semilla espiritual, y allí un ser humano desarrolla un acentuado instinto por la codicia. Es un terreno espiritual [adecuado] para cierto ser espiritual que se encuentra en su entorno, encontrando allí la oportunidad [de crecer], de modo que ustedes dan a los seres espirituales la posibilidad de vivir en él. De hecho, eso existe.

Por ejemplo, también se sabe que las personas buscan descargar su dolor en las lágrimas. Nadie negará que las lágrimas tienen algo que alivia el dolor. Las lágrimas son un cierto alivio para el dolor. Una sustancia astral provoca este peculiar efecto calmante que se encuentra en las lágrimas. Esta sustancia astral, que se produce cuando el dolor se descarga en lágrimas, da lugar a que ciertas entidades se encarnen, se materialicen. De hecho, la persona que llora absorbe entidades espirituales del entorno. Estas hacen que el dolor sea cada vez menor.

Sin embargo, cuando experimentamos el dolor sin descargarlo en lágrimas, este supone a menudo un aumento significativo de nuestra fuerza, que puede ser aún mayor si lo acumulamos como una buena experiencia y no buscamos el placer de las lágrimas. Entonces se convierte en una fuente de sabiduría. Las experiencias dolorosas son una fuente de sabiduría. El que sabe algo, ve algo en el mundo, siempre estará dispuesto a renunciar a sus alegrías; pero no estará dispuesto a renunciar a sus dolores, porque de las experiencias dolorosas se desprende lo que debemos y no debemos hacer. Si algo nos ha causado dolor, sabemos que no es algo que favorezca la vida y sabemos cómo comportarnos en el futuro.

Los grandes idealistas suelen haber sido mártires en encarnaciones anteriores. De estas dolorosas experiencias, que han soportado con dignidad y ecuanimidad, ha surgido en ellos un sentido ideal. De ello se desprende que las experiencias amargas están relacionadas con la sabiduría. Así pues, también habrá que admitir que cuando el ser humano llora por las experiencias dolorosas, también atenúa sus efectos. De hecho, así es. Quien quiera contemplar los mundos superiores debe, ante todo, aprender a enterrar el dolor en su alma, convertirlo en un fermento activo y no dejar que desaparezca en las lágrimas que brotan hacia el exterior. Más allá de todas las interpretaciones figurativas, la siguiente frase de «luz en el sendero» debe tomarse literalmente como una verdad real:

Antes de que el ojo pueda ver, debe deshabituarse de las lágrimas.

Con esto no se quiere decir nada en contra de las lágrimas en personas de un determinado grado de desarrollo. Así verán cómo esto constituye un caldo de cultivo para entidades espirituales que están continuamente presentes y de las que brotan entidades astrales como plantas de tierra sembrada.

¿Qué son entonces estos gérmenes astrales? ¿Dónde se encuentran? Si se plantean estas preguntas con precisión, comprenderán muchas cosas de la naturaleza que de otro modo les resultarían difíciles de entender. Para aquellos que tratan de comprender el mundo de esta manera, los elementos de la naturaleza no son entidades puramente físicas, como se suele suponer, sino que están impregnados de vida espiritual. Toda la naturaleza está animada, realmente animada por entidades espirituales. Los antiguos lo sabían y aún hoy lo saben. Paracelso, por ejemplo, decía que en las plantas y las piedras descansan entidades espirituales.

Ahora vamos a intentar investigar la naturaleza de tales seres espirituales, que son de naturaleza diferente a los seres que nos rodean. En primer lugar, debo explicar algunos conceptos que les permitirán comprender toda la naturaleza suprasensible. Algunos ya conocen estas cosas, pero creo que es necesario situarlas en otro contexto. Además, también se pueden escuchar con frecuencia.

El ser humano conoce su entorno y actúa desde su conciencia. ¿Qué significa esto? Cuando duerme, no actúa desde su conciencia, porque entonces su yo superior, su entidad superior, está separado del cuerpo. El cuerpo está solo. Cuando se observa a una persona dormida, ¿qué es lo que se ve realmente? El ser humano está compuesto por el cuerpo físico [que uno ve con los ojos], luego por un cuerpo etérico, que tiene una estructura similar y forma una especie de modelo del cuerpo físico, luego por el cuerpo astral, con la vida de los sentimientos, los instintos, los deseos y las pasiones, y finalmente por el yo, en el que resumo los miembros superiores.

Cuando el ser humano está despierto, se nos presentan las siguientes partes: el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y el yo. El cuerpo físico se encuentra en el mundo sensorial, mientras que el cuerpo etérico, el cuerpo astral y el yo se encuentran en el mundo suprasensorial. Así pues, tenemos ante nosotros un ser que tiene su conciencia en lo suprasensible y solo el cuerpo en el plano físico. Durante el sueño, abandona el cuerpo físico y vive en los mundos superiores. Lo que aquí representa el ser humano en estado dormido, lo puede considerar como un estado constante en los demás seres físicos que le rodean. En el caso de las plantas, se puede decir, y no solo en sentido figurado, que duermen. Lo que el ser humano es por la noche, —aproximadamente—, es lo que la planta es siempre: es un durmiente, tiene una conciencia dormida. Es importante saberlo bien. Verán, al igual que el ser humano, cuando duerme, no tiene su conciencia en el cuerpo físico, tampoco la planta tiene su conciencia en el cuerpo físico y, por lo tanto, es un ser durmiente.

El ser humano se diferencia de las plantas en que tiene su conciencia dentro del cuerpo, mientras que las plantas tienen su conciencia fuera del cuerpo. Las plantas no carecen de conciencia, solo que la tienen fuera de su cuerpo, en el plano mental. Los animales tienen la conciencia en el plano astral, pero las plantas la tienen en el plano mental.

Ahora llegamos a la descripción del mundo sensorial externo, la naturaleza sensorial. Quisiera intentar representarlo esquemáticamente. Cuando uno observa todo este mundo, lo percibe a través de los sentidos, de los ojos, los oídos, las sensaciones y los sentimientos. A esto lo llamamos el plano físico. Al igual que una esponja está impregnada de agua, este mundo está impregnado del mundo astral; este penetra el mundo físico. El plano astral no tiene objetos ni entidades que se puedan tocar y ver con los ojos. La «materia» que existe en él está compuesta de la misma sustancia de la que están compuestos los deseos y anhelos del ser humano.

Si ustedes tienen aquí una vela y la encienden, arderá en el plano físico. El fuego se produce, pues, mediante un proceso físico. Pero si maldicen a su vecino, arderá el fuego en el plano astral. Él sentirá dolor, y eso se verá en el plano astral en forma de una especie de llamita. El deseo es algo similar en el plano astral.

