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martes, 18 de julio de 2023

GA229 Dornach 6 de octubre de 1923 -El curso anual en cuatro imaginaciones cósmicas-La imaginación de Navidad

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El curso anual en cuatro imaginaciones cósmicas

La imaginación de Navidad

RUDOLF STEINER

Dornach 6 de octubre de 1923

Ayer estaba ante nosotros la imagen de Miguel luchando con el Dragón, como se nos mostró a través de una comprensión interna del curso del año. Y el arte realmente no puede ser otra cosa que un reflejo de lo que siente el ser humano en relación con el universo. Por supuesto, esto es posible en varios niveles y desde varios puntos de vista; pero en general sólo podemos hablar de una obra de arte cuando expresa el sentimiento humano de tal manera que a través de ella el alma se abre a los secretos del universo.

Hoy, con el mismo espíritu que nos condujo al cuadro culminante de Miguel y el Dragón, proseguiremos nuestro estudio de las estaciones del año.

Sabemos, por la conferencia de ayer, que cuando el otoño se acerca, se produce una especie de inspiración de la Tierra, una inspiración espiritual, y los seres elementales son atraídos de nuevo al seno de la Tierra. Los que salieron en pleno verano y volvieron en San Miguel son atraídos cada vez más hacia el interior, hasta que en lo más profundo del invierno se unen íntimamente a la Tierra.

Ahora debemos darnos cuenta de que en invierno la Tierra está por encima de todo contenida en sí misma, encerrada en sí misma. Ha replegado todo lo espiritual que había dejado salir de sí misma durante el verano. Por lo tanto, en las profundidades del invierno la Tierra es más terrenal, más verdaderamente ella misma, que en cualquier otro momento. Y aunque para nuestros estudios posteriores debemos tener firmemente en cuenta este carácter invernal de la Tierra, no debemos olvidar, por supuesto, que cuando el invierno prevalece sobre la mitad de la Tierra, la otra mitad experimenta el verano. Este es un hecho que debemos tener presente. Pero ahora nos ocupamos de la llegada del invierno a una parte de la Tierra. Es entonces cuando la Tierra despliega su propia naturaleza en el sentido más profundo; la naturaleza que la hace verdaderamente Tierra.

Observemos ahora nuestra Tierra. Tiene un núcleo sólido, oculto bajo su superficie exterior visible, que a su vez está cubierta en gran parte por agua, la hidrosfera. Los continentes sólo flotan, por así decirlo, en esta gran extensión acuosa. Y podemos imaginar que la hidrosfera se extiende hasta la atmósfera, ya que ésta siempre está impregnada de un elemento acuoso. Ciertamente, es mucho más delgado que el agua del mar y del río, pero no hay un límite definido en la atmósfera donde el elemento acuoso llega a su fin. Por lo tanto, si queremos mostrar esquemáticamente cómo es la Tierra a este respecto, tendremos, en primer lugar, un núcleo sólido en el centro. Alrededor de él tenemos las regiones acuosas (azul). Evidentemente, hay que indicar los salientes de los continentes: habrá que exagerarlos, pues en realidad no deberían ser más prominentes que las irregularidades de la piel de una naranja. A continuación, la hidrosfera, esa parte acuosa de la atmósfera que rodea la Tierra. Observemos esta imagen (azul) y preguntémonos qué representa realmente. No se trata de algo creado por sí mismo: es agua modelada por todo el cosmos. La razón por la que este cuerpo de aire y agua es esférico es que el cosmos se extiende a su alrededor como una esfera por todos lados. Esto significa que en la Tierra intervienen fuerzas muy poderosas.

Si observáramos la Tierra desde otro planeta, nos parecería una gran gota de agua en el cosmos. Habría todo tipo de prominencias en ella -los continentes, que tendrían colores bastante diferentes-, pero en conjunto nos parecería una gran gota de agua en medio del universo.

Consideremos esto desde un punto de vista cósmico. ¿Qué es esta gran gota de agua? Es algo que toma su forma de todo su entorno cósmico.

Si se aborda la cuestión desde un punto de vista científico-espiritual, haciendo intervenir la Imaginación y la Inspiración, se llega a saber lo que es realmente esta gota de agua. No es otra cosa que una gigantesca gota de azogue; pero el azogue está presente en una condición extraordinariamente enrarecida.

La posibilidad de estas altas reducciones ha sido demostrada por el trabajo de Frau Dr. Kolisko. En nuestro Instituto de Biología de Stuttgart se ha intentado establecer una base exacta. Ha sido posible hacer diluciones de sustancias de hasta una parte en un billón y, de hecho, establecer con precisión los efectos que pueden tener diluciones tan altas de determinadas sustancias. Hasta ahora, en homeopatía, esto era sólo una cuestión de creencia; ahora se ha elevado al nivel de ciencia exacta. Los gráficos que se han trazado no dejan lugar a dudas hoy en día de que los efectos de las partículas más pequeñas siguen un curso rítmico. No voy a entrar en detalles; el trabajo ha sido publicado y estos hallazgos pueden ahora ser verificados. Aquí sólo quiero señalar que incluso en el reino terrenal hay que contar con los efectos de enormes diluciones.

Aquí se trata de algo de lo que podemos decir, cuando lo utilizamos a pequeña escala, que es agua. Podemos sacar agua de un río o de un pozo y utilizarla como agua. Sí, es agua, pero no hay agua que consista únicamente en hidrógeno y oxígeno. Sería absurdo suponer que el agua está compuesta únicamente de hidrógeno y oxígeno. En el caso de las aguas minerales y similares, es evidente que hay algo más. Pero no hay agua compuesta únicamente de hidrógeno y oxígeno: eso es sólo una primera aproximación. Toda el agua, dondequiera que aparezca, está impregnada de algo más. Esencialmente, toda la masa de agua de la Tierra es azogue para el universo. Sólo las pequeñas cantidades que utilizamos son agua para nosotros. Para el universo, esta agua no es agua, sino azogue.

De ahí que podamos decir, en primer lugar, que en la medida en que consideramos la hidrosfera en relación con el agua, estamos tratando con una gota de azogue en el cosmos. Naturalmente, en esta gota de azogue están incrustadas sustancias metálicas, en resumen, todas las sustancias terrestres. Representan la masa sólida de la Tierra y tienden a adoptar sus propias formas especiales. Así, en el conjunto de la estructura observamos la forma esférica general del azogue. Se podría decir que el azogue metálico ordinario no es más que el símbolo producido por la naturaleza para la actividad general del azogue, que conduce definitivamente a una forma esférica. Incrustados en toda la esfera están los cristales metálicos, con la múltiple variedad de sus propias formas distintivas. De ahí que tengamos ante nosotros esta formación de calor, agua, aire: su tendencia, como he dicho, es asumir una forma esférica, con formas cristalinas individuales en su interior.

Incluso si distinguimos el aire (rojo oscuro) que rodea la Tierra como su atmósfera, nunca podemos hablar simplemente de aire, porque el aire siempre tiene tendencia a contener calor en algún grado: el aire está impregnado de calor (violeta). Así pues, debemos añadir este cuarto elemento, el calor, que entra en el aire.

Ahora bien, este calor, que entra en el aire desde arriba, lleva en sí, de manera preeminente, el proceso del azufre, que le ha sido impartido desde el cosmos. Y al proceso del azufre se añade el proceso mercurial, tal como lo he descrito en relación con la hidrosfera. Así tenemos aire-calor - el proceso sulfúrico; agua-aire - el proceso mercurial.

Si ahora nos volvemos hacia el interior de la Tierra, llegamos al proceso de formación del ácido, y especialmente al proceso de la sal, porque las sales derivan de los ácidos; y esto es lo que la Tierra quiere ser realmente. Por lo tanto, cuando miramos hacia arriba en el cosmos, en realidad estamos mirando el proceso del azufre. Cuando consideramos la tendencia de la Tierra a convertirse en una gota de agua cósmica, estamos observando el proceso mercurial. Y si volvemos nuestra mirada a la tierra sólida que hay bajo nuestros pies, que en primavera da lugar a todo lo que vemos crecer, a la vida que brota, estamos ante el proceso salino.

Este proceso salino es muy importante para la vida y el crecimiento primaverales. Porque las raíces de las plantas, al formarse a partir de las semillas, dependen para todo su crecimiento de su relación con las formaciones de sal en el suelo. Son estas formaciones de sal -en el sentido más amplio del término- las que dan sustancia a las raíces y les permiten actuar como la base terrestre de la vida vegetal.

Así pues, al volver a la Tierra nos encontramos con el proceso de la sal. Esto es lo que la Tierra hace de sí misma en las profundidades del invierno, mientras que en verano hay mucha más mezcla. Porque en verano el aire se llena de procesos sulfurosos, que también se producen en los relámpagos y truenos; penetran hasta muy abajo, de modo que todo el curso de la estación se sulfura. Luego llegamos a la época de San Miguel, cuando el proceso del azufre es rechazado por el hierro meteórico, como les dije ayer. Durante el verano, también, el proceso de sal se mezcla con la atmósfera, porque las plantas en crecimiento llevan las sales a través de sus hojas y flores hasta las semillas. Naturalmente, encontramos las sales ampliamente distribuidas en la planta; se eterizan en los aceites etéricos y así sucesivamente; se acercan al proceso de sulfuración. Las sales son transportadas a través de las plantas, salen y se convierten en parte del ser de la atmósfera.

