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viernes, 29 de diciembre de 2023

GA158 Dornach, 20 de noviembre de 1914 -Experiencias básicas del 4º y 5º período post Atlante

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RUDOLF STEINER


EXPERIENCIAS BÁSICAS DEL 4º Y 5º PERIODO POST ATLANTE

Dornach, 20 de noviembre de 1914

4ª conferencia 

A través de nuestras observaciones ya se nos ha hecho familiar encontrarnos el comienzo de otros mundos por debajo o por detrás del mundo físico que tenemos ante nosotros. Quisiera hablar hoy a modo de introducción de algunas particularidades de estos mundos espirituales, algunas de las cuales ya conocemos, que queremos complementar con algunas cosas a fin de traer también otras cosas ante el alma.

Ustedes saben que el mundo limítrofe con el nuestro es el llamado mundo imaginativo. Este mundo es mucho más móvil que nuestro mundo físico. Nuestro mundo físico se presenta con contornos nítidos, fronteras definidas, un mundo de objetos nítidamente definidos. El mundo en el que entramos cuando rasgamos el velo formado por el mundo físico es un mundo casi fluido, fugaz. También sabemos que el sentimiento, la sensación de que estamos fuera de nuestro cuerpo físico comienza en relación con este primer mundo espiritual. En el momento en que ascendemos al mundo espiritual, adquirimos una nueva relación con nuestro cuerpo físico, una relación similar a la que tenemos con nuestros ojos u oídos dentro del cuerpo físico. El cuerpo físico actúa más como un todo, como una especie de órgano de percepción, pero pronto nos damos cuenta de que no es realmente el cuerpo físico con lo que estamos tratando cuando este cuerpo físico viene a nosotros como una especie de órgano de percepción, sino más bien el cuerpo etérico. El cuerpo físico sólo nos da un marco, por así decirlo, que sostiene el cuerpo etérico. Miramos desde fuera hacia nuestro cuerpo etérico, también lo sentimos, lo percibimos como el órgano de los sentidos que percibe un mundo de imágenes y sonidos entretejidos y flotantes. Igual que nuestra relación con el oído y el ojo, así es nuestra relación con el cuerpo etérico que sostiene el cuerpo físico.

De manera que cuando nos sentimos fuera de nuestro cuerpo físico, esta experiencia es similar a la experiencia del dormir. La experiencia del dormir consiste en que estamos con nuestra humanidad anímico-espiritual fuera de nuestro cuerpo físico y etérico, sólo que durante la experiencia del dormir nuestra conciencia está amortiguada y no sabemos nada de lo que realmente ocurre con nosotros ni a nuestro alrededor. Por lo tanto, podemos decir que entre el hombre y su cuerpo físico existe otra relación distinta a la que estamos acostumbrados. Cuanto más nos acerquemos al futuro, más la humanidad se verá guiada por su evolución hacia aquello sobre lo que la ciencia espiritual debe llamar la atención.

Desde numerosos contextos he subrayado que no es arbitrario que hoy hagamos ciencia espiritual, sino que la evolución de la humanidad, lo que se prepara actualmente en la evolución de la humanidad, nos exige que nos ocupemos de esta ciencia espiritual. Este sentimiento en el ser humano de sentirse separado, por así decirlo, de su cuerpo físico, puede describirse como algo que sobrevendrá a la humanidad, como una experiencia incomprensible, cada vez más por sí misma, cuanto más nos acerquemos al futuro como humanidad. Llegará un momento en que muchísimas personas experimentarán cada vez más la sensación: Sí, qué es esto, siento como si me hubiera desdoblado, como si hubiera otra persona a mi lado. Y esta sensación, este sentimiento, que aparecerá como algo natural, igual que el hambre o la sed u otras experiencias, no debe permanecer incomprendido por la gente del presente y del futuro. Por medio de la Ciencia Espiritual, la gente podrá comprender el verdadero significado de este desdoblamiento. En particular, cuanto más nos acerquemos a estas cosas, más tendrán que tenerlas en cuenta la pedagogía y la educación. Tendremos que aprender a prestar más atención a ciertas experiencias de los niños de la que hemos prestado hasta ahora, cuando estas experiencias no estaban presentes en la misma medida.

Ciertamente, en un futuro muy próximo, en la vida posterior, más robustecida, bajo la impresión del mundo físico, estos sentimientos y sensaciones que he descrito no serán tan particularmente fuertes, pero en un futuro más lejano serán cada vez más fuertes. Al principio aparecerán en el niño que crece, y los adultos oirán de los niños muchas cosas que tendrán que comprender, muchas cosas que pueden pasarse por alto como si nada, pero que no deben pasarse por alto porque están relacionadas con los secretos evolutivos más profundos del mundo.

Los niños insinúan: He visto un ser aquí o allá que me ha dicho esto o aquello, qué debo hacer. -La persona de mentalidad materialista dirá: Eres un niño estúpido o una niña estúpida, no existe tal cosa. -Pero si se quiere comprender la ciencia espiritual, hay que aprender a reconocer que se trata de un fenómeno significativo. Cuando un niño dice: "Vi a alguien allí, desapareció de nuevo, pero sigue volviendo una y otra vez; sigue diciéndome esto y lo otro, y no puedo enfrentarme a él", entonces quien entienda la ciencia espiritual reconocerá que algo se está anunciando en el niño que emergerá cada vez más claramente en la evolución de la humanidad. ¿Qué es lo que se está anunciando?

Para comprender esto debemos considerar dos experiencias humanas básicas, la primera de las cuales fue especialmente importante para el cuarto periodo post atlante, el periodo grecolatino, y la otra es importante para nuestro periodo, en el que apenas se está preparando lentamente. Mientras que la primera experiencia básica encontró su conclusión en el período grecolatino, nos estamos acercando lentamente a la segunda. Las experiencias originadas por Lucifer y Ahriman siempre desempeñan un papel en la vida humana. Lucifer, en particular, intervino en la experiencia básica del cuarto período post atlante; Ahrimán interviene en nuestro período y determina la experiencia básica. Ahora bien, Lucifer está relacionado con todo lo que aún no ha alcanzado la distinción de los sentidos individuales, todo lo que se acerca al hombre indistintamente, indiferenciado. En otras palabras, Lucifer está relacionado con la experiencia de la respiración, con la experiencia de inhalar y exhalar. La respiración del hombre es algo que debe estar en una relación muy específica y regulada con su organismo general. En el momento en que el proceso respiratorio se ve perturbado de algún modo, la respiración se transforma inmediatamente, pasando de la forma en que se produce normalmente, es decir, como un proceso inconsciente al que no hay que prestar atención, a ser un proceso consciente, más o menos onírico. Y cuando, -podemos expresarlo de forma bastante trivial-, el proceso respiratorio se vuelve demasiado enérgico, cuando plantea al organismo exigencias mayores de las que éste puede cumplir, entonces Lucifer tiene la posibilidad de penetrar en el organismo humano con su respiración. No tiene que hacerlo él mismo, sino sus huestes, aquellos que le siguen.

Me refiero a un fenómeno que todo el mundo conoce como experiencia onírica. Esta experiencia onírica puede aumentar arbitrariamente. La pesadilla, en la que la persona llega a la conciencia onírica a través de la respiración perturbada, de modo que las experiencias del mundo espiritual pueden interferir, y también todas las experiencias de miedo y ansiedad que están conectadas con las pesadillas, tienen su origen en el elemento luciférico del mundo. Todo lo que pasa de ser un proceso respiratorio ordinario a un ahogo, a la sensación de estar estrangulado, está relacionado con esta posibilidad de que Lucifer interfiera en el proceso respiratorio. Este es el burdo proceso en el que, a través de una disminución de la conciencia, Lucifer interfiere en la experiencia respiratoria, entra en la conciencia del sueño de una manera formativa y se convierte en un estrangulador. Esa es la experiencia burda.

Pero también hay una experiencia más sutil que hace que esta experiencia de sofocamiento sea más sutil, por así decirlo, no tan tosca como un sofoco físico. Por lo general, no nos damos cuenta de que este refinamiento del ahogo pertenece a las experiencias humanas. Pero cada vez que el alma humana se enfrenta a algo que se convierte en una pregunta o una duda sobre esto o aquello en el mundo, entonces hay una experiencia de ahogo de una manera más refinada. Ya se puede decir: Cuando tenemos que plantearnos una pregunta, cuando un pequeño o un gran enigma del mundo se nos impone, entonces somos estrangulados, pero de tal manera que no nos damos cuenta de ello. Toda duda, toda pregunta es una sutil pesadilla.

De esa manera, las experiencias que de otro modo nos sobrevendrían bruscamente se transforman en vivencias más sutiles cuando se producen de forma más emocional. Uno ya puede imaginarse que la ciencia llegará algún día a estudiar la conexión entre el proceso respiratorio y el cuestionamiento o el sentimiento de duda en el alma humana. Pero también todo lo que está conectado con preguntas y dudas, todo lo que está conectado con el hecho de que estamos insatisfechos porque el mundo se nos acerca y exige una respuesta, o porque estamos obligados a dar una respuesta por lo que somos, está a su vez conectado con lo luciférico.

Podemos por lo tanto decir: Lo Luciférico puede introducirse en la naturaleza humana cuando el cuerpo etérico está dilatado. También se puede decir: Lo luciférico tiene tendencia a expresarse en un cuerpo etérico dilatado en relación con la forma humana, es decir, en un cuerpo etérico que necesita más espacio del que está encerrado en la piel humana, lo que da a la forma más opulencia. Uno puede ahora imaginar que uno quiere contestar a esta pregunta artísticamente, y entonces uno puede decir: Como el cuerpo etérico humano es normal, es el creador de la forma humana que está físicamente ante nosotros. Pero en cuanto se expande, en cuanto quiere crear un espacio más grande, unos límites más amplios que los que contiene la piel humana, también quiere dar otras formas. No puede seguir siendo la forma humana. Quiere ir más allá de la forma humana en todas partes. Este problema ya ha sido resuelto en la antigüedad. ¿Qué tipo de forma surge cuando el cuerpo etérico expandido, que no es adecuado para el ser humano sino para el ser luciférico, se afirma y aparece en forma ante el alma humana? ¿Qué surge de ello? La esfinge.

Aquí tenemos una forma especial de sumergirnos en la esfinge. La esfinge es lo que realmente nos ahoga. Cuando el cuerpo etérico del ser humano se expande a través de la energía de la respiración, surge en el alma un ser luciférico. No es la forma humana la que vive en este cuerpo etérico, sino la forma luciférica, una forma de esfinge. La esfinge surge como suscitadora de dudas, como atormentadora de preguntas. Por lo tanto, esta esfinge tiene una relación especial con el proceso respiratorio. Por otra parte, sabemos que el proceso respiratorio tiene una relación especial con la formación de sangre (hematopoyesis). Por lo tanto, lo luciférico también vive en la sangre, yendo y viniendo a través de la sangre. Lo luciférico siempre puede entrar en la sangre del ser humano por medio de la respiración, y cuando entra demasiada energía en la sangre, entonces lo luciférico, la esfinge, es particularmente fuerte.

Así que el hombre, al abrirse al cosmos en su proceso respiratorio, se enfrenta a la naturaleza de la esfinge. Esta experiencia de ser confrontado con la naturaleza de la esfinge del cosmos en su respiración, esta experiencia básica surgió particularmente en el cuarto periodo cultural post-atlante, el greco-latino. Y en la saga de Edipo vemos cómo el hombre se enfrenta a la Esfinge, cómo la Esfinge se encadena a él, se convierte en el atormentador de las preguntas. El hombre y la Esfinge, o también podríamos decir, el hombre y lo luciférico en el universo, podría presentarse como una experiencia básica del cuarto período cultural post-atlante, de tal manera que cuando el hombre rompe un poco su vida normal exterior en el plano físico, entra en contacto con la naturaleza de la Esfinge. Entonces Lucifer se le acerca en su vida, y debe llegar a un acuerdo con Lucifer, con la Esfinge.