Una materia aún más sutil es aquella de la que están tejidos los pensamientos, la llamamos materia mental.

Luego hay un plano aún más elevado, que es el plano mental superior. La materia de este plano es la misma de la que se compone los pensamientos que están completamente libres de sensorialidad, los pensamientos más elevados que el ser humano puede tener.

Ahora bien, en la Tierra tenemos seres: minerales, plantas, animales y seres humanos. Cuando está despierto, el ser humano tiene su conciencia aquí, en el plano físico; su conciencia reside en el cuerpo físico. El animal no tiene su conciencia en el cuerpo físico, sino en el plano astral. Por eso, el animal no es capaz de expresar su yo en el plano físico. Carece de la capacidad de pensar por sí mismo. Existe lo que se denomina alma genérica en los animales, que vive en el plano astral. Las plantas tienen su conciencia del yo en el plano mental. Así son los seres humanos, los animales, las plantas y, por último, los minerales en su dualidad de forma y conciencia. A partir de esto podemos ver lo que son los minerales, las plantas, los animales y los seres humanos. El animal no es capaz de comprender el yo. No dispone de ningún instrumento a través del cual pueda actuar. En el plano astral, los animales son como los seres humanos en el plano físico: comienzan a hablar con ustedes. Y en el plano mental, las plantas son como los seres humanos en el plano físico. El animal se encuentra en el plano físico y su conciencia está arraigada en el plano astral. También puede ser al revés, es decir, que la conciencia se encuentre en el plano físico y el cuerpo en el plano astral, que entonces se extiende con su conciencia a nuestro mundo. ¿Qué significaría un ser así? Un ser así se movería arriba, en el espacio astral, pasearía por el espacio astral. Y tal y como experimentamos al animal aquí abajo, el «animal que tiene su conciencia en lo físico» se manifiesta en forma de efecto físico, es decir, en forma de atracción.

El físico tiene aquí, por ejemplo, un imán, y cuando acerca algo de hierro, lo atrae. El físico habla entonces de una atracción. Por supuesto, eso es solo una palabra. ¿Qué es lo que realmente ocurre aquí? En realidad, ocurre lo que he descrito. En realidad, la fuerza magnética que actúa y es visible se basa en un ser astral. Todas las fuerzas de la naturaleza se basan en seres astrales. Las fuerzas de la naturaleza se basan en seres astrales. En el plano astral hay seres que deambulan y aquí se manifiestan como fuerzas de la naturaleza. ¡Las fuerzas de la naturaleza no son más que acciones en el plano físico de seres que viven en el plano astral!

Por eso, quien se acerque a la naturaleza con toda su sensibilidad podrá, a partir de las fuerzas naturales, percibir tales entidades.

Tomemos como ejemplo a una persona muy sensible y perceptiva que se acerca a tales fuerzas. No solo podrá decir, cuando el hierro está ahí y es atraído: «Aquí hay fuerza magnética», sino que su ojo verá las fuerzas magnéticas, y eso es lo mismo que la conciencia del animal en el plano astral. Estas fuerzas magnéticas tienen su cuerpo en el plano astral, y la persona sensible en cuestión puede verlo.

Un trozo de azufre no es solo un trozo de azufre, sino que también es una fuerza, y esta fuerza corresponde a un ser astral en el plano astral. En el plano astral es un ser, un organismo.

De ello se desprende que, en realidad, tratamos continuamente con seres que tienen su esencia en el plano astral, como ocurre con las fuerzas de la naturaleza. El ser humano puede sentir que una planta es encantadora y otra antipática. La única razón para ello, como puede ver el clarividente, es que una planta tiene fuerzas que se expresan en un hermoso cuerpo astral y la otra tiene fuerzas que se expresan en un cuerpo astral repugnante. El olor que percibe el ser humano físico, el ser humano astral, se puede ver en una forma astral. Una planta, cuando empiezas a adquirir realmente las fuerzas para ver lo que no es perceptible para los sentidos físicos, te rodea con efectos luminosos. Así, en la planta tenemos dos seres entrelazados que pertenecen el uno al otro. La planta brota del suelo. Tiene su conciencia en el plano mental y su cuerpo físico aquí abajo. Hay otra entidad dentro de ella, que tiene su cuerpo en el plano astral y su conciencia aquí abajo.

Sigan conmigo el camino que recorre el animal a lo largo de su vida. Cuando el animal nace, primero se forma su cuerpo astral, luego su cuerpo etérico, y después ambos se revisten de materia física. El animal obtiene el cuerpo físico, el astral vive en el cuerpo físico. Ahora consideren la vida de este animal. Solo puede existir mientras haya oxígeno en el aire. En el momento en que el aire no tiene suficiente oxígeno, el animal muere. En el momento en que entierran vivo al animal, también muere porque no tiene suficiente oxígeno. Así ven que el mero cuerpo físico no puede mantener el cuerpo astral del animal si no hay el aire vital correspondiente. Si cubren todo el animal con tierra, este animal no puede vivir.

Pueden hacer algo similar con los seres astrales de los que les he hablado. Supongamos que tienen el cuerpo astral de un ser que acompaña a una planta que le pertenece; ahora se enfrentan a ese ser. Cuando se enfrentan a él, para ese ser es como si plantaran un frijol en la tierra. A través de su propio espíritu, le ofrece la oportunidad de echar raíces, crecer y prosperar. Adquiere una forma visible externamente. Este es un proceso muy importante. Se enfrenta a una planta, que comienza a estar rodeada de chispas de fuego; se forma un ser conectado a la planta; se forma su cuerpo.

Ahora empiecen a reflexionar sobre este ser. Cuando ustedes reflexionan, es realmente como una especie de suelo en el que se hunde el ser. Pero por muy beneficioso que sea el suelo para la planta, si envuelve parte de sus órganos de la manera correcta, es perjudicial para ella si cubre toda la planta. Y así como la tierra mata a la planta cuando la cubre por completo, el suelo de los pensamientos tiene el mismo efecto sobre tales seres. Si los cubre por completo con materia mental, esto tiene un efecto letal. Les falta el aire vital. Por lo tanto, los espíritus elementales de la naturaleza mueren cuando se les quita el aire vital a través de los pensamientos.

Esto es algo por lo que los pensadores cáusticos, esas personas que lo imaginan todo, que quieren rodearlo todo con sus pensamientos, matan de hecho a las delicadas entidades que nos rodean. Esto les explicará lo que significa que tales entidades «mueran»; de hecho, mueren muchas veces en los seres humanos. Al igual que un deslizamiento de tierra entierra todas las plantas que se encuentran debajo y las mata, el pensamiento humano, al expandirse, mata a toda una serie de seres de la naturaleza.