En pleno verano, por consiguiente, tenemos una mezcla del elemento mercurial, siempre presente en la Tierra, con los elementos sulfurantes y salinos. Si en esta estación estamos aquí en la Tierra, nuestra cabeza se proyecta realmente en una mezcla de azufre, mercurio y sal; mientras que la llegada del invierno profundo significa que cada uno de estos tres principios vuelve a su propia condición interior. Las sales se repliegan hacia el interior de la Tierra, y la tendencia de la hidrosfera a adoptar una forma esférica se reafirma -imaginada en invierno por el manto de nieve que cubre partes de la Tierra. El proceso del azufre se retira, de modo que no hay ninguna ocasión particular para observarlo. En su lugar, otra cosa pasa a primer plano durante la profunda estación invernal.

Las plantas se han desarrollado desde la primavera hasta el otoño, concentrándose finalmente en sus semillas. ¿En qué consiste este proceso de siembra? Cuando las plantas corren a sembrarse, están haciendo lo que nosotros hacemos constantemente de una forma humana aburrida cuando utilizamos las plantas como alimento. Las cocemos. Ahora bien, el desarrollo de una planta hasta la floración y luego hasta la producción de semillas es la cocina de la naturaleza; se aproxima al proceso del azufre. Las plantas crecen en el proceso de azufre. Se sulfuran más fuertemente, por así decirlo, cuando el verano está en su apogeo. Cuando llega el otoño, este proceso de combustión llega a su fin.

En el reino orgánico, por supuesto, todo es diferente de los procesos que observamos en su forma inorgánica gruesa; pero el resultado de todo proceso de combustión es la ceniza. Y además de la formación de sal, que proviene de otra parte y es necesaria dentro de la Tierra, debemos añadir todo lo que cae sobre la Tierra desde el florecimiento y la siembra de las plantas como resultado del proceso de cocción o combustión. Esta caída de cenizas, al igual que la que se produce en nuestras cocinas, desempeña un papel importante que normalmente se pasa por alto. En el proceso de formación de las semillas, que es fundamentalmente un proceso de combustión, la naturaleza de las semillas cae continuamente sobre la Tierra, de modo que a partir de octubre la Tierra está impregnada de esta forma de ceniza.

Por lo tanto, si observamos la Tierra en pleno invierno, tenemos en primer lugar la tendencia interna a la formación de sal; además, tenemos el proceso de formación mercurial en su forma más marcada; y mientras que en pleno verano tenemos que prestar atención al proceso de sulfuración en el cosmos fuera de la Tierra, ahora tenemos en invierno el proceso de formación de cenizas.

Así, pues, la tendencia que alcanza su culminación en Navidad se prepara con antelación desde Michaelmas en adelante. La Tierra se consolida gradualmente cada vez más, de modo que en pleno invierno se convierte realmente en un cuerpo cósmico, expresándose en formación mercurial, en formación salina, en formación de ceniza. ¿Qué significa esto para el cosmos?

Ahora, si podemos suponer que una pulga, digamos, se convirtiera en anatomista y estudiara un hueso, tendría ante sí un trozo de hueso excepcionalmente pequeño, porque la propia pulga es muy pequeña y estaría examinando el hueso desde la perspectiva de una pulga. La pulga descubriría entonces que en el hueso nos encontramos con cal fosfórica en estado amorfo, con ácido carbónico, cal y demás. Pero nuestra pulga anatomista nunca llegaría a darse cuenta de que el fragmento de hueso es sólo una pequeña parte de un esqueleto completo. Ciertamente, la pulga salta, pero al estudiar el minúsculo trozo de hueso nunca llegaría más allá. Del mismo modo, a un geólogo o mineralogista humano no le serviría de nada poder saltar como una gigantesca pulga terrestre. Al estudiar las cadenas montañosas de la Tierra, que en su totalidad representan un esqueleto, seguiría trabajando a escala en miniatura. La pulga nunca llegaría a describir el esqueleto en su totalidad, sino que arrancaría un trocito con su pequeño martillo. Supongamos que se tratara de un trocito de clavícula; nada en los componentes del trocito, carbonato de cal, fosfato de cal, etc., revelaría a la pulga que pertenecía a una clavícula, y menos aún que formaba parte de un esqueleto completo. La pulga habría cortado un trocito y lo describiría desde el punto de vista de su propia pulga, igual que un hombre describe la Tierra cuando en algún lugar, -digamos en las colinas de Dornach-, ha cortado un trozo de piedra caliza del Jura. Entonces describe este trozo y elabora sus descubrimientos en mineralogía, geología, etcétera. Sigue siendo el mismo punto de vista, aunque ciertamente algo más amplio.

Por supuesto, así no se llega a la verdad. Tenemos que reconocer que la Tierra es un todo único, más firmemente consolidado durante el invierno a través de su formación salina, su formación mercurial y su formación de cenizas. Preguntémonos entonces qué significa toda la naturaleza de la Tierra cuando la miramos no desde el punto de vista de la pulga, sino en relación con el cosmos.

Consideraremos en primer lugar la formación de la sal, entendida en su sentido más amplio como un depósito físico, ejemplificado en la forma en que la sal común de cocina disuelta en un vaso de agua se separa formando un depósito en el fondo del vaso. (No voy a entrar ahora en el aspecto químico de esto, aunque el resultado sería el mismo si lo hiciera). Ahora bien, un depósito de sal de este tipo tiene la característica de ser poroso, por así decirlo, a lo espiritual. Donde hay un depósito de sal, lo espiritual tiene un campo de entrada despejado. Por consiguiente, en pleno invierno, cuando la Tierra se consolida sobre la base de la formación de sal, el efecto es, en primer lugar, que los seres elementales que están unidos a la Tierra tienen, podría decirse, una agradable morada dentro de ella. Pero también otros elementos espirituales son atraídos del cosmos y pueden habitar en la costra de sal que se encuentra inmediatamente debajo de la superficie de la Tierra. Aquí, en esta costra de sal, las fuerzas lunares son particularmente activas, me refiero a los restos de aquellas fuerzas lunares que quedaron rezagadas, como he mencionado a menudo, cuando la Luna se separó de la Tierra.

Estas fuerzas lunares están activas en la Tierra principalmente debido a la sal presente en ella. Así pues, en invierno, bajo la capa de nieve que, por un lado, se dirige hacia la forma de azogue y, por otro, desciende hacia los depósitos de sal, tenemos la sustancia sólida de la Tierra, la sal, impregnada de espiritualidad. En invierno, la Tierra se vuelve espiritual en sí misma, a través de la influencia consolidadora, especialmente, de su contenido de sal.

Ahora bien, el agua, es decir, el azogue cósmico, tiene la tendencia interior a modelarse esféricamente. Podemos ver esta tendencia interna en todas partes. Por eso, en pleno invierno, la Tierra no sólo puede volverse rígida por su contenido de sal e impregnar la sal de espíritu, sino también vivificar la sustancia espiritualizada y conducirla al reino de la vida. En invierno, toda la superficie de la Tierra se revitaliza. El principio del azogue, que actúa en la sal espiritualizada, activa en todas partes esta tendencia a la vida nueva. Bajo la superficie de la Tierra, en invierno, se refuerza enormemente la capacidad de la Tierra para producir vida.

Esta vida, sin embargo, se convertiría en una vida lunar, ya que son principalmente las fuerzas lunares las que están activas en ella. Pero como de las semillas de las plantas cae ceniza, de modo que todo lo que acabo de describir está impregnado de ceniza, hay algo que mantiene todo el proceso en el dominio de la Tierra.

Las plantas se han esforzado hacia arriba en el proceso del azufre, y de este proceso ha caído la ceniza. Esto es lo que atrae a la planta de vuelta a la Tierra, después de que se haya esforzado hacia lo etérico-espiritual. Así que en las profundidades del invierno tenemos en la superficie de la Tierra no sólo la tendencia a absorber el espíritu y a revigorizarse, sino también la tendencia a transformar lo lunar en terrenal. A través de los restos de la ceniza caída, la Luna se ve obligada a promover la vida terrestre, no la vida lunar.

Pasemos ahora de la superficie terrestre a la formación del aire que rodea la Tierra. Para el aire, es de suma importancia siempre, pero especialmente en pleno invierno, que el Sol irradie calor y luz a través de él -aunque la luz es menos relevante para nuestras consideraciones inmediatas.

Como ven, la ciencia trata las cosas siempre aisladas unas de otras, como en realidad nunca lo están. El aire, nos dicen, se compone de oxígeno y nitrógeno y otros elementos. Pero en realidad no es así: el aire no se compone sólo de oxígeno y nitrógeno, pues siempre está atravesado por el Sol. Esa es la realidad: el aire está siempre impregnado durante el día por la actividad del Sol. ¿Y qué significa esta actividad? Significa que el aire de arriba siempre está tratando de separarse de la Tierra. Si la formación de sal, la formación de mercurio y la formación de cenizas fueran las únicas activas, entonces no habría nada más que terrenal. Pero arriba, como las actividades que se esfuerzan por ascender desde la Tierra son absorbidas por la actividad del Sol y del aire, la actividad terrestre se transmuta en actividad cósmica. El poder de obrar por sí mismo en lo viviente-espiritual es arrebatado a la Tierra. El Sol hace sentir su poder en todo lo que crece y brota hacia arriba de la Tierra. Y así, en cierta región por encima de la Tierra, se manifiesta una tendencia muy especial a la visión espiritual. En la Tierra misma todo trata de volverse esférico (rojo oscuro); en esta región superior la esfera es continuamente impulsada a aplanarse en un plano (rojizo). Naturalmente tenderá a retomar su forma esférica, pero allí arriba lo esférico tiende siempre a aplanarse. A las influencias superiores les gustaría mucho romper la Tierra, desintegrarla, para que todo se convirtiera en una superficie plana, esparcida allá en el cosmos.