La experiencia básica del quinto período cultural post-atlante, el nuestro, es diferente. Para nuestro período está especialmente dispuesto que el cuerpo etérico no esté hinchado, ni expandido, sino contraído, que no sea demasiado grande, sino más bien demasiado pequeño, y esto se hará más y más fuerte cuanto más avance la evolución. Si podemos decir: La forma normal del hombre en el griego es tal que el cuerpo etérico es demasiado grande - entonces podemos decir: En el hombre moderno es tal que el cuerpo etérico se constriñe, se contrae, se hace demasiado pequeño. Cuanto más se adentre el hombre en el desprecio materialista de lo espiritual, más se contraerá y secará este cuerpo etérico. Pero como la organización del cuerpo físico depende de que el cuerpo etérico penetre en él adecuadamente, siempre habrá una tendencia a que el cuerpo físico se seque cuando el cuerpo etérico esté demasiado comprimido. Y si se secara con particular fuerza, obtendría pies en forma de cuernos en lugar de los pies humanos naturales. El ser humano no los tendrá, pero la tendencia a ello reside en él, y se basa en esta tendencia del cuerpo etérico a secarse, a desarrollar demasiado poco poder etérico. Ahrimán en particular puede vivir ahora en este cuerpo etérico seco, así como Lucifer puede vivir en el cuerpo etérico expandido. Ahriman tomará la forma que indica la pobreza del cuerpo etérico. Desarrollará muy poco poder etérico para tener pies debidamente organizados, y desarrollará los pies en forma de cuernos mencionados anteriormente.

Mefistófeles es Ahrimán; no tiene los pies de cabra porque sí, tiene los pies de cabra por la razón que he indicado. Los mitos y leyendas son muy significativos; por eso Mefistófeles aparece muy a menudo con pies de caballo, donde los pies se han secado en pezuñas. Si Goethe hubiera penetrado ya plenamente en el problema de Mefisto, no habría hecho aparecer a su Mefisto como un caballero moderno, porque forma parte de la naturaleza de Ahrimán-Mefisto no tener tanto poder etérico como para poder organizar completamente la forma física humana.

Pero otra peculiaridad es debida a que el cuerpo etérico está, por así decirlo, contraído, es más pobre en fuerzas etéricas de lo que es el caso en el normal. Esta peculiaridad se nos hace más clara cuando echamos un vistazo a toda la naturaleza humana. Somos en cierto sentido ya físicamente una dualidad. Piénsenlo, cuando están erguidos, son el ser humano físico. Pero es propio del hombre físico que el aire que respira esté siempre dentro de él. Este aire que respira, sin embargo, ya es devuelto fuera de nuevo con la siguiente exhalación, de modo que el "hombre de aire" que respira que le impregna está cambiando constantemente. Ustedes no sólo son aquello que consiste en músculos y huesos, el hombre de carne y hueso, sino que también son el hombre de aliento. Pero él está cambiando constantemente, yendo y viniendo, entrando y saliendo. Y es el hombre-aliento el que está a su vez conectado con la sangre que circula constantemente.

Cuán separado de todo este hombre de la respiración se encuentra en ustedes el hombre de los nervios, el otro polo en el que circula el fluido nervioso, y no es más que una especie de contacto exterior, un acercamiento exterior entre el hombre de los nervios y el hombre de la sangre. Así como sólo las fuerzas etéricas que tienden hacia lo luciférico pueden alcanzar fácilmente el sistema sanguíneo a través de la respiración, así también las fuerzas etéricas que tienden hacia lo mefistofélico o lo ahrimánico sólo pueden alcanzar el sistema nervioso, pero no el sistema sanguíneo. Ahrimán es incapaz de sumergirse en la sangre; puede vivir continuamente en los nervios, vivir hasta que se seque, porque no puede alcanzar el calor de la sangre. Pero si quiere desarrollar una relación con la naturaleza humana, entonces tendrá que anhelar una gota de sangre, porque le resulta muy difícil alcanzar la sangre. Un abismo se interpone entre Mefistófeles y la sangre. Si quiere acercarse al hombre, a lo que vive en el hombre, si quiere entrar en contacto con el hombre, entonces se dará cuenta de que lo humano vive en la sangre. Debe esforzarse por la sangre.

Ven ustedes, la sabiduría de la leyenda de Mefistófeles está relacionada con esto, que el pacto se hace con sangre. Fausto debe pactar con Mefisto a través de la sangre, porque debe anhelar la sangre, porque está separado de la sangre. Así como el hombre griego se situaba frente a la Esfinge, que vive en el sistema respiratorio, así el hombre del quinto período cultural postatlante se sitúa frente a Mefistófeles, que vive en el proceso nervioso, que es frío y austero porque padece la falta de sangre, porque le falta el calor de la sangre. Y así se convierte en el burlador, en el acompañante austero del hombre.

Al igual que Edipo con la Esfinge, el hombre de la quinta época cultural post-atlante tiene que vérselas con Mefistófeles. Se enfrenta a este Mefistófeles como a un segundo ser. El griego se enfrentaba a la Esfinge a través del proceso sanguíneo y respiratorio que se había vuelto energético; se enfrentaba a lo que entraba en su naturaleza con la respiración energética. El hombre moderno, con todo lo que presiona de su intelecto, su sobriedad, se enfrenta a lo que está ligado al proceso nervioso. Proféticamente, esta confrontación del hombre con lo mefistofélico, me gustaría decir literariamente, podría anticiparse. Pero surgirá cada vez más como experiencia básica cuanto más nos adentremos en la evolución del quinto período postatlante. Y eso que les decía que aparecerá en la experiencia infantil será esta experiencia mefistofélica.

Mientras que el hombre griego era atormentado por una sobreabundancia de preguntas, el hombre moderno no se enfrentará tanto al tormento de las preguntas como al tormento de ser encantado en sus prejuicios, de tener a su lado un segundo cuerpo que contiene sus prejuicios. ¿Y cómo se prepara esto?

Echen ustedes una mirada imparcial a la evolución. Cuánto, en el transcurso de la quinta era de civilización postatlante, ha dejado de acercarse al hombre de forma cálida y directa. Tomen ustedes las innumerables preguntas que realmente se nos plantean cuando nos sumergimos en la ciencia espiritual. No están ahí para la gente moderna de mentalidad materialista. Dicha gente no siente el enigma de la Esfinge; el griego aún lo sentía vívidamente. El hombre moderno, sin embargo, debe sentir otra cosa. En realidad lo sabe todo tan bien en su propia opinión, observa el mundo sensorial, lo combina con su intelecto, y entonces todos los enigmas se resuelven para él. Él no se da cuenta de lo mucho que anda a tientas en la fantasmagoría exterior. Pero esto condensa cada vez más su cuerpo etérico, seca cada vez más su cuerpo etérico y finalmente lleva a que el elemento mefistofélico se adhiera como una segunda naturaleza al ser del hombre del presente hacia el futuro. Todo lo que se desarrolle en prejuicios materialistas, en estrechez de miras materialista, reforzará la naturaleza mefistofélica, y ya podemos decir ahora: Nos asomamos a un futuro en el que todos naceremos con un segundo ser humano que dirá que los que hablan del mundo espiritual son tontos. Yo lo sé todo, confío en mis sentidos. Ciertamente, el hombre rechazará el enigma de la Esfinge, al igual que hizo con el enigma de Mefistófeles, pero eso hará que un segundo ser se adhiera a sus talones. Éste ser lo acompañará de tal manera que sentirá la compulsión de pensar materialmente no a través de sí mismo, sino a través de un segundo ser que es su acompañante.

La actitud materialista hará que el cuerpo etérico se seque, y Mefistófeles vivirá en el cuerpo etérico seco. Tendremos que comprender esto, y en los tiempos futuros la humanidad tendrá que dar al niño tal tipo de educación, -ya sea a través de la euritmia, ya sea a través de una actitud científico-espiritual, a través de la cual el cuerpo etérico debe ser vivificado, para que el ser humano sea capaz de adoptar su posición correcta, para que identifique lo que significa su acompañante. De lo contrario al no identificar a este acompañante  se sentirá embrujado hacia él como si estuviera, hechizado. Al igual que el griego tuvo que vérselas con la Esfinge, el hombre moderno tendrá que vérselas con Mefistófeles, con la figura parecida a un sátiro, a un fauno, que tiene patas de cabra o de caballo.

Puede decirse que cada época sabe resumir lo que la caracteriza en una leyenda básica o primigenia. Tales leyendas básicas o primigenias son la leyenda de Edipo en Grecia y la leyenda de Mefistófeles en épocas más recientes. Pero estas cosas deben entenderse realmente desde sus fundamentos. Verán, lo que de otro modo sólo aparece como poesía, -los enfrentamientos entre Fausto y Mefisto-, se convierte, podría decirse, en el fundamento de la pedagogía del futuro. El preludio consiste en que el pueblo, o el poeta, hayan intuido al acompañante. Pero la secuela consistirá en el hecho de que todo ser humano tendrá este acompañante, que para él no debe permanecer inidentificable, y que este acompañante aparecerá más vívidamente, más poderosamente en la infancia del hombre. Y si los educadores adultos no adoptan la actitud correcta hacia lo que el niño expresa, entonces la naturaleza humana se corromperá por causa de la incomprensible confrontación con los encantos de Mefistófeles.

Es muy curioso que en la literatura de leyendas y cuentos de hadas, si uno los sigue, pueda encontrar estos rasgos por todas partes. Las leyendas y los cuentos de hadas, tan incomprensiblemente considerados por los eruditos de nuestro tiempo, apuntan en su estructura o bien hacia lo mefistofélico, lo ahrimánico, o bien hacia lo esfíngico, lo luciférico. Todas las leyendas y cuentos de hadas derivan del hecho de que su contenido fue originalmente experimentado ya sea a través de la relación que el hombre tiene con la Esfinge o a través de la relación que el hombre tiene con Mefisto. En las leyendas y los cuentos de hadas encontramos, más o menos oculto, o bien el motivo de la pregunta: es el motivo de la Esfinge, el motivo de que hay que resolver algo, de que hay que responder a una pregunta, o bien el motivo del encantamiento, de ser hechizado por algo: es el motivo mefistofélico, ahrimánico. ¿Pues en qué consiste exactamente el motivo ahrimánico? Consiste en que cuando tenemos a Ahrimán pegado a nosotros, corremos constantemente el peligro de caer presa de él, de pasar a su naturaleza, de no poder ya despegarnos de él. Y se podría decir: el hombre siente hacia la Esfinge algo que lo penetra y lo desgarra, por así decirlo; hacia el Mefistófeles, el hombre siente algo así como: debe sumergirse en este Mefistófeles, debe comprometerse con él, debe hacerse su esclavo.

Los griegos no tenían teología en nuestro sentido moderno, pero en cuanto a todo lo que es sabiduría, seguían estando más cerca de la naturaleza y sus fenómenos que el hombre moderno. Sin teología, se acercaron a las sabidurías de la naturaleza, y esto dio lugar en ellos al tormento de las preguntas.

El hombre está más cerca de la naturaleza en su proceso respiratorio que en su proceso nervioso. Por eso el griego sentía este acercamiento a la sabiduría particularmente vívido en su relación con la Esfinge. Esto se ha vuelto diferente con el hombre en los tiempos modernos. La teología está surgiendo. El hombre no se cree próximo a la sabiduría divina del mundo en contacto directo con la naturaleza, sino que quiere estudiarla; quiere acercarse a ella no a través del proceso respiratorio y sanguíneo, sino a través del proceso nervioso. El proceso nervioso se convierte en la búsqueda de la sabiduría, de la teología. Pero así el hombre destierra su sabiduría al proceso nervioso, acercándose a Mefistófeles. Y cuando sobrevino el quinto período postatlante, fue precisamente a partir de este destierro de la sabiduría a su proceso nervioso, cuando se desarrolló la idea de que Mefisto debía ser encadenado a sus talones, que debía ser colocado junto a él.