El mito y la leyenda lo han expresado muy bien en un lenguaje simbólico; lo encontramos expresado en el mito de los duendes: antes, cuando el ser humano aún no pensaba tanto, ellos estaban ahí. Luego llegó el momento en que el ser humano comenzó a pensar preferentemente; entonces se retiraron los espíritus de la naturaleza. Esto se expresa de forma simbólica, pero corresponde a una realidad oculta. Así como el ser humano, al morir, es entregado a la tierra con su cuerpo físico, estos espíritus de la naturaleza son descendidos con sus cuerpos elementales a la tierra mental en los mundos superiores, y allí mueren. El ser humano tiene su muerte en la Tierra física, el espíritu de la naturaleza tiene su muerte en la «Tierra del mundo espiritual». Allí tienen su tumba, y esta les es preparada por el pensar especulativo y astuto de los seres humanos.

A quien aún no esté familiarizado con estas cosas, le parecerá fantástico. Quien se acerque al mundo espiritual con pensamientos dudosos, no lo encontrará. Al atravesar el mundo espiritual, se comporta como quien atraviesa un enjambre de mosquitos con una llama. Así ocurre con un pensador que carece de sensibilidad. Muchos seres [espirituales] asesinados muestran el rastro de tales pensadores. Por eso, el ser humano es a menudo un destructor de los espíritus elementales. Es algo que quiere desarrollarse a un nivel superior, y estos seres, que se encuentran en un desarrollo inverso, son a menudo destruidos por los seres humanos. Aquí tienen otro ejemplo práctico que les permite comprender una verdadera enseñanza del ocultismo: que ustedes mismos deben ofrecer a los seres espirituales aquello que les permite aparecer, que les permite estar ahí. De ahí la exigencia que se repite una y otra vez: no se debe pensar de forma cáustica, no se debe criticar, sino entregarse con devoción al entorno. Entonces, los seres elementales espirituales luminosos salen de su oscuridad. Todas estas cosas están relacionadas con las leyes profundas del ser espiritual.

He aquí otro ejemplo que ilustra que la vida cotidiana se explica a través de conocimientos que pertenecen a los mundos ocultos. Supongamos que una persona miente a otra. Cuando digo la verdad, esto tiene un significado muy diferente en el mundo espiritual que cuando miento. Cuando digo la verdad, genero una forma-pensamiento. Cada pensamiento que expreso es una forma en el mundo suprasensible. Ahora bien, el hecho que quiero comunicar también se corresponde con algo en el mundo espiritual. Cada hecho en el espacio exterior, sensible, se corresponde con algo en el mundo espiritual. En el momento en que digo la verdad, la forma de pensamiento que he creado se conecta con lo que se corresponde con el hecho en el mundo espiritual. Pero si digo o pienso una mentira que no se corresponde con la realidad, entonces mi pensamiento forma, cuando intento unirlo con la imagen mental opuesta que se corresponde con la realidad, rebotará inmediatamente sobre mí y se quedará adherido a mí. A quien miente habitualmente, sus mentiras le rebotan continuamente y se rodea de toda una coraza de mentiras. Ahora imagínese a una persona así, encerrada en una coraza de mentiras. Las fuerzas que podrían desarrollarla no pueden entrar, y la consecuencia es que se queda atrás en su [desarrollo]. Quien miente se excluye de la fuerza que debe dejar fluir y, como consecuencia, se queda atrás. Por lo tanto, todo lo que es falso, todo lo que no se corresponde con los hechos, es un obstáculo para el desarrollo. Toda verdad se conecta con los hechos mismos y permite al ser humano sumergirse en toda la corriente de los hechos. Si se tiene esto en cuenta, se comprenderá lo que significa «ser un ser humano verdadero». Ser un ser humano verdadero significa capacitarse para avanzar, para seguir avanzando cada vez más. Solo los seres humanos verdaderos avanzarán. 

En el plano físico tal vez se pueda ocultar una mentira, pero en el plano astral no se puede ocultar. Las personas mentirosas están rodeadas en el plano astral como por gruesas costras. Por eso no pueden desarrollarse. Por esta razón, el mayor obstáculo en el mundo es la mentira existente. «Mentira» se dice en hebreo «Tophel». Y si pensamos en el «espíritu de la mentira» en el mundo, que se ha propuesto poner tantos obstáculos como sea posible en el camino del mundo, entonces tendría que ser un «espíritu mentiroso». Tendría que mentir de tal manera que se formara una costra alrededor de toda la humanidad; sería el corruptor de la humanidad. Corruptor se dice en hebreo «Mephiz». A un espíritu de la mentira así se le puede llamar «Mefistófeles», «espíritu de la mentira». Su nombre se eligió porque es el «padre de todos los obstáculos». También Goethe lo llama así.

Aquí tienen algo que les permite ver que solo se puede comprender al poeta si se le considera desde el ocultismo. Encontrarán exactamente lo mismo en la mayoría de los grandes poetas. Nunca descubrirán que los grandes poetas del mundo hayan creado a partir de una fantasía arbitraria, sino a partir de hechos ocultos, de conexiones ocultas. 

Ahora veamos otro ejemplo que ya se ha mencionado en varias ocasiones. Nos encontramos en la quinta raza raíz y, dentro de ella, en la quinta subraza. Tres subrazas tenían una cultura sacerdotal. En el cuarto período cultural surgieron los pueblos semíticos. A partir de las culturas sacerdotales se desarrolló una cultura completamente diferente, que no se basaba en la inspiración divina, en la que se fundamentaba la cultura sacerdotal. La cultura de la cuarta subraza se basaba en la inteligencia. Por lo tanto, el surgimiento de la cultura griega significa la superación de la sabiduría sacerdotal por la astucia. Esto nos lo representan un poeta griego y un escultor griego. El poeta Homero nos lo presenta en Odiseo, quien, mediante el engaño, al construir un caballo de madera, vence a los troyanos. El escultor hace que el viejo sacerdote troyano Laocoon sea aplastado por la serpiente, símbolo de la sabiduría y la inteligencia. Los verdaderos poetas siempre han bebido de lo oculto. Los demás no son poetas, porque nada en su poesía se corresponde con la realidad. Solo en los pueblos espirituales puede florecer la poesía. La verdad se transmite a los seres humanos de diversas maneras. Los poetas no eran meros entretenedores de la humanidad; eran videntes que querían traspasar nuestra realidad física para iluminar los mundos superiores. Por eso Homero es el «vidente ciego», porque creó sus obras desde lo oculto, no desde el mundo de los sentidos. Así pues, verán que la verdadera gran poesía solo puede entenderse si la consideramos sobre la base de los hechos ocultos. La vida y la creación humana solo nos resultan claras si las consideramos desde el punto de vista oculto. ¡Piensen en lo que esto significa! Se puede criticar el ocultismo y considerarlo como algo que convierte a las personas en fantasiosas. Pero, como ven, en realidad el ocultismo nos lleva cada vez más y más profundamente al mundo. Hace que la conexión externa del mundo sea aún más comprensible. Como ya dijo Goethe, no hay exterior ni interior. «La naturaleza no tiene núcleo ni corteza, todo es ella a la vez». Los misterios se revelan cuando se abre el sentido de las personas.