Si esto ocurriera, las actividades de la Tierra desaparecerían por completo, y arriba tendríamos una especie de aire en el que las estrellas estarían activas. Esto se expresa muy claramente en el hombre mismo. ¿Qué parte tenemos nosotros, los seres humanos, en el aire lleno de sol? Lo respiramos, y por eso la actividad del Sol se extiende hasta nosotros, hacia abajo en cierto sentido, pero sobre todo hacia arriba. A través de nuestra cabeza somos continuamente atraídos lejos de las influencias de la Tierra, y por esta razón nuestra cabeza está capacitada para participar en todo el cosmos. En realidad, a nuestra cabeza siempre le gustaría salir a la región donde prevalece el plano. Si nuestra cabeza perteneciera sólo a la Tierra, especialmente en invierno, toda nuestra experiencia del pensamiento sería diferente. Entonces tendríamos la sensación de que todos nuestros pensamientos quisieran adoptar una forma redondeada. En realidad no es así; tienen cierta ligereza, adaptabilidad, fluidez, y esto se lo debemos a la incursión característica de la actividad del Sol.

Aquí tenemos la segunda tendencia; aquí lo solar choca con lo terrenal. Pero esto es más débil en invierno. Si nos alejáramos aún más, entraría en escena otra cosa. Entonces ya no tendríamos que ver con la actividad del Sol, sino sólo con la actividad de las estrellas, ya que éstas, a su vez, ejercen una gran influencia sobre nuestra cabeza. En la medida en que el Sol nos devuelve al cosmos, por así decirlo, las estrellas tienen su propia influencia profundamente penetrante en nuestra cabeza, y así en toda la formación del organismo humano.

Pero ahora debo deciros que lo que acabo de describir ya no es válido hoy en día, pues en cierto modo el hombre se ha emancipado, en su crecimiento y en toda su evolución, de las actividades de la Tierra. Si volviéramos a la antigua época lemúrica, o sobre todo a la época polar que la precedió, encontraríamos que todo era muy diferente. Observaríamos que todo lo que ocurría en la Tierra tenía una gran influencia sobre el organismo humano. En efecto, lo habréis deducido del relato de la evolución de la Tierra dado en mi Ciencia Oculta. En aquellos primeros tiempos, el hombre se encontraba en medio de las actividades de las que os he hablado. Mañana describiré cómo el hombre se ha emancipado de todo esto; hoy hablaré como si todavía estuviéramos plenamente envueltos en ello. Y aquí llegamos a algo que a la comprensión actual le parecerá sumamente paradójico.

Podemos preguntarnos: ¿En qué se convierte una madre cuando comienza a desarrollar un nuevo ser humano? Originalmente, después de todo lo que tiene que suceder para que un nuevo ser humano pueda existir en la Tierra, son las fuerzas lunares formadoras de sal las que influyen principalmente en el organismo femenino en ese momento. Así que podemos decir que mientras una mujer es por lo demás y en general un ser humano, las fuerzas lunares formadoras de sal tienen entonces la influencia más fuerte sobre ella. Podemos poner esto en términos espirituales-científicos diciendo: La mujer se convierte en Luna, igual que la Tierra -especialmente justo debajo de su superficie- se convierte en Luna cuando se acerca la Navidad.

Así pues, no es sólo la Tierra la que se convierte mayoritariamente en Luna cuando prevalece el invierno profundo; esta tendencia de la Tierra a convertirse en Luna se produce de nuevo, del mismo modo, cuando una mujer se prepara para recibir a un nuevo ser humano. Y precisamente por esto, la influencia del Sol en ella se hace diferente, como es diferente en pleno invierno, en comparación con el verano. Y la formación en la mujer del nuevo ser humano está totalmente bajo la influencia del Sol. Debido a que la mujer toma las actividades lunares, las actividades salinas, tan fuertemente en sí misma, se vuelve capaz de tomar las actividades solares por su propia cuenta. En la vida ordinaria, las actividades solares son absorbidas por el organismo humano a través del corazón y desde allí se extienden por todo el organismo. Pero cuando una mujer se prepara para dar a luz a un nuevo ser humano, las actividades solares se concentran en la formación de esta nueva vida. Así podemos decir esquemáticamente: La mujer se convierte en Luna para poder absorber en sí misma las actividades solares; y el nuevo ser humano, que existe primero como embrión, es en este sentido una actividad totalmente solar. El embrión puede nacer gracias a esta concentración de actividades solares.

La antigua clarividencia instintiva lo sabía a su manera. En una época, en la vieja Europa prevalecía una idea notable. Se pensaba que antes de que un niño recién nacido hubiera tomado cualquier alimento terrenal, era un ser muy diferente de lo que llegó a ser después de beber su primera gota de leche. Ésa era la antigua creencia germánica. Estos pueblos tenían la sensación instintiva de que el recién nacido era un ser solar, y que con el primer alimento terrenal que recibía se convertía en una criatura de la Tierra. De ahí que el recién nacido no perteneciera en absoluto a la Tierra. Por otra parte, según leyes ocultas a las que me referiré en otra ocasión, la antigua costumbre germánica concedía al padre -a cuyos pies se ponía siempre al niño nada más nacer- el derecho de dejarlo crecer o de destruirlo, pues todavía no era una criatura de la Tierra. Si había tomado una sola gota de leche, ya no tenía derecho a destruirlo. Entonces tendría que seguir siendo una criatura de la Tierra, porque así lo había ordenado la naturaleza, el mundo, el cosmos. En estas viejas costumbres vive algo de un significado inmensamente profundo.

Aquí está la base del dicho: El niño es del Sol. Así que ahora es posible considerar a la mujer que ha dado a luz como un ser que está relacionado en el sentido más profundo con todos los procesos terrenales. Pues la Tierra se prepara en pleno invierno mediante la tendencia a la sal, es decir, la tendencia a la Luna, para poder recibir mejor el elemento solar. A continuación, la Tierra se extiende más allá del elemento solar hacia el cielo, al que también pertenece la cabeza humana.

De ahí que podamos decir algo así Para llevar correctamente ante nuestras almas la esencia de la Navidad, trasladémonos al ser del hombre. En el espíritu navideño se expresa la llegada al nacimiento del Niño Jesús, que está ordenado a recibir al Cristo en sí mismo. Fijémonos bien en esto. Si observamos la figura de María, veremos que su cabeza refleja algo celestial en toda su apariencia, en toda su expresión. Debemos indicar entonces que María se dispone a acoger en sí al Sol, al niño, al Sol tal como irradia a través del aire circundante. Y entonces podemos ver en la forma de María el elemento Luna-Tierra.

Ahora imagina cómo podría representarse esto. Primero tenemos el elemento Luna-Tierra, extendido bajo la superficie de la Tierra. Luego, saliendo a los grandes espacios, encontramos una irradiación del hombre hacia el cosmos, y esto podría mostrarse como un resplandor celestial de estrella terrestre, enviado por la Tierra hacia el cosmos. La cabeza de María es como una estrella radiante, lo que significa que todo su semblante y porte deben expresar esta cualidad de estrella radiante.

Si luego nos dirigimos al pecho, llegamos al proceso de la respiración; al elemento solar, el niño, que se forma a partir de las nubes de la atmósfera, atravesadas por los rayos del Sol.

Más adelante llegamos a las fuerzas lunares, formadoras de sal, que se expresan exteriormente al poner los miembros en relación dinámica con la Tierra y dejar que surjan de la sal y de los elementos lunares de la Tierra. Aquí tenemos la Tierra en la medida en que es transfigurada interiormente por la Luna.

En realidad, todo esto tendría que mostrarse a través de una especie de coloración del arco iris. Pues si miráramos desde el cosmos hacia la Tierra, a través del brillo de las estrellas, sería como si la Tierra quisiera brillar interiormente, bajo su superficie, con los colores del arco iris. En la Tierra tenemos algo relacionado con las fuerzas terrestres, con la gravedad y con la formación de los miembros, que sólo puede expresarse a través del vestido que sigue a las fuerzas terrestres en sus pliegues. Así que debemos tener la prenda abajo, en relación con las fuerzas de la Tierra. Luego habría que representar, un poco más arriba, lo que da expresión al elemento Tierra-Luna. Podríamos incluso representar la Luna, si quisiéramos simbolizar; pero el elemento Luna se expresa claramente en la configuración de la Tierra.

Más arriba aún, debemos traer lo que surge del elemento Luna. Vemos cómo las nubes están impregnadas de muchas cabezas humanas, presionando hacia abajo; una de ellas se condensa en el Sol que descansa sobre el brazo de María: el Niño Jesús. Y todo esto debe completarse, en dirección ascendente, a través del resplandor estelar expresado en el semblante de María.

Si comprendemos las profundidades del invierno, cómo nos muestra la conexión del cosmos con el hombre, con el hombre que recoge las fuerzas del nacimiento en la Tierra, la única forma posible de presentar a la mujer es de esta manera: formada de las nubes, dotada de las fuerzas de la Tierra: con las fuerzas de la Luna abajo, con las fuerzas del Sol en medio, y arriba, hacia la cabeza, con las fuerzas de las estrellas. La imagen de María con el niño Jesús surge del cosmos mismo.