Si despojamos a la leyenda de Fausto de todos los cabos que se enredan a su alrededor, nos queda el hecho de que un joven teólogo se esfuerza por alcanzar la sabiduría, se ve acosado por las dudas y, por lo tanto, se entrega al diablo, a Mefisto, y es arrastrado así a su esfera de actividad. Pero al igual que el griego tuvo que llegar a un acuerdo con la Esfinge desarrollando completamente la naturaleza yoica del hombre, al igual que se tuvo que llegar a un acuerdo con la Esfinge desarrollando la naturaleza yoica, en nuestra época se debe llegar a un acuerdo con Mefistófeles ampliando y completando el yo con esa sabiduría que sólo puede provenir de la exploración del mundo espiritual, a través del conocimiento del mundo espiritual, a través de la ciencia espiritual.

Edipo se suponía que era el más poderoso de estos conquistadores de esfinges. Todo griego que se tomara en serio su humanidad era, en el fondo, más o menos un conquistador de esfinges a pequeña escala. Edipo sólo debía representar lo que cada griego tenía que experimentar de una forma particularmente típica. ¿Y qué sucede? Edipo debía derrotar aquello que vive en los procesos respiratorios y sanguíneos. Debía contrastar al hombre que vive en esto con el hombre nervioso que vive, por así decirlo, con poderes etéricos empobrecidos. ¿Cómo llega a esto? Absorbiendo en su propia naturaleza las fuerzas que están relacionadas con el proceso nervioso, es decir, las fuerzas mefistofélicas, pero absorbiéndolas de una manera sana, de modo que se despeguen de él y no se conviertan en sus compañeras, sino que están en él y puede enfrentarse a la naturaleza de la esfinge por medio de estas fuerzas.

Aquí vemos cómo, básicamente, Lucifer y Ahriman tienen un efecto beneficioso situándose en su lugar correcto, en el lugar donde están, por así decirlo, colocados por primera vez, y que tienen un efecto perjudicial cuando están donde no deberían estar. Para el griego, la naturaleza de la esfinge era algo con lo que tenía que lidiar, algo que tenía que sacar de sí mismo. Si podía arrojarla al abismo, es decir, traer el cuerpo etérico expandido al cuerpo físico, entonces había vencido a la esfinge. El abismo no está ahí fuera, el abismo es el propio cuerpo físico, en el que hay que sumergir sanamente la esfinge. Pero el otro polo, el polo nervioso, el proceso opuesto, partiendo del yo, debe fortalecerse, no lo que está fuera, sino lo que debe estar dentro. Lo ahrimanico se absorbe en el ser humano y de esta manera se coloca en el lugar correcto.
Edipo y la esfinge

Edipo es el hijo de Layo. Se le había predicho que si tenía un hijo, éste traería la desgracia a toda su familia. Así que abandonó al bebé que le había nacido. Le perforó los pies, y de ahí le vino el nombre de Edipo, que significa pie zambo. Ahí tenemos los poderes mefistofélicos en el drama de Edipo.

He dicho que si el poder etérico se empobrece por estas fuerzas, los pies ya no pueden desarrollarse, deben marchitarse, atrofiarse. En el caso de Edipo, esto fue causado artificialmente. El pastor que lo crió lo encontró colgado de un árbol, cuando debería haber muerto. Ahora lleva los pies zambos por el mundo. Él es, por así decirlo, Mefistófeles traducido a lo sagrado. Allí él está en el lugar adecuado, allí puede agitar poderosamente el yo, donde debe resolverse la tarea del cuarto período postatlante. Todo aquello que hizo crecer al griego, por lo que se convirtió en verdaderamente griego, el armonioso acuerdo entre el cuerpo etérico y el cuerpo físico, que todavía admiramos tan vivamente en las figuras griegas en su buen aspecto, todo esto se pierde en Edipo para que pueda convertirse en una "personalidad", para que se convierta en el representante mismo del ser humano en el que el yo se hace fuerte. El yo que sube hasta la cabeza se hace fuerte a medida que los pies se marchitan.

Este debe ser afrontado por el hombre del quinto período cultural post-atlante. Así como Edipo, para enfrentarse a la Esfinge, para vencerla, tuvo que absorber a Ahrimán, así también el hombre del quinto período cultural postatlante, que se enfrenta a Ahrimán-Mefistófeles, tiene que absorber a Lucifer en sí mismo, es decir, tiene que pasar por el proceso inverso al de Edipo. Él tuvo que empujar desde la cabeza hacia la otra naturaleza humana lo que se había acumulado del yo en la cabeza. Se ha acumulado en el yo, en la medida en que este yo vive en el proceso nervioso, -filosofía, jurisprudencia, medicina y desgraciadamente también teología-, ¡todos procesos nerviosos! Ahí surge el impulso de sacarlo todo de la cabeza y penetrar en el mundo entero a través de lo sensorial.

Tomemos ahora a Fausto tal como está, con todo lo que el yo ha adquirido, y cómo quiere arrojarlo todo de su cabeza, por así decirlo, lo que Goethe resume en las palabras: "He estudiado ahora, ¡ay! filosofía, derecho y medicina, ¡y por desgracia también teología! con gran esfuerzo". Él trató de sacarse todo eso de la cabeza. Lo hace entregándose a la vida, que no está ligada a la cabeza. Él es el Edipo invertido, que asume en sí mismo la naturaleza de Lucifer.
Fausto y Mephisto

Y ahora sigue lo que Fausto hace para que Lucifer entre en sí mismo y pueda luchar contra Ahriman, el Mefisto que está a su lado. Todo esto nos muestra hasta qué punto este Fausto es realmente el Edipo invertido. Mientras que todo lo que sucede en Edipo a través de la naturaleza invertida de Ahriman está conectado con Lucifer, todo lo que sucede en Fausto a través de la naturaleza invertida de Lucifer está conectado con Ahriman-Mephisto. Así como Ahriman-Mephisto vive más en el mundo exterior, Lucifer vive más en el mundo interior. Toda la desgracia que le sobreviene a Edipo por tener que penetrar en la naturaleza de Ahrimán consiste en cosas externas. El desastre viene sobre el sexo, no sólo sobre sí mismo. Y la perdición que le sobreviene a él mismo también está señalada externamente. Que se perfore los ojos y se ciegue son también cosas externas. Que la peste caiga sobre la ciudad de su padre es algo externo. Todo lo que ocurre en Fausto es una experiencia interior del alma, una tragedia dentro del ser humano, de modo que Fausto también se presenta aquí como el Edipo invertido.

Si ponemos ante nuestros ojos estas dos figuras, o mejor dicho, estas dos figuras dobles, Edipo y Esfinge, Fausto y Mefisto, tenemos ante nosotros de forma típica la evolución del cuarto y quinto períodos postatlantes. Cuando llegue el momento en que la fantasmagoría externa, aquello que ha sucedido como huella de lo externo, se represente menos como historia y mas como aquelllo que la gente experimenta, solo entonces veremos cuan significativas e importantes son estas experiencias básicas del hombre. Sólo entonces nos daremos cuenta de lo que realmente vive en el proceso evolutivo en curso, de cómo la historia, la fantasmagoría externa, pasa de aquella representación que se suele dar como historia a aquella de la que los acontecimientos externos, por muy significativos que parezcan, en el fondo sólo son la huella fantasmagórica externa.

Así como el yo tuvo que ser fortalecido por un lado por Ahriman-Mefistófeles entrando en Edipo, es decir, el griego, así por otro lado este yo se ha vuelto demasiado fuerte en el hombre moderno. Y el hombre moderno debe alejarse de nuevo de este yo, sumergiéndose en los acontecimientos espirituales, sumergiéndose en lo que está relacionado con el mundo al que pertenece el yo, cuando este yo se da cuenta de que no sólo vive en el cuerpo humano, sino que es ciudadano del mundo espiritual. Y vivimos en esta época. Mientras que en la cuarta era postatlante el hombre tenía que esforzarse con todas sus fuerzas para llegar a ser consciente de que el yo vive en el cuerpo físico, el hombre de nuestro quinto período postatlante debe trabajar para llegar a ser consciente de que el yo pertenece al mundo espiritual. Y la expansión de la conciencia del yo a través del mundo espiritual es la ciencia espiritual. Por lo tanto, esta ciencia espiritual también está profundamente conectada con las exigencias más elevadas de la evolución humana en nuestro quinto período post-atlante.

Traducio por J.Luelmo dic.2023

domingo, 30 de julio de 2023

GA266b-25 Estrasburgo, 19 de febrero de 1911 La tierra como campo de batalla entre los buenos poderes espirituales y Lucifer y Ahriman.

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Rudolf Steiner 

LECCIONES ESOTÉRICAS

LECCIÓN 25 

Estrasburgo, 19 de febrero de 1911 - 

Uno podría preguntarse por qué hoy en día la gente quiere dedicarse voluntariamente a una vida esotérica, y si no sería mejor decirse a uno mismo que si una voluntad espiritual divina quiere dejarme entrar en mundos superiores lo hará por sí misma, y por tanto esperaré. Pero si uno preguntara sobre esto a los actuales dirigentes esotéricos de la corriente rosacruz, tendrían que responder: Estás olvidando que tú como hombre estás situado en un campo de batalla en la tierra, y concretamente en la batalla de los poderes espirituales buenos contra Lucifer y Ahriman. Ambos están tratando de reclutar las almas de los hombres para sus ejércitos.

¿Qué quiere hacer Lucifer de los hombres? Visto unilateralmente, tiene un objetivo sublime. Sabemos que la anterior encarnación de nuestra tierra, la Antigua Luna, era el cosmos de la sabiduría, que estaba completamente impregnada de sabiduría. Pero Lucifer carecía de la fuerza del amor que ahora está incorporada en la tierra. Así que está impregnado de sabiduría pero no sabe nada del amor en absoluto. Se ha dedicado enteramente a la sabiduría, se ha drogado con ella por asi decirlo, y quiere llenar a todos los hijos de la tierra con sabiduría.

Y esta es una gran tentación para los hombres una y otra vez. Las fuerzas de Lucifer viven en nosotros, y el en efecto nos dice: Si me tomas completamente dentro de ti verás todas las relaciones, lo sabrás todo y todo será claro para ti.

Quiere dar a los hombres sabiduría sin amor, lo que conduce a un conocimiento egoísta. Lucifer sigue pensando que conseguirá soldados humanos para su ejército, y está trabajando muy duro para conseguirlo.

Lucifer está presente en todo conocimiento y percepción. Sólo hay un lugar donde él no puede llegar a nosotros, y es cuando nos sumergimos devotamente en nuestra meditación en la sabiduría sin influencias externas - entonces escapamos de Lucifer.

¿Y qué quiere Ahriman? Él quiere dar poder a los hombres. Ahriman es un espíritu que cayó incluso antes. Los Arcángeles eran hombres en el antiguo Sol, pero muy diferentes a nosotros. En aquella época, el pensamiento se traducía inmediatamente en hechos. Los hombres eran entonces seres poderosos. El pensamiento era realidad de forma inmediata. La sabiduría entonces no era como en la antigua Luna todavía - era poder; pero el poder sin sabiduría conduce a la magia negra, al oscurecimiento.

Vencemos a Ahriman mediante la actitud de que queremos dedicarnos al Espíritu del Mundo, de que sólo queremos ser su instrumento, de que sólo queremos dejarle trabajar en nosotros. Si hacemos nuestra meditación con esta actitud podemos conquistar a Ahriman.

Conquistamos a Lucifer llenando nuestro yo completamente con el contenido de la meditación. Lucifer no puede entrar en el yo, sólo en el cuerpo astral.

El impulso Crístico es amor. Pero el amor sin sabiduría sería muy malo. Por ejemplo se nos dice que había una madre que amaba a su hija como a un ídolo y no le negaba nada. A través de este mal entrenamiento la hija se convirtió en una famosa mezcladora de veneno a principios del siglo XIX. La individualidad de la hija se encarna ahora de nuevo como maga negra. Se reencarnó tan rápidamente porque tales seres son prácticamente escupidos del mundo espiritual.

Lucifer es redimido por Cristo. Los hombres que acojan a Lucifer en Júpiter serán seres poderosos; pero será como una quema de estos yoes en sabiduría sin amor.