Esto me lleva a algo que a primera vista parece difícil de creer, pero que es realmente cierto, a saber, la utilidad de que, además de las escuelas ocultistas, exista un movimiento teosófico exotérico externo. Solo aquel que desee tener una vida ocultista debe iniciarse. «¿Qué sentido tiene tener una sociedad teosófica?», se podría preguntar. Quien aborde este tema solo con conocimientos intelectuales difícilmente encontrará una respuesta satisfactoria. Pero quien se adentre en este mundo espiritual tendrá más éxito. Puede que lleve mucho tiempo, pero lo que se obtiene es una visión real del mundo. No en vano las personas se sientan juntas. Dependiendo del karma, a unos les lleva más tiempo y a otros menos. Lo que se escucha allí es estimulante, te introduce en el mundo espiritual, es el comienzo de la iniciación. Hay que tener esto en cuenta si se quiere comprender el verdadero propósito y la verdadera razón del movimiento teosófico. La verdadera razón del movimiento teosófico no es únicamente hablar de los mundos superiores en los círculos más amplios, sino también, por medio de nuestras palabras, en las cuales fluye la fuerza del mundo superior, despertar el don, la capacidad de vivir en los mundos superiores. Esto es absolutamente necesario. De hecho, aquel que comprendiera todo, que penetrara con su puro material conceptual todo lo que se puede contar sobre los mundos superiores y que abordara el tema con imparcialidad, solo tendría que romper una fina membrana y el don de la clarividencia se manifestaría sin más. Puede que haya individuos que tengan un procedimiento abreviado. Siempre debe haber quienes se desarrollen un poco más que los demás. Pero toda la humanidad puede avanzar en nuestra época. Lo que se enseña hoy en día puede, sin duda, producir por sí mismo fuerzas de visión en algún momento. Y esto de la siguiente manera:

Hoy en día, las personas piensan que son muy inteligentes en sus pensamientos críticos. ¿A quién se lo deben? Supongamos que están sentados en una reunión. Delante de ustedes hay un orador que, según dicen, proclama la verdad. Si una persona así hubiera hablado ante las mismas personas en su encarnación anterior, no lo habrían entendido. ¡Ni por asomo! Supongamos que todos los que están sentados en una reunión así hubieran estado en la Tierra hace mil quinientos años o más. En aquella época, sus sacerdotes les contaban cuentos de hadas. No se les enseñaba como se nos enseña hoy, de forma racional, sino que se les contaban cuentos de hadas. Y estas almas se reencarnan: la fuerza con la que comprendieron los cuentos de hadas se manifiesta ahora en su capacidad de comprender el lenguaje racional. Y a través de la comprensión ahora desarrollada, se desarrollará una comprensión superior. Ya no se tratará de una comprensión con la mente, sino de una clarividencia.

Como pueden ver, el movimiento teosófico abre una gran perspectiva. Actúa de la misma manera que hace siglos los sacerdotes influían en el mundo suprasensible con sus cuentos. Así como ellos sembraron algo en el alma que hoy está saliendo a la luz, la educación intelectual actual generará en la próxima encarnación la capacidad de penetrar el mundo con poderes clarividentes. Esa es la misión mundial de la Sociedad Teosófica. Eso es lo que quiere y lo que debe ser. Si lo ven así, se darán cuenta de que eso no se puede tener en las asociaciones ocultistas. Hay muchos movimientos que tienen fines éticos o de otro tipo. Pero los movimientos en los que se habla desde los mundos suprasensibles para despertar lo espiritual, el espíritu, no existen hoy en día fuera del movimiento teosófico como movimiento popular. Esa es la razón por la que el movimiento teosófico ha dado lugar a una corriente de este tipo. El movimiento teosófico no es algo que nos enseñe teorías grises, sino que nos introduce directamente en la vida, lo que nos guía a mirar el mundo a nuestro alrededor con los ojos abiertos.

En todo el mundo existe realmente una especie de ceguera entre aquellos que deberían impulsar el mundo exterior. El jueves pasado intenté dejar esto claro en el ámbito social. En todos los ámbitos en los que debería prevalecer el conocimiento de las fuerzas, vemos cómo la ceguera es en realidad la huella de aquellos que deberían ser inspiradores. La teosofía quiere sacar a la luz las fuerzas que la sustentan.

El ser humano es a menudo enemigo de los seres elementales que nos rodean constantemente. Pero se convierte en su amigo cuando los reconoce, se familiariza con ellos y actúa en su sentido. Nos convertimos en amigos de los seres que siempre nos rodean en el mundo espiritual cuando nos adentramos en los aspectos ocultos de la existencia natural; entonces ellos actúan con nosotros, no contra nosotros. Todo lo que ocurre en el mundo y que frena el progreso y provoca una destrucción sangrienta en el mundo tiene su origen en nada más que en los seres elementales despertados en el mundo. Son enemigos del hombre mientras este quiera actuar sin conocerlos. Se convierten en amigos cuando él quiere conocerlos, cuando quiere enfrentarse a ellos con familiaridad. Externamente, físicamente hablando, esto significa que el hombre está en el mundo, actúa y actúa, y a su alrededor suceden las cosas que se derivan de sus acciones. Él no ve nada. No ve nada. Entonces, de repente, irrumpen movimientos revolucionarios porque no ha visto nada, porque no ha visto las cosas ocultas que estaban ahí desde hacía mucho tiempo antes de que se desatara la tormenta hostil exterior. Si el ser humano las viera, no las ignoraría ni dejaría que degeneraran en corrientes revolucionarias. Entonces actuaría en su sentido. De ello se desprende que no es el curso de las leyes, el reconocimiento de los seres espirituales elementales, lo que significa destrucción, tumultos y revoluciones en el mundo, y que cuanto más conozcamos las fuerzas que nos rodean, más se producirá lo que llamamos un desarrollo tranquilo de los seres humanos. Así, también a gran escala, el conocimiento de la naturaleza elemental, el conocimiento del mundo espiritual que nos rodea, tiene un gran valor práctico. De este modo, podemos penetrar más profundamente en nuestro entorno y comprenderlo.