Si entendemos el cosmos en otoño, para representar todas sus fuerzas formativas en un cuadro, llegamos por necesidad a una representación artística de Miguel y el Dragón, como indiqué ayer. Del mismo modo, todo lo que sentimos en Navidad confluye en el cuadro de María y el Niño, ese cuadro que tantas veces rondó ante los pintores en épocas anteriores, especialmente en los primeros siglos cristianos, y del que se han conservado los últimos ecos en la Madonna Sixtina de Rafael.

La Madonna Sixtina nació del gran conocimiento instintivo de la naturaleza y del espíritu que reinaba en la Antigüedad. Porque es un cuadro de la Imaginación que debe llegar de hecho a un hombre que transpone su visión interior a los secretos de la Navidad de tal manera que se convierten para él en un cuadro vivo.

De ahí que podamos decir: El curso de las estaciones debe llegar a expresarse para la visión interior en Imaginaciones claras y gloriosas. Si uno sale con todo su ser al mundo, la llegada del otoño se convierte en la gloriosa Imaginación de la lucha de Miguel con el Dragón. Así como el Dragón sólo puede ser representado en forma sulfurosa -nacido de las nubes de azufre- y así como la espada de Miguel surge cuando pensamos en el hierro meteórico concentrado en la espada y mezclado con ella, así de todo lo que podemos sentir en el tiempo de Navidad, surge el cuadro de María, la madre, los pliegues de su túnica siguiendo las fuerzas de la Tierra, mientras que en la región del pecho -incluso estos detalles son evidentes en el cuadro- su vestimenta tiene que redondearse hacia el interior, adoptando la forma del azogue, de modo que aquí se tiene una sensación de encierro interior. Aquí pueden entrar las fuerzas del Sol, y el inocente Niño Jesús, que no ha recibido todavía ningún alimento terrenal, es la actividad del Sol que descansa en el brazo de María, con el resplandor de las estrellas en lo alto. Así es como debemos representar la cabeza y los ojos de María, como si una luz brillara desde su interior hacia los hombres. Y el Niño Jesús en el brazo de María debe aparecer como surgiendo de las formas redondeadas de las nubes, tierno y amable, cobijado interiormente; y luego el vestido, sujeto a la gravedad terrestre, expresando lo que puede llegar a ser la fuerza de la gravedad terrestre.

Todo esto se representa mejor en colores. Luego tenemos la imagen que viene a brillar para nosotros como una Imaginación cósmica en Navidad - una imagen con la que podemos vivir hasta Pascua, cuando de las relaciones cósmicas pueda surgir de nuevo una Imaginación Pascual; hablaremos de ella mañana.

Como verán, el arte procede de los cielos y de su interacción con la Tierra. El verdadero arte es una expresión de lo que el hombre experimenta en el cosmos, espiritual-psíquico-físico, que se le revela en magníficas Imaginaciones. Así pues, para representar todo lo que implica la lucha interior por el desarrollo de la autoconciencia a partir de la conciencia de la naturaleza, no hay nada mejor que el grandioso cuadro de la lucha de Miguel con el Dragón; y para presentarnos todo lo que puede obrar la naturaleza en nuestras almas durante la profunda estación invernal, tenemos una expresión artística e imaginativa de ello en el cuadro de la Madre y el niño.

Observar el curso de las estaciones es seguir al gran artista cósmico, de modo que las cosas que los cielos imprimen en la Tierra cobran vida de nuevo en poderosas imágenes, imágenes que se convierten en realidades para la mente del hombre.

Así, el curso del año puede revelársenos en cuatro Imaginaciones: la Imaginación de Miguel, la Imaginación de María y -como veremos más adelante- la Imaginación de Pascua y la Imaginación de San Juan.

Traducido por J.Luelmo jul.2023

viernes, 7 de julio de 2023

GA143 Colonia 8 de mayo de 1912 Predicción del impulso cristiano. El espíritu cristiano y sus facetas: un mensaje de pentecostés

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PREDICCIÓN Y ANUNCIACIÓN DEL IMPULSO DE CRISTO. EL ESPÍRITU CRISTIANO Y SUS ENVOLTURAS: UN MENSAJE DE PENTECOSTÉS

RUDOLF STEINER

Colonia 8 de mayo de 1912

El encuentro de hoy es una ocasión que exige una introducción a nuestros estudios. Es el día conocido en el Movimiento Teosófico nota1 como el Día del Loto Blanco, conmemorando el aniversario anual del día en que Madame Helena Petrovna Blavatsky, la fundadora del actual Movimiento Teosófico, dejó el plano físico. Se necesitará muy poco esfuerzo para tocar una fibra en cada alma aquí presente hoy, a fin de evocar sentimientos de admiración, veneración y gratitud hacia la individualidad que vino a la Tierra en Helena Petrovna Blavatsky, e inspiró a los hombres a volver sus mentes nuevamente a los antiguos y sagrados Misterios de donde han procedido todas las fuerzas e impulsos necesarios para el desarrollo espiritual del hombre. Al dedicarse a lo que claramente comprendió que era la tarea de la era moderna, Blavatsky fue capaz de presentar en forma popular lo que le era accesible de la sabiduría de los Misterios, una forma que difería de aquella en la que la sabiduría de los Misterios, a través de canales secretos, ha influenciado las actividades y esfuerzos de los hombres. El significado de la era moderna radica en el hecho de que lo que antes sólo era accesible para unos pocos, debe impartirse en una forma comprensible para círculos más amplios. Y haber actuado, como lo hizo al principio, de acuerdo con esta tendencia de la era moderna, -ésta fue la misión de Madame Blavatsky. Así, ella volvió las mentes de los hombres hacia algo que, en verdad, siempre ha sido considerado sagrado por aquellos que tenían conocimiento de ello. Para indicar que esto es así, comenzaremos con la recitación de un poema de un pensador conocido por el llamado público culto, o más bien conocido sólo como un pensador seco y abstracto y como un arquitecto de sistemas de ideas filosóficas remotas. Pero que lo que este pensador parece dar sólo en forma de ideas cristalinas era el producto de un intenso calor de sentimiento, y que las ideas por sí solas no eran las únicas expresiones de los dictados de su corazón, -esto nos lo muestra en un poema dirigido a los santos Misterios.

Hegel, -se le puede llamar "el pensador de Europa"-, que ha llegado a ser tan "conocido" por los eruditos modernos que en las bibliotecas todavía se pueden encontrar muchos volúmenes suyos sin editar, nos ha dejado un poema escrito desde las fibras mismas de su corazón. Me refiero al poema "Eleusis", dedicado a Hölderlin, que ahora recitará Fräulein von Sivers. Con la recitación de este poema rendiremos nuestro homenaje a los genios de  Blavatsky.

ELEUSIS
A Hölderlin
En torno a mí, dentro de mí la calma habita —los atareados
con su incansable ansia duermen, proporcionándome la libertad
y el ocio—, gracias a ti, liberadora mía,
¡oh noche! Con tu blanco cendal de neblina
cubre la luna la frontera incierta
de las lomas lejanas; amablemente me llama
la clara franja de aquél lago;
se aleja el recuerdo del tumulto monótono del día,
como si hubiera años de distancia entre él y el ahora.
Y tu imagen, querido, se presenta a mí; tu imagen
y el placer de los días que han huido, aunque pronto los borra
la dulce espera de volver a vernos…
Se me presenta la escena del abrazo
anhelado, fogoso; más tarde las preguntas, el interrogatorio
más profundo, recíproco,
tras cuanto en actitud, en expresión y carácter
el tiempo haya cambiado en el amigo… placer de la certeza
hallar más firme, más madura aún la lealtad de la vieja alianza,
alianza sin sellos ni promesas
de vivir solamente por la libre verdad y nunca, nunca,
en paz con el precepto que opiniones y afectos reglamenta.
Ahora con la inerte realidad pacta el deseo
que atravesando montes y ríos fácilmente hacia ti me llevó,
pero pronto un suspiro lanza su desacuerdo
y con él huye el sueño de dulces fantasías.

Mi vista hacia la eterna bóveda celestial se alza,
hacia vosotros, ¡astros radiantes de la noche!,
y el olvido de todo, deseos y esperanzas,
de vuestra eternidad fluye y desciende.