Luego en Venus se tratará de magia negra; la condición será como un ahogamiento espiritual. Los hombres ya deben tener la voluntad para las cosas espirituales ahora para que el amor puro pueda brillar en Venus.


miércoles, 19 de julio de 2023

GA229 Dornach 7 de octubre de 1923 La Imaginación de la Pascua- El curso anual en cuatro imaginaciones ´cósmicas

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El curso anual en cuatro imaginaciones cósmicas

La imaginación de La Pascua

RUDOLF STEINER

Dornach 7 de octubre de 1923

Debemos darnos cuenta claramente de cómo en lo más profundo del invierno la Tierra, es un ser encerrado en sí mismo, en relación con el cosmos. Durante el invierno la Tierra es, por así decirlo, enteramente Tierra, con una naturaleza-Tierra concentrada. En pleno verano, -para añadir este contraste en aras de la claridad-, la Tierra se entrega al cosmos, vive con el cosmos. Y en medio, durante la primavera y el otoño, siempre hay un equilibrio entre estos extremos.

Todo esto tiene el significado más profundo para toda la vida de la Tierra. Naturalmente, lo que voy a decir se aplica sólo a la parte de la superficie terrestre en la que tiene lugar la correspondiente transición del invierno a la primavera.

Comencemos, como siempre hemos hecho en estas conferencias, considerando el lado puramente material. Nos fijaremos en los depósitos de sal que hemos tenido que tratar como el factor más importante del invierno. Lo estudiaremos primero en los depósitos calcáreos, que son, en efecto, un fenómeno de la mayor importancia para todo el ser de la Tierra.

Basta con salir al aire libre aquí, (suiza), donde estamos rodeados por todas partes por la piedra caliza del Jura, y tendrán ante ustedes todo lo que voy a empezar a describir hoy. La observación ordinaria es tan superficial que para la mayoría de la gente la piedra caliza es simplemente piedra caliza, y exteriormente no hay realmente ninguna diferencia perceptible entre la piedra caliza de invierno y la piedra caliza de primavera. Pero esta falta de distinción proviene del punto de vista que ayer llamé el punto de vista de la pulga. Las metamorfosis de la piedra caliza sólo aparecen cuando miramos más allá en el cosmos, por así decirlo. Entonces encontramos una sutil diferencia entre la caliza invernal y la caliza primaveral, y es precisamente esto lo que hace que la caliza sea el más importante de todos los depósitos del suelo. Después de todas las diversas consideraciones que hemos hecho aquí, y puesto que sabemos que el alma y el espíritu se encuentran en todas partes, podemos permitirnos hablar de toda esta sustancia como seres vivificados, dotados de alma. Así podemos decir que la piedra caliza invernal es un ser contenido en sí mismo.

Si entramos con la Intuición, -la Intuición descrita en mi libro Conocimiento de los Mundos Superiores -, en el ser de la caliza invernal, la encontramos impregnada en su totalidad de la más diversa espiritualidad, compuesta por los seres elementales que habitan en la Tierra. Pero la piedra caliza está como contenta, tanto como  pueda estarlo una cabeza humana cuando ha resuelto un problema importante y se siente feliz de tener los pensamientos que apuntan a la solución. Percibimos, -pues la Intuición siempre abarca el sentimiento-, un contento interior en toda la vecindad de las formaciones calcáreas durante la estación invernal.

Si nadáramos bajo el agua, percibiríamos agua por todas partes; y del mismo modo, si nos movemos espiritualmente a través del proceso de formación de la piedra caliza, percibimos esta satisfacción invernal por todas partes. Se expresa como una impregnación interior de la piedra caliza invernal por formas móviles y siempre cambiantes, formas vivas y espirituales que aparecen como Imaginaciones.

Cuando se acerca la primavera, sin embargo, y especialmente cuando llega marzo, la piedra caliza se vuelve, -podríamos decir-, apagada con respecto a sus cualidades espirituales. Las pierde, ya que, como ustedes saben por relatos anteriores, los seres elementales toman ahora su camino, a través de una especie de respiración cósmico-espiritual, hacia el cosmos. Las cualidades de pensamiento espirituales de la piedra caliza se embotan, pero lo notable es que se llena de deseo ansioso. Desarrolla una especie de vitalidad interior. Una sutil energía vital surge cada vez más en la piedra caliza, volviéndose cada vez más activa a medida que se acerca la primavera, y aún más hacia el verano, cuando las plantas brotan.

Naturalmente, estas cosas no se manifiestan de forma exterior, pero sí de forma sutil e íntima. Las plantas en crecimiento extraen agua y ácido carbónico de la piedra caliza del suelo. Pero esta misma pérdida significa para la piedra caliza un acceso interior de actividad viva, y adquiere por ello un extraordinario poder de atracción para los seres ahrimánicos. Cada vez que se acerca la primavera, sus esperanzas reviven. Aparte de esto, no tienen nada particular que esperar del reino de la naturaleza exterior, porque en realidad sólo pueden proseguir sus actividades dentro de los seres humanos. Pero cuando se acerca la primavera, la impresión que les causa la piedra caliza les hace pensar que, después de todo, podrán difundir su naturaleza de dragón por toda la naturaleza. Al encontrar la piedra caliza llena de vida, esperan poder atraer también el elemento astral del cosmos para envolver la piedra caliza, para impregnarla de alma. Así, cuando se acerca marzo, un observador de la naturaleza verdaderamente clarividente puede asistir a un drama extraordinario. Ve cómo por todas partes las esperanzas de los seres ahrimánicos intervienen sobre la Tierra como un viento astral, y cómo los seres ahrimánicos se esfuerzan con todas sus fuerzas por hacer caer una lluvia astral, por así decirlo. Si tuvieran éxito, entonces en el verano esta lluvia astral transformaría la Tierra en un ser dotado de alma, -o por lo menos en parte, hasta donde se extiende la piedra caliza. Y entonces, en otoño, a cada pisada sobre su superficie la Tierra sentiría dolor.

Este empeño, esta ilusión, se apodera de los seres ahrimánicos cada primavera, y cada primavera es llevada a la nada. Desde un punto de vista humano, uno podría decir: seguramente los seres ahrimánicos ya se habrán vuelto lo suficientemente inteligentes como para renunciar a estas esperanzas. Pero el mundo no es tal como lo imaginan los seres humanos. El hecho es que cada primavera los seres ahrimánicos tienen nuevas esperanzas de poder transformar la Tierra en un ser vivo dotado de alma mediante una lluvia astral procedente de lo alto, y cada año sus ilusiones se hacen añicos.

Pero el hombre no está libre de peligro en medio de estas ilusiones. Él consume los productos de la naturaleza que florecen en esta atmósfera de esperanzas e ilusiones; y es ingenuo suponer que el pan que come es simplemente maíz, molido y cocido. En la naturaleza exterior estas esperanzas se hacen añicos, pero los seres ahrimánicos anhelan tanto más alcanzar su objetivo en el hombre, que ya tiene alma. Así pues, cada primavera el hombre corre el peligro de ser víctima, -de forma sutil e íntima-, de los seres ahrimánicos. En primavera está mucho más expuesto a todos los trabajos ahrimánicos en el cosmos que en otras épocas del año.

Pero ahora, si dirigimos nuestra mirada hacia arriba, hacia donde los seres elementales de la Tierra ascienden, donde se unen con las formaciones nubosas y adquieren una actividad interior que está sujeta a la vida planetaria, se puede ver algo más. A medida que se acerca marzo, y abajo trabajan los seres ahrimánicos, los seres elementales, -que son totalmente espirituales, inmateriales, aunque vivan dentro de la Tierra material-, son transportados hacia arriba, a la región del vapor, del aire y del calor. Y todo lo que sucede allí arriba, entre los seres elementales activos, está impregnado de seres lucifericos. Del mismo modo que los seres ahrimánicos alimentan sus esperanzas y experimentan sus ilusiones abajo, los seres lucifericos experimentan sus esperanzas e ilusiones arriba.

Si observamos más de cerca a los seres ahrimánicos, veremos que son de naturaleza etérica. Y es imposible que estos seres, que en realidad son los que fueron arrojados por Miguel, se expandan de otra manera que no sea tratando de obtener el dominio sobre la Tierra a través de la vida y el deseo que llenan la piedra caliza en primavera.

Los seres luciféricos de arriba atraviesan e impregnan todas las actividades que han surgido de la Tierra. Son de naturaleza puramente astral. A través de todo lo que comienza a esforzarse hacia arriba en la primavera, adquieren la esperanza de poder impregnar su naturaleza astral con la etérica, y llamar de la Tierra una envoltura etérica en la que podrían entonces establecer su morada.

De ahí que podamos decir: Los seres ahrimánicos tratan de envolver la Tierra con astralidad (rojizo); los seres lucifericos tratan de absorber lo etérico en su propio ser (azul con amarillo).

Cuando ahora en primavera las plantas comienzan a brotar, asimilan y atraen el ácido carbónico. Por lo tanto, el ácido carbónico está activo en una región más elevada que en invierno; sube al reino de las plantas, y allí cae bajo la atracción de los seres luciféricos. Mientras que los seres ahrimánicos se esfuerzan por impregnar la piedra caliza viva con una especie de lluvia astral, los seres lucifericos intentan elevar de la Tierra una especie de niebla o vapor de ácido carbónico (azul, amarillo). Si lo consiguieran, los seres humanos de la Tierra ya no podrían respirar. Los seres lucifericos atraerían toda esa parte del hombre, su naturaleza etérica, que no depende de la respiración física, y uniéndose a ella podrían convertirse en seres etéricos, mientras que ahora sólo son seres astrales. Y entonces, con la extinción de toda vida humana y animal en la Tierra, arriba habría una envoltura de seres-ángeles etéricos. Eso es lo que los espíritus lucifericos se esfuerzan y esperan, cuando llegue el fin de marzo. Esperan convertir toda la Tierra en una delicada envoltura de este tipo, en la que ellos, densificados a través de la naturaleza etérica del hombre, podrían llevar a cabo su propia existencia.

Si los seres ahrimánicos pudieran realizar sus esperanzas, toda la humanidad se disolvería gradualmente en la Tierra: la Tierra los absorbería. Finalmente surgiría de la Tierra, -y esa es la intención de Ahrimán -, una gran entidad única en la que se fundirían todos los seres humanos: se unirían a ella. Pero la transición a esta unión con la Tierra consistiría en esto: el hombre en todo su organismo se parecería cada vez más a la piedra caliza viva. Mezclaría la caliza viva con su organismo y se calcificaría cada vez más. De este modo, transmutaría su forma corporal en otra con un aspecto muy diferente: una forma esclerótica con algo parecido a las alas de un murciélago y una cabeza como ésta. Esta forma podría entonces fusionarse gradualmente con el elemento terrestre, de modo que toda la Tierra, según la idea ahrimánica, se convertiría en un ser terrestre viviente.

Si los seres luciféricos, por otra parte, pudieran absorber la naturaleza etérica del hombre, y condensarse así desde una condición astral a una etérica, entonces de ellos surgiría algo así como una forma etérica, en la que las partes inferiores del organismo humano estarían más o menos ausentes, con la parte superior transformada. El cuerpo estaría formado de vapor de Tierra (azul), desarrollado sólo hasta el pecho, con una cabeza humana idealizada (rojo). Y lo peculiar es que este ser tendría alas, nacidas como de las nubes (amarillo). Delante, estas alas se concentrarían en una especie de laringe ampliada; a los lados se concentrarían en orejas, órganos del oído, que a su vez estarían conectados con la laringe.

Como ven, intenté representar la forma esclerótica a través de la figura de Ahriman en el cuadro de la cúpula del Goetheanum y plásticamente en la talla de madera del Grupo. Del mismo modo, la forma luciférica, creada a partir del vapor de la Tierra y de las masas nubosas, tal como sería si pudiera tomar lo etérico de la Tierra, está representada allí.