La próxima vez hablaremos de un problema que puede afectar mucho al ser humano. Ya hemos oído hablar mucho de las fuerzas que actúan alrededor del ser humano. Así que preguntémonos: ¿es el ser humano un ser del que se puede hablar de libertad o no? ¿Está bajo el yugo de los seres elementales o no? Estas son las preguntas que nos ocuparán la próxima vez.

Traducido por J.Luelmo ene, 2026

lunes, 17 de julio de 2023

GA229 Dornach 5 de octubre de 1923 El curso anual en cuatro imaginaciones cósmicas -La imaginación de Michael

   Índice

El curso anual en cuatro imaginaciones cósmicas

La imaginación de Michael

RUDOLF STEINER

Dornach 5 de octubre de 1923

En primer lugar, quisiera recordarles hoy que los acontecimientos que tienen lugar detrás del velo de las apariencias, fuera del mundo físico, perceptible por los sentidos, pueden describirse en términos pictóricos. Hay que hablar así de estos acontecimientos, pero las imágenes se corresponden en todo con la realidad.

Con respecto a los acontecimientos perceptibles por los sentidos, vivimos en una época de duras pruebas para la humanidad, y estas pruebas serán aún más duras. Muchas antiguas formas de civilización, a las que la gente todavía se aferra erróneamente, se hundirán en el abismo, y se exigirá insistentemente que el hombre encuentre su camino hacia algo nuevo. Al hablar del curso que tomará la vida exterior de la humanidad en un futuro próximo, no podemos, -como he dicho a menudo-, suscitar ningún tipo de esperanzas optimistas. Pero no puede formarse un juicio válido sobre el significado de los acontecimientos externos, a menos que consideremos también los acontecimientos cósmicos determinantes, directores, que ocurren detrás del velo de los sentidos.

Cuando un hombre mira atentamente con sus ojos físicos y sus otros sentidos a su alrededor, percibe el entorno físico de la tierra, y los diversos reinos de la naturaleza dentro de ella. Este es el medio en el que sucede todo lo que se manifiesta como viento y clima en el transcurso del año. Cuando dirigimos nuestros sentidos hacia el mundo exterior, tenemos todo esto ante nosotros: estos son los hechos externos. Pero detrás de la atmósfera, la atmósfera iluminada por el sol, existe otro mundo, perceptible por los órganos espirituales, como podemos llamarlos. Comparado con el mundo de los sentidos, este otro mundo es un mundo superior, un mundo en el que una especie de luz, una especie de luz espiritual o luz astral, la existencia espiritual y los hechos espirituales brillan y siguen su curso. Y para todo el desarrollo del mundo y del hombre, en verdad, no son menos significativos que los acontecimientos históricos en el entorno externo de la tierra y en su superficie.

Si alguien es capaz hoy de penetrar en estos reinos astrales, vagando por ellos como se vaga por bosques y montañas y encontrando señales en los cruces de caminos, puede encontrar allí "señales" en la luz astral, inscritas en escritura espiritual. Pero estas señales tienen una característica muy especial: no son comprensibles sin más explicación, ni siquiera para alguien que sepa "leer" en la luz astral. En el mundo espiritual y en sus comunicaciones, las cosas no están hechas de la manera más cómoda posible: todo lo que uno encuentra allí se presenta como un enigma que hay que resolver. Sólo a través de la investigación interior, experimentando interiormente el enigma y mucho más, puede uno descubrir lo que significa la inscripción en un poste indicador espiritual.

Y así, en este momento, -de hecho, desde hace algunas décadas, pero particularmente en esta época de duras pruebas para la humanidad-, se puede leer en la luz astral, mientras se recorren espiritualmente estos reinos, un dicho notable. Parece una comparación prosaica, pero en este caso, debido a su significado interno, lo prosaico no se queda en prosaico. Del mismo modo que encontramos señales que nos ayudan a orientarnos, -y encontramos señales incluso en paisajes poéticos-, encontramos una importante señal espiritual en la luz astral. Una y otra vez, exactamente repetido, encontramos allí hoy el siguiente dicho, inscrito en escritura espiritual altamente significativa:

Oh Hombre,
lo moldeas a tu servicio, 
lo revelas según el valor de su sustancia
En muchas de tus obras.
Pero sólo te sanará
Únicamente cuando te revele
El elevado poder de su espíritu.

Como he dicho, tales cosas, que están inscritas en la luz astral, señalando al ser humano cosas importantes, son al principio como una especie de enigma que debe ser resuelto, para que el ser humano pueda poner en actividad sus fuerzas anímicas. 
En estos días contribuiremos a la solución de este dicho realmente simple, pero significativo para la humanidad actual. 

Recordemos una vez más cómo hemos presentado aquí el curso del año ante nuestra alma en diversas reflexiones. En primer lugar, el hombre debe contemplar el transcurso del año desde un punto de vista puramente externo, de tal manera que, cuando llega la primavera, ve que la naturaleza brota, que el crecimiento de las plantas, más tarde también las flores de las plantas, pero también toda otra vida surge de la tierra en brote, germinando vida. Todo esto aumenta hacia el verano; en verano todo alcanza su clímax. Se oscurece, se marchita cuando llega el otoño. Muere en el seno de la tierra cuando llega el invierno.
Este ciclo anual, que en épocas anteriores el hombre celebraba mediante estaciones festivas porque prevalecía una especie de conciencia más instintiva, tiene otra cara. También esto ya se ha mencionado aquí. Podría decirse que durante el invierno la tierra se une a sus espíritus elementales. Los espíritus elementales se introducen en el vientre de la tierra, moran allí con las raíces de las plantas que se preparan y con las demás entidades naturales que están en el vientre de la tierra durante el invierno. 


Luego, cuando llega la primavera, la tierra, por así decirlo, exhala su esencia elemental; los espíritus elementales se elevan como de una tumba, suben a la atmósfera. Mientras que en invierno han asimilado la ley interna de la Tierra, a medida que se acerca la primavera, y sobre todo a medida que se acerca el verano, van adquiriendo cada vez más, en su esencia y en su funcionamiento, aquella ley que les imponen las estrellas del cosmos y sus movimientos. Y cuando llega el pleno verano, entre los seres elementales que durante el invierno estaban quietos y tranquilos bajo el manto de nieve, se tejen y viven fuera en el círculo de la tierra, surgen y se arremolinan entre estos seres elementales en aquellos movimientos, en aquellas relaciones mutuas, que están determinadas por las leyes de los movimientos planetarios, por las leyes de la formación de las estrellas fijas, etcétera. Y cuando llega el otoño, estos seres elementales vuelven de nuevo a la tierra. Entonces se acercan de nuevo a la tierra, reciben cada vez más las leyes de la tierra, para volver de nuevo, para ser respirados por la tierra, por así decirlo, durante el tiempo de invierno, cuando volverán a estar quietos y tranquilos en el seno de la tierra.  