(El sentir se diluye en la contemplación;
lo que llamaba mío ya no existe;
hundo mi yo en lo inconmensurable,
soy en ello, todo soy, soy sólo ello.
Regresa el pensamiento, al que extraña
y asusta el infinito, y en su asombro no capta
esta visión en su profundidad.
La fantasía acerca a los sentidos lo eterno
y lo enlaza con formas)
¡bienvenidos seáis,
oh elevados espíritus, altas sombras,
fuentes de perfección resplandecientes!
No me asusta… Yo siento que es mi patria también
el éter, el fervor, el brillo que os baña.
¡Que salten y abran ahora mismo las puertas de tu santuario,
oh Ceres que reinaste en Eleusis!
Borracho de entusiasmo captaría yo ahora
visiones de tu entorno,
comprendería tus revelaciones,
sabría interpretar de tus imágenes el sentido elevado,
oiría los himnos del banquete divino,
sus altos juicios y consejos…

Pero tu estruendo ha enmudecido, ¡oh Diosa!
Los dioses han huido de altares consagrados
y se han vuelto al Olimpo;
¡huyó del profano sepulcro de los hombres
de la inocencia el genio, que aquí les encantaba!…
Tus sabios sacerdotes callaron; de tus sagrados ritos
no llegó hasta nosotros tono alguno… En vano busca
el investigador, más por curiosidad que por amor,
a la sabiduría (tal hay en los que buscan y a Ti te menosprecian)…

¡Por dominarlas cavan en busca de palabras
que conserven la huella de tu excelso sentido!
¡En vano! Sólo atrapan polvo, polvo y ceniza
en las que no retorna nunca jamás tu vida.
¡Aunque lo inanimado y el moho las contentan
a los eternos muertos!…, ¡los muy sobrios!…, en balde…,
no hay señal de tus fiestas ni huella de tu imagen.
Era para tu hijo tan abundante en altas enseñanzas tu culto,
tan sagrada la hondura del sentimiento inexpresable,
que no creyó dignos de ellos secos signos.
Pues casi no era el pensamiento, aunque sí el alma,
que sin tiempo ni espacio, absorta en el pensar de lo infinito
se olvidó de sí misma y se despierta ahora de nuevo a la conciencia.
Pero quien de ello quiera hablar a otros,
aún con lengua de ángel, sentirá en las palabras su miseria.
Y le horroriza tanto haberlas empleado en empequeñecerlo
al pensar lo sagrado, que el habla le parece pecado
y en vivo se clausura así mismo la boca.
Lo que así el consagrado así mismo, una ley sabia
prohibió a los más pobres espíritus hacer saber
cuanto vieran, oyeran o sintieran en la noche sagrada:
para que a los mejores su estrépito abusivo
no molestara en su recogimiento ni en su hueco negocio de palabras
les llevara a enojarse con lo sagrado mismo, y para que éste
no fuera así arrojado entre inmundicias, para que nunca
se confiara a la memoria, ni tampoco
fuera juguete ni mercancía del sofista
vendida igual que un óbolo,
ni manto del farsante redicho, ni tampoco
férula del muchacho piadoso, y tan vacío
quedara al fin que solamente en un eco extrañas lenguas
siguieran conservando raíces de su vida.
Porque tus hijos, Diosa, no exhibieron
por calles y por plazas tu honor, sino que avaros
en el santuario de su pecho lo guardaban.
Por eso no vivías tú en su boca.
Te honraban con su vida. Aún vives en sus hechos.
¡También en esta noche te he escuchado, divinidad sagrada,
a ti, que me revelas a menudo la vida de tus hijos;
s ti, que yo presiento que a menudo eres el alma de sus hechos!
Eres el alto pensamiento, la fe sincera,
que una Deidad, aunque todo se hunda, nunca se desmorona.

Me siento plenamente de acuerdo con la individualidad de Blavatsky si, especialmente en este día, se dicen aquí unas pocas palabras de pura verdad. Era característico de ella que, cuando era plenamente ella misma, deseaba, por encima de todo, ser verdadera. Por eso, la mejor manera de honrarla es dirigirle nuestros pensamientos agradecidos y pronunciar algunas palabras de verdad sin ambages.

En su ser al completo, en su individualidad,  Blavatsky reveló qué fuerza interior, qué poderoso impulso era inherente al Movimiento espiritual que llamamos Movimiento Teosófico. Para corroborar esto, sólo necesito referirme a la primera de las obras más importantes de Blavatsky, Isis sin Velo. A un lector ordinario este libro debe darle la impresión de un batiburrillo verdaderamente caótico y desconcertante. Si el lector es consciente de la existencia de una sabiduría milenaria, guardada a través de los siglos en los Misterios y protegida de los ojos profanos, y que sabe que esta sabiduría no ha sido adquirida por ningún esfuerzo humano externo sino que ha sido albergada en sociedades secretas, tal lector también encuentra en el libro mucho de caótico, pero a la vez encuentra algo más. Encuentra una obra que, por primera vez presenta con valentía y audacia, ciertos secretos de los Misterios al mundo secular. Quien comprende estas cosas encuentra lo que infinidad de ellas han sido correctamente interpretadas, un logro que sólo habría sido posible para los Iniciados. Sin embargo, la impresión de caos permanece y puede ser explicada por la siguiente consideración razonada. La personalidad externa de Blavatsky, en la medida en que estaba encarnada en su cuerpo físico, con su intelecto, también con sus características personales, sus simpatías y antipatías, nos muestra por la forma misma en que está escrita Isis sin Velo, que ella no habría podido producir desde su propia personalidad, desde su propia alma, lo que tenía que dar al mundo. Ella comunica cosas que ni ella misma era totalmente capaz de comprender, y si se sigue esta línea de pensamiento más allá, queda probado claramente que el cuerpo y la personalidad de Blavatsky fueron utilizados por las Individualidades espirituales superiores para comunicar lo que, de acuerdo con la necesidad de los tiempos, debía ser inculcado a la humanidad. De hecho, la imposibilidad de atribuirle a ella lo que dió, es en sí misma una prueba viviente del hecho de que esas Individualidades que están conectadas con el Movimiento Teosófico, los "Maestros de Sabiduría y Armonía de los Sentimientos", hallaron en Blavatsky un instrumento. Aquellos que ven claramente en tales asuntos saben que el conocimiento no se originaba en ella, sino que fluía a través de ella desde elevadas Individualidades espirituales. Naturalmente, hoy no es el momento apropiado para hablar de estos asuntos en detalle.
Ahora podría surgir la pregunta, -y a menudo surge-, ¿Por qué esas elevadas Individualidades eligieron a Madame Blavatsky como su instrumento? Lo hicieron porque, a pesar de todo, era la más adecuada. ¿Cómo es que la elección no recayó en uno de los doctos especialistas que se ocupan de la ciencia de la Religión Comparada? Sólo tenemos que pensar en la mayor y más respetada autoridad en religiones orientales, el renombrado Max Müller, y sus propios pronunciamientos nos dirán por qué no podría haber proclamado lo que tenía que ser comunicado a través del instrumento humano de Madame Blavatsky. Cuando se conocieron los sistemas religiosos de Oriente y las exposiciones de los mismos a través de Madame Blavatsky, Müller dijo: 'Si, en algún lugar de la calle, se ve un cerdo y está gruñendo, eso no se considera muy notable, pero si un ser humano camina por la calle gruñendo como un cerdo, eso sí se considera notable'. - La implicación es que quien no está dispuesto a distorsionar los sistemas religiosos de Oriente al estilo de Max Müller es como un hombre que gruñe como un cerdo. En cualquier caso, la comparación no me parece muy lógica, ya que ¿Por qué habría uno de asombrarse cuando un cerdo gruñe; pero si un ser humano gruñe, eso sería una hazaña de la que en absoluto todo el mundo es capaz? La comparación es bastante floja, pero el hecho de que pudiera hacerse demuestra claramente que Max Müller no era la personalidad adecuada.
Así, la elección tuvo que recaer en una persona sin particular eminencia intelectual, -una situación que naturalmente tenía muchas desventajas. Así, Madame Blavatsky aportó al gran mensaje toda la simpatía y antipatía de su naturaleza extremadamente apasionada. Ella sentía una fuerte antipatía por la concepción del mundo que surge del Antiguo y del Nuevo Testamento, una fuerte antipatía por el judaísmo y el cristianismo. Pero para aprehender la antigua sabiduría de la humanidad en su forma pura y primigenia es indispensable una condición, a saber, afrontar las revelaciones de los mundos superiores en un estado de perfecto equilibrio mental y emocional. La antipatía y la simpatía forman una especie de niebla ante la mirada interior. Así, sucedió que la percepción de Madame Blavatsky se envolvió cada vez más en una especie de niebla, y su mente sólo permaneció clara para las llamadas tradiciones puramente arias. Aquí ella miró hacia las profundidades espirituales con gran claridad, pero como resultado se volvió unilateral y así sucedió que en su segundo gran trabajo La Doctrina Secreta, la religión aria primitiva fue presentada en forma sesgada. Buscar algo sobre el misterio del Sinaí o del Gólgota en los escritos de Blavatsky sería, debido a esta antipatía, inútil. De ahí que se dirigiera a Poderes que, con gran contundencia y claridad, podían impartir toda la sabiduría no cristiana. Esto se revela en las maravillosas "Estrofas de Dzyan" que Madame Blavatsky ha citado en La Doctrina Secreta. Pero esto la desvió del camino de la Iniciación en el mundo físico que fue indicado, aunque sólo de manera fragmentaria, en Isis Sin Velo. Pero atada como estaba por una Iniciación unilateral, Madame Blavatsky sólo pudo presentar en La Doctrina Secreta el aspecto del conocimiento espiritual que fue inspirado por la concepción no cristiana del mundo. Así, La Doctrina Secreta es un libro que contiene las mayores revelaciones de este orden que la humanidad pudo recibir en su momento. Contiene temas que también pueden encontrarse en otros escritos, a saber, las llamadas cartas de los "Maestros de Sabiduría y Armonía de Sentimientos". También allí se encuentra parte de la mayor sabiduría dada a la humanidad. Pero hay otras secciones de La Doctrina Secreta, por ejemplo las que tratan en gran detalle de la teoría Cuántica. Cualquiera que, por verdadera comprensión, incluya las estrofas de Dzyan y las Cartas de los Maestros entre las más elevadas revelaciones concedidas a la humanidad, tiene la impresión, por las extensas secciones que tratan de la teoría cuántica, de que fueron obra de una persona que sufría la manía de escribir todo lo que se le ocurría y era incapaz de dejar la pluma. Luego hay otras secciones en las que un apasionado muy arraigado diserta sobre temas científicos sin un conocimiento fiable de la materia. Así, La Doctrina Secreta es una extraña mezcla de temas, algunos de los cuales deberían ser eliminados, mientras que otros contienen la más elevada sabiduría. Esto se vuelve comprensible cuando consideramos lo que dijo uno de los amigos de Blavatsky que tenía una profunda percepción de su carácter. Él dijo: Madame Blavatsky era realmente un fenómeno triple. En primer lugar, era una mujer desgarbada y sencilla, con una mente ilógica y una naturaleza apasionada, que siempre perdía los estribos; sin duda, era bondadosa, afectuosa y compasiva, pero ciertamente no era lo que se llama una mujer dotada. En segundo lugar, cuando las grandes verdades se articulaban a través de ella, era la alumna de los grandes Maestros: entonces su expresión facial y sus gestos cambiaban, se convertía en una persona diferente y los mundos espirituales hablaban a través de ella. Por último, había una tercera, una figura regia, sobrecogedora, suprema, en esos raros momentos en que los propios Maestros hablaban a través de ella.
Los amantes de la verdad siempre distinguirán cuidadosamente en las obras de Madame Blavatsky lo que es esencial y lo que no lo es. A ella, que está hoy en nuestros pensamientos, no podría prestársele mayor servicio que mirarla a la luz de la verdad; no podría prestársele mayor servicio que dirigir el Movimiento Teosófico a la luz de la verdad.