Así, los dos extremos del hombre están inscritos en la vida de la Tierra misma: primero, el extremo al que llegaría el hombre si, bajo la influencia de Ahrimán, tomara la piedra caliza viviente y se convirtiera así gradualmente en uno con la Tierra, disuelto en toda la Tierra viviente y sensible. Ese es un extremo. El otro extremo es al que llegaría el hombre si los seres luciféricos lograran hacer subir desde abajo un vapor de ácido carbónico, de modo que la respiración se extinguiera y la humanidad física desapareciera, mientras que los cuerpos etéricos de los hombres se unieran con la astralidad del ser-ángel luciférico de arriba.

De nuevo podemos decir: Estas son las esperanzas, las ilusiones, de los seres luciféricos. Cualquiera que mire como un vidente a los grandes espacios del cosmos no ve en las nubes en movimiento, como en la obra de Shakespeare, una forma que primero parece un camello y luego otra cosa. Cuando llega marzo, ve en las nubes las fuerzas dinámicas de los seres lucifericos, que quieren crear en la Tierra una envoltura luciferica. El hombre oscila entre estos dos extremos. El deseo tanto de los seres luciféricos como de los ahrimánicos es borrar a la humanidad tal como existe hoy en día.

Estas diversas actividades se manifiestan en la vida de la Tierra. Las esperanzas de los seres luciféricos se rompen una vez más cada primavera, pero siguen actuando en el hombre. Y en primavera, mientras que por un lado está expuesto a las fuerzas ahrimánicas, también lo está cada vez más, -y durante todo el verano-, a los seres lucifericos.

Estas fuerzas, ciertamente, actúan de un modo tan sutil que hoy en día sólo las percibe alguien que sea espiritualmente sensible y pueda realmente vivir con el curso de los acontecimientos en el cosmos durante todo el año. Pero en épocas anteriores, incluso en el último período atlante, todo esto tenía un gran significado.

En aquellos tiempos, por ejemplo, la reproducción humana estaba ligada a las estaciones. La concepción sólo podía producirse en primavera, cuando las fuerzas estaban activas en la forma que he descrito, y los nacimientos, por tanto, sólo podían tener lugar hacia el final del año. De este modo, la vida de la Tierra estaba íntimamente ligada a la vida humana (*).

Ahora bien, un de los principios de los seres luciféricos consiste en liberar todo en la Tierra, y entre las cosas que han sido liberadas están la concepción y el nacimiento. El hecho de que un ser humano pueda nacer en cualquier época del año fue provocado en épocas anteriores por esta influencia luciférica, que tiende siempre a liberar al hombre de la Tierra, y se ha convertido en una parte establecida de la libertad humana. La próxima vez hablaré de las influencias que todavía están activas, pero hoy quería mostrarles cómo en épocas anteriores los objetivos de los seres luciféricos se alcanzaron, hasta cierto punto realmente. De lo contrario, los seres humanos sólo habrían podido nacer en invierno.

En contra de esto, los seres Ahrimánicos intentan con todas sus fuerzas volver a poner al hombre en conexión con la Tierra. Y puesto que los seres luciféricos tuvieron esta gran influencia en el pasado, los seres ahrimánicos tienen la perspectiva de lograr, al menos en parte, su propósito de atar al hombre a la Tierra, fusionando su mente y disposición con lo terrenal y convirtiéndolo en un materialista completo. Quieren hacer que su capacidad de pensar y sentir dependa enteramente de los alimentos que digiere. Esta influencia ahrimánica afecta particularmente a nuestra época y seguirá haciéndose cada vez más fuerte.

Por lo tanto, si miramos hacia atrás en el tiempo, nos encontramos con algo realizado por los seres luciféricos y que nos ha sido legado. Si miramos hacia adelante, hacia el fin de la Tierra, vemos al hombre enfrentado a la amenazadora perspectiva de que los seres ahrimánicos, ya que no pueden disolver realmente a la humanidad en la Tierra, se las ingeniarán al menos para endurecerla, de modo que el hombre se convierta en un burdo materialista, que sólo piense y sienta lo que la sustancia material piensa y siente en él.

Los seres luciféricos realizaron su obra de liberar al hombre de la naturaleza, en la forma que he descrito, en una época en que el hombre mismo aún no tenía libertad. La libertad no ha surgido por resolución humana o de forma abstracta, como sugiere el relato habitual, sino porque los procesos naturales, como el momento de los nacimientos, han quedado bajo control humano. Cuando en épocas anteriores se hizo evidente que los niños podían nacer en cualquier época del año, esto trajo un sentimiento de libertad al alma y al espíritu del hombre. Estos son los hechos. Y dependen mucho más del cosmos de lo que comúnmente se piensa.

Pero ahora que el hombre ha avanzado en libertad, debe usar su libertad para desterrar el amenazador peligro de que Ahriman lo encadene a la Tierra. Pues en la perspectiva del futuro esta amenaza se presenta ante él. Y aquí vemos cómo en la evolución de la Tierra entró un hecho objetivo: el Misterio del Gólgota.

Aunque el Misterio del Gólgota tuvo que entrar en la historia de la Tierra como un acontecimiento único, en cierto sentido se renueva cada año para los seres humanos. Podemos aprender a sentir cómo la fuerza luciférica de arriba querría sofocar a la humanidad física en vapor carbónico, mientras que abajo, las fuerzas ahrimánicas querrían vivificar las masas calcáreas de la Tierra con una lluvia astral, para que el hombre mismo fuera calcificado y reducido a piedra caliza. Pero entonces, para una persona que puede ver en estas cosas, surge entre las fuerzas luciféricas y las ahrimánicas la figura de Cristo; el Cristo que, liberándose del peso de la materia, tiene a Ahrimán bajo sus pies; que se liberó de lo ahrimánico y no le hace caso, habiéndolo vencido, como hemos mostrado aquí en pintura y escultura. Y aquí se muestra también cómo el Cristo vence a la fuerza que trata de alejar la parte superior del hombre de la Tierra. La cabeza de la figura de Cristo, el vencedor de Ahrimán, aparece con un semblante, una mirada y un porte tales que las fuerzas disolventes de Lucifer no pueden tocarlos. El poder luciférico atraído hacia lo terrenal y retenido allí, -tal es la forma del Cristo tal como aparece cada año en primavera. Así es como debemos imaginarlo: de pie sobre lo terrenal, que Ahriman trata de hacer suyo; victorioso sobre la muerte; ascendiendo de la tumba como el Resucitado a la transfiguración que proviene de llevar lo luciférico a la belleza terrenal del semblante de Cristo.

Así aparece ante nuestros ojos, entre las formas luciféricas y las ahrimánicas, el Cristo Resucitado en su forma de Resurrección, como la imagen de Pascua; el Cristo Resucitado, con los poderes luciféricos revoloteando por encima y los poderes ahrimánicos bajo sus pies.

Esta Imaginación cósmica se presenta ante nosotros como la Imaginación de Pascua, del mismo modo que tuvimos a la Virgen y al Niño como la Imaginación de Navidad en pleno invierno, y la Imaginación de Michael para finales de septiembre. Ya verán lo acertado que fue representar a Cristo en la forma que ven aquí, una forma nacida de los acontecimientos cósmicos a lo largo del año. No hay nada arbitrario en ello. Cada mirada, cada rasgo del semblante, cada pliegue fluido de la vestimenta, deben ser considerados como colocando a la figura de Cristo entre las formas de Lucifer y Ahriman, como Aquel que trabaja en la evolución humana, para que el hombre pueda ser arrancado de los poderes luciféricos y ahrimánicos en el momento preciso, el tiempo de Pascua y Primavera, cuando más fácilmente podría caer víctima de ellos.

Precisamente aquí, en la figura de Cristo, nuevamente vemos cómo nada puede hacerse correctamente partiendo de meros caprichos arbitrarios que hoy en día se favorecen en los círculos artísticos. Si un hombre desea desarrollar la plena libertad en el reino del arte, no se ata de manera servil y ahrimánica a materiales y modelos; se eleva libremente a las alturas espirituales y allí crea libremente, pues es en las alturas espirituales donde puede prevalecer la libertad. Entonces creará, a partir de un vapor azul-violeta, una especie de forma de pecho para el elemento luciférico, y una forma consistente en alas, laringe y oreja, como si emergieran de nubes rojizas, de modo que esta forma pueda aparecer en plena realidad como una imagen tanto de lo que estos seres son en su naturaleza astral como de la apariencia etérica que amenazan con asumir.

Pongan vívidamente ante ustedes estas alas de Lucifer, trabajando en lo astral y esforzándose hacia lo etérico. Descubrirán que, como estas alas se mueven en los espacios cósmicos, son sensibles a todos los secretos de la fuerza del cosmos. A través de su movimiento ondulante, estas alas, con su formación ondulatoria, están en contacto con las misteriosas actividades ondulatorias espirituales del cosmos. Y la experiencia traída por estas ondas pasa a través de la formación del oído al interior del ser luciférico y es llevada más allá. El ser luciférico capta a través de su oído lo que ha percibido con sus alas, y a través de la laringe, estrechamente unida al oído, este conocimiento se convierte en la palabra creadora que actúa y teje en las formas de los seres vivos.

Si se representa a un ser luciférico de este tipo, con su formación rojiza-amarilla de alas, orejas y laringe, se verá en él la actividad que es sensible a los secretos del cosmos a través de sus alas, experimenta estos secretos a través de la continuación interior de su formación del oído, y los pronuncia como palabra creadora a través de la laringe, unida a las alas y las orejas en un todo orgánico.

Así estaba pintado Lucifer en la cúpula, y así está representado en el grupo escultórico que debía ser el punto central de nuestro Goetheanum. Así, en cierto sentido, el misterio pascual debía situarse en este punto central. Pero, para comprender la idea en su totalidad, es necesario completarlo de alguna forma. Pues todo lo que puede verse como la amenazadora influencia luciferica y la amenazadora influencia ahrimánica pertenece al ser interior de las fuerzas de la Naturaleza y a la dirección que se esfuerzan por tomar en primavera y en verano; y frente a ellas está el principio curativo que irradia del Cristo. Pero el sentimiento vivo de todo esto se alcanzará cuando todo el esquema arquitectónico esté completado y lo que he descrito exista en forma arquitectónica y escultórica, y cuando en el futuro sea posible presentar delante de la escultura un drama vivo con dos personajes principales: el hombre y Rafael.

Dentro de esta arquitectura, y en presencia de la escultura, habría que representar una especie de Drama Misterio, con el hombre y Rafael como personajes principales - Rafael con el bastón de Mercurio y todo lo que le pertenece. En la obra artística viva, todo es un desafío y, en el fondo, no hay escultura ni arquitectura que, para ser interiormente coherente con la verdad cósmica, no exija una presentación en el espacio que la rodea de la acción artística que encarna. En Pascua, esta arquitectura y escultura requerirían un Drama Misterio, mostrando al hombre enseñado por Rafael a ver hasta qué punto las fuerzas Ahrimánicas y Luciféricas le enferman, y cómo a través del poder de Rafael puede ser llevado a percibir y reconocer el principio curativo, la gran terapia mundial, que vive en el Principio de Cristo. Si todo esto pudiera hacerse, -y el Goetheanum fue diseñado para todo ello-, entonces en Pascua habría, entre muchas otras cosas, una cierta coronación de todo lo que puede fluir hacia la humanidad desde los secretos ahrimánicos y luciféricos.

Verán, si aprendemos a reconocer la actividad primaveral de la influencia ahrimánica en la piedra caliza viviente, a través de la cual se está haciendo un esfuerzo codicioso por tomar el elemento astral cósmico, entonces aprendemos también a reconocer las fuerzas curativas que residen en todo lo que tiene naturaleza salina. La diferencia no es aparente en el tipo más burdo de actividades, pero sale a la luz en las curativas. Así aprendemos a conocer estas influencias curativas estudiando el trabajo de los seres ahrimánicos en los depósitos de sal de la Tierra. Porque todo lo que está impregnado por las influencias ahrimánicas durante una estación del año, -lo estudiaremos más detenidamente la próxima vez, -se transforma en poderes curativos en otra estación. Si sabemos lo que ocurre secretamente en los productos y seres de la naturaleza, aprendemos a reconocer su poder terapéutico. Lo mismo sucede con el elemento luciférico: aprendemos a reconocer las fuerzas curativas activas en las sustancias volátiles que surgen de la Tierra, y especialmente las presentes en el ácido carbónico. Pues así como he explicado que en toda agua hay un elemento mercurial, azogue, así en el ácido carbónico hay siempre un elemento sulfuroso, fosfórico.