Quien es capaz de experimentar este curso del año siente toda su vida humana tremendamente enriquecida por tal experiencia conjunta. El ser humano del presente y también el ser humano de un pasado más remoto en realidad sólo experimenta, aunque más apagadamente, inconscientemente, los procesos físico-etéricos de su propio cuerpo, de aquello que está dentro de la piel. Experimenta su respiración, experimenta su circulación sanguínea. Pero lo que ocurre fuera, en el viento y el clima del año, lo que vive en la efusión de las fuerzas de la semilla, en la fructificación de las fuerzas de la tierra, en el brillo de las fuerzas del sol, todo esto es para la vida total del ser humano, aunque el ser humano no sea consciente de ello hoy, no menos significativo, no menos incisivo que lo que tiene lugar en forma de respiración y circulación sanguínea dentro de su piel.

Según incida el sol en cualquier parte de la tierra, según lo que provoque con su calor, con su radiación, el ser humano vive con ello. Y si el ser humano absorbe la Antroposofía en el sentido correcto, no lee la Antroposofía como una novela sensacionalista, sino que la lee de tal manera que lo que se le comunica en la Antroposofía se convierta en el contenido de su mente, entonces educa gradualmente su corazón y su alma para experimentar lo que sucede ahí fuera en el curso del año. Y de la misma manera que uno experimenta el transcurso del día al estar fresco por la mañana, al estar listo para el trabajo por la mañana, al aparecer el hambre, al aparecer la fatiga por la tarde, al sentir los procesos internos, el entramado interior y la vida de las fuerzas y la materia dentro de la piel, así uno puede, tomando en serio las ideas antroposóficas que son muy diferentes de la descripción de los acontecimientos sensoriales, preparar esta mente para que realmente se vuelva receptiva, sensible a lo que teje y vive en el transcurso del año. Y entonces uno puede profundizar y enriquecer cada vez más esta experiencia del curso del año, entonces uno puede realmente hacer que uno no viva tan agriamente, me gustaría decir, como un ser humano dentro de su propia piel y deje pasar las cosas externas, sino que entonces uno puede experimentarlo de tal manera, que con cada flor uno florezca en su mente, que uno experimente el florecimiento de la flor, que uno experimente la apertura de los capullos, que uno experimente en la gota de rocío de la que brillan los rayos del sol, en la luz resplandeciente, este maravilloso secreto del día que puede encontrarnos en la gota de rocío resplandeciente por la mañana. De este modo, pues, se puede ir más allá de la coexperiencia filisteo-prosaica del mundo exterior, que se expresa poniéndose el abrigo en invierno, poniéndose ropa más ligera en verano, cogiendo un paraguas cuando llueve. 
Cuando se llega más allá de lo prosaico a esta coexperiencia del tejer y el ajetreo de las cosas naturales y los hechos naturales, sólo entonces se comprende realmente el curso del año.  

Pero entonces, cuando la primavera atraviesa el mundo, cuando se acerca el verano, uno también está presente con su corazón, con su alma, mientras se despliega la vida que brota, que germina, mientras los espíritus elementales zumban y vuelan hacia el exterior en las líneas que les impone el curso de los planetas. Entonces uno se vive a sí mismo durante el periodo de pleno verano en una vida cósmica que, sin embargo, amortigua la vida interior inmediata del ser humano, pero al mismo tiempo conduce al ser humano hacia fuera en su propia experiencia, se podría decir en un dormir cósmico de vigilia, que le conduce hacia fuera en el periodo de pleno verano a una co-experiencia de los procesos planetarios. 

Ahora bien, se da el caso de que el hombre actual sólo cree vivir en la naturaleza cuando experimenta el surgir, el brotar, el crecer y el germinar, el fructificar. Es justo así que el hombre en el presente, aunque no pueda entrar en él, aunque no pueda experimentar el germinar, el fructificar, sin embargo, tiene más corazón y sentido para este germinar, fructificar, que para el morir, paralizar, matarse, que se avecina en otoño.
Pero en realidad sólo merecemos experimentar el fructificar, el crecer, el brotar, el germinar, si también podemos experimentar, cuando se acaba el verano y se acerca el otoño, el paralizar, el matar, el hundir, el marchitar la vida que llega con el otoño. Y si ascendemos en vigilia cósmica en pleno verano con los seres elementales a la región donde la actividad planetaria se despliega externamente y luego también en nuestra alma interior, entonces debemos realmente también descender bajo la escarcha del invierno, bajo la capa de nieve del invierno a los misterios en el reino terrenal durante el apogeo del invierno, y debemos participar en la muerte, en el marchitamiento de la naturaleza cuando comienza el otoño.  

Pero entonces, si el hombre sólo experimentara este marchitarse, al igual que experimenta el crecer, el brotar, sólo podría, por así decirlo, morir con ello en su interior. Pues precisamente cuando uno se hace sensible a lo que misteriosamente se teje en la naturaleza, y experimenta así vivamente el brotar, el fructificar, el germinar, experimenta también vivamente lo que tiene lugar en el mundo exterior cuando llega el otoño.  Pero sería lúgubre para el hombre si sólo pudiera experimentar esto en forma de naturaleza, si sólo pudiera alcanzar una conciencia natural de los secretos del otoño y del invierno, del mismo modo que alcanza naturalmente una conciencia natural de los secretos de la primavera y del verano. Pero cuando se acercan los acontecimientos del otoño y del invierno, cuando llega el solsticio de verano, entonces el hombre debe experimentar sensiblemente el marchitarse, el morir, el paralizarse, el matar, pero no debe entregarse a la conciencia de la naturaleza como lo hace cuando se acerca el pleno verano. Al contrario, debe entregarse a la conciencia de sí mismo. En los momentos en que la naturaleza exterior muere, debe oponer el poder de la autoconciencia a la conciencia de la naturaleza. 
Y entonces la figura de Michael vuelve a estar allí. Y cuando el hombre, estimulado por la Antroposofía, llegue a tal goce de la naturaleza, a tal conciencia de la naturaleza, y con ello también a tal autoconciencia del otoño, entonces de nuevo la imagen de Michael con el dragón se alzará allí en toda su majestuosa forma; entonces se alzará lo que el hombre siente, cuando se acerca el otoño, por la derrota de la conciencia de la naturaleza por la autoconciencia. Y esto sucederá cuando el hombre no sólo pueda experimentar una primavera y un verano interiores, sino cuando también pueda experimentar el otoño y el invierno interiores moribundos. Y en la experiencia del otoño y el invierno moribundos, la imagen de Michael con el dragón podrá presentarse de nuevo como una poderosa imaginación, como una llamada al hombre a la acción interior.  