Naturalmente, el Movimiento Teosófico tuvo que seguir al principio un curso individual; pero se ha convertido en un asunto de gran importancia el hecho que otra corriente fluya en el Movimiento. Se ha hecho necesario agregar al Movimiento Teosófico la corriente que desde el siglo XIII ha estado fluyendo desde fuentes ocultas, fuentes a las que Madame Blavatsky no tuvo acceso.

Así que hoy estamos haciendo plena justicia a los objetivos del Movimiento Teosófico, no sólo reconociendo los credos religiosos y las concepciones del mundo Oriental, sino añadiendo a ellos los que se expresaron en las revelaciones del Sinaí y en el Misterio del Gólgota. Y tal vez hoy sea lícito preguntarse si el alcance del Movimiento Teosófico en su conjunto exige la adición de lo que en la naturaleza de las cosas no podía darse al principio, o si la especialización de un tipo extremadamente cuestionable debe darse como verdad por medio de la doctrina o el dogma. Por mi parte, digo sin reservas que sé cuán grande sería el daño que le haríamos al espíritu de Blavatsky ahora en el mundo espiritual, si se tomara este último curso. Sé que no es oponerse sino actuar en armonía con ese espíritu si hacemos lo que él quiere hoy, es decir, agregar al Movimiento Teosófico lo que ese espíritu fue incapaz de dar mientras estuvo en el cuerpo terrenal. Y sé que no sólo no estoy hablando en contra de Madame Blavatsky, sino que estoy en completa armonía con ella cuando os digo: lo único que deseo es que nuestra concepción occidental del mundo llegue a su fin en este Movimiento Teosófico. En los últimos años se han puesto a disposición conocimientos y verdades de muy diversa índole. Supongamos ahora que dentro de cincuenta años todo tuviera que ser corregido, que de nuestro edificio espiritual, tal como lo imaginamos hoy, no quedara una piedra sobre otra, que dentro de cincuenta años la investigación ocultista tuviera que rectificarlo todo fundamentalmente, entonces mi comentario tendría que ser éste: ¡Puede ser! Pero de nuestros objetivos aquí permanecerá una cosa, y  el objeto del esfuerzo principal de nuestro Movimiento Teosófico Occidental es que permanezca. Que pueda decirse verdaderamente que hubo una vez un Movimiento Teosófico cuyo único ideal en el ámbito del ocultismo fue establecer sólo aquello que brota del más puro y totalmente inmaculado sentido de la verdad. Nuestro objetivo es que esto pueda decirse de nosotros un día. Es mejor no decir las cosas que aún están en duda, que desviarse en modo alguno de un curso por el que un sentido puro de la verdad puede asumir toda la responsabilidad ante todos los Poderes espirituales.
Sin embargo, de esto se desprende otra cosa. Alguien podría preguntarse: ¿Por qué rechazáis esto o aquello? Nuestra respuesta es que aunque otros puedan tener una idea diferente de la tolerancia, nuestra concepción de la misma es que nos sentimos obligados a proteger a la humanidad de lo que no puede sostenerse ante el foro de la verdad pura. Aunque nuestro trabajo pueda ser tergiversado, nos mantendremos firmes y trataremos de cumplir nuestra tarea rechazando lo que deba ser rechazado si queremos servir a nuestro propósito. Por lo tanto, cuando algo entra en conflicto con nuestro sentido de la verdad, lo rechazamos, pero sólo entonces. No obedecemos a otras razones o sentimientos. Tampoco nos entregaremos a frases trilladas sobre la igualdad de derechos de opinión, la fraternidad, etc., sabiendo que el amor de los hombres entre sí sólo puede dar fruto cuando es sincero y verdadero. Conviene, sobre todo en este día de conmemoración, que se exprese esta voluntad de inspirarse en el más puro sentido de la verdad.
Desde que se han adquirido nuevos conocimientos en la forma que he indicado, ha salido a la luz mucho que puede ayudar a explicar los misterios del universo. Nunca se ha dicho nada para hacer discriminación entre las grandes culturas o movimientos religiosos de la raza humana. ¿Acaso, no se ha dicho muchas veces, al considerar la primera época postatlante con su cultura espiritual inspirada por los santos Rishis, que ahí tenemos algo que es espiritualmente más sublime que todo lo que le ha seguido? Tampoco debemos pensar nunca en menospreciar el budismo; al contrario, resaltamos sus méritos, sabiendo que ha proporcionado a la humanidad beneficios tales que el cristianismo sólo podrá alcanzar en el futuro. Lo que es de inmensa importancia, sin embargo, es que una y otra vez señalemos la diferencia que distingue a la cultura oriental de la occidental.

La cultura oriental sólo habla de individualidades que en el curso de la evolución han pasado por varias encarnaciones. Por ejemplo, habla de los Bodhisattvas y los describe como individualidades que atraviesan su desarrollo humano más rápidamente de lo habitual. Así, la cultura oriental sólo se ocupa de lo que, como individualidad, pasa de encarnación en encarnación hasta que en una determinada encarnación tal Bodhisattva se convierte en Buda. Cuando un Bodhisattva se ha convertido en Buda, -algo que sólo puede hacerse en la Tierra-, ha avanzado tanto que no necesita descender de nuevo a un cuerpo de carne. Y así, cuanto más retrocedemos, más encontramos el interés centrado principalmente en la individualidad y menos en la encarnación particular. Cuando se habla de Buda, no se trata tanto del Buda histórico, el Príncipe Suddhodana, sino más bien de la obtención de un grado, de un rango que otros Bodhisattvas también alcanzan en el curso de sus vidas sucesivas.

En Occidente, sin embargo, es diferente. Hemos vivido una época cultural  que no tiene nada que decir sobre la individualidad que pasa de una vida a otra, sino que valora únicamente la personalidad particular y concreta. Hablamos de Sócrates, Platón, César, Goethe, Spinoza, Fichte, Rafael, Miguel Ángel, y pensamos en ellos sólo en una encarnación. No hablamos de la individualidad que va de encarnación en encarnación, sino que hablamos de la personalidad. Hablamos de un Sócrates, un Platón, un Goethe y así sucesivamente, hablamos sólo de una vida concreta en la que la individualidad ha encontrado su expresión. La cultura occidental estaba destinada a subrayar la importancia de la personalidad concreta, a llevarla a una madurez vigorosa y característica, y a despreciar la individualidad que pasa de una vida a otra. Pero ha llegado el momento en que debemos volver a aprender gradualmente a reconocer cómo la individualidad eterna pasa a través de las diversas personalidades particulares. Ahora nos encontramos con que la humanidad se esfuerza por comprender qué es lo que vive de personalidad en personalidad. Esto encenderá la imaginación e iluminará las almas de los hombres con una nueva luz de comprensión. Esto puede ilustrarse con un ejemplo particular.
Dirijamos la mirada a una figura como la del Profeta Elías. En primer lugar, pensamos en el propio Profeta. Pero el significado esencial de este Profeta es el hecho de que, en cierto modo, él preparó el Misterio del Gólgota e indicó que el impulso de Yahvé es algo que sólo puede ser comprendido y captado en el yo. No fue capaz de revelar todo el significado del "yo" humano, ya que en lo que respecta a la conciencia del yo, representa una etapa intermedia entre la idea de Moisés respecto a Jehová y la idea cristiana de Cristo. Así, el profeta Elías se nos revela como un poderoso heraldo, un mensajero anticipado del Impulso Crístico, de lo que sucedió a través del Misterio del Gólgota. Lo vemos como una figura grande y poderosa.