No hay ácido carbónico que consista simplemente, -como dicen los químicos- en un átomo de carbono y dos átomos de oxígeno: tal cosa no existe. En el ácido carbónico que exhalamos hay siempre un elemento fosfórico, sulfuroso. Este ácido carbónico, CO2, un átomo de carbono y dos de oxígeno, no es más que una abstracción, un concepto intelectual formado en la mente humana. En realidad no hay ácido carbónico que no contenga un elemento fosfórico, sulfuroso, en un estado extraordinariamente diluido, y los seres luciféricos se esfuerzan por alcanzarlo en el vapor ascendente.

Una vez más, en este equilibrio peculiar entre el elemento sulfuroso que se convierte en astral y la piedra caliza que se convierte en viviente, se expresan las fuerzas que podemos reconocer como influencias curativas.

Y así, entre otras muchas cosas relacionadas con el Misterio de Pascua, deberíamos representar el Misterio de Pascua delante de la pintura y la escultura, y a través de él las comunicaciones sobre las vías de curación que se dan en el curso del año a aquellos dispuestos a escuchar alcanzarían un clímax en una forma verdaderamente viva y artísticamente religiosa. De hecho, se coronarían al situarse en el curso completo del cosmos y de las estaciones; y entonces la fiesta de Pascua abarcaría algo que podría expresarse con las palabras: "Se siente la presencia del Sanador del Mundo: el Salvador que quiso eliminar el gran mal del mundo. Se siente su presencia". Porque en verdad Él fue, como he dicho a menudo, el Gran Médico en la evolución de la humanidad. Esto se sentirá, y a Él se ofrecerá el sacrificio con toda la sabiduría sobre las influencias curativas que el hombre puede poseer. Esto se incluiría en el Misterio Pascual, en el ritual de Pascua; y celebrando la fiesta de Pascua de este modo, la situaríamos con toda naturalidad en el contexto del curso estacional del año.

Para empezar, al describir las poderosas imaginaciones que se presentan ante el hombre en ls festividades de San Miguel y Navidad, sólo he podido mostrárselas en forma de imágenes. Pero en el caso de la Imaginación de Pascua, donde frente a las actividades de los espíritus de la Naturaleza surge la vida superior del espíritu, tal como ésta puede desarrollarse en la vecindad de Cristo, pude mostrar cómo la Imaginación puede conducir directamente a un ritual en el reino terrenal, un ritual que abarca cosas que deben ser apreciadas y preservadas en la Tierra - las fuerzas curativas que dan salud, y un conocimiento de las fuerzas ahrimánicas y luciféricas que podrían destruir el organismo humano. Pues Ahrimán endurece al hombre, mientras que Lucifer desea disolverlo y evaporarlo a través de su respiración. En todo esto residen las fuerzas que producen la enfermedad.

Todo lo que puede aprenderse de este modo bajo la influencia del gran maestro Rafael, -que es realmente Mercurio en la terminología cristiana y en el uso cristiano debería llevar el bastón de Mercurio-, sólo puede ser dignamente coronado en la medida en que se reciba en los misterios y el ritual de la Pascua. Mucho más puede entrar en ellos; de esto hablaré en conferencias posteriores.

Traducido por J.Luelmo jul. 2023



* Véase la conferencia titulada Navidad en un tiempo de penoso destino, pronunciada en Basilea el 21 de diciembre de 1916.


lunes, 10 de julio de 2023

GA143 Munich 16 de mayo de 1912 Sobre la síntesis de las cosmovisiones un cuádruple anuncio

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SOBRE LA SÍNTESIS DE LAS COSMOVISIONES UN CUÁDRUPLE ANUNCIO

RUDOLF STEINER

Munich 16 de mayo de 1912

La ciencia espiritual debe convertirse en un instrumento de comprensión mutua, a través del cual aprendamos a comprendernos, por así decirlo, en toda la humanidad, hasta el alma.  Y este aprender a comprendernos a nosotros mismos hasta el alma debe, por así decirlo, impregnarnos como actitud antroposófica, debe vivir en nosotros, pues de lo contrario ni siquiera las verdades ocultas que afluyen a la humanidad a través de la ciencia espiritual serán bien comprendidas por nosotros. En este sentido, la ciencia espiritual, -porque es, por así decirlo, la clave para comprender lo más íntimo-, puede traer la paz y la armonía a la Tierra. ¿Cómo puede hacerlo? 

Ilustremos esto con un ejemplo concreto.  Tomemos, por ejemplo, la relación de dos personas que tienen creencias religiosas diferentes a lo largo y ancho de la tierra, digamos el cristianismo y el budismo. Lo mismo que podemos decir con respecto a los cristianos y los budistas, que sólo nos dan ejemplos clásicos, podría decirse también, por supuesto, de las visiones del mundo de dos personas que viven una al lado de la otra aquí en Europa; porque lo que es verdad a gran escala también lo será a pequeña escala a través de la comprensión del espíritu. Si tomamos al cristiano y al budista tal como son en las confesiones ortodoxas tradicionales, ¿Cómo se sitúan el uno en relación al otro? Pues bien, el cristiano cree en realidad que el budista sólo puede salvarse si acepta el cristianismo en la forma en que lo ha hecho. Y así vemos las actividades misioneras de los cristianos entre los budistas; llevan allí su confesión especial. Y de manera bastante similar se comporta también el budista ortodoxo. Supongamos que ambos se convierten en antropósofos. ¿Cómo puede el cristiano, como cristiano antroposófico, comportarse con el budista? Ahora, digamos, oye lo que pertenece a las cosas más importantes del budismo y que, en el fondo, sólo entiende correctamente quien vive dentro del budismo mismo. Hoy en día se oye hablar de lo que se llama el contenido de los diversos credos religiosos de dos maneras: de las personas que hacen estudios religiosos comparativos y de las que aprenden sobre el contenido de los diversos credos religiosos de una manera científico-espiritual.  Si consideramos a los que practican estudios religiosos comparativos, debemos decir que son personas extraordinariamente laboriosas y activas que se esfuerzan por cultivar la comparación erudita de las diversas confesiones religiosas. 

Pero cuando comparan estos credos religiosos, aparece algo muy especial; entonces lo que buscan, aunque no lo admitan, es en realidad sólo la falsedad de los diversos credos religiosos. La gente busca lo que no es verdad, lo que acaba de ser aceptado en tiempos infantiles por los diversos credos religiosos; es decir, buscan la falsedad. El que, como científico espiritual, se ocupa de ello, busca el núcleo principal en los credos religiosos individuales, busca lo que está contenido en un solo matiz, pero aún como matiz de percepción, en tal o cual credo religioso. Así que busca lo que es verdadero en las confesiones religiosas individuales, no lo que es falso. 

En este sentido, las cosas pueden resultar un tanto raras. ¿No es así?. Ningún hombre que conozca los hechos tendrá otra cosa que el mayor de los respetos por Max Müller, el que quizá sea el mayor estudioso comparativo de las religiones o el mayor conocedor de los estudios religiosos. Él tampoco aportó mucho más de lo que podría llamarse: la falsedad de las confesiones orientales. Pero lo creyó, él dio todo con eso. Y entonces Blavatsky apareció y habló de manera muy diferente. Habló de tal manera que la gente vio en ella que conocía el núcleo principal de las Confesiones Orientales. 

¿Qué decía Max Müller? Su juicio es un tanto grotesco y demuestra que un erudito no necesita estar firmemente fundamentado en la lógica. Él decía que la gente sigue a Blavatsky, la cual sólo les da un relato completamente falso de las religiones orientales, en tanto que ella no tiene en cuenta el verdadero relato de las mismas, que él, Max Müller, por ejemplo, da. Y usaba la siguiente comparación: "Sí, cuando la gente va por la calle y ve a un cerdo de verdad gruñendo, no se sorprende especialmente, pero cuando ve a un hombre gruñendo como un cerdo, causa conmoción". - Quería comparar lo que dan de sí los sistemas religiosos orientales de forma natural, es decir, su tipo de comparación religiosa, con el cerdo que gruñe de forma natural, -¡no soy yo quien hace la comparación!-, y quería comparar lo que H. P. Blavatsky ha dado con un ser humano que gruñe de esta manera. Bueno, no quiero hablar del gusto de la comparación, porque no me parece muy lógica: me sorprendería un poco encontrarme con una persona que pudiera gruñir engañosamente. Pero no utilizaría, de verdad que no, la otra comparación de la religión comparada con el animal en cuestión, y es extraño que el propio Max Müller la utilizara.  

La ciencia espiritual nos familiariza con el núcleo de la verdad en las diversas religiones. Tomemos un punto crucial en el budismo: el budista, habiendo comprendido el núcleo básico de su confesión, sabe que existen bodhisattvas, y sabe que estos bodhisattvas, una vez que comienzan como individualidad, experimentan una evolución más rápida que los demás individuos humanos y luego ascienden a buda. Buda es un nombre general para todos aquellos que ascienden de Bodhisattva a Buda en una encarnación humana, carnal. Y uno de los que se distingue particularmente con el nombre de Buda es precisamente el hijo de Shuddhodana: Gautama Buda. Y de él hay que reconocer, como de todo Buda, que cuando alcance la dignidad de Buda en el vigésimo noveno año de su vida, aquella encarnación en la que esto ocurra será la última encarnación, que no necesitará luego descender de nuevo a una encarnación carnal terrenal. El budista lo considera una verdad. El investigador religioso comparativo lo consideraría un juego de niños. Pero el antropósofo, que conoce los secretos de las religiones en todos los campos, no se acerca al Buda de este modo, sino que sabe que tal cosa es una verdad. Y del mismo modo que sólo algún budista devoto, el antropósofo se enfrenta al budismo y dice: Sí, sé que existe tal cosa como los Bodhisattvas que ascienden hasta el Buda, que no necesita encarnarse de nuevo. Esa es una de las afirmaciones de vuestra comunidad religiosa, lo reconozco, igual que vosotros, y habiéndolo reconocido, puedo admirar a vuestro Buda con veneración, igual que vosotros. - Es decir, el cristiano antroposófico empieza a comprender plenamente lo que dice el budista, y tiene con él los mismos sentimientos y emociones, los comparte con él, y se entienden de una parte a otra al principio.

Tomemos el otro caso, que el budista ahora también se ha convertido en antroposófico y aprende a reconocer lo que el cristiano, que se ha elevado por encima de los estrechos confines del punto de vista ortodoxo confesional, sabe sobre el cristianismo. Supongamos que este budista antroposófico escucha lo que tal cristiano sabe decir sobre el propio Impulso Crístico. Se entera de que en el cristianismo, en el esoterismo cristiano, se reconoce que en un momento dado de la evolución del hombre sobre la tierra, se le acercó lo que se llama Lucifer; Entonces escucha que a través de esto este ser humano descendió más bajo de lo que hubiera sido el caso si no hubiera habido influencia luciférica; y entonces escucha que en realidad es algo a lo que miramos como a un asunto de los dioses cuando consideramos la rebelión, la indignación de Lucifer frente al avance de los poderes de los dioses. Así que estamos viendo un asunto de los dioses. Y entonces escuchamos del cristiano que realmente entiende su cristianismo que la compensación por este asunto de los dioses, que tuvo lugar entre los dioses que avanzaban y Lucifer, tuvo que convertirse en lo que llamamos el Misterio del Gólgota.  ¿Y por qué?   

Pues bien, en su forma actual la muerte y todo lo relacionado con la muerte ha llegado realmente a través de la influencia luciférica. Pero la muerte es algo que sólo puede encontrarse en el mundo físico. La muerte no existe en un mundo suprasensible, en la medida en que los mundos suprasensibles son accesibles al hombre con su conciencia clarividente. Ni siquiera las almas grupales de los animales mueren; sólo se transforman. Existe la metamorfosis, pero no lo que se llama muerte. La desintegración, el desmoronamiento de una parte de cierta entidad, la muerte, sólo existe en el mundo físico.