Pero entonces, para el ser humano que, a partir del conocimiento espiritual actual, se abre camino hasta esta imagen, al sentirla, expresará algo muy poderoso. Entonces, cuando el pleno verano comience a acercarse cada vez más, cuando, después del tiempo de San Juan, se acerquen julio, agosto y septiembre, el hombre tomará conciencia de cómo se ha vivido a sí mismo en el dormir despierto de la experiencia planetaria interior con los seres elementales de la tierra, y tomará conciencia de lo que esto significa realmente en él, cuando lo experimenta. 
Significa un proceso interior de combustión, que no debemos imaginar como un proceso exterior de combustión, pues todos esos procesos, aquellos que tienen una forma determinada en el exterior, también viven en el organismo humano, solo que allí se vuelven diferentes. 

Y así es como, de hecho, a medida que el hombre atraviesa el año, siempre hay otros procesos trabajando en su organismo. Lo que tiene lugar en pleno verano es un entrelazamiento interior con lo que, quisiera decir, se indica exteriormente, groseramente material, en el azufre. Se trata de un sulfurarse interior que el hombre experimenta en su ser físico-etérico cuando experimenta el sol del verano y sus efectos. Lo que el hombre lleva en sí mismo de azufre material, el azufre que le es útil, tiene un significado muy diferente para él durante el período de pleno verano que durante el período frío de invierno o durante el período de primavera en ciernes. El azufre en el ser humano está como en un proceso de cocción durante el pleno verano. Y esto se debe al desarrollo de la naturaleza humana en el curso del año, que, por así decirlo, este proceso sulfúrico dentro del ser humano llega a una especie de estado particularmente agudizado en pleno verano. En los diversos seres, la materia tiene realmente otros secretos que los que la ciencia materialista puede soñar. 
En el hombre, por ejemplo, todo lo físico y etérico está impregnado de fuego sulfuroso interior, según la expresión de Jakob Böhme, en pleno verano. Esto también puede permanecer en el subconsciente, porque se trata de un proceso suave e íntimo. Pero aunque este proceso sea suave e íntimo y por lo tanto imperceptible para la conciencia ordinaria, este proceso, como ocurre con tales procesos en todas partes, es precisamente de una tremenda importancia incisiva para los acontecimientos del cosmos.  

Este proceso de sulfuración que tiene lugar en el cuerpo humano en pleno verano, aunque sea leve y suave e imperceptible para el e imperceptible para el propio hombre, significa algo tremendo para la evolución del la evolución del cosmos. Ocurren muchas cosas en el cosmos cuando las personas brillan interiormente como el azufre en verano. No sólo los escarabajos de San Juan no son las únicas cosas que se vuelven luminosas para el luminosas para el ojo físico. Mirando desde los otros planetas, el ser humano el interior del hombre se vuelve luminoso para el ojo etérico de los otros seres planetarios en San Juan, un ser luminoso. Este es el proceso de sulfurización. En pleno verano el hombre comienza a brillar en el espacio cósmico para los demás seres planetarios tan brillantemente como los pequeños escarabajos brillan con su luz en el prado el día de San Juan.
Pero lo que en realidad es de majestuosa belleza en relación con la observación cósmica, pues es gloriosa luz astral en la que los hombres brillan en el cosmos en pleno verano, lo que es de majestuosa belleza, da al mismo tiempo la ocasión para que el poder ahrimánico se acerque al hombre. Pues el poder ahrimánico está tremendamente relacionado con estas sustancias que se sulfuran en el hombre. Y uno ve por un lado cómo, por así decirlo, los hombres brillan en el cosmos en la luz de San Juan, pero cómo las formaciones serpentiformes de Ahrimán, semejantes a dragones, se abren camino a través de estos hombres que brillan en el cosmos en la luz astral y se esfuerzan por atraparlos, enredarse en torno a ellos, para arrastrarlos a lo onírico, a lo somnoliento, al subconsciente. Para que a través de este juego de ilusión que Ahrimán realiza con los luminosos, con las personas cósmicamente luminosas, los hombres se conviertan en soñadores del mundo, y mediante esta ensoñación del mundo puedan convertirse en presa de los poderes ahrimánicos. Todo esto también tiene un significado en el cosmos.

Y cuando, justo en el apogeo del verano, las piedras meteóricas caen de una determinada constelación en los poderosos enjambres de meteoros, cuando el hierro cósmico cae sobre la tierra, entonces en este hierro cósmico meteórico, en el que reside un poder curativo tan tremendamente fuerte, está contenida el arma de los dioses contra Ahrimán, que quiere enredar al pueblo luminoso como un dragón. Y el poder que desciende sobre la tierra en las piedras meteóricas, en el hierro meteórico, ése es el poder cósmico con el que los dioses superiores se esfuerzan por derrotar a los poderes ahrimánicos cuando se acerca el otoño. Y lo que tiene lugar espacialmente en majestuosa grandeza allá afuera en el universo, cuando los enjambres de meteoros de agosto irradian en las radiaciones humanas en la luz astral, lo que tiene lugar grandiosamente allá afuera, tiene su contrapartida suave, aparentemente pequeña, sólo espacialmente pequeña, en lo que tiene lugar en la sangre humana. Esta sangre humana no está verdaderamente atravesada de un modo tan material como imagina la ciencia actual, sino que está atravesada por todas partes por estímulos anímico-espirituales, está atravesada por lo que irradia como hierro en la sangre, lo que combate el miedo, la ansiedad, el odio y se integra como hierro en la sangre. Los procesos que tienen lugar en cada corpúsculo de la sangre cuando el compuesto de hierro se dispara en ella son humanamente, en muy pequeña medida, minuciosamente iguales a los que tienen lugar cuando la piedra meteórica se precipita por el aire, brillante, radiante. Los procesos que se ponen en marcha en cada corpúsculo sanguíneo cuando la fuerza del hierro se dispara en él son los mismos, a una escala humana diminuta, que los que tienen lugar cuando los meteoritos caen en una corriente brillante a través del aire. Esta impregnación de la sangre humana por la fuerza disipadora de ansiedad del hierro es una actividad meteórica. El efecto de la irradiación del hierro es expulsar el miedo y la ansiedad de la sangre.