Pasemos ahora a otra. Occidente está acostumbrado a pensar en él como una simple personalidad. Me refiero a Juan el Bautista. Occidente lo ve confinado en su personalidad como Juan el Bautista. Pero nosotros aprendemos a conocerlo como el heraldo de Cristo mismo; seguimos su vida como el precursor de Cristo, como el hombre que pronunció por primera vez las palabras: Cambiad la disposición de vuestras almas, porque el Reino de los Cielos está cerca". Él indicó el impulso que vendría a través del Gólgota; que la divinidad puede encontrarse dentro del yo humano, que el Yo-Cristo debe entrar más y más profundamente en el yo humano, y que este impulso está cerca. Ahora, a través de la Ciencia Espiritual, aprendemos la verdad que también se indica en la Biblia, a saber, que la misma Individualidad que había vivido en el profeta Elías, vivió en Juan el Bautista. Aquel que, como Elías, anunció al Cristo, se reencarnó en Juan el Bautista, anunciando nuevamente al Cristo en la forma apropiada para su tiempo. Para nosotros, estas dos figuras están ahora unidas. La cultura oriental procede de manera diferente, concentrándose en las individualidades y descuidando la personalidad singular concreta.

Pasando ahora a la Edad Media, nos encontramos con esa figura extraordinaria que nació, -como para indicar exteriormente su conexión especial con el mundo espiritual-, el Viernes Santo del año 1483 y murió en plena madurez, a la edad de treinta y siete años, ejerciendo una influencia fenomenal a través de sus dones a la humanidad. Estoy hablando de Rafael. Nació un Viernes Santo, como para mostrar que está conectado con el acontecimiento conmemorado el Viernes Santo. ¿Qué puede experimentar Occidente, a la luz de la Ciencia Espiritual, a través de la figura de Rafael? Si estudiamos esta figura a la luz de la Ciencia Espiritual, descubriremos que Rafael hizo más por la difusión del cristianismo, por la penetración de un cristianismo interconfesional en el corazón de los hombres, que todos los intérpretes teológicos, que todos los cardenales y papas de su tiempo. Ante la mirada del alma de Rafael puede haberse levantado una imagen de la escena descrita en los Hechos de los Apóstoles. Alguien que se presenta ante los atenienses diciendo: Vosotros, hombres de Atenas, adoráis a los dioses ignorantemente, con signos externos. Pero existe ese Dios que se puede aprender a conocer, el Dios que vive y teje en todo lo que tiene vida. Ese Dios es el Cristo que padeció la muerte y ha resucitado, dando así al hombre el impulso que conduce a la resurrección. Algunos no escucharon, a otros les pareció extraño. En el alma de Rafael, este acontecimiento se plasmó en el cuadro que ahora cuelga en el Vaticano, incorrectamente llamado "La Escuela de Atenas". En realidad representa la figura de Pablo enseñando a los atenienses los principios fundamentales del cristianismo. En este cuadro Rafael ha dado algo que parece un anuncio del cristianismo que trasciende las denominaciones. El significado profundo de este cuadro aún no ha calado suficientemente en los hombres.
De los demás cuadros de Rafael hay que decir que, mientras que de lo que hicieron humanamente en aquella época cardenales y papas, no ha quedado nada, únicamente la obra de Rafael se está convirtiendo hoy en una fuerza vital. Goethe, de visita en Dresde, no admiró la Madonna Sixtina, tras escuchar del funcionario del Museo -el cual sólo expresaba la opinión general de la época- que la expresión facial del Niño Jesús tenía algo de vulgar, que los dos ángeles de la parte inferior del cuadro sólo podían haber sido añadidos por algún pintor, que la Madonna misma no podía ser obra de Rafael, sino que debía haber sido pintada encima. Si echamos un vistazo a toda la literatura del siglo XVIII, apenas encontraremos nada sobre Rafael; ni siquiera Voltaire lo menciona.

¿Y hoy? Hoy en día, sean protestantes o católicos o cualquier otra cosa, la gente se conmueve interiormente con los cuadros de Rafael. En la Madonna Sixtina se puede ver cómo se revela a los corazones humanos un gran misterio cósmico y llevará su impulso a través de ellos en el futuro, cuando la humanidad haya sido guiada a un cristianismo interconfesional, amplio y omniabarcante, como ya lo tenemos en la Ciencia Espiritual. Y ese impulso seguirá actuando como resultado del hecho de que un misterio maravilloso ha inspirado a las almas humanas a través de la Madonna Sixtina. A menudo he dicho que cuando alguien mira a los ojos de un niño, puede saber que lo que está mirando a través de esos ojos es algo que no ha llegado a existir a través del nacimiento, algo que revela las profundidades del alma humana. Quien estudia a los niños en los cuadros de la Virgen de Rafael puede ver que la divinidad misma, una realidad oculta y sobrehumana, mira a través de esos ojos, algo que todavía está presente en el niño en el período más temprano después del nacimiento. Esto puede percibirse en todos los cuadros de niños de Rafael, con una excepción. La representación de un niño es diferente: el Niño Jesús de la Madonna Sixtina. Quien mira a los ojos de ese Niño sabe que ya revelan más de lo que puede encarnar un ser humano. Rafael ha hecho esta distinción para mostrar que en este Niño, el Niño de la Madonna Sixtina, vive algo que ya está experimentando, por adelantado, una realidad de espíritu puro, una realidad semejante a la de Cristo.

Así, Rafael es un precursor del Cristo espiritual que se revela de nuevo por la Ciencia Espiritual. A través de la Ciencia Espiritual también aprendemos que en Rafael vivía la misma individualidad que había vivido en Elías y en Juan el Bautista. Y podemos comprender que el mundo en el que vivió como Juan el Bautista reaparece en Rafael cuando observamos cómo su relación con el acontecimiento histórico de Cristo está indicada por el hecho de que nació un Viernes Santo.
He aquí, pues, al tercer precursor después de Elías y Juan el Bautista. Ahora comprendemos muchas de las cuestiones que inevitablemente se plantean quienes poseen mayores facultades de percepción. Juan el Bautista muere como un mártir antes de que se acerque el acontecimiento del Gólgota. Vive el amanecer que conduce al Misterio del Gólgota, el tiempo de las profecías y predicciones, los días de júbilo, pero no el período de lamentación y dolor. Cuando este mismo estado de ánimo se manifiesta de nuevo en la personalidad de Rafael, ¿No nos parece comprensible que con tan profunda devoción pinte cuadros de la Virgen y de niños, y no es obvio por qué no pinta la traición de Judas, la carga de la Cruz, el Gólgota, el Monte de los Olivos? Cualquier cuadro existente de estos temas debe haber sido encargado, porque el ser esencial de Rafael no encuentra expresión en ellos. ¿Por qué estos cuadros son ajenos a Rafael? Porque como Juan el Bautista él no vivió para experimentar el Misterio del Gólgota.

Y entonces, cuando pensamos en la figura de Rafael, en cómo ha vivido a través de los siglos y sigue viviendo hoy, y luego pensamos en lo que queda de su obra y en lo que ya ha sido destruido, y cuando reflexionamos que todas las cosas materiales deben perecer finalmente, entonces sabemos bien que la esencia viva de estos cuadros habrá sido llevada al alma de los hombres antes de que los cuadros mismos hayan perecido. Durante siglos, por supuesto, habrá reproducciones disponibles; pero lo único que puede dar una idea real de la personalidad de Rafael, de lo que era, de lo que sus propias manos lograron, se convertirá en polvo, sus obras habrán perecido. Y nada en nuestra Tierra puede preservarlas.

Pero a través de la Ciencia Espiritual nos queda claro que la individualidad en Rafael lleva consigo lo que se ha logrado en una encarnación, a la siguiente. Y cuando aprendemos que esta misma individualidad aparece de nuevo en el poeta Novalis, y tomamos su primera proclamación que, como un radiante amanecer, revela un nuevo y vivo concepto de Cristo, entonces nos decimos a nosotros mismos que mucho antes de que las obras de Rafael desaparezcan del mundo exterior, la individualidad en esa personalidad ha venido de nuevo, para legar sus dones en una nueva forma a la humanidad. ¡Qué bueno es que durante un tiempo la cultura occidental sólo haya prestado atención a la personalidad real, que hayamos aprendido a amar a una personalidad simplemente por los frutos de una sola vida! Y cuán inconmensurablemente enriquecidas deben sentirse nuestras almas cuando aprendemos que la parte eterna del hombre pasa de personalidad en personalidad. Y por muy diferentes que nos parezcan estas personalidades, los hechos concretos que el conocimiento espiritual puede decirnos sobre la reencarnación y el karma nos aportarán de algún modo comprensión. La humanidad no se beneficiará tanto de conceptos y doctrinas generales, como de detalles que puedan arrojar luz sobre casos individuales. Entonces, mucho de lo que sólo es alcanzable a través de la visión intuitiva y la investigación oculta puede aplicarse a estas cuestiones y, por fin, podemos volver nuestra mirada al Misterio del Gólgota y recordarnos que en el trigésimo año de la vida de Jesús de Nazaret, el Ser Crístico entró en él y vivió a través del Misterio del Gólgota.
Cuando hoy en día se sostiene que el Ser Crístico no puede encarnarse en un cuerpo físico, hay que decir que en realidad eso nunca se ha afirmado. Pues el cuerpo físico en el que entró el Ser Crístico espiritual en aquel tiempo fue la envoltura de Jesús de Nazaret. En ese caso no ocurrió como con otras individualidades que construyen su cuerpo por sí mismas, sino que en el cuerpo que había sido preparado por Jesús de Nazaret, el Ser Crístico descendió sólo en un momento posterior. Es cierto que entonces hubo unión, pero en realidad no podemos hablar de una encarnación física del Cristo. Estas cuestiones son evidentes para quien tiene conocimiento.