Ahora bien, como compensación -esto sólo puede insinuarse-, el sufrimiento de la muerte tuvo que ser elegido por los seres sobrenaturales para tener una causa común con los hombres, algo que pudiera ser una compensación a la rebelión luciférica. Para vencer a Lucifer, lo divino tuvo que pasar por la muerte; para ello tuvo que descender a la tierra. 

Por lo tanto, lo que sucedió a través del Misterio del Gólgota, es un asunto de dioses, mediante el cual se ha compensado el asunto de Lucifer. Es el único asunto de dioses que ha tenido lugar ante los ojos de los hombres. Este impulso único, que no debe imaginarse de otro modo que el paso de lo Divino a través de la muerte en el plano físico y la irradiación del Impulso Crístico en la atmósfera espiritual de la Tierra a partir de entonces.

Quien conoce el cristianismo considera que ésta es su esencia original. En esto el cristianismo se diferencia de todas las demás religiones en un sentido más profundo, en que las demás religiones ven lo principal en su origen en algún fundador de la religión, en una personalidad; pero que el cristianismo no ve lo esencial en la persona de Jesús de Nazaret, sino que ve en este fundador personal sólo al portador del impulso Crístico, que el cristianismo ve lo esencial en un hecho. Esto debe captarse con toda la intensidad posible: en un hecho que una vez tuvo que tener lugar como tal en el desarrollo de la tierra: en el paso de lo divino a través de la muerte. Este es el matiz especial de la verdad en el cristianismo: que en el punto de partida no se sitúa una individualidad, sino un hecho, un acontecimiento, una experiencia.  Por lo tanto, no importa en absoluto si se nos dice: "Sí, mira, Jesús de Nazaret tiene todo tipo de pasiones, todo tipo de características, que un hombre, digamos, que es de alguna manera avanzado de acuerdo con los puntos de vista orientales, ya no se le permite tener. Esa no es la cuestión. Quien se deja distraer por eso no entiende nada del cristianismo, porque el cristianismo no tiene que ver con Jesús de Nazaret, sino con el acontecimiento del Gólgota, con ese hecho. ¡Que otros fundadores de religiones tengan cualidades personales más agradables para otros pueblos que las de Jesús de Nazaret! Pero los que, como budistas, se hacen antroposóficos, se dan cuenta de que en el cristianismo lo que cuenta es el acontecimiento del Gólgota, y devolverán al cristiano lo que él les ha dado. Dirán: Así como tú mismo admites que hay Bodhisattvas que se desarrollan como individualidades, ascienden al Buda y luego no necesitan encarnarse de nuevo, así nosotros admitimos que una vez en el desarrollo del hombre ha tenido lugar tal tránsito de lo Divino a través de la muerte. Vosotros nos admitís el matiz de verdad de nuestra religión, y nosotros a vosotros el matiz de verdad de vuestra religión. - Así ambos se entienden. No se entenderían, por ejemplo, y se crearía discordia si vinieran cristianos que se creyeran antroposóficos y dijeran: No os creo, que un Buda ya no pueda aparecer en cuerpo de carne, pero supongo que dentro de cierto tiempo el Buda volverá a aparecer en cuerpo de carne. - Eso sería una imposibilidad para quien reconoce el budismo en su esencia. Sería imposible esperar que el budista creyera que su Buda podría aparecer de nuevo en la carne. El budista diría: Usted no entiende el budismo. - Y es muy natural, y no debería discutirse en absoluto, que así como el que sostiene que un Buda volvería a aparecer en la carne no conoce el budismo, el que sostiene que un Cristo podría volver a aparecer en la carne no habla del cristianismo, que por lo tanto no se da cuenta de que se trata aquí de una vida única de una entidad divina en la tierra, precisamente con el fin de pasar por la muerte en el plano físico, y no de otra cosa. Se trata, pues, de una cuestión de comprensión mutua en toda la tierra, de comprenderse realmente y de hacer así las paces.  

Se causaría discordia si se afirmara a los budistas que el Buda volvería a aparecer en la carne; y se causaría discordia si se afirmara que el Cristo podría volver a venir en la carne. Tales cosas tendrían que resarcirse profundamente, pues son imposibilidades comparadas con lo que realmente vive la evolución de la humanidad.

Sería grotesco que alguien afirmara que el Cristo debe venir de nuevo y que los hombres deben ahora comprenderle mejor que entonces y deben ahora prepararse mejor para Él y no matarle: ¡quien así lo hiciera no sabría que lo que importa es precisamente el hecho de matarle y que sin ello no existiría cristianismo alguno! La buena voluntad de comprender conduce realmente a la comprensión mutua, y vemos cómo la ciencia espiritual puede ser un instrumento para buscar el núcleo principal en las confesiones religiosas individuales de todas partes. Si se quiere, se encuentra. Por lo tanto, es el mensaje de paz sobre el mundo.  La ciencia espiritual tendrá que crear un alma cultural sobre toda la tierra, además del cuerpo cultural material, que hoy existe en las relaciones industriales y comerciales sobre toda la tierra.  Precisamente reconociendo la diversidad que se ha dado a la humanidad en los diversos credos religiosos, y relacionando luego con ella lo que se nos aparece como el núcleo de la verdad justamente a través de la ciencia espiritual, justamente a través de esto alcanzamos una especie de síntesis, una unificación de las diversas visiones del mundo en nuestro tiempo. Esto debe recalcarse con respecto a un punto. 

La atención se centró en Elías, por ejemplo. Hay algo sorprendente en la investigación ocultista sobre él. Sólo tengo que decir que nos llama la atención su singularidad; por lo que es como un presagio de lo que debería haber sucedido a través del Impulso Crístico. Sigue concibiendo el asunto de tal manera que la esencia divina se expresa en el yo del pueblo; pero ya llama la atención sobre el hecho de que el medio más digno de reconocimiento reside en el propio yo. En este sentido, Elías debe entenderse como una especie de heraldo del cristianismo, y ninguno de los otros profetas me parece que sea un heraldo de tal manera como Elías. El trasfondo de Jehová sigue estando en sus palabras; pero ya encontramos en él al Jehová trasladado hasta el yo humano tanto como sólo es posible.  

Luego volvemos la mirada hacia otra figura, también como personalidad individual, Juan Bautista. Encontramos cómo él precede al Impulso Crístico, cómo Juan Bautista se presenta realmente como aquel que caracteriza con palabras el Impulso Crístico. Dice: ¡Cambia de opinión, no mires más a los tiempos de la antigua clarividencia, sino busca dentro de tu propio ser humano los reinos del cielo! - Lo que es el Impulso Crístico en realidad: Juan el Bautista lo caracteriza. Es un heraldo del cristianismo de una manera maravillosa. Lo que vive en el corazón de Juan el Bautista nos parece como una especie de educación ulterior, de educación espiritual interior ulterior, comparado con lo que vivía en Elías.

Después dirigimos nuestra mirada a Rafael y lo miramos como una figura aparentemente muy distinta a la de Juan el Bautista; pero al mirar a Rafael -sí, sólo tenemos que ahondar un poco en él tan humanamente-, encontramos en él a un heraldo del cristianismo.

Veamos lo siguiente. Veamos un pasaje de los Hechos de los Apóstoles, el pasaje donde dice: "Y Pablo llegó a Atenas, y los atenienses se reunieron a su alrededor; y Pablo se puso delante de ellos, y dijo: Vosotros, mujeres y hombres de Atenas, hasta ahora habéis adorado a vuestros dioses en toda clase de signos; pero la divinidad no reside en realidad en signos externos. Sin embargo, también tenéis un altar, en el que está escrito: ¡Al dios desconocido! Pero yo os digo que ese Dios desconocido es aquel que no puede ser indicado por signos externos en su verdadera forma, sino que subyace a todo lo que vive, a todo lo que existe. Es el que vivió en la tierra y resucitó de entre los muertos, el que mediante la resurrección conducirá al hombre mismo a la resurrección." Y los Hechos de los Apóstoles continúan contándonos -y vemos literalmente a Pablo de pie ante los atenienses- cómo algunos atenienses creyeron y otros no. . Entre los primeros estaba Dionisio el Areopagita. Veamos a continuación el cuadro colgado en la Camera della Signatura de Roma, pintado por Rafael y titulado "La Escuela de Atenas". Supongamos ahora -como era natural en aquella época- que Rafael tuvo ante sí el pasaje de los Hechos de los Apóstoles del que acabamos de hablar. Este pasaje cobró vida en él. Y ahora miramos a los diversos atenienses a los que les puso las caras, y salvo por el movimiento de la mano, vemos salir -destacando entre los atenienses- una figura que reconocemos si sólo consideramos al Pablo de los Hechos de los Apóstoles.  

Y así podríamos recorrer las cosas más diversas de Rafael. Sin embargo, si nos fijamos en sus diversas Madonnas, tenemos que preguntarnos: ¿No hay algo extraño en Rafael? Es genial cuando pinta las escenas que muestran el devenir, el crecimiento en el surgimiento del cristianismo, el pequeño Jesús como algo que contiene, como en germen, todo el cristianismo en devenir. Pero no encontramos ninguna traición de Judas pintada por Rafael, ni en realidad ninguna crucifixión, porque su crucifixión nos parece ensamblada, nada que ver con las otras obras de Rafael. Encontramos la Anunciación, la Ascensión, es decir, las cosas que son que apuntan a la mayoría de edad del cristianismo.

¿Y cómo hablaban estas cosas a la gente? Sí, hablaron de una manera muy peculiar. Sabéis que en Dresde se encuentra una de las obras más magníficas de Rafael: la Madonna Sixtina. La gente que piensa brevemente puede creer que se trata de una obra de arte que ha entrado en Alemania como un vencedor. A Goethe no le impresionó en absoluto, porque había oído lo que en general se pensaba de esta obra. De joven, Goethe aún no estaba tan seguro de su juicio como en su vejez y todavía se prestaba a lo que decía la gente. ¿Qué le dijeron los responsables del museo de Dresde? Pues que el niño era mezquino en toda su expresión, que la Madonna había sido pintada por un chapucero, que los pequeños angelitos del fondo habían sido pintados por algún esbirro. Esa era todavía la actitud hacia la Madonna Sixtina cuando Goethe llegó a Dresde de joven. Pero veamos cómo es ahora. Veamos en qué se convirtió realmente Rafael para la gente. Rafael trabajó en Roma en una época en la que los dogmas religiosos eran objeto de gran debate.  

La forma en que Rafael pinta los misterios cristianos es interconfesional. Si tomamos a los grandes pintores italianos posteriores, ahí vemos los misterios religiosos pintados de tal manera que reconocemos: éste es el cristianismo de la raza latina. Rafael pinta de tal manera que tenemos que ver con representaciones generales de misterios cristianos que están por encima de los pueblos.  Por eso vemos cómo en poco tiempo la Madonna Sixtina se instala en las almas incluso en las regiones protestantes. Y si la Antroposofía ha de trabajar por la comprensión de los misterios cristianos, encontrará su mejor entrada en aquellas almas en las que viven los sentimientos que han sido ganados por imágenes como la Madonna Sixtina, en aquellas almas que están preparadas de este modo. Y cuando hoy decimos que el Cristianismo está sólo en el comienzo de su desarrollo, que sólo recibirá su verdadera forma a través de la clave espiritual que la Antroposofía es capaz de dar, entonces sabemos que Rafael está frente a este Cristianismo como un heraldo. Y de nuevo volvemos la mirada a otra figura, utilizando sólo lo que es la manera occidental de ver las cosas: volvemos la mirada a la figura del poeta alemán Novalis.  Si nos fijamos en Novalis, encontraremos por todas partes aproximaciones a las más puras enseñanzas antroposóficas, hasta en los detalles; sólo hay que desentrañarlas, por así decirlo. Así vemos cómo Novalis está impregnado de un cristianismo antroposófico.  