Y del mismo modo que los dioses con sus meteoritos luchan contra el espíritu que quiere irradiar miedo sobre toda la tierra a través de su forma serpentiforme dejando que el hierro irradie en esta atmósfera de miedo, que es más intensa cuando se acerca el otoño o cuando termina el pleno verano, lo mismo que hacen los dioses sucede en el interior del ser humano infundiendo la sangre con hierro. Todas estas cosas sólo pueden entenderse cuando, por una parte, se comprende su significado espiritual interno, y cuando, por otra, se reconoce la conexión de aquello que es la formación del azufre en el hombre, que es la formación del hierro en el hombre, con aquello que está presente en el cosmos.  

Un hombre que mira al espacio y ve una estrella fugaz debería decirse a sí mismo, con reverencia a los dioses: "Ese acontecimiento en la gran extensión del espacio tiene su diminuta contrapartida continua en mí mismo. Ahí están las estrellas fugaces, mientras que en cada uno de mis corpúsculos sanguíneos el hierro está tomando forma: mi vida está llena de estrellas fugaces, estrellas fugaces en miniatura." Y esta caída interior de estrellas fugaces, que apunta a la vida de la sangre, es especialmente importante cuando se acerca el otoño, cuando el proceso del azufre está en su apogeo. Porque cuando los hombres brillan como luciérnagas en la forma que he descrito, entonces la fuerza contraria también está presente, porque millones de pequeños meteoritos centellean interiormente en su sangre.

Esta es la conexión entre el hombre interior y el universo. Y entonces podemos ver cómo, especialmente cuando se acerca el otoño, hay una gran irradiación de azufre desde el sistema nervioso hacia el cerebro. Todo el hombre puede verse entonces como un fantasma iluminado por el azufre, por así decirlo.

Pero los enjambres de meteoritos de la sangre irradian en esta atmósfera de azufre amarillo azulado. Ese es el otro fantasma. Mientras que el fantasma de azufre se eleva en nubes desde la parte inferior del hombre hacia su cabeza, el proceso de formación del hierro sale de su cabeza y se derrama como una corriente de meteoritos en la vida de la sangre.

Así es el hombre, cuando se acerca Michaelmas. Y debe aprender a utilizar conscientemente la fuerza meteórica de su sangre. Debe aprender a celebrar la Fiesta de San Miguel convirtiéndola en una fiesta para la conquista de la ansiedad y el miedo; una fiesta de la fuerza interior y la iniciativa; una fiesta para la conmemoración de la autoconciencia altruista.

Así como en Navidad celebramos el nacimiento del Redentor, y en Pascua la muerte y resurrección del Redentor, y así como en la Fiesta de San Juan celebramos la efusión de las almas humanas en el espacio cósmico, así también en la Fiesta de San Miguel, -si se quiere entender correctamente la Fiesta de San Miguel-, debemos celebrar lo que vive espiritualmente en el proceso de sulfuración y meteorización en el hombre, y debería presentarse ante la conciencia humana en todo su significado anímico-espiritual especialmente en San Miguel. Entonces el hombre puede decirse a sí mismo: "Te convertirás en señor de este proceso, que de otro modo sigue su curso natural fuera de tu conciencia, si, -del mismo modo que te inclinas agradecido ante el nacimiento del Redentor en Navidad y vives la Pascua con profunda respuesta interior-, aprendes a experimentar cómo en esta fiesta otoñal de Miguel debe crecer en ti todo lo que va contra el amor a la facilidad, contra la ansiedad, y propicia el despliegue de la iniciativa interior y de la voluntad libre, fuerte y valiente." La Festividad de la voluntad fuerte, - así es como debemos concebir la Fiesta de Micael. Si así se hace, si el conocimiento de la naturaleza es verdadera autoconciencia humana espiritual, entonces la Fiesta de Micael brillará con sus verdaderos colores.

Pero antes de que la humanidad pueda pensar en celebrar la Fiesta de Michael, tendrá que producirse una renovación en las almas humanas. Lo que debe celebrarse en la Fiesta de Michael, - no como una ceremonia exterior o convencional, sino como una fiesta que renueve todo el hombre interior-, es la renovación de toda la disposición anímica de los hombres.

Entonces, de todo lo que he descrito, surgirá de nuevo la majestuosa imagen de Michael y el Dragón. Pero esta imagen de Michael y el Dragón se pinta a sí misma fuera del cosmos. El Dragón se pinta a sí mismo para nosotros, formando su cuerpo a partir de corrientes de azufre amarillo azulado. Vemos al Dragón formando nubes resplandecientes de vapores de azufre; y sobre el Dragón se eleva la figura de Michael con su espada.

Pero sólo nos lo imaginaremos correctamente cuando veamos el espacio donde Michael despliega su poder y su señorío sobre el dragón como lleno, no de nubes indiferentes, sino de lluvias de hierro meteórico. Estas lluvias toman forma del poder que brota del corazón de Michael; se sueldan en la espada de Michael, que vence al dragón con su espada de hierro meteórico.

Si comprendemos lo que ocurre en el universo y en el hombre, entonces el propio cosmos pintará de sus propias fuerzas. Entonces no se pone tal o cual color según las ideas humanas, sino que se pinta, en armonía con las fuerzas divinas, el mundo que expresa su ser, todo el ser de Michael y del Dragón, tal como puede cernirse ante uno. Se produce una renovación de los cuadros antiguos si uno puede pintar a partir de la contemplación directa del cosmos. Entonces los cuadros mostrarán lo que realmente existe, y no lo que los individuos fantasiosos puedan representar de alguna manera en los cuadros de Michael y el Dragón.

Entonces los hombres llegarán a comprender estas cosas, y a reflexionar sobre ellas con entendimiento, y llevarán la mente, el sentimiento y la voluntad al encuentro del otoño en el curso del año. Entonces, al principio del otoño, en la Festividad de Michael, la imagen de Michael con el Dragón permanecerá allí para actuar como una poderosa llamada, un poderoso impulso a la acción, que debe actuar sobre los hombres en medio de los acontecimientos de nuestros tiempos. Y entonces comprenderemos cómo este impulso apunta simbólicamente a algo en lo que se juega todo el destino, -quizás incluso la tragedia-, de nuestra época.

Oh Hombre,
lo moldeas a tu servicio,
lo revelas según el valor de su sustancia
en muchas de tus obras.
Pero te curará
Sólo cuando te revele
El poder sublime de su espíritu.

Es decir, el elevado poder de Michael, con la espada que ha soldado en el espacio cósmico a partir de hierro meteórico. La curación llegará cuando nuestra civilización material demuestre ser capaz de espiritualizar el poder del hierro en el poder del hierro Micaelico, que da al hombre la autoconciencia en lugar de la mera conciencia de la naturaleza.

Habéis visto que precisamente la exigencia más importante de nuestro tiempo, la exigencia Michael, está implícita en este aforismo, esta escritura que se revela en la luz astral.

Traducido por J.Luelmo jul.2023