Pero ahora sabemos que a través de este Impulso Crístico, a medida que fluye en las diferentes civilizaciones de la humanidad, algo ha venido a la Tierra, ha fluido en la humanidad, para beneficio de toda la humanidad. Así, lo que pasó por la muerte es como una semilla de maíz que se multiplica, puede abrirse camino en las almas humanas individuales y hacer germinar la vida. Como sabemos que el cuerpo de Jesús de Nazaret había recibido al Ser Cristo que, al pasar por la muerte, se unió a la Tierra, preguntémonos ahora: ¿Cuál será el resultado de esto cuando la Tierra haya alcanzado su meta y llegue a su meta? Cristo, que se unió a la Tierra, será la única realidad de la Tierra cuando ésta haya alcanzado su meta. Cristo será el Espíritu de la Tierra. De hecho ya lo es, sólo entonces las almas de los hombres serán impregnadas por Él, y los hombres formarán una totalidad junto con Él.

Y ahora surge otra pregunta. Hemos aprendido que el hombre en su forma en la Tierra debe ser considerado como "Maya". La forma se desintegra después de la muerte; lo que aparece exteriormente como el cuerpo humano es una ilusión.

La forma externa del cuerpo físico no permanecerá más de lo que permanecerán los cuerpos físicos de las plantas, los animales y los minerales. Los cuerpos físicos se convertirán en polvo cósmico. Lo que ahora es la Tierra física visible se habrá desvanecido por completo, ya no existirá. ¿Y los cuerpos etéricos? Sólo tendrán sentido y propósito mientras tengan que renovar la vida de los cuerpos físicos, y también dejarán de existir. Cuando la Tierra haya alcanzado su meta, ¿Qué quedará de todo lo que el hombre contempla? Nada en absoluto, nada de sí mismo, nada de los seres de los otros reinos de la naturaleza. Cuando lo Espiritual sea liberado, no quedará de la materia más que polvo informe, pues sólo el Espíritu es real. Pero entonces algo se habrá convertido en realidad, algo que en tiempos pasados no se había unido en absoluto con La Tierra y con lo que ahora se unirán las almas humanas - a saber, el Espíritu Crístico. El Espíritu Crístico será la única realidad que pueda quedar de la Tierra.
Pero, ¿Cómo adquiere este Espíritu Crístico sus envolturas espirituales? En el Misterio del Gólgota, Él descendió a la esfera de la Tierra como un Impulso, como el alma de la Tierra.

No sucede de la misma manera que en los seres humanos, pero también el Ser Crístico debe formar para Sí algo que pueda llamarse Sus envolturas. Cristo tendrá finalmente una especie de cuerpo físico espiritualizado, una especie de cuerpo etérico y una especie de cuerpo astral. ¿En qué consistirán estos cuerpos?

Estas son preguntas que por el momento sólo pueden ser insinuadas. Cuando el Ser Crístico descendió a la Tierra tuvo que proveerse de algo parecido a las envolturas de un ser humano: un cuerpo físico, un cuerpo etérico y un cuerpo astral. Gradualmente, en el curso de las épocas, algo que corresponde a un cuerpo astral, un cuerpo etérico y un cuerpo físico se formó alrededor del Impulso Crístico originalmente puramente espiritual que descendió en el Bautismo por Juan. Todas estas envolturas están formadas por fuerzas que deben ser desarrolladas por la humanidad en la Tierra. ¿Qué tipo de fuerzas son?

Las fuerzas de la ciencia externa no pueden producir un cuerpo para Cristo, porque sólo se ocupan de cosas que habrán desaparecido en el futuro, que ya no existirán. Pero hay algo que precede al conocimiento y que es infinitamente más valioso para el alma que el conocimiento mismo. Es lo que los filósofos griegos consideraban el principio de toda filosofía: la maravilla o el asombro. Una vez que tenemos el conocimiento, la experiencia que tiene valor para el alma ya ha pasado realmente. Las personas en quienes las grandes revelaciones y verdades del mundo espiritual pueden evocar asombro, alimentan este sentimiento de asombro, y con el tiempo esto crea una fuerza que tiene un poder de atracción para el Impulso Crístico, que atrae al Espíritu Crístico: el Impulso Crístico se une con el alma humana individual cuando el alma puede sentir asombro por los misterios del mundo. Cristo extrae Su cuerpo astral en la evolución terrestre de todos esos sentimientos que han vivido en las almas humanas individuales como asombro.

La segunda cualidad que deben desarrollar las almas humanas para atraer el Impulso Crístico es un poder de compasión. Cada vez que el alma se siente movida a compartir el sufrimiento o la alegría de los demás, ésta es una fuerza que atrae el Impulso Crístico; Cristo se une con el alma humana a través de la compasión y el amor. La compasión y el amor son las fuerzas a partir de las cuales Cristo forma Su cuerpo etérico hasta el final de la evolución terrestre. Con respecto a la compasión y al amor se podría hablar, por decirlo crudamente, de un programa que la Ciencia Espiritual debe llevar a cabo en el futuro. A este respecto, el materialismo ha desarrollado una ciencia perniciosa, como nunca ha existido antes en la Tierra. La peor ofensa cometida hoy es correlacionar amor y sexualidad. Esta es la peor expresión posible del materialismo, el síntoma más diabólico de nuestro tiempo. La sexualidad y el amor no tienen nada que ver. La sexualidad es algo muy diferente y no tiene ninguna relación con el amor puro y original. La ciencia ha llevado las cosas a un punto vergonzoso por medio de una extensa literatura dedicada a conectar estas dos cosas que simplemente no están conectadas.

Una tercera fuerza que fluye en el alma humana como de un mundo superior, a la que el hombre se somete, a la que atribuye un significado superior al de sus propios instintos morales individuales, es la conciencia.
Cristo está íntimamente unido a la conciencia del hombre. De los impulsos que brotan de la conciencia de las almas humanas individuales, Cristo extrae su cuerpo físico.

La realidad de una frase de la Biblia se hace muy clara cuando sabemos que el cuerpo etérico de Cristo se forma a partir de los sentimientos de compasión y amor de los hombres: "Lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis" - porque hasta el final de la evolución de la Tierra, Cristo forma su cuerpo etérico a partir de la compasión y el amor de los hombres. Así como forma su cuerpo astral a partir del asombro y la admiración, y su cuerpo físico a partir de la conciencia, así también forma su cuerpo etérico a partir de los sentimientos de compasión y amor de los hombres.

¿Por qué hablamos de estas cosas en la actualidad? Porque un día habrá que resolver un gran problema para la humanidad: a saber, cómo presentar la figura de Cristo en su relación con los diversos dominios de la vida. Esto sólo será posible si se tienen en cuenta muchas cosas que la Ciencia Espiritual tiene que decir. Cuando después de una larga contemplación de la idea de Cristo, tal como la concibe la Ciencia Espiritual, se intente presentar la figura de Cristo, se descubrirá que el semblante contiene algo que puede desconcertar, y de hecho desconcertará, a todas las artes. El semblante expresará la victoria de las fuerzas contenidas únicamente en el rostro sobre todas las demás fuerzas de la forma humana. Cuando los hombres sean capaces de modelar ojos que irradien sólo compasión, una boca que no sirva para comer, sino sólo para pronunciar esas palabras de verdad que son las palabras de la conciencia, cuando se pueda modelar una frente cuya belleza resida en el moldeado del arco que abarca la posición de lo que llamamos la flor de loto entre los ojos... cuando sea posible lograr todo esto, se comprenderá por qué el Profeta dice: "No tiene forma ni hermosura" (Isaías, 53, 2). (Isaías, 53, 2.) Lo que se quiere decir es que no es la belleza lo que cuenta, sino el poder que obtendrá la victoria sobre la decadencia: la figura de Cristo en la que todo es compasión, todo es amor, todo es devoción a la conciencia.

Y así la Ciencia Espiritual pasa como una semilla al sentimiento humano, a la percepción humana. Las enseñanzas que la investigación espiritual puede impartir no se quedan en meras enseñanzas; se transforman en la vida misma en el alma humana. Y los frutos de la Ciencia Espiritual madurarán gradualmente en condiciones de vida que aparecerán como una encarnación externa del propio conocimiento espiritual, del alma de la humanidad futura.

Con pensamientos como éstos me gustaría haberles hablado de la manera en que a uno le gusta hablar a aquellos que se esfuerzan por el conocimiento espiritual, no con palabras áridas, sino con palabras que transmitan ideas y estimulen sentimientos que puedan vivir y ser efectivos en el mundo exterior. Cuando tales sentimientos estén vivos en el corazón de los hombres, se convertirán en una fuente de calor que fluirá hacia toda la humanidad. Y quien crea esto, creerá también en la eficacia de sus propios buenos sentimientos; creerá también que esto puede aplicarse a todas las almas, aunque el karma no permita que se manifieste exteriormente. De este modo pueden engendrarse efectos invisibles por los que todo lo que debería venir al mundo a través de la Ciencia Espiritual puede realmente ser traído allí.

Este es el sentimiento que me gustaría despertar en ti con ocasión de mi presente visita a Colonia.
Traducido por J.Luelmo jul.2023