Por lo que trajimos cuatro figuras como personalidades. Esa era la visión occidental. Ahora viene la profundización espiritual-científica. A través de esto, la gente ya aprenderá por qué, por ejemplo, Rafael siente esa atracción magnética de encarnarse en la tierra precisamente un Viernes Santo, para indicar exteriormente a través de su nacimiento en Viernes Santo que tiene algo que ver con el Misterio Pascual. Estas cosas sólo pueden insinuarse hoy; pasarán algunas décadas, entonces la gente se dará cuenta de las cosas que se afirman de este modo, igual que hoy se dan cuenta de los hechos científicos: a saber, que es la misma individualidad la que vivió en Elías, Juan el Bautista, Rafael y Novalis. Primero reconocerán las personalidades, luego la individualidad tal como pasó a través de ellos.  Y ahora comprendemos el cuádruple heraldo y el ascenso en este cuádruple heraldo. Ahora nos enfrentamos a ello de forma muy distinta a como lo hacíamos antes. Hoy ya sabemos que las estrofas de Roma ya no pueden verse en su forma original; están estropeadas, ya no son como las pintó la mano de Rafael, y sólo harán falta siglos para que estas cosas desaparezcan. Aunque las copias tendrán una vida más larga, lo que la individualidad ha creado se disolverá en sus átomos. Pero aunque las obras físicas de Rafael se pulvericen con el paso del tiempo, sabemos que la misma individualidad que produjo esas obras ya estaba de nuevo ahí, en Novalis, y de un modo diferente hizo surgir lo que había en él. 

Así vemos cómo hoy la individualidad se añade a lo que ha constituido la mirada occidental, la mirada limitada a las personalidades; como se une, por tanto, lo mejor que constituye la cosmovisión occidental con lo mejor que tiene la mirada oriental. Así avanza la evolución de los tiempos.  A medida que la humanidad avance de este modo y se dé cuenta de tales cosas, el mundo espiritual no permanecerá en silencio, sino que hablará a la humanidad incluso en los fenómenos más cotidianos. Y la gente no sólo tendrá que elevarse al mundo espiritual, por así decirlo, a través de una especie de conocimiento, sino que cada vez más este conocimiento se transformará en una especie de, podríamos decir, experiencia. Para ello, sin embargo, es necesario hoy un verdadero movimiento espiritual. Que tal movimiento es necesario se demuestra simplemente por el hecho de que incluso las cosas más simples ya no se juzgan de la manera correcta. 

Seleccionemos hoy un detalle. El hombre, si lleva una vida sana, pasa por la vigilia y el sueño en el transcurso de veinticuatro horas. Sabemos que cuando se duerme, los cuerpos físico y etérico permanecen en la cama y que el cuerpo astral y el yo salen. ¿Qué sucede entonces con lo que permanece en la cama? Cuando el clarividente mira desde su cuerpo astral lo que sucede en el cuerpo etérico y en el cuerpo físico, ve cómo comienza una vida más vegetativa, una vida que en realidad ha sido desgastada por la conciencia del día.

La fatiga se equilibra; es decir, ahora florece y brota en el cuerpo etérico y en el cuerpo físico, y el cuerpo astral y el yo se han retirado. Cuando por la mañana se sumergen de nuevo en el cuerpo físico y en el cuerpo etérico, entonces tienen que llevar éstos de nuevo a la fatiga; pastan, dejan marchitar lo que ha brotado durante la noche.  

Todo lo que hay en el microcosmos también está presente en el macrocosmos. Cuando vemos en primavera cómo la tierra deja brotar su verdor en las plantas, cómo brotan las flores y las hojas y cómo las plantas se preparan para dar fruto, ¿Qué tenemos ahí? El que compara externamente dirá que el despertar por la mañana puede compararse con el despertar de la naturaleza en primavera. Pero lo cierto es lo contrario. Debemos comparar el florecer en primavera con el dormirse. Debemos comparar el surgimiento y crecimiento de las plantas en primavera con lo que ocurre en el cuerpo etérico y físico del hombre cuando se duerme. Luego se vuelve cada vez más vivo a medida que se acerca el verano, como en el cuerpo físico y etérico del hombre en pleno tiempo de sueño. Y en otoño se vuelve como cuando el hombre por la mañana se sumerge en el cuerpo físico y etérico, en otoño, que lleva a marchitarse lo que ha brotado durante la primavera y el verano. Debemos unir correctamente lo que sucede fuera y dentro; no debemos buscar alegorías externas y comparar la primavera con el despertar, el otoño con el dormirse, sino al revés. Para que podamos decir: Lo que son los espíritus de la tierra se duermen en primavera y se despiertan como espíritus de la tierra en otoño e invierno. En invierno se conectan con la tierra como espíritus de la tierra, para ascender de nuevo en primavera y verano a las alturas del cielo, a las alturas astrales y al otro lado de la tierra. Cuando volvemos a tener primavera, vuelven a dormirse.  

Esto no se contradice por el hecho de que la tierra duerme en una mitad de su superficie y en la otra mitad. El que sigue los procesos clarividentemente ve cómo es en primavera igual que en el sueño humano, donde el espíritu individual se retira al mundo astral; ve que en primavera lo que llamamos los espíritus de la tierra se retiran al mundo astral, y viceversa.

Sí, la raza humana de hoy -con excepción de los que están sentados aquí- probablemente se reiría a carcajadas si uno hablara de esta manera de los espíritus de la tierra que se duermen y se despiertan. Eso es lo que la gente cree; hacen todo lo posible para demostrar que no tienen ni idea de los procesos reales del mundo. Pero no siempre fue así, en absoluto, ¡sino que una vez fue diferente! Había una antigua clarividencia humana que veía estos hechos correctamente. Se veía que los espíritus de la tierra se retiran en primavera para ascender, por así decirlo, a las alturas cósmicas. En otoño estos espíritus descienden de nuevo. Esto se veía en la antigüedad. Era natural señalar que en pleno verano hay algo así como una ausencia del espíritu terrestre real de la tierra. En su lugar se produce un estallido de los espíritus elementales, como en un paroxismo, y un repliegue de lo que es corporal terrenal sobre la tierra, que emerge así a través de lo sensual. Si se quisiera ilustrar esto, no se podría hacer mejor que trasladando la fiesta de San Juan a esta misma época para señalar cómo actúan los espíritus brotantes de la naturaleza y se retiran los espíritus actuales de la tierra, que son el yo y el cuerpo astral de la tierra.  

¿Pero cómo es cuando llega el invierno? La tierra se despierta, el cuerpo astral y el yo están conectados con la tierra. Es entonces cuando las fiestas que se relacionan principalmente con el aspecto espiritual del ser humano deben trasladarse. Es entonces cuando se traslada la festividad de Navidad. Y luego, cuando el espíritu de la tierra se aleja hacia las alturas -lo que se indica con la fiesta de Pascua-, este alejamiento de la tierra, este ir hacia el astral, estaba relacionado con la relación entre el sol y la luna.

Todas estas cosas en las que estamos mirando nos conectan de una manera maravillosa con la antigua clarividencia, nos muestran cómo tenemos que ver algo en lo que sobresale de los tiempos antiguos que tiene que ver con la antigua clarividencia en el hombre. Es muy natural que la cosmovisión materialista diga que sólo tiene que educar el cuerpo, que diga: Es inconveniente para nosotros, especialmente en lo que se refiere a las transacciones con cheques y cosas similares, tener la Pascua una vez temprano en el año y la otra tarde, y hay que remediarlo para que el comercio y la industria puedan salir lo más cómodamente posible. Así que, digamos, ¡la Pascua debería celebrarse siempre el primer domingo de abril! - Esto sólo es apropiado para los tiempos materialistas, que no tienen ninguna conexión con el mundo espiritual.  Así como es apropiado para el materialismo abrigar tales ideas, es igualmente cierto que un movimiento espiritual debe preservar la conexión con las antiguas determinaciones de la humanidad. Y, por lo tanto, no nos abstendremos en modo alguno -especialmente en lo que respecta a la actividad práctica- de hacer lo que es apropiado para una visión espiritual del mundo.  

Y esto debe expresarse en lo que tenéis ante vosotros en nuestro calendario, que por supuesto parece ridículo para el mundo exterior, al que sin embargo no queremos ocultárselo, aunque piensen que somos tontos por ello. Se expresa a través de este calendario que tenemos que aferrarnos a la conexión con los viejos tiempos. En la ilustración del calendario, que ha sido elaborada por un miembro al que adoramos y queremos mucho, tienes una renovación de lo que ya se ha vuelto seco y aburrido: de las imaginaciones relativas a las constelaciones del sol y la luna y los signos del zodíaco, renovadas para el alma de hoy, dadas de tal manera que cuando miras la sucesión de semanas y días tienes realmente algo de ello. Si haces la pregunta: ¿Cómo puede uno mismo llegar a tales cosas? -entonces echa un vistazo al "Calendario del Alma": Esas meditaciones son el resultado de muchos años de investigación y experiencia oculta. Si las haces efectivas en el alma, entonces verás que aquello que forma la conexión entre la efectividad de los mundos espirituales y la secuencia de los tiempos se establece en esta alma.  

Y eso que llamamos el Misterio del Gólgota, lo hemos hecho exteriormente, exotéricamente, de tal manera que no choca a primera vista. Hemos hecho un arco a su alrededor, en el que está escrito 1912/13, pero interiormente el calendario está calculado de tal manera que el comienzo se hace con el nacimiento de la conciencia del yo humano, es decir, con el Misterio del Gólgota.

Y además, el año se cuenta de un modo que será bastante inconveniente para la vida comercial, pero como es necesario para la vida espiritual: ¡de Pascua a Pascua! De modo que con él se da algo que ha salido de nuestro modo de pensar y que puede ser utilizado por todos, para que al usarlo pueda dar de nuevo un paso más hacia el camino de lo espiritual de lo que puede lograrse por otros medios.

Cada vez será más evidente cómo las cosas que emprendemos dentro de nuestro movimiento antroposófico se conciben en realidad a partir de un principio básico uniforme y de un impulso básico, y cómo lo individual no debe su existencia a un capricho, sino que está colocado de tal manera que realmente encaja en el conjunto de nuestra obra como un solo bloque de construcción.  Para ello, por supuesto, es necesario que cada vez más miembros individuales comprendan esta cooperación y que superemos los intereses particulares y los esfuerzos especiales y nos centremos más en lo que nos une. Ciertamente, es comprensible que haya muchas aspiraciones y deseos especiales entre los miembros individuales, que a algunos les gustaría traer esto y a otros aquello al movimiento antroposófico. Pero especialmente aquí, en este lugar, donde será necesaria una cooperación verdaderamente desinteresada si realmente queremos reunir lo proyectado, debe arraigar muy, muy profundamente en los corazones que sólo tendremos un efecto favorable si no hacemos valer nuestras aspiraciones especiales, sino aquello que se integra en el todo por lo que se lucha, como un bloque de construcción. De lo contrario, no puede convertirse en un todo. Esto es extraordinariamente importante y, en este sentido, creo que el nacimiento de lo que va a suceder es también la base para un estudio de cómo debe desarrollarse el movimiento antroposófico. 

Así es como he intentado explicarles hoy algunos de nuestros puntos de vista de orientación antroposófica, y de este modo hemos creado, por así decirlo, una especie de sustituto de lo que debería haber sucedido esta vez, pero que no ha podido tener lugar porque no se han obtenido todas las aprobaciones oficiales: a saber, la colocación de la primera piedra de nuestro edificio de San Juan. Pero esperamos poder hacerlo en un futuro no muy lejano. Porque tal vez pongamos la primera piedra para un renacimiento del movimiento antroposófico, tal como lo vemos dentro de Occidente. Y si logramos hacer lo correcto en este campo, entonces ya estaremos dando pruebas de que con todo nuestro fiel sentido de la verdad, en el que sólo queremos inspirarnos, sin ninguna inclinación al sensacionalismo, estamos haciendo nuestros aquellos esfuerzos ocultos que la humanidad actual necesita para su desarrollo ulterior.  

Traducido por J.Luelmo jul.